domingo, 8 de febrero de 2026

LA POLÍTICA MIGRATORIA DE ESPAÑA, UN SUICIDIO DEMOGRÁFICO



El 44% de los inmigrantes en edad de trabajar no están afiliados a la Seguridad Social.

Mientras que en la población española cotiza el 74,4% de las personas en edad de trabajar, en el caso de los extranjeros lo hacen apenas el 56%. Este porcentaje, de hecho, se sitúa por debajo del 50% si se elimina de la ecuación a los inmigrantes que vienen de países de la Unión Europea, que cotizan en promedio incluso más que los españoles (76%).

Marruecos aporta 723.000 personas en edad laboral, de las cuales cotizan solo la mitad. El caso colombiano es incluso peor, y solo el 47,3% cotiza. Rumanía, por su parte, sí presenta una tasa acorde con su pertenencia a la Unión Europea, con el 75,3% de sus extranjeros en edad laboral cotizando, una cifra casi idéntica a la española.



Si dicen que son menores, así necesiten
andador, son menores. Si dicen que no
tienen antecedentes, aunque estén vio-
lando a una menor, se les acepta. Creo
que para ellos la ecuación español=
gilipollas es indiscutible.
El corolario lógico de esta situación sería admitir como inmigrantes a aquellos que quieren insertarse en el mercado de trabajo y vienen a aportar al bienestar de la nación. En vez de ello, se recoge a una masa de población improductiva que solo aspira a ser mantenida, con lo cual ni siquiera cabe consolarse con lo de "lo comido por lo servido": al final hay más beneficiarios de ayudas que trabajadores que las generan. Y si la población inmigrante no se sostiene con su aportación, ya sabemos al final quien paga el pato (suponiendo que el pato sea comida halal, que ciertos huéspedes de los que nos meten en la casa común son muy "especialitos" con lo que les ponemos en la mesa).

Ya que cierta izquierda rendida a convertir la Península en una ONG pretende estar practicando algo parecido a la caridad neotestamentaria con los que, en vez de llamar a nuestra puerta, saltan los vallados o desembarcan en la costa como si el año estuviese compuesto de 365 reediciones del día D, pero sin resistencia al asalto, debería establecerse algún criterio de prioridad que diese oportunidades a quien las necesita y descartase a los aprovechados. Por ejemplo, admitir solo a nigerianos de creencia cristiana, perseguidos y masacrados en su país, y no a nigerianos musulmanes, que son precisamente sus verdugos. Pero me temo que esto de racionalizar la acogida no va con los demagogos que han hecho de la barra libre su bandera y que quieren erradicar a los "fachas" sin plantearse que llegará un momento en que nadie producirá nada y entonces habrá que plantearse qué pasa con los consumidores improductivos, que exigirán sus tres comidas -"halal", por supuesto- con rabiosa urgencia e impaciente destemplanza.

Cuestión aparte es la de los supuestos menores de edad -se les admite como tales sin comprobar si lo son, lo que dispara un fraude evidente- que deberían ser devueltos a sus familias de origen, pero inexplicablemente son acogidos como si convertir España en la guardería del Magreb, con la sangría que esto causa en los presupuestos, fuera algo razonable. Que yo sepa ningún partido lleva esta hospitalidad disparatada en su programa electoral, pero a la hora de la verdad PP y PSOE compiten por ser los más obsequiosos con la muchachada sobrevenida.

¿De verdad esta es la inmigración que necesitamos?


Me adelanto a las críticas: no se pueden achacar conduc-
tas delictivas a todos los inmigrantes. Pero sí recriminar
a las autoridades migratorias la ausencia de controles
efectivos que eviten que se nos cuelen criminales co-
mo los autores de esta barbaridad. Nuestros gobernan-
tes parecen haber abdicado de su responsabilidad "in
vigilando", al igual que los votantes de toda exigen-
cia de evitar que nuestras ciudades sean una selva
donde solo aspirar a la mera supervivencia.
Lo de que vienen a pagar las pensiones hace tiempo que ha revelado su carácter de chiste de mal gusto: ni siquiera dan de sí para pagar las pensiones de los demás inmigrantes. De hecho, los datos demuestran que la hucha de las pensiones estaría más equilibrada sin ellos. Recogerlos al por mayor como si fueran gatitos con los que uno se encariña es de una irresponsabilidad suicida. Si los Óscar Camps y demás "filantrópos" que se dedican a hacer caridad con el dinero ajeno tuvieran que mantenerlos está claro que rebajarían mucho su misericordia. Y, dado que al final lo único que nos queda a los que vemos el futuro al que esta situación nos aboca con lucidez y la amargura de ser desoídos es el apócrifo dictamen de Pol-Pot "si no puedes evitarlo, al menos diviértete con ello", recuerdo a los "acogedores" sin orden ni criterio que a los gatitos se les desparasita, se les esteriliza y se les busca familia de acogida, no se les devuelve a las calles con un cínico "ahí te las apañes".

Por supuesto, esto es humor rayano en lo desaprensivo, y no voy a sacar conclusiones de la comparación que planteo en el párrafo precedente. Soy consciente de que hablamos de seres humanos, con sus necesidades y peculiaridades. Simplemente, llegará el momento en que no podamos ofrecer nada a quienes acudan a la llamada de una prosperidad que cada vez se reduce más, entre otros factores por esta política de puertas abiertas que nos ha convertido en manirrotos, en derrochadores de la herencia recibida que conjuran una ruina que, más pronto que tarde, será la que se nos cuele por esa puerta arrancada de su marco que no niega la entrada a nadie ni a nada, así venga África en su totalidad a instalarse entre nosotros.

(posesodegerasa)

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