![]() |
Disidir: Del lat. dissidēre. Separarse de la común doctrina, creencia o conducta. Raíz del participio "disidente". |
Apreciados lectores:
Quizá no nos hemos dado cuenta, tal vez ha sido un proceso paulatino que nos ha ido embaucando progresivamente sin nuestro consentimiento explícito; pero lo cierto es que hemos perdido en gran parte la capacidad de escuchar con cariño las opiniones de otros.
¿En qué momento decidimos dejar de escuchar a alguien en cuanto un leve atisbo en sus palabras denota que no piensa exactamente como nosotros?
Creo que no lo hemos elegido, estoy convencido de que nos lo han inoculado sin que nos diéramos cuenta.
Nunca me gustó que me dijeran “estoy completamente de acuerdo con usted”, porque de inmediato pienso que a esa persona no le he aportado absolutamente nada.
Esa frase me la escriben a menudo en las redes para agasajarme, pero me causa inquietud. Es mucho más excitante cuando alguien le dice a uno que no está de acuerdo en nada o en muchas cosas, pero que, sin embargo, le encanta leerte. Esto último sí que es precioso.
¿Por qué nos embarga el sesgo de confirmación por encima de la curiosidad intelectual? A mí me fascina tratar de entender a quien ha llegado a conclusiones diferentes a las que he llegado yo, eso aporta, estar de acuerdo en todo me deja frío.
La obsesión de un zoólogo es tratar de entender a los animales, cómo piensan, por qué actúan como lo hacen, qué hay detrás de su comportamiento más complejo. Por eso estamos adiestrados para entender al león, no para estar de acuerdo o no con él. Vemos al otro mamífero como lo que es, no tratamos de convencerlo. Este ejercicio que parece trivial es muy importante a la hora de enfrentarnos a otros especímenes de nuestra propia especie.
Por eso hay tantos zoólogos anglosajones que escriben libros de éxito acerca de temas sociales, nuestra forma de analizar al ser humano es la misma que si intentáramos entender a una sociedad de hormigas.
No quiero ser una hormiga, ni me interesa convertir a esos insectos en fernanditos, solo trato de entender por qué hacen lo que hacen.
Pero resulta que algo que debería ser muy normal, se ha convertido en extraordinario en nuestro mundo algoritmizado donde solo nos muestran lo mismo que pensamos.
También tengo algo muy claro, la gente auténtica es interesante sea de la tribu que sea. Hay una búsqueda social de lo genuino, la profusión de vendedores de alfombras y flautistas de Hamelin ha credo en todas las personas intelectualmente inquietas la búsqueda incesante de autores verdaderos que se crean lo que dicen, que luchen por una causa honesta, y que sean coherentes. En cuanto vemos a uno, lo abrazamos como a una reliquia valiosa, porque son cada vez más escasos.
Nos quieren convencer de que lo inteligente es disimular, de que el que es discreto gana, de que ocultar los pensamientos y evitar luchar por la justicia es lo adaptativo. Y después están los falsos héroes, los que fingen disidir, los que solo lo hacen cuando les favorece o les prestigia, de esos ahora hay muchos. Vayan a los primeros meses de 2020 y verán que la mayoría estaban debajo de la cama esperando a que pasara la tormenta. Cuando hacerse el nega empezó a estar de moda, todos enarbolaron la bandera de la conveniencia; es óptimo recolectar las mieles de la valentía sin ninguna de sus vicisitudes negativas.
Así que, queridos, disidamos entre nosotros a más no poder; disidamos hasta con nuestra sombra, leamos a quienes no se apuntan siempre a caer bien, porque eso lo sabemos hacer todos, a quienes nos sueltan verdades incomodas de vez en cuando, a quienes les dicen eso de “eres tu peor enemigo ¿qué te costaría callar eso?” Cuanto más conozco a las personas que obran así, menos me apetece ser uno de ellos. Estar todo el día midiendo frases para parecer estupendo me aburre soberanamente, y me parece una pésima idea de vida. No quiero caer bien a nadie que no conozca mis grises, por eso los muestro; si no le gustan, usted tampoco me va a aportar nada.
La vida es demasiado corta para perder ni un segundo con personas cuyo único afán es agradar para ser popus. Los bienqueda me causan ictericia pertinaz.
No hagamos como con la comida, que no nos importe más el aspecto exterior que el sabor, la calidad y el aporte nutricional de dentro. No me comeré ninguna manzana, pero mucho menos la que más brille, esa que me ofrezca una serpiente sonriente.
Fernando Lopez-Mirones
(https://t.me/elaullido/)

_a%20-%20copia_2.1.-.jpg)
_a%20-%20copia_2.-.jpg)
_a%20-%20copia_1.png)

_a%20-%20copia_2.1..jpg)



