EMBARAZO (diccionario de la R.A.E., 23ª Edición): "Estado en que se halla la mujer gestante".
Subrayo: MUJER gestante.
¿Aprecian ustedes el sustantivo? Es donde está la sustancia, como la pulpa en la chirimoya.
No toda mujer gesta, pero si un ser humano lo hace es porque tiene útero, óvulo que ha sido fecundado, ovarios donde se almacenan y liberan los óvulos, ... ¿Cuál sexo es el dotado por la naturaleza de dichos órganos? Obviamente, el femenino. Recalco, antes de que alguien se me ponga en plan estupendo: dotado por la naturaleza.
La cirujía plástica puede ahuecar un cuerpo masculino, pero la cavidad así generada no será un útero, sino un hueco fuera de lugar, como esos socavones de las carreteras que castigan la suspensión automovilística y la paciencia del conductor.
A mi en biología me lo explicaron con meridiana claridad, y eso que fui a un colegio del Opus. No se donde estudiaron -si lo hicieron- los europarlamentarios que alegremente niegan las sabias disposiciones de la madre naturaleza y que acaban de proclamar que la mujer no nace, determinada por una dotación cromosómica de la que deriva su conformación reproductiva, sino que se hace, a golpe de bisturí, hormonación y pasar por caja de la clínica en la que el doctor Frankenstein de turno le sacará los higadillos y los ahorros para dar solaz al delirio de autorechazo e incapacidad de aceptar la realidad que alguno, pobrecillo, padece, contando con que saldrá del quirófano convertido, como tras un milagro de Lourdes -o antimilagro, visto lo grotesco del caso- en "alguna".
Puestos a explicar lo obvio, que justamente suele ser lo más difícil de explicar porque se impone por su misma evidencia sin necesidad de mayor apoyo, hay que apelar al principio de identidad, que en filosofía viene a decir algo tan simple como que toda realidad es idéntica a sí misma. Y esa autoidentidad implica que mantiene su unidad y esencia a pesar de los cambios que pueda sufrir. Un niño disfrazado de osezno sigue siendo un niño. Un hombre travestido sigue siendo un hombre. Y un loco que se cree Napoléon sigue siendo Benito Gastiasoro, electricista -pongo por caso-, por mucho que planee autocoronarse en Notre Dame de París, templo donde, en el mejor de los casos le dirán que se descubra la cabeza, que está en un lugar santo, y en el peor se reirán de su "performance".
Y detengámonos un momento en esa jocosidad que el locoide delirante provoca.
No encarna tanto una burla humillante como una línea de defensa de un orden aceptado, y aceptado porque es funcional. La risa contrapone la sensatez común al ridículo de quien transgrede toda convención para singularizarse desde lo estrambótico y chocarrero. Quien no tiene otros méritos que le hagan acreedor al reconocimiento público -no todos podemos ser Mariano Barbacid, pero sí el "caraanchoa"- siempre dispondrá del recurso fácil de la lo estrafalario, lo bizarro y lo extravagante. El "hacedme caso"que grita con patético ahínco funciona cuando las defensas del orden social han caído. Sin la línea demarcatoria de lo ridículo, y sin un Aristóteles que nos recuerde que las cosas -incluidos los seres humanos- son lo que son, y no lo que pretenden aparentar, nos encontramos acodados en la barra libre de la impostura y el absurdo. En la enésima ronda. Que pagamos todos a escote, aunque llevemos años sin pisar el bar. El Bar "Baridad".
Por mucho que Benito Gastiasoro, electricista, pretenda ser Napoleón, lo suyo es una aberración histórico-bufa. Y por mucho que un sujeto de dotación cromosómica XY pretenda ser una mujer, el cromosoma Y no se le va a caer de ninguna de sus células, que seguirán proclamando su pertenencia al sexo masculino. Recalco, "sexo", que es un rasgo humano esencial, y no "género", que es una categoría lingüística. Y si sobre el sexo quien sienta cátedra son los biólogos, y sobre el género los filólogos, ¿qué pinta el irrisorio pronunciamiento del Parla-miento europeo en algo sobre lo que no tiene competencia alguna?
Repárese en que el prefijo "trans-" viene a significar algo adulterado, desnaturalizado, carente de su integridad original. Las grasas "trans" son ácidos grasos tratados industrialmente que a la larga aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas, diabetes y accidentes cerebrovasculares. Los alimentos trans son productos editados genéticamente que ya no alimentan, aunque a cambio engordan, enferman y resultan escasamente saludables. ¿Y los hombres -o mujeres- "trans"? Pues, de nuevo, organismos cuya identidad original ha sido falseada por procedimientos como la mutilación, la hormonación y la comedura de coco, sin la cual igual hasta podría replantearse lo irreversible de un paso que no se debería dar a la ligera, porque al final, "Quod natura non dat, chirurgia non praestat". Atenuar lo masculino no eleva al varón a lo femenino, sino que meramente lesiona la masculinidad, disminuyendola. Ocultar eso es engañar al "transicionante". Las llamadas mujeres "trans" tienen más de trans que de mujeres, porque de lo segundo, lisa y llanamente no tienen nada en lo esencial. Lo que yo de trans-astronauta, o trans-monja de clausura, en esencia.
Y porque todo lo "trans" viene con una carga ineludible de problemas para la salud.
Las mentiras, ocultamientos y sinsentidos científicos que favorecen la disforia de género son incontables.
Si consultamos el término "transexualidad" en la Wikipedia nos encontraremos con la falaz definición "Las personas transexuales tienen una identidad de género que no coincide con su sexo asignado al nacer".
Sexo ASIGNADO al nacer. Nada de reconocido o identificado. Asignado, como si a alguien en la maternidad le diera por ir diciendo "Tú, niño", "Tú, niña", ... a capricho y sin fundamento.
Lo que se reconoce incluso a los pollos -el tener un sexo propio- se le niega al ser humano. Me explico:
Como es sabido, existe la singular profesión de "sexador de pollos", cuya función es reconocer cuál es el sexo de cada pollito recién nacido para poder destinarlo a la producción de carne o de huevos, tarea para la que, no se por qué particular razón, parecen especialmente capacitados los japoneses. El margen de error de un profesional de este trabajo no suele superar el 1%, muy por encima, por cierto, del índice de rechazo al propio sexo entre los humanos. Pero es que a los pollos nadie les ha dado la posibilidad de rechazar el dictamen del sexador. Y si éste, pongamos que nipón, asigna a un macho a la tarea de poner huevos, sencillamente ha metido la pata, porque el pollastre en cuestión jamás lo hará, por mucho que el Parla-miento Europedo o los Monty Phyton le reconozcan su derecho a hacer ... lo que jamás podrá hacer. Eso, si el error se comete con un solo ejemplar. Si la pifia es a la grande, la avicultura caerá en el descrédito, el japonés se hará el hara-kiri y salvo chistes de pésimo tono y cariz desaprensivo no habrá más huevos, perdonen la inelegancia, que reconocer que llevar la contraria a la realidad solo conduce al bochorno y al alipori.
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Unos cuantos cientos de euro-parlamentarios nacieron, evidentemente, en el cuerpo equivocado. En la imagen, el que en realidad les corresponde |
¿Qué será lo próximo que se proponga el Parlamiento de los Europedos, cénit y culmen de la tontocracia en boga? ¿Reconocer a los ciegos el derecho a participar en la Fórmula 1?, ¿Proporcionarle a Benito una "Grande Armeè" con la que proceder a una nueva invasión de Rusia? ¿Convertir al tonto del pueblo en patrimonio inmaterial de la humanidad?
Bueno, lo último no está tan lejos.
No se si parar por no dar ideas. Pero lo que tengo claro es que debemos de estar mandando a Bruselas a auténticos descerebrados a ver si con la lejanía hacen menos daño a la lógica, la razón y el sentido común.
(posesodegerasa)
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