viernes, 25 de septiembre de 2026

LA SOCIEDAD ANESTESIADA: DISTRACCIÓN, FRAGMENTACIÓN Y CONTROL SOCIAL



El problema de nuestra época no puede resumirse solamente en una supuesta disminución de la inteligencia. La sociedad contemporánea conserva enormes capacidades cognitivas, técnicas y profesionales. Millones de personas dominan procedimientos complejos, operan tecnologías sofisticadas, administran recursos y resuelven dificultades cotidianas. Sin embargo, esas mismas personas emplean cada vez menos esas capacidades para comprender el mundo en el que viven, establecer relaciones causales, jerarquizar información y actuar según consecuencias de largo plazo. La degradación actual es funcional porque afecta la atención, la memoria, el juicio y la voluntad política sin impedir que la maquinaria económica siga funcionando.

Esta transformación produce un individuo eficaz dentro de tareas delimitadas y vulnerable frente a los procesos que determinan su vida. Puede trabajar, consumir, endeudarse, votar y opinar, pero encuentra dificultades crecientes para reconstruir el vínculo entre una decisión económica, una estructura de propiedad, una política pública y sus efectos sociales. La abundancia de datos no corrige esa debilidad, al contrario, muchas veces la profundiza porque la información llega fragmentada, descontextualizada y sometida a una competencia constante por captar atención.

Durante siglos, una parte importante de la cultura popular conservó una aspiración simbólica hacia arriba, ascendente. Leer, aprender un oficio, conocer historia, hablar con precisión, escuchar a alguien que sabía más y comprender la política eran conductas asociadas al progreso personal si bien ese ideal nunca fue universal y convivió siempre con la ignorancia, la frivolidad y el entretenimiento banal. La diferencia actual está en la escala y en la función. La banalidad dejó de ocupar los márgenes del tiempo libre y se convirtió en uno de los principios organizadores de la vida cotidiana.

Una persona puede pasar cuatro, cinco o seis horas frente a una pantalla, recibir cientos de imágenes, escuchar cientos de frases y terminar el día sin haber incorporado una sola idea articulada. Jamás hubo tanta información disponible y pocas veces fue consumida de manera tan superficial. La cultura digital multiplicó el acceso al conocimiento, pero también perfeccionó una economía que obtiene beneficios de interrumpir la concentración, estimular la ansiedad y convertir cada segundo de atención en una mercancía.

La primera degradación ocurre en la capacidad de concentrarse. TikTok, Reels, Shorts, notificaciones, titulares, memes, videos acelerados y fragmentos de entrevistas entrenan a la mente para cambiar de objeto cada pocos segundos. El cerebro entonces aprende el comportamiento que practica y después de años de consumo fragmentario, sostener una actividad continua empieza a producir incomodidad leer veinte páginas, escuchar una conferencia, seguir un razonamiento complejo, mirar una película subtitulada o conceder diez minutos a un argumento antes de juzgarlo.

Esa incomodidad suele confundirse con incapacidad y en muchos casos expresa una pérdida de entrenamiento cognitivo. La atención funciona como una disciplina y se debilita cuando toda la experiencia cultural premia el salto inmediato hacia el estímulo siguiente. El resultado político es profundo y quien pierde la capacidad de seguir una explicación compleja necesita que el mundo sea reducido a consignas simples como bueno o malo, héroe o traidor, víctima u opresor, demócrata o fascista, Occidente o dictadura. La consigna reemplaza al argumento y la política se convierte en administración emocional de masas.

El entretenimiento participa de esa transformación porque siempre existieron contenidos triviales, y el descanso forma parte de una vida sana. El problema aparece cuando la mayor parte de la experiencia cultural, como veíamos, queda organizada alrededor de lo trivial y cuando el entretenimiento deja de ofrecer una pausa frente a la realidad para ocupar su lugar. Escándalos de celebridades, desafíos absurdos, bromas humillantes, exhibiciones de consumo y conductas riesgosas compiten por unos segundos de visibilidad. El objetivo común es capturar atención.

El reconocimiento social que antes podía obtenerse mediante conocimiento, prestigio profesional, valentía, servicio comunitario o creación artística puede conseguirse ahora mediante una breve irrupción en el flujo colectivo. Esa lógica genera una inflación de conductas extremas dado que si una imprudencia filmada produce más visualizaciones que una explicación rigurosa, el sistema de incentivos queda establecido. La plataforma no necesita ordenar comportamientos degradantes, le basta con premiarlos.

Así se configura la estupidez funcional. Una persona puede conservar aptitudes laborales y, al mismo tiempo, renunciar al pensamiento autónomo, adoptando opiniones prefabricadas, repitiendo frases, defendiendo posiciones que nunca investigó, indignandose por el asunto que el algoritmo presentó esa mañana y que olvidará cuando llega la polémica siguiente. La economía necesita individuos capacitados para producir y consumir. El poder se beneficia cuando esos mismos individuos carecen de interés, tiempo o hábitos para comprender.

La identidad política fue desplazada progresivamente por una identidad de consumidor. La pregunta acerca de la sociedad que se desea construir cedió terreno ante otra pregunta más inmediata y urgente como saber qué puedo comprar. Una casa, un automóvil, un teléfono de última generación, viaje, ropa, cuerpo, experiencias, restaurantes, seguidores. Toda la vida comienza a medirse mediante signos externos de éxito y el horizonte existencial se reduce a la acumulación privada.

Esa reducción debilita así la idea de destino colectivo. El deterioro del hospital público parece lejano mientras exista medicina privada, la degradación educativa pierde urgencia para quien puede pagar un colegio, la inseguridad se vuelve un problema ajeno mientras se viva en un barrio protegido o la precarización laboral conmueve poco mientras afecte a otro. Se instala una privatización psicológica de la existencia: mi casa, mi dinero, mi cuerpo, mis vacaciones, mi familia, mis problemas, el resto se convierte en paisaje, en una película que vemos desde la comodidad individual.

El narcisismo completa ese desplazamiento. Las redes profundizaron una transformación cultural previa al producir la conversión de la propia vida en producto. La persona se fotografía, se exhibe, se compara y se mide. Cuenta seguidores, viajes, propiedades, músculos, experiencias y adhesiones. Cada elemento de la identidad puede transformarse en señal pública y cada señal debe recibir validación, la pertenencia comunitaria pierde terreno frente a la administración permanente del yo.


La consecuencia es una sociedad conectada y atomizada con miles de contactos que conviven con pocas relaciones fuertes, miles de opiniones, con pocas convicciones y miles de imágenes con escasa experiencia compartida. La conexión técnica facilita el contacto, pero no crea por sí sola comunidad porque una comunidad exige continuidad, obligaciones mutuas, memoria, confianza y capacidad de sacrificio. Esas disposiciones entran en tensión con una cultura centrada en la satisfacción inmediata y la optimización individual.

La empatía es otro factor que también se deteriora cuando el individuo se convierte en espectador permanente. Una guerra, un asesinato, una catástrofe, un niño herido o una persona humillada aparecen dentro del mismo flujo que una publicidad, un baile o un animal gracioso y la sucesión elimina de esta manera el contexto moral. La tragedia se vuelve otro estímulo y el gesto de deslizar el dedo o el mouse reemplaza el tiempo necesario para comprender. La habituación al horror no convierte automáticamente a las personas en crueles, produce algo más extendido como es una sensibilidad saturada que reconoce el sufrimiento y continúa de inmediato hacia otra cosa.

La dispersión de la atención se combina con la división horizontal de la sociedad. Generaciones, identidades, estilos de vida, tribus culturales y comunidades digitales hablan principalmente consigo mismas. Cada grupo recibe un lenguaje, un repertorio de agravios y un conjunto de enemigos. La sociedad puede discutir política durante todo el día sin discutir el poder real, quién posee los recursos, quién decide las inversiones y los destinos, quién se apropia de la productividad, quién controla la infraestructura y quién fija las reglas.

El identitarismo contemporáneo ofrece un ejemplo central. Las luchas contra discriminaciones concretas forman parte de cualquier sociedad que aspire a la justicia. el problema surge cuando esas reivindicaciones se convierten en una taxonomía moral capaz de ordenar toda la vida social en categorías rígidas de víctima y victimario. Sexo, género, raza, origen, orientación e identidad cultural pasan a funcionar como posiciones predeterminadas desde las cuales se asignan legitimidad, culpa y autoridad.

Esa lógica puede enfrentar a grupos que comparten condiciones materiales objetivas. Dos trabajadores con salarios deteriorados terminan viéndose como adversarios culturales, hombres y mujeres sometidos a la misma precarización son inducidos a interpretar su vínculo como una guerra estructural. La energía política se desplaza hacia el lenguaje, los pronombres, la representación simbólica, la identidad de un actor o la composición demográfica de una campaña publicitaria. Mientras tanto, la propiedad, la concentración económica y la distribución de la riqueza permanecen intactas y cada vez mas alejadas del escrutinio público.

El capitalismo corporativo comprendió con rapidez que podía absorber esa revolución simbólica. Una empresa puede exhibir diversidad impecable y mantener condiciones laborales abusivas. Puede pintar su logotipo con los colores de una causa, evitar impuestos y aumentar la concentración de mercado, incorporar todas las identidades imaginables a una publicidad sin alterar quién posee la empresa. La representación modifica imágenes y oportunidades individuales, la transformación material modifica relaciones de poder. Confundir ambas escalas permite presentar adaptación cultural como cambio estructural.

La fragmentación identitaria incorpora además una forma de vigilancia social porque el control circula entre ciudadanos mediante costos reputacionales, escarnio público, aislamiento profesional y expulsión de determinados espacios. Una etiqueta puede sustituir al argumento. Palabras como racista, misógino, transfóbico, fascista o negacionista, aplicadas como cierres automáticos, interrumpen discusiones que deberían resolverse examinando hechos y razonamientos. El miedo a la sanción genera autocensura y empobrece la capacidad colectiva de formular preguntas difíciles.


Universidades, juventudes, intelectuales, artistas, periodistas y movimientos sociales, sectores históricamente asociados con la producción de disidencia, pueden dedicar enormes cantidades de energía a vigilar su propia pureza ideológica. Las disputas internas ocupan el centro mientras avanzan la automatización, la financiarización, la concentración económica y la precarización laboral. El poder resulta menos expuesto cuando sus posibles críticos están ocupados en combates laterales y cuando el vocabulario radical funciona como sustituto de la capacidad organizada.

La consecuencia política de este proceso es una población cansada, distraída y resignada con unl ciudadano apático que puede desconfiar del sistema, odiar a sus dirigentes y saber que vive peor. Peor la apatía no exige consentimiento, exige inacción y por eso sus frases características expresan impotencia aprendida: todos son iguales, nada cambia, siempre fue así, yo me ocupo de lo mío.

Ese último enunciado representa una victoria completa de la despolitización. Una sociedad puede atravesar veinte años de deterioro económico y responder mediante estrategias privadas de adaptación con un segundo trabajo, emigración, compra de dólares, criptomonedas, plataformas, delivery o emprendimientos. Cada respuesta puede ser racional desde el punto de vista individual peor su generalización revela la desaparición de la pregunta colectiva. El interrogante sobre las causas del empobrecimiento es reemplazado por la búsqueda de una salida personal.

Las redes ofrecen un mecanismo eficaz de descarga. La gente se queja, insulta políticos, comparte denuncias, publica memes y participa en discusiones interminables. El individuo siente que reaccionó porque expresó indignación mientras la estructura permanece intacta. Se produce una catarsis sin acción que puede cumplir una función estabilizadora, con el malestar que se libera simbólicamente antes de convertirse en organización, disciplina, estrategia o construcción institucional.

Incluso el consumo intensivo de contenido político puede convertirse en entretenimiento ideológico. Una persona escucha durante horas a comunicadores que confirman exactamente lo que ya piensa. Se indigna, comparte y discute, experimenta la sensación de participar diariamente en una batalla histórica mientras permanece inmóvil frente a una pantalla. La información política pierde su función cuando no modifica criterios, vínculos, prioridades ni capacidades y alimenta una identidad y una emoción, pero no produce poder social.

La manipulación contemporánea opera sobre esa debilidad. Convencer profundamente a toda la población resulta innecesario, administrar su atención es suficiente. Un escándalo desplaza al anterior, una guerra borra otra guerra, una polémica cultural domina cuarenta y ocho horas y una provocación deliberada controla la conversación durante varios días. La saturación produce amnesia y cada acontecimiento parece comenzar desde cero porque no existe memoria suficiente para conectarlo con una secuencia.

El control social adopta entonces una forma sofisticada de desenfocar. Las transformaciones estructurales ocurren a la vista de todos, rodeadas por miles de estímulos secundarios. Una celebridad desplaza una crisis económica y una discusión verbal ocupa semanas mientras se toman decisiones que afectarán décadas. Ocultar los hechos deja de ser imprescindible, apenas basta con presentarlos como aburridos, demasiado complejos, lejanos o inevitables y así asegurarse que siempre exista algo más atractivo para mirar.

La anestesia se profundiza con la pérdida de proyectos históricos. Industrialización, desarrollo nacional, Estado de bienestar, integración continental, conquista espacial, socialismo, modernización y liberación nacional, ofrecieron horizontes capaces de organizar generaciones enteras. Esos proyectos podían ser contradictorios y producir conflictos, pero situaban la política en el terreno del futuro, obligando a discutir qué país y qué sociedad debían existir dentro de veinte o treinta años.

Gran parte de la política contemporánea en realidad solo administra el presente. La urgencia económica encierra a millones de personas en la pregunta por el fin de mes y esa preocupación es completamente comprensible y consume la energía disponible. Su generalización tiene un efecto devastador: una sociedad incapaz de imaginar el futuro termina administrando su decadencia. La ausencia de horizonte convierte cada renuncia en una adaptación realista y cada retroceso en una fatalidad.

La cultura adulta acompaña ese proceso mediante una infantilización creciente. Lenguaje simplificado, conflictos reducidos a personajes buenos y malos, necesidad constante de entretenimiento, baja tolerancia al aburrimiento y a la frustración, gratificación inmediata, búsqueda permanente de aprobación y dificultad para postergar recompensas. Estas disposiciones alimentan industrias enormes porque interpretan al consumidor perfecto: impulsivo, ansioso, comparativo, insatisfecho y fácilmente estimulable.

La inteligencia artificial vuelve visible la gravedad del problema. Esta tecnología puede alterar el mercado laboral, la educación, la administración, la producción intelectual, la cultura, la guerra y la estructura económica. Una sociedad políticamente despierta debería discutir quién será propietario de los sistemas, quién se apropiará del aumento de productividad, cómo se distribuirán los ingresos y qué ocurrirá cuando una empresa que necesitaba mil trabajadores pueda funcionar con cien.

Son preguntas de orden civilizatorio pero están siendo recibidas por una cultura que continúa fragmentada en circuitos de distracción. Un sector mira videos breves, otro consume series, fútbol o se enfoca en las apuestas. Algunos participan en guerras culturales o se sumergen durante horas en contenido político partidario. La distracción cambia según la edad, la clase y la pertenencia cultural. El mecanismo permanece constante y cada grupo recibe su dosis propia de anestesia.

Quienes intentan escapar de esa dinámica enfrentan el aislamiento. Si perciben procesos preocupantes y tratan de explicarlos, encuentran respuestas previsibles del estilo: siempre fue así, no exageres, no se puede hacer nada, dejá de pensar tanto. Una persona aislada puede comprender perfectamente un problema y sentirse incapaz de modificarlo, pero la repetición de esa experiencia produce desánimo, luego resignación y finalmente silencio.

La frase “no sirve de nada” puede ser más eficaz que una prohibición, es letal. Una persona convencida de que puede cambiar algo constituye un sujeto político potencial., sin embargo una persona convencida de que nada puede cambiar, se inmoviliza sola. Conserva libertades formales, puede escribir, votar, protestar e insultar al gobierno, pero ha perdido la expectativa de eficacia colectiva y esa pérdida destruye la relación entre conciencia y acción.

La arquitectura completa combina varios procesos que se refuerzan. Menos atención produce menos lectura, menos conocimiento y mayor dependencia de consignas. Más narcisismo produce menos solidaridad, menos organización y menor capacidad política. Más precariedad produce cansancio, repliegue individual y resignación. La banalización destruye jerarquías intelectuales; el consumismo reemplaza al ciudadano; la guerra cultural desvía la indignación; la vigilancia moral genera autocensura; la saturación impide construir memoria; el aislamiento desmoraliza a quienes todavía intentan comprender.

El resultado es una población cognitivamente fragmentada, culturalmente empobrecida, socialmente atomizada, emocionalmente estimulada, económicamente ansiosa y políticamente resignada. Puede estar profundamente insatisfecha y permanecer inmóvil, advertir que pierde derechos, poder adquisitivo, estabilidad y capacidad de decisión, sin convertir ese malestar en una explicación coherente, esa explicación en conciencia común y esa conciencia en organización.

La forma contemporánea de dominación puede convivir con elecciones, internet, libertad de expresión, millones de medios e información prácticamente ilimitada. La libertad política requiere algo más que ausencia de censura, requiere capacidad para comprender, establecer prioridades, asociarse, sostener vínculos y actuar. Cuando esas capacidades se degradan, las instituciones formales permanecen mientras disminuye el poder efectivo de la sociedad para decidir su futuro.

Esa es la paradoja final. La humanidad dispone de la mayor infraestructura de conocimiento de su historia y la utiliza en gran medida para consumir estímulos de pocos segundos. Conoce una injusticia ocurrida a diez mil kilómetros y la olvida antes de comprenderla, se conecta con continentes enteros pero se enceerra en una identidad cuidadosamente exhibida.

Finalmente. puede tener libertad para informarse y perder el deseo, el hábito y el tiempo necesarios para hacerlo.

La dominación más eficaz construye una sociedad en la que pensar parece aburrido, innecesario o demasiado difícil. El poder no necesita ser amado ni convencer a todos de que las cosas funcionan. Le alcanza con una población distraída, individualizada, cansada y persuadida de que nada importante depende de ella. Es suficiente con que quienes podrían cuestionar la estructura combatan entre sí, que quienes perciben el problema se sientan solos y que la indignación sea intensa pero fragmentaria.


Entonces la sociedad puede discutir permanentemente mientras otros deciden. Alguien puede sentirse rebelde mientras permanece políticamente inofensiva y contemplar su propia expoliación, comprendiendo vagamente que está ocurriendo y, pocos segundos después, volver a deslizar el dedo hacia el siguiente estímulo.

Marcelo Ramírez
(Fuente: https://kontrainfo.com/)

FÉLIX RODRÍGUEZ DE LA FUENTE NOS EXPLICA EL EXTRAÑO SALUDO DE DELCY RODRÍGUEZ A PEDRO "DOG OWNERLESS" SÁNCHEZ


CUANDO LOS DERECHOS HUMANOS PASAN A SEGUNDO PLANO



España organizará el Mundial 2030 con un Marruecos que ha detenido a miles de ciudadanos y mantiene encarcelados a 662 por exigir sanidad, educación y reformas estructurales.

Las protestas del movimiento GENZ212 nacieron en septiembre de 2025 con una consigna concreta: hospitales antes que estadios. Miles de marroquíes salieron a la calle contra la inversión en infraestructuras para el Mundial 2030 frente al deterioro de la sanidad y la educación públicas, en un país con un paro juvenil del 37,7%, según estadísticas oficiales citadas por Reuters. La respuesta fueron miles de detenciones. Un año después, Marruecos mantiene a 662 ciudadanos encarcelados por su vinculación con el movimiento, repartidos en 52 centros penitenciarios, según reconoció en julio la administración penitenciaria marroquí (DGAPR). En otoño de 2025 la Fiscalía tenía abiertos procedimientos contra miles de manifestantes, unos 2.480 según datos consultados por EFE, 1.473 de ellos en prisión preventiva. La Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH) cifraba entonces en unos 240 los condenados, una treintena de ellos a penas de entre 10 y 15 años de prisión, y denunciaba que muchos de los detenidos fueron arrestados por encontrarse cerca de las manifestaciones. Entre los procesados figuraban 330 menores de edad.


El 9 de septiembre, el Comité Nacional de Apoyo a las Víctimas de la Represión del GENZ, encabezado por Hakim Sikouk (AMDH), denunció en Rabat la situación de los encarcelados, que llevan cerca de un año en prisión preventiva sin juicio y con sucesivos aplazamientos de sus expedientes, y un "ensañamiento sistemático" contra los menores internados en el penal de Tamesna.

España, Portugal y Marruecos son coorganizadores del Mundial 2030, candidatura conjunta presentada en 2023 y ratificada por el Congreso de la FIFA en diciembre de 2024. Los estatutos de la FIFA incluyen desde 2016 el compromiso de respetar los derechos humanos. Ni el Gobierno español ni la Real Federación Española de Fútbol se han pronunciado sobre las detenciones ni sobre la situación de los ciudadanos en preventiva. Tampoco la FIFA.

jueves, 24 de septiembre de 2026

LA NORMALIZACIÓN DE LA VIGILANCIA CONSTANTE



Estamos ante algo completamente inaceptable. Hemos llegado al punto en que puedes comprar un televisor para tu casa, pagarlo con tu propio dinero, colocarlo en tu sala y descubrir que ese aparato puede recopilar información sobre ti, tu red, los dispositivos a tu alrededor y lo que estás viendo. Una investigación realizada por Gamers Nexus, Level1Techs e investigadores de seguridad independientes descubrió que los televisores LG escanean las redes locales en busca de teléfonos, relojes inteligentes, computadoras y otros dispositivos, recopilando información sobre redes Wi-Fi cercanas, ubicación e información IP, y utilizando el Reconocimiento Automático de Contenido para identificar lo que aparece en el televisor, incluido el contenido que llega a través de HDMI. Los investigadores también informaron haber encontrado evidencia de que el audio del micrófono se capturaba mientras el televisor estaba en modo de espera y se almacenaba localmente sin conexión.

LG reconoce que sus televisores pueden buscar dispositivos compatibles en la misma red, describiendo esto como una funcionalidad común de los televisores inteligentes, y afirma que su función publicitaria ACR es opcional. Sin embargo, los investigadores demostraron la enorme cantidad de información que los televisores modernos son técnicamente capaces de ver en el hogar. LG Ad Solutions se jacta de llegar a cientos de millones de "dispositivos secundarios direccionables", y los ejecutivos de publicidad de LG han utilizado frases como "somos dueños del cristal" al describir la relación de la empresa con la pantalla del televisor. ¿Perdón? Ustedes me vendieron el cristal. NO SON DUEÑOS DESPUÉS DE QUE LO COMPRE. Esa mentalidad es precisamente el problema de la industria tecnológica moderna. Uno cree que está comprando un producto. Cada vez más, las corporaciones ven el producto como una puerta de entrada permanente a tu vida.


He escrito extensamente sobre las cámaras Flock y la creciente maquinaria de vigilancia del gobierno. He escrito sobre la información de ubicación disponible comercialmente, las bases de datos de matrículas, el reconocimiento facial y la destrucción gradual de la privacidad. Ahora, mire a su alrededor en su propia casa. Su televisor, refrigerador, timbre, teléfono, dispositivos inteligentes, computadora portátil y cualquier otro dispositivo conectado a internet pueden vigilarlo.

La gente debe dejar de aceptar esto como el precio de la vida moderna. Esa actitud es la que acaba con la libertad. «Bueno, así funcionan los televisores inteligentes». ¡NO! ¿Por qué habría de ser así? ¿Por qué un televisor debería saber qué otros dispositivos están conectados a mi red? ¿Por qué una empresa de publicidad debería entender a todo mi hogar en lugar de simplemente mostrar el programa que he seleccionado? ¿Por qué tengo que rebuscar entre acuerdos de privacidad y configuraciones complicadas para saber si la pantalla de mi salón está analizando lo que veo? La carga se ha invertido. En lugar de que las empresas demuestren por qué necesitan información, se espera que los ciudadanos descubran cómo impedir que la recopilen.

El argumento de que todos aceptaron esto en algún punto de un acuerdo de términos de servicio es igualmente absurdo. Nadie lee 40 páginas de tecnicismos legales antes de encender un televisor. Eso no es un consentimiento válido. Es una cláusula legal redactada por abogados para proteger a las corporaciones. Si un dispositivo va a monitorear el comportamiento de visualización, identificar dispositivos en el hogar, procesar información de voz o transmitir información con fines publicitarios, el consumidor debe ser informado claramente de lo que está sucediendo y debe tener que activar esas funciones de forma deliberada. La privacidad debe ser la norma. La vigilancia debe requerir permiso.

Esto se vuelve infinitamente más peligroso cuando el gobierno entra en escena. Los datos recopilados hoy para publicidad pueden volverse enormemente valiosos para el gobierno mañana. Ya hemos visto a agencias gubernamentales comprar información disponible comercialmente en lugar de obtenerla mediante el proceso tradicional de órdenes judiciales. Hemos visto a departamentos de policía construir enormes redes de cámaras de reconocimiento de matrículas. Hemos visto cómo la línea entre la recopilación de datos corporativos y la vigilancia gubernamental se difumina cada vez más. El gobierno no necesita instalar un micrófono en cada sala de estar si los ciudadanos compran voluntariamente micrófonos con conexión a internet.

Por eso, el argumento de "no tengo nada que ocultar" es tan increíblemente absurdo. La privacidad no se trata de ocultar conductas delictivas. La privacidad significa que el gobierno y las corporaciones no tienen ningún derecho inherente a saberlo todo sobre ti. Los libros que lees, adónde conduces, quién visita tu casa, qué ves, qué sitios web visitas, qué programas políticos consumes y qué dices en la intimidad de tu hogar no son asunto de nadie.

Lo más aterrador es la rapidez con la que la gente se ha acostumbrado a aceptar esto. Hace veinticinco años, si le hubieras dicho a alguien que su televisor podría escanear los dispositivos de su casa, analizar lo que ve para mostrarle publicidad, conectar esa información con otros dispositivos y contener micrófonos capaces de responder incluso cuando la pantalla está apagada, lo habrían tachado de orwelliano. Hoy lo llaman "casa inteligente".

No se debería permitir que las corporaciones conviertan los productos que la gente compra en plataformas de vigilancia permanentes, ocultas bajo acuerdos incomprensibles. No se debería permitir que el gobierno obtenga información indirectamente, información que la Constitución le exigiría justificar recabando directamente. La protección de la privacidad debe adaptarse al ritmo de la tecnología, ya que esta avanza mucho más rápido que las leyes diseñadas para frenar su abuso.


No debemos aceptar un estado de vigilancia como un hecho inevitable de la vida moderna. No debemos aceptar que todo deba recopilar datos solo porque ahora todo contiene una computadora. No debemos aceptar cámaras que sigan nuestros autos, teléfonos que registren nuestros movimientos, algoritmos que controlen nuestras compras y televisores que vigilen nuestros hogares simplemente porque alguien nos dice que ese es el futuro. Si ese es el futuro que nos ofrecen, entonces tenemos todo el derecho a rechazarlo.

Martin Armstrong
(Fuente: https://www.armstrongeconomics.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

EUROPA, AL ROJO VIVO


CON LA MONEDA DIGITAL DE LOS BANCOS CENTRALES ...



... habrá que acostumbrarse a recibir este tipo de mensajes en el móvil:

Compra denegada. Ha consumido su cuota de carne real para este mes, por favor, pruebe el sustituto de la carne del estante vegano o la del estante del gusano

Compra denegada. Tus registros de votación muestran que no has participado en las últimas encuestas, las cuentas se restablecerán en 72 horas o tras la finalización de las encuestas.

Compra denegada. Tu huella energética de este mes ha superado el máximo permitido por las directrices del Foro Económico Mundial. Sus cuentas se restablecerán en 14 días.

Compra denegada. Su puntuación de crédito social este mes ha sido inferior al umbral de los artículos no esenciales.

Compra denegada. Hemos detectado comentarios políticos desfavorables en sus redes sociales, por favor, borre las publicaciones del 15/5/25

Compra denegada. Su puntuación de huella de carbono está por encima de las directrices del Foro Económico Mundial, hemos inhabilitado el acceso a su vehículo y revocado los privilegios de viaje durante 60 días.

Compra denegada. Esta es su cuarta bebida alcohólica esta semana. Su puntuación de crédito social actualmente sólo permite 4. Por favor, pruebe un sustituto sin alcohol.

Compra denegada. No tiene aprobación para artículos orgánicos este mes, por favor compre sólo en el pasillo de Monsanto de Bayer.

Compra denegada. Los fondos que intenta utilizar tenían una validez de 12 meses desde su emisión y han caducado. El ahorro de dinero más allá de 12 meses requiere la aprobación de los ministros de asuntos sociales, interior y hacienda. Se requieren formularios adecuados junto con la categoría aprobada para el ahorro.

Compra denegada. Hemos determinado que el correo electrónico y los mensajes de texto en sus dispositivos contienen información errónea y, por tanto, incitación al odio según la nueva definición estatal. Todas las cuentas han sido borradas y todos los fondos han sido confiscados. Por favor, preséntese en el centro de reeducación 119 de Barakaldo.

Compra denegada. Su chip de salud y seguridad no ha detectado el pinchazo de Refuerzo 2029 x6. Todas las cuentas han sido bloqueadas. La multa del 10% de los fondos totales diarios comenzará en 48 horas si continúa el incumplimiento de las directivas del ministro de seguridad social.

José Manuel Embid

miércoles, 23 de septiembre de 2026

DISCURSO DE PEDRO SÁNCHEZ EN LA ONU



Se ha filtrado -por una tubería de La Moncloa, naturalmente- el discurso que Pedro Sánchez "el Saunas" pronunciará ante la Asamblea General de Naciones Unidas para explicar al mundo el extraordinario éxito del modelo migratorio español. No puedo garantizar su autenticidad, pero contiene tantas mentiras, tanto autobombo y tan poca vergüenza que todo apunta a que es el original.

«Señor presidente, excelencias, jeques, dictadores, sátrapas, demócratas en prácticas y demás propietarios de un voto en esta Asamblea.

Comparezco ante ustedes para presentarles el milagro migratorio español. Otros países gestionan la inmigración con fronteras, acuerdos internacionales, previsión y policías que reciben órdenes. Nosotros hemos prescindido de todo eso. Resultaba carísimo y, además, había que trabajar.

Lo sucedido en Ceuta no ha sido una crisis migratoria. Tampoco una invasión, una avalancha ni un monumental descontrol. Ha sido un festival espontáneo de movilidad humana con vistas al Mediterráneo. Una experiencia intercultural inmersiva.

Se ha hablado mucho de las chabolas levantadas en las playas. Falso. España no construye chabolas. Son ecobungalós bioclimáticos a pie de mar, elaborados con materiales reciclados y diseñados por el prestigioso Estudio de Arquitectura Cartón, Plástico y Manta Asociados, que casualmente son también amiguetes del partido más progresista. No tienen electricidad porque aprovechamos la luz solar. No disponen de agua corriente porque el mar está al lado. Carecen de cuarto de baño porque defendemos los espacios abiertos. Y no tienen puertas, lo cual demuestra nuestro compromiso inequívoco con una política de puertas abiertas.

En Ibiza cobrarían setecientos euros por noche. Nosotros los ofrecemos gratis y todavía hay gente que lo llama abandono. ¡Cuánto clasismo!

Los inmigrantes están encantados. Algunos llevan semanas sin querer marcharse. Eso, en cualquier escuela de negocios, se llama fidelización del cliente. Quienes deambulan por las calles no están desatendidos, sino realizando rutas urbanas autogestionadas. Quienes duermen al raso disfrutan de turismo astronómico. Además, los subsaharianos cantan por la noche «Kumbaya, my Lord, kumbaya / Oh Lord, kumbaya», y los vecinos salen a hacerles los coros. Un ejemplo de convivencia para el mundo.

También se ha dicho que hay menores solos. No están solos. Están precozmente emancipados. España es el primer país del mundo que permite a un muchacho independizarse antes de saber siquiera quién debería hacerse cargo de él. Es una política revolucionaria. El Estado los recibe, Ceuta los atiende, las comunidades autónomas protestan y yo culpo a Vivas. Se llama cogobernanza.

Nuestro éxito integrador resulta tan extraordinario que incluso los espías enviados por Marruecos han terminado afiliándose al PSOE. Uno ya dirige una agrupación local, otro espera entrar en una lista electoral y un tercero ha sido contratado como asesor de Presidencia. Integramos tan bien que los espías marroquíes olvidan para quién trabajaban, mientras algunos de mis ministros todavía no lo han averiguado.

La colaboración con Su Majestad Mohamed VI es tan estrecha que estamos estudiando regalarle Cataluña. No venderla, porque eso sonaría mercantilista. Sería una cesión sin afán de lucro patrimonial, afectiva, sostenible y plurinacional. La entregaríamos envuelta en una estelada, con Puigdemont dentro y una tarjeta que dijera «no se admiten devoluciones».

La operación tendría enormes ventajas. El problema catalán pasaría automáticamente a ser un conflicto internacional; la frontera se trasladaría al Ebro; TV3 podría seguir hablando mal de España con acento extranjero, y los españoles nos ahorraríamos varias amnistías, dos referéndums y cuarenta y siete reuniones en Suiza.

Mis ministros están celosos. Llevan años adulándome y jamás les he regalado una comunidad autónoma. Ángel Víctor Torres ha pedido una isla. Marlaska se conforma con una medalla rosa muy grande, dice. Óscar Puente ha ofrecido a Marruecos la red de Cercanías, pero Mohamed VI ha respondido que una cosa es la amistad y otra cargar con material averiado. A la que no colocamos es a la Yoli: no quieren que sea la jefa del zoo porque se han rebelado los tucanes.

En Navidad pondremos en marcha nuestro nuevo programa estrella: «Un marroquí en casa». Cada Charito socialista, de bolso de tela, pulsera solidaria, pañuelo palestino y chalet con alarma, podrá acoger a un joven marroquí durante las fiestas. Las Charitos están entusiasmadas. Ya han preparado la habitación de invitados, lavado la colcha de ganchillo y le han explicado a sus maridos -algunos están un poco moscas- que la solidaridad verdadera empieza dentro del domicilio conyugal. El folleto del Ministerio asegura que los muchachos son muy cariñosos y recomienda prolongar la acogida después de Reyes si la convivencia resulta satisfactoria.

A los maridos que manifiesten alguna objeción se les impartirá un cursillo para explicarles que los celos son una construcción patriarcal con componentes xenófobos. Algunos ya han solicitado pasar la Navidad en casa de sus suegras. Nunca una política migratoria había contribuido tanto a la movilidad interior y al reencuentro yerno-suegra.

También adaptaremos los belenes. San José podrá descansar, Baltasar doblará turno y la mula será sustituida por un patinete eléctrico subvencionado con fondos europeos. El niño Jesús seguirá siendo palestino, salvo que Marruecos presente una reclamación histórica sobre el pesebre.

Excelencias, España ha demostrado que cualquier catástrofe puede convertirse en un éxito con una buena rueda de prensa. Basta cambiar los nombres. Una invasión pasa a ser una llegada. El colapso se convierte en desafío. El abandono se llama cogobernanza. Las chabolas son bungalós. Los inmigrantes hacinados, huéspedes. A los ceutíes cabreados los seguimos llamando igual, ya se acostumbrarán.

A España lo que le sobran son fachas, no moros, no lo olviden. Esa es nuestra prioridad: la del Gobierno, el Consejo de Ministros, el Consejo de Charitos y nuestros borre …, ejem, perdón, nuestros votantes. Muchas gracias»

David Criado