domingo, 12 de abril de 2026

PALANTIR, LA NUEVA ARQUITECTURA DEL PODER



Mientras señalan a China como el modelo ideal de Estado totalitario y distópico, las élites globales construyen en Occidente un esquema perfecto de vigilancia, control y represión que ni el propio Orwell pudo imaginarse. Entre la búsqueda de quimeras como la cura para la muerte y la colonización de planetas adyacentes a la Tierra, una secta de multimillonarios impone ese esquema privado de guerra permanente contra las mayorías populares, con el beneplácito de los gobiernos. Palantir es la punta de lanza de ese proyecto infernal y actualmente permanece invisible, casi al margen de la agenda de discusión en la política.


En el universo de ficción de J.R.R.Tolkien hay una esfera que permite verlo todo: ejércitos enemigos, lugares lejanos, movimientos de adversarios. Pero quien la utiliza queda atado a la red de Sauron, ve lo que Sauron quiere que vea y, con el tiempo, es gobernado por la misma fuerza a la que cree estar utilizando a su favor.

La esfera se llama palantir. Hoy, una corporación con el mismo nombre vende la promesa de verlo todo a cambio de dependencia y subordinación. Sus clientes son gobiernos, ejércitos, servicios secretos y empresas occidentales. Palantir Technologies es el brazo ejecutor de una corriente intraimperial que se propone barrer con los Estados nacionales y reemplazarlos con un gobierno de algoritmos al servicio de las élites.

La empresa nace en 2003 con financiación de In-Q-Tel, el brazo de inversión de la CIA creado para conectar a la agencia con la innovación de Silicon Valley. Tras la Guerra Fría, la inteligencia estadounidense perdió el liderazgo tecnológico frente al sector privado, un liderazgo que había mantenido con agencias como DARPA a la vanguardia de avances como los satélites e internet. In-Q-Tel nació para resolver ese problema: identificar tecnologías de “doble uso” (que sirvieran tanto al mercado civil como a la inteligencia) e invertir en ellas para asegurar el acceso temprano a desarrollos estratégicos y un asiento en los directorios. Ese modelo de inversión, combinado con la ley Cloud Act, que permite a las autoridades estadounidenses exigir datos a proveedores bajo su jurisdicción, sin importar en qué país se encuentren los servidores, convierte a Palantir en un eslabón directo entre la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos y la información de sus clientes en todo el mundo.

Alguien podría pensar que Palantir fue infiltrada por la CIA y eso no es cierto. Palantir ya nace como una empresa financiada por y orientada al aparato de inteligencia estadounidense. Cuando un gobierno extranjero contrata a Palantir, está contratando a una empresa concebida como extensión del Estado de inteligencia de Washington. Y detrás de toda esa organización opaca hay dos figuras centrales: Peter Thiel y Alex Karp.


El tecnócrata Alex Karp se define como un “socialista”, aunque en la 
práctica  es el CEO de una corporación globalista que opera la “cade-
na de muerte”, una inteligencia artificial utilizada para determinar la
ubicación de los enemigos del sistema y eliminarlos. La degeneración
de estos personajes es tal que ya se montan sobre categorías ideoló-
gicas  para resignificarlas y con ellas disimular su verdadero propó-
sito poshumanista.
Alex Karp tiene un doctorado en derecho en Stanford (donde conoció a Thiel) y otro en teoría social neoclásica en la Universidad Goethe de Frankfurt. Karp se describe a sí mismo como “socialista”, aunque dirige una empresa responsable de la “cadena de muerte” operada por inteligencia artificial y utilizada en diversos conflictos globales, según su propia descripción.

Peter Thiel, por su parte, construyó su fortuna como cofundador de PayPal y aboga por un liberalismo en el que las élites tecnológicas —en las que él se incluye—, operen sin restricciones estatales. A su alrededor se tejió la llamada “Mafia de PayPal”, un círculo de fundadores que incluye a Elon Musk (X, Space X, Tesla, Starlink, Neuralink), Reid Hoffman (LinkedIn), Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim (creadores de YouTube) y David Sacks (Craft Ventures). Todos ellos, de distintas maneras, terminaron moldeando los ecosistemas digitales occidentales. Thiel también fue el primer inversor externo de Facebook con un aporte de capital de 500 mil dólares en 2004 por una participación del 10%. Sam Altman, presidente de Y Combinator y luego CEO de OpenAI, lo reconoce como una influencia decisiva. La trama de poder que conecta a estos nombres es muy densa. Se hacen inversiones mutuamente, fundan empresas en sociedad, comparten visiones del mundo y, en muchos casos, financian los mismos proyectos políticos.

Thiel tuvo, entre 2014 y 2017, una notoria relación con Jeffrey Epstein. En esos años, Thiel y Epstein intercambiaron más de dos mil mensajes y se reunieron al menos ocho veces para almorzar. Epstein invirtió 40 millones de dólares en Valar Ventures, un fondo cofundado por Thiel que apoya startups fuera de Silicon Valley. Siempre en el universo de Tolkien, los Valar son los seres que gobiernan el mundo. La elección de ese nombre no es una casualidad, es una declaración de principios sobre el lugar que sus fundadores quieren ocupar.


Por su parte Peter Thiel es el fundador de PayPal y el primer accionista
de Facebook, un hombre que hace ya algunas décadas es conocido por
su búsqueda de la vida eterna: Thiel invierte parte de su fortuna en la 
investigación científica con fines de descubrir una forma de detener el
 envejecimiento del cuerpo y al menos demorar la llegada de la muerte.
El narcisismo de quienes se creen superiores a una humanidad en la
que no quieren estar es digna de estudio patológico.
Lo que unía a Thiel y Epstein no era solo el dinero. Su relación formaba parte de un mismo imaginario elitista y tecnoliberal, en el que una minoría de ricos y tecnólogos se concibe a sí misma como la élite llamada a gobernar el mundo. En ese sentido, su proyecto político resuena con las corrientes tecno-aceleracionistas que quieren un desarrollo sin frenos y sin control del Estado.

El aceleracionismo es una familia de corrientes cuya premisa es que la única salida de la crisis del capitalismo pasa por acelerar el desarrollo tecnológico. Una de sus variantes, que tiene gran influencia en Silicon Valley, apuesta fuertemente por un desarrollo de inteligencia artificial sin restricciones, aunque eso implique sacrificar derechos e incluso vidas humanas. Lo que se plantea en esta tesis es que la humanidad debe ser superada y, en sus variantes más brutales, se propone el “secesionismo biónico”, o la idea de que un grupo privilegiado evolucionará tecnológicamente y abandonará al resto, considerándolo de ahí en más como un desecho o un obstáculo para el surgimiento de una inteligencia superior no humana.

Esa élite tiene su correlato en millonarios de Silicon Valley que financian proyectos de extensión de la vida, colonización espacial (SpaceX), conexión máquina-humana (Neuralink) y desarrollo de inteligencia artificial. Peter Thiel no se presenta a sí mismo como “aceleracionista”, pero su proyecto es coincidente con estas ideas. Escribe ensayos, da conferencias y financia proyectos alineados con esta visión. Sostiene que desde la década de 1970 la humanidad ha entrado en un estancamiento tecnológico. “Entre 1750 y 1970 hubo 200 años de cambio acelerado”, decía Thiel el año pasado. “Nos movíamos implacablemente más rápido: barcos más rápidos, ferrocarriles más rápidos, coches más rápidos, aviones más rápidos. Todo esto culmina en las misiones Concorde y Apolo. Pero entonces, en todo tipo de dimensiones, las cosas se ralentizaron”.


Uno de los principales proyectos de la élite post-humanista es Space-X, cuya cara visi-
ble es Elon Musk. La quimera aquí es la colonización de planetas adyacentes a la Tie-
rra con la finalidad de establecer una ruta de escape para los grandes magnates cuando
 estos mismos hayan hecho de nuestro planeta un lugar inhabitable  no apto para la exis-
 tencia humana. Vivir para siempre y en Marte, bien lejos de una humanidad degradada
y superada, parecería ser el desiderátum de estos criminales.


Para Thiel, la excepción fue el mundo digital, pero eso no es suficiente, dado que en física, biotecnología y energía no hay grandes avances. Su diagnóstico es que para lograr esos avances hay que destruir los frenos: los Estados nacionales, sus regulaciones, sus parlamentos y el sistema democrático liberal de Occidente. En 2009 lo dijo sin ambages: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. La democracia, para Thiel, es un experimento fallido que debe ser reemplazado por un gobierno de “constructores”, esa élite tecnológica que, a diferencia de la “clase parlanchina” (periodistas, académicos y políticos tradicionales), tiene la capacidad real de hacer cosas.

Aquí aparece la disputa intraimperial. Thiel y Karp no están en contra del capitalismo, sino de la fracción que ellos denominan “woke capital”. Google, Meta, Microsoft, las grandes tecnológicas que prosperaron con la globalización liberal, empresas que representan la “Catedral”, el consenso progresista que impone regulaciones y frenos al verdadero progreso. Son “woke” porque han cedido a las demandas de empleados y activistas, más allá de que también se benefician del mismo modelo de vigilancia y extracción de datos. Un ejemplo de esto es el abandono por parte de Google del Proyecto Maven en 2018, por presión de sus empleados que no querían entregar su trabajo al Pentágono.


Otro capítulo de esta batalla se dio a fines de febrero, cuando Anthropic (creadora del modelo conversacional Claude) rechazó la exigencia del Pentágono de sacar las barreras que impiden el uso de sus modelos en vigilancia de ciudadanos o sistemas de armamento autónomo. Donald Trump respondió ordenando el cese inmediato en el uso de la tecnología de Anthropic a todas las agencias gubernamentales. Y, aun así, Claude terminó siendo usado, en integración con el sistema Maven de Palantir, para planificar ataques contra mil objetivos iraníes.

Esta disputa no es ideológica, es por quién toma el control. El capital “woke” quiere un mundo de consumidores a los que venderles sin fronteras mientras que, por otra parte, los tecno-aceleracionistas quieren poder decidir sobre la vida y la muerte sin consecuencias, con Estados que sean una extensión de sus algoritmos. Ninguno de los dos bandos tiene como prioridad el bienestar de las mayorías.

Para Thiel nada de esto es un debate político, pero sí una guerra espiritual. En una serie de conferencias desarrolló una interpretación apocalíptica de la historia con profecías bíblicas afirmando que el Anticristo no será un dictador siniestro, sino una figura que prometerá “paz y seguridad” para imponer un gobierno mundial que frene el progreso tecnológico. Los “legionarios del Anticristo” son los activistas que piden regular la inteligencia artificial o alertan sobre el cambio climático, como Greta Thunberg, a quien considera una “agente del mal”.


La agitadora juvenil Greta Thunberg ha sido elegida por Peter Thiel como antagonista, y el
fin de esta maniobra es claro: aprovechar el rechazo general que suele haber a la estridencia
de Thunberg y plantear un escenario ideal de buenos y malos. Por un lado, empresarios
 comprometidos con el progreso; por otro, jóvenes irresponsables de izquierda que preten-
den detener la marcha de la historia. La narrativa es perfecta para engrupir a los incautos.

Thiel considera que la aceleración tecnológica es el Katejon, es decir, es lo que va a impedir la llegada del Anticristo en los términos descritos por Carl Schmitt. El Katejon es un concepto de los Tesalonicenses y se refiere al que detiene o retrasa el advenimiento del mal poniendo límite en el caos. Thiel cree, por lo tanto, tener la salvación para la humanidad y no mediante la organización política. Thiel piensa que el Katejon son los emprendedores que construyen inteligencia artificial, colonizan Marte y vencen a la muerte hallando la fórmula de la vida eterna.

Esta retórica tiene una función muy concreta. Al enmarcar la regulación como obra del Anticristo, Thiel transforma cualquier debate sobre límites éticos en una herejía. Invertir en inteligencia artificial, en vigilancia y en armas autónomas deja de ser un negocio para convertirse en un deber moral. Regular esas industrias, por el contrario, es hacer el trabajo del diablo. Y no se negocia con el enemigo cuando el enemigo es el diablo. Al enemigo convertido en diablo solo se lo elimina.


La idea de que en China existe un Estado de vigilancia, castigo y re-
presión permanentes es el pretexto que Peter Thiel y Alex Karp usan
para disimular el hecho de que dicho Estado opresor se está constru-
yendo más bien en Occidente y de la mano de empresarios privados
 que no valoran en absoluto la existencia humana. China es el chivo
expiatorio ideal de esta banda delincuencial y es su verdadero an-
tagonista en esta carrera tecnológica por la dominación global.
Pero esta cruzada necesita un enemigo visible y aquí entra China. Para el discurso público, China es la amenaza existencial que lo justifica todo. Karp no pierde la oportunidad de repetir en cada entrevista que si China ganara la carrera de la inteligencia artificial los ciudadanos occidentales “tendrían muchos menos derechos”. Pero la función de China no es ser un rival, sino una coartada. Necesitan un enemigo totalitario para explicar por qué hay que adoptar herramientas totalitarias.

La paradoja es que lo que dicen de China (vigilancia masiva, control social, ausencia de derechos) es exactamente lo que construyen en Occidente, aunque llamándolo “eficiencia” o “seguridad nacional”. En realidad, admiran el modelo chino sin poder admitirlo abiertamente. Lo único que cambia es que ellos quieren ocupar el centro del poder. Esa es su esencia. No buscan abolir el poder, sino más bien concentrarlo en sus propias manos.

Para lograr estos objetivos, Palantir se conforma de dos herramientas principales: Gotham y Foundry. Gotham es la plataforma para gobiernos, ejércitos y servicios de inteligencia. Según la propia web, su software es el sistema de armas. El corazón de este sistema es llamado “cadena de muerte” y su función es identificar objetivos para definir cómo destruirlos. Todo “de manera fluida y responsable”, según la empresa.

Foundry es la versión “civil”, diseñada para que empresas manejen sus cadenas de suministro, logística, inventarios y recursos humanos. La única diferencia de funcionamiento son los fines. El mismo algoritmo que optimiza una ruta define dónde bombardear. El mismo sistema que identifica clientes potenciales arma listas de gente que debe ser eliminada.


A partir de los sucesos del 7 de octubre de 2023 en el territorio ocupado
de Palestina las corporaciones de vigilancia y castigo se acercaron a Is-
rael “en solidaridad” y pusieron a disposición del ente usurpador su
tecnología de muerte. La alianza estratégica entre Palantir y el Ministe-
rio de Defensa de Israel resultó en el consabido genocidio de Gaza,
 cuyas consecuencias al día de hoy están todas a la vista.
En 2011 circuló el rumor de que Palantir fue central en el operativo que se armó para asesinar a Osama Bin Laden. Esto nunca fue confirmado ni desmentido, pero desde entonces Palantir ha construido una trayectoria ininterrumpida de participación en conflictos. En Ucrania es utilizada para coordinar ataques, planificar movimientos de tropas y analizar imágenes satelitales. Alex Karp afirma que Palantir es responsable por “la mayoría de los ataques” en el frente.

Esta tecnología también se utiliza en Gaza para planificación, logística y selección de objetivos. La junta directiva de la empresa se reunió en Tel Aviv “en solidaridad” apenas dos semanas después del 7 de octubre de 2023, lo que evidencia que no se trata solo de un negocio, sino que existe una afinidad ideológica. En 2024, se firmó una “alianza estratégica” entre Palantir y el Ministerio de Defensa de Israel.

El ejército israelí utiliza dos sistemas propios llamados Lavender y Habsora (El Evangelio) para generar listas masivas de objetivos. Habsora define lugares, mientras que Lavender señala personas. El ejército israelí se permite hasta 20 víctimas colaterales por cada persona señalada en las listas y eleva esta cantidad hasta 100 si el señalado tiene un rango alto. Lavender señaló 37.000 palestinos como sospechosos en las primeras semanas del ataque. Palantir provee la infraestructura de datos que alimenta esos sistemas. En abril de 2025, Karp declaró: “Lo correcto es decir que Palantir es responsable de la muerte de la mayoría de los terroristas”. No mencionó a los civiles.

Otro caso conocido es el uso por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), que contrató a Palantir para desarrollar ImmigrationOS, una plataforma diseñada para “agilizar la deportación” de inmigrantes. A esto se suman otros programas: Investigative Case Management (ICM), una base de datos masiva que integra información de distintas agencias federales y ELITE, una plataforma de análisis forense digital. Y la participación en el Proyecto Maven, el programa del Pentágono para automatizar el análisis de imágenes de drones.


Con un formidable despliegue de persecución que se asemeja incluso en
las formas  -la presencia de agentes con sus caras tapadas por pasamon-
tañas  no es un detalle menor- a los métodos represivos de Israel en Pa-
lestina, las élites globales llevaron con Palantir y corporaciones asocia-
das el terror hacia dentro del territorio de los Estados Unidos. Y ahora 
Occidente se parece mucho a la imagen que los occidentales se hacen
de China. El Estado de hipervigilancia y represión ahora está en Occi-
dente y de la mano de las grandes corporaciones privadas.
En el Reino Unido el National Health Service (NHS) contrató a Palantir para construir la plataforma que integra la información de los pacientes de distintos servicios de salud. La Asociación Médica Británica pide la cancelación del contrato, argumentando que Palantir “amenaza con socavar la confianza pública en los sistemas de datos del NHS” debido a su historial de “software policial discriminatorio” y sus “vínculos estrechos con un gobierno estadounidense que muestra poco respeto por el derecho internacional”.

En febrero de 2025, Alex Karp publicó su carta anual a los accionistas. La carta es un manifiesto cuyo título es La división del mundo y allí Karp, en efecto, divide el mundo entre “constructores” y “críticos”, poniendo en el primer bando a artistas, poetas, científicos y naturalmente a Palantir. Los segundos son los que llama “la clase parlanchina” contra la que hay que rebelarse y la que, si es necesario, eliminar. Esto lo deja claro en una reunión con accionistas en la que afirma “Palantir está aquí para perturbar el orden y para asustar a nuestros enemigos cuando sea necesario. Y, en ocasiones, matarlos”.

Como se ve, Palantir no es simplemente una empresa, es un proyecto de poder que quiere redefinir las reglas en Occidente y tomar el control para operar sin restricciones. Es la materialización explícita del complejo militar-industrialfarmacéutico, ese bloque que requiere enfermedad y guerras para expandir sus ganancias. Alrededor de Palantir se teje un ecosistema de empresas que la complementan.

Anduril es el brazo armado de Palantir en sentido literal. Fundada en 2017 por Palmer Luckey (ex PayPal), Anduril se dedica a construir sistemas de defensa autónomos (torres de vigilancia, drones submarinos y sistemas de reconocimiento de objetivos autónomos). Su nombre también se inspira en el universo de Tolkien, pues Anduril era la espada de Aragorn, forjada con fragmentos de la espada que derrotó a Sauron. La metáfora es transparente y refiere a la espada que vencerá a los “enemigos de Occidente”.

Además de Anduril está Cellebrite, una empresa israelí que se dedica a la extracción de datos de teléfonos móviles. Sus dispositivos pueden desbloquear prácticamente cualquier teléfono y extraer todo su contenido. Los servicios de Cellebrite son requeridos por agencias policiales y servicios de inteligencia en 140 países. En los Estados Unidos, el ICE y el Servicio de Alguaciles los utilizan para extraer información de migrantes y detenidos. La conexión de estas empresas es estructural. Cellebrite consigue información, Palantir la integra con otras fuentes, la analiza y define objetivos para que Anduril ejecute los ataques.

El 15 de febrero de 2026, el fundador de Megaupload (cerrado en 2012 por el FBI) Kim Dotcom publicó el siguiente mensaje en las redes sociales: “Palantir fue hackeado. Un agente de IA fue utilizado para obtener acceso de superusuario”. Lo que siguió fue una lista de acusaciones que, de ser ciertas, constituirían el mayor escándalo de espionaje corporativo de la historia. Según Dotcom, los hackers descubrieron que Peter Thiel y Alex Karp llevaban años realizando vigilancia masiva sobre líderes mundiales y magnates de la industria. La empresa tendría en su poder "miles de horas de conversaciones transcritas y localizables” del presidente Trump, del vicepresidente Vance y de Elon Musk. Habrían instalado puertas traseras en los dispositivos, automóviles y aviones de políticos de todo el mundo, acumulando “el archivo de material de chantaje más amplio de la historia”.

Dotcom confirma la sospecha de que Palantir es responsable de la mayoría de las muertes de palestinos en Gaza mediante el desarrollo de sistemas con inteligencia artificial para el régimen de Israel. Y también afirma que Palantir está desarrollando capacidades de armas nucleares y biológicas para Ucrania en estrecha colaboración con la CIA, con el objetivo de derrotar a Rusia en el plazo de un año.


Kit Dotcom es el fundador de Megaupload, un pionero de internet y un
 héroe de la causa por el acceso a los bienes culturales por fuera del cir-
cuito comercial de las corporaciones. Dotcom es lo que en inglés se 
 suele llamar  un “whistleblower”, un individuo que utiliza su capacidad
 técnica para descubrir los planes de las élites, revelarlos y exponer a sus
a sus ejecutores e ideólogos. Y por eso lo quieren extraditar de Nueva
 Zelanda (adonde fue a exiliarse) a los Estados Unidos.
Días después de la publicación de Dotcom, el Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR) emitió un comunicado acusando a Reino Unido y Francia de estar trabajando para dotar a Kiev de una Wunderwaffe, un arma nuclear o una bomba sucia. El comunicado menciona específicamente la ojiva francesa TN75 como una de las opciones en consideración y advierte que estos planes implicarían “una infracción grave del derecho internacional, sobre todo del tratado de no proliferación nuclear”.

Tanto Dotcom como el SVR hablan de armas nucleares para Ucrania y de una operación encubierta de potencias occidentales para cambiar el rumbo de la guerra. Kim define todo esto con una afirmación que resume lo anteriormente expuesto: “Palantir es un brazo de la CIA y todos los datos de clientes internacionales se copian en una nube de espionaje de la CIA”. Shyam Sankar, director tecnológico de Palantir, acusó a Kim de mentir sobre este supuesto hackeo, aunque nunca negó las demás acusaciones.

Más allá de si el hackeo ocurrió o no, a nadie le puede sorprender que Palantir espíe a Trump o Elon Musk, que opere para proveer armas nucleares a Ucrania o que sea el sistema que provee las listas de palestinos para asesinar, expandiendo su dominio de facto en Occidente y, por extensión, en todo el mundo. Es sin duda el génesis de un poder dispuesto a arrasar con todo, un poder que no tiene territorio, que se vende como solución frente al enemigo oriental mientras va tomando el control de los Estados occidentales. Una empresa “legal” que emite facturas y firma contratos, pero cuyo servicio es el espionaje, el control y la muerte.

Maximiliano Romero
(Visto en https://revistahegemonia.com/)

MISIÓN LUNAR "ARTEMIS"


CHERNÓBIL Y LOS ANIMALES QUE DESAFIARON LA RADIACIÓN: LOBOS Y PERROS CON RESISTENCIA AL CÁNCER



En 1986, el Accidente de Chernóbil marcó un antes y un después en la historia ambiental del mundo. La explosión del reactor 4 liberó una cantidad masiva de radiación que obligó a evacuar ciudades enteras como Prípiat y a establecer una zona de exclusión de aproximadamente 30 kilómetros. Desde entonces, ese territorio permanece prácticamente vacío de presencia humana. Pero no de vida.

Con el paso de las décadas, distintos animales comenzaron a habitar ese espacio que, en teoría, debía ser inhabitable. Entre ellos, hay dos que han llamado especialmente la atención de la comunidad científica: los lobos y los perros asilvestrados. No solo han logrado sobrevivir, sino que parecen haber desarrollado algo mucho más complejo: una resistencia inusual al cáncer.

La historia comenzó a tomar forma en 2014, cuando la bióloga Cara Love y su equipo, desde la Universidad de Princeton, viajaron a la zona de exclusión para estudiar cómo estos animales estaban enfrentando un entorno saturado de radiación. Colocaron collares con GPS a varios lobos y tomaron muestras de sangre para analizar qué estaba ocurriendo a nivel genético.

Los resultados fueron tan inquietantes como fascinantes. Los lobos están expuestos diariamente a niveles de radiación que superan varias veces los límites considerados seguros para los humanos. Aun así, no solo sobreviven: su organismo parece haber encontrado formas de adaptarse. Algunas regiones de su genoma muestran modificaciones que podrían estar relacionadas con una mayor resistencia a los efectos cancerígenos de la radiación.

Este tipo de adaptación no significa que sean inmunes, pero sí que tienen menos probabilidades de desarrollar cáncer o, en caso de hacerlo, más posibilidades de sobrevivir. Lo que más intriga a los investigadores es que estos cambios no son superficiales. Están profundamente ligados a su sistema inmunológico.

De hecho, uno de los hallazgos más interesantes es que el sistema inmune de estos animales funciona de manera similar al de pacientes humanos que han recibido radioterapia. En estos casos, el tratamiento suele debilitar las defensas, dejando al cuerpo más vulnerable a infecciones. Sin embargo, los lobos de Chernóbil parecen haber sorteado ese efecto secundario. Viven en un entorno hostil, con alta carga de radiación y patógenos, y aun así prosperan.

No es un detalle menor. Los lobos ocupan la cima de la cadena alimenticia dentro de la zona de exclusión. Esto significa que no solo están expuestos a la radiación del ambiente, sino también a la que se acumula en los cuerpos de los animales que consumen. A pesar de ello, su población es incluso más densa que en algunas reservas naturales de Europa del Este.

En paralelo, los perros asilvestrados -descendientes de mascotas que fueron abandonadas durante la evacuación- también han mostrado cambios genéticos. Estudios realizados entre 2017 y 2019 identificaron diferencias en su ADN en comparación con otros perros fuera de la zona. Algunos de estos animales viven incluso dentro del perímetro de la antigua central nuclear, donde los niveles de radiación siguen siendo elevados.

¿Cómo ocurrió esto? La explicación más aceptada apunta a un proceso acelerado de selección natural. En las primeras generaciones tras el accidente, algunos individuos pudieron haber tenido mutaciones que les permitieron resistir mejor la radiación. Esos sobrevivieron. Y transmitieron esas características a sus descendientes. Con el tiempo, esa resistencia se volvió más común dentro de la población.

Este fenómeno no solo reconfigura lo que entendemos sobre la capacidad de adaptación de la vida, también abre una posibilidad inesperada. Si los científicos logran identificar qué genes están involucrados en esta resistencia, podrían aportar pistas valiosas para la investigación del cáncer en humanos.

Hoy, la zona de exclusión de Chernóbil sigue siendo un territorio marcado por la tragedia. Pero también se ha convertido en un laboratorio vivo, donde la evolución ocurre frente a nuestros ojos, en silencio, sin dramatismo, pero con consecuencias profundas.

Carolina de la Torre
(Fuente: https://pijamasurf.com/)

sábado, 11 de abril de 2026

LA GUERRA COMO NEGOCIO (Y ALGO MÁS)



Los propagandísticos medios de comunicación no hacen más que repetir que la Guerra de Irán es ilegal. ¡Alucinante! Vamos, como si hubiera alguna guerra legal. Luego, los hay que intentan averiguar si está justificada o no. Aunque lo que más se debate es quién ganará y quién perderá. Pues te lo digo yo: ganarán los “tíos listos” y perderemos los de siempre, nosotros, el “populacho”.

Ya deberíamos saber que la mentira se ha institucionalizado en nuestra sociedad, así que si nos mienten y engañan a diario, imagínate qué no harán en una situación de guerra, donde engañar al enemigo es la principal misión.

La primera gran mentira en una guerra es quién la declara. En el caso de la Guerra de Irán, no la declara el pueblo israelí o el pueblo estadounidense; ni siquiera el prepotente Trump o el asesino Netanyahu. La declara esa camarilla oculta al gran público, que es quien mueve los hilos y toma las decisiones importantes, independientemente de quién sea el presidente de turno o qué partido esté en el poder. De hecho, la mayoría de los gobiernos están a las órdenes del poder global del dinero, que sólo busca enriquecerse mediante la deuda, el saqueo de recursos y, cómo no, la guerra.

La guerra es un gran negocio, y un gran negocio no se deja al azar, se planifica. Detrás de cada decisión hay gente muy “sesuda” que analiza cada mínimo detalle para evitar o propiciar (depende de lo que convenga) una debacle. ¿Y quién tiene la capacidad de hacer algo así? Obviamente, el poder global del dinero.

No sé si la gente recuerda la entrevista realizada, en marzo de 2007, al excomandante de la OTAN, Wesley Clark, en la que reveló el plan de EEUU de invadir 7 países en 5 años. Los países en cuestión eran Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán. En aquel momento nadie tomó en serio las palabras de Wesley Clark. Sin embargo, en el transcurso de estos años, hemos sido testigos de cómo esos Estados soberanos han sufrido diferentes guerras, que han ido debilitándolos y transformándolos en una especie de mini reinos de diferentes etnias incapaces de ponerse de acuerdo.

El objetivo, obviamente, es “balcanizar” la región para mermar su capacidad de respuesta conjunta al saqueo de sus recursos. Una vez conseguido (Irán es el último reducto), el siguiente paso será despojarles de su petróleo y gas, y tomar el control de las infraestructuras (oleoductos, gaseoductos, refinerías, etc.).

Este es el gran negocio de esta guerra, sin olvidar el sueño del Gran Israel por parte de los sionistas. Lo que no parece es que tengan todas las papeletas a su favor, ya que Irán está resultando ser un hueso duro de roer.

Pero hay otro elemento -que pasa desapercibido para la mayoría de la gente- que va a la par de la guerra: la aceleración de la agenda de control global. Ciudades inteligentes, dinero digital (CDBC), identificación digital, carnet de crédito social, huella de carbono, restricciones, racionamientos, confinamientos y todo lo que conlleva al control total se está acelerando gracias a esta guerra. De hecho, la Agencia Internacional de Energía (AIE), amparándose en el actual conflicto, ya ha dado una serie de recomendaciones que, aunque a primera vista parecen recomendaciones de ahorro energético, son en realidad medidas para adaptar el comportamiento de la gente a lo que está por venir.

En concreto, la AIE recomienda el teletrabajo, reducir los desplazamientos en coche, restringir los viajes en avión y, en general, la disminución del consumo energético.

Por cierto, ¿a qué me suena esto? ¡Ah! ¡Ya caigo! Pues claro, me recuerda a las medidas que se adoptaron durante la falsa pandemia. La única diferencia radica en el factor desencadenante: entonces la atención se centraba en la salud y ahora se centra en la energía. En definitiva, restringir libertades, racionar el consumo y desviar la atención para que no nos demos cuenta de que los de siempre se están forrando a nuestra costa.

¡Si es que son unos genios! Vuelven a poner en escena la misma obra de teatro, pero con diferente director: entonces lo dirigió la OMS, ahora lo dirige la AIE.

A día de hoy ya nadie debería creer que esta guerra se esté librando para liberar al pueblo iraní de un régimen teocrático o porque Irán esté enriqueciendo Uranio, eso se la trae al pairo. Esta guerra se está llevando a cabo por negocios y, de paso, para llevar a la humanidad a ese Nuevo Orden Mundial tecnocrático aterrador que los amos del mundo han diseñado para nosotros.

No seamos ingenuos. Los verdaderos planificadores de esta guerra son los de siempre. Se esconden detrás de la City de Londres: una entidad autónoma e independiente que no da cuentas a nadie. Son los dueños de la FED, del BCE, del BM, del FMI, del BPI, de las grandes finanzas, de los medios de comunicación y de grandes industrias como la energética y armamentística.

Lo que estamos presenciando no es más que un acto meticulosamente planificado y orquestado desde hace años. Por consiguiente, no deberíamos creer nada de lo que cuentan los medios de comunicación, y mucho menos lo que dicen los actores implicados en esta tragicomedia.

Piénsalo. ¿Por qué cuando Donald Trump abre la boca instantáneamente sube o baja el precio del barril de petróleo? ¿Cómo puede ser si en ese periodo tan corto de tiempo no ha cambiado nada? Eso nos lleva a preguntarnos sobre qué pilares está sustentado este sistema. Obviamente, por ningún pilar sólido, ya que todo es pura especulación y se manipula al antojo de los que lo controlan a través de leyes, normas y regulaciones con el respaldo incondicional de las fuerzas armadas. Esa es la clave. Lo trágico de todo esto, es que las fuerzas armadas somos nosotros.

Como era de esperar, muchos medios de comunicación están pintando a Irán como un David (bueno) luchando contra un Goliat (malo). Ojalá fuera cierto. Pero no, lo siento, es una estupidez como la copa de un pino. La cruda realidad nos dice que los dos bandos son igualmente ruines. Ambos están implementando la misma prisión tecnocrática a sus ciudadanos: misma identificación digital, vigilancia biométrica, monedas digitales, etc. Porque esta guerra, amén de ser librada (como todas) por motivos económicos, también está sirviendo para acelerar la agenda de control total de la humanidad.

Después de escuchar argumentos y versiones de todo tipo, para justificar lo injustificable, he llegado a la siguiente conclusión: aquí no hay ni buenos ni malos, aquí todos son unos miserables.

Ya es hora de dejar de hacer caso a la machacona y constante propaganda de los medios de comunicación. La verdad nunca está en los medios.

Estamos asistiendo a un cambio profundo de paradigma totalmente diseñado y planificado por la ingeniería social. Primero cambiaron los valores de la sociedad mediante toda una sarta de nuevas sandeces ideológicas. Luego vino el Covid-19 y preparó a la población para aceptar las cosas más distópicas, incluyendo las vacunas que vete a saber cuál fue su verdadera función. Y ahora se está perpetrando una guerra, cuyo propósito, evidentemente, es arruinar la economía global. Y todo para implantar una nueva sociedad con un único gobierno mundial.

Decía Franklin D. Roosevelt que en política no se deja nada al azar, todo se planifica. Pues bien. Ahora Europa y el resto del mundo están amenazados con una crisis energética sin precedentes. Crisis, como todas, provocada intencionadamente. Primero pusieron en marcha la guerra de Ucrania. Esto llevó a dictar sanciones contra Rusia, lo que en la práctica se resolvió con que Europa dejara de comprar gas y petróleo ruso. Después, con la Guerra de Irán han cerrado el estrecho de Ormuz, dejando nuevamente a Europa sin gas y petróleo procedente del Golfo.

¿Aún no lo ves?

Sigamos. Nada más comenzó la guerra, enseguida se puso en marcha un mecanismo (al igual que cuando el Covid-19) para instruir a todos los países sobre qué hacer y cómo tenían que actuar. De la noche a la mañana el pánico se apoderó de los mercados y se empezaron a lanzar consignas como la de aprobar nuevas líneas de actuación drásticas (racionamientos de combustible, regulación del tráfico, restricciones para viajar, etc.). Obviamente, ninguna de estas medidas reducirá el precio del barril del petróleo, del mismo modo que las medidas tomadas durante la falsa pandemia (encierros, toques de queda, etc.) tampoco acabaron con el Covid-19. Lo que sí han desencadenado es una subida generalizada de precios, que de ninguna manera ésta justificada. Y ese es el verdadero objetivo.

¡Señores! Los dueños del mundo nos odian y están obsesionados con reducir drásticamente la población mundial y hacerse con el control absoluto de cada uno de nosotros. Y si para ello tienen que declarar la Tercera Guerra Mundial, matarnos de hambre o inyectarnos cualquier veneno, lo harán.

Sin embargo, no deberíamos claudicar tan fácilmente, ya que siempre hay alternativas. Sin soldaditos dispuestos a pilotar aviones de combate, a conducir tanques y a morir en el campo de batalla por los delirios de grandeza de otros, nada de esto estaría sucediendo. Así que deberíamos preguntarnos muy en serio de una vez por todas: ¿Cuándo vamos a dejar de ser víctimas y verdugos? ¿Cuándo vamos de dejar de confiar nuestras vidas a gobiernos criminales? Aunque la pregunta clave es la que nadie se quiere hacer: ¿cuándo vamos a dejar de ser tan estúpidos?


(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

Como corolario de este excelente análisis de Pepe Luengo, cuyo blog nunca defrauda, comparto un vídeo que examina el conflicto de Oriente Medio en unos términos sorprendentes que no deberíamos descartar sin haberlos considerado previamente. Invito al lector a superar el rechazo que inicialmente puede provocar el planteamiento de La Verdad es 2.0, y darle un par de vueltas a algo que, pese a su aparente inverosimilitud, acaba por casar perfectamente con los acontecimientos a los que asistimos:

BENJAMÍN NETANYAHU AMENAZA DE FORMA INTOLERABLE A ESPAÑA



La perorata de este criminal genocida -reclamado por crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional- sería para tomársela a risa sino fuera porque encierra un amenaza cierta -e inaceptable- que, por desgracia, puede manifestarse como otro 11-M o a saber qué otra bofetada a un gobierno desafecto propinada en la cara de los ciudadanos de a pie, como, por desgracia, nos hemos acostumbrado a que suceda.

Bien sabe el lector habitual del blog mi poca simpatía por el gabinete Sánchez. Esa aversión no me pone una venda en los ojos a la hora de calificar su postura respecto al conflicto de Oriente Medio como la única digna, pues se sitúa en el cumplimiento estricto de la Carta de la ONU y de la legalidad internacional.

Afirmar, como hace el premier judío, que España ha difamado a sus "héroes", integrantes del "ejército más moral del mundo" -un ejército que entrena perros para violar a prisioneros civiles, que dispara a mujeres y niños cuando acuden al reparto de provisiones, que cierra los suministros básicos como agua y electricidad a la población de Gaza, que ha convertido escuelas, hospitales, universidades y sedes de organismos internacionales y ONGs en objetivos prioritarios- es un chiste de pésimo gusto. Sus "héroes" son matones a los que un gobierno supremacista y racista ha otorgado impunidad para masacrar a los débiles mientras la compostura que mantienen cuando es su integridad la que corre peligro dista mucho de la pregonada heroicidad:


Y vaya por delante que no me burlo de sus lágrimas y su miedo, humanos al fin y al cabo, sino de su incapacidad para comprender que están recogiendo lo sembrado tras décadas de odio, rapiña y crímenes contra todo un pueblo al que han humillado, robado y masacrado amparados en el vergonzante silencio de quienes deberían haber gritado ¡Basta!, pero no lo han hecho por miedo a ser señalados como antisemitas, como si las víctimas de la ilegal ocupación israelí no fueran los auténticos semitas, enraizados en un territorio mártir ocupado por una población que se reclama judía, pero proviene mayoritariamente de la región del Cáucaso, que se siente superior a todo otro grupo étnico o nacional frente al que reclaman su sumisión, sus riquezas y su obediencia, que maltrata y margina a los judíos africanos, particularmente a los etiopes, y a la población palestina, frente a la cual su racismo es absolutamente desvergonzado, que ha construído un Estado psicópata y deshumanizado y que tira de los hilos de una red de propaganda y manipulación que alcanza niveles distópicos. 

El antisionismo y el antisemitismo no son la misma cosa, y ahí están los ultraortodoxos jaredíes que rechazan la existencia del estado de Israel, y que según la pseudo-lógica de los fariseos de nuestro tiempo serían semitas antisemitas.

El judaísmo rabínico es el MAL, y sus practicantes son fanáticos asesinos que practican una hipócrita autoindulgencia con sus atroces crímenes, que pretenden justificar en base a unos textos "sagrados" que destilan satanismo y perversidad.

(posesodegerasa)

DIOSES DE IMPORTACIÓN



Mira, si eres cristiano, deberías saber que estás adorando al dios de los hebreos: el dios bíblico. Un dios tribal que pertenece a cierto grupo étnico del antiguo Medio Oriente. Porque el cristianismo, si no lo sabías, adoptó el mismo dios que durante siglos venía adorando el judaísmo: el dios de Israel, identificado como Yahvé. Jesús mismo era judío y practicaba el judaísmo (Juan 4:45, Juan 5:1), no el cristianismo, que todavía no existía. Él mismo se diferenciaba claramente de “los gentiles”, es decir, de los no judíos (Mateo 5:47, Mateo 6:7), y los discriminaba (Marcos 7:26-27, Mateo 15:22-24), siendo también reconocido por miembros de otras comunidades como judío (Juan 4:9).

Y desde sus orígenes, ese dios judaico (que también adoraba Jesús) fue asociado a un pueblo específico del antiguo Levante. Por eso los textos más antiguos de la Biblia hebrea representan a Yahvé como el dios nacional, guerrero y protector de Israel, el pueblo que lo creó.

Mucho tiempo después vino Pablo de Tarso -quien también era judío, de la tribu de Benjamín, y quien se declaraba a sí mismo judío, educado bajo la guía del rabino Gamaliel (Hechos 22:3)- y transformó una de las sectas mesiánicas de esa religión en un movimiento abierto a los “gentiles”, a los no israelitas, reinterpretando la figura de Jesús como cósmica y salvífica universal, y operando dentro del marco del Imperio Romano, lo que facilitó la expansión de esa variante doctrinal.

Por otra parte, si eres musulmán, estás adorando al dios concebido por Mahoma, un líder político árabe del siglo VII, miembro del clan Hāshim de los Quraysh en La Meca, actual Arabia Saudita. Originalmente el término "Alá" comenzó a usarse en la Península Arábiga para referirse a un supuesto dios supremo dentro del sistema politeísta que allí existía. Luego vino Mahoma, y en un contexto donde coexistían politeísmo árabe, judaísmo y cristianismo, articuló un monoteísmo radical bajo una doctrina que llamó islam, que significa “sumisión” (a Alá), y que sirvió como herramienta de unificación política de las tribus árabes. Ya unificadas, el islam adoptó después una visión expansionista, describiendo el Corán a Mahoma como una "misericordia para todos los mundos" (Corán 21:107).

Y si eres budista, estás creyendo en una doctrina concebida por el guía espiritual de un grupo étnico llamado Sakya (o Shakya), en el actual Nepal, quien vivió aproximadamente en el siglo V antes de nuestra era. Se llamaba Siddhartha Gautama, pero llegó a conocerse como Buda, que quiere decir “iluminado”. Se trata de una doctrina que no era originalmente teísta, puesto que no requiere la creencia en un dios creador para alcanzar la iluminación (nirvana). Aunque tampoco está exenta de pensamiento mágico-religioso, porque incluye cosmologías, reencarnación y entidades celestiales en muchas de sus formas históricas. Buda predicó en el valle del Ganges, pero sus enseñanzas sobre el cese del sufrimiento (las Cuatro Nobles Verdades) se plantearon como conceptos universales para la condición humana.

Así que, como ves, estas tres grandes religiones son originalmente de tres lugares específicos del continente asiático: Israel, Arabia Saudita y Nepal. Y la intención de sus creadores, habría sido inicialmente divulgar esas doctrinas en esos lugares. Entonces te pregunto: ¿De dónde eres tú? Si eres de un país europeo, americano, africano o de Oceanía. ¿qué haces adorando dioses asiáticos y creyendo en sus doctrinas? Incluso si eres de otro país asiático como China, Japón, Tailandia, Myanmar, Camboya, ¿qué haces siguiendo una religión de Nepal? O si eres de otro país asiático como Indonesia, Malasia, Brunéi, Irán o Turquía, ¿qué haces practicando una religión árabe? ¿Ya te diste cuenta de que estás adorando dioses ajenos?


Y es que las religiones nacen en coordenadas geográficas muy concretas. Tienen clima, paisaje, lengua materna, y hasta acento cultural propios. Sin embargo, hoy miles de millones de personas adoran dioses surgidos a miles de kilómetros de su tierra natal, y que no tienen absolutamente nada que ver con su cultura original… sin que eso les genere la más mínima sospecha.

En efecto, la religión es un fenómeno geográfico. La historia nos muestra que cada pueblo de la Tierra desarrolló su propio sistema religioso: en la Mesoamérica prehispánica, las civilizaciones crearon religiones profundamente vinculadas al maíz, al calendario solar y a la guerra ritual. Y sus dioses hablaban náhuatl o maya, no hebreo ni árabe, y mucho menos māgadhī, el dialecto indoario que probablemente hablaba Buda. Mientras que en la Europa nórdica los dioses escandinavos eran guerreros, tormentosos, asociados al frío, a la batalla, y al destino inevitable. Nada que ver con el desierto de Judea o Arabia, ni las montañas del Himalaya, y nada que ver con teologías sobre pecado y supuestas salvaciones.

Ocurre sin embargo que algunas religiones rompieron el molde tribal y cruzaron fronteras, porque en algún momento decidieron que su mensaje no era local, sino universal. Y esto pasó con el budismo, el cristianismo y el islam… Pero, ¿cómo conquistaron nuevos pueblos? Obviamente la expansión no fue mágica ni espontánea: el cristianismo creció decisivamente al ser adoptado por el Imperio Romano, mientras que el islam se expandió junto con las conquistas árabes, y el budismo viajó por rutas comerciales bajo patronazgo imperial.


Sin embargo, además, algunas promesas psicológicas universales contribuyeron a esta expansión. Conceptos como una salvación individual, una vida eterna, una justicia cósmica o una identidad supranacional, resultaron atractivos en sociedades complejas y multiculturales.

Y ocurrió entonces algo muy interesante: al llegar a Europa, el cristianismo absorbió festividades paganas y símbolos locales; así como el islam, al expandirse hacia Persia y Turquía, se impregnó de tradiciones culturales previas, y el budismo, al llegar a China, se fusionó con corrientes filosóficas autóctonas. Pero ninguna de estas religiones destruyó totalmente lo anterior; lo reconfiguró. Es decir: el dios importado aprendió el idioma local.

Como resultado, se produjo un fenómeno llamativo y a la vez irónico: un europeo moderno reza ahora a un dios perteneciente al antiguo Levante, mientras que un latinoamericano celebra festividades nacidas en el Mediterráneo oriental, y un iraní de ricas raíces persas es ahora musulmán fundamentalista, y se somete totalmente a una tradición surgida en Arabia. Después de que la cultura persa (c. 550-330 AEC) fue pilar de la civilización: su legado incluye el zoroastrismo, una de las religiones monoteístas más antiguas (fundada hace más de 3.000 años), que influyó en conceptos como “cielo”, “infierno” y “juicio final” en el judaísmo, cristianismo e islam. Sin embargo, terminó sucumbiendo ante el islam.

¿Y por qué nadie siente que adora a un dios extranjero?  Porque la religión, una vez implantada, se convierte en identidad. Así, un mexicano cristiano no siente que adora al dios de un antiguo pueblo semita; siente que éste forma parte de su tradición familiar. Y un turco musulmán no percibe el islam como algo ajeno, sino que lo vive como parte de su historia nacional. Todo por una transmisión que comienza en la infancia, antes de que exista el análisis crítico, porque cuando algo se aprende como verdad desde los primeros años, deja de percibirse como importación cultural.

O sea, desde la antropología cultural, el fenómeno es claro: las religiones nacen en contextos geográficos concretos, pero aquellas que se consideran “universales” terminan imponiéndose gracias al poder político, a la adaptabilidad de las personas y de las mismas religiones, y al atractivo psicológico. Sin embargo, eso que hoy parece universal, fue en su origen profundamente local.

Al final lo extraño no es que cada pueblo haya creado sus propios dioses, lo verdaderamente curioso es que hoy medio planeta rece mirando hacia otro lado; hacia un lejano país que no tiene nada que ver con su cultura original.

Godless Freeman
(Visto en la Red)

viernes, 10 de abril de 2026

IRÁN Y GAZA SON SOLO EL PRINCIPIO




La guerra contra Irán y la destrucción total de Gaza son sólo el principio.

¡Bienvenidos al nuevo orden mundial! A la era de la barbarie tecnológicamente avanzada. No hay reglas para los fuertes, sólo para los débiles. Si te opones a los fuertes, si te niegas a doblegarte ante sus caprichosas exigencias, te lloverán misiles y bombas.

Hospitales, escuelas de primaria, universidades y complejos de apartamentos quedan reducidos a escombros. Médicos, estudiantes, periodistas, poetas, escritores, científicos, artistas y líderes políticos -incluidos los jefes de los equipos encargados de las negociaciones- son asesinados por decenas de miles con misiles y drones asesinos.

Los recursos -como bien saben los venezolanos- son robados abiertamente. La comida, el agua y la medicina, como en Palestina, se convierten en armas.

Que coman tierra.

Los organismos internacionales como las Naciones Unidas son una farsa, apéndices inútiles de otra época. La inviolabilidad de los derechos individuales, las fronteras abiertas y el derecho internacional han desaparecido. Los líderes más depravados de la historia de la humanidad, aquellos que redujeron ciudades a cenizas, condujeron a poblaciones cautivas a lugares de ejecución y llenaron de fosas comunes y cadáveres las tierras que ocupaban, han regresado con ganas de venganza.

Vierten los mismos tópicos hipermasculinizados. Vierten la misma retórica vil y racista. Vierten la misma visión maniquea del bien y el mal, del blanco y el negro. Vierten el mismo lenguaje vacuo de dominio total y violencia desenfrenada.

Payasos asesinos. Bufones. Idiotas. Se han apoderado de las riendas del poder para llevar a cabo sus visiones demenciales y caricaturescas mientras saquean el Estado para su propio enriquecimiento.

«Tras presenciar una matanza brutal masiva durante demasiados meses, sabiendo que fue concebida, ejecutada y respaldada por personas muy parecidas a ellos mismos, que la presentaron como una necesidad colectiva, legítima e incluso humana, millones de personas se sienten ahora menos a gusto en el mundo», escribe Pankaj Mishra en «The World After Gaza». «El impacto de esta renovada exposición ante un mal peculiarmente moderno -el mal que en la era premoderna sólo cometían individuos psicópatas y que en el siglo pasado desataron gobernantes y ciudadanos de sociedades ricas y supuestamente civilizadas- es incalculable. El abismo moral al que nos enfrentamos es asimismo inabarcable».

Los subyugados resultan ser una propiedad, mercancías que explotar en busca de lucro o placer. Los archivos de Epstein ponen al descubierto la enfermedad y la crueldad de la clase dominante. Liberales. Conservadores. Rectores universitarios. Académicos. Filántropos. Titanes de Wall Street. Celebridades. Demócratas. Republicanos.

Se regodean en un hedonismo desenfrenado. Van a colegios privados y cuentan con asistencia sanitaria privada. Viven aislados en burbujas egocéntricas rodeados de aduladores, publicistas, asesores financieros, abogados, sirvientes, chóferes, gurús de la autoayuda, cirujanos plásticos y entrenadores personales. Residen en fincas fuertemente vigiladas y pasan sus vacaciones en islas privadas. Viajan en jets privados y yates gigantescos. Viven en otra realidad, en lo que el reportero del Wall Street Journal Robert Frank denomina el mundo de «Richistán», un mundo de Xanadús privados donde celebran bacanales al estilo de Nerón, hacen sus tratos pérfidos, amasan sus miles de millones y desechan a quienes utilizan, incluidos los niños, como si fueran basura. Nadie en este círculo mágico rinde cuentas. Ningún pecado es demasiado depravado. Son parásitos humanos. Destripan el Estado para su beneficio personal. Aterrorizan a las «razas inferiores de la tierra». Acaban con los últimos y anémicos vestigios de nuestra sociedad abierta.

«No habrá curiosidad, ni disfrute del proceso de la vida», como escribe George Orwell en «1984». «Todos los placeres que compitan con él serán destruidos. Pero siempre -no lo olvides, Winston- siempre existirá la embriaguez del poder, en constante aumento y cada vez más sutil. Siempre, en todo momento, existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota pisoteando un rostro humano … para siempre».

La ley, a pesar de algunos valientes esfuerzos por parte de un puñado de jueces -que pronto serán purgados-, es un instrumento de represión. El poder judicial existe para montar juicios-espectáculo. Pasé mucho tiempo en los tribunales de Londres cubriendo la farsa dickensiana durante la persecución a Julian Assange. Una Lubianka a orillas del Támesis. Nuestros tribunales no son mejores. Nuestro Departamento de Justicia es una máquina de venganza.

Matones enmascarados y armados inundan las calles de Estados Unidos y asesinan a civiles, incluidos ciudadanos estadounidenses. Los mandarines gobernantes están gastando miles de millones para convertir almacenes en centros de detención y campos de concentración. Insisten en que sólo albergarán a los indocumentados, a los delincuentes, pero nuestra clase dirigente global miente como respira. Ante sus ojos, somos gentuza ciega y obediente que no cuestiona nada o meros delincuentes. No hay nada entre medias.

Estos campos de concentración, donde no hay garantías procesales y la gente desaparece, están diseñados para nosotros. Y por «nosotros», me refiero a los ciudadanos de esta república muerta. Sin embargo, nos quedamos observando, atónitos, incrédulos, esperando pasivamente nuestra propia esclavitud.

No nos harán esperar mucho.


La barbarie en Irán, el Líbano y Gaza es la misma barbarie a la que nos enfrentamos en casa. Quienes perpetran el genocidio, la matanza masiva y la guerra injustificada contra Irán son los mismos que están desmantelando nuestras instituciones democráticas.

El antropólogo social Arjun Appadurai denomina lo que está ocurriendo «una vasta corrección malthusiana a escala mundial» que está «destinada a preparar el mundo para los vencedores de la globalización sin el molesto ruido de sus perdedores».

Oh, dicen los críticos, no sean tan pesimistas. No sean tan negativos. ¿Dónde está la esperanza? En realidad, no es para tanto.

Si se creen eso, es que son parte del problema, un engranaje involuntario en la maquinaria de nuestro Estado fascista en rápida consolidación.

La realidad acabará por hacer implosionar estas fantasías «esperanzadoras», pero para entonces ya será demasiado tarde.

La verdadera desesperación no es el resultado de una lectura acertada de la realidad. La verdadera desesperación proviene de que nos rindamos, ya sea a través de la fantasía o la apatía, ante un poder maligno. La verdadera desesperación es la impotencia. Y la resistencia, la resistencia significativa, aunque esté casi con toda seguridad condenada al fracaso, es empoderamiento. Confiere autoestima. Confiere dignidad. Confiere capacidad de acción. Es la única acción que nos permite usar la palabra esperanza.

Los iraníes, los libaneses y los palestinos saben que no hay forma de apaciguar a estos monstruos. Las élites globales no creen en nada. No sienten nada. No son dignas de confianza. Exhiben los rasgos fundamentales de todos los psicópatas: encanto superficial, grandiosidad y egocentrismo, necesidad de estimulación constante, tendencia a la mentira, al engaño y a la manipulación, e incapacidad para sentir remordimiento o culpa. Desprecian como debilidades las virtudes de la empatía, la honestidad, la compasión y el sacrificio personal. Viven según el credo del «yo, yo, yo».

«El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan tantos errores no convierte esos errores en verdades; y el hecho de que millones de personas compartan las mismas formas de patología mental no convierte a esas personas en cuerdas», escribe Eric Fromm en «Psicoanálisis de la sociedad contemporánea».

Llevamos casi tres años siendo testigos del mal en Gaza. Ahora lo vemos en el Líbano y en Irán. Vemos cómo los líderes políticos y los medios de comunicación excusan o enmascaran este mal.

El New York Times, en una página sacada de Orwell, envió un memorándum interno en el que ordenaba a los periodistas y editores que evitaran los términos «campos de refugiados», «territorio ocupado», «limpieza étnica» y, por supuesto, «genocidio» al escribir sobre Gaza. Quienes nombran y denuncian este mal son difamados, incluidos en listas negras y expulsados de los campus universitarios y de la esfera pública. Son detenidos y deportados. Un silencio sepulcral se cierne sobre nosotros, el silencio de todos los Estados autoritarios. Si no cumples con tu deber, si no animas a la guerra contra Irán, verás cómo te revocan la licencia de emisión, tal y como ha propuesto Brendan Carr, el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por su siglas en inglés).

Tenemos enemigos. No están en Palestina. No están en el Líbano. No están en Irán. Están aquí. Entre nosotros. Dictan nuestras vidas. Son traidores a nuestros ideales. Son traidores a nuestro país. Imaginan un mundo de esclavos y amos. Gaza es sólo el comienzo. No existen mecanismos internos para la reforma. Podemos oponernos o rendirnos.

Esas son las únicas opciones que nos quedan.

(https://chrishedges.substack.com/)