viernes, 17 de abril de 2026

TODAS LAS GUERRAS SON GUERRAS DE BANQUEROS



"Los poderes del capitalismo financiero tenían otro objetivo de gran alcance, nada menos que crear un sistema mundial de control financiero en manos privadas capaz de dominar el sistema político de cada país y la economía mundial en su conjunto". 
(Prof. Caroll Quigley, Universidad de Georgetown, Tragedia y esperanza, 1966)

En febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos sorpresa contra Irán. Las razones oficialmente presentadas -impedir la adquisición de un arma nuclear por parte de Irán y evitar su agresión- no han resistido un análisis riguroso. Como documentó James Corbett en episodios recientes del Corbett Report, el pretexto nuclear parece ser propaganda reciclada, y la magnitud y el momento de los ataques plantean preguntas más profundas sobre sus motivaciones.

La tesis de que "Todas las guerras son guerras de banqueros" fue popularizada por Michael Rivero en un documental de 2013 con ese nombre. Su artículo que lo acompaña comienza con una cita de Aristóteles (384-322 a.C.):

«El destino más odiado [de la obtención de dinero], y con mayor razón, es la usura, que obtiene ganancias del dinero en sí mismo, y no de su uso natural. Porque el dinero fue concebido para ser usado como medio de intercambio, no para generar intereses».

Rivero rastrea entonces cómo los intereses bancarios privados han financiado y beneficiado de conflictos en ambos bandos durante siglos, desde la fundación del Banco de Inglaterra en 1694 para financiar las guerras de Guillermo III hasta las guerras modernas de cambio de régimen.

Dominio financiero de espectro completo

Otros comentaristas señalan el informe del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC) titulado "Reconstruyendo las defensas de América" (septiembre de 2000), que pedía fuerzas militares estadounidenses de "espectro completo" para alcanzar la preeminencia global. Postulaba la necesidad de un "evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor" para acelerar la transformación militar que los autores imaginaban.

A esto le siguió una entrevista en Democracy Now en 2007 en la que el general Wesley Clark reveló que semanas después del 11-S le habían mostrado un memorando clasificado del Pentágono que detallaba planes para "eliminar siete países en cinco años": Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y terminar con Irán. Las primeras seis han sido desestabilizadas o han cambiado de régimen. Irán, considerado el premio máximo por el dominio en Oriente Medio y el control petrolero, sigue siendo el último en pie.



¿Por qué esos siete y por qué Irán fue el premio máximo? El artículo de Greg Palast de 2013 titulado “Larry Summers and the Secret ‘End-Game’ Memo” aportó la lógica financiera que faltaba. En 1999, el mundo se abrió al comercio de derivados sin regulación, de modo que los bonos soberanos, los flujos de petróleo, las rutas marítimas y las políticas de riesgo de guerra podían ser utilizados como garantía, hipotecados nuevamente (comprometidos varias veces) y objeto de especulación. La clave fue el Acuerdo sobre Servicios Financieros de la OMC de 1997 (el Quinto Protocolo del AGCS), que entró en vigor en 1999.

Ninguno de los siete países objetivo se unió a la OMC, y tampoco eran miembros del Banco de Pagos Internacionales (BIS). Eso les dejó fuera del largo brazo regulador del banco central de los banqueros centrales en Suiza. Otros países que posteriormente fueron identificados como "estados rebeldes" tampoco eran miembros del BIS, incluyendo Corea del Norte, Cuba y Afganistán.

En cuanto a Irán, no solo es el país islámico más grande y fuerte, sino que opera el único régimen bancario totalmente libre de intereses (sin riba) del mundo. Esto contrasta directamente con el modelo occidental convencional, que se basa en los intereses como principal mecanismo de generación de ingresos. El principio de que el dinero genere más dinero sustenta el complejo global de derivados, que se basa en deuda garantizada con intereses y rehipotecada.

La última pieza en la cuadrícula de control financiero se detalló en el libro de David Rogers Webb de 2024, The Great Taking. La burbuja tecnológica, que incluye lo que algunos analistas estiman en más de un cuatrillón de dólares en apuestas con derivados, está a punto de estallar. Cuando estalle, provocará grandes quiebras institucionales; y, según el marco legal que Webb describe, los operadores de derivados se lo llevarán todo.

La crisis de seguros de Ormuz de 2026, provocada por Lloyd’s de Londres, podría ser el detonante, como se explica a continuación.

La City de Londres y Lloyd’s instrumentalizan el caos

Durante más de tres siglos, la City de Londres -la "Milla Cuadrada", centro financiero de la ciudad- ha financiado a ambos bandos en las guerras y ha vendido seguros contra la destrucción que estas conllevan. Lloyd’s de Londres es el pilar asegurador de la red de control financiero de la City. En realidad no es una compañía de seguros, sino una entidad corporativa que opera como un mercado parcialmente mutualizado en el que múltiples inversores, agrupados en consorcios, se unen para compartir y diversificar el riesgo.

Lloyd’s ha forjado su reputación basándose en un rendimiento impecable, pero este rendimiento tiene un precio. En 1898, formalizó una práctica de larga data al introducir la cláusula de «Libre de captura y confiscación», eliminando los riesgos de guerra de las pólizas estándar para poder cobrar primas exorbitantes cuando estallaba un conflicto. Hizo uso de esta cláusula en ambas guerras mundiales y la seguirá haciendo en 2026.

Tras los ataques a Irán, el Comité Conjunto de Guerra de Lloyd amplió su zona de "alto riesgo" en Oriente Medio. Varios de sus aseguradores emitieron avisos de cancelación de 72 horas con efecto a partir del 5 de marzo, y las primas de riesgo de guerra para los tránsitos de Ormuz saltaron del 0,25% al 1–5% del valor del casco. Lloyd's ha recalcado que la cobertura sigue disponible al precio adecuado. Pero para un petrolero de 100 millones de dólares, eso significa entre 1 y 5 millones de dólares extra por viaje, una prima que los propietarios comprensiblemente se muestran reacios a pagar.

La chispa del crédito privado

Mientras tanto, otras nubes oscuras se ciernan sobre el mercado. La analista financiera Stephanie Pomboy advierte que el mercado de crédito privado, de entre 1,5 y 3 billones de dólares, está en confinamiento, lo que obliga a la venta desesperada de activos líquidos; y el mucho más grande mercado de bonos corporativos calificados por BBB, valorado en 5 billones de dólares, está al borde del colapso. Las rebajas de calificación provocarán ventas masivas, y los fondos de pensiones se enfrentan a un déficit de 4 billones de dólares.

La crisis de Ormuz proporciona el acelerador perfecto para esta crisis de garantías: el alza de los precios del petróleo genera inflación, lo que eleva los rendimientos de los bonos (intereses), desplomando el valor de las garantías y desencadenando llamadas de margen en todo el mercado de derivados. Estas llamadas de margen obligan entonces a los fondos de crédito privados a realizar ventas forzadas.

Esta es una de las razones por las que algunos analistas señalan a la City de Londres como la verdadera artífice del caos en Oriente Medio. La antigua maquinaria de seguros de guerra y la nueva maquinaria de derivados operan conjuntamente. Una crea la prima del caos; la otra la aprovecha mediante la rehipotecación y la incautación legal.

Palast y el memorando de End Game: Cómo hacer del mundo un lugar seguro para los derivados.

Garantizar la protección contra pérdidas en el transporte marítimo es un tipo de seguro, pero una trampa mucho mayor es el mercado de derivados. Vendidos como una forma de seguro contra el riesgo de mercado, los derivados son un juego de apuestas especulativas que extrae beneficios de todos los flujos económicos importantes.

En su artículo de 2013, Greg Palast presentó evidencia de un memorando secreto de 1997 dirigido al subsecretario del Tesoro, Larry Summers, por Timothy Geithner (entonces embajador de Estados Unidos ante la OMC en representación de Summers) que describía la "fase final" de las negociaciones de servicios financieros de la OMC. Geithner escribió a Summers: "Al entrar en la fase final... creo que sería una buena idea que se pusiera en contacto con los directores ejecutivos...". El memorando luego enumeraba los números de teléfono privados de Goldman Sachs, Merrill Lynch, Bank of America, Citibank y Chase Manhattan, números que Palast confirmó que eran reales.

¿Cuál era la fase final? Palast escribió:

El secretario del Tesoro estadounidense, Robert Rubin, presionaba con fuerza para desregular los bancos. Esto requería, en primer lugar, la derogación de la Ley Glass-Steagall para eliminar la barrera entre los bancos comerciales y los bancos de inversión. Era como sustituir las bóvedas bancarias por ruletas.

En segundo lugar, los bancos querían el derecho a participar en un nuevo juego de alto riesgo: la negociación de derivados. El subsecretario del Tesoro, Summers (quien pronto reemplazaría a Rubin como secretario), bloqueó cualquier intento de controlar los derivados.

Pero, ¿de qué servía convertir a los bancos estadounidenses en casinos de derivados si el dinero iba a huir a países con leyes bancarias más seguras? La respuesta ideada por los cinco grandes bancos: eliminar los controles bancarios en todos los países del planeta, de un solo golpe. El plan de los banqueros y de Summers consistía en utilizar el Acuerdo sobre Servicios Financieros, un anexo abstracto e inofensivo a los acuerdos comerciales internacionales supervisados ​​por la Organización Mundial del Comercio.

… Las nuevas reglas obligarían a cada país a abrir sus mercados a Citibank, JP Morgan y sus "productos" derivados.

Y las 156 naciones de la OMC tendrían que derribar sus propias divisiones Glass-Steagall entre las cajas de ahorro comerciales y los bancos de inversión que especulan con derivados.

El Acuerdo sobre Servicios Financieros de la OMC se convirtió en el catalizador para la apertura de los mercados globales a este tipo de derivados. Todos los países miembros se vieron obligados a abrir sus sistemas bancarios o enfrentarse a sanciones. En 1999, se derogó la parte de la Ley Glass-Steagall que separaba la banca de inversión de la banca tradicional en Estados Unidos, dejando el dinero de los depositantes vulnerable al riesgo especulativo. A partir de entonces, los derivados experimentaron un auge sin precedentes. Bonos soberanos, contratos petroleros, pólizas de seguros marítimos y primas de riesgo de guerra se fragmentaron en swaps de incumplimiento crediticio, coberturas y otros productos derivados.


Desde entonces, el comercio de derivados se ha convertido en uno de los negocios más concentrados y rentables del planeta, y está casi en su totalidad controlado por un puñado de megabancos. Según datos del Banco de Pagos Internacionales y la Oficina del Contralor de la Moneda, los cinco principales bancos estadounidenses poseen aproximadamente el 90% de todos los derivados bancarios estadounidenses, mientras que JPMorgan, Citigroup, Goldman Sachs, Bank of America y Morgan Stanley dominan el mercado global de bursátiles. Estas instituciones captan la mayor parte de los beneficios derivados, especialmente durante periodos de volatilidad cuando la "prima del caos" se dispara.

"La Gran Expropiación", la trampa legal que otorga a los derivados la máxima prioridad en caso de quiebra

En The Great Taking, David Rogers Webb deja al descubierto la última pieza de esta red de control financiero: prácticamente todos los valores actuales se desmaterializan (digitalizan) y se agrupan en depósitos centrales. Cambios silenciosos en el Código Comercial Uniforme y en las normas equivalentes de la UE han convertido a los inversores ordinarios en simples "titulares de derechos" que solo tienen una reclamación legal contra sus casas de bolsas.

En cuanto a los depositantes bancarios, durante siglos han sido categorizados como simples "acreedores" de sus bancos. Una vez depositado el dinero, el título legal pasa al banco. El depositante posee únicamente una reclamación contractual (una obligación de pago) que, en caso de insolvencia, lo sitúa como acreedor no garantizado.

En cualquier caso de insolvencia, las acciones, los bonos y los depósitos constituyen legalmente la garantía del complejo de derivados, una garantía que ha sido hipotecada nuevamente varias veces. Y cuando la garantía de los derivados falla, el castillo de naipes hipotecado que se ha construido sobre ella se derrumba. Se suceden las llamadas de margen, se activa la superprioridad y comienza la Gran Expropiación. (Para más información sobre este tema tan complejo, consulte el libro de Webb y mi artículo anterior aquí.)

La banca islámica sin intereses de Irán: el obstáculo estructural

¿Qué importaba entonces que Irán y un puñado de otros países se negaran a participar en este lucrativo juego de banqueros? El riesgo era que, cuando los depositantes y accionistas se dieran cuenta de que en realidad no eran dueños de sus fondos, trasladaran sus activos a esas zonas seguras. Los países que se resistían también estaban a salvo de las sanciones impuestas por los gobiernos occidentales (y aplicadas por los bancos y cámaras de compensación occidentales) sobre los activos del banco central ruso tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

Al frente de este grupo de resistentes estaba Irán, que desde su Ley de Operaciones Bancarias Libres de Usura de 1983 dirige el único régimen bancario totalmente libre de intereses del mundo. Sus bancos utilizan contratos conformes con la Sharia -participación en beneficios (musharakah), financiación de coste más margen(murabaha) y arrendamiento (ijara)- en lugar de cobrar o pagar intereses. Este modelo bancario contrasta directamente con el modelo occidental convencional, que se basa en los intereses como principal fuente de ingresos y sustenta el complejo global de derivados con deuda colateralizada y rehipotecada.

El sistema iraní fue diseñado para eliminar la usura y alinear las finanzas con la actividad económica real y el reparto de riesgos en lugar de la deuda especulativa. Durante mucho tiempo se ha considerado estructuralmente incompatible con la arquitectura basada en intereses y cargada de garantías de la City de Londres y Wall Street, una arquitectura que requiere un servicio de deuda perpétuo y activos fácilmente rehipotecables para alimentar la maquinaria de derivados.

Al rechazar el interés a nivel nacional, Irán se ha aislado, junto con sus socios financieros, de la red de control que ha hecho posible la "Gran Apropiación" global.

El caos en el sector de los seguros se ha atenuado, pero el "cisne negro" aún acecha


El Estrecho de Ormuz no está completamente cerrado, pero el tráfico sigue reducido severamente bajo el régimen de tránsito selectivo y basado en permisos de Irán. Solo se autorizan buques de naciones "amigas" o no hostiles tras coordinación previa con las autoridades iraníes. Persisten importantes atrasos, con más de 1.000 buques reportados esperando o desviados y más de 34.000 rutas marítimas desviadas en las primeras cuatro semanas de interrupción.

El programa de reaseguro de 20.000 millones de dólares anunciado por el presidente Trump el 6 de marzo ya está operativo y se ha duplicado hasta los 40.000 millones. Se han sumado otras aseguradoras estadounidenses importantes, mientras que Lloyd's de Londres ha participado en debates relacionados. La instalación sigue centrada en las aerolíneas estadounidenses con el respaldo del gobierno estadounidense. Pero los analistas dudan que reanude el tráfico comercial generalizado sin una protección de responsabilidad más amplia y condiciones más seguras.

En resumen, el desencadenante del "caos de seguros" se ha suavizado pero no ha desaparecido. Las primas siguen elevadas, la incertidumbre persiste y las presiones sobre garantías y derivados que describió Webb siguen vigentes.

Conclusiones y resoluciones


La Crisis Financiera Global (GFC) de 2007-08 se considera ahora ampliamente desencadenada por la explosión descontrolada de derivados no regulados -especialmente los credit default swaps y las obligaciones de deuda colateralizada- que convirtió las hipotecas subprime en una bomba de relojería sistémica. El daño no se limitó a Estados Unidos: los países en desarrollo también sufrieron gravemente.

Hoy en día, el riesgo de accidente es incluso mayor que durante la crisis financiera global. El mercado global de derivados OTC se ha disparado oficialmente hasta un valor nominal de 846 billones de dólares, más de siete veces el tamaño de toda la economía mundial.

Existen soluciones políticas a largo plazo. El Congreso podría restaurar Glass-Steagall e imponer un impuesto sobre las transacciones financieras. Los gobiernos estatales podrían retirar su aprobación de las partes relevantes del UCC y crear bancos públicos que puedan protegerse contra bancarrotas bancarias locales.

Pero la necesidad inmediata en el contexto actual es resolver el conflicto con Irán, y resolverlo rápidamente, antes de que otro evento inesperado y catastrófico desencadene la cadena de acontecimientos relacionados con los derivados y active la Gran Apropiación final a escala global.

Ellen Brown
(Fuente: https://scheerpost.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

JUGANDO AL Dr. FRANKENSTEIN


EL FIN DE LA ALARMA CLIMÁTICA




El conocido escritor británico Matt Ridley, con más de un millón de libros sobre ciencia vendidos, nos explica las diez razones por las que la alarma climática se está desvaneciendo:

1️⃣ Las exageraciones y el fraude han minado la confianza en la ciencia

2️⃣ La descarbonización está resultando costosa, inconveniente y regresiva, con el mayor coste recayendo sobre los más pobres

3️⃣ Las fuentes «no fiables» (renovables) no están logrando la transición energética

4️⃣ La revolución del fracking de petróleo y gas lo ha cambiado todo

5️⃣ La inteligencia artificial necesita energía fiable y asequible

6️⃣ El clima se está calentando, pero no está empeorando

7️⃣ La sensibilidad climática al aumento de CO₂ está resultando menor de lo previsto

8️⃣ El calentamiento actual no es algo sin precedentes

9️⃣ El reverdecimiento global debido al CO₂ supera las expectativas, aumentando la productividad agrícola y mejorando el medio ambiente

🔟 El «coste social del carbono» es más pequeño de lo previsto y podrá ser costeado con mucha mayor facilidad por la sociedad más rica de dentro de unas décadas.

Cuando se enumeran estas razones, se desmonta completamente la narrativa de que estamos en una crisis climática y que la solución es una energía costosa, intermitente y poco fiable.

(https://t.me/rvnesaragesaracovid19/)

jueves, 16 de abril de 2026

LA RATONERA IRANÍ: ANATOMÍA DE UN ERROR



La propaganda bélica siempre persigue retratar las guerras como un conflicto entre buenos y malos. Semejante error -creer que la maldad de un contendiente convierte automáticamente en bueno a su adversario- ha tenido históricamente consecuencias nefastas. Así, en la II Guerra Mundial dicha creencia fue aprovechada por el genocida Stalin para transformarse en «bueno» -y con él el comunismo- por enfrentarse a Hitler, otro genocida. Aún estamos pagando las consecuencias de dicho blanqueamiento.

Por lo tanto, el hecho de que el régimen iraní sea «malo» no convierte a sus adversarios en «buenos», pues lo más habitual es que la guerra sea un conflicto entre yonquis del poder, es decir, entre malos y malos. Sólo interiorizando este concepto podremos analizar objetivamente lo que está ocurriendo.

Las lecciones del pasado

Hace unos 3.000 años, Creso, el riquísimo y arrogante rey de Lidia, sintió la necesidad de cortar de raíz el poder ascendente del imperio persa antes de que se convirtiera en un peligro para su reino. Ponderando sobre la sensatez de su proyecto, decidió consultar al oráculo de Delfos. Hombre precavido, antes de consultarlo quiso atraerse el favor de la divinidad sacrificando tres mil cabezas de ganado y fundiendo una inmensa cantidad de oro. Una vez endulzada la voluntad divina con semejantes ofrendas, el rey lidio envió una delegación a Delfos para preguntar a los oráculos qué decisión debía tomar. Como nos relata Heródoto, sus enviados plantearon así la cuestión: «Creso, rey de los lidios, persuadido de que sois los únicos oráculos veraces que hay en el mundo, os ha hecho donación de dones dignos de vuestra capacidad adivinatoria. Ahora os pregunta si debe emprender la guerra contra los persas». Como respuesta, «ambos oráculos coincidieron en anunciar a Creso que, si emprendía la guerra contra los persas, destruiría un gran imperio». Ante semejante vaticinio, «Creso quedó vivamente complacido», y, convencido de que destruiría el reino persa, le declaró la guerra.

Sin embargo, las cosas no salieron como pensaba: los persas pronto vencieron a los lidios, conquistaron su capital, Sardes, y tomaron como prisionero al propio Creso, que sólo entonces comprendió que, «conforme al oráculo, había puesto fin a un gran imperio: el suyo propio».

Trump, el rico y arrogante rey de EEUU, no sabe quién es Heródoto, pero ha cometido el mismo error que Creso. Creyendo que destruiría el régimen iraní, está logrando lo contrario: ha reforzado el estatus geopolítico de Irán como controlador de facto de la economía mundial a través del estrecho de Ormuz, apuntalado a la tiranía teocrática que subyuga al pueblo iraní, perjudicado las expectativas electorales del Partido Republicano y herido de muerte a su propio movimiento político (MAGA). Además, está hundiendo la imagen internacional de EEUU, para solaz de Rusia y China.

Midiendo mal las fuerzas

«No deberías haberte hecho viejo hasta haber sido sensato», le decía el bufón al rey Lear en la homónima obra de Shakespeare. El papel del bufón en las cortes medievales era hacer reír, pero, sobre todo, decir verdades incómodas, al saberse a salvo de cualquier castigo. En la Casa Blanca hay algún bufón, pero ninguno ha tenido el valor de decirle a Trump lo mismo, y buena falta le hacía. Así, en su insensatez, el presidente norteamericano no supo calibrar adecuadamente las fortalezas de Irán ni sus propias debilidades y dio luz verde a un plan caracterizado por la improvisación y el voluntarismo.

Por el contrario, Irán llevaba dos décadas preparándose cuidadosamente y contaba con ventajas escondidas tras su inferioridad militar. Después de casi medio siglo afianzado en el poder, el régimen se apoyaba en una burocracia bien asentada y en una cadena de mando estructurada más que en una pirámide de liderazgo de vértice estrecho cuya eliminación habría dejado al pollo sin cabeza. Así, los líderes asesinados eran sustituidos por otros cuya resistencia, fanatismo o inteligencia bien podían ser superiores a los de sus predecesores.

Asimismo, dado el calendario electoral norteamericano, el factor tiempo jugaba a favor de Irán. Para ellos, aguantar era ganar. Esta importantísima ventaja era reforzada por la hipersensibilidad de Trump a las vicisitudes de los mercados financieros y del precio del petróleo. Así, cuando los mercados cerraban los viernes, Trump entraba en una dinámica de amenazas que sólo duraba el fin de semana, pues el lunes daba marcha atrás antes de que reabrieran los mercados. Por cierto, resulta difícil creer que no haya habido actores con acceso a información privilegiada que se hayan beneficiado de tan bruscos vaivenes -tan previsibles como lucrativos-, como sugería el Financial Times no hace mucho.

Estructuralmente, Irán contaba con una ventaja geográfica que le confería profundidad estratégica y el control del estrecho de Ormuz, su peculiar arma nuclear económica. También contaba con la ventaja topográfica de su carácter montañoso, que mermaba la eficacia de cualquier campaña aérea. En este sentido, parece que el régimen ha ido dosificando el lanzamiento de misiles adecuándolo al ritmo de producción y destrucción con la esperanza de que sus enemigos agotaran antes sus recursos defensivos, como puede haber ocurrido. Los belicistas de despacho tienden a olvidar que la munición es finita y que en tiempos de paz -en los que no existe una economía centrada en la producción de armamento- los arsenales andan justos y tardan mucho en reabastecerse.

Irán también jugaba con varias asimetrías ventajosas, entre ellas el hecho de que un muerto iraní no causaba al régimen el mismo daño que causaba a Trump un muerto norteamericano. Es más: en la victimista cultura chií, el sufrimiento y el martirio constituyen las virtudes supremas, y las bajas no sólo son aceptadas con una resignación incomprensible para otras culturas, sino que refuerzan la voluntad de resistencia. Las amenazas de destrucción, por tanto, tienen menor valor intimidatorio.

Finalmente, la estrategia de Irán ha consistido en ampliar el conflicto proyectando en sus vecinos el daño recibido mediante un sistema automático de represalia. Así, todo ataque a sus infraestructuras era inmediatamente replicado en otros países del Golfo. Además, el principal punto débil de Irán -su infraestructura petrolífera- era intocable, pues su destrucción habría conllevado la destrucción de la de gran parte del Golfo y creado un shock de oferta que habría hundido la economía mundial. Por lo tanto, aunque tácticamente el grave daño sufrido por Irán no deba infravalorarse, su capacidad de aguante atenúa sus consecuencias estratégicas prácticas.

Un erróneo proceso de decisión

«¿Cómo hemos podido ser tan estúpidos?», se preguntó el presidente Kennedy tras el desastre de la fallida invasión de Bahía Cochinos. En el s. XX el psicólogo Irving Janis intentó responder a esta cuestión estudiando procesos de decisión erróneos en el ámbito político -tanto civil como militar- que habían resultado en grandes fiascos. Así, Janis identificó varios síntomas comunes a todos ellos, que denominó «groupthink».

El primero era la «ilusión de invulnerabilidad», que llevaba «a un exceso de optimismo y a la toma de riesgos extraordinarios». El siguiente era la creencia ciega del grupo decisor en su superioridad moral, «lo que inclinaba a sus miembros a ignorar las consecuencias morales y éticas de sus decisiones», y la visión estereotipada del enemigo, al que se consideraba tan malvado que se descartaba tratar con ellos. Otros síntomas eran la autocensura de los miembros del grupo ante la presión ejercida contra cualquiera que osara expresar sus dudas, la toma en consideración de sólo un número limitado de alternativas y la incapacidad de revisitar la decisión tras conocer nuevos datos ignorados inicialmente.

Más o menos por la misma época, los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman publicaron su pionero trabajo sobre heurísticas y sesgos cognitivos, que explicarían lo mismo desde otra perspectiva. Así, el sesgo de exceso de confianza lleva a perder la realidad sobre las propias fortalezas y debilidades, y también sobre las probabilidades objetivas de éxito de la decisión. El sesgo confirmatorio hace que el líder busque sólo las informaciones y consejos que corroboran sus prejuicios descartando aquellos que lo cuestionan. Finalmente, el sesgo de disponibilidad otorga un peso desproporcionado a experiencias cercanas en el tiempo -por ejemplo, el show de Maduro- considerándolas el estándar de las probabilidades de éxito futuras.

El error de atacar Irán también ha sido consecuencia clara de la patología del poder que tanto parece haber desequilibrado la mente del presidente norteamericano en su segundo mandato, tan distinto del primero. La peor patología del poder, por cierto, es la mostrada por megalómanos, esto es, por quienes quieren dejar una huella en la historia («la más perniciosa de las aspiraciones humanas», según el historiador Richard Pipes).

En efecto, el poder altera la conducta. Siguiendo el conocido trabajo de un grupo de psicólogos de Stanford y Berkeley, sabemos que el poderoso «tiende a volverse indiferente a lo que piensan los demás, y se hace mucho más receptivo a las recompensas que a los castigos, dado que frente a estos últimos se ve impune. También juzga con simpleza excesiva y menor precisión las actitudes y posiciones de los demás, es más proclive a correr riesgos excesivos y distorsiona la realidad, en particular la imagen que tiene de sí mismo en comparación a cómo es percibido por los demás, y se aísla. El poder también tiende a desinhibir al poderoso, que deja de controlarse a sí mismo y construye la fantasía de creer que su comportamiento nunca va a tener consecuencias negativas. De este modo, comienza a verse por encima de la ley y de las convenciones sociales y morales y cree que a él le está permitido aquello que le está vetado al común de los mortales, naturalizando conductas socialmente inapropiadas, impulsivas y agresivas». Estos psicólogos recalcaban que entre la patología del poder y la psicopatía sólo había un paso.

El tonto útil

Escribía Dostoievsky en El idiota que «los motivos de los actos humanos suelen ser infinitamente más complejos y variados que las explicaciones que damos posteriormente de ellos». En el caso de Trump ha sido al revés: los motivos de su decisión de bombardear Irán son mucho más sencillos que las prolijas y contradictorias explicaciones dadas a posteriori para intentar justificarlo. El éxito no exige explicaciones, pero el fracaso, sí.

Quedan pocas dudas de que fue Netanyahu, primer ministro de Israel (y, al parecer, también de EEUU) quien empujó al presidente norteamericano a sumarse a la contienda sin que éste comprendiera que sus intereses divergían. Así, Trump habría arrastrado a su país a un conflicto que le era ajeno basándose en los intereses de una nación extranjera y en el testimonio de servicios de inteligencia extranjeros, no en la reticente opinión del Departamento de Estado o de la CIA. En otras palabras, Trump se convirtió en el tonto útil de Netanyahu, un ejemplo más del control que Israel ejerce sobre la política exterior norteamericana. Cabe aclarar que, dada su inclinación natural a atacar Irán, Trump no fue forzado contra su voluntad, sino que cayó en un sesgo confirmatorio.

Indirectamente, el presidente norteamericano habría reconocido algo parecido. Al ser preguntado cómo había llegado a la extraña conclusión de que Irán atacaría intereses norteamericanos si era atacado sólo por Israel -argumento esgrimido por su secretario de Estado para justificar su ataque «preventivo»- contestaba que, en primer lugar, se había basado en lo que le habían dicho su amigo «Steve» Witkoff «y Jared» Kushner, su yerno (en tercer lugar, mencionaba a Hegseth, su siniestro y obtuso secretario de Guerra). En ningún momento aludía a la CIA. Tanto Witkoff como Kushner (judío ortodoxo moderno) tienen evidentes simpatías proisraelíes y son una fácil correa de transmisión para Netanyahu. Ambos, por cierto, son también bastante ignorantes en asuntos internacionales, pero son leales al presidente, que parece haber desarrollado una manía persecutoria tras el hostigamiento de que fue objeto por parte del Deep State en su primer mandato y no confía en su propio establishment. Es posible que, por este motivo, EEUU tenga un líder aislado de la realidad. Mal asunto.

Una vez se vio que la operación militar especial no estaba dando los resultados apetecidos, Trump comenzó una deriva penosa. Con sus contradicciones constantes, su cansino matonismo y un lenguaje soez y agresivo impropio de su cargo (incluyendo su intolerable falta de respeto al papa León XIV), sólo alcanzaba a transmitir una imagen de desequilibrio y nerviosismo que contrastaba con la aparente tranquilidad de las declaraciones de los líderes iraníes. El gobierno de EEUU repetía una y otra vez que había obtenido una arrasadora victoria, pero su inquietud implicaba lo contrario. El hecho de que el vicepresidente Vance filtrara a los medios su oposición a la guerra indiciaba que en Washington muchos pensaban que se había cometido un gran error.

El zigzagueo de Trump mostraba un presidente desconcertado que, para atraer la atención de Irán, apretaba todo tipo de botones sin que ninguno pareciera funcionar. Irán no le hacía caso. Asimismo, sus mensajes contenían un porcentaje de verdad cercano a cero, inventándose en febrero unas conversaciones con Irán completamente imaginarias, la existencia de negociadores iraníes secretos favorables a un acuerdo o retratando un enemigo desesperado por negociar. En Islamabad, sin embargo, se ha visto con claridad quién tenía prisa por alcanzar un acuerdo y quién no.

El alto el fuego

El alto el fuego (¿dónde queda el bluf de la «rendición incondicional»?) no deja de ser un remiendo zurcido a toda prisa. Frágil y ficticio, ha comenzado con mal pie. Según Irán y el propio mediador pakistaní, el acuerdo incluía también el Líbano; según Israel y EEUU, no. Parece bastante obvio que son éstos los que mienten, pues el mediador no tiene interés alguno en faltar a la verdad y su comunicado original -que especificaba la inclusión del Líbano- no fue desmentido por EE.UU. Por otro lado, la credibilidad de EEUU bajo Trump es prácticamente nula, y la inclusión como komissars en el equipo negociador de los mismos Witkoff y Kushner que simularon estar negociando con Irán un día antes de que EEUU bombardeara el país por sorpresa no apunta bien. ¿No tiene EEUU más negociadores? ¿Dónde está el secretario de Estado? ¿Y por qué enviar al vicepresidente a una negociación con visos de fracaso y sin contraparte de nivel jerárquico similar si no es para quemarle?

Tras el Líbano, el bloqueo naval -generalmente considerado un acto de guerra- tampoco parece respetar el espíritu de un alto el fuego, aunque resulte difícil adelantar las consecuencias que tendrá. Por un lado, tiene el potencial teórico de dañar enormemente la economía de Irán a medio plazo (no a corto). Por otro lado, es contradictorio con la anterior eliminación parcial de las sanciones al petróleo iraní al reducir la oferta mundial de petróleo e inducir un alza de precios, aquello que más daña a Trump.

Más allá del efecto anuncio, es muy dudoso que el bloqueo pueda realizarse eficazmente sin exponer a la flota americana al fuego iraní una vez expire el alto el fuego (dentro de una semana). Por otro lado, el régimen no teme unas elecciones y el sufrimiento le resulta aceptable. Además, en represalia, Irán bloqueará completamente el estrecho, por lo que ningún petrolero de los países del Golfo podrá cruzarlo.

La «negociación» es complicada: las maximalistas exigencias iraníes no se corresponden con las que plantearía la parte perdedora y las demandas norteamericanas denotan una preocupante pérdida de realidad, propia de esa tremenda mezcla de ignorancia y arrogancia que está mostrando la Administración Trump en política exterior. Adicionalmente, Netanyahu tratará de torpedear todo acuerdo que no le favorezca, lo que quizá explique el injustificable bombardeo que llevó a cabo en el Líbano a las pocas horas de comunicarse el alto el fuego.

La mayor esperanza que tenemos es que a Trump sólo le preocupa salvar la cara aparentando que ha ganado, aunque haya perdido. En efecto, el estrecho de Ormuz ya estaba abierto antes del conflicto, por lo que lograr su reapertura no supone ningún éxito, sino volver al statu quo anterior. Irán jamás aceptará desprenderse de su eficaz programa de drones y misiles -que le ha salvado de la derrota- y mantendrá el control de facto del estrecho, arma que ha demostrado ser poderosísima. Respecto a su programa nuclear, según las agencias de inteligencia norteamericanas, Irán no ha perseguido el desarrollo de armas nucleares desde 2003, por lo que comprometerse a no hacerlo a partir de ahora supone también un simple retorno al statu quo anterior. Finalmente, el régimen iraní, cuya destrucción se pretendía, ha salido fortalecido.

Sin embargo, una cosa sí puede haber cambiado, pero a peor: Irán quizá llegue a la conclusión de que la única garantía real de no volver a ser atacado es la obtención del arma nuclear. Entonces, ¿qué objetivos estratégicos habrá logrado esta caprichosa guerra?

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
(https://www.fpcs.es/)

LA I.A., UNA HERRAMIENTA DE LA QUE NOS ESTAMOS VOLVIENDO DEPENDIENTES (Y ESO ES LO QUE SE BUSCA)



Las herramientas de inteligencia artificial son gratuitas actualmente porque forman parte de una estrategia para generar dependencia absoluta en los usuarios

El primer paso es aniquilar la verdad mediante una saturación de contenido falso que vuelve a las personas complacientes y confundidas. Posteriormente, se busca controlar el pensamiento humano al incentivar que la población recurra a algoritmos para resolver dilemas emocionales y existenciales profundos.

Una vez que la sociedad pierda su autonomía intelectual, las corporaciones transformarán la inteligencia en un servicio básico prepagado, similar a la electricidad o el agua. Finalmente, el objetivo último es establecer un modelo de vida bajo suscripción donde el acceso al razonamiento tenga un costo medido.

El contenido masivo generado por inteligencia artificial afecta nuestra percepción de diversas maneras fundamentales:

- Aniquilación de la verdad y agotamiento de la inteligencia: El objetivo de inundar el entorno con una cantidad masiva de contenido de IA (lo que ha sido denominado "basura de IA" o AI slop) es agotar nuestra capacidad de discernimiento. Esto busca que las personas lleguen a un punto en el que ya no sepan qué creer, lo que genera un estado de complacencia e impotencia.

- Indefensión ante la realidad: Al perder la noción de lo que es real, el individuo se vuelve vulnerable y queda listo para aceptar cualquier versión de la realidad que se le ofrezca. Esto facilita que las entidades que controlan la IA no solo dicten qué pensar, sino algo más peligroso: cómo pensar.

- Alteración de las relaciones humanas: La percepción de lo que significa ser humano está cambiando a medida que las personas recurren a la IA para resolver dudas existenciales y emocionales profundas (como el amor, la amistad o el vacío personal) en lugar de acudir a mentores, amigos o familiares. Esto genera una dependencia emocional e informativa hacia la tecnología.

- La inteligencia como servicio básico: La visión final es que percibamos la inteligencia no como una facultad humana inherente, sino como una utilidad pública, similar al agua o la electricidad, algo que debe pagarse mediante suscripción.

En resumen, el flujo masivo de contenido de IA está diseñado para erosionar nuestra confianza en la verdad objetiva, haciéndonos dependientes de sistemas externos para procesar nuestra propia realidad y emociones.

Recuerda que cuando el sistema te ofrece algo gratis, es porque la mercancía eres tú.

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EL COLAPSO DE LOS IMPERIOS SIGUE UN PATRÓN EN EL QUE EE.UU. SE HALLA INMERSO


miércoles, 15 de abril de 2026

LA BOMBA "INVENCIBLE" DE EE.UU. AHORA ESTÁ EN MANOS DE IRÁN: ADIÓS, SUPERIORIDAD TECNOLÓGICA



La Guardia Revolucionaria iraní anunció que tiene en su poder una GBU-39 intacta. La encontraron en la provincia de Lorestán, al oeste de Irán. No explotó. Y ahora la están diseccionando en un laboratorio militar.

La GBU-39 no es una bomba cualquiera. Es el arma de precisión favorita de Israel en Gaza y Líbano . Pesa 113 kilos, usa guía GPS con anti-interferencias, y su cuerpo compuesto la hace difícil de detectar. Se considera "invencible" porque puede atravesar más de un metro de hormigón armado antes de explotar. El problema es que cuando NO explota, se convierte en el mejor regalo que un enemigo puede recibir.

La ironía es tan monstruosa que duele. El mismo Pentágono que vende estas bombas como "indetectables" y "antibloqueo" ahora tiene que asumir que una cayó entera en manos de su principal enemigo regional. Es como si le regalaras a tu adversario el manual de instrucciones de tu arma secreta envuelto en papel de regalo. Los ingenieros iraníes ya están haciendo ingeniería inversa. En semanas, sabrán cómo funciona. En meses, sabrán cómo contrarrestarla.

El historial de Irán en esto es impecable. En 2011, derribaron un drone RQ-170 de la CIA y lo replicaron. Ahora tienen la GBU-39. La más pequeña, la más versátil, la que se puede adaptar a sistemas propios. Los especialistas iraníes la "neutralizaron sin daños" , lo que significa que los circuitos, el sistema de guía y los materiales están intactos para su estudio.

Cuando el arma más avanzada del imperio termina en el banco de trabajo de sus enemigos... ¿quién va a tener la ventaja en la próxima guerra? Porque la tecnología no se pierde. Se copia. Y los que la copian, aprenden a destruirla.

(Fuente: AMBOS DOS noticias)