domingo, 10 de mayo de 2026

EL MUNDO YA ESTÁ HARTO DE ESTOS FANÁTICOS



“El [sionismo] es un movimiento mesiánico que intenta forzar el fin. No comparten los intereses estadounidenses. De hecho, es bastante evidente que les importa un bledo Estados Unidos.”
(Alastair Crooke, exdiplomático británico).

Para el estadounidense promedio, no religioso o incluso religioso pero no cristiano, que se identifica como sionista, resulta muy difícil comprender el dominio absoluto que el sionismo ejerce sobre Estados Unidos. En realidad, no ha habido nada igual en la historia mundial: una superpotencia global que se deja dominar y controlar por completo (en casi todos los niveles sociales) por una de las naciones más pequeñas, débiles e insignificantes del mundo; una nación que se encuentra lejos de la superpotencia global, que no comparte nada en común con ella e incluso la desprecia profundamente. Sin embargo, esa es precisamente la situación actual entre Estados Unidos e Israel.

Esta increíble realidad se gestó durante décadas y alcanzó su punto álgido a principios del siglo XXI con la presidencia de George W. Bush. Esta relación desequilibrada sin precedentes siguió creciendo hasta alcanzar cotas aún mayores durante las presidencias de Barack Obama y Joe Biden. Pero es la presidencia de Donald Trump la que ha convertido esta anomalía histórica en un golpe de Estado en toda regla.

Un país diminuto, débil e insignificante, del tamaño aproximado del estado de Nueva Jersey, ha obtenido el dominio absoluto sobre la última superpotencia mundial: los Estados Unidos de América. Solo las personas más desinteresadas, distraídas y ajenas a la realidad ignoran que Donald Trump es un títere de Benjamin Netanyahu, el presidente de Israel.

La guerra de Estados Unidos contra Irán se libra a instancias de Israel, y todo el mundo lo sabe. Pero lo mismo ocurría con las guerras de Estados Unidos contra Afganistán, Irak, Líbano, Siria, Libia, Somalia, Yemen, etc.

Este artículo aporta documentación que sugiere que incluso el "gran salón de baile" de Trump está diseñado para imitar el templo de Salomón.

Sin embargo, la manifiesta sumisión de Trump a los israelíes ha hecho que muchos estadounidenses sospechen del caballo de Troya que se esconde en el Despacho Oval.

El exdiplomático británico Alistair Crooke demostró gran perspicacia y comprensión en una entrevista reciente.

El historiador y erudito judío Gershom Scholem ha afirmado que la ciencia religiosa, tal como la conocemos hoy y que cuenta con el apoyo del 70% de los israelíes (una mayoría considerable), opera, como él mismo escribió hace algunos años, como un movimiento mesiánico militante, apocalíptico y radical que, según él, busca forzar el fin. ¿Y qué quiere decir con "buscar forzar el fin"? Se refiere a forzar la redención del Mesías, su llegada y la redención, exigiendo que el Estado ejerza un control territorial masivo.

Pues bien, lo reconocemos. Lo vemos. Esto es lo que se llama «Gran Israel». Este es el control territorial que Israel busca ejercer sobre los dos ríos, desde el Nilo hasta el Éufrates, y exige que el Estado se comprometa con este control territorial masivo para intentar lograr una conquista por motivos relacionados con el fin de los tiempos. Se trata del fin de los tiempos.

Mi argumento es bastante simple. Cuando preguntamos si Occidente comprende Oriente Medio, la respuesta es no, porque para los pensadores occidentales, racionales y seculares, esto resulta incomprensible. No entienden realmente de qué hablan, ni pueden comprender de qué se trata: la redención, la venida del Mesías y el cambio. Pero, al mismo tiempo, si no se comprende esto, tampoco se comprende lo que sucede en Oriente Medio, y en Israel en particular.

Los intereses de Israel son muy diferentes a los de Estados Unidos. Estados Unidos no desea, en absoluto, que se avecine un fin del mundo en Oriente Medio, ya que esto podría ser catastrófico para su economía, su reputación y su prestigio militar.

Por lo tanto, no beneficia a Estados Unidos. Son completamente diferentes. Piensan de otra manera y tienen intereses distintos a los de Estados Unidos.

Esto tiene una implicación importante, porque se ha hablado de épocas anteriores en Estados Unidos y de cómo se le decía a Israel: «Debes frenar lo que estás haciendo. No puedes seguir así en los territorios palestinos, ni en Siria, ni en el Líbano. Vamos a retomar la vieja idea de pedir moderación a Israel». Pero si se entiende lo que decía Gershom Scholem, que se trata de un movimiento mesiánico que intenta forzar el fin, ¿por qué iban a aceptar la moderación? Porque los intereses estadounidenses no son sus intereses. No comparten los intereses estadounidenses. De hecho, es bastante evidente que les importa un bledo Estados Unidos.

Trump les está haciendo el favor de forma sumamente útil, y está haciendo exactamente lo que quieren, dándoles vía libre para atacar a Irán sin motivo alguno. Pero, evidentemente, no les importa.

Además, aunque finjamos que es diferente, tampoco les importan los estados del Golfo. En la idea de una era apocalíptica inminente, ¿qué representan los estados del Golfo? No les importan en absoluto. Lo que les importa es cómo forzar el fin y exigir y obtener el control territorial para que la redención pueda llevarse a cabo.

En la época de George W. Bush, a los musulmanes de Oriente Medio se les tildaba de «extremistas religiosos», «fanáticos religiosos», etc. Y, sin duda, el islam tiene sus extremistas, sobre todo dentro de grupos militantes suníes wahabíes como el ISIS, el Estado Islámico, Al Qaeda, Al Nusra, etc. Pero los «fanáticos religiosos» más poderosos y peligrosos de la actualidad son los fanáticos cristianos y judíos dentro del sionismo.

Los sionistas cristianos y judíos se retroalimentan; ninguno existiría sin el otro. Simulan admiración y apoyo mutuo, pero en el fondo, cada uno planea destruir al otro.

Es indescriptiblemente paradójico.

Los sionistas israelíes creen y actúan movidos por una "ética" extrema de etnosupremacía. Creen sinceramente que los gentiles (los judíos no israelíes, ya que se entiende a los judíos por su raza o religión) son infrahumanos; son animales que deben ser sacrificados o utilizados como esclavos para la raza "elegida". En última instancia, esto significa que deben destruir o esclavizar a TODOS los gentiles, incluidos los sionistas cristianos de Europa y América.

Por otro lado, los sionistas cristianos creen y actúan a partir de una interpretación extremista de la doctrina escatológica tal como la enseñan los dispensacionalistas premilenaristas evangélicos como John Darby, Cyrus Scofield, Lewis Sperry Chafer, John Walvoord, Charles Ryrie, John MacArthur, Robert Jeffress, John Hagee, David Jeremiah, Greg Locke, Greg Laurie, entre otros.


Según las doctrinas escatológicas de estos extremistas religiosos, el Estado israelí, concebido en 1948, es el cumplimiento de una profecía bíblica que anuncia el fin de los tiempos y la Segunda Venida de Cristo. Creen que el Israel sionista es el pueblo «elegido» de Dios y, por lo tanto, debe recibir apoyo (especialmente militar) para obtener la «bendición» divina.

Pero aquí es donde la cosa se torna etérea. La existencia física del Estado sionista no es suficiente. Israel debe conquistar TODO el territorio que alguna vez controlaron los reyes del Antiguo Testamento, David y Salomón, antes de que Cristo pueda regresar. El eufemismo vanguardista para este territorio es "Gran Israel". Incluye grandes extensiones de tierra desde Egipto, Jordania, Siria, Irak, Arabia Saudita, hasta el sureste de Turquía. Por lo tanto, los sionistas cristianos evangélicos apoyan fanáticamente a Israel hoy en día en los intentos de conquista militar de estos países -incluido Irán, al que consideran un enemigo profético de Israel- para satisfacer su fanatismo delirante del futurismo de Scofield.

¡Pero aún hay más! Y aquí es donde la cosa se pone realmente extraña. Después de todos estos asesinatos en masa, genocidio, limpieza étnica y robo de tierras, los evangélicos sionistas cristianos creen que serán arrebatados al Cielo antes de la venida de Cristo, porque Dios no les permitirá sufrir la carnicería que está por venir. Al igual que los judíos israelíes, los sionistas cristianos creen que Dios les ha concedido un salvoconducto especial.


Verán, antes del regreso de Cristo, aparecerá en escena un líder político, identificado como «el anticristo». ¿Y qué hará? Tras instaurar una falsa paz de tres años y medio, lanzará una guerra total contra, ¿adivinen quién? Los judíos israelíes. Y en esta guerra, masacrará al menos a dos tercios de todos los judíos israelíes del mundo.

Solo entonces, según los sionistas cristianos, Cristo regresará.

¿Me siguen?

Los sionistas judíos en Israel se valen del apoyo moral y religioso de los sionistas cristianos evangélicos; utilizan el dinero, la maquinaria, las municiones, las armas de guerra, la cobertura política y la lealtad inquebrantable de los sionistas gentiles evangélicos y políticos para lograr su objetivo del "Gran Israel" (basado en la superioridad racial). Pero cuando esto se concrete y aparezca su "mesías", ¿qué sucederá? Matarán o esclavizarán a TODOS los gentiles, incluidos los sionistas cristianos, lo que implica a Robert Jeffress, John Hagee, David Jeremiah, Greg Locke, Greg Laurie, etc., quienes NO serán "arrebatados".

Alistair Crooke no bromeaba cuando dijo que a los israelíes «no les importa Estados Unidos».

Pero los sionistas cristianos evangélicos también están haciendo todo lo posible para facilitar la llegada del «Anticristo», quien cometerá el mayor genocidio de la historia contra los judíos israelíes.

Tanto los sionistas judíos como los cristianos utilizan su absurdo y fanático extremismo religioso para librar innumerables guerras contra innumerables enemigos con el fin de materializar sus fantasías de una escatología mesiánica apocalíptica.

Por eso dije que los sionistas cristianos y judíos se retroalimentan. Ninguno existiría sin el otro. Simulan admiración y apoyo mutuo, pero al final, cada uno planea destruir al otro.

Todo sería una inofensiva película de terror de Hollywood si no fuera porque se trata de un drama de la vida real que se desarrolla ante nuestros propios ojos, todo porque los cristianos evangélicos de Estados Unidos se han dejado engañar por C.I. Scofield y el Seminario Teológico de Dallas (y el resto de los seminarios y facultades bíblicas evangélicas) y han elegido a un presidente títere sionista y a un grupo de prostitutas políticas en ambos partidos (comprados y pagados por el lobby israelí) para el Congreso de los Estados Unidos.

La histeria apocalíptica mesiánica y fanática impulsa tanto al sionismo cristiano como al judío, aunque por razones distintas. La buena noticia es que millones de estadounidenses -dentro y fuera de la iglesia- han despertado a esta diabólica farsa y la están combatiendo con firmeza y contundencia.


¿Quién sabe? Quizás Dios Todopoderoso utilice la guerra sionista contra Irán para provocar el colapso de este fanatismo religioso tanto en Israel como en Estados Unidos. Sinceramente, lo espero. ¡El mundo ya está harto de estos fanáticos!

Chuck Baldwin
(Fuente: https://chuckbaldwinlive.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

LA NARRATIVA SOBRE UN "CANTAVIRUS" DE NULO POTENCIAL PANDÉMICO



La repentina atención mediática hacia el Hantavirus podría tratarse de una estrategia de miedo similar a la vivida durante la pandemia de COVID-19.

La alianza Gavi, vinculada a Bill Gates, ya planteaba en 2021 el riesgo pandémico de este virus, a pesar de que los expertos señalan que la transmisión de persona a persona es inexistente o extremadamente rara.

Estamos viendo una intención de generar pánico mediante escenarios hipotéticos para influir en la opinión pública.

Los intereses podrían estar detrás de la atención mediática y el desarrollo de vacunas contra el Hantavirus.

Intereses económicos y de poder de grandes fundaciones y empresas farmacéuticas:

La Fundación Bill y Melinda Gates, a través de su apoyo financiero y político a la alianza Gavi, tiene un papel central en la promoción de vacunas a nivel global. Gavi fue fundada con un capital inicial muy alto y sigue recibiendo miles de millones de dólares de esta fundación.

Empresas como Moderna están desarrollando vacunas de ARNm contra el Hantavirus, lo que podría ser un movimiento estratégico para mantener o aumentar su influencia y beneficios en el mercado de vacunas, especialmente si se logra generar una nueva ola de preocupación pública similar a la del COVID-19.

Generación de pánico para justificar medidas sanitarias y comerciales:

La creación de escenarios de amenaza pandémica, incluso cuando el riesgo real es bajo o inexistente, puede servir para mantener el control social, justificar políticas restrictivas o sanitarias, y fomentar la aceptación de nuevas vacunas o tratamientos.

La experiencia con la pandemia de COVID-19 mostró cómo el miedo puede ser utilizado para acelerar la aceptación de tecnologías médicas nuevas y controvertidas, como las vacunas de ARNm.

Control y manipulación de la opinión pública:

Tras la pérdida de confianza en los medios y científicos durante la crisis del COVID-19, se intenta nuevamente influir en la población mediante la difusión de información alarmista sobre el Hantavirus, aunque la evidencia científica no respalde un riesgo pandémico significativo.

Los intereses detrás de esta narrativa podrían ser una combinación de lucro económico, consolidación de poder en la industria farmacéutica y la manipulación social mediante el miedo para facilitar la aceptación de intervenciones médicas y políticas específicas.

Natalia Prego Cancelo
(https://substack.com/)

RICARDO FERRIS: "ESPAÑA ES UN NARCOESTADO"



Quien lo dice no es un opinador sin cualificación, un activista o un provocador, sino un inspector jefe de la Policía Nacional.

Los puntos que le llevan a tan contundente conclusión, expuestos en una entrevista reciente, son:

– Que España es ya el principal consumidor de drogas de toda Europa y el primer país de la UE en producción de cannábicos.

– Que en las zonas donde operan, las organizaciones criminales tienen "mejor organización, mejor logística y mejor armamento" que las fuerzas de seguridad.

(Hacer click sobre la imagen para ampliar)

– Que el dinero del narcotráfico se incluye desde hace años en el cálculo del PIB español.

– Que existen órdenes -políticas y de mandos policiales elegidos "a dedo"- que condicionan qué se investiga y a quién no se toca. Cita el caso Kitchen: un investigador declaró en sede judicial que el propio Comisario de Policía Judicial le pidió dejar fuera de la investigación a dos políticos implicados.

– Que las estadísticas oficiales de delitos se maquillan a la baja desde la propia estructura del Ministerio del Interior.

– Que las detenciones recientes de mandos policiales de máximo nivel demuestran que hay agentes colaborando con redes criminales.

Y cierra con una advertencia demoledora:

"La ciudadanía no debe confiar en el sistema en absoluto."

Lo dice quien lleva décadas trabajando dentro de él.

Lo que Ferris describe no se queda en el ámbito policial. Es la misma lógica que opera cuando Hacienda te imputa en el borrador ingresos de una empresa con la que ya no trabajabas, cuando el SEPE te liquida la prestación con días de cotización incompletos, o cuando la Seguridad Social te reconoce un grado de incapacidad por debajo del que te correspondería.

(Visto en la Red)

sábado, 9 de mayo de 2026

LA GENOCIDA GUERRA ENERGÉTICA GLOBAL DE LAS ÉLITES FINANCIERAS ANGLOSAJONAS Y LA DEMOLICIÓN MALTUSIANA DEL ORDEN MUNDIAL



En un análisis publicado por La Organización LaRouche Organization, Dave Christie ha expuesto con escalofriante claridad la naturaleza real del actual conflicto que sacude al mundo, revelando que tras la fachada de las tensiones geopolíticas se oculta una guerra energética global orquestada por las élites financieras anglosajonas. El término “Rey Tampón”, acuñado para referirse al monarca británico por su infame deseo de ser el “tampón” de Camila mientras mantenía una relación adúltera con la princesa Diana, resume la degradación moral de una institución que, lejos de ser una reliquia pintoresca, opera como el eje de un imperio financiero decidido a imponer una demolición maltusiana a escala planetaria. La visita de esta figura a Estados Unidos en la conmemoración del 250 aniversario de la independencia estadounidense, una independencia que se libró precisamente contra la Compañía Británica de las Indias Orientales y su política de hambrunas forzadas que acabaron con treinta millones de vidas en la India, constituye una ofensa directa a la memoria revolucionaria y una señal inequívoca de que la guerra energética global ha entrado en su fase más peligrosa. Mientras los medios oficiales presentan el bloqueo del estrecho de Ormuz como una maniobra de negociación de la administración Trump, la realidad que emerge de los datos es la de un colapso intencionado de las cadenas de suministro de fertilizantes, cuyo precio se ha duplicado y cuya recuperación requeriría años incluso si el conflicto cesara hoy, con sesenta millones de personas adicionales enfrentándose ya a la hambruna.

El arquitecto intelectual de esta guerra energética global no es otro que el propio Rey Tampón, quien en su intervención en la cumbre COP21 de 2021 exigió una “campaña de estilo militar masivo” para transformar radicalmente la economía global de los combustibles fósiles hacia fuentes renovables y supuestamente sostenibles, advirtiendo que esto costaría billones, no miles de millones, de dólares y requería movilizar al sector privado global con recursos que superan el PIB mundial. Como acertadamente señala el historiador Matthew Ehret, lo que el entonces príncipe Carlos estaba proponiendo no era una transición ecológica genuina, sino la continuación por otros medios de una agenda de depopulación que ha caracterizado a la aristocracia negra británica durante siglos. La guerra energética global no es un efecto colateral de las tensiones geopolíticas, sino el objetivo mismo: colapsar la economía física para consolidar el poder de Wall Street y la City de Londres sobre los restos de un mundo desindustrializado y hambriento. La evidencia es abrumadora: desde la destrucciónn del gasoducto Nordstream, ejecutada casi con certeza por las fuerzas especiales británicas en coordinación con la CIA, hasta la oleada sincronizada de incendios en refinerías de petróleo que han afectado a India, Indonesia, México, Australia, Irán, Rumanía, Hungría, Kuwait y Texas desde el inicio de las hostilidades contra Irán, pasando por el cierre de la refinería de Grangemouth en Escocia por razones ideológicas. Más de cincuenta refinerías han sido destruidas o incapacitadas en lo que solo puede describirse como una operación de control de daños orquestada desde las alturas del poder global.

La genealogía de esta guerra energética global se remonta a las figuras siniestras del príncipe Felipe y el príncipe Bernardo de los Países Bajos, un antiguo oficial nazi, quienes fundaron el World Wildlife Fund en 1961 como caballo de Troya de una ideología maltusiana que consideraba a la humanidad como un virus canceroso que debía ser erradicado de la faz de la Tierra. El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel, declaró explícitamente su deseo de reencarnarse como un virus mortal para reducir la población humana, y junto a Bernardo, un cardenal del nazismo internacional, crearon la infraestructura ideológica que hoy se disfraza de ambientalismo. Como documenta Dennis Small, analista central del movimiento LaRouche y el Instituto Schiller, los verdaderos herederos de esta tradición son los tecnócratas de Palantir y el complejo ESG, que pretenden sustituir la economía física basada en la producción de acero, energía y alimentos por un mundo de derivados financieros y burbujas especulativas que ya suman dos mil cuatrocientos billones de dólares, una cifra tan astronómica que resulta literalmente impagable. La guerra energética global es la expresión violenta de una crisis terminal del sistema financiero occidental, que necesita destruir la economía real para justificar la existencia de su castillo de naipes especulativo.

Esta guerra energética global se sitúa así mismo en el contexto más amplio de una transición civilizatoria que enfrenta a tres facciones del poder occidental oculto, que, aunque tienen objetivos distintos, se relacionan entre sí como círculos de Euler: Por un lado, los tecnocrátas estadounidenses encarnados por Palantir y su manifiesto de la república tecnológica, que propone la fusión entre el Estado y las corporaciones tecnológicas bajo el mando de la inteligencia artificial como instrumento de guerra permanente y control total de la población. Por otro lado, el proyecto cabalista de Londres, que actúa mediante la gestión del caos, los equilibrios y el control de los nodos críticos del sistema energético mundial, así como los grupos internacionales ligados al Vaticano, que se metamorfosean en direcciones múltiples para modular la tensión entre los distintos actores. Y finalmente, el proyecto continental euroasiático liderado por China, Rusia y los países del Sur Global, que operan en ciclos de décadas y buscan un nuevo orden basado en la cooperación para el desarrollo, la energía nuclear avanzada y el respeto a las soberanías nacionales. La guerra energética global no es un conflicto más, sino la colisión violenta de estas cosmovisiones, donde el primer proyecto utiliza el segundo y tercero como arietes para destruir al último, mientras la población mundial es tratada como mera carne de cañón o, peor aún, como excedente demográfico a eliminar.


La evidencia de que estamos ante una demolición maltusiana deliberada, y no ante una crisis accidental, se multiplica cada día. El estrecho de Ormuz no solo canaliza el veinte por ciento del petróleo mundial, sino también entre una cuarta parte y un tercio de los fertilizantes globales, cuyo encarecimiento y escasez ya ha desencadenado procesos inflacionarios que golpean primero a los más vulnerables del Sur Global. Pero más allá de las proporciones inmediatas, lo que está en juego es la propia posibilidad de una economía física compleja. Como explica Dennis Small recurriendo a la triple curva de Lyndon LaRouche, los agregados financieros crecen exponencialmente mientras la economía física se desploma, y la única manera de mantener la burbuja es mediante el gasto militar creciente que hoy ya consume el treinta y seis por ciento del presupuesto federal estadounidense, con proyecciones de alcanzar el billón y medio de dólares anuales en gasto militar para 2027. No son las guerras las que generan el gasto militar, sino el gasto militar y los pagos de intereses de una deuda astronómica los que generan las guerras, en un circuito perverso que convierte al Pentágono y a Wall Street en socios inseparables de la muerte. La guerra energética global es el mecanismo mediante el cual este sistema caníbal se devora a sí mismo, destruyendo las bases materiales de la vida para mantener intactas las ganancias financieras de una oligarquía que ya no produce nada, solo especula y mata.

El discurso del entonces Príncipe Carlos en la COP21, convenientemente olvidado por los medios, revela la verdadera naturaleza de este plan: la “transición fundamental” no es hacia una economía verde viable, un imposible técnico dado que ni los aerogeneradores ni los paneles solares pueden producir acero, cemento, fertilizantes o combustible para aviones, sino hacia un colapso controlado que permita a la City de Londres y a Wall Street apropiarse de los activos reales que queden en pie. Cuando los países africanos, India, Rusia y China rechazaron este dictamen imperial como “colonialismo por otro nombre”, la respuesta fue la guerra energética global: la destrucción de oleoductos, los incendios sincronizados de refinerías, el cierre del estrecho de Ormuz y el empuje hacia una confrontación directa con Irán y, tras él, con Rusia y China. La locura de la administración Trump, que algunos atribuyen a una combinación de narcisismo, demencia senil y lo que los psicólogos llaman la tríada oscura, no es sino el instrumento consciente o inconsciente de un plan que trasciende a cualquier presidente individual. La creación del Commonwealth americano, esa propuesta que Trump recibió con entusiasmo infantil diciendo “me suena bien”, representa la traición definitiva a la herencia revolucionaria de 1776 y la sumisión voluntaria de Estados Unidos al imperio que sus fundadores juraron destruir.


Frente a esta guerra energética global y al proyecto de demolición maltusiana que la anima, la única esperanza reside en la movilización política masiva para cortar los fondos al conflicto, tal como el Congreso estadounidense logró hacer durante la guerra de Vietnam, forzando a Richard Nixon a detener las hostilidades pese a su veto presidencial. Organizaciones como el Instituto Schiller, dirigido por Helga Zepp-LaRouche, y movimientos como la Coalición Internacional por la Paz están presionando a los representantes y senadores estadounidenses con cartas de ciudadanos de todo el mundo, incluyendo decenas de misivas desde América Latina traducidas al inglés y entregadas en el Capitolio. El testimonio de ciento cincuenta veteranos de las guerras de Irak y Afganistán protestando en silencio en la rotonda del edificio Cannon, sesenta de los cuales fueron detenidos por su acto de conciencia, demuestra que existe una corriente dispuesta a recuperar el espíritu anticolonial de la independencia estadounidense. Pero el conflicto real no se decide únicamente en el plano de las instituciones o las tecnologías, sino en el plano del significado, en la capacidad de las sociedades para dotar de sentido a su existencia más allá del consumo y la especulación, pues la inteligencia artificial sin humanismo, la acumulación sin sentido, solo pueden conducir a la barbarie.


Como recuerda Dennis Small, el economista jefe de la FAO advirtió que tres meses de bloqueo del estrecho de Ormuz generarían cambios en cadena irreversibles para la economía física mundial, y ya hemos superado ese umbral. La economía física es un todo viviente, no una suma de partes independientes: cortar el veinte por ciento de su flujo energético no deja intacto el ochenta por ciento restante, sino que provoca un colapso sistémico, como extraer el corazón de un cuerpo so pretexto de que pesa menos del uno por ciento del total.

En este contexto de guerra energética global y demolición maltusiana, las propuestas de Palantir y su fundador Alex Karp adquieren una dimensión verdaderamente siniestra. Su manifiesto tecnocrático exige la militarización de la inteligencia artificial, el servicio militar obligatorio en todas las naciones occidentales, el rearme de Alemania y Japón, y la tolerancia cero con lo que llaman “psicologización de la política”, es decir, con cualquier consideración ética que interfiera con la lógica de la guerra permanente. Pero como señala Estulin, la inteligencia artificial no puede reemplazar la chispa divina del ser humano, esa capacidad de intuición y creatividad que escapa a cualquier algoritmo. Los errores grotescos de los sistemas de IA, que inventan precedentes legales inexistentes o confunden blancos militares con civiles, demuestran que entregar el poder de decisión sobre la vida y la muerte a máquinas es una receta para el desastre.

La historia reciente está llena de incidentes en los que oficiales humanos, desobedeciendo las alarmas automáticas de los sistemas de detección nuclear, evitaron una guerra termonuclear al confiar en su juicio frente al error de las máquinas. Eliminar ese juicio humano en nombre de la eficiencia tecnológica no es progreso, sino la abolición de la humanidad misma. La guerra energética global no puede ser combatida con más tecnología ni con más guerra, sino con política, con movilización ciudadana, con la recuperación de los principios del derecho internacional y con la construcción de un nuevo orden basado en la cooperación para el desarrollo, como propuso John F. Kennedy antes de ser asesinado por las mismas redes que hoy impulsan esta catástrofe.

El momento que vivimos no es el fin del mundo, sino el fin de un mundo: aquel que nació hace doscientos cincuenta años con la Revolución Industrial y el capitalismo liberal, y que ahora agoniza bajo el peso de sus propias contradicciones. La guerra energética global es el parto violento de una nueva civilización, pero como toda violencia obstétrica, puede matar al recién nacido si no se ejerce con cuidado. La alternativa no es entre dos sistemas económicos, sino entre dos concepciones del ser humano: como excedente desechable en un planeta sobrepoblado o como portador de una chispa infinita capaz de trascender cualquier límite mediante la creatividad y la cooperación. Como cantó Percy Shelley en su poema La máscara de la anarquía, “levantaos como leones del letargo en número invencible, sacudíos las cadenas como rocío que en sueños cayó sobre vosotros”. La guerra energética global que nos ha sido impuesta desde las alturas de la aristocracia negra y los tecnócratas de Silicon Valley no es invencible, porque sus ejecutores son pocos y frágiles, atrapados en su propia burbuja financiera y su demencia moral.


La tarea de los patriotas estadounidenses, en este 250 aniversario de la Declaración de Independencia, es recordar que la revolución de 1776 fue una inspiración para todos los pueblos del planeta que deseaban liberarse del yugo imperial británico, y que hoy esa misma lucha debe ser retomada no contra un rey loco, sino contra un sistema financiero global que ha convertido la guerra energética y la demolición maltusiana en su principal herramienta de dominación. La diferencia es que hoy contamos con nuevos aliados: las naciones emergentes de la mayoría global, los movimientos sociales que resisten el colonialismo verde, y una ciudadanía cada vez más consciente de que el verdadero eje del mal no se encuentra en Teherán ni en Moscú, sino en los despachos acristalados de la City de Londres y en los pasillos del poder de Wall Street. La guerra energética global puede ser detenida, pero solo si actuamos ahora, con la urgencia que exige una crisis que ya ha comenzado a cobrar sus primeras víctimas por hambruna, y con la determinación de quienes saben que el infinito habita en el corazón humano y que ningún algoritmo ni ningún imperio puede apagar esa llama sin antes destruirse a sí mismo.


Noticia de hoy mismo que abunda en las "casualidades" a que se
refiere la entrada: la refinería de Chalmette, que procesa cerca
de 189.000 barriles al día, sufre una detonación "por causas 
desconocidas".

José Luis Preciado
(Visto en https://mentealternativa.com/)

LA "IGUALDAD" DE UNOS MEDIOS CORROMPIDOS HASTA LA MÉDULA



Imaginad que un hombre asesina a su hijo porque un juez entrega la custodia a la madre. Llevaríamos días escuchando palabras como monstruo, patriarcado, violencia estructural y terrorismo machista.

Ahora escuchemos atentamente qué se nos dice cuando el caso es el contrario: una mujer mata con barbitúricos a su hija de seis años porque la custodia iba a ser para el padre. En este caso los términos son “suicidio ampliado” y “homicidio por compasión”.


El crimen se maquilla lingüísticamente hasta convertirlo casi en una tragedia romántica. Porque hoy no importa lo que ocurre. Importa qué encaja mejor en el relato oficial. Y ese relato convierte cada crimen que comete la Medea de turno en algo de lo que se la exculpará con los más peregrinos argumentos. La mujer es un ser de luz, capaz de asesinar con saña, pero no con maldad. Las mujeres no asesinan, "suicidan" a otros con maternal desvelo.

¿Lo entiende el lector? Acabar con la vida de una criatura inocente es aberrante si lo hace un varón, pero disculpable y casi caritativo si lo hace una mujer.

Hay que ser rastrero y miserable para justificar este crimen.

(Fuente: https://t.me/cristinamartinjimenezescritora/)

LA O.M.S. RECONOCE EL "CANTAVIRUS" COMO UNO DE LOS POSIBLES EFECTOS DE LA "VACUNA" COVID


La IA reconoce la verdad de lo que los medios oficialistas están
tildando unánimemente de "fake new". Usted mismo puede com-
probar en https://vigiaccess.org que los informativos -que le han
 dicho son la fuente de la que debe fiarse- le están mintiendo a la
cara con un cinismo que tira de espaldas.

Resulta que el hantavirus es un efecto secundario de la "vacuna" contra el COVID-19.

Además de debilitar el sistema inmunitario hasta el punto de hacer susceptible a muchas infecciones virales, es posible que el hantavirus esté presente en la propia "vacuna" contra la COVID-19, y por eso GAVI predijo la nueva pandemia ya en 2021, cuando se lanzó la "vacuna" contra el COVID-19.


Esto no sería algo sin precedentes, ya que otras "vacunas", incluida la "vacuna" contra la polio, contenían el virus SV40, el virus cancerígeno de los monos, y también se encontraron secuencias de este virus en la "vacuna" contra el COVID-19.



Han pasado cinco años de la inoculación de la pócima, y ahora aparece algo que, curiosamente, estaba entre las previsiones del fabricante, como consta en esos documentos que quería mantener secretos durante 75 años y que un juez obligó a publicar en respuesta a una petición hecha al amparo de la ley de libertad de información. Pregúntese el lector qué edad tendrán los afectados del crucero y -lo que no nos dirán los medios- si recibieron la "vacuna" o no, y ate cabos.

O no, mejor no haga caso a estas revelaciones, que son cosa de desinformadores antisistema, conspiranoicos y otras gentes inadaptadas a nuestra maravillosa sociedad del bienestar, el pleno empleo y la cancelación definitiva de la guerra, la explotación económica y la inseguridad en las calles. ¿Quién iba a propagar una enfermedad -real o imaginaria- para enriquecerse vendiendo el -supuesto- remedio?

Nadie es tan desaprensivo, ¿verdad?

(posesodegerasa)

CUANDO NO SE CONOCE LA CAUSA, DIGA QUE ES UN NUEVO VIRUS



En 1950, durante la guerra de Corea, un par de soldados norteamericanos, apostados en la orilla del Rio Han, en Seúl, enfermaron. Fiebre, tos, ciertas dificultades respiratorias, ... algo común en la guerra: mala alimentación, stress, frío, proliferación de ratas y ratones.

Los médicos elaboraron la teoría de que enfermaron por respirar las heces de los roedores, y, para ganar fama, dijeron que podia un nuevo tipo de virus, al que llamaron Hanta.

Por supuesto que nadie nunca lo vió ni probó su existencia.

Antes de seguir, le debe quedar claro a todo el mundo que los tiempos de la naturaleza no son los nuestros. A modo de ejemplo: los murciélagos aparecieron hace 52 millones de años, y les llevó 20 millones de años evolucionar la ecolocalización.

Ningún humano vió ni verá un insecto nuevo, muchos menos un mamífero, ni siquiera una bacteria.

Un "virus" no puede evolucionar, simplemente porque no es un ser vivo. Y no es esa pelota con mangueras chuponas que les hicieron creer, si existe, es una frágil cadena de ARN o ADN, diez mil veces más pequeña que una molecula de aire. No circula, no "da vueltas", no podria sobrevivir al aire libre. No hay "cepas nuevas" con cada temporada de Netflix.

Ahora, de los creadores de la plandemia, del quedate en casa y de los bozales, surgió El Chantavirus.

Comienza con un gaucho patagónico enfermo con Chatavirus, o sea fiebre, tos, malestar general. Mi abuela lo llamaba gripe, los covidiotas, cobicho.

Luego hace su aparición El Barco. Solos en la inmensidad del mar los pasajeros luchan contra la enfermedad. Un Youtuber con cuatro millones de seguidores trasmite la angustia escondido en el baño.

Un pasajero bajó. Los Miedos de cominicación a full.

No hay ratones colilargos en el barco, ni un hamster llevan. Pero los libretistas se ganan el sueldo, el chantavirus mutó, se saltó 50 millones de años en tres días. Ahora se transmite el el aire.

Algunos creen que se vienen nuevos encierros y pinchazos. Ah, dice Pfizer que ya tiene la vacuna, patentada el año pasado.

No lo creo, no pueden organizar otro encierro mientras dure la guerra en Ucrania. No pueden contar con Putin y Rusia como la vez pasada, ya no es el niño mimado de Europa. China tiene otros problemas. Trump les es impredecible, Kennedy está en salud y mucha gente se va enterando de qué va la película. No están dada las condiciones.


La prueba concluyente de que hay animales ajenos a toda evolución

Es un globo de ensayo, se mide el miedo, se analizan estrategias, se programa la IA, no hay un solo Me gusta,Me entristece, Me divierte que no sea analizado por supercomputadoras.

Cuando vengan de verdad todos nosotros vamos a estar bloqueados en internet minutos antes.

Pero cada persona puede volver a ser dueña de sus pensamientos. Puede elegir el heroismo antes que la cobardía. Dudar en vez de creer. Plantar cara en vez de cubrirla con un bozal.

Esta vez no van a ganar.

Horacio Rivara