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Una escasez administrada es preferible a una escasez proclamada |
En nuestro mundo paralelo, la gran conspiración de las élites no existiría para provocar el colapso, sino precisamente para administrarlo y evitar que ocurra de golpe.
Hay una diferencia enorme entre decir «la gasolina ha subido por la guerra» y decir:
«Hemos alcanzado el máximo de producción. A partir de ahora no podemos garantizar que exista petróleo suficiente para mantener simultáneamente el crecimiento económico, el transporte, la agricultura, la industria y el nivel de vida occidental».
La segunda declaración cambia inmediatamente el comportamiento de todo el mundo.
Empresas acumularían combustible; países importadores intentarían aumentar reservas; particulares llenarían depósitos y bidones; navieras, aerolíneas y agricultores asegurarían suministros. Una pequeña insuficiencia física podría convertirse instantáneamente en una gran insuficiencia comercial.
Después vendrían los mercados. Si el petróleo barato constituye una restricción permanente al crecimiento futuro, cambia la valoración de prácticamente todo: aerolíneas, automóviles, turismo, logística, vivienda periférica, industria pesada, deuda empresarial y, finalmente, deuda soberana. El problema dejaría de ser energético para convertirse también en financiero.
Todo este supuesto «teatro» transforma un único problema intolerable en veinte problemas tolerables.
El clima nunca fue el problema
En nuestro mundo paralelo, un día comprendemos que llevábamos décadas mirando en la dirección equivocada.
No se trataba del CO₂. No se trataba de salvar el clima. Ni siquiera se trataba primordialmente de contaminación.
Se trataba del petróleo.
Si los gobiernos hubieran dicho la verdad -«el petróleo barato sobre el que hemos construido nuestra civilización está llegando a su límite y debemos reducir radicalmente nuestra dependencia»- habrían provocado exactamente aquello que intentaban evitar: acaparamiento, especulación, nacionalismo energético, hundimiento de expectativas económicas y una carrera mundial por asegurarse los últimos barriles baratos.
Hacía falta otra razón.
El cambio climático proporcionó una extraordinariamente eficaz: no consumimos menos petróleo porque no haya suficiente para sostener indefinidamente el crecimiento, sino porque virtuosa y voluntariamente estamos «descarbonizando».
Entonces dejan de importar ciertas contradicciones.
¿Fabricar cientos de millones de baterías exige minas, enormes cantidades de materiales, energía, agua, industrias químicas y nuevas infraestructuras? No importa. Porque en nuestro mundo paralelo el objetivo secreto nunca fue evitar todo impacto ambiental.
El objetivo era conseguir que el automóvil pudiera funcionar sin petróleo.
Una vez electrificado, puede alimentarse mañana con nuclear, hidráulica, carbón, gas, solar o eólica. La batería no sería fundamentalmente un dispositivo ecológico.
Sería un dispositivo de sustitución del petróleo.
Y así encajaría también 2020.
Cuando la demanda mundial amenazaba con continuar creciendo mientras el petróleo ya no podía acompañarla, apareció la única medida capaz de reducir el consumo inmediatamente en una magnitud gigantesca: paralizar la movilidad mundial.
Aeropuertos vacíos. Autopistas vacías. fábricas detenidas. Turismo paralizado. Millones trabajando desde casa.
En nuestro universo paralelo, aquello no solucionó nada.
Pero consiguió algo extraordinariamente valioso:
tiempo.
Tiempo para electrificar. Tiempo para construir renovables y nuclear. Tiempo para reorganizar suministros. Tiempo para acostumbrar a la población a consumir menos. Tiempo para que el descenso pudiera administrarse en lugar de anunciarse.
Porque ése sería el secreto verdaderamente terrible de nuestro relato: no estarían intentando salvar el planeta de una catástrofe futura.
Estarían intentando evitar que la civilización descubriera simultáneamente que la energía que hizo posible su prosperidad ya no puede seguir creciendo al mismo ritmo.
Y no porque necesariamente fuese a producirse Mad Max.
Sino porque decírselo a ocho mil millones de personas podría ser precisamente la manera más rápida de provocarlo.
Félix Udivarri
(https://acratasnet.wordpress.com/)

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