domingo, 5 de abril de 2026

LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA CONTRA IRÁN



Es la primera vez que un pueblo agredido por la fuerza militar más importante de la Histo-
ria se defiende atacando las bases militares y las inversiones de su adversario en el extran-
jero. Esta es una manera de hacer la guerra adaptada a la era de la globalización y ningún
estratega fue capaz de preverla. Este conflicto no se parece a ninguno anterior y es el pri-
mero en el que un país considerado de mediana importancia podría imponerse frente a
una fuerza monstruosa.

El primer ministro de Israel, Benyamin Netanyahu, es hijo del historiador Benzion Netanyahu, quien fue secretario personal del padre del sionismo revisionista, Vladimir Zeev Jabotinsky. Los Netanyahu siempre han respaldado el “sionismo revisionista” frente a los seguidores del “sionismo” a secas. Estos últimos, encabezados por Theodor Herzl, planteaban la construcción de un “Estado judío”, mientras que Jabotinsky reclamaba la creación de un “Imperio judío”.

En 1921, en su Ucrania natal, Jabotinsky estableció una alianza con el líder de los nacionalistas integristas ucranianos, Simón Petliura, para acabar con los bolcheviques. A pesar de esa alianza, Petliura siguió organizando pogromos contra los judíos que Jabotinsky decía defender. Cuando aquella contradicción flagrante salió a la luz, Jabotinsky tuvo que renunciar a su cargo de administrador de la Organización Sionista Mundial.

Durante el proceso que llevó al estallido en Europa de la Segunda Guerra Mundial, Jabotinsky mostró su entraña fascista con la creación en Roma, de una milicia, el Betar, bajo la protección del Duce Benito Mussolini. Al inicio del conflicto mundial, Jabotinsky se fue a un país neutral, Estados Unidos, que no entró en guerra sino después del bombardeo japonés contra Pearl Harbor.

Jabotinsky falleció en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, pero sus hombres continuaron la lucha que él había emprendido junto a los fascistas y los nazis. Aunque pueda parecer chocante, los sionistas revisionistas seguidores de Jabotinsky negociaron constantemente con el III Reich. Hasta las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial, el líder sionista revisionista húngaro Rezso Kasztner –conocido como “Rudolf Ysrael Kastner”– mantuvo contactos secretos con el Obersturmbannführer SS Adolf Eichmann, quien estaba a cargo de la logística organizada alrededor de la aplicación de la “Solución Final” para garantizar el exterminio de los eslavos, los judíos y los gitanos.

Benyamin Netanyahu siempre ha sido un sionista revisionista. Pero, políticamente oportunista, se abstuvo de poner en práctica su ideal. Esa parte de su carrera política quedó atrás el 29 de diciembre de 2022, con la formación, con la ayuda y el respaldo del estadounidense Elliott Abrams, de una coalición de supremacistas judíos.

Poco a poco, Benyamin Netanyahu se va quitando la careta. En febrero de 2024, amenaza a los anglosajones con revivir la “pandilla Stern” o Lehi, que asesinó en 1948 al representante especial de la ONU en Palestina; el 23 de agosto de 2025, declara en hebreo su apego a la creación de un “Gran Israel”; y el 15 de septiembre de 2025 llama a convertir la democracia israelí en una «súper Esparta».

En definitiva, ya no estamos ante un politiquero que esconde su juego sino ante un fascista que se asume como tal y que declara abiertamente querer librar una guerra en «siete frentes» y liquidar al adversario iraní.

Hace exactamente un año, yo anticipaba la actual guerra israelo-estadounidense contra Irán. Es inútil perderse en argumentaciones y elucubraciones sobre las causas de este conflicto. Todas sus justificaciones oficiales han resultado ser falsas: el hipotético programa nuclear “militar” iraní no existe desde 1988; Irán no tiene misiles intercontinentales; Irán no era una amenaza para Estados Unidos y, finalmente, Irán no tiene “proxis” desde 2019. Todo eso demuestra que Benyamin Netanyahu está poniendo en aplicación el programa de los sionistas revisionistas. Así lo han entendido los millones de israelíes que han salido a las calles para protestar contra Netanyahu y su gobierno de coalición.

Preguntémonos ahora cuáles son las primeras consecuencias.

FRACTURA DEL MOVIMIENTO MAGA

La primera consecuencia de esta guerra es la profunda fractura que ha provocado en el movimiento MAGA (Make America Great Again!). Los apoyos populares más importantes del presidente Trump reconocen que Estados Unidos se implicó en esta guerra sólo a pedido de Israel y le han retirado súbitamente su confianza al inquilino de la Casa Blanca.

Podríamos discutir durante horas si Netanyahu manipuló a Donald Trump o si Trump aceptó seguir a Netanyahu en la guerra contra Irán para conservar el apoyo de los banqueros de la diáspora que su país necesita. Eso es lo de menos. El hecho es que Donald Trump ha perdido su respaldo popular. Pero sus antiguos partidarios no van a pasarse a las filas del Partido Demócrata, sino que tienen intenciones de seguir adelante sin Trump.

Las recientes manifestaciones en Estados Unidos no fueron protestas contra la guerra sino contra el poder del presidente estadounidense. En esas protestas no había sólo seguidores del Partido Demócrata sino también republicanos y jacksonianos, que debían su despertar a Donald Trump pero que ya no confían en él.

YA NADIE VE EL DERECHO INTERNACIONAL COMO ANTES

La segunda consecuencia de esta guerra es que se ha tomado conciencia de que el hecho de albergar una base militar estadounidense no garantiza la seguridad de un país sino que más bien lo expone al peligro de guerra. Desde el 28 de febrero, todos los Estados del golfo Pérsico afectados por la respuesta militar de Irán a los bombardeos israelo-estadounidenses han comprobado esa realidad. Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar han presentado protestas al Consejo de Seguridad de la ONU. Todos denunciaron, utilizando más o menos los mismos términos, «una violación flagrante de la soberanía nacional» y «de la seguridad y la integridad territorial». Se sentían tan seguros que nunca previeron la respuesta militar de Irán. Fue necesario que Irán les respondiera dos veces, mediante cartas dirigidas al Consejo de Seguridad, para que abrieran los ojos a la realidad: la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional dan la razón a Irán: todo Estado agredido por otro Estado tiene derecho a responder militarmente, atacando las instalaciones del Estado agresor incluso en los territorios de terceros Estados que hayan sido utilizados como trampolín de la agresión.


Hasta ahora ningún Estado había resistido de esa manera a una agresión de Estados Unidos. Ningún Estado agredido había estado en condiciones de responder a la agresión atacando sus intereses estadounidenses en el extranjero y mucho menos sus bases militares.

Para los dirigentes de los Estados del golfo Pérsico, esto ha sido una ducha fría. Se derrumba así todo lo que creyeron durante décadas. Pero, para los Estados que aspiran a vivir en un mundo multipolar, esto es una ventana que se abre. Más vale negarse a permitir la instalación de bases militares de Estados Unidos en sus territorios que verse implicados, a su pesar, en una guerra devastadora.

China ha comenzado a revisar sus planes de defensa. Ante un ataque estadounidense impulsado por la cuestión de Taiwán, Pekín ya no respondería atacando la isla sino las 24 bases militares de Estados Unidos en el Pacífico asiático. Las fuerzas armadas de la República Popular China ya han reorientado sus misiles y todos los Estados de la región tendrán que entender que sus territorios podrían convertirse en parte del campo de batalla si no solicitan a tiempo a Estados Unidos que retire sus bases.

LAS FUERZAS ARMADAS DE ESTADOS UNIDOS HAN RESULTADO SER UN «TIGRE DE PAPEL»

El líder chino Mao Zedong ya había dicho que Estados Unidos era «un tigre de papel». Es cierto que dispone de arsenales enormes. Pero sus fuerzas armadas no logran aplastar a quienes se han preparado para enfrentarlas.

Irán no puede contrarrestar los bombardeos y los misiles israelíes y estadounidenses, pero está golpeando las bases militares de Estados Unidos en toda la región, tanto en el golfo Pérsico como en Jordania y Chipre. Incluso podría alcanzar las bases de Estados Unidos en Alemania. Irán ha estado preparándose desde hace mucho tiempo para este enfrentamiento. Ha almacenado grandes cantidades de armamento en lugares seguros, en túneles y arsenales protegidos a gran profundidad.

Pero lo más interesante es que Irán ha logrado que, ante su respuesta militar, Estados Unidos se vea obligado a utilizar su armamento tecnológicamente más avanzado … y altamente costoso. Ante cada dron Sahed iraní –que cuesta unos 25 000 dólares– Estados Unidos tiene que utilizar 2 o 3 misiles antiaéreos Patriot –de 1,3 millones de dólares cada uno. Y como si la presión económica fuese poco, también está el hecho que el Pentágono está quedándose sin municiones y el complejo militar-industrial estadounidense no tiene posibilidades de reaprovisionarlo rápidamente.

EL “MÉTODO TRUMP” HA LLEGADO A SU LÍMITE

Hasta ahora, el autor de "The Art of the Deal" siempre había logrado imponer su voluntad a sus interlocutores, tanto tratándose de negociaciones comerciales como en el plano político. Pero la “hipérbole verídica” no funciona con Irán. Por mucho que Trump pregone que él es el vencedor, es Teherán quien está imponiendo sus condiciones.

En el caso de Irán, la hipérbole trumpiana suena a fanfarronada. En la situación actual, Washington ya no puede amenazar con una escalada y es Teherán quien amenaza. El 22 de marzo, Trump trató de poner fin a la guerra… antes de que el Pentágono se quede sin municiones. Amenazó con bombardear las centrales eléctricas iraníes si los Guardianes de la Revolución no reabren el estrecho de Ormuz, pero Teherán le respondió inmediatamente comunicándole su propio plan de escalada: bombardear el sistema eléctrico de Israel –cuyos planos publicó– y arremeter contra las empresas de la región que tengan accionistas estadounidenses. Sin demora, Donald Trump dijo públicamente que estaba negociando con Teherán, agregó que “allá” todos los dirigentes sabían que sus vidas pendían de un hilo si no negociaban y dio un plazo de 5 días para concretar sus “conversaciones”.

Teherán reaccionó desmintiendo la existencia de tal negociación y reiterando cómo planeaba responder en caso de escalada. Donald Trump tuvo que morderse la lengua y anunciar que postergaba el plazo que había fijado.

Iran no se ha dejado amedrentar. Atacó dos instalaciones de las empresas Aluminium Bahrain y Emirates Global Aluminium. Ante la amenaza de Trump de destruir sus centrales eléctricas, Teherán atacó varias empresas cuyos accionistas más importantes son estadounidenses.

Después, ante el bombardeo contra la universidad de Ciencias y Tecnología, situada en el noreste de la capital iraní, y contra otro centro de enseñanza superior, Teherán advirtió que su respuesta militar estará dirigida contra las universidades estadounidenses que tienen sucursales en los países del golfo Pérsico, como Texas A&M University, en Qatar, y la New York University, en Emiratos Árabes Unidos. Y cuando Estados Unidos, o Israel, bombardeó un puerto iraní en el estrecho de Ormuz, Teherán hizo saber que el portaviones USS Abraham Lincoln será atacado en cuanto se ponga a tiro.

En suma, ante cada nueva agresión, los Guardianes de la Revolución responden atacando nuevos objetivos estadounidenses y han amenazado, uno a uno, todos los intereses de Estados Unidos en el Medio Oriente. Hasta ahora, nadie había luchado de esta manera y esta es la lección que nos da una gran civilización: diga lo que diga la propaganda israelí, Irán no ha practicado nunca el terrorismo contra civiles. Pero ha asimilado la “globalización” y ahora ataca los intereses de Estados Unidos, donde quiera que se encuentren.

El presidente Trump se ha metido en un callejón sin salida. Sus bravatas pueden distraer a sus oyentes, pero el fuego iraní lo persigue. Su única escapatoria, la aniquilación de toda una civilización, es algo que ningún dirigente puede asumir.

ISRAEL, ATRAPADO EN SU PROPIA TRAMPA

Israel se halla en la misma situación que Estados Unidos. No está en condiciones de responder a la escalada iraní. Sus ejércitos están exhaustos después de su agresión atroz contra la población de la franja de Gaza, donde no vacilaron en perpetrar un genocidio. Desde entonces, han seguido arremetiendo contra los libaneses, contra los sirios, los iraquíes y los yemenitas.

Para Israel, el desafío es más de orden humano que material. El régimen israelí necesita hombres, pero una movilización militar masiva puede afectar gravemente su economía. Israel lo puede todo, pero no al mismo tiempo.

Numerosos comentaristas comienzan a preguntarse cómo acabar con la resistencia del pueblo iraní. ¿Seguir la “solución” del presidente estadounidense Truman contra Japón? ¿Utilizar contra Irán una o dos bombas atómicas? Eso sería perpetrar el crimen supremo. Por el momento, la discusión se orienta hacia cómo reaccionaría el mundo. ¿Sería posible que Israel escape, una vez más, a sus responsabilidades?

Por otro lado, la derrota podría poner en tela de juicio la existencia misma de Israel. Eso dificulta que la oposición israelí logre sacar del poder a Benyamin Netanyahu. Es por eso importante que todos los que quieren evitar la catástrofe puedan garantizar a la oposición israelí que puede liberar el país de su actual gobierno fascista y finalmente acatar el derecho internacional que Israel nunca respetó.

Thierry Meyssan
(https://www.voltairenet.org/)

ISRAEL CONTRA LA LIBERTAD DE INFORMACIÓN



El Comité de Protección de Periodistas informa que el estado genocida de Israel ha asesinado a más periodistas en sólo los dos últimos años (268) que todos los grupos terroristas del mundo juntos a lo largo de toda la Historia (121).

CATHERINE AUSTIN FITTS: PREPARAN UN GOLPE DE ESTADO MUNDIAL UTILIZANDO LA OMS Y LA MONEDA DIGITAL


sábado, 4 de abril de 2026

LOS MÉDICOS NO DEBEN SER EJECUTORES ACRÍTICOS DE MEDIDAS AUTORITARIAS (1ª PARTE)



Históricamente, códigos como el Código de Núremberg se crearon precisamente para evitar que la profesión médica se convirtiera en un brazo ejecutor del Estado.

El médico tiene el deber ético de anteponer la autonomía del paciente y el principio de no causar daño a cualquier mandato administrativo o político que sea perjudicial o irracional.

En esencia, la medicina no es una técnica de obediencia, sino un ejercicio de discernimiento ético constante.

Los principios que forman la base de la profesión médica moderna están establecidos en los principales códigos internacionales de ética, como el Asociación Médica Mundial (WMA)

Los médicos deben poder decidir el mejor tratamiento basándose en la evidencia y su conciencia, libres de presiones externas de gobiernos, corporaciones o instituciones.

Resolver los desacuerdos con respeto es fundamental dentro de los equipos de atención médica para garantizar una atención segura y centrada en el paciente.

Ejercer la medicina con prudencia, habilidad y cuidado requiere un desarrollo profesional continuo.

Los médicos que no se someten a intereses externos protegen la profesión, actuando como defensores de la salud del paciente por encima de todas las demás responsabilidades.

Este marco ético actúa como escudo contra el autoritarismo, garantizando que el médico sea siempre un aliado del paciente y nunca un mero ejecutor de políticas que puedan comprometer la integridad humana.

Una de las tensiones éticas más profundas de la historia reciente de la medicina ha sido el conflicto entre las políticas de salud pública a gran escala y la autonomía clínica individual.

Durante la pandemia de COVID-19, surgió un fenómeno global en el que las jerarquías institucionales y los organismos reguladores, como los colegios y juntas médicas, priorizaron el cumplimiento de las directrices globales sobre la libertad de criterio del médico.

En España, el Consejo General de Asociaciones Médicas Oficiales (CGCOM) y algunas asociaciones médicas abrieron procedimientos disciplinarios contra profesionales que cuestionaron públicamente el uso de mascarillas o la seguridad de las “vacunas” contra la COVID-19, para las cuales no existían datos de seguridad a medio ni a largo plazo y cuya eficacia, lejos de ser duradera como se anunció inicialmente, requería dosis de refuerzo constantes cada pocos meses.

Las autoridades justificaron estas sanciones contra médicos que sometían la ciencia a la falsabilidad bajo el pretexto de combatir la desinformación. Por lo tanto, para muchos médicos, esto fue percibido como un intento de silenciar el debate científico y socavar el juicio independiente necesario para la medicina personalizada.

En países como España, el Tribunal Constitucional terminó declarando inconstitucionales partes clave de los estados de alarma, reforzando el argumento de que estas medidas carecían de una base jurídica sólida, a pesar de haber sido defendidas sin crítica por las asociaciones médicas.

El uso de procedimientos disciplinarios para castigar la disidencia médica y científica sienta un precedente que debilita el papel del médico como escudo contra el poder político.

Este periodo ha tensado la relación entre las asociaciones médicas y algunos de sus miembros, reabriendo el debate sobre si estas instituciones deben ser garantes de la libertad médica o meros instrumentos de la administración pública.

Casos específicos y dramáticos como el del Dr. Ángel Ruiz-Valdepeñas, con la severidad de su sanción -una inhabilitación de seis años y una multa de 11.666 € (que, sumada a otras multas, podría haber alcanzado cantidades mayores)- son un claro ejemplo de la persecución de la disidencia, incluso fuera del ámbito estrictamente clínico.

La cronología y el origen de las sanciones contra el Dr. Ángel Ruiz Valdepeñas están estrechamente vinculados a su participación en reuniones públicas, concretamente a la celebrada en agosto de 2020 en la Plaza de Colón (Madrid).

En septiembre de 2025, un juzgado de Palma redujo de tres años a uno una suspensión distinta impuesta por el Servicio de Salud de las Islas Baleares (IB-Salut) por hechos relacionados, si bien la sanción del Colegio de 2021 mantuvo su validez general de seis años en los registros profesionales.

El caso de Ruiz-Valdepeñas es crucial por varias razones. El hecho de que una asociación profesional (Islas Baleares) sancionara a un médico por acciones realizadas en su vida privada (una manifestación en Madrid) y por simplemente leer un texto ajeno, del que ni siquiera era autor, y que los organizadores de la manifestación le pidieron que diera voz solo unos minutos antes de la lectura propiamente dicha, suscita un debate sobre si estas asociaciones actúan como tribunales de honor u opinión (prohibidos), en lugar de como garantes de la práctica médica.

La sanción no se basó en una mala praxis con un paciente específico, sino en sus declaraciones públicas. Esto contradice directamente la idea de que los médicos son ciudadanos con plenos derechos civiles y que su criterio independiente debe protegerse incluso cuando contradice la versión oficial.

Al imponer castigos tan desproporcionados, el Colegio Médico dejó de ser un escudo y se convirtió en un instrumento de castigo estatal, lo que confirma el argumento de que muchas instituciones actuaron como ejecutoras de medidas autoritarias durante la crisis.

Es fundamental no minimizar estos hechos, ya que el uso de la inhabilitación profesional como herramienta para silenciar la disidencia constituye una de las violaciones más graves de la autonomía. Cuando la supervivencia económica y profesional de una persona se ve comprometida por sus creencias, la obediencia deja de ser una opción y se convierte en una imposición coercitiva.

Este tipo de sanciones ha generado una autocensura permanente dentro de la profesión médica para evitar futuros cuestionamientos. Esta forma de manipulación debe ser rechazada por completo.

Esta autocensura es sintomática de una profesión sometida a coacción. Cuando el temor a perder el sustento o la licencia supera la libertad de criterio, el médico deja de ser un profesional autónomo y se convierte en un técnico dócil.

Esta manipulación mediante castigos ejemplares (como en el caso del Dr. Ruiz-Valdepeñas) rompe el contrato social de la medicina: el paciente ya no puede estar seguro de si su médico le ofrece una opinión sincera basada en la ciencia y la conciencia, o si simplemente repite el protocolo oficial para evitar represalias.

Y este no es un hecho aislado, sino la manifestación de una patología institucional que se ha diseccionado desde las cenizas de la Segunda Guerra Mundial. Nos hallamos ante una ortodoxia tecnocrática que, bajo el palio de la “evidencia científica”, ha mutado el colegio profesional -que debía ser garante de la ética- en un tribunal de la inquisición ideológica.

Hemos analizado el caso del Dr. Ängel Ruiz Valdepeñas, pero hay más, de los casos, la Dra Martínez Albarracín, el Dr. Juanjo Martínez, el Dr. Koldo Aso, la emblemática Nadiya Popel. Por todo ello debemos aplicar una lente que trascienda lo administrativo.

La deontología como mordaza

El uso del código deontológico para perseguir opiniones emitidas en el ágora pública -fuera de la consulta clínica- revela una pretensión de dominio total sobre la conciencia del individuo. Cuando el Colegio de Baleares sanciona a Ruiz Valdepeñas por leer un manifiesto ajeno en una plaza de Madrid, no está protegiendo la salud pública; está reclamando la propiedad de su voz las veinticuatro horas del día. Es la abolición del ciudadano en favor del súbdito corporativo.

Dra. María José Martínez Albarracín (Murcia)

El Colegio de Médicos de Murcia intentó abrirle un expediente por sus declaraciones públicas sobre el virus y las vacunas.

La doctora se había dedo baja de la colegiación antes de que el proceso disciplinario interno pudiera concluir.

El Colegio de médicos elevó el caso a la Fiscalía. Sin embargo, la investigación fue archivada al no apreciarse indicios de delito en sus intervenciones, quedando el asunto fuera del ámbito penal.


Koldo Aso, un profesional admirable y un mé-
dico valiente al que no pudieron silenciar.
El refugio de la jurisdicción y la derrota judicial

El caso de los doctores Juanjo Martínez y Koldo Aso es paradigmático de la resistencia del Derecho frente al arbitrio. Fueron expedientados y sancionados por su colegio de médicos (en el ámbito del País Vasco/Vizcaya). Tras un largo recorrido judicial, el Tribunal Supremo terminó dándoles la razón. La sentencia del Tribunal Supremo que les dio la razón supone un dique de contención contra el autoritarismo sanitario. El tribunal recordó algo que la soberbia colegial pretendió olvidar: que un médico no pierde sus derechos fundamentales por poseer un título. La justicia detectó que la sanción no buscaba corregir una mala praxis, sino extirpar la disidencia.

Lo que el Tribunal Supremo dictaminó no es solo una victoria procesal, sino una enmienda a la totalidad contra la soberbia del consenso.

Al desautorizar la sanción, el Alto Tribunal ha recordado una premisa filosófica fundamental que el corporativismo médico pretendió sepultar: el consenso no es sinónimo de verdad científica, sino simplemente de un acuerdo temporal y, a menudo, político-administrativo.

El consenso como herramienta de poder

La falacia que se intentó imponer es la de la ciencia por decreto. En esta arquitectura del control, el “consenso” actúa como una aduana del pensamiento:


Karl Popper sostenía que un enunciado solo puede ser con-
siderado científico cuando podemos establecer claramente
bajo qué condiciones podríamos probar su falsedad. En 
consecuencia, toda afirmación que pretendamos válida
debe ser sometida a crítica rigurosa, y toda "verdad" 
científica es, necesariamente, provisional.
La ciencia, por definición, es una búsqueda incesante basada en la refutación (el falsacionismo de Popper “La ciencia normal y sus peligros” /Normal Science and its Dangers), jamás puede ser Dogmatismo frente a Método. Karl Popper en su Coloquio Internacional sobre Filosofía de la Ciencia de 1965, celebrado en el Bedford College (Regent’s Park) de la Universidad de Londres, Del 11 al 17 de julio de 1965 defendió la falsabilidad frente a las ideas de Kuhn.

Thomas Kuhn por su parte presentó “Lógica del descubrimiento o psicología de la investigación”, donde criticaba el falsacionismo de Popper por no ajustarse a la realidad histórica de la “ciencia normal”. Popper defendió que el científico debe mantener siempre una actitud crítica y estar dispuesto a abandonar sus teorías si son falsadas. Criticó la idea de Kuhn de la “ciencia normal” (donde los científicos no cuestionan el paradigma vigente), calificándola como una actividad dogmática y peligrosa para el progreso científico.

Popper dio en el clavo al advertir sobre el peligro del científico “normal”. Para Popper, este es alguien a quien se le ha enseñado mal, alguien que acepta un dogma sin cuestionarlo. En el contexto actual, los Colegios de Médicos han actuado como los guardianes de ese dogmatismo kuhniano:

- Han decretado que el “paradigma” (las medidas oficiales) es incuestionable.

- Han tratado cualquier anomalía o crítica no como un motor de progreso, sino como si se tratara de una patología social que debe ser extirpada.


Los promotores del dogma "Covid" nunca sometieron
sus afirmaciones a análisis ninguno, como si estuvie-
ran proclamando una nueva -y tortuosa- religión
La falsabilidad como delito


Para Popper, la ciencia solo avanza si intentamos demostrar que estamos equivocados. Sin embargo, en los expedientes sancionadores como el de Ruiz Valdepeñas o el mío propio, el intento de falsar la versión oficial se castigó como una falta deontológica. Se invirtió la lógica científica: la duda, que es el motor del conocimiento, se transformó en “negacionismo” o “desinformación”.

(https://nataliaprego.substack.com/)

¿ASUME TRUMP LA DERROTA EN ORIENTE MEDIO?



Trump acaba de decir lo siguiente a los periodistas:

“Nos vamos de Irán en tres semanas y lo que pase de aquí en más con el Estrecho de Ormuz ya no es problema nuestro”.

Además agregó que a partir de ahora China va a hacer lo que quiera en la región del Golfo Pérsico.

Solo cabe concluir que, tal y como este blog viene pronosticando, Irán ha triunfado, aunque no es el único ganador.


El estrecho de Ormuz era de libre tránsito antes del 28 de febrero.
 La campaña de Trump y Netanyahu ha llevado a Irán a cobrar pea-
je por utilizarlo. Tras crear el problema, Trump ha dicho a la U.E.
"Os toca ver cómo os apañáis con el encarecimiento del crudo. 
Eso sí, podéis comprar del mío". Esto ha sido un Nord Stream 2,
con EE.UU. buscando privar a Europa de energía barata y sabo-
teando su acceso a un suministrador tradicionals. Gracias, "aliado".
También ganó China y no solo porque va a hacer lo que quiera, de acuerdo con el propio Trump. También por esto:

1. Los Estados Unidos enajenaron en un mes a prácticamente todos sus aliados y se quedaron solos en un matrimonio con su peor enemigo: Israel.

2. Los israelíes están resentidos por lo que interpretan como un abandono y seguramente van a castigar a los yanquis de alguna forma. Atentos a los atentados de "false flag" que el Mossad pondrá en escena en breve.

3. EE.UU. ha perdido todas sus bases militares en Medio Oriente y además ha sido expulsado a patadas de Irak.

4. Trump hizo una serie de amenazas que nunca pudo cumplir. La credibilidad de Washington ha quedado por los suelos, al demostrarse que Mao tenía razón: el imperialismo yanqui es un tigre de papel.

5. Los Estados Unidos gastaron una fortuna en esta guerra y no saben como van a pagar la factura, porque están quebrados.

6. El Estrecho de Ormuz, que hasta el 28 de febrero estaba abierto a la libre navegación, ahora está bajo el control de Irán. Solo pasa el petróleo, el gas natural y el fertilizante que Irán quiera que pase, lo que le fortalece al convertirse en el aduanero regional.

7. Los iraníes ahora pueden fabricar todas las bombas atómicas que quieran si lo quieren hacer y no tienen que darle explicaciones a nadie, ni siquiera tienen que permitir inspecciones.

8. Irán expuso la decadencia y obsolescencia del aparato bélico de la supuesta primera potencia global.

9. Cayó el petrodólar porque ahora el negocio del petróleo se va a hacer todo en yuanes. Fin de la hegemonía global unipolar e inicio del siglo oriental.

Todo esto y mucho más lo logró Trump en poco más de un mes solo por darles el gusto a los israelíes y al final tampoco les ha servido de valedor porque, como se ve, han quedado abandonados por el primo -tonto- de Zumosol, con el territorio devastado, la reputación de invulnerabilidad destruida y tantos frentes abiertos que lo interesante ahora es ver ahora cómo se las van a apañar.

(Fuente: https://www.facebook.com/)


Comentario del "blogger":

La historia se está escribiendo delante de nuestros ojos, y revela que Trump ha terminado por ser el Gorbachov de los Estados Unidos, el gestor de una debacle irreversible que despoja a su país del estatus de superpotencia, una "perestroika"(reconstrucción) made in USA con muy poca "glasnost" (transparencia), un tahúr encaramado a un gigante con los pies de barro que no sabe cómo conducirlo ni hacia dónde, como un Koji Kabuto que tiene a Mazinger Z ejecutando una yenka entre catastrófica y ridícula porque no sabe qué más hacer con él -bueno, en breve será de dominio público que lo que sí ha hecho es un negocio redondo para él y para sus socios con la información privilegiada que les facilitaba la Casa Blanca-, y que ha convertido el lema MAGA en un bochornoso "Make America Garbage Again".

El repliegue de los EE.UU. hacia el continente americano ya no es una decisión estratégica, sino una necesidad práctica: el imperio americano ya no puede liderar el mundo, y solo le queda poner orden en su patio trasero, único escenario donde podrá exhibir victorias no excesivamente costosas y reordenar el mapa geopolítico a su conveniencia. Ya ha iniciado la reconfiguración de la situación política en Venezuela y se anuncia Cuba -con Colombia y Brasil esperando turno- como nuevo escenario de su intervención, siempre que Rusia acceda al cambio de cromos previsible: te dejo las manos libres en la isla si a cambio me las dejas tú a mí en Ucrania.

Solo que para este apaño Trump no necesita a la OTAN, que le supone un cuantioso gasto (el setenta por ciento de la financiación de la organización corre a cargo de USA).

Si EE UU. se retira de la OTAN esperemos que Europa tenga la sensatez de replantearse su belicismo contra Putin y llegar a algún tipo de acuerdo de pacificación con el que podría volver a ser un aliado beneficioso, como lo era antes de que la nefasta Victoria Nuland y los halcones del Pentágono nos enfrentasen artificiosamente contra una Rusia que nos exportaba petróleo y gas a precio ventajoso.


La retirada de tropas y el cierre de bases estadounidenses en Europa no tiene por qué ser una catástrofe, sino una oportunidad para que Europa asuma su soberanía y deje de ser un pelele al servicio de la geoestrategia de Washington. Otra cosa es que Bruselas desaproveche por enésima vez su ventana de oportunidades y se enfrasque en alguna nueva iniciativa absurda y ruinosa tipo Mercosur, regalo de armas a Ucrania o sumisión a Soros y el Plan Kalergi.

Entretanto, TelePSOE sigue buscando el monopolio del bulo con análisis
de la situación que harían enrojecer al mismísimo Goebbels. Ya sabes,
(des)informate por los canales oficiales que al final ya no sabrás ni por
donde te da el aire ni de dónde te vienen las -merecidas- collejas.

EL SECRETO DEL TITANIC