martes, 2 de junio de 2026

LOS OBSTÁCULOS A LA PAZ EN EUROPA NO SON LOS QUE TODOS CREEN



Durante su visita en Pekín, el presidente estadounidense Donald Trump reconoció al presidente chino Xi Jinping como su par. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes de Estados Unidos siempre se creyeron superiores a los demás, por ser el más poderoso y el más rico.

Por el contrario, desde el punto de vista chino, el presidente Xi Jinping se considera igual no sólo al presidente Donald Trump sino a todos sus homólogos. Los chinos no creen que el hecho de disponer de más medios que los demás convierta a alguien en una persona superior. De hecho, creer que entre las naciones existe algún tipo de jerarquía es una concepción puramente occidental.

En la semana siguiente a la visita del presidente Trump, fue el presidente ruso Vladimir Putin quien viajó a Pekín. Los comentaristas occidentales aseguraron entonces que el presidente ruso estaba a los pies del presidente chino.

Esa creencia es otra demostración de que Occidente no entiende la relación entre Rusia y China. Esa relación no es resultado de los intereses respectivos de esas dos naciones sino de su historia. Hechos históricos como el saqueo del Palacio de Verano de Pekín y el intento de los nazis de exterminar a los eslavos, han demostrado a los chinos y a los rusos hasta qué extremos de barbarie son capaces de llegar las potencias occidentales. Los dirigentes de esas dos grandes naciones han llegado así a la conclusión de que, para resistir, sus dos países tienen que mantenerse juntos. Es por lo tanto absurdo tratar de hacer otra vez lo que Richard Nixon y Henry Kissinger hicieron con Rusia y China en 1972: separarlas.

El 15 de agosto de 2025, en su encuentro de Anchorage, Donald Trump y Vladimir Putin se plantearon juntos la posibilidad de que sus dos países comerciaran entre sí y concluyeran la paz en Ucrania. A pesar de sus esfuerzos en ese sentido, Estados Unidos no ha logrado alcanzar esos objetivos … porque primero quería vender armas a los europeos, algo que ahora parece más difícil ya que los europeos comienzan a fabricarlas ellos mismos.

Ahora, el presidente Trump ha comenzado a retirar de Europa las tropas estadounidenses, anunció que retirará al menos 5 000 hombres de Alemania, y también parece renunciar a la guerra que el Pentágono planeaba extender a Transnistria y a Bosnia-Herzegovina. Por su parte, el presidente Putin emitió un decreto en virtud del cual Rusia otorgará la nacionalidad rusa a todo transnistrio adulto que la solicite. Para completar el panorama, Donald Trump retiró el apoyo de Estados Unidos al Alto Comisario de la Unión Europea que fungía como “administrador” de Bosnia-Herzegovina, lo cual era una violación del Acuerdo de Dayton, firmado en 1995. Al mismo tiempo, el general Michael Flynn, quien fue brevemente consejero de seguridad nacional al inicio del primer mandato presidencial de Donald Trump, está organizando una serie de inversiones estadounidenses en la parte serbia de Bosnia-Herzegovina.

Esos hechos hacen pensar que Estados Unidos es favorable a una paz en Ucrania, paz que reconocería como rusa toda la Novorossiya. Eso sería histórica y culturalmente justificado, pero exigiría la organización de un referéndum de autodeterminación. Por ahora, las fuerzas rusas no han tratado de tomar Odesa, aunque el eventual tratado de paz podría reconocerla como rusa.

También en ese sentido, las dificultades no están donde todos creen.

Las tres principales dificultades son ahora:

1) lograr que se reconozcan el carácter nazi de la ideología del actual régimen de Kiev y la necesidad de desnazificar Ucrania;
2) lograr que se reconozcan el carácter antidemocrático de la unificación alemana y la independencia de Alemania oriental;
3) lograr que se reconozca la obsesión antirrusa de Reino Unido y que se ponga fin a la “Unión Europea de la Defensa” antes de su formación definitiva.

UCRANIA

Aunque las potencias occidentales siguen fingiendo creer que la operación militar especial rusa en Ucrania es un intento de anexión y el inicio de una expansión rusa hacia el oeste, la realidad es muy diferente. Rusia no invadió Ucrania, sino que puso en aplicación la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU, texto de cuya aplicación se había hecho garante ante ese órgano de la ONU, al igual que Francia y Alemania.

Afirmar que Rusia ha invadido Ucrania es tan absurdo como decir que Francia invadió Ruanda en 1994, cuando fuerzas militares francesas intervinieron en ese país africano para poner fin a un genocidio, amparadas en una resolución del Consejo de Seguridad.

El gobierno ucraniano actual es ilegítimo. El mandato presidencial de Volodimir Zelenski terminó hace mucho tiempo. Zelenski extiende cada 3 meses una ley marcial cuyo único objetivo es impedir la realización de elecciones. Su último decreto en ese sentido prolonga la ley marcial desde el 2 de mayo hasta el 4 de agosto. Si al final de ese periodo se organizaran elecciones habría que iniciar un amplio proceso de actualización de las listas de electores, en las que todavía figuran los nombres de los miles de soldados ucranianos muertos o desaparecidos en combate. Nadie tiene una idea exacta de cuántos son, pero su número podría representar entre uno y dos tercios de los nombres inscritos en las listas de electores.

El parlamento ucraniano es otro problema. Sólo una tercera parte de los diputados participan en las sesiones del parlamento, que adopta leyes y disposiciones cada vez más dudosas. Por ejemplo, el parlamento ucraniano aprobó la destrucción de 100 millones de libros de autores rusos o simplemente impresos en Rusia, desde libros de autores contemporáneos hasta las obras de los grandes nombres de la literatura clásica. Este parlamento ucraniano también ha prohibido la Iglesia más importante del país y todos los partidos opositores. Es interesante señalar que en la sede misma del parlamento ucraniano hay una oficina de la CIA estadounidense cuyo trabajo consiste en preparar las leyes que serán aprobadas. La mision de los diputados es sólo aprobarlas.

El primer reclamo de Rusia es que se garantice la desnazificación de Ucrania. Así lo precisó el presidente Putin desde el inicio de la operación militar especial. Desde el punto de vista ruso, la desnazificación no es negociable. Es lógico, la identidad de la Federación Rusa no reside en el recuerdo de la emperatriz Catalina II de Rusia (Catalina La Grande) sino en la lucha de los soviéticos contra el nazismo (la Gran Guerra Patria). La ideología nazi preveía la exterminación de todos los pueblos eslavos (sin incluir inicialmente a los judíos y los gitanos), como se explica claramente en Mein Kampf. Aunque nadie lo menciona en Occidente, la Segunda Guerra Mundial no se inició para llevar a cabo el Holocausto sino para asesinar la población eslava.

Pero el régimen ilegítimo del “presidente” Zelenski rechaza de plano toda medida de desnazificación. Hoy existen en Ucrania numerosos monumentos que glorifican a los nazis y a los colaboradores ucranianos del III Reich, los llamados “nacionalistas integristas”. Estos últimos han reescrito toda la historia de Ucrania, con ayuda del MI6 británico y de la CIA estadounidense, para hacer olvidar que la gran mayoría de los ucranianos participó activamente en la lucha contra los nazis. La propaganda de los nacionalistas integristas trata de hacer creer que los “banderistas”, o sea los seguidores de Stepan Bandera, lucharon contra los nazis, lo cual es absolutamente falso. De hecho, los banderistas no lucharon contra los nazis porque … los banderistas eran nazis.

Convencidos de que nunca llegará la desnazificación, los nacionalistas integristas que componen el régimen de Zelenski están planificando la construcción de un “panteón” dedicado a los colaboradores ucranianos del III Reich. El 28 de marzo, el general Kyrylo Budanov, ahora jefe de la administración presidencial, organizó la repatriación de los restos de varios culpables de crímenes contra la humanidad, que fueron enterrados en diversos países en tiempos de la guerra fría. En Europa, los primeros ministros de Países Bajos y de Luxemburgo ya dieron luz verde al traslado de los restos del fascista Yevhen Konovalets y del nazi Andriy Melnyk.

ALEMANIA

En Occidente existe la convicción de que Alemania es un Estado democrático que logró reunificarse en 1990. El vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Dimitri Medvedev, acaba de señalar que la reunificación alemana es sólo una ilusión: Alemania occidental nunca pidió la opinión de los alemanes del este para saber si querían aquella reunificación. En resumen, a la luz del derecho internacional la “reunificación” no es válida.

Las elecciones legislativas alemanas de 2025 arrojaron resultados muy diferentes, incluso antagónicos, en el oeste de Alemania y en los territorios de la antigua RDA. Los alemanes “occidentales” votaron por la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), mientras que los alemanes “del este” se pronunciaban por la Alternativa para Alemania (AfD). Por cierto, es precisamente por eso que hoy se clasifica a la CDU y el SPD como “demócratas” mientras que a la AfD se le impone la etiqueta de “extrema derecha”.

Pero los hechos muestran que el canciller alemán Friedrich Merz (cristiano demócrata de la CDU) reprime a quienes cuestionan su política, que además son calificados de “complotistas”. Utilizando la Oficina de Protección de la Constitución (una rama del órgano federal que acogió a numerosos responsables de la policía del III Reich después de la Segunda Guerra Mundial), el canciller Merz hizo prohibir varios medios de prensa y encarceló cierto número de periodistas.

Al mismo tiempo, Alemania está reconstituyendo su ejército, con ayuda financiera de Reino Unido… exactamente como lo hizo antes bajo otro canciller, Adolf Hitler, quien reconstituyó el ejército alemán con ayuda del gobernador del Banco de Inglaterra, Lord Montagu Norman. El actual canciller alemán Friedrich Merz acaba de reinstaurar el servicio militar y ahora todos los alemanes del sexo masculino están obligados a prevenir las autoridades antes de viajar al extranjero.

Alemania está reconstituyendo también su complejo militar-industrial, esta vez con fondos europeos. De hecho, Alemania está preparándose para una guerra como la de Ucrania, olvidando por cierto que una nueva guerra contra Rusia ya sería de otra índole. En todo caso, la industria alemana está produciendo drones ucranianos y los vende a las monarquías del golfo Pérsico para que los utilicen contra Irán.

Siguiendo esa lógica, Berlín quiere meter a Ucrania en la Unión Europea, a pesar de que ese país no satisface los criterios de adhesión previstos en los tratados de la UE. La solución que propone el canciller Merz es crear un nuevo estatus, el de «miembro asociado», concebido especialmente para Ucrania. Si recordamos que los franceses y los neerlandeses se negaron, en sendos referéndums realizados en 2005, a ser miembros de la Unión Europea, la “solución” de Merz sería una decisión más adoptada sin consentimiento de los pueblos europeos.

El canciller alemán Friedrich Merz, nieto de un dignatario nazi, no puede imaginar que Alemania no esté del lado de los nacionalistas integristas ucranianos, cuyos abuelos sirvieron al III Reich. Claro, tampoco puede imaginar que Alemania debería pedir cuentas a los autores de la voladura de los gasoductos Nord Stream, verdaderos responsables del derrumbe de la industria alemana.

REINO UNIDO

Desde el siglo XIX, Reino Unido ve a Rusia como su único rival, no sólo en Europa sino incluso a nivel mundial. George Curzon, o Lord Curzon, virrey y gobernador general de la India de 1899 a 1905, concibió la colonización de Asia Central como medio de “neutralizar” el Imperio ruso. La estrategia británica sigue siendo la misma.

Los sucesivos gobiernos de Reino Unido siempre describen a Rusia como el centro de un poder oscurantista. Ya ni siquiera se trata de inventar falacias como la del “telegrama Zinoviev” –para hacer creer que los soviéticos querían intervenir en las elecciones británicas– sino de imponer la idea de que en el Kremlin siempre hay un loco capaz de derribar aviones de pasajeros sobre Ucrania o de envenenar opositores en cualquier lugar del mundo (en honor a la verdad, los casos Navalni, Skripal, Litvinenko, Perepilichny, Kara-Mursa o Markov son poderosos argumentos para sostener dicha idea, mientras que en suelo ruso la tendencia entre los opositores consiste en caerse de lo alto de rascacielos, nota del "blogger").

El más reciente invento británico es la historia de los misteriosos drones no identificados que sobrevuelan aeropuertos europeos. La verdad no importa, los sucesivos gobiernos británicos utilizan esos cuentos para convencer a los Estados del Mar del Norte de que tienen que unirse a la “Fuerza Expedicionaria Conjunta” (Joint Expeditionary Force), que Londres acaba de convertir en una alianza militar denominada “Marinas del Norte”, alianza militar que se sitúa bajo las órdenes… ¡de Londres! Reino Unido abriga la esperanza de que todos los Estados miembros de la Unión Europea, y Turquía, se unan a esa nueva alianza bélica.

Es por eso que los lords hereditarios restantes están haciendo todo lo posible para mantener a Keir Starmer en el 10 de Downing Street. El primer ministro Starmer es un “laborista” que en realidad trabaja para el gran capital, una especie de agente secreto que, a espaldas de “su” partido, participaba en las reuniones de la Comisión Trilateral de los Rockefeller. También fue así, a espaldas de todos, como Keir Starmer nombró a Peter Mandelson –cómplice del criminal Jeffrey Epstein– embajador de Reino Unido en Washington.

En este momento, lo importante para Londres es hacer creer que Reino Unido no tiene nada que ver con Israel y tampoco con el Hamas, seguir escondiendo el hecho que los principales jefes militares israelíes eran recibidos secretamente en Whitehall durante el genocidio contra la población de Gaza, y que, a través de sus fuerzas armadas, Reino Unido participó activamente en ese genocidio.

Para el gobierno británico lo mejor es fingir, como dice su nuevo embajador en Washington, Christian Turner, que el único Estado que mantiene una «relación especial» con Estados Unidos es Israel.

Thierry Meyssan
(https://www.voltairenet.org/)

EL MINISTERIO DE MIGRACIÓN ADVIERTE A LOS UCRANIANOS QUE NO PODRÁN ACOGERSE A LA REGULARIZACIÓN EXPRESS




Lo de este país es surrealista: ¿llegaste a España ilegalmente? Bienvenido, recompensaremos que hayas violado nuestras fronteras dándote papeles y allanándote el camino para obtener la nacionalidad.

¿Viniste huyendo de la guerra? Ya veremos cuánto tiempo te dejamos quedarte, pero como "refugiado". Ni sueñes con echar raíces aquí.

Este país es un chiste.

lunes, 1 de junio de 2026

EL LENGUAJE Y LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO: REVISITANDO "LA LLEGADA" (2016)



Coinciden en el calendario la desclasificación de archivos OVNI por parte del gobierno de EE.UU. (cuyo contenido, la verdad, no está resultando tan sustancioso como cabía esperar) con el décimo aniversario de un film que imaginó con verosimilitud el encuentro con una civilización extraterrestre y el impacto de dicho acontecimiento, tanto en nuestro imaginario colectivo como en la vida de una lingüísta sobre cuyas espaldas cae la difícil tarea de decodificar el lenguaje de los inesperados visitantes.

Se trata de "La llegada", obra con la que el canadiense Denis Villeneuve realizaba su primera incursión en un género, la ciencia-ficción, que no ha abandonado desde entonces, y en el que nos ha dado varias y regocijantes alegrías a los aficionados, desde su modélica continuación de "Blade Runner" hasta su imaginativa adaptación de la saga "Dune". Parece, pues, el momento ideal para revisitar una obra cuyo alcance semiótico y filosófico desborda una trama ya de por sí fascinante. Es lo que hace Sam Woolfe en el artículo que traigo hoy a esta bitácora, no apto para lectores apresurados.



Recientemente volví a ver Arrival (2016, Denis Villeneuve), adaptada de la novela corta "La Historia de tu vida" (Story of Your Life) de Ted Chiang, después de haberla visto por primera vez hace cinco años. Mi experiencia, según lo que recuerdo, fue diferente esta vez. Hubo algunos elementos que entendí y aprecié más, mientras que otros destacaron como puntos débiles.

En la segunda visionado, aprecié la astucia de cómo el tema del tiempo no lineal se reflejaba en la naturaleza no lineal de los acontecimientos de la película (ni siquiera estoy seguro de recordar que esto enlazara cuando la vi por primera vez). Al comienzo de la película, vemos a la lingüista Louise (Amy Adams) experimentar flashbacks del tiempo que pasó con su hija, así como del diagnóstico médico que pone en peligro su vida, su eventual deterioro físico y la angustia y el duelo que ello conlleva.

Cuando Louise interactúa con los alienígenas -los Heptápodos- experimenta lo que cree que son flashbacks de su tiempo con una niña, Hannah, a quien no reconoce. Resulta que no son flashbacks, sino flashforwards: ver su vida futura y el hijo que acabará tendiendo. Cinematográficamente, se presentan como recuerdos del pasado -deliberadamente diseñados para parecer y sentirse como flashbacks- pero resulta que son visiones del futuro de Louise. La naturaleza no lineal de la narración de la película es que el comienzo, donde también vemos ‘flashbacks’, es el final: estos también son flashforwards. Las escenas emocionales de Hannah creciendo y muriendo están en el futuro, no en el pasado. (En una escena, Louise le dice a Hannah que su nombre es un palíndromo, ya que se escribe igual hacia adelante y hacia atrás, y, del mismo modo, la estructura narrativa de la película puede considerarse palindrómica.)

Creo que cuando vi Arrival por primera vez, mi interpretación era que los ‘flashbacks’ más adelante en la película eran ella viendo a su futuro (segundo) hijo, que tendría con un nuevo padre, Ian Donnelly (Jeremy Renner), lo que parecía un final esperanzador para Louise, que llevaba ese dolor por la muerte de su primer hijo. Pero así no se desarrolla la historia: sería una historia más lineal (con algo de premonición de un don alienígena).


La historia es no lineal, como un círculo, donde el final se conecta con el principio. Y esto refleja la naturaleza no lineal del lenguaje de los heptápodos (donde el significado semántico se expresa en patrones circulares que emiten), así como su percepción del tiempo, donde perciben el pasado, presente y futuro a la vez. Este es el ‘regalo’ -que originalmente Louise traduce como ‘arma’- que los Heptápodos le regalan, y que quieren que la humanidad use. Es el don de aprender su idioma, que permite a los humanos percibir el tiempo como lo hacen los heptápodos.

La idea es que aprender el lenguaje no lineal de los heptápodos reconfigura el cerebro humano para percibir la realidad (es decir, el tiempo) de forma diferente (de nuevo, no lineal), lo cual es otro aspecto fascinante y desconcertante de Arrival. Este tema se insinúa con la mención temprana de la hipótesis de Sapir-Whorf, también conocida como la hipótesis de la relatividad lingüística, desarrollada por los lingüistas estadounidenses Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf. Propone que el idioma que se habla moldea cómo uno piensa y percibe la realidad. Y existen formas débiles y fuertes de esta hipótesis.

Hay cierta evidencia a favor de la hipótesis de Sapir-Whorf, al menos la versión débil, que afirma que nuestra lengua materna influye en cómo pensamos y percibimos (es decir, el relativismo lingüístico), en lugar de determinar esto (es decir, determinismo lingüístico). Pero la teoría también ha sido ampliamente criticada (véase aquí y aquí). Casi todos los lingüistas rechazan el determinismo lingüístico, mientras que el relativismo lingüístico hace y valida afirmaciones mucho más modestas: los términos lingüísticos para colores, por ejemplo, pueden conducir a diferencias medibles en la cognición. Pero esto no implica alteraciones permanentes en las percepciones de la realidad. Y la mayoría de los estudios que intentan probar la hipótesis se han centrado en el color, que es solo un aspecto de la cognición y la percepción.

La versión de la hipótesis de Sapir-Whorf que sustenta la base de La llegada es la versión fuerte: el determinismo lingüístico, la versión que ha sido rechazada durante mucho tiempo. El determinismo lingüístico me recuerda al giro ontológico en la antropología, una visión que propone que diferentes culturas no tienen diferentes cosmovisiones; más bien, habitan, literalmente, mundos distintos. La similitud entre el determinismo lingüístico y el giro ontológico también se percibe en la película, donde se establece una conexión entre el juego chino del Mahjong, que China intenta enseñar a los heptápodos: esto se percibe como peligroso, ya que es un juego que categoriza a los jugadores en términos de ganadores y perdedores, y por tanto este tipo de lenguaje podría, supuestamente, inculcan a los alienígenas una visión competitiva de la realidad.

Betty Birner, profesora de lingüística y ciencias cognitivas en la Universidad del Norte de Illinois, dijo a Slate: «Fue divertidísimo ver una película que básicamente trata sobre la hipótesis de Sapir-Whorf. Por otro lado, llevaron la hipótesis mucho más allá de lo plausible.» De hecho, Arrival nos lleva más allá de la fuerte afirmación del determinismo lingüístico, y no solo por afirmaciones sobre lenguas alienígenas:

En un momento de la película, el personaje Ian [Jeremy Renner] dice: «La hipótesis de Sapir-Whorf dice que si te sumerges en otro idioma, puedes reprogramar tu cerebro.» Y eso me hizo reír a carcajadas, porque Whorf nunca dijo nada sobre reprogramar tu cerebro. Pero como no era el lingüista quien hablaba, está bien que otro personaje esté malinterpretando a Sapir-Whorf.

Aunque esto sigue siendo la base de la película. En una película de ciencia ficción, es una idea interesante: que un humano que aprende el lenguaje de un ser alienígena pueda percibir pasado, presente y futuro simultáneamente, reprogramando el cerebro a través del lenguaje. Birner escribe:

Ningún lingüista creería jamás la idea de que en el momento en que entiendes algo sobre esta segunda lengua, se enciende una bombilla y dices: «Dios mío, ahora entiendo perfectamente cómo los hablantes de suajili ven la vida vegetal.» Es simplemente absurdo y falso. Da lugar a una historia trepidante y buena, pero nunca querría que alguien saliera de una película así con la idea de que ese es realmente un poder que el lenguaje puede otorgar.

Pero aún así tenía motivos para elogiar la película desde la perspectiva de una lingüista:

Whorf argumentó que, dado que los hopi [el grupo nativo americano que estudiaba] tienen verbos para ciertos conceptos para los que los angloparlantes usan sustantivos, como trueno, rayos, tormenta, ruido, los hablantes ven esas cosas como eventos de una manera que nosotros no. Vemos los relámpagos, los truenos y las tormentas como cosas. Argumentó que objetivamos el tiempo, que porque hablamos de horas, minutos y días como cosas que puedes contar, ahorrar o gastar.

Fue gracioso en esta película ver esta noción de la ciclicidad del tiempo. Eso es muy central en los escritos de Whorf, que los angloparlantes tienen una visión lineal del tiempo, y está formada por objetos, días, horas y minutos individualmente empaquetados que avanzan del pasado al futuro, mientras que los hopi tienen una noción más cíclica de que los días no son cosas separadas, sino que el «día» es algo que va y viene.

Así que mañana no es otro día. Mañana es el día que regresa. Ver que el concepto de Whorf llega a esta película fue bastante divertido. Pensé, ¡pues en eso lo han hecho bien!


Añade cómo apreció la representación de los logogramas alienígenas, que son genuinamente significativos, aunque carecen de un orden de palabras concreto:

De hecho, me encantaron los logogramas, porque soy de las muchas personas que pueden volverse irritables con la ciencia ficción en general, ya que los alienígenas siempre están muy basados en los seres humanos y los idiomas alienígenas son solo otra variación de los idiomas humanos. No se parecen en nada a los kanji ni a ningún otro lenguaje escrito que yo conozca. Así que ver algo que era realmente, realmente diferente pero plausible como sistema comunicativo fue estupendo.

Era un detalle agradable que la circularidad de la imagen se reflejara en la ciclicidad de su visión del mundo. El pasado, el futuro, todo es un gran ciclo que pueden ver desde fuera. Tendría sentido que no haya necesidad de orden de palabras, que haya un aspecto holístico en una oración en un mundo donde realmente no hay linealidad en el tiempo. Pensé que [los cineastas] pusieron una reflexión real en que no fuera solo un clon de un idioma humano, aunque sí, había que dejar de lado el tema del orden de las palabras, que es todo mi área de investigación. En fin.


La versión contundente de la hipótesis de Sapir-Whorf que subyace a Arrival (aunque distorsionada y hecha ciencia ficción) es intrigante: si puedes suspender la incredulidad y no sientes la necesidad de que se explique su mecanismo, es decir, cómo aprender un idioma alienígena reconfigura el cerebro y cambia la percepción del tiempo. Pero si empiezas a cuestionar la idea, parece que se inclina hacia un terreno un poco disparatado al estilo Terence McKenna. (Esto no es necesariamente un punto débil; depende de lo que quieras de la ciencia ficción y de cuánto quieras que se explique, se pueda explicar o creer.)


Cuando McKenna fumaba DMT, se encontró con entidades élficas que, según él, estaban hechas de «luz que impulsa la sintaxis», y que no estaba seguro de «por qué debería haber una inteligencia sintáctica invisible dando clases de lenguaje en el hiperespacio.» (¿Podría ser esta la versión psicodélica de ¿Llegada?) Estos ‘elfos mecánicos auto-transformables’ se comunicaban usando un lenguaje visible, en el que los pensamientos se convertían en objetos visibles. McKenna describió a estas entidades cantando objetos para que existieran. Estas experiencias de DMT influirían en su visión de la realidad, que él creía estructurada por la sintaxis: «La naturaleza sintáctica de la realidad, el verdadero secreto de la magia, es que el mundo está hecho de palabras. Y si conoces las palabras de las que está hecho el mundo, puedes hacer de él lo que quieras.»

En resumen, disfruté el tema de la no linealidad en Arrival y su reflejo en la estructura narrativa, aunque no se basara en la lingüística con precisión (que supuse que la película hacía, al menos en lo que respecta a los logogramas alienígenas). La banda sonora y la fotografía de Max Richter también son impresionantes: ambas impregnan las escenas y la atmósfera de misterio, vastedad y trascendencia. Dicho esto, tuve la sensación de que la banda sonora, en ocasiones, manipulaba una reacción intencionada en lugar de que esta reacción fuera orgánica.

Relacionado con eso, una de las principales debilidades de la película, para mí, fue que se esperaba cierta reacción emocional -en relación con el arco narrativo de Louise- pero a veces resultaba incómoda. En cierto sentido, la película se sintió más como una glorificación de la autoimportancia que como un inspirador Viaje del Héroe: el mayor acontecimiento de la historia humana, y el futuro de la humanidad, centrado en una mujer y su vida. Los alienígenas estaban motivados para advertir a una sola mujer sobre una tragedia en su futuro.

Con una interpretación más benévola en mente, probablemente los alienígenas sabían centrarse en Louise porque era una lingüista respetada y, como vemos en uno de sus flashforwards, acabará enseñando a otros sobre el idioma de los Heptápodos, difundiendo así el ‘don’. El título de su futuro libro es El lenguaje universal, como el idioma de los heptápodos es para toda la humanidad; va más allá de los límites de los lenguajes humanos, que moldean nuestra cognición y realidad de diversas maneras; es un lenguaje que nos lleva más allá de estas diferencias y limitaciones, y permite la experiencia universal del tiempo, en la que el pasado, presente y futuro se experimentan a la vez. Esta fuente trascendente (ajena) de lenguaje universal se presenta como el bálsamo para nuestro conflicto y guerra.

Por mucho que me encantara la banda sonora de Max Richter en Arrival, lo que no me llegó fue cuando se usó para asentar la poesía profunda y cósmica de la vida de Louise y todas sus realizaciones. No me malinterpretes, sus reflexiones sobre amor fati -su nueva creencia de que merece la pena seguir adelante con la vida que imagina para sí misma, a pesar de la enfermedad de su hija- merecen ser reflexionadas. Era al estilo Malick, debido a ese tono contemplativo. Pero no terminó de funcionar para mí. Me pareció forzado y empalagoso, y la idea de hacer de la resolución emocional de Louise y su abrazamiento de su futuro la conclusión de la película me resultó menos interesante que las exploraciones más grandiosas y novedosas sobre el contacto alienígena, la lingüística alienígena y el tiempo. Aunque, se podría argumentar, la visita y el contacto alienígena son solo el telón de fondo, el ‘caballo de Troya’ que ayuda a transmitir el viaje emocional de Louise, que es realmente el núcleo de la película. Así que la unión de Arrival entre la ciencia ficción y la narrativa emocional no tiene por qué verse como incongruente; para muchos espectadores, lo hace bien, y es lo que la hace una película de ciencia ficción tan única. Y muchas otras películas de ciencia ficción han hecho lo mismo, también con éxito, como Interstellar (2014).

Para ofrecer un análisis filosófico de los flashforwards de Louise, vale la pena pensar si tiene sentido que los Heptápodos puedan ver el futuro. Por supuesto, el futuro que uno ve es real, siempre que no se haga nada que interrumpa la cadena de eventos, de causa y efecto, que materializan esos resultados futuros. Pero, digamos que Louise no hubiera aceptado el futuro que previó; podría haber evitado tener un hijo con su futuro compañero, Ian. En ese caso, ¿sus premoniciones eran solo sobre posibles escenarios, en lugar de los hechos realidad? Si es así, esto chocaría con la idea de que su nueva percepción del tiempo, compartida por los Heptápodos, es una experiencia de todos los eventos reales.

La noción de premonición entra en conflicto con el libre albedrío: si lo que prevemos inevitablemente se desarrollará, entonces no podemos hacer nada para evitarlo. Podemos imaginar que esto no es cierto en el caso de Louise, a menos que supongamos que no tiene capacidad para tomar decisiones de vida diferentes y decisiones procreativas. Por otro lado, la película puede estar sugiriendo que el futuro está, en efecto, determinado, haciendo que el libre albedrío sea una ilusión. La única agencia que tiene Louise es en su actitud hacia su destino: puede adoptar la actitud de amor fati, abrazando y amando su vida futura, o decidir no hacerlo.

La representación del impacto emocional de la llegada de los alienígenas fue mixta, con algunas partes pareciendo realistas y otras no tanto. El término ‘choque ontológico’ se utiliza para referirse a una experiencia que rompe la visión del mundo de una persona, provocando sobrecarga, confusión o desestabilización. El contacto alienígena se considera un candidato para desencadenar un shock ontológico. Pero ese ‘shock’ no pareció notarse cuando Louise supo de la llegada de los alienígenas o escuchó su idioma por primera vez. La única vez que vemos la naturaleza abrumadora de todo esto es cuando alguien es llevado por el personal médico en la base militar porque no pudieron manejar la magnitud de la situación. También se podría argumentar que la agitación social mostrada en la película fue una expresión realista de este shock.

Lo que se manejó muy bien, y el aspecto más atractivo de la película para mí, fue el contacto con los alienígenas: lo incierto y perturbador que era, donde no está claro qué es seguro, cuáles son sus intenciones, cómo son o cuán avanzados están. Como representación del primer contacto, de sentirse humilde y curioso por una nave alienígena y una especie alienígena, Arrival es única. Junto a esto, hay una representación refrescante, novedosa y creativa de cómo podrían ser los seres alienígenas. Arrival evita todos los tópicos habituales, como invasores maliciosos y seres humanoides, y en su lugar nos presenta una especie, un idioma y una forma de tecnología que resulta realmente ajena.

Sam Woolfe
(Fuente: https://www.samwoolfe.com/; visto en https://libertaliadehatali.wordpress.com/)

UNA VIDA ALTERNATIVA VIVIDA EN ESTADO VEGETATIVO


Según lo publicado en diversos portales de noticias y medios como El Imparcial o MSN, Clélia Verdier, una joven de 19 años, creyó haber vivido años, formado una familia y tenido trillizos durante un coma inducido de tres semanas en Lyon (Francia).


Clélia quedó devastada al descubrir que esa vida que recordaba con total claridad, incluyendo años de crianza, recuerdos y una profunda conexión emocional, nunca había ocurrido.


(https://nuevodiarioweb.com.ar/)