viernes, 11 de septiembre de 2026

ANIVERSARIO DE LA "FALSE FLAG" POR ANTONOMASIA



Hoy se cumplen 25 años de aquella gran mentira televisada. Las torres fueron demolidas de forma contralada mediante nanotermita, un explosivo militar. Además, se explosionaron también pequeñas bombas nucleares en la base de los edificios. 

Entonces, ¿qué es lo que se vio en televisión? Se vio un falso directo, eran imágenes procesadas. Los supuestos aviones no se estrellaron, directamente ‘desaparecían’ en el edificio mediante fundido encadenado, un efecto de montaje de vídeo, muy mal hecho por cierto. 


A las pocas horas de la caída de las dos torres colapsó como por arte de magia un tercer edificio cercano llamado Building 7, que se derrumbó sin haber recibido ningún impacto. Ese edificio cayó también mediante demolición controlada. 

En el Pentágono no cayó ningún avión, fue un misil. 

La mentira siempre tiene prisa, no así la verdad pues ésta tiene todo el tiempo del mundo. La verdad siempre prevalecerá, no importa cuánto tiempo tarde en mostrarse.

(https://t.me/raulrodrigueznews/)

CEUTA: OTRO PASO HACIA LA CATÁSTROFE



Hay decisiones políticas que uno puede considerar equivocadas, otras que parecen fruto de la incompetencia y algunas, mucho más selectas, que alcanzan esa categoría superior en la que el ciudadano termina preguntándose si quienes gobiernan han perdido el juicio o simplemente consideran que la prudencia es una antigualla burguesa. Lo de Ceuta empieza a pertenecer a esta última especie, porque después de una entrada masiva que puso patas arriba la ciudad, después de informes policiales, advertencias de inteligencia, sospechas sobre radicales y posibles infiltrados y una situación de seguridad que continúa lejos de ser normal, al Gobierno no se le ocurre mejor idea que alojar a miles de esas personas en terrenos próximos a instalaciones militares donde, pequeño detalle sin importancia para algún lumbreras de despacho, existen dieciséis búnkeres destinados al almacenamiento de explosivos.

Uno de los campos, citando fuentes militares, se encuentra a unos 150 metros del polvorín. Ciento cincuenta metros. No quince kilómetros ni detrás de siete controles de seguridad, sino una distancia que cualquiera recorre dando un paseo después del café. Y todo ello mientras esas mismas fuentes militares expresan su preocupación porque entre quienes entraron en Ceuta se ha detectado presencia de radicales yihadistas y existen sospechas sobre posibles agentes marroquíes infiltrados. No significa que cada persona allí alojada sea una amenaza, naturalmente; significa algo mucho más elemental y que debería comprender hasta el más obtuso de los asesores monclovitas: cuando no sabes exactamente quién tienes delante, no lo instalas al lado de un polvorín.

Pero aquí hemos alcanzado ese prodigioso estadio del sanchismo en el que lo evidente necesita una comisión, la prudencia requiere un informe de cincuenta páginas y el sentido común debe solicitar audiencia previa en Presidencia. Mientras tanto, Ceuta sigue soportando las consecuencias de aquella entrada masiva y el Gobierno improvisa alojamientos como quien reparte mesas en una boda, con la diferencia nada desdeñable de que aquí alrededor hay instalaciones militares sensibles y explosivos del Ejército.

Y por eso la pregunta resulta inevitable. Si nuestros servicios de seguridad y nuestras Fuerzas Armadas están advirtiendo de riesgos, si todavía existen problemas de identificación y si las propias fuentes militares consideran especialmente delicada la ubicación escogida, ¿qué demonios hace el Gobierno colocando allí estos campamentos?

Sólo encuentro dos explicaciones y ninguna tranquiliza. O estamos gobernados por una colección de incompetentes capaces de convertir una cuestión elemental de seguridad nacional en una tómbola administrativa, o existen razones políticas tan importantes para Pedro Sánchez y su Gobierno que están dispuestos a asumir riesgos que ningún gobernante sensato debería aceptar.

Entre la estupidez y la temeridad todavía debería quedar algún rincón para el sentido común.

Y tratándose de explosivos, convendría encontrarlo antes de que alguien tenga que explicarnos, otra vez, que nadie podía haberlo previsto.

Art. 102 de la Constitución Española: La responsabilidad cri-
minal del Presidente y los demás miembros del Gobierno 
 será exigible ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo

Domingo Martin

EL INEXISTENTE "CAMBIO CLIMÁTICO ANTROPOGÉNICO"



Las palabras son importantes. No es que no exista un "cambio climático". Es que el único clima existente es consustancialmente cambiante. Lo que no significa que nosotros tengamos el menor influjo en su variabilidad.

El astrofísico Piers Corbyn es concluyente al respecto: "La 'teoría del cambio climático' es una teoría conspirativa del cambio climático y es completamente estúpida"

"El problema de la actual narrativa sobre el cambio climático es que es falsa. Afirma que el dióxido de carbono controla la temperatura global, mientras que las pruebas demuestran que son las temperaturas globales las que controlan la concentración de dióxido de carbono".

"El clima actual se está enfriando".

"Lo demuestran los datos de los satélites, a diferencia de los datos fraudulentos producidos por las operaciones estadounidenses y de las Naciones Unidas".

(https://t.me/guerrerosestoicos/)

LA TRAICIÓN QUE NO CESA


Lo de recuperar la normalidad queda descartado. La nueva normalidad
es que la frontera no se defiende y todo el que la viole será recompen-
sado. Gracias, votantes del PSOE y de sus socios

El infame Sánchez quiere que Ceuta estalle y ya ni siquiera se molesta en disimularlo. Anteayer anunció a los ceutíes que deben prepararse para una «nueva realidad», que traducido del dialecto monclovita significa resignarse, callarse y acostumbrarse a convivir con los invasores mientras su Gobierno prepara nuevos espacios para alojarlos.

A los españoles de Ceuta les ofrece abandono, inseguridad y sermones; a quienes han entrado invadiendo territorio nacional, alojamiento y wifi gratuita, no vaya a ser que, mientras ocupan una ciudad española, sufran además la tragedia de quedarse sin cobertura.

Sánchez no pretende solucionar el problema, sino convertirlo en permanente y obligar a los ceutíes a aceptarlo como quien acepta una obra interminable en el portal. Esa es la «nueva realidad» que les anuncia el sátrapa: los invasores instalados, los vecinos arrinconados y el Gobierno ejerciendo de agencia inmobiliaria con internet incluido.

Lo inaudito no es solamente la wifi, sino la obscenidad política de premiar al invasor y exigir resignación al invadido. Ceuta no necesita acostumbrarse a nada; quien debe acostumbrarse cuanto antes a una nueva realidad es Sánchez: la de abandonar la Moncloa.

Domingo Martín

Lo que aún no nos ha explicado el señor Sánchez, alias "perro sin dueño" (no le estoy faltando, porque el mote lo ha elegido él) es como se integra la quema de vehículos particulares y de contenedores en las inmediaciones de un colegio ceutí en la mentada búsqueda de una vida mejor. Debe ser que sumiendo a las familias normales en el miedo y la inseguridad automáticamente los invasores no se ven, en términos comparativos, tan mal.


Lo que parece fuera de toda duda es que la "vida mejor" que buscan los pirómanos, violadores y matadelfines a los que "hay que acostumbrarse" -"stray dog" dixit- no incluye mejora alguna en cuanto a higiene, ya que también quemaron un camión de limpieza poniendo en riesgo a los trabajadores:


Y no me sean tremendistas, que la percepción del miedo es algo subjetivo, como nos ha recordado el insigne psicóloco Gran D Marlaska. ¿Que se quema alguna hectárea de monte? No culpemos a la parrillada de gato al gusto de los diplomados marroquíes. Es el cambio climático. Hay que resignarse, que están en camino muchos más "aspirantes a una vida mejor" y harán las condiciones de vida de los ceutíes aún más angustiosas. Hasta que de la ciudad solo quede un solar carbonizado que ya nadie querrá defender.

jueves, 10 de septiembre de 2026

EN VEZ DE RESOLVER LA CRISIS DE CEUTA, MARLASKA SE HA DEDICADO A ELABORAR UN FICHERO DE PERIODISTAS SEÑALANDO SU ORIENTACIÓN IDEOLÓGICA



¿Qué diablos tiene que ocurrir para que este sinvergüenza sea cesado?

En el Ministerio del Interior, donde cabría esperar que el personal estuviera ocupado persiguiendo delincuentes, protegiendo fronteras o explicando alguno de los misterios que se acumulan bajo la alfombra de Fernando Grande-Marlaska, hubo quien encontró tiempo, sueldo público y entusiasmo administrativo para confeccionar un álbum Panini de la prensa española: 54 páginas, 281 periodistas y tertulianos, fotografías, medios de comunicación y su correspondiente etiqueta ideológica, porque a esta banda ya no le basta con saber qué dice cada cual, también necesita clasificarlo, envolverlo y guardarlo en el cajón de los afectos o en el archivador de los sospechosos.

Allí aparecen categorías tan científicas como «afín al PSOE», «de derechas», «anti-sanchista», «combativa» o «crítico con la amnistía», de modo que solamente faltaban unas estrellitas junto a cada fotografía para indicar el nivel de peligrosidad, la posibilidad de recibir una llamada de Moncloa y el número de veces que el sujeto había pronunciado la palabra dimisión sin persignarse previamente ante el retrato de Pedro Sánchez.

Pero Marlaska, hombre de respuestas serenas cuando se trata de explicar lo inexplicable, asegura que aquello no era una lista negra, ni un fichero ideológico, ni un catálogo de periodistas incómodos, sino un sencillo «documento de trabajo» sin «finalidad espuria». Naturalmente, porque en el Gobierno de Sánchez las cosas jamás son lo que parecen: la amnistía no fue una amnistía hasta que necesitó los votos de Puigdemont, el muro no divide sino que protege, la inseguridad es una sensación subjetiva y un dosier oficial con nombres, fotografías e ideologías no es un fichero, sino una especie de pasatiempo ministerial para las tardes en las que ya se han repartido todas las medallas.

La Oficina de Comunicación de Interior dice ahora que su finalidad era meramente consultiva y pide disculpas a quienes pudieran haberse sentido ofendidos, que es esa forma tan delicadamente miserable de pedir perdón sin admitir culpa alguna; no lamentan haber clasificado a periodistas por sus ideas, sino que alguno haya tenido la extravagancia de molestarse al descubrir que un ministerio del Gobierno de España lo había colocado en una casilla ideológica.

La pregunta, sin embargo, no es si los periodistas se sienten ofendidos, sino quién ordenó elaborar el dosier, quién dedicó horas y recursos públicos a confeccionarlo, quién decidió que la ideología de 281 profesionales debía figurar junto a sus fotografías, quién lo consultó y para qué demonios necesitaba Interior saber si un periodista era dócil, crítico, conservador, socialista, moderado o alérgico al sanchismo. Porque los documentos de trabajo se elaboran para trabajar con ellos, y eso es precisamente lo que Marlaska debería explicar en lugar de esconderse detrás de una expresión burocrática que pretende convertir una obscenidad democrática en material de oficina.

Con este Gobierno siempre ocurre lo mismo: cuando saben, no recuerdan; cuando recuerdan, no participaron; cuando participaron, era legal; y cuando aparece el membrete oficial, todo se reduce a un documento interno sin importancia que casualmente nadie quería que conociéramos.

A esos 54 folios solamente les faltan dos páginas para quedar completos: la número 55, con el nombre de quien ordenó y utilizó semejante fichero, y la número 56, con la carta de dimisión de Fernando Grande-Marlaska. Aunque, tratándose del Gobierno de Sánchez, es mucho más probable que al responsable le concedan una medalla y que a los periodistas fichados les pidan perdón por haber leído lo que nunca debieron descubrir.

Vaya banda.

Domingo Martín

¿TIEMPO DE REACCIÓN?, ¡QUÉ ESTRESANTE! EN ESPAÑA APLICAMOS EL CALENDARIO DE REACCIÓN




(https://t.me/espiritutemplario/)

LA CARIDAD LOCA DEL DEMAGOGO



Entre las muchas bazofias demagógicas que el doctor Sánchez vomitó durante su reciente comparecencia parlamentaria acaso ninguna tan sensiblera como aquella en la que formuló el falso dilema que supuestamente se habrían planteado los agentes de policía encargados de vigilar las costas de Ceuta, ante la invasión bárbara que se venía encima: «Nuestros agentes tuvieron que tomar una decisión operativa en pocos minutos. Tuvieron que elegir entre garantizar momentáneamente la estanqueidad [sic] de la frontera o defender la vida humana. Y eligieron defender la vida humana. […] Afirmo que hicieron lo correcto, hicieron lo más inteligente y, diría, lo más valiente, porque ante la amenaza supieron responder con humanidad, que es lo que diferencia a las grandes democracias como la española respecto a otros países». A nadie se le escapa que, detrás de este falso dilema baboso (donde se pretende groseramente que garantizar la seguridad de las fronteras y defender la vida humana son proposiciones contrapuestas, cuando lo cierto es que son compatibles y hasta complementarias), se esconde una perversión del alma del cristianismo; o, dicho con mayor precisión, una perversión de la caridad, que es el alma de la doctrina teológica y moral y de la forma de organización social que el cristianismo propugna. En estas palabras abyectas vuelve a probarse que, como nos enseñaba Chesterton, el mundo moderno «está invadido por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas»; que han sido despojadas de su meollo y convertidas en carcasas tan vistosas como putrefactas.


El repugnante sofisma lanzado por el doctor Sánchez adultera la caridad cristiana, convirtiéndola en una parodia sensiblera que se opone a la ley. En el imaginario de este turbio demagogo, frente a una ley severa y coactiva que violenta la espontaneidad humana se alza una actitud «humanitaria» que la «comprende», que la «tolera», que acepta que infrinja la ley para lograr sus fines. «Ante la amenaza supieron responder con humanidad», afirmó el muy bellaco, defendiendo un «humanitarismo» convertido en aliciente para la transgresión de la ley. Así, esta parodia de la caridad cristiana se convierte en el más corrosivo elemento de destrucción del orden social.

Pero esta aberración del pensamiento que lanzó el demagogo desde la tribuna o vomitorio parlamentario no se trata, en realidad, de ninguna novedad. Ya en los albores del cristianismo, floreció la venenosa herejía ‘nicolaíta’, que aprovechando el primado de la caridad sobre la ley establecía como principio moral absoluto la indulgencia, incluso ante las más abominables infracciones de la ley. En las sociedades cristianas, la caridad inspira las leyes, las vivifica y robustece, haciendo más sencillo su cumplimiento, no las priva de su carácter coactivo; no las anula ni se opone a ellas; no tiende trampas saduceas ni formula sofismas sensibleros que inviten a conculcar la ley, a declararla abolida o a ignorar su vigencia. La tergiversación perversa que propone el bellaco del doctor Sánchez pretende que esa perversión de la caridad que llama «humanidad» borre de un plumazo la vigencia de la ley; propone que la «lástima» que produce el sufrimiento del prójimo se convierta en motor de la acción política, haciendo decaer los instrumentos coactivos legítimos a disposición de la comunidad. Cualquier persona que no tenga la razón invadida de delicuescencias merengosas, advertirá el poder destructivo de esta sensiblería repugnante, que infiltrada en el ánimo genera un esterilizante complejo de culpa en el ejercicio del poder político y lo convierte en esa indolencia benévola y fatalista que se respira en el célebre poema de Kavafis: «Ya legislarán los bárbaros, cuando lleguen». Y vaya si legislarán, en cuanto puedan hacerlo.

Por supuesto, la babosería proterva del doctor Sánchez no está lanzada a voleo o insensatamente, como mero desahogo o expansión bobalicona. Se trata de una alevosía muy calculada que destruye los cimientos mismos de un orden político inspirado en la caridad, que nada tiene que ver con ninguna «permisividad», «licencia» o «condescendencia» con el mal, sino con su identificación y erradicación de la sociedad, para garantizar la paz, la estabilidad y la justicia que favorecen el bien común. Para lo que se necesitan fronteras aseguradas por la ley que actúen disuasoriamente contra el invasor y permitan «responder con humanidad» al forastero que llega sin violarlas ni infringirlas. Sin fronteras protegidas, sólo funciona la caridad loca que postulan los demagogos como el doctor Sánchez: una caridad con sarna, garrapatas, violaciones y hambruna, con chabolas improvisadas en playas convertidas en letrinas y gentes reducidas a desechos, lo mismo las invadidas que las invasoras.


Escribía Thomas Macaulay que «en todos los siglos, los ejemplos más viles de la naturaleza humana se han encontrado entre los demagogos». En todos los ocasos civilizatorios, en efecto, han florecido -flor de cieno y podredumbre- los demagogos, cuyo rasgo humano principal, a juicio de Ortega, es la irresponsabilidad: «Hostigan a los hombres para que no reflexionen, denigran el servicio a la verdad y nos proponen en su lugar mitos». Es rasgo principal del demagogo -de ahí su constitutiva irresponsabilidad- no medir las consecuencias de sus actos: al demagogo no le importa provocar la avalancha; jugar con el destino del pueblo no le causa la menor zozobra o remordimiento; y la prudencia o la previsión no son, a su juicio, sino palabras rimbombantes. El instinto del demagogo le induce a actuar políticamente echándolo todo a rodar, salga lo que salga, que es la actitud característica de las épocas degeneradas. Pero, para poder actuar irresponsablemente, el demagogo necesita halagar las bajas pasiones de las masas cretinizadas. Y en esta época terminal que nos ha tocado vivir, las bajas pasiones no siempre se expresan como apetitos desatados, sino que a veces necesitan disfrazarse de sentimentalismo y sensiblería, necesitan rebozarse con una parodia de caridad para presentarse ante las masas cretinizadas como «humanitarias». Y es que es propio del demagogo explotar con desparpajo hipócrita –al servicio siempre de sus inconfesables ambiciones, sólo conocidas por el alado Pegaso– los más nobles ideales colectivos. En manos del demagogo, los supremos ideales, las causas más elevadas se desvirtúan y prostituyen, convertidas en instrumentos de su egoísmo y ambición mezquina.


Pero son estas bajas pasiones rebozadas de caridad las que acarrean consecuencias más funestas y catastróficas, como nos enseña Buñuel en ‘Viridiana’, donde la caridad loca de la protagonista acaba convirtiendo su casa en un muladar y causando su desgracia.

Juan Manuel de Prada

Así retratan a Sánchez en la tv francesa: “Pedro Sánchez es alguien profundamente podrido. Es un personaje rodeado de corrupción, está usando las regularizaciones para conseguir votos y es capaz de lo que sea para seguir en el poder":