domingo, 7 de junio de 2026

LOS BÁRBAROS DEL OESTE



Sobre el lento desenmascaramiento del orden liberal

Hay algo casi infantil en la fascinación que parte de Occidente ha desarrollado por el lema de la alianza de naciones europeas. Sin embargo, la realidad revela que se trata más bien de un consorcio militar-financiero que intenta preservar una hegemonía que ya empieza a escapársele de las manos.

La guerra de Ucrania, en términos generales, no hizo sino acelerar un proceso que llevaba décadas en marcha. Europa se percató, algo tarde, de que el monopolio político, económico y cultural construido después de 1945 comenzaba a mostrar fisuras irreversibles. China, Rusia, India, Irán e incluso las potencias medianas comprendieron algo que Bruselas y Davos nunca han llegado a admitir del todo: que el orden internacional liberal nunca fue universal. Se trataba, más bien, de la universalización forzada de los intereses de Washington, disfrazada con el sentimental lenguaje del humanitarismo.

Aquí reside la ironía central de nuestra época. Los mismos países que pasaron décadas predicando la soberanía relativa, la gobernanza global y la responsabilidad internacional ahora redescubren frenéticamente el valor de las fronteras, del patriotismo industrial y de la autonomía estratégica. La globalización cumplió su propósito mientras consolidó su supremacía. En el momento en que comenzó a beneficiar a rivales civilizacionales, se convirtió en una amenaza existencial, y he aquí que el viejo instinto territorial resurgió rápidamente, ese mismo instinto que durante años se había tratado como un síntoma de atraso provincial y, en casos más graves, como evidencia de algún tipo de psicopatología colectiva.

El conflicto actual, por consiguiente, trasciende con creces la dimensión militar y se adentra en el terreno antropológico, ese terreno sobre el que la hoja de cálculo del consultor de Davos no explica absolutamente nada. Por un lado, Occidente posmoderno se transformó en una máquina burocrática de disolución cultural, un bloque político incapaz de defender su propia memoria histórica y, sin embargo, deseoso de exportar compulsivamente la política de identidad al resto del planeta. Por otro lado, países que han comprendido algo bastante elemental que Aristóteles ya había descrito siglos antes de la invención del ESG connsulting: que los pueblos sobreviven mediante la preservación de la identidad, la continuidad histórica y la cohesión simbólica.

Rusia lo comprendió pronto, China aún antes, y ambas percibieron que el liberalismo occidental había dejado de funcionar como modelo económico para convertirse en una especie de religión negativa, fundada en la deconstrucción permanente de los lazos orgánicos. La familia se convierte en opresión, la nación en prejuicio, la religión en atraso, la masculinidad en peligro, la frontera en violencia moral, en una lista cada vez más extensa de aquello que debe ser pulverizado en nombre de un progreso que nadie es capaz de definir con precisión. No es casualidad que Occidente contemporáneo produzca riqueza material y depresión espiritual con igual eficiencia industrial.

Y, sin embargo, lo más curioso de todo es observar cómo la prensa internacional insiste en narrarlo todo a través de la vieja lente moral de la Guerra Fría. Democracia contra autoritarismo, libertad contra tiranía, civilización contra barbarie: he aquí la caricatura que ya no convence ni siquiera al ciudadano europeo o estadounidense medio, a ese ciudadano común que mira Londres, París o Los Ángeles y se da cuenta, sin necesidad de un diploma de Harvard, de que quizás el colapso viene desde dentro. La crisis migratoria europea es solo el síntoma visible, amigo mío. El verdadero problema es mucho más profundo y, además, resulta considerablemente más embarazoso, pues Europa se ha cansado de sí misma, ha perdido el instinto civilizatorio básico de autopreservación, ha transformado la culpa histórica en política de Estado, ha sustituido la identidad por la administración tecnocrática y ha cambiado la pertenencia por el consumismo.

Mientras tanto, la clase dirigente occidental responde de la única manera que conoce: con censura, vigilancia y propaganda moralizante. Toda disidencia se convierte en una amenaza para la democracia, toda crítica al globalismo en extremismo, toda resistencia cultural en radicalización, y los regímenes supuestamente liberales han llegado a depender abiertamente de mecanismos iliberales para su supervivencia política, en un espectáculo que avergonzaría incluso a Carl Schmitt. La máscara se cayó durante la pandemia, se cayó de nuevo con la guerra y se cayó definitivamente en medio de la creciente desesperación de las élites globalistas ante el auge de cualquier fuerza mínimamente soberanista.

El ciudadano medio, por consiguiente, ha comenzado a considerar una hipótesis bastante herética: que la mayor amenaza a la libertad contemporánea quizás no provenga de Moscú ni de Pekín, sino del propio aparato burocrático-financiero que gobierna Occidente en nombre de la democracia, neutralizando elecciones, censurando opiniones y redefiniendo los conceptos básicos de la realidad mediante una ingeniería semántica permanente. El nuevo orden mundial, por lo tanto, prescinde del modelo del imperio formal. Bastará con algo mucho más sofisticado: un régimen administrado por conglomerados financieros, plataformas digitales, organismos transnacionales y estructuras de inteligencia capaces de moldear el comportamiento humano a escala industrial, preservando al mismo tiempo la estética de la libertad.

Y quizás sea precisamente esto lo que explique el creciente pánico occidental. Por primera vez en décadas, el resto del mundo ha comenzado a darse cuenta de que el emperador está desnudo. Lo más melancólico de todo, sin embargo, es que el emperador siempre lo supo. Simplemente contaba con que nadie se daría cuenta.

The Elegant Ruin
(Fuente: https://candeloro.substack.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

POR UNA INMIGRACIÓN DE BARRA LIBRE DE LA QUE SENTIRNOS ORGULLOSOS (1)




¿De verdad tienes tan poco corazón para negarle su sueño a este ángel de luz?

¿Eres tan fascista, ultraegoísta e insolidario como para desentenderte de las aspiraciones de quien quiere tener gratis todo lo que a tí te ha costado una vida de trabajo y sacrificio?


Prioridad para los delincuentes ya acostum-
brados a la sopa boba y a vivir del erario pú-
blico. Cada uno cuida de sus afines
¿Te niegas a compartir las bondades del estado del bienestar con 1.585 millones de africanos que envidian tu modo de vida, tu sanidad, tu sistema de pensiones ...?

No puedes tener tan poca humanidad.

Abramos nuestras fronteras e invitemos al tercer mundo a instalarse entre nosotros, traer sus costumbres, sus creencias, su cultura, ... hagamos de España una ONG modélica donde todos quepan.

Derechos para todos, obligaciones para tí, que tendrás que mantener a la marea humana a la que ni has invitado ni te han pedido permiso para convidar a tu mesa.

Reforzando este mensaje, anda de tour por nuestras ciudades un jefe de estado extranjero que no deja de criticar el rechazo al inmigrante y de pregonar lo solidario y caritativo de abrir nuestras fronteras a todo el que quiera transgredirlas. Todo un ejemplo de "haced lo que yo digo y no lo que yo hago" (más concisamente, de hipocresía) porque viene de un Estado donde rige un decreto que prohíbe taxativamente (y castiga severamente) la entrada de inmigrantes ilegales:


Lo que no se le puede negar al obispo de Roma es el de estar en sintonía con su predecesor, el de "vacunarse es un acto de amor", cuando derramó unas lagrimillas de cocodrilo al ver las "concertinas" de la valla de Melilla antes de plantearse si estaban más o menos afiladas que las alabardas de la Guardia Suiza. La que preserva la inviolabilidad del Vaticano.

El Evangelio, que deberían releer de vez en cuando, calificaba a estos fariseos de "sepulcros blanqueados".

Tras la gira "Necesito un logopeda Tour" de Bad Bunny, llega a los
escenarios españoles otro "entertainer" americano, vendiéndonos
esta vez que hay que confraternizar con quienes tienen prohibido
por riguroso mandato religioso el hacerlo. Supongo que en Ala-
bama su mensaje será "Los negros y el Ku-Klux-Klan pueden
vivir juntos y ser amigos". ¿Son o no son las religiones abramá-
nicas mecanismos de infantilización de masas?

"BLACK HOLE", UNA PARÁBOLA SOBRE LA CODICIA


sábado, 6 de junio de 2026

¿ES ESPAÑA UN PAÍS SOBERANO?



Las relaciones internacionales poco tienen que ver con una quijotesca defensa de valores, como se hace creer a la población, o con volubles simpatías políticas o personales, que hoy están y mañana desaparecen, sino con la defensa de los intereses nacionales, que son mucho más estables y mucho más predecibles. Además, la defensa de los intereses nacionales granjea el respeto de los demás países, mientras que aquellos que no se defienden a sí mismos son despreciados.

Desgraciadamente, éste ha sido frecuentemente el caso de España, cuyo complejo de inferioridad -un pesado lastre- le impide defender abiertamente sus intereses para alegría de sus rivales, que han fomentado dicho complejo mediante la Leyenda Negra. Parecería que no tenemos derecho a defender nuestros propios intereses y que debemos limitarnos a realizar un patético seguidismo de intereses ajenos sin aplicar el proverbial "quid pro quo" (¿qué me das a cambio?). En efecto, las relaciones internacionales son transaccionales: tú me das, yo te doy. Punto. Éste es el realismo que debe presidir dichas relaciones, y no el emotivismo, la apelación a inexistentes valores compartidos -una burda pantalla-, ni, mucho menos, ese complejo de inferioridad que ha caracterizado la política exterior española desde hace décadas (o, si me apuran, desde hace siglos, de forma intermitente).

Esta postura no debe confundirse con el aislacionismo, pues ningún país puede sobrevivir aislado de su entorno. El comercio libre y las relaciones pacíficas y armoniosas con los demás países son elementos constitutivos del bien común. En este sentido, España forma parte de Europa de pleno derecho como uno de sus países más importantes, geográfica e históricamente, es la madre patria de los países hermanos de Hispanoamérica y pertenece al bloque militar de la OTAN. Pero la pertenencia a distintos «clubes» internacionales no es un fin en sí mismo, sino un mero instrumento para favorecer nuestros intereses nacionales. Por cierto, nadie nos ha hecho un favor para «colarnos» en estos clubes: estamos por derecho propio o porque conviene a los demás miembros.

Una actitud realista y asertiva también nos empujaría a contemplar el retórico concepto de «socio» con mayor distancia emocional. Por ejemplo, nuestro «socio» Francia facilitó el terrorismo vasco-marxista de ETA durante más de dos décadas acogiendo en su territorio a los asesinos de españoles inocentes y considerándolos asilados políticos; y nuestro «socio» el Reino Unido mantiene una colonia en la Península Ibérica en la que vulnera periódicamente los acuerdos y las normas internacionales con una política de hechos consumados.

El ejemplo de Perejil

Un análisis sobrio de la realidad también nos obliga a recordar que, cuando el zapato aprieta, nuestros «socios» no están de nuestro lado. Pongamos un ejemplo. En 2002 Marruecos invadió el islote Perejil, de soberanía española, izó la bandera marroquí e instaló una unidad de infantería de Marina. La invasión de un pequeño pedazo de nuestro territorio por parte de un contingente de fuerzas armadas extranjeras, por exiguo que fueran ambos, constituía un casus belli y un peligroso precedente. Acertadamente, el gobierno español se negó a aceptar el fait accompli y a los pocos días desalojó a las tropas marroquíes en una impecable alborada que me hizo sentir orgulloso de mi país, pues, en aquella ocasión, España defendió sus intereses sin complejos.

¿Qué apoyo recibimos de nuestros «socios»? Recuerden: un tercero había invadido el territorio de un miembro de la Unión Europea y de la OTAN. Pues bien, la UE demostró una absoluta falta de solidaridad, manteniendo un clamoroso silencio durante casi tres días. Cuando al final se manifestó, lo hizo con enorme tibieza, e incluso eso desencadenó la oposición de Francia, que llegó a permitir que el ministro de Exteriores marroquí defendiera su postura en una conferencia de prensa desde París. Cuando España expulsó a los marroquíes, por el contrario, la UE de repente se manifestó con rotunda claridad, pero para pedir una vuelta al statu quo ante, es decir, para exigir a España que retirara sus tropas, ahora estacionadas en el islote en el que ondeaba nuestra bandera.¿Y la OTAN? La OTAN lo despachó diciendo que era «un asunto bilateral» entre España y Marruecos. Por cierto, el entonces secretario de Estado norteamericano se burlaría desdeñosamente del problema causado por aquella «estúpida islita». Me pregunto qué habría hecho EE.UU. si Cuba hubiera desembarcado un pequeño contingente de tropas en uno de los deshabitados Cayos de Florida.

El doble rasero es evidente. A España se le exige un apoyo incondicional de intereses de terceros, pero no encuentra reciprocidad alguna cuando se trata de los nuestros. Cuando en 2018 un exagente doble ruso, liberado años antes por Rusia en un intercambio de espías y asilado en Reino Unido, fue envenenado en un extraño episodio del que se acusó a Rusia, el gobierno británico pidió a España que expulsara a diplomáticos rusos de nuestro país como muestra de solidaridad. España -no así otros países europeos- obedeció, y lo hizo sin obtener nada a cambio. ¿Habría hecho lo mismo Inglaterra si la situación hubiera sido la inversa?

Guerras ajenas

Con la guerra de Ucrania ocurrió algo parecido. El belicismo de EE.UU. y la incompetencia de la UE nos arrastraron a conceder ayudas económicas y militares a un país que no era miembro ni de la UE ni de la OTAN en un conflicto que nos era por completo ajeno y que tenía lugar a miles de kilómetros de nuestro territorio. ¿Qué debería haber hecho España? Pues haberse limitado a condenar verbalmente la violación de la legislación internacional que suponía la invasión rusa, llamar a la paz y a la negociación entre las partes, afirmar que se trataba de un «asunto bilateral» entre Rusia y Ucrania (o más bien entre EEUU y Rusia) y llevar a cabo una ayuda humanitaria proporcionada a la lejanía geográfica, cultural y política de aquel país. El sentido común y la defensa exclusiva de nuestros intereses nacionales invitaba a mantener una actitud mucho más prudente respecto a un conflicto lejano de responsabilidad dudosa, evitando quemar naves retóricas, negándonos a enviar dinero o armas que desde luego no nos sobran -destinadas a matar soldados de un país que no nos había atacado- y mostrándonos renuentes a cualquier escalada. España debería haber contestado a la OTAN que el conflicto no le incumbía en absoluto, y que suficiente tenía protegiendo la frontera sur de Europa. En otras palabras, la reciprocidad invitaba a hacer por Ucrania lo mismo que Ucrania haría por nosotros si Marruecos atacara Ceuta y Melilla: nada. España debería poder elegir quiénes son sus enemigos exclusivamente en función de sus intereses nacionales, pero nuestros «socios» (en realidad, rivales, pues en la esfera internacional todos lo son) nos los imponen.

La "lealtad" israelí, resumida en un tweet del hijo de 
Netanyahu invitando a Marruecos a hacerse con
los territorios españoles del norte de África
Algo parecido podría haber ocurrido con Israel. Apoyar el belicismo patológico de Netanyahu, con sus impunes crímenes de guerra en Gaza o su enésimo bombardeo -«porque yo puedo»- a Irán, nada tiene que ver con la defensa de los valores occidentales, como afirma la eficaz propaganda israelí y algunos medios españoles anclados en la Guerra Fría (o financiados por parte interesada). Es más: a pesar de la malignidad de algunos de los enemigos de Israel (actores regionales y movimientos antisemitas occidentales) y de mi personal admiración por los logros de la sociedad israelí, el principio que debe guiarnos en nuestras relaciones con aquel país también es la reciprocidad: una vez garantizada la custodia de los Santos Lugares, ¿por qué habría de preocupar al español medio la supervivencia de Israel más de lo que le preocupa al israelí medio la supervivencia de España? El hecho de que una pregunta tan lógica pueda parecer provocadora resulta muy revelador.

La OTAN

Un campo de análisis muy interesante respecto de la defensa de los intereses de España es su pertenencia a la OTAN, cuya utilidad durante la Guerra Fría resulta tan indiscutible como lo es su carácter anacrónico tras la caída del Muro. De hecho, la inevitable crisis de identidad de la organización -fruto de su anacronismo- ha cristalizado ásperamente en el disparatado segundo mandato de Trump, lo que ha generado un cierto miedo al «abandono» norteamericano. Tomarse en serio las constantes fanfarronadas del presidente norteamericano resulta absurdo, pero quizá la más absurda de ellas sea la amenaza de retirar a EEUU de la OTAN como «castigo» por no haber apoyado sus países miembros la caprichosa y fallida agresión israelí-norteamericana a Irán.

En primer lugar, la OTAN nació como una organización defensiva, aunque vendiera su alma al diablo al atacar a Serbia en 1999, bombardeando, por cierto, infraestructuras civiles. En efecto, en el artículo primero del Tratado, los países miembros se comprometían «a resolver cualquier controversia internacional en la que puedan verse involucradas por medios pacíficos, de tal manera que no se pongan en peligro la paz y la seguridad internacionales ni la justicia, y a abstenerse, en sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza de cualquier forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas». Por tanto, es EEUU quien incumple reiteradamente este compromiso recurriendo habitualmente a la amenaza o al uso «preventivo» de la fuerza.

En segundo lugar, los países miembros sólo tienen derecho a invocar el artículo 5 y exigir el apoyo militar mutuo en caso de ser atacados en territorio europeo o norteamericano (Ceuta y Melilla, nuestros puntos débiles, no están cobijadas bajo el paraguas OTAN).

Por lo tanto, el Tratado respalda la actitud distante de los países europeos, pero el motivo por el que EEUU jamás abandonará la OTAN es mucho más prosaico: no lo hará porque es su principal beneficiario. ¿Pero no es acaso EEUU el que paga la mayor parte del presupuesto de la organización? Quien paga es el contribuyente norteamericano, pero quien cobra es el complejo militar-industrial, que también es norteamericano. Europa depende de la industria norteamericana para su defensa, pero del mismo modo que un cliente depende de un proveedor importante. Debemos comprender que, desde la disolución del Pacto de Varsovia en 1991, la principal función de la OTAN ha sido conservar como clientes cautivos de su complejo militar-industrial a los países miembros y proyectar el poder de EEUU mediante la presencia de bases en Europa, en el Mediterráneo y en los aledaños del Mar Negro, única salida a mares cálidos de Rusia. Por lo tanto, si EEUU saliera de la OTAN, su industria armamentística perdería una importante fuente de ingresos y EEUU perdería proyección militar global. No va a ocurrir.

En España, por cierto, es muy difícil encontrar análisis objetivos sobre la OTAN, pues nuestros militares dependen en gran medida de ella para realizar misiones en el extranjero y desarrollar su carrera profesional y las contadas instituciones de pensamiento geoestratégico están colonizadas por el establishment político y dominadas por un «otanismo» políticamente correcto. Falta independencia, lo que en ocasiones produce la consecuencia indeseada -pues no dudo del patriotismo de unos y otros- de caer en la defensa de intereses ajenos en perjuicio de los propios.

El valor estratégico de España

España cuenta con un doble valor estratégico frecuentemente ignorado por sus propios gobiernos. En primer lugar, constituye un interlocutor privilegiado con Hispanoamérica, cuyos países hermanos formaron parte de España durante más de tres siglos y con los que compartimos cultura, lengua, religión y sangre, a través del mestizaje, fenómeno por cierto inexistente en las conquistas anglosajonas. De ahí la importancia estratégica de la protección de aquel legado civilizador -la verdadera «memoria histórica»-, resaltando las grandes luces de ese pasado compartido, que, con mucho, superan las sombras que acompañan a toda acción humana, sujeta a la naturaleza caída del hombre. Ningún imperio a lo largo de la Historia realizó una labor civilizadora como el español en las tierras que conquistó por la fuerza de las armas, y ninguno ha sido más injustamente vilipendiado por ello. Por eso resultan tan dañinos los absurdos reconocimientos de culpa que nada tienen que ver con la búsqueda de la verdad, sino con cortoplacistas intereses políticos e ideologías -el indigenismo y el marxismo-, que, como parásitos dañinos, han infectado a parte de Hispanoamérica. El daño causado por la aceptación del relato indigenista es doble, no en balde la propia identidad de España está ligada al descubrimiento de América (por algo nuestra fiesta nacional es el 12 de octubre). No olviden que no es la Conquista per se lo que no perdona el indigenismo marxista (y la masonería), sino la labor evangelizadora católica de los conquistadores. No es odio a España; es odium fidei.

El segundo pilar en que se apoya el valor estratégico de España tiene naturaleza geográfica, pues tenemos la capacidad de controlar el Estrecho de Gibraltar. Éste no sólo supone una afortunada barrera natural entre África y Europa, sino que constituye uno de los pasos marítimos clave del planeta. En efecto, los caprichos de la Naturaleza han hecho que sólo unos pocos estrechos marítimos en todo el mundo tengan una importancia capital, sea por controlar el acceso a mares cerrados o por dominar rutas comerciales. Si omitimos las impresionantes obras de ingeniería del canal de Panamá y del de Suez, que conectan el Atlántico con el Pacífico y el Indico con el Atlántico a través del mar Rojo y del Mediterráneo, respectivamente, en todo el mundo existen tres estrechos de gran importancia comercial: el estrecho de Malaca, al extremo de la península malaya, el estrecho de Ormuz, que no necesita presentaciones, y el estrecho de Bab el-Mandeb, entre el cuerno de África y la península arábiga, que debe lógicamente su importancia al canal de Suez.

Desde el punto de vista estratégico existen otros dos estrechos importantísimos que dan acceso a mares cálidos cerrados o semicerrados. El primero lo constituye la unidad formada por los Dardanelos y el Bósforo, única salida del Mar Negro al Mediterráneo. Ambos son estrechísimos (1,2 km y sólo 700m en su parte más estrecha, respectivamente) y poco profundos, con una sonda media de unos 60m y máxima de unos 100m. Sus dos costas pertenecen a Turquía.

El estrecho de Gibraltar

Por un golpe de suerte, el otro estrecho de gran importancia estratégica es nuestro querido estrecho de Gibraltar, que tanta relevancia tuvo en la Segunda Guerra Mundial y que constituye la única salida directa del Mediterráneo al Atlántico. Delimitado al norte por España y al sur por Marruecos, posee una anchura mínima de unos 14 kms y una profundidad máxima de más de 900 metros. España, además, cuenta con la estratégica plaza fuerte de Ceuta al otro lado del estrecho, por lo que es el único país en tener territorio a ambos lados del mismo.

El estrecho de Gibraltar vincula a nuestros dos grandes rivales históricos: Marruecos -de donde provinieron las tres destructivas invasiones musulmanas de los siglos VIII, X y XII y la ocupación del Sahara en el siglo XX- y nuestro tradicional adversario europeo, el Reino Unido. Ambos comprenden mucho mejor que nosotros la relevancia del estrecho de Gibraltar, y por eso -y quizá también por la nostalgia del Imperio perdido- los británicos se aferran a su colonia. España, por el contrario, sólo le dio la importancia debida durante el franquismo y el principio de la democracia, cuando practicó una política firme de asfixia económica y ofensiva diplomática que incluyó el cierre de la verja. En 1982, el PSOE (cómo no) la reabrió, y su política de cesión y blandura que no hizo más que envalentonar la habitual política británica de hechos consumados, acrecentada tras la oportunidad increíblemente perdida del Brexit. Sin duda, un factor explicativo de la política antinacional de los gobiernos izquierdistas ha sido su obsesión antifranquista (si Franco era duro con Gibraltar, entonces ellos debían hacer lo opuesto), a lo que se une, con Sánchez, su patológica animadversión a España.

El control del estrecho es nuestro mayor valor geoestratégico, pero la acción de distintos gobiernos ha debilitado los intereses nacionales a través de una indolente política de abandono a intereses foráneos. En este sentido, la política alternativa favorable a los intereses nacionales es clara: en primer lugar, reforzar seriamente las infraestructuras militares de la Sierra del Bujeo, con sus impresionantes cotas de cerca de 800m sobre el estrecho y sobre la propia bahía de Algeciras; y, en segundo lugar, debilitar la posición británica mediante el desarrollo económico del campo de Gibraltar y la constante presión económica y diplomática sobre el Peñón. Ellos defienden lógicamente sus intereses; defendamos nosotros los nuestros. No se trata de patrioterismo, sino de simple sentido común.

Conclusión

En demasiados casos, España no defiende adecuadamente sus intereses nacionales y practica un seguidismo de intereses extranjeros sin exigir las debidas contrapartidas. Esta situación se explica por nuestro extraño complejo de inferioridad, por el triste antipatriotismo de una significativa parte de nuestro espectro político -que reniega de la historia de España- y por la incompetencia de nuestra clase política. Sin embargo, esta dejación de funciones plantea en última instancia una pregunta más preocupante: ¿es España un país soberano?

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
(https://www.fpcs.es/)

SIGUEN ERRE QUE ERRE CON LA MENTIRA


EL CENTRO DE DATOS A HIPERESCALA QUE SE PROYECTA EN UTAH CREARÁ UNA ISLA DE CALOR INÉDITA Y MASIVA



Un nuevo proyecto masivo de centro de datos a hiperescala llamado Stratos está planeado para el condado de Box Elder, Utah. Si se construye, demandaría hasta 9 gigavatios de electricidad, más del doble del consumo total de energía de todo el estado.

Pero la verdadera sorpresa proviene del calor residual. Según el profesor de física de la Universidad Estatal de Utah, Robert Davies, la instalación generaría un adicional de 7 a 8 gigavatios de calor, creando una producción térmica total de aproximadamente 16 gigavatios concentrada en una sola ubicación.

Esa liberación de energía, calculó Davies, es comparable a detonar 23 bombas atómicas por día en Hansel Valley, una cuenca desértica alta cerca del cada vez más pequeño Gran Lago Salado que atrapa naturalmente el calor como un tazón. La huella energética del proyecto también sería aproximadamente igual a la de 40.000 Supercentros Walmart.

Las temperaturas locales podrían aumentar alrededor de 5°F (2,8°C) durante el día y un asombroso 28°F (15,6°C) por la noche. Los ecólogos advierten que un calentamiento tan dramático estresaría un ecosistema ya frágil, empeoraría el polvo tóxico del lecho del lago que se seca y perturbaría las plantas, la vida silvestre y los recursos hídricos.

En cuanto al demonizado CO2, la macro-instalación producirá 30,2 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, lo que aumentará las emisiones totales de carbono de todo el estado en un 55 %.

Como la columna vertebral de la inteligencia artificial, los centros de datos son esenciales para cada consulta, imagen y ejecución de entrenamiento de IA. El proyecto Stratos ahora plantea una pregunta crítica: ¿Puede la enorme infraestructura detrás de la IA expandirse sin transformar permanentemente, y sobrecalentar las comunidades y paisajes donde se construye?

O sea, mucho calentamiento global por la liberación de CO2 de los combustibles fósiles, pero el sembrar parrillas que desprenden un calor desproporcionado y consumen recursos hídricos y energéticos como ciudades enteras resulta aceptable para los talibanes del control medioambiental. ¿Qué prueba más clara se requiere para concluir que todas las medidas contra el "cambio climático" han sido una estafa al ciudadano, y que los reguladores que te culpabilizaban por usar tu vehículo diesel son unos hipócritas que barren para sus intereses mientras te fríen, primero a impuestos y luego sometiéndote a temperaturas propias de un bombardeo atómico?

(https://t.me/bycpoornamidam/)

viernes, 5 de junio de 2026

EN ALEMANIA LA IGLESIA PREDICA LA "GUERRA SANTA" CONTRA RUSIA



No son solo los cuarteles: las iglesias alemanas también se rearman. Los curas católicos y los pastores evangelistas predican el miedo a Rusia y se preparan para desplegarse en las zonas de combate del mañana para dar su bendición a los muertos y consolar a los heridos. Los capellanes castrenses quieren reorganizar sus servicios de atención pastoral para la guerra y el rearme en Europa.

La guerra es inminente, dice el Ministerio de Defensa alemán basándose en los informes de los “expertos”. Rusia va a atacar el territorio de la OTAN “antes de finales de esta década” pronostica.

En noviembre del año pasado una pastoral de la Iglesia Evangélica Alemana (EKD) siguió la corriente del Ministerio y los medios de intoxicación para promover la histeria antirrusa aprovechando la parábola del Buen Samaritano del Nuevo Testamento, que curó de sus heridas a un hombre que encontró en el camino (Lucas 10, 25-37).

El Ministerio de Defensa previene que en caso de guerra los capellanes castrenses acompañen a los soldados y a los heridos en su camino de vuelta a Alemania. No obstante, los destinatarios, incluido el obispo castrense protestante Bernhard Felmberg, lamentan que tienen poco personal para cumplir esas funciones. El periódico Neues Deutchland sospecha que las iglesias quieren quedarse con una parte del aumento de los presupestos de guerra.

La tarea castrense de las religiosos no consiste sólo en atender a las necesidades espirituales de los soldados traumatizados y mutilados. Los soldados muertos tienen que ser enterrados dignamente, incluso con una cierta solemnidad, si es posible, dice el Ministerio de Defensa, que pone a la pandemia de “covid” como ejemplo a seguir de lo que pueden ser los servicios funerarios en la próxima guerra.

Cuando llegue la guerra, la población civil tambien les va a necesitar. Por ejemplo, los sacerdotes católicos y los reverendos evangelistas se pueden encargar de informar a las familias de la muerte de los soldados en el campo de batalla. Los capellanes del ejército sirven para estabilizar emocional y mentalmente a las personas en casos extremos y devolverlos a la rutina ordinaria (*).


Y digo yo: ¿no debería este sujeto desautorizar el ardor gue-
rrero de sus fieles germanos o seguirá dedicándose al postu-
reo en plan anuncio de detergente como en la foto? "Biena-
venturados los que usan Ariel, porque ninguna mancha per-
manecerá mucho tiempo en sus vestiduras"
No existe separación entre la iglesia y el Estado. Los cabecillas de las iglesias alemanas no intentan prevenir la guerra; ni tampoco se oponen a ella. Tratan de afrontar sus dramáticas consecuencias y apaciguar los ánimos para que no ocurra lo mismo que después de las dos guerras mundiales, que condujeron a la revolución.

El obispo castrense católico Franz Josef Overbeck ha dado el visto bueno para reintroducir el servicio militar obligatorio en Würzburg: “servicio obligatorio para posibles hombres jóvenes y luego también para mujeres“. 

(Fuente: https://mpr21.info/)