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sábado, 28 de febrero de 2026
EL ATAQUE A IRÁN RETROTRAE LAS RELACIONES INTERNACIONALES A LA LEY DE LA SELVA
Cuando el 7 de diciembre de 1941 Japón atacó por sorpresa la base naval de Pearl Harbor la opinión pública estadounidense fue unánime en condenar como traición una agresión que no respondía a una declaración previa de guerra y que buscaba justificarse como una acción preventiva, encaminada a impedir que la flota norteamericana se inmiscuyese en la expansión japonesa en el Pacífico. Incluso el general Eisenhower, luego presidente, llegó a calificar en 1953 la guerra preventiva como "un invento de Adolfo Hitler", canciller alemán que no parece que fuera tomado -al menos, explícitamente- ni por él, ni por sus sucesores, como modelo.
Hoy acabamos de asistir a cómo los EE.UU. se han colocado en la posición adoptada por la armada nipona -la posición "traicionera" e "injustificable"- al recurrir a razones análogas a las del Japón imperial hace 85 años.
El derecho internacional condena toda acción armada que no revista un carácter meramente defensivo (si se quiere, en términos de "western", solo puedes disparar si el contrincante ha desenfundado primero). Un ataque preventivo sin provocación previa es claramente ilegal. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe en su artículo 51 el uso de la fuerza, salvo en caso de legítima defensa, y solo contempla como excepción las intervenciones humanitarias previamente autorizadas por el Consejo de Seguridad. Es obvio que ninguno de estos supuestos se cumple en el caso presente.
Israel lleva desde sus mismos orígenes como estado -paradójicamente, estado cuyo establecimiento fue posibilitado por la propia ONU- saltándose a la torera toda la legalidad internacional, en su indisimulada voluntad de establecer el "Gran Israel" de sus delirios sobre el territorio robado a sus vecinos. Que la Casa Blanca se sume a este proceder no es una buena noticia para nadie, pues sustituye la legalidad internacional por la ley del más fuerte, algo que venía practicando "de facto" desde hace décadas, pero que ahora ya ni se molesta en disimular. Dado que tampoco el Congreso de Washington ha autorizado el ataque, la iniciativa de Trump solo puede ser considerada como la de un peligroso autócrata, diríase que un Nixon redivivo que persiste en lo de que "si lo hace el presidente, es legal".
Para cerrar el círculo de la infamia de la Casa Blanca, el "raid" judeo-yanki se produce cuando había negociaciones directas entre Irán y Estados Unidos, patrocinadas por Omán y que parecía que iban por buen camino, pero que el belicismo de un Netanyahu en permanente huída hacia adelante para evitar un horizonte penal nada halagüeño ha convertido en papel mojado.
Lo que pueda suceder a partir de aquí solo podemos conjeturarlo, pero la inestabilidad generada en una zona que produce el 25% del petróleo global -y donde el conflicto entre Pakistán y Afganistán constituye un riesgo añadido- hace prever una crisis energética mundial. El seguidismo de Trump respecto al expansionismo israelí pone al mundo al borde de la recesión, la guerra generalizada y una crisis a todos los niveles de consecuencias hoy por hoy inimaginables.
Estas situaciones se sabe cómo empiezan, pero en este momento es imposible vislumbrar cómo podrían acabar.
(posesodegerasa)



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ResponderEliminarLa Guardia Revolucionaria iraní, ha cerrado el estrecho de Ormuz, por ahí cruza los barcos de provisiones del mundo, aparte de gas y petróleo, cuando se inicia una guerra todos salimos perdiendo, todos. Como bien dices, se sabe siempre como se empieza, nunca como acaba.
No me creo nada. Los ayatolás fueron cómplices de la plandemia. Están todos en el mismo equipo.
ResponderEliminarAsi parece
EliminarVale...acepto pangolin como animal de compañia.
EliminarQue cromos traemos hoy?
Sustituir ayatolas siniestros por sionistas paranoícos.
PAZ ES GUERRA.
DDISTOPÍA EN TIEMPO REAL.
O jugamos al SOTA,CABALLO,REY en el recreo chicas y chicos como en los 80?
Uyyy.
Lo que he dicho!
ES IMPOSIBLE NO TIRAR DE HUMOR infantil.🤨
Acabará como Irak, Siria, Libia, Afganistán, Sudan y Yugoslavia. Con Iran destruido, dividido, radicalizado o desestabiliza ( para ir metiendo elementos radicales en Rusia, en las regiones de mayoría islámica,se concentran en la zona del Cáucaso Norte y la región del Volga-Urales. Las áreas más destacadas con mayorías musulmanas o alta presencia incluyen las repúblicas de DaguestánChecheniaIngushetia****Tartaristán y Bashkortostán; que conviven pacíficamente, a soliviantarlos contra los rusos y desastabilizar la zona, como ocurrió con los balcanes, en 1914, e iniciar un proceso de facturación de la Federación Rusa, como ocurrió con Yugoslavia, y más tarde con Sudán y Etiopía, con la separación de Abisinia, esto, Eritrea; y Sudan del Sur ). Esperemos que acabe rápido, y no se alargue mucho en el tiempo, como esta ocurriendo con la guerra de Ucrania, que iba para 1 semana, y ya va para 4 años; y que sea una guerra convencional, sin ace uso de uranio empobrecido, armas químicas ni nucleares tácticas. Por el bien de los iranies, que las sufriría. En 1970, Iran con el régimen del Sha, era más avanzado socialmente, que países como España. Lo que involución o después. 😅😏
ResponderEliminarWELCOME IRANIAN IMIGRANTS
ResponderEliminarLo del ayatolá no va de simpatías. Va de límites. Puedes detestar un régimen, puedes denunciar su represión, su teocracia o su falta de libertades. Pero cuando la política internacional se convierte en “lo matamos y ya veremos qué pasa”, hemos entrado en otra fase. Una que da mucho miedo.
ResponderEliminarNo es solo que hayan asesinado a un jefe de Estado. Es la naturalidad con la que se anuncia. La frase triunfal. El tono de videojuego. Como si eliminar a una persona —con todo lo que desencadena— fuera una jugada táctica limpia, quirúrgica, sin consecuencias humanas ni geopolíticas.
La historia demuestra que los “cambios de régimen” a misil no traen democracia automática. Traen vacío de poder, luchas internas, radicalización y venganza. Y ese vacío lo pagan siempre quienes no deciden nada: la gente corriente. Las madres que se quedan sin hijos. Los jóvenes que se convierten en carne de frente. Las ciudades que pasan de titulares a ruinas.
Hay algo especialmente llamativo en el mensaje que se lanza al mundo: si eres suficientemente poderoso puedes decidir quién gobierna en otro país. Y encima venderlo como una oportunidad histórica para la libertad.
Ese discurso lo hemos escuchado antes.
Y casi nunca terminó bien.
No se trata de blanquear al régimen iraní. Se trata de no blanquear la lógica de la fuerza como sustituto de la diplomacia. Porque cuando normalizamos que un presidente celebre públicamente la muerte de otro líder como si fuera un trofeo, lo que se erosiona no es solo el orden internacional: es la idea misma de que las guerras deben ser el último recurso.
Y mientras tanto, el resto del mundo sigue con su rutina. Premios, audiencias, debates internos, polémicas domésticas... Como si el tablero global no estuviera desplazándose bajo nuestros pies.
Lo del ayatolá no es un episodio aislado,sino una señal. Y las señales, cuando no se leen a tiempo, suelen convertirse en incendios.
Todo esto me recuerda a esas películas en las que las familias mafiosas empiezan a matarse entre ellos...
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