miércoles, 15 de abril de 2026

LA BOMBA "INVENCIBLE" DE EE.UU. AHORA ESTÁ EN MANOS DE IRÁN: ADIÓS, SUPERIORIDAD TECNOLÓGICA



La Guardia Revolucionaria iraní anunció que tiene en su poder una GBU-39 intacta. La encontraron en la provincia de Lorestán, al oeste de Irán. No explotó. Y ahora la están diseccionando en un laboratorio militar.

La GBU-39 no es una bomba cualquiera. Es el arma de precisión favorita de Israel en Gaza y Líbano . Pesa 113 kilos, usa guía GPS con anti-interferencias, y su cuerpo compuesto la hace difícil de detectar. Se considera "invencible" porque puede atravesar más de un metro de hormigón armado antes de explotar. El problema es que cuando NO explota, se convierte en el mejor regalo que un enemigo puede recibir.

La ironía es tan monstruosa que duele. El mismo Pentágono que vende estas bombas como "indetectables" y "antibloqueo" ahora tiene que asumir que una cayó entera en manos de su principal enemigo regional. Es como si le regalaras a tu adversario el manual de instrucciones de tu arma secreta envuelto en papel de regalo. Los ingenieros iraníes ya están haciendo ingeniería inversa. En semanas, sabrán cómo funciona. En meses, sabrán cómo contrarrestarla.

El historial de Irán en esto es impecable. En 2011, derribaron un drone RQ-170 de la CIA y lo replicaron. Ahora tienen la GBU-39. La más pequeña, la más versátil, la que se puede adaptar a sistemas propios. Los especialistas iraníes la "neutralizaron sin daños" , lo que significa que los circuitos, el sistema de guía y los materiales están intactos para su estudio.

Cuando el arma más avanzada del imperio termina en el banco de trabajo de sus enemigos... ¿quién va a tener la ventaja en la próxima guerra? Porque la tecnología no se pierde. Se copia. Y los que la copian, aprenden a destruirla.

(Fuente: AMBOS DOS noticias)

SOLO IMAGINA QUE...



Imagínese una población con un lavado de cerebro tan grande que podría convencerlos de que estén aterrorizados por un virus que nunca han visto mientras los rocían diariamente a plena luz del día en el cielo, solo para que nieguen que les está sucediendo porque nadie en la televisión les dijo que era así. Gente que cree antes a los medios que a sus propios ojos, y que desdeña los numerosos canales de información alternativos que podrían abrir su mente:

- Inyección de aerosol estratosférico

- Las patentes demuestran que esta tecnología de modificación del clima se conoce y se domina desde hace mucho tiempo.

- Guerra biológica: enfermedades infecciosas y bioterrorismo ejercidos mediante la pulverización de agentes en aerosol.

- Patente para incluir aerosoles en los combustibles de los aviones y provocar “chemtrails“


- Muchos 'virus' (parásitos intracelulares) mutados puede ir "empaquetados" en nanopartículas y ser dispersados en la atmósfera.

Vivimos en la era del no querer saber, que es la peor ignorancia que existe.

(https://t.me/guerrerosestoicos/)

EL "BLOQUEO" DE TRUMP NO PARECE SURTIR NINGÚN EFECTO



Mientras en los televisores de Estados Unidos se vende la imagen de un "bloqueo total" y "mano dura" contra Irán, la realidad en el radar satelital es humillante para Washington.

El Estrecho de Ormuz no está cerrado; está lleno de barcos de potencias que simplemente han decidido ignorar las amenazas de Donald Trump.

El bloqueo naval es un teatro político.

Trump lanza amenazas incendiarias en sus mítines para que sus seguidores crean que el mundo tiembla ante él, pero los capitanes de estos barcos saben la verdad: Estados Unidos no va a iniciar la Tercera Guerra Mundial por un carguero de metanol.

El "bloqueo" es un colador. Los aliados (EAU, Omán) siguen haciendo negocios, los enemigos (Irán, Rusia) siguen moviendo crudo, y las potencias (China, Francia) simplemente circulan por el estrecho ocupándose de lo suyo.

El Estrecho de Ormuz sigue funcionando, la economía iraní sigue respirando y el único que vive en un bloqueo total es el ciudadano estadounidense que se cree el cuento de la "mano dura" que lanza un presidente desconectado de la realidad, y cuya credibilidad cotiza cada día más a la baja.

Entretanto, el portaaviones USS George H.W. Bush que navega hacia Ormuz para reforzar el bloqueo de chichinabo decretado por Trump se encuentra circunnavegando África para evitar ser blanco de los misiles de los hutíes en el Mar Rojo. Otros buques norteamericanos fueron objetos de ataques en el estrecho de Bab al-Mandeb en el pasado, por lo que la ruta del Canal de Suez no es considerada segura. Yemen, el país más pobre de la región, tiene la geografía a su favor para amenazar a la marina más poderosa del mundo.


Humberto Valencia

martes, 14 de abril de 2026

LA GUERRA SUBTERRÁNEA: ISRAEL COMBATE CON MERCENARIOS PAGADOS POR EEUU



El conflicto que estalló el 28 de febrero de 2026 no es una guerra convencional entre Estados y ejércitos regulares. Es una guerra híbrida donde la línea entre soldados, espías y asesinos a sueldo se ha disuelto por completo. Y en esa niebla, hay un hecho que los comunicados oficiales omiten sistemáticamente: Israel está utilizando la ayuda militar estadounidense para contratar mercenarios, batallones especializados en guerra sucia que operan tanto dentro del territorio iraní como en los frentes secundarios del conflicto.

No es una novedad. Estados Unidos ya empleó este modelo en Ucrania, donde empresas militares privadas estadounidenses y de la OTAN supervisaron el reclutamiento y pago de decenas de miles de mercenarios extranjeros. Y Rusia, por su parte, ha utilizado al Grupo Wagner como su brazo armado irregular en África y Ucrania. Lo que estamos presenciando es la consolidación de un modelo de guerra delegada donde los Estados subcontratan la violencia a actores privados, eludiendo así el control democrático y las limitaciones legales.

La información es fragmentaria, porque la censura militar israelí actúa con ferocidad. Pero las filtraciones que han logrado abrirse paso a través de canales no convencionales -RT, HispanTV, Al Jazeera, Press TV- dibujan un panorama coherente.

El Ministerio de Inteligencia iraní ha anunciado en múltiples ocasiones la captura de mercenarios contratados por el «enemigo estadounidense-sionista». El 19 de marzo de 2026, informó de la detención de 97 «soldados de Israel» en todo el territorio iraní, integrantes de redes preparadas para desencadenar disturbios callejeros y actos violentos en los días previos al fin del año iraní. Las autoridades confiscaron 45 armas de fuego y munición, así como un gran alijo de armas blancas, desmantelando por completo la red. Una semana después, el 26 de marzo, anunció la captura de otros 14 mercenarios en las provincias de Kermanshah, Alborz, Fars y Kermán. Estos individuos estaban recopilando información sobre centros militares, fotografiando zonas sensibles y enviando coordenadas de refinerías iraníes para ser bombardeadas por la coalición. Entre el material incautado figuraban tres terminales Starlink de comunicaciones por satélite, así como detonadores, explosivos artesanales y un arma de fuego.

El modus operandi es el de la guerra híbrida clásica: activar agentes dormidos dentro del territorio enemigo, combinados con ataques externos, para desestabilizar desde dentro mientras se golpea desde fuera. Es exactamente el mismo modelo que Estados Unidos empleó en Siria, donde el exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, admitió en marzo de 2026 que el Pentágono recurrió a grupos mercenarios salafistas como Al Qaeda e ISIS para erosionar gobiernos en Oriente Medio. «La guerra sucia en Siria la hicimos porque Assad era amigo de Irán, estaba ayudando a Hezbolá y Hamás desde Siria, para derrocarlo usamos a los sunitas más radicales, fundamentalmente a Al Qaeda e ISIS», declaró Kent. La misma lógica se aplica ahora contra Irán.

El paralelismo con Ucrania es inevitable. Ucrania no solo ha servido como campo de pruebas para nuevas tácticas, sino que ha actuado como un gigantesco centro de reclutamiento para mercenarios. Según informes publicados por medios especializados, cerca de 30.000 combatientes extranjeros se han integrado en las Fuerzas Armadas ucranianas bajo el control de empresas militares privadas de Estados Unidos y la OTAN. El reclutamiento se realiza a través de empresas de seguridad privadas que operan desde Polonia y España, con supervisión directa de la Alianza. Todo el sistema de pago se estructura a través de intermediarios para ocultar el flujo financiero real.

El diputado ucraniano Artiom Dmitruk ha llegado a declarar que Ucrania «no es un Estado, sino una empresa militar privada», donde los jóvenes no son educados como ciudadanos sino como mercenarios. «Lo importante es saber empuñar una ametralladora y odiar», afirmó. La descomposición del Estado ucraniano ha sido tan profunda que sus propias instituciones reconocen abiertamente su transformación en un apéndice bélico de Washington.

Los mismos mercenarios que lucharon en Ucrania están ahora siendo redirigidos a Oriente Medio. Es el mismo circuito: soldados de fortuna colombianos, estadounidenses, europeos del Este, entrenados por la OTAN, financiados con dinero estadounidense, y puestos a disposición de los intereses geopolíticos de Washington y sus aliados. El Grupo Wagner ruso, por su parte, ha actuado como la contraparte en el otro bando, extendiendo la influencia de Moscú en África y Ucrania a costa de miles de vidas de convictos indultados.

La presencia de mercenarios no se limita a Irán. El Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos documentó en junio de 2025 cómo las fuerzas israelíes desplegaron mercenarios extranjeros de una empresa de seguridad estadounidense para supervisar puntos de distribución de ayuda humanitaria en Rafah. Uno de estos mercenarios fue filmado disparando directamente contra un civil, causándole la muerte. Según el informe, estos mercenarios participan directamente en operaciones de combate y reciben orientación operativa del ejército israelí, lo que los convierte en combatientes ilegales según las Convenciones de Ginebra.

Un mercenario español entrevistado por El Mundo y recogido por HispanTV reveló que el régimen israelí está reclutando Compañías Militares Privadas para lograr sus intereses en Gaza. «Pagan muy bien», declaró, «3.900 euros por semana, sin incluir las misiones complementarias». Confirmó que muchos grupos de mercenarios se han unido al ejército israelí, encargándose de la seguridad de los puestos de control y del control de acceso en las fronteras de Gaza y Jordania. Las imágenes publicadas por una importante empresa militar privada estadounidense, el Grupo de Observaciones Avanzadas (FOG), muestran a sus reclutas en Palestina, uniformados con la bandera estadounidense y armados hasta los dientes. La misma empresa había operado anteriormente en Ucrania, apoyando a las fuerzas ucranianas en su guerra contra Rusia.

El hilo que conecta todas estas piezas es la ayuda militar estadounidense. El presupuesto militar israelí para 2025 alcanzó los 34.000 millones de dólares, casi un 7% de su PIB, su nivel más alto desde la guerra entre Irán e Irak. Una parte sustancial de esa financiación proviene de Washington, que ha incrementado sus transferencias militares a Israel en los últimos años. Esa ayuda no solo financia la compra de armamento estadounidense -cazas F-35, misiles, sistemas de defensa- sino también la contratación de empresas militares privadas estadounidenses que operan en la sombra.


El mecanismo es opaco por diseño. Los fondos se canalizan a través de intermediarios, empresas pantalla, contratos clasificados. El Pentágono puede negar cualquier implicación directa. Pero la realidad es que los mercenarios estadounidenses que supervisan los puntos de ayuda en Gaza, que entrenan a las fuerzas israelíes, que recopilan inteligencia en Irán, están siendo pagados, en última instancia, con dinero de los contribuyentes estadounidenses.

La declaración de un exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, añade una capa adicional de cinismo: la «guerra sucia» contra Irán no es un accidente ni una respuesta a una provocación. Es una estrategia deliberada, diseñada para erosionar al régimen iraní utilizando a los radicales sunitas como ariete, al tiempo que se presenta la operación como una defensa de la civilización occidental contra el terrorismo chií. Es la misma lógica que llevó a Washington a armar a los muyahidines afganos contra la Unión Soviética, creando, sin quererlo, a Al Qaeda. La historia se repite.

El uso masivo de mercenarios por parte de Israel, financiado con dinero estadounidense, no es una anomalía. Es la consolidación de un modelo de guerra delegada que Estados Unidos ha perfeccionado durante décadas y que ahora exporta a sus aliados. La ventaja para Washington es evidente: puede librar guerras sin poner en riesgo a sus propios soldados, sin someter las operaciones al escrutinio del Congreso, y sin tener que explicar a la opinión pública las bajas. Los mercenarios mueren, pero no aparecen en los recuentos oficiales. Sus familias no reciben cartas del Pentágono. Sus cuerpos no son repatriados con honores.

La desventaja es que este modelo de guerra erosiona la legitimidad de los Estados, desdibuja la línea entre combatientes legales e ilegales, y crea un ejército de mercenarios que, una vez entrenados y armados, pueden ser utilizados por cualquier postor. Los colombianos que lucharon en Ucrania ahora pueden estar luchando en Gaza o en Irán. Los estadounidenses que operaban para empresas militares privadas en Afganistán ahora están en el Golfo. La guerra se ha convertido en un negocio global, y los mercenarios son sus trabajadores más flexibles.

El ciclo se retroalimenta. Cuanto más se prolonga el conflicto, más mercenarios se necesitan. Cuantos más mercenarios se despliegan, más se prolonga el conflicto. Y en el centro de todo, el dinero estadounidense sigue fluyendo, alimentando una industria de la guerra que ningún tratado internacional puede regular.

EL SEXTANTE
(Fuente: https://acratasnet.wordpress.com/)

LA VERDAD SIN DISFRACES


DESENMASCARANDO EL PERVERSO NEGOCIO DE LAS ARMAS


lunes, 13 de abril de 2026

CRÓNICA DE UN DESENCUENTRO ANUNCIADO



Estados Unidos e Irán han declarado ambos que las negociaciones celebradas este fin de semana bajo el patrocinio de Pakistán han fracasado. Cada lado ahora sigue su propio camino.

Ambos descartan la necesidad inmediata de otra ronda de conversaciones, ya que no serviría a ningún propósito real.

En verdad, nunca hubo una "negociación" genuina. Ambos lados simplemente hicieron una pausa para intercambiar sus respectivas condiciones: para que la contraparte las viera, para sus propias audiencias domésticas, como cortesía hacia los mediadores y para que el mundo fuera testigo. "Miren, hicimos un esfuerzo por desescalar y perseguir un acuerdo. No somos nosotros los que están destruyendo la paz".


La última ocurrencia anunciada por Trump: su armada detendrá a
 los buques que Irán deje pasar por Ormuz. Como no consigue des-
bloquear el Estrecho, ha decidido que el bloqueo sea total. O to-
dos tirios, o todos troyanos. La cosa da para chiste.
Pero no pudieron llegar a un entendimiento, porque simplemente no había ningún punto de encuentro entre sus posiciones.

Los temas centrales incluían el Estrecho de Ormuz (un nuevo problema que surgió durante esta guerra) y Líbano (un viejo problema que se desarrolló en paralelo con el conflicto).

Por supuesto, todos los demás temas de larga data también estaban sobre la mesa: las capacidades de enriquecimiento de uranio de Irán, el levantamiento de sanciones, etc.

El planteamiento de Irán es claro: a través de esta guerra, busca obtener los derechos y capacidades al que cualquier estado soberano aspira, incluida la soberanía nuclear. Y el levantamiento de sanciones está destinado a permitir que Irán se reintegre a la economía mundial.

Estados Unidos, sin embargo, no está dispuesto a conceder estas reivindicaciones. Ni en el Estrecho de Ormuz, ni en la retirada del Medio Oriente, ni en un alto el fuego en Líbano, y ciertamente no en otorgar a Irán las capacidades plenas de un estado soberano. Para Washington, conceder tales capacidades equivaldría a admitir la derrota.

Esto nunca fue una negociación equitativa. No se trataba del desequilibrio de poder, sino de condiciones fundamentalmente incompatibles.

Un lado (EE.UU.) quiere mantener el estatus humillante y subordinado del otro, manteniéndolo clavado en el suelo.

El otro lado (Irán) ve esta guerra como el momento para finalmente levantarse.

Como contexto, Netanyahu continúa presionando internamente por una guerra adicional contra Irán y bombardeos a gran escala en Líbano. Para Israel, el único objetivo es sabotear las negociaciones.

Aunque Israel no está en la mesa de negociaciones, a través de años de influencia ya ha preestablecido las "líneas rojas" de Estados Unidos, como la prohibición del enriquecimiento de uranio (no armas nucleares, sino el enriquecimiento en sí mismo). Nadie en el equipo negociador de EE.UU. está en posición de retroceder en estas líneas rojas o de encontrarse a mitad de camino con Irán.

Cuando estableces metas que el otro lado nunca puede aceptar, las negociaciones están condenadas al fracaso.

Esta lógica se aplica tanto a Estados Unidos como a Irán.

Y este es precisamente el guion que Israel ha trazado.

Tanto Washington como Teherán acudían a Islamabad predispuestos a abandonar la mesa, ansiosos por mostrar al mundo que eran capaces de hacerlo. Al partir de una postura de absoluta inflexibilidad, "demuestran" su capacidad, resolución, resiliencia, poder de negociación y fuerza, como si la demostración de tozudez revistiera de dignidad su postura en lo que, a la postre, ha sido un diálogo de sordos.

Como dice el refrán, se han encerrados en un duelo de voluntades.

¿Qué pasa ahora? La lección del campo de batalla Rusia-Ucrania es clara: los términos de la paz no se negocian en la mesa; se deciden en el campo de batalla. Si las conversaciones han fracasado, simplemente significa que la lucha aún no ha sido suficiente.

Para Estados Unidos, esta es una guerra convencional: debe ganar, o pierde. Para Irán, esta es una guerra económica asimétrica: mientras no pierda, gana.

Y el mundo entero ya ha sido arrastrado al conflicto de una forma u otra. Una "guerra mundial" ya está en marcha: excepto para los países que no luchan directamente, se manifiesta -por ahora- como una brutal guerra económica.

(Chairman Rabbit)