ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
domingo, 30 de agosto de 2026
TECNOFASCISMO: CUANDO LA TECNOLOGÍA DEJA DE SERVIR A LA CIUDADANÍA Y EMPIEZA A VIGILARLA
La tecnología suele presentarse como una promesa de libertad. Nos permite comunicarnos a distancia, acceder a información, realizar gestiones en segundos y resolver problemas que antes exigían tiempo y recursos. Pero esa misma tecnología también puede convertirse en una herramienta de vigilancia, clasificación y control social cuando queda en manos de gobiernos opacos y grandes corporaciones sin suficiente supervisión democrática.
En ese contexto aparece el término tecnofascismo. No se trata de afirmar que toda innovación tecnológica sea autoritaria ni de equiparar automáticamente nuestra época con los fascismos europeos del siglo XX.
Es, más bien, una expresión que intenta describir una forma contemporánea de dominación: aquella que utiliza datos masivos, inteligencia artificial, biometría, plataformas digitales y sistemas automatizados para vigilar a la población, dirigir su comportamiento y limitar su capacidad de protesta.
La pregunta importante no es si la tecnología es buena o mala. La pregunta es quién la controla, con qué objetivos y qué derechos quedan fuera de la ecuación.
Durante décadas, la vigilancia estatal necesitó policías, informantes, archivos físicos y una enorme inversión de tiempo. Hoy, una parte considerable de nuestra vida se registra de forma automática: dónde nos encontramos, qué compramos, cuánto tiempo miramos una pantalla, qué buscamos en Internet, con quién nos relacionamos y qué temas despiertan nuestra atención.
Cada acción digital puede convertirse en un dato. Aislado, quizá parezca irrelevante. Reunido con miles de datos más, permite construir un perfil extraordinariamente preciso de una persona. Ese perfil puede utilizarse para venderle publicidad, calcular su solvencia, seleccionar los contenidos que verá o valorar si representa un riesgo.
El ciudadano deja entonces de ser contemplado como una persona con derechos y pasa a ser tratado como un conjunto de probabilidades: consumidor probable, trabajador rentable, cliente peligroso, paciente costoso o individuo potencialmente conflictivo.
Este cambio no es menor. Cuando una institución toma decisiones sobre nosotros a partir de un perfil que no podemos consultar ni corregir, se debilitan principios básicos como la presunción de inocencia, la igualdad ante la ley y el derecho a defendernos.
La Agencia Española de Protección de Datos ha advertido de que los sistemas biométricos -utilizados para identificar o «verificar» a una persona- implican datos especialmente sensibles y tratamientos de alto riesgo. La Agencia exige analizar su idoneidad, necesidad y proporcionalidad antes de utilizarlos.
La vigilancia que no vemos
El rasgo más inquietante de la vigilancia tecnológica es que muchas veces no se percibe. Una cámara puede estar instalada en una estación, un centro comercial o una calle sin que sepamos qué ocurre con las imágenes. Un programa puede analizar nuestros movimientos sin que exista una interacción visible. Una aplicación puede inferir nuestro estado de ánimo, nuestras preferencias políticas o nuestra situación económica a partir de comportamientos aparentemente triviales.
La biometría amplía todavía más esa capacidad. El reconocimiento facial, el análisis de la voz, la identificación por el iris o la interpretación de determinados rasgos físicos permiten asociar una identidad con una conducta. La inteligencia artificial puede procesar esas señales a una velocidad imposible para un equipo humano.
El problema no es solamente que una cámara nos observe. Es que la información pueda almacenarse, cruzarse con otras bases de datos y emplearse para tomar decisiones futuras. Una protesta a la que asistimos, una visita médica, un desplazamiento o una conversación pueden convertirse en elementos de un expediente permanente.
Amnistía Internacional ha señalado que la vigilancia biométrica, incluido el reconocimiento facial y el análisis de emociones o lenguaje corporal, amenaza derechos como la privacidad, la libertad de expresión, la reunión pacífica y la no discriminación.
Cuando las personas saben que pueden ser identificadas en una manifestación o clasificadas por un sistema automático, quizá dejen de acudir. Cuando un periodista teme que sus fuentes queden registradas, puede autocensurarse. Cuando un trabajador cree que cada movimiento está siendo evaluado, la relación laboral se transforma en una relación de obediencia permanente.
No hace falta una orden explícita para producir miedo. A veces basta con la sensación de ser observado.
Algoritmos con poder político
Los algoritmos no son neutrales por el simple hecho de utilizar matemáticas. Alguien decide qué datos se introducen, qué objetivos se priorizan, qué errores se consideran aceptables y qué consecuencias tendrá una predicción.
Un sistema diseñado para detectar fraude en ayudas sociales puede perseguir con mayor intensidad a personas pobres o migrantes si ha sido entrenado con datos históricos que ya contenían discriminación. Una herramienta de selección de personal puede penalizar a mujeres o a personas mayores si aprende de plantillas donde predominaban hombres jóvenes.
Un programa policial puede concentrar la vigilancia en determinados barrios y, al hacerlo, producir más detenciones allí, reforzando después la idea de que esos barrios son especialmente peligrosos.
El algoritmo parece confirmar su propia hipótesis
La automatización también puede hacer más difícil la protesta. Antes, una persona podía pedir explicaciones a un funcionario concreto. Ahora puede encontrarse con una cadena de decisiones repartidas entre una administración, una empresa tecnológica, una base de datos y un modelo estadístico. Todos pueden afirmar que la responsabilidad corresponde a otro.
Por eso resulta imprescindible exigir transparencia, supervisión humana y vías eficaces de reclamación. Si una decisión automatizada afecta a una prestación, un empleo, un crédito, una atención sanitaria o una investigación policial, la persona afectada debe saber qué se ha decidido, por qué y cómo puede impugnarlo.
La Comisión Europea reconoce que ciertos sistemas de inteligencia artificial pueden perjudicar a una persona en decisiones como la contratación o el acceso a prestaciones públicas, precisamente porque no siempre es posible conocer la razón de sus predicciones.
Empresas que conocen demasiado
El tecnofascismo no sería posible sin la colaboración -voluntaria o forzada- entre poder público y poder empresarial. Las grandes plataformas digitales recopilan enormes cantidades de información porque su modelo económico depende de la atención y de la publicidad personalizada.
Cuanto más tiempo permanecemos conectados, más señales producimos. Cuantas más señales producimos, más detallado es el perfil que puede elaborarse sobre nosotros. Y cuanto más precisa es la predicción de nuestra conducta, mayor valor comercial tiene esa información.
Este modelo puede influir en lo que vemos y en lo que dejamos de ver. Las plataformas no solo muestran contenidos: los ordenan, los recomiendan y los amplifican. Un mensaje polarizador puede recibir más visibilidad que una explicación matizada porque genera más reacciones. La indignación se convierte en una fuente de ingresos.
El resultado es una esfera pública condicionada por empresas privadas cuyos criterios no siempre son transparentes. La ciudadanía cree participar en un espacio abierto, pero buena parte de su experiencia está mediada por sistemas de recomendación cuyo objetivo principal es retener su atención.
No hace falta que una autoridad prohíba una opinión para limitar su alcance. Puede bastar con ocultarla o rodearla de contenidos que la hagan parecer irrelevante. Del mismo modo, no hace falta imponer una única verdad si se puede inundar el debate con confusión, rumores y falsedades.
La dimensión sanitaria
En el ámbito de la salud, el riesgo adquiere una gravedad especial. Los historiales médicos, los datos genéticos, las imágenes diagnósticas y la información sobre hábitos personales tienen un valor enorme para la investigación, pero también pueden utilizarse con fines comerciales, laborales o aseguradores.
La digitalización sanitaria puede mejorar diagnósticos y tratamientos. Sin embargo, una persona enferma no debería verse obligada a entregar más información de la necesaria para recibir atención. Tampoco debería quedar sometida a decisiones automáticas incomprensibles o a perfiles de riesgo que condicionen su acceso a un seguro, a un empleo o a una prestación.
La lógica tecnofascista aparece cuando el cuerpo deja de ser un ámbito de intimidad y se convierte en una fuente permanente de datos explotables. Dispositivos portátiles, aplicaciones de salud y plataformas de bienestar pueden ofrecer servicios útiles, pero también pueden normalizar la vigilancia de constantes, movimientos, sueño, alimentación y emociones.
La frontera entre cuidar y controlar depende de cuestiones concretas: quién conserva los datos, durante cuánto tiempo, con qué finalidad, quién puede compartirlos y qué ocurre si la persona retira su consentimiento.
El consentimiento, además, no siempre es verdaderamente libre. Si una empresa, una aseguradora o una administración ofrece una única opción digital, aceptar puede ser la única manera práctica de acceder a un servicio. La elección formal existe, pero la capacidad real de negarse desaparece.
¿Nos protege la regulación?
La Unión Europea ha aprobado una Ley de Inteligencia Artificial con un enfoque basado en niveles de riesgo. Entre las prácticas prohibidas figuran la puntuación social, ciertas formas de manipulación perjudicial, la predicción individual del riesgo de delinquir, la categorización biométrica para deducir características protegidas y determinados usos de la identificación biométrica remota en espacios públicos.
Es un avance importante, pero una ley no basta por sí sola. Hace falta que las autoridades dispongan de recursos para inspeccionar, investigar y sancionar. También es necesario que las personas conozcan sus derechos y puedan ejercerlos sin afrontar procedimientos inaccesibles.
La propia normativa europea se aplica de forma progresiva. Las prohibiciones principales entraron en vigor en febrero de 2025 y las obligaciones de transparencia comenzaron a aplicarse en agosto de 2026, mientras que algunas obligaciones para sistemas de alto riesgo tienen calendarios posteriores.
En España, la AEPD ha insistido en que la utilización de biometría debe estar justificada antes de iniciar el tratamiento y requiere una evaluación de impacto que examine su necesidad y proporcionalidad. Estas exigencias son esenciales porque la tecnología tiende a instalarse primero y debatirse después.
El principio debería invertirse: antes de desplegar un sistema que afecta a derechos fundamentales, la sociedad debe conocer su finalidad, sus riesgos y sus límites.
Una tecnología democrática
Hablar de tecnofascismo no significa rechazar la tecnología ni idealizar un pasado sin Internet. Significa defender que las herramientas digitales deben estar subordinadas a la dignidad humana y al control democrático.
Una tecnología compatible con la democracia debería cumplir varias condiciones:
Recoger únicamente los datos necesarios para una finalidad concreta.
Explicar de forma comprensible cómo se toman las decisiones.
Permitir corregir errores y presentar reclamaciones.
Mantener intervención humana cuando estén en juego derechos fundamentales.
Impedir la discriminación y auditar los sistemas de manera independiente.
Proteger la privacidad desde el diseño, no como una rectificación posterior.
Garantizar alternativas no digitales para quienes no puedan o no quieran utilizar una plataforma.
Establecer responsabilidades claras para administraciones y empresas.
También necesitamos una ciudadanía con cultura tecnológica. Saber utilizar un teléfono no equivale a comprender cómo funcionan los sistemas que lo sostienen. La alfabetización digital debe incluir conocimientos sobre datos, privacidad, publicidad personalizada, inteligencia artificial y derechos.
La resistencia no consiste únicamente en abandonar las redes sociales. También pasa por apoyar servicios públicos digitales, exigir transparencia a las plataformas, reclamar auditorías independientes y defender leyes que sitúen a las personas por encima del beneficio.
El problema no es que las máquinas tomen decisiones. El problema es que las tomen sin que sepamos quién las programó, con qué información, para beneficio de quién y cómo podemos detenerlas.
El tecnofascismo no llegará necesariamente con uniformes, discursos grandilocuentes o edificios oficiales cubiertos de símbolos. Puede presentarse como una aplicación cómoda, una cámara de seguridad “por nuestra protección”, una puntuación automática o una condición que aceptamos sin leer.
Por eso la defensa de la libertad empieza por hacer preguntas sencillas: qué datos se recogen, quién los controla, qué decisiones producen y qué derechos podemos ejercer frente a ellas.
Una sociedad democrática no debe limitarse a utilizar tecnología. Debe decidir democráticamente qué tecnología quiere, cuál rechaza y qué límites no está dispuesta a cruzar. La innovación solo merece ese nombre cuando amplía la autonomía de las personas. Cuando la reduce a un perfil vigilado y predecible, deja de ser progreso y se convierte en una nueva forma de poder.
(Visto en https://www.migueljara.com/)
¿ALGUIEN HA ACLARADO YA QUÉ ERA LO QUE HABÍA QUE AGRADECER A MARRUECOS?
... porque este sujeto, al que las collejas recibidas en primaria han debido provocar un daño neuronal irreversible, se permitía lucir en un plató televisivo de Cuatro un mensaje que insulta a los ciudadanos españoles en general y ceutíes en particular, y por el que debería haber sido expulsado "ipso facto" de todo programa que se precie de no exhibir desechos humanos con menos inteligencia que un calcetín desparejado, y que pone cara -poco agraciada- al concepto de "tonto pa siempre":
Y mira que hay candidatos al título:
Pero cómo sois capaces de pensar aún que la invasión fue ejecutada por Marruecos, por favor… pic.twitter.com/mhKrdFxZuT
— Rubén Pulido (@rubnpulido) August 27, 2026
SCOTT RITTER: “LA HABILIDAD DE ZELENSKY PARA ESTAFAR DINERO A LOS LÍDERES EUROPEOS ES CASI TAN ASOMBROSA COMO LA ESTUPIDEZ DE ESOS LÍDERES PARA DÁRSELO”
El ex oficial de inteligencia de las fuerzas armadas dr EEUU, Scott Ritter, no tiene pelos en la lengua a la hora de denunciar las trapacerías del pedigüeño mandatario ucraniano.
“Varios miembros del gobierno y del círculo íntimo de Zelensky crean una empresa para fabricar drones. Venden cada uno por 55.000 dólares. De pronto alguien ofrece un dron exactamente igual que ese pero el coste es de 5.000 dólares. ¿Que hace el gobierno de Zelensky? Compra los que cuestan 55.000 porque el dinero es para ellos. Ya han ganado 9.000 millones de dólares. Dinero del contribuyente europeo. Y es que realmente la corrupcion de Zelensky no tiene límites y los estúpidos líderes de Europa que lo apoyan le siguen dando dinero mientras sus ciudadanos no pueden llegar a final de mes. No se entiende”, dice.
“La UE ya dio 250 mil millones de dólares a Ucrania. Les habían dado 27 mil millones para gastos militares en 2026 pero Zelensky ha robado tanto que ya se les acabó el dinero y ahora pide otros 27.000 millones a la UE”, continúa.
“El nivel de estupidez en especial de la líder de la UE y de los líderes de Francia, Alemania y Gran Bretaña es asombroso. Sus países se estan hundiendo económicamente pero parecen hipnotizados por algún tipo de pacto de suicidio mutuo y siguen enviando el dinero a Ucrania para que allí se lo roben. Es asombroso”, insiste.
“Por eso muchos de los líderes europeos pierden las elecciones claramente. La gente está en contra de eso pero esos líderes siguen enviando el dinero porque no quieren aceptar sus errores y piensan que con una situación de supuesta emergencia contra Rusia podrán mantenerse en el poder. Es ridículo y patético. La industria europea se hunde y esos líderes apoyan a un corrupto que se ha convertirlos en un dictador y que llegó al poder con un golpe de estado financiado por EE.UU. contra el presidente democrático de Ucrania. La hipocresía no puede ser mayor”, concluye.
(Fuente: Daniel Davis Deep Dive)
sábado, 29 de agosto de 2026
LOS MUERTOS SIN NOMBRE, LOS NEGOCIOS SIN CUENTAS Y LAS VÍCTIMAS SIN VOZ
Hay tragedias que duran lo que dura una noticia. Después desaparecen de las portadas, de los discursos y, sobre todo, de las preguntas incómodas.
Lo ocurrido en Ceuta no debería ser una de ellas.
Entre el 30 y el 31 de julio, decenas de miles de personas intentaron (y consiguieron, nota del "blogger") entrar masivamente en territorio español desde Marruecos. La tragedia dejó más de un centenar de muertos, y solo seis habían podido ser identificados cuando se hizo público el último balance forense.
Detrás de cada cadáver hay una persona, una familia y una historia.
Pero también hay una pregunta que alguien tendrá que responder:
¿Quién organizó aquello?
Una investigación de Golden Owl ha identificado una red de reclutamiento, amplificación y coordinación a través de redes sociales y apunta a que aquella movilización no fue simplemente un movimiento espontáneo.
Si fue organizada, ¿quién la instigó? ¿Quién la coordinó? ¿Quién difundió las convocatorias? ¿Quién pudo financiarla? ¿Quién facilitó los traslados de inmigrantes hasta la frontera?
No estamos acusando a nadie sin pruebas.
Estamos reclamando que se investigue.
Porque cuando una frontera española es atravesada masivamente y existen indicios de una movilización organizada, saber quién está detrás no es xenofobia ni política partidista.
Es seguridad nacional.
EL NEGOCIO DE LA DESESPERACIÓN
Después aparece otra pregunta: el dinero.
Las mafias del tráfico de personas llevan años convirtiendo la desesperación de miles de personas en un negocio. Cobran miles de euros por organizar desplazamientos clandestinos, cruzar fronteras y trasladar posteriormente a quienes consiguen llegar.
Y entonces surge una pregunta incómoda:
¿De dónde sale ese dinero?
Si hablamos de personas extremadamente vulnerables, ¿cómo consiguen reunir cantidades que pueden alcanzar miles o incluso decenas de miles de euros?
Porque esos miles de euros pueden representar, en muchos países de origen, años de ingresos familiares o capital suficiente para iniciar una pequeña actividad económica.
¿Por qué no seguimos el dinero?
Y el negocio no termina en la frontera.
Después aparecen los transportes, los alojamientos, los centros de acogida, las subvenciones y los contratos públicos.
No todas las ONG son iguales, naturalmente. Pero precisamente por eso hay que exigir transparencia:
¿Cuánto dinero público mueve todo este sistema? ¿Quién lo recibe? ¿Mediante qué procedimientos? ¿Qué controles existen?
La solidaridad no debería ser nunca un territorio opaco.
¿Y LAS VÍCTIMAS?
Después de la entrada masiva se han registrado numerosas denuncias por agresiones sexuales. La Fiscalía había confirmado 13 denuncias, mientras que fuentes policiales hablaban de 15 agresiones sexuales denunciadas. No son 15 condenas: son denuncias que deben ser investigadas y esclarecidas.
Pero hay víctimas.
Y entonces resulta inevitable preguntar:
¿Dónde están ahora quienes durante años nos dijeron que había que escuchar siempre a las víctimas?
¿Dónde están las grandes campañas?
¿Dónde están las condenas inequívocas?
No se trata de exigir declaraciones a una persona concreta. Se trata de una cuestión mucho más sencilla:
¿La defensa de una víctima depende de quién sea el agresor?
Espero sinceramente que la respuesta sea no.
Porque una mujer víctima de una agresión sexual merece exactamente la misma solidaridad, protección y justicia independientemente del origen, nacionalidad o situación administrativa de quien la haya agredido.
Una víctima es una víctima.
Y AHORA, LAS 500 NIÑAS
Y llegamos a una cuestión especialmente delicada.
El Gobierno prepara el traslado a la Península de unas 500 niñas migrantes no acompañadas, de entre 9 y 17 años, que permanecen en Ceuta después de la entrada masiva. El plan está siendo coordinado por el Ministerio de Juventud e Infancia y contempla mantener la responsabilidad sobre las menores en Ceuta mientras se articula su atención en la Península.
Son menores.
Y precisamente por eso deben estar protegidas.
Pero proteger a una menor también significa hacerse preguntas.
Porque mientras España prepara su traslado a la Península, Bruselas ha defendido que quienes permanezcan ilegalmente en Ceuta sean retornados a Marruecos y ha señalado expresamente que el marco europeo contempla también a los menores no acompañados, siempre con las garantías que exige el Derecho de la Unión. La Comisión Europea ha señalado además la necesidad de cooperación entre España y Marruecos para hacer efectivos esos retornos.
Y el propio Gobierno de Ceuta ha defendido el retorno y la reagrupación familiar en Marruecos cuando sea posible y responda al interés de las menores.
Entonces la pregunta es inevitable:
¿Por qué el Gobierno español opta por trasladar a 500 niñas a la Península?
¿Quién ha tomado esa decisión?
¿Con qué criterios?
¿Se ha estudiado individualmente la situación familiar de cada una?
¿Se ha estudiado la posibilidad de retorno o reagrupación familiar cuando legalmente proceda y sea lo mejor para ellas?
Y hay otra pregunta, todavía más incómoda:
¿Es solamente una decisión humanitaria o existe también una dimensión política?
Porque el traslado de estas menores está abriendo un nuevo conflicto entre el Gobierno central y varias comunidades autónomas gobernadas por el PP, algunas de ellas en coalición con Vox.
¿Es casualidad que una decisión adoptada precisamente ahora coloque a esos gobiernos autonómicos en el centro de una nueva batalla política?
¿Busca el Ejecutivo resolver una emergencia humanitaria o trasladar el conflicto migratorio a las comunidades autónomas?
No tenemos pruebas para afirmar que exista una estrategia deliberada para dividir gobiernos autonómicos.
Pero la pregunta es legítima.
Y en democracia también tenemos derecho a preguntarnos por qué determinadas decisiones se toman de una determinada manera y precisamente en un determinado momento.
LAS PREGUNTAS QUE NO PUEDEN DESAPARECER
Lo sucedido en Ceuta nos deja demasiadas preguntas abiertas.
Muertos sin nombre.
Una movilización masiva con indicios de organización.
Mafias que convierten la desesperación humana en negocio.
Miles de euros circulando por esas rutas.
Dinero público destinado a la acogida.
Denuncias por agresiones sexuales.
Y ahora, cientos de menores cuyo futuro se pretende resolver mediante su traslado a la Península.
No se trata de escoger entre humanidad y seguridad.
| Una noticia que vio la luz apenas unas horas antes del asalto a la frontera, y que acredita la nula capacidad de anticipación del (des) gobierno que padecemos. |
Ayudar al que lo necesita no significa renunciar a controlar las fronteras.
Proteger a un menor no significa renunciar a conocer su origen, su familia y cuál es la solución que mejor responde a su interés superior.
Defender al inmigrante no significa ignorar a una víctima.
Y denunciar a las mafias no significa criminalizar a quienes caen en sus redes.
Lo que no podemos hacer es cerrar los ojos ante las preguntas que incomodan.
Porque detrás de los muertos hay familias.
Detrás de las rutas hay mafias.
Detrás de las mafias hay dinero.
Detrás de las víctimas hay personas.
Y detrás de las decisiones políticas tiene que haber responsabilidades.
Cuando hay muertos, menores, mafias y millones de euros en juego, preguntar quién organiza, quién cobra y quién decide no es xenofobia
Es democracia.
«La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua» (Miguel de Cervantes)
Luis Faraco Roldán
Este REPASO de una ceutí a una tertuliana progre que pide no devolver a todos los inmigrantes ilegales a Marruecos es lo mejor que verás hoy.
— Unai Cano (@unaicano10) August 27, 2026
"Tras a tus hijos aquí y los sacas a la calle si tienes cojones".
"Desde Madrid sentadita y pintadita es muy fácil". pic.twitter.com/ZCsoIXgnQ1
![]() |
| ¿Es éste el plan que has concertado con Marruecos, Pedro? |
ESTADO BÚNKER: LOS PLANES DE LA OTAN 3.0 PARA EL DOMINIO TOTAL
Conversación con Nel Bonilla, autora del Substack World Liness, sobre su ensayo “OTAN 3.0, la jaula transatlántica y el auge del Estado búnker”.
La entrevista desarrolla la idea de que la OTAN ha atravesado tres fases históricas: la OTAN 1.0 de la Guerra Fría, la OTAN 2.0 del momento unipolar y la actual OTAN 3.0 de la era multipolar. En esta última fase, sostiene Bonilla, la Alianza se ha convertido en un mecanismo para transformar silenciosamente a las sociedades europeas en “Estados búnker”: Estados reorganizados para la guerra, en los que la ciudadanía deja de ser sujeto de derechos para convertirse en objeto de seguridad, y en los que el bienestar social se subordina a la preparación bélica.
La cumbre de Ankara se analiza como un punto de inflexión por la llamada “revolución industrial de defensa transatlántica”, que busca integrar la industria armamentística europea bajo estándares y control estadounidenses, financiada cada vez más con capital privado. El video también aborda la guerra por delegación, la evolución hacia un “Occidente global” y las resistencias sociales y políticas que podrían frenar ese proceso.
La OTAN 3.0 no es una conspiración oculta, sino un proyecto institucional a largo plazo, documentado abiertamente, que reorganiza el Estado, la economía y el contrato social en los países transatlánticos. Su objetivo sería restaurar un “Occidente global” sin fricciones para el orden hegemónico liderado por Estados Unidos, fragmentando a potencias como China, Rusia e Irán y convirtiendo a Europa en un nodo logístico, industrial y humano para la guerra híbrida o por delegación. Sin embargo, insiste en que este desenlace no es inevitable: existen movimientos laborales, pacifistas, climáticos e iniciativas constitucionales que pueden frenar o revertir la transformación. Para ello, plantea la necesidad de construir un movimiento transnacional por la paz y de diseñar instituciones alternativas antes de que el Estado búnker se consolide.
• “El Estado como proveedor de bienes públicos y la planificación estatal, que normalmente buscan aumentar el bienestar y una buena vida, se transforman en securitización y militarización.” (Nel Bonilla).
• “Los ciudadanos, la población interna, dejan de ser ciudadanos, sujetos de derechos, y pasan a convertirse en objetos de seguridad.” (Nel Bonilla)
• “No preguntes qué puede hacer la OTAN por ti. Pregunta qué puedes hacer tú por la OTAN.” (Pascal Lottaz, parafraseando el lema de Kennedy).
• “El cambio de las misiones de policía aérea a las misiones de defensa aérea permitirá al comandante supremo aliado de la OTAN en Europa redistribuir y ajustar los planes, evitando todos los debates políticos que a veces surgen.” (Roberta Shapronas, ministra de Defensa de Lituania, según la transcripción).
• “Este informe está diciendo literalmente que necesitamos carne para la picadora de carne, porque sabemos que la picadora estará en territorio de la OTAN.” (Nel Bonilla, interpretando el informe del US Army War College).
• “Todo el mundo sigue nuestra partitura; nosotros dirigimos la orquesta, y a cualquiera que no se someta, que no toque siguiendo la melodía, hay que forzarlo a integrarse en lo dispuesto.” (Nel Bonilla).
• “La suerte es cuando la preparación se encuentra con la oportunidad.” (Pascal Lottaz).
Ya sabes, lo que da sentido a tu existencia es vivir y morir por el bloque militar que te lo exige. Cualquier otra postura es desmoralizadora y egoísta.
(https://t.me/PLANDEMIA_MUNDIAL_COVID/)
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