miércoles, 20 de mayo de 2026

CUANDO EL PODER YA NO NECESITE TRABAJADORES: LA I.A. Y EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA SERVIDUMBRE (1ª PARTE)



La inteligencia artificial no viene solamente a cambiar el modo de producir, viene a tocar el corazón del orden moderno que es el trabajo, el salario, la familia, el Estado y la idea misma de pueblo. La pregunta decisiva no es qué hará la máquina, sino quién la controlará cuando millones de seres humanos empiecen a sobrar dentro del sistema que antes los necesitaba. Esto no es una fantasía, esta es una realidad de la que el poder prefiere no hablar, por ahora.

Durante más de dos siglos, el mundo moderno se sostuvo sobre una premisa que parecía inamovible, la mayoría de los hombres debía trabajar para sobrevivir. Esa obligación podía ser dura, injusta, agotadora, incluso humillante, pero importante porque organizaba el conjunto de la vida social. El salario permitía comprar alimentos, pagar una vivienda, sostener una familia, educar a los hijos, proyectar una vejez, hasta consumir lo necesario y también lo superfluo. Alrededor de ese salario entonces se levantó una arquitectura social compleja con un Estado que recaudaba, empresas que vendían y bancos que prestaban permitiendo a las familias planificar. Los sindicatos negociaban, los partidos prometían, las escuelas preparaban y la política, con mayor o menor honestidad, pretendía representar a quienes vivían de su trabajo.

Ese mundo no era necesariamente justo, pero tenía una lógica. Incluso la explotación social reconocía una verdad elemental que era que el trabajador era necesario. Podía ser mal pagado, disciplinado violentamente, reemplazado por otro sin más o encerrado en la rutina gris de una vida sin épica, con escaso futuro, pero seguía ocupando un lugar dentro del sistema. El capital, el Estado y el mercado lo necesitaban, la sociedad moderna, con todas sus hipocresías, todavía no podía declarar superflua a la mayoría de los seres humanos porque nos necesitaba.

La inteligencia artificial y la robotización abren hoy una etapa distinta. No son una simple evolución de la modernización técnica, ni una herramienta más para hacer las cosas un poco más rápido, mejor o más baratas. Lo que aparece ante nosotros en el horizonte es una mutación del orden económico, social y político con la posibilidad concreta de producir cada vez más con cada vez menos trabajo humano. Cuando un sistema descubre que puede sostener buena parte de su producción sin necesitar a las mayorías como fuerza laboral, la situación deja de pertenecer al mundo de la economía y entra de lleno en el terreno más oscuro de la política.

La discusión habitual es pobre, casi infantil porque se pregunta apenas si la inteligencia artificial va a destruir empleos o si va a crear otros nuevos. Como soluciones se habla de capacitación, reconversión, adaptación, perfiles híbridos y todas esas frases que sirven para tranquilizar al gran público mientras el suelo se mueve bajo sus pies. El problema real, sin embargo, es mucho más profundo y bastante más incómodo porque nos lleva a pensar qué sistema reemplazará al capitalismo salarial cuando el trabajo humano deje de ser el eje de la economía. Es simple pero a muchos les cuesta aceptarlo, si el salario se debilita como columna vertebral de la vida colectiva porque se reduce el trabajo, también se debilitan el consumo, la recaudación, la movilidad social y con ello la estabilidad familiar, la legitimidad política y la propia idea de ciudadanía económica.

La primera fase de esta transformación ya comenzó aunque no necesita mostrarse como catastrófica para serlo, nadie quiere turbulencias sociales antes de tiempo. La inteligencia artificial no lleva a reemplazar a todos los empleos humanos de un solo golpe, le basta con reemplazar tareas, vaciar funciones, achicar equipos, fusionar responsabilidades y así eliminar puestos iniciales, congelar contrataciones, presionar salarios y convencer a cada trabajador de que ahora debe hacer más, en menos tiempo, con menos ayuda y con la obligación adicional de manejar las herramientas que, en algún momento, pueden sustituirlo. Quienes no lo hagan serán los primeros en bajarse del barco, y así se genera la ilusión de poder escapar al destino.

El golpe inicial de la IA cae sobre el trabajo cognitivo rutinario. Una larguísima lista de tareas como redacción, traducción, programación básica, análisis documental, atención al cliente, informes nos viene a la mente. Diseño, marketing, administración, soporte técnico, contabilidad, recursos humanos, tareas legales repetitivas, producción audiovisual elemental, investigación preliminar. La lista crece todos los días y parece ya infinita, pero no siempre aparece bajo la forma brutal del despido masivo, es más: rara vez suena una alarma, excepto cuando una gran empresa elimina algunos miles de trabajadores de un plumazo. Pero hay otra forma más silenciosa y funciona como un goteo constante, una vacante que no se cubre, un junior que no se incorpora, un equipo que queda reducido, una función que se absorbe, una tarea que pasa a ser ejecutada por una herramienta, una persona que empieza a hacer el trabajo de varias mientras se le dice que debe sentirse afortunada por seguir dentro. Sutil y efectivo, el agua se calienta pero la rana se siente confortable y no salta como haría si fuera arrojada en agua hirviendo directamente.

El daño más serio se produce en la base de la pirámide laboral. Si desaparecen los puestos de entrada también desaparece el camino por el cual una persona aprende un oficio, se equivoca, corrige, madura y asciende. Nadie nace senior y el conocimiento profesional no baja del cielo ni se descarga como una aplicación. Se transmite, se observa, se practica y se hereda dentro de una cadena de experiencias. Cuando se destruyen los puestos iniciales, se rompe esa cadena y eso es lo que produce el sistema en su ansiedad por reemplazar al trabajador novato, termina serruchando la rama donde se formaba el trabajador experto del futuro. Igual, en el fondo, confía que la propia IA también reemplazará al experimentado a su tiempo, cuando sea el momento adecuado.

La IA no es la escala final, después vendrá la segunda fase del proceso con la robotización. La inteligencia artificial, aislada, opera sobre todo en el mundo digital, pero cuando se une a sensores, visión artificial, drones, brazos industriales, genera cosas como vehículos autónomos, sistemas logísticos, maquinaria agrícola, robots de asistencia, vigilancia automatizada y dispositivos militares. Así deja de limitarse a una pantalla y empieza a actuar sobre el mundo físico. La sustitución ya no afectará por ello solamente a empleados de oficina, administrativos, programadores básicos o productores de contenido, alcanzará al transporte, la logística, el almacenamiento, la agricultura, la manufactura, la construcción, la seguridad, la limpieza, el reparto, el mantenimiento, la asistencia sanitaria elemental y la guerra.

Primero caerá lo repetitivo de la mente y posteriormente lo repetitivo del cuerpo. Luego quedará una zona cada vez más estrecha de trabajos humanos vinculados al juicio, al liderazgo, al cuidado profundo, al vínculo personal, a la creatividad verdadera, es decir, a todos aquellos espacios donde la presencia humana todavía conserve un valor que la máquina no pueda imitar sin empobrecer el sentido de la acción.

Conviene despejar una confusión habitual que lleva a conclusiones erróneas: el problema no es la tecnología. La tecnología, en sí misma, no trae escrito su destino moral. La inteligencia artificial podría servir para liberar al hombre de trabajos degradantes, reducir jornadas, mejorar diagnósticos médicos, ordenar sistemas educativos, aumentar la producción de alimentos, y una infinidad de tareas habituales y necesarias. Podría ser una herramienta extraordinaria de emancipación material pero eso exigiría una condición previa ausente que es que la técnica estuviera subordinada a una decisión política superior orientada al bien común y no al apetito inmediato de quienes ya concentran poder.


Tristemente hoy ocurre exactamente lo contrario. La inteligencia artificial se incorpora bajo la lógica del mercado concentrado de reducir costos, aumentar productividad, reemplazar trabajadores, debilitar la dependencia respecto del trabajo humano y concentrar el excedente en pocas manos. No se discute seriamente cómo distribuir la productividad generada por la automatización solo cómo ser “más competitivos”. Con esas palabras, tan repetidas y festejadas en congresos empresarios y documentos oficiales, ya revela la orientación del proceso. Cuando el objetivo es competir, el ser humano aparece como costo y cuando el objetivo es elevar la vida de una comunidad, la productividad se convierte en riqueza social.

Si realmente se pensara en la población, la agenda sería otra hablándose de reducción de jornada, participación social en la productividad automatizada, soberanía tecnológica, propiedad pública de infraestructuras críticas, de manera de distribuir la renta extraordinaria que genera la tecnología. No obstante, el discurso dominante no habla de eso, solo se enfoca en la adaptación individual porque hábilmente cuando el sistema cambia, la culpa de no sobrevivir recae sobre el individuo.

La política, mientras tanto, llega tarde, si es que algún día llega. La derecha liberal mira la transformación como una evolución espontánea del mercado. Si algunos empleos desaparecen, otros aparecerán, si alguien queda afuera, deberá capacitarse, quienes se hundan es porque no supieron adaptarse. Es la vieja superstición en el mercado como providencia secular. Mientras tanto la socialdemocracia responde con subsidios, regulaciones blandas y programas de formación que suelen llegar cuando el daño ya fue hecho y que no aportan soluciones de fondo, solo suavizar el golpe para evitar la reacción popular. Qué decir de la izquierda tradicional que continúa atrapada en categorías industriales del siglo XX: capital y trabajo, fábrica y obrero, sindicato y salario. No termina de comprender la magnitud del cambio cuando el capital ya no necesita trabajo humano masivo para producir, simplemente está fuera de época y propone soluciones para un mundo que ya no existe mientras ignora la realidad.

Los nacionalismos y movimientos populares tampoco han elaborado todavía una doctrina completa de soberanía tecnológica. Hablan de territorio, industria, energía, alimentos, defensa, moneda y recursos naturales, pero muchas veces siguen tratando la inteligencia artificial como un asunto técnico, secundario o reservado a especialistas, muchas veces con la idea de que el cambio no sucederá así, que es una exageración alarmista que no atiende los problemas inmediatos y reales. Ese error puede ser fatal porque en el mundo que se viene, un país que no controle su infraestructura de inteligencia artificial no controlará plenamente su economía, su educación, su defensa, su administración pública ni su sistema de comunicación. La dependencia industrial del siglo XX puede convertirse, en el siglo XXI, en dependencia cognitiva, pero esto es algo que no comprenden y siguen nadando en aguas con categorías pasadas.

Los medios cumplen su papel habitual fragmentando el problema para impedir que se vea el cuadro completo y así mantener la masa calma y distraída, hasta esperanzada. Un día hablan de una aplicación curiosa, otro de un estudiante que copió con IA, después de un robot simpático, como mucho de un despido en una empresa tecnológica, pero rápidamente la alarma baja cuando se destaca una imagen falsa, de una voz clonada o de una herramienta que promete ahorrar tiempo. Todo aparece como una secuencia de noticias sueltas, desconectadas, casi anecdóticas que no unen los puntos. Inteligencia artificial, desempleo, robotización, caída salarial, concentración empresarial, crisis fiscal, dependencia estatal, control digital, destrucción de la clase media, debilitamiento familiar, crisis demográfica y administración de poblaciones sobrantes, todo es un solo gran hecho que ya está mostrándose con claridad si se quiere ver.

La academia, por su parte, mide, clasifica, calcula y nombra. Poco proclives a salirse del marco de los colegas, solo habla elípticamente de exposición laboral, automatización parcial, complementariedad, productividad, transición de habilidades, impacto sectorial y cambios en la estructura ocupacional. Todo eso puede ser útil, pero muchas veces falta la conclusión política porque se describe el incendio con precisión técnica, pero se evita decir que la casa se está quemando. Sobre todo no quieren llegar a la conclusión incómoda que es que si la productividad generada por la inteligencia artificial queda concentrada en pocas empresas, estaremos ante una transferencia histórica de poder desde trabajadores, pequeñas empresas y Estados hacia conglomerados tecnológicos que no responden ante ninguna comunidad política concreta.


El capitalismo salarial entra, entonces, en una contradicción profunda. Una empresa puede beneficiarse individualmente automatizando y despidiendo, pero si todas hacen lo mismo, el sistema destruye su propia base social. Menos empleo significa menos salarios, menos salarios significan menos consumo y eso se traduce en mayores crisis. Menor recaudación es el resultado agravando la situación de los Estados más débiles o más endeudado, que con más y más población desplazada significa que deberá más subsidios para frenar más conflictividad, necesitando más vigilancia y contra para mantener raya la degradación social. El sistema puede ganar eficiencia por arriba mientras pierde estabilidad por abajo, y así volverse técnicamente brillante y socialmente invivible.

Marcelo Ramírez
(Visto en https://noticiasholisticas.com.ar/)

¿REGULARIZACIÓN "HUMANITARIA" O PREPARACIÓN PARA EL PUCHERAZO?


Detrás de la inquietante regularización hay un mero cálculo
electoral, frente al cual la seguridad ciudadana, la conviven-
cia pacífica o la integración pasan a segundo plano. Se trata
de alterar el censo electoral a la medida de los intereses del
presidente más sinvergüenza que ha padecido España
El memo de la caricatura -caricatura de un verdadero estadista él mismo- cuenta
con que los agradecidos nuevos españoles le van a votar en masa. Cuando se en-
cuentre con que forman un partido pro-islam será tarde para arreglar el desagui-
sado al que estamos asistiendo. Vaya el lector buscando ventajas a la sharia, 
porque es lo que está chapuza nos va a traer a la larga.

EE.UU. SUBCONTRATÓ A LABORATORIOS EN EL EXTRANJERO LAS INVESTIGACIONES SOBRE GANANCIA DE FUNCIÓN DE VIRUS



Durante años, la mera referencia a biolaboratorios secretos en el extran-
jero calificaba a quien la sostenía de "bebelejía y teórico de la conspira-
ción con gorrito de papel de alumnio en la cabeza". Hoy el gobierno de
EE.UU. está investigando oficialmente a esos laboratorios "que nunca
existieron" para conocer en qué trabajaban secretamente.

La directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, anunciaba recientemente que se encuentra investigando a más de 120 biolaboratorios financiados por Washington en todo el mundo (de ellos, más de 40 en Ucrania).

Gabbard declaró al New York Post en un comunicado que su equipo va “a identificar dónde están estos laboratorios, qué patógenos contienen y qué ‘investigación’ se está llevando a cabo para poner fin a la peligrosa investigación de ganancia de función que amenaza la salud y el bienestar del pueblo estadounidense y del mundo”

Durante años nos dijeron que hablar de biolaboratorios era propaganda rusa, paranoia y desinformación peligrosa. Los medios se rieron. Los verificadores señalaron. Las redes censuraron. Y millones de personas aprendieron que hacer preguntas podía convertirte en enemigo público.

Ahora resulta que los laboratorios existían. Que estaban financiados por Estados Unidos. Y que la propia inteligencia norteamericana investiga qué demonios se hacía allí. Pero tranquilos: los mismos que ayer juraban que todo era falso hoy nos explicarán que siempre fue verdad, solo que “mal interpretada”.

La mentira moderna ya no consiste en ocultar la realidad. Consiste en ridiculizarla … hasta que ya no pueden esconderla más.

(https://t.me/cristinamartinjimenezescritora/)

martes, 19 de mayo de 2026

LA ESCALOFRIANTE REALIDAD DEL ABUSO INFANTIL EN EL JUDAÍSMO (2ª PARTE)



Como se ha señalado, el abuso sexual organizado ocurre en todo el mundo. El investigador Michael Salter lo define como «una conspiración de varios agresores para abusar de varias víctimas».

El rabino Dr. Udi Furman cita en su artículo «Abuso ritual en Israel» la definición de Salter sobre el abuso ritual como un marco ideológico en contextos organizados de abuso sexual infantil, que «funciona como una práctica estratégica mediante la cual los grupos abusivos inculcan en las víctimas, de forma violenta, una visión del mundo misógina para controlarlas».

«En otras palabras», escribe el rabino Furman en su artículo, «el abuso ritual ocurre cuando una autoridad religiosa, política o espiritual utiliza su posición de poder para manipular los sistemas de creencias de las víctimas y, por lo tanto, controlarlas». Según él, «el abuso ritual es principalmente una estrategia empleada por grupos involucrados en la producción de imágenes de abuso infantil, prostitución infantil y otras formas de abuso organizado, y no constituye una categoría de violencia aparte».

El rabino Furman también presenta una investigación de Johanna Schröder y otros investigadores alemanes, quienes analizaron las actitudes de 165 adultos que testificaron haber sido víctimas de abuso sexual ritual organizado, así como las de 174 profesionales que brindaron apoyo a víctimas de este tipo de abuso. En el 88% de los informes de ambos grupos -terapeutas y víctimas- se observó una expresión ideológica idéntica. El contenido y los objetivos ideológicos se presentaron en un orden similar: «justificación de la violencia», «justificación de la explotación sexual» y «mantenimiento del poder y el control», seguidos de «mantenimiento del compromiso grupal y garantía de la redención».

«Los investigadores concluyen que las ideologías son principalmente un medio para justificar la violencia sexual organizada», afirmó el rabino Froman. Sin embargo, en su artículo, Froman argumenta que algunos informes en Israel sugieren que la ideología no solo sirvió para justificar la violencia sexual organizada, sino que constituyó la base del abuso.

El rabino Froman hace referencia, por ejemplo, al caso de Nahlaot, que «es solo uno de muchos casos similares, la mayoría ocurridos en barrios ultraortodoxos. Por ejemplo, un tribunal ultraortodoxo privado escribe que el abuso sexual ritual es cruel y frecuente, acompañado de ceremonias traumáticas, acusatorias y confusas. El abuso es perpetrado por grandes organizaciones criminales, sectas u organizaciones secretas, con inversión financiera y reclutamiento de personal colaborador. El abuso genera para sus perpetradores importantes beneficios, como la satisfacción de impulsos desviados, el comercio y la pornografía, amenazas y extorsión, entre otros».

Según Furman, el documento judicial describe la práctica del abuso organizado: «Desde la preparación del escenario, pasando por el reclutamiento de colaboradores de instituciones educativas y conductores de transporte, hasta las ceremonias mismas... La ceremonia se lleva a cabo bajo la dirección de un rabino importante. Después de una lección de Torá, aproximadamente cada dos semanas, los padres se reúnen con sus hijos para lo que se denomina "corrección del alma". Todas las parejas recitan salmos juntas, cantan versículos repetidamente con melodía, todo ello de pie y desnudos. Permanecen en círculo, desnudos, rezando y encendiendo velas. Los niños se sitúan en el centro del círculo, también desnudos».

En el documento, dirigido a padres, educadores y rabinos, el tribunal ultraortodoxo "Shaarei Mishpat" de Jerusalén detalla numerosos métodos y acciones empleadas por los abusadores, con el objetivo de alertar sobre este fenómeno en aumento y proteger a los niños. Entre otras cosas, el documento afirma que, para evitar ser descubiertos, los abusadores actúan deliberadamente de forma extrema y contraria a la lógica, "de modo que, incluso si los niños lo denuncian, parecerá que están completamente delirando".

En una lista parcial, se describen acciones como el uso de disfraces y máscaras por parte de los abusadores, además de torturas sádicas como obligar a los niños a meter las manos en agua hirviendo, sumergirlos bajo el agua durante varios segundos o amenazarlos con animales agresivos para asustarlos e intensificar el trauma. También se mencionan otras acciones como la introducción de objetos y utensilios de cocina o de trabajo en los niños.

Para humillar a los niños e infundirles sentimientos de culpa y vergüenza, los agresores les muestran fotos de sí mismos desnudos o les dan comida diciéndoles que comieron carroña, organizan ceremonias de boda simuladas entre niños, los obligan a comer heces y escenifican sus entierros.

"Destruyen toda la confianza en sí mismos y la capacidad de resistencia", dijo el rabino Froman. "El abuso regular y frecuente es tan destructivo que los niños pierden la esperanza de una 'normalidad' y el abuso se convierte en su rutina diaria. Los psiquiatras han diagnosticado una 'fractura de personalidad' completa en la parte normal, lo que permite que el niño continúe funcionando con normalidad en la escuela".

Según el Dr. Silberg, en cada grupo, los participantes pueden tener sus propios motivos, como desviaciones sexuales, afiliaciones ideológicas extrañas que incluyen la realización de ceremonias o el enriquecimiento económico, por ejemplo, mediante la trata de personas con fines de explotación sexual o la producción de imágenes de abuso sexual infantil. Estos motivos no son necesariamente compartidos por todos los miembros.

El Dr. Silberg señala además que se han descubierto redes dedicadas a la producción y distribución de pornografía infantil, incluyendo el abuso organizado, en todo el mundo, y que, «a pesar del escepticismo recurrente, casi ideológico, se han logrado varias condenas exitosas de miembros de redes de abuso organizado a nivel mundial».

A lo largo de los años, se han dado numerosos ejemplos de casos en los que las autoridades han descubierto y condenado con éxito a miembros de dichas redes. Según el Dr. Silberg, así como otros investigadores, desde el desarrollo de internet, y especialmente con la aparición de las redes peer-to-peer y la web oscura, el fenómeno de las agresiones sexuales contra menores se ha intensificado significativamente.

«Estas son las víctimas más jóvenes y vulnerables de la sociedad», se afirma. «Las plataformas de transmisión en vivo desde casa permiten que los niños sean explotados frente a una cámara y que los videos de los actos se difundan mundialmente sin dejar rastro».

Al otro lado de la pantalla, los especialistas en investigación cibernética reconocen la alta demanda de los consumidores por los videos más horribles, incluyendo el abuso sádico de menores. En una conversación con Israel Hayom, el Dr. Silberg subraya la extrema dificultad de rastrear a los miembros de dichas organizaciones, ya que la mayor parte de su actividad se produce en la "dark web".

«Tenía la esperanza de que en Israel se comprendiera que se trata de un fenómeno internacional y que existiera cooperación entre las autoridades israelíes y otros países», dijo, pero en la práctica, «cuando llega una denuncia y se abre un caso en Israel, la policía no lleva a cabo la investigación correctamente. Los investigadores tratan cada caso como si fuera aislado. Si se separan los casos y no se considera el panorama general, no se llega a ninguna conclusión. Y quizás hicieron lo que pudieron, y los atacantes simplemente eran más sofisticados».

Disociación

«¡No quiero ir a la escuela, no quiero!», dice Ayala (seudónimo) entre lágrimas. «Nunca más quiero ir. Jamás. ¡No quiero! ¡No! ¡No! En la escuela, los profesores dan miedo. No quiero que me saquen de la escuela. No quiero volver a esa clase».

Las palabras de Ayala se mezclan con las lágrimas. En ese preciso instante, el ataque de recuerdos la arrastra hacia atrás. Aunque cronológicamente tiene 25 años, ahora mismo tiene 9, y nada la convence de que el peligro ha pasado. Incluso cuando su pareja le recuerda: "¿Sabes que ya eres mayor?", intentando traerla de vuelta al presente, sigue aterrorizada. Se aferra al pasado con fuerza.

Como muchas víctimas que conocimos, Ayala también lucha contra la disociación. Este es un mecanismo de desconexión para la supervivencia que protege la psique del niño durante el abuso, lo cual se explicará más adelante. Ayala creció en una comunidad religiosa en una familia numerosa. "En muchas comunidades, los niños andan solos", comentó. Tras años de un marcado deterioro de su estado mental, que incluyó ataques de ansiedad severos, autolesiones, pensamientos suicidas, intentos de suicidio graves y un sufrimiento constante, llegó a comprender claramente que había sido violada.

Los recuerdos comenzaron a aflorar en episodios de flashback intensos, en los que, hasta el día de hoy, revive los abusos que sufrió. Este también es un fenómeno conocido que se repite en algunos casos que hemos encontrado.

El profesor Daniel Brom, psicólogo clínico y director y fundador de "Metiv", el Centro Israelí para el Psicotrauma en Jerusalén, escuchó una grabación en la que Ayala, durante un episodio de recuerdo traumático, describe cómo la llevan de la escuela a un lugar aterrador, donde la golpean, la atan y la conducen a un sitio donde ocurren cosas que le causan dolor.

«Habla de rabinos que abusan de ella y la controlan, afirmando tener una conexión directa con Dios», escribió el profesor Brom. «El tipo de conversación me resulta familiar, ya que es propia de una mujer con trastorno de identidad disociativo. He visto este fenómeno con bastante frecuencia en la clínica. Desde 1990, me he reunido repetidamente con niños y adultos que relatan abusos organizados por parte de hombres que no solo abusan sexualmente, sino que también filman sus actos».

«Silencio, ocultamiento, borrado, disimulo».

«Algunos abusos ocurrieron en un edificio y otros en el bosque», continúa Ayala, «algunos en un cementerio y otros en una sinagoga, en todo tipo de lugares insólitos. En el edificio, bajas las escaleras y llegas a una habitación muy desordenada con muchas herramientas, latas de pintura y muchas tablas. En el centro de la habitación hay una cama, más bien una mesa de madera. Parece que hay más habitaciones allí, porque recuerdo claramente estar en una habitación y oír cómo abusaban de un niño en otra, y entonces sé lo que me van a hacer.

«Oigo a niños gritar, llorar. Siempre es un lugar oscuro. Hay entre seis y nueve hombres. Me atan a la cama de las manos y los pies, se colocan en círculo, murmuran oraciones o bendiciones, y está el rabino que siempre dirige la situación y les dice a todos qué hacer, y todos le obedecen. Hay una ceremonia, y cada uno de ellos me viola».

A veces llega el gran rabino y dirige la ceremonia. Habla con Dios, y Dios le dice qué hacer. Pone una mano sobre mi corazón, la otra sobre mis genitales, y me duele cuando habla con Dios. Hay momentos en que grito, y hay situaciones en que me detengo porque sé que me van a golpear en la cabeza. Hubo casos en que no cooperé o lloré y supe que merecía un castigo. Hubo diversos castigos, cosas extrañas: me sumergieron la cabeza en un balde de agua durante mucho tiempo, me golpearon con un cable, también hay un baño ritual de purificación, donde me limpian a fondo, luego me sumergen en una fuente de agua y me explican que necesito ser puro.

Una vez sacaron un rollo de la Torá y lo abrieron en el relato del sacrificio de Isaac. Uno de ellos leyó, y simplemente me recitaron lo que estaban leyendo. Me ataron, me pusieron el cuchillo en el cuello, y Dios dijo que lo bajara. Luego hubo una violación.

"Hubo un acto en el cementerio, y vi un lugar con piedras que tenían muchas palabras escritas. Luego me dijeron que entrara en un agujero y me cubrieron con arena. No entiendo cómo sobreviví."

Noya sufrió abusos sexuales por parte de personas del ámbito educativo que la cuidaron durante su infancia. Según cuenta, estas personas invitaron a otros hombres al lugar, quienes participaron en abusos rituales. Los abusadores actuaron con extrema violencia y utilizaron estímulos sensoriales intensos y extremos, lo que contribuyó a que su conciencia se fragmentara.

«Siempre tuve síntomas de trastorno de estrés postraumático», dice. «Estuve hospitalizada, tenía pesadillas y trastornos alimenticios. También tenía flashbacks de pequeños fragmentos de momentos del abuso, pero no entendía su significado. En la adolescencia, comenzaron los ataques disociativos que parecían crisis epilépticas. Cuando volvía a casa golpeada y magullada por el abuso, por ejemplo, con una herida en la cabeza o sangre en los labios, decía que había tenido un accidente en las escaleras.

Nadie me hizo muchas preguntas, y ya de adulta, cuando el abuso terminó, Noya decidió conscientemente olvidar. «Me decía a mí misma que no me había pasado nada. Tenía un mantra que repetía continuamente: "silencio, oculta, borra, muévete, disfraza, desconecta, oculta, tira, desconecta, olvida"». Y realmente lo olvidé, durante varios años.

Durante esos años, Noya cumplió sus sueños y construyó su vida, hasta que los recuerdos dolorosos comenzaron a atormentarla. Con el paso del tiempo, y más tarde también en terapia, comenzaron a aflorar "figuras" creadas durante el abuso, figuras que ocupaban su lugar.

«Cuando se produce un abuso tan masivo y extremo, los síntomas son más graves, especialmente la disociación», afirma Silvia, terapeuta del centro de Israel que trata a víctimas de trastorno de estrés postraumático complejo debido a abusos prolongados en la infancia. «Este es un mecanismo de defensa de la psique que se manifiesta como una desconexión a diferentes niveles. Puede ser una desconexión de las sensaciones corporales, de las emociones, de los pensamientos y de los recuerdos. La disociación permite a la víctima levantarse al día siguiente y llevar una vida normal: ir al colegio, jugar con amigos, aprender y desarrollar su personalidad a pesar de la enorme amenaza a la que está sometida. Este mecanismo se activa durante el abuso como respuesta a una amenaza existencial o a un dolor insoportable, o como resultado del consumo de sustancias psicotrópicas por parte de los abusadores».

La Dra. Sagit Blumrosen-Sela, psicóloga clínica especializada en terapia de trauma para el abuso sexual, el trastorno de identidad disociativa y el autismo, reconoce en sus casos clínicos desconexiones disociativas y pacientes que afrontan el trastorno de identidad disociativa (TID). Hoy en día, descubrimos que el trastorno de identidad disociativa es más común de lo que se creía. Muchos de los afectados no reciben un diagnóstico: o lo ocultan o no lo reconocen. Muchos son hospitalizados y reciben diagnósticos erróneos. Muchos psiquiatras no están familiarizados con este fenómeno, y es importante que comprendan que estos pacientes pueden llevar una vida normal, trabajar, estudiar y criar hijos. Existen grandes diferencias entre el funcionamiento normal y los abismos que no se manifiestan en el mundo exterior.

Según ella, «Este es un mecanismo creado como respuesta defensiva al dolor físico o emocional intenso, cuando no hay posibilidad o es peligroso luchar o huir, y partes de la experiencia se extraen del flujo de conciencia accesible. Cuando el abuso es repetitivo, puede formarse un sistema de identidades que carga con los traumas, a la vez que desconecta los recuerdos y sentimientos asociados a ellos de la conciencia normal».


Basándose en testimonios de todo el mundo a lo largo de los años, existen situaciones en las que los abusadores son conscientes de la posibilidad de producir tal trastorno en niños pequeños. «Una paciente sufrió repetidos ataques sádicos, con la intención de los abusadores de provocar una división de la conciencia para que no recordara ni contara nada. De adulta, incluso se encontró con uno de los agresores en un centro comercial y no lo reconoció», dijo la Dra. Blumrosen-Sela.

Noam Barkam
(Fuente: https://www.israelhayom.com/; traducción: Astillas de Realidad)

POR SI CON TU MÓVIL, WI-FI Y RECONOCIMIENTO FACIAL NO ES SUFICIENTE, EN BREVE TU COCHE TAMBIÉN TE ESPIARÁ


El vigilante "Gran Hermano" de Orwell se quedará pronto en un mero "voyeur" aficionado en comparación con la controladora supervisión que espera a todo el que pretenda conducir un vehículo nuevo en una Europa que, cada vez con menor disimulo, revela su siniestra naturaleza de cárcel ominosa.

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lunes, 18 de mayo de 2026

UNA NACIÓN BAJO EL DIOS DE LA GUERRA



Las constantes referencias del personal político estadounidense a la religión cristiana no logran esconder su implicación en el genocidio de Gaza y en la guerra contra Irán. Se proclama que Estados Unidos es una “Nación bajo Dios”. Habría que decir más bien que Estados Unidos es una “Nación bajo el dios de la guerra”.

Después del encuentro del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio con el papa León XIV, en Roma, el Departamento de Estado anunció que las partes habían abordado «la situación en el Medio Oriente» y «el compromiso común de Estados Unidos y de la Santa Sede en favor de la promoción de la paz y la dignidad humana».

Pero el tipo de “compromiso” de Estados Unidos en la promoción de la paz en el Medio Oriente parece demostrarse con el hecho que, poco antes de reunirse con el Papa, el secretario de Estado Marco Rubio aprobó un nuevo suministro de armamento a Israel: 10 000 proyectiles de precisión fabricados en Estados Unidos por la firma británica BAE Systems.

Datos parciales sobre el periodo 2023-2025 indican que Estados Unidos suministró a Israel armamento por un monto total de 21.700 millones de dólares, armamento utilizado principalmente para continuar las agresiones militares israelíes contra Gaza, Irán y Líbano.

Al mismo tiempo, Estados Unidos gastó 12 000 millones de dólares en sus propios ataques contra Yemen e Irán. O sea, en 2 años, Estados Unidos ha dedicado a la guerra contra el Medio Oriente… 34 000 millones de dólares.

A lo anterior se agregan ahora los más de 25 000 millones de dólares que ya se han ido en la Operación Epic Fury contra Irán y que elevan a 60 000 millones de dólares la suma (aún en constante aumento) del gasto militar de Estados Unidos en su guerra en el Medio Oriente.

La implicación de Estados Unidos en la promoción de la dignidad humana en Medio Oriente también se ve en las consecuencias de las acciones militares de Israel contra la población de la franja de Gaza, con pleno apoyo militar y político estadounidense. Un informe detallado redactado en conjunto por el Banco Mundial, la Unión Europea y las Naciones Unidas resume así la situación actual en Gaza:

«Las privaciones en cuanto a alojamiento, seguridad alimentaria, salud, enseñanza y medios de subsistencia se comprueban cotidianamente y se refuerzan mutuamente. Los choques multisectoriales generan un círculo vicioso creador de hambre, enfermedades, pérdida en materia de aprendizaje, pérdida de ingresos, violencia de género y fragmentación social. El alcance y la envergadura de las privaciones vinculadas a las condiciones de vida, a los medios de subsistencia y los ingresos, a la seguridad alimentaria, a la igualdad de género y a la inclusión social han hecho retroceder el desarrollo humano en la franja de Gaza en 77 años.»

En Gaza, más de un 40% de las mujeres embarazadas o que amamantan a sus bebés presentan niveles graves de malnutrición y dos terceras partes tienen anemia. En agosto de 2025, el 65% de las mujeres asistidas en las clínicas Save the Children estaban en estado de malnutrición. De cada 5 bebés nacidos en Gaza, uno es prematuro y presenta bajo peso pero el acceso a los cuidados neonatales urgentes ha disminuido en 70%. Casi todos los niños de Gaza necesitan apoyo psicológico y psicosocial. La escalada de la agresión israelí se traduce en un número creciente de niños heridos sin familiares cercanos sobrevivientes.

En Gaza hay actualmente 728.000 niños y jóvenes en edad escolar que no van a la escuela desde hace más de 2 años y al menos 792 maestros, educadores y miembros del personal educativo han muerto bajo las bombas. La atención educativa a los niños con limitaciones está prácticamente interrumpida.

La falta de agua potable agrava la situación general, con más del 90% de los niños enfermos con una o varias afecciones simultaneas.

Un informe de la relatora especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en los territorios palestinos ocupados, la italiana Francesca Albanese, documenta que «la tortura sistemática contra los palestinos se ha convertido en parte integrante del genocidio colonial perpetrado por Israel, sirviendo de instrumento de la violencia exterminadora dirigida contra el pueblo palestino. Cuando se perpetra la tortura sobre todo un territorio, contra una población como tal, y con el apoyo de políticas que destruyen las condiciones de vida, la intención de genocidio es evidente.»

La persecución israelí también apunta contra los cristianos. El Rossing Center for Education and Dialogue, un grupo inter-religioso con sede en Jerusalén, documenta un fenómeno persistente y en plena expansión de intimidaciones, agresiones y actos de violencia perpetrados en Israel contra los cristianos y por los judíos israelíes en 2025. Ese informe describe 155 incidentes comprobados, entre agresiones físicas contra personas y ataques contra propiedades de la Iglesia. La manifestación más común consiste en escupir sobre sacerdotes o monjas, a menudo en pleno día y hasta en presencia de agentes de la policía.

A pesar de todo eso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene su apoyo a Israel en todos los frentes, pero arremete contra el Papa, acusándolo de poner en peligro a los católicos porque supuestamente «encuentra normal que Irán tenga el arma nuclear». En realidad, Irán, país firmante del Tratado de No Proliferación y por consiguiente bajo control de la ONU, no tiene armas nucleares –aun siendo uno de los 30 Estados que, al disponer de un programa nuclear civil avanzado, tendría la posibilidad de producirlas.

Sin embargo, Israel es el único país del Medio Oriente dotado de armas nucleares y, al no ser firmante del Tratado de No Proliferación, no está sujeto a ningún control internacional. Si Israel dispone hoy de un poderoso arsenal nuclear es porque, desde el primer momento, gozó de la ayuda de los Estados Unidos de América, de Francia y de otros países de la OTAN.

Estados Unidos se proclama «One Nation Under God» (“Una Nación bajo Dios”), frase que aparecerá en el Arco del Triunfo que el presidente Trump quiere construir en Washington para conmemorar el 250º aniversario de la independencia. A modo de celebración, el presidente Trump participó, desde la Casa Blanca, con 500 líderes religiosos, gubernamentales, dueños de empresas y figuras del mundo del espectáculo, en la lectura (durante una semana) de todos los versículos de la Biblia.

En su mensaje presidencial, Trump llamó todos los estadounidenses a «reconocer una vez más las extraordinarias bases bíblicas de nuestra Nación, a dar gracias por las innumerables maneras en que Dios ha sido la fuente sagrada de nuestra Unidad y de nuestra Fuerza Nacional, a redescubrir las verdades bíblicas que han animado los Estados Unidos de América durante dos siglos y medio y a rezar por que la Biblia siga guiándonos –como individuos, como pueblo y como nación– durante los próximos 250 años y más allá.»


Manlio Dinucci
(Visto en https://www.voltairenet.org/)