viernes, 12 de junio de 2026

SI EUROPA PERSISTE EN ENFRENTARSE A RUSIA, CAVARÁ SU PROPIA TUMBA



"Si Europa persiste en su intento de infligir una derrota estratégica a Rusia, cavará su propia tumba, porque una potencia nuclear no puede ser derrotada".

Esta advertencia, formulada con la contundencia que caracteriza la diplomacia rusa, fue lanzada por el viceministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Ryabkov, durante su intervención en la Conferencia Internacional de Seguridad celebrada en Moscú el pasado 27 de mayo de 2026. Así lo consignó el periodista Bill Jones en su cobertura para EIR el mismo día, y es desde esa fuente desde donde conviene extraer la materia prima de un análisis que no solo informa, sino que invita a la reflexión sobre el precario equilibrio geopolítico contemporáneo. Ryabkov, figura central en la arquitectura de seguridad rusa, no empleó metáforas gratuitas: al afirmar que Europa cavará su propia tumba si mantiene su rumbo de confrontación, el viceministro articuló una doctrina que combina realismo nuclear con una lectura muy particular del momento histórico, aquel en que una potencia atómica no puede ser reducida por medios convencionales ni mediante asfixia estratégica.

La declaración de Ryabkov se inscribe en un contexto de creciente tensión entre Rusia y el bloque occidental, pero con un matiz distintivo: mientras que las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, aunque “extremadamente complejas”, muestran signos de avance -lentos, viscosos, “a cucharaditas”, según la gráfica expresión del diplomático-, los europeos parecen haber quedado atrapados en un embudo autodestructivo. “El tiempo dirá en qué medida esta bacanal antirrusa ayuda a Europa a encontrarse a sí misma y a formar parte de cierta figura geométrica, en lugar de ser absorbida por un embudo”, sentenció Ryabkov. Esta imagen del embudo es particularmente elocuente: sugiere una fuerza centrípeta que arrastra al Viejo Continente hacia un vacío de sentido estratégico, lejos de los centros de decisión globales que hoy se configuran en torno a nuevos ejes, entre los cuales la relación ruso-china ocupa un lugar sobresaliente. Ryabkov elogió este vínculo bilateral como una alianza “sin análogos, creo, ni siquiera en la historia”, palabras que no deben leerse como un simple formalismo protocolar, sino como la constatación de un realineamiento tectónico.

Lo más inquietante del discurso de Ryabkov, sin embargo, no es la advertencia explícita -Europa cavará su propia tumba- sino la subyacente certeza de que el único camino para desactivar la lógica de guerra pasa por estabilizar la relación entre Rusia y Estados Unidos. De ahí la importancia simbólica del “espíritu de Anchorage”, ese clima de confianza que, según el viceministro, existió entre los dos presidentes cuando se reunieron en Alaska. Ryabkov reveló también que la posición rusa sobre Ucrania fue transmitida al presidente Donald Trump a través del secretario de Estado, Marco Rubio, y que este último “prestó cuidadosa atención a todas las señales enviadas por nuestro ministro”. El comunicado del Departamento de Estado, aunque calificado por Ryabkov como “más bien protocolar”, confirmó que se abordó el conflicto en Ucrania, si bien sin detalles sustanciales. Esa opacidad, lejos de ser un defecto, constituye quizás la prueba más elocuente de que las negociaciones reales avanzan por canales que la opinión pública apenas atisba.

La idea de que Europa cavará su propia tumba al insistir en la derrota estratégica de Rusia descansa sobre un postulado nuclear inquebrantable: una potencia atómica no puede ser derrotada en el sentido militar clásico sin desencadenar una catástrofe de proporciones civilizatorias. Ryabkov no está predicando un triunfalismo vacío, sino señalando un límite ontológico de la guerra moderna. Para el lector europeo, la advertencia resuena con una crudeza incómoda: ¿acaso las capitales del continente están dispuestas a cavar su propia tumba por un conflicto cuya resolución última no depende de ellas, sino del pulso entre Washington y Moscú? La respuesta, según la lógica del viceministro ruso, es un silencio ensordecedor. Porque mientras los europeos se entregan a una “bacanal antirrusa”, los verdaderos actores geopolíticos -Rusia, China y Estados Unidos- negocian a cucharaditas el armisticio de un mundo que aún no sabe si saltará o se desarmará. En esa incertidumbre, la frase de Ryabkov se erige no solo como una predicción, sino como un epitafio anticipado para una Europa que, de no rectificar, podría encontrarse, en efecto, cavando su propia tumba bajo el peso de sus propias contradicciones estratégicas.

(Visto en https://mentealternativa.com/)

6 comentarios:

  1. Más inquietante, son las noticias: https://mentealternativa.com/la-patente-de-los-rockefeller-que-convierte-a-las-personas-en-robots-a-control-remoto/

    https://mentealternativa.com/internet-de-las-cosas-y-control-social-el-caballo-de-troya-en-tu-bolsillo/

    ResponderEliminar
  2. A la vista del bochornoso espectáculo social de la visita del fantoche del Vaticano, creo que no hace falta: ya las personas son robots, y la madre de los idiotas está siempre preñada.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Somos más patéticos que un robot. Sólo deseamos más circo y esperpento con tal de olvidar el ayer, pero sobre todo el mañana.

      Eliminar
    2. Idiocracia, película de 2006

      Eliminar
  3. Europa ha decidido suicidarse al renunciar al petróleo y gas ruso barato. Por cercanía, por precio y por su capacidad militar, Rusia tendría que ser el aliado principal de la UE. Todos los paquetes de sanciones que han impuesto los europeos, les han hecho más daño a ellos que a los rusos... así nos va en la actualidad y si no se pone remedio, esto irá a peor.
    A. S

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. pero no importa mientras esté el Mundial, cualquier selección europea puede ser campeón del mundo mientras su país busca que Rusia les lance sus juguetotes...

      Eliminar