Esto no es una crisis migratoria: es la autopsia en tiempo real de un Estado que confundió el poder con el teatro de gesticular ante las cámaras. Miles de inmigrantes acampados junto a instalaciones estratégicas; Marlaska aparece, el Tarajal se limpia, Marlaska desaparece y el caos regresa con puntualidad quirúrgica porque todos saben que nadie va a impedírselo; militares españoles agredidos en suelo nacional y Moncloa responde con comunicados de cartón; la Audiencia Nacional tuvo que frenar al Ministerio de Transportes, dispuesto a meter mil personas en infraestructura crítica sin protocolo alguno. Que sean los jueces quienes protejan a los ciudadanos del propio Ejecutivo lo dice absolutamente todo: aquí no hay plan; hay improvisación peligrosa disfrazada de gobernanza. Y entonces habló Óscar Puente. «Si no, pues a ver qué hacemos. Hay quien quiere que hagamos magia», declaró en televisión pública con la soltura de quien acaba de descubrir que gobernar tiene consecuencias. Esa frase debería grabarse en bronce y colgarse en la entrada del Ministerio como epitafio de esta legislatura. Mientras tanto, Moncloa lanzó a sus dos Óscares, Puente y López, contra Juan Vivas, el presidente de Ceuta, para desprestigiarlo y desviar el foco. La estrategia es tan vieja como la política y tan transparente como el cristal: cuando no puedes resolver el problema, destruye a quien lo señala. Que les saliera mal la jugada es el único consuelo en medio del desastre. El sistema sanitario ceutí, diseñado para una ciudad de 85.000 habitantes, registra 328 asistencias en un solo día, 28 inmigrantes hospitalizados y un brote de varicela con nueve ingresados que las fuentes médicas advierten que puede crecer. Nadie lo reforzó a tiempo. Nadie dotó de recursos adicionales a una ciudad que llevaba semanas absorbiendo una presión para la que nadie la preparó. Y Sánchez, mientras miles de españoles se manifestaban en defensa de Ceuta, se relajaba en la Mareta. No es una acusación: es un hecho documentado. La imagen es perfecta en su crueldad: el presidente del Gobierno, ajeno al incendio que él mismo alimentó, mientras sus ciudadanos salen a la calle a defender lo que él debería haber defendido con ahínco desde el primer día. Esto es todo vuestro, señores del Gobierno. Entero. Sin descuentos ni matices. Lo construisteis con vuestra permisividad, lo agravasteis con vuestra ausencia, lo empeorasteis con vuestra improvisación y ahora intentáis escurrir el bulto culpando a la oposición, como quien se limpia una cagada de paloma en el traje y finge que el traje siempre estuvo limpio. No hay oposición que haya abierto esa frontera. No hay oposición que se haya ido de vacaciones. No hay oposición que haya intentado meter un campamento en infraestructura crítica sin garantías. Sois vosotros. Y si no podéis resolverlo, apartaos y convocad elecciones. Y si no queréis, ateneos a lo que viene. Porque la historia no absuelve a los que gobiernan mirando las encuestas mientras arde la casa. ¡Quien abre la puerta, mira para otro lado y luego culpa al viento, merece el vendaval entero!
Bien que bodrio "el intermedio" y el "gran Wyoming". "Gran vendido". Asqueroso
ResponderEliminarEsto no es una crisis migratoria: es la autopsia en tiempo real de un Estado que confundió el poder con el teatro de gesticular ante las cámaras. Miles de inmigrantes acampados junto a instalaciones estratégicas; Marlaska aparece, el Tarajal se limpia, Marlaska desaparece y el caos regresa con puntualidad quirúrgica porque todos saben que nadie va a impedírselo; militares españoles agredidos en suelo nacional y Moncloa responde con comunicados de cartón; la Audiencia Nacional tuvo que frenar al Ministerio de Transportes, dispuesto a meter mil personas en infraestructura crítica sin protocolo alguno. Que sean los jueces quienes protejan a los ciudadanos del propio Ejecutivo lo dice absolutamente todo: aquí no hay plan; hay improvisación peligrosa disfrazada de gobernanza.
ResponderEliminarY entonces habló Óscar Puente. «Si no, pues a ver qué hacemos. Hay quien quiere que hagamos magia», declaró en televisión pública con la soltura de quien acaba de descubrir que gobernar tiene consecuencias. Esa frase debería grabarse en bronce y colgarse en la entrada del Ministerio como epitafio de esta legislatura. Mientras tanto, Moncloa lanzó a sus dos Óscares, Puente y López, contra Juan Vivas, el presidente de Ceuta, para desprestigiarlo y desviar el foco. La estrategia es tan vieja como la política y tan transparente como el cristal: cuando no puedes resolver el problema, destruye a quien lo señala. Que les saliera mal la jugada es el único consuelo en medio del desastre.
El sistema sanitario ceutí, diseñado para una ciudad de 85.000 habitantes, registra 328 asistencias en un solo día, 28 inmigrantes hospitalizados y un brote de varicela con nueve ingresados que las fuentes médicas advierten que puede crecer. Nadie lo reforzó a tiempo. Nadie dotó de recursos adicionales a una ciudad que llevaba semanas absorbiendo una presión para la que nadie la preparó. Y Sánchez, mientras miles de españoles se manifestaban en defensa de Ceuta, se relajaba en la Mareta. No es una acusación: es un hecho documentado. La imagen es perfecta en su crueldad: el presidente del Gobierno, ajeno al incendio que él mismo alimentó, mientras sus ciudadanos salen a la calle a defender lo que él debería haber defendido con ahínco desde el primer día.
Esto es todo vuestro, señores del Gobierno. Entero. Sin descuentos ni matices. Lo construisteis con vuestra permisividad, lo agravasteis con vuestra ausencia, lo empeorasteis con vuestra improvisación y ahora intentáis escurrir el bulto culpando a la oposición, como quien se limpia una cagada de paloma en el traje y finge que el traje siempre estuvo limpio. No hay oposición que haya abierto esa frontera. No hay oposición que se haya ido de vacaciones. No hay oposición que haya intentado meter un campamento en infraestructura crítica sin garantías. Sois vosotros. Y si no podéis resolverlo, apartaos y convocad elecciones. Y si no queréis, ateneos a lo que viene. Porque la historia no absuelve a los que gobiernan mirando las encuestas mientras arde la casa.
¡Quien abre la puerta, mira para otro lado y luego culpa al viento, merece el vendaval entero!