Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
▼
jueves, 19 de marzo de 2026
LA PARADOJA TRUMP: ¿GENIO, IDIOTA O REHÉN DE SU PROPIO DESASTRE?
Lo que estamos presenciando en la Casa Blanca estos días es, o bien la gestión de política exterior más errática de la historia moderna de Estados Unidos, o una actuación tan sofisticada que su lógica escapa incluso a los analistas más veteranos de Washington. Llamarlo caótico sería generoso. La realidad es que el manejo de la guerra con Irán por parte de Donald Trump se ha convertido en un estudio de caso sobre la confusión estratégica, los cambios de narrativa y la contradicción manifiesta, a menudo en una misma frase.
Intentemos reconstruir la cronología del absurdo. Cuando la guerra comenzó el 28 de febrero, se presentó como un golpe necesario contra una amenaza inminente. Luego la narrativa cambió: atacamos porque estábamos negociando, pero sabíamos que Israel iba a golpear primero, así que era necesario un movimiento preventivo. La lógica, o la falta de ella, era desconcertante. Después llegaron las declaraciones de victoria. «Hemos ganado», proclamó Trump, justo cuando los misiles iraníes seguían cayendo sobre bases estadounidenses e infraestructura aliada.
Pero la celebración duró poco. Pronto, la administración se vio forzada a dar un giro humillante. El estrecho de Ormuz, que Trump insistía en que estaba «abierto», se había convertido en un cementerio para el prestigio estadounidense, con Irán lanzando misiles contra buques con total impunidad. La respuesta del presidente no fue redoblar la apuesta con fuerza americana, sino acudir, con el sombrero en la mano, a los mismos aliados a los que había pasado años insultando. Exigió que naciones europeas, Japón, Corea del Sur e incluso Australia enviaran buques de guerra para ayudar a asegurar el estrecho. Amenazó a la OTAN, advirtiendo de un «futuro muy malo» si los aliados no ayudaban. Fue rechazado. Gran Bretaña, Francia, Alemania y otros declinaron educadamente -o no tan educadamente- la invitación.
El espectáculo descendió entonces a la farsa. Como informó The Guardian, Trump dijo a los periodistas en el Air Force One que quizás toda la misión era innecesaria. «A lo mejor ni siquiera deberíamos estar allí, porque no lo necesitamos. Tenemos mucho petróleo», reflexionó. Esto lo decía el mismo hombre que apenas unos días antes exigía a sus aliados un «esfuerzo de equipo» para limpiar el estrecho. La contradicción era tan flagrante que incluso sus partidarios más acérrimos se quedaron sin palabras.
Pero la ironía culminante, el momento que encapsula el colapso absoluto de la coherencia estratégica, es la súplica de la administración Trump a Rusia y China. Según múltiples informes, la Casa Blanca ha iniciado comunicaciones en canales paralelos buscando asistencia de Moscú y Pekín para ayudar a estabilizar la situación. Rusia, el país que ha estado proporcionando inteligencia a Irán para atacar a las fuerzas estadounidenses, y China, el principal socio económico de Irán y beneficiario de su petróleo barato, son ahora los que tienen que sacar a Estados Unidos del atolladero que él mismo creó.
El propio Trump admitió en Fox News que cree que Putin está «ayudándoles un poquito» a Irán. Reconoció el intercambio de inteligencia entre Moscú y Teherán. Y aún así, su administración pide ayuda a Rusia. Esto no es diplomacia; es el grito de auxilio de un hombre que se ahoga.
Los hechos sobre el terreno son ya irrefutables y dibujan un panorama de derrota que ningún discurso puede maquillar. Estados Unidos ha perdido efectivamente su presencia militar avanzada en el Golfo. Decenas de bases han sido alcanzadas. Radares de miles de millones han sido destruidos. La antaño poderosa flota estadounidense no se atreve a entrar en el estrecho. La cifra de soldados americanos muertos ha superado la docena, y Axios informa de que la operación inicial de cuatro a seis semanas se prevé ahora que se prolongue, de alguna forma, hasta septiembre.
Los objetivos de la administración se han vuelto una nebulosa. The Indian Express señaló que las posiciones de Trump «pueden cambiar de una frase a otra». John Bolton, el halcón entre los halcones, advirtió que el presidente no entiende lo que implica un cambio de régimen y que el «modelo Venezuela» no funcionará en Teherán. Condoleezza Rice y H.R. McMaster han señalado la imposibilidad de derrocar un régimen solo con poder aéreo. La propia Casa Blanca ha emitido listas contradictorias de objetivos, llegando a afirmar que el programa nuclear había sido «obliterado» mientras simultáneamente juraba destruirlo.
Mientras tanto, en el frente económico, se consuma la hecatombe. El sistema que durante medio siglo sostuvo la hegemonía estadounidense -petróleo en dólares, dólares en bonos del Tesoro, bonos financiando al imperio- acaba de recibir su golpe de gracia. Y no ha venido de Moscú ni de Pekín, aunque ellos ejecuten la maniobra. Ha venido de Trump. El estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial, está hoy bajo control efectivo de Irán. Y la nueva regla, filtrada por altos cargos iraníes, es tan simple como devastadora: los petroleros podrán atravesarlo solo si el crudo que transportan se paga en yuanes chinos. China ya mueve su flota fantasma bajo protección iraní. India y Turquía han recibido garantías. La condición implícita para todos es la misma: el yuan, no el dólar, será la moneda de liquidación.
Lo que ninguna potencia rival había logrado en cincuenta años -romper el vínculo entre el dólar y la energía- lo ha conseguido Trump en tres semanas de guerra.
Entonces, ¿es Trump un idiota? La evidencia apunta a una patología más compleja. Es un hombre que inició una guerra sin un plan, sin preparar a la opinión pública, sin asegurarse aliados y sin comprender a su enemigo. Axios señala que miembros clave de su círculo íntimo están experimentando «remordimiento del comprador», creyendo que subestimaron la resiliencia de Irán y el impacto del cierre del estrecho de Ormuz. Una fuente dijo a Axios que Trump, embriagado por éxitos tácticos previos como la captura de Maduro en Venezuela, «iba de sobrado» y sobrestimó su capacidad para derrocar al régimen iraní. Ahora está atrapado en una «trampa de escalada», donde se siente obligado a seguir atacando para demostrar superioridad, aunque los beneficios disminuyan. Está rodeado de sicofantes y se ha vuelto temerario en su segundo mandato. Es un jugador que, habiendo apostado todo a un par de doses, intenta frenéticamente convencer a la mesa de que tiene una escalera real, mientras mendiga fichas a sus vecinos.
No hay un «sentido común oculto» aquí. Solo hay un líder cada vez más desesperado y aislado que ve cómo su legado arde en el estrecho de Ormuz y se vuelve hacia sus antiguos adversarios en busca de salvación porque sus amigos le han abandonado. El mundo observa, no con admiración, sino con un asombro teñido de desprecio.
El Nuevo Orden: La retirada definitiva
Pero hay una verdad más profunda que subyace a todo este espectáculo, una que los acontecimientos de estas semanas han dejado al descubierto de forma indeleble. Estados Unidos se verá obligado a reconocer lo que ya es un hecho consumado sobre el terreno: **Oriente Medio ha dejado de ser una zona de influencia estadounidense**. Ese espacio, durante décadas controlado por la proyección de poder de Washington, pertenece ahora a China y a Rusia. La guerra de Ucrania primero, y ahora este desastre autoinfligido en el Golfo, han agotado los recursos, la atención y la credibilidad de Estados Unidos. Mientras Washington se desangra, Pekín y Moscú tejen alianzas, firman acuerdos energéticos y construyen una arquitectura de seguridad alternativa que ya no pasa por el Pentágono.
El caso de Israel es el más trágico y el más revelador. El Estado hebreo, concebido en 1948 contra todo derecho internacional y mantenido durante décadas por el apoyo incondicional de Estados Unidos, ha demostrado ser una construcción inviable. Su nacimiento fue ilegal, basado en la expulsión de cientos de miles de palestinos y en el desconocimiento de las resoluciones de Naciones Unidas. Durante setenta años se ha sostenido sobre la ficción de su invencibilidad militar y sobre el cheque en blanco de Washington. Esa ficción se ha desmoronado en cuestión de días.
Israel es hoy un estado fallido. Sus ciudades arden, su población huye, su economía se desangra, sus defensas han sido vulneradas, y su enemigo demuestra una capacidad de resistencia y de castigo que sus dirigentes nunca creyeron posible. El proyecto sionista, en cualquiera de sus versiones -desde el sueño del Gran Israel hasta la mera supervivencia del pequeño Israel- ha llegado a su fin. No tiene ninguna posibilidad de perdurar porque ha demostrado que su existencia depende de un equilibrio de fuerzas que ya no existe. Cuando el paraguas estadounidense se retira, cuando la disuasión se revela como un espejismo, lo que queda es un país de nueve millones de habitantes rodeado por cuatrocientos millones de personas que tienen toda la historia y la razón de su lado.
El ridículo de Trump no es más que el estertor de un imperio que se niega a aceptar su propia irrelevancia. Oriente Medio ya no es suyo. Israel ya no tiene salvación. Y el mundo, mientras tanto, sigue girando hacia un nuevo eje donde las decisiones se toman en Pekín y en Moscú, no en Washington. Esa es la única verdad que emerge de este desastre.
EL SEXTANTE
(Fuente: https://acratasnet.wordpress.com/; visto en https://www.burbuja.info/)
_a%20-%20copia_3.png)

_a%20-%20copia_3.png)
_a%20-%20copia_3.7.jpg)
_a%20-%20copia_3.jpeg)
_a%20-%20copia_3.6.jpg)
https://odysee.com/@HernanReyes7:7/Informe-Filtrado-del-Ministerio-de-Seguridad---Dra.-Chinda-Brandolino:e
ResponderEliminarOjo: "sicofante" en castellano significa "calumniador". Aquí está usado en el sentido de "adulador" por influencia del inglés "sycophant".
ResponderEliminarRespondo al titular,es un megalomaniaco
ResponderEliminarrematadamante imbecil,el ruso y el chino,piensan y actuan como chino y ruso.
No contaban con ello?
Esto no puede durar hasta septiembre,europa se va a comer los codos.
Lo peor y me causa mas rabia es que el psicópata patrio del caraloco saca rédito con sus concubinas y concubinos rédito electoral porque los presupuestos,que no tienen preparado,pues la excusita del inventor de HODIO.
Cada día que pasa,su lenguaje no verbal,la soberbia que calza, el placer obsceno que le produce la situacion me revuelve las tripas.
Es todo tan obsceno que ya no se como escribo.
Pero pensar,lo intento.
El 28 de febrero, Trump justificó el ataque citando “47 años de agravios”. Ese mismo día aseguró que el bombardeo permitiría que el pueblo iraní “recupere su país”.
ResponderEliminarHoras después apareció una explicación distinta: la operación buscaba eliminar “una amenaza nuclear inminente”.
Funcionarios del Pentágono informaron al Congreso que no habia inteligencia que indicara que Irán constituía una amenaza para Estados Unidos.
El último golpe a ese argumento se lo dio nada menos que su director del centro de la lucha contra el terrorismo, Joe Kent. En una carta pública dirigida a Trump, además de renunciar a su importante cargo, aseguró que esa amenaza nunca existió, y que la guerra es el resultado de las presiones de Israel y Netanyahu.
El 2 de marzo, el Secretario de Guerra, Pete Hegseth habló de represalias por décadas de comportamiento iraní.
Poco después, el Secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que Estados Unidos actuaba porque Israel planeaba atacar a Irán y Washington debía adelantarse.
Tres versiones distintas en menos de cuarenta y ocho horas. Un manjar de contradicciones y de incoherencia estratégica de la Casa Blanca.
Según lo revelaron negociadores de Omán, país donde se efectuaban negociaciones entre Irán y Estados Unidos, el día anterior al ataque prácticamente tenían un acuerdo a punto de ser firmado y dado a conocer que pondría fin a una época de confrontación.
Este disparate demuestra que el inquilino de la Casa Blanca es un narcisista autoindulgente, arrogante, cínico e irresponsable.
Mi enhorabuena a todos los que se tragaron el cuento de "MAGA", drenar el pantano y lo de los Sombreros Blancos y encima se consideraban a sí mismos adultos.