jueves, 12 de febrero de 2026

PROHIBICIONES "POR TU BIEN"



Hay un truco viejo que se repite con ropa nueva: primero se muestra un problema y se presenta enorme “por tu bien” -aunque existan muchos otros realmente grandes y acuciantes-, luego se crea una norma “protectora” y, cuando te quieres dar cuenta, lo que han protegido no es tu libertad, sino su control sobre ti o sobre las futuras generaciones.

Lo inquietante no es solo la ley en sí, sino el relato que la envuelve: te dicen que te cuidan, mientras te van colocando barrotes alrededor.

Se empieza cambiando el nombre a las cosas. Vigilar pasa a llamarse seguridad, censurar se rebautiza como lucha contra el odio, restringir opinión se vende como combate a la polarización y la desinformación.

La historia nos dice que no es algo nuevo: cuando se quiere recortar libertades o difuminar otros grandes problemas, lo primero que se hace es construir un buen relato moral, conmovedor, incluso “ético”, para que resulte casi indecente oponerse. ¿Quién va a estar en contra de proteger a los niños, de frenar el odio o de cuidar la convivencia? Nadie. Y ahí está la trampa: el problema no son las palabras, sino hacia dónde apuntan las medidas; si limitan el poder o lo concentran, si te protegen de los abusos o protegen al sistema de tus preguntas incómodas.

En otros tiempos se quemaban libros “peligrosos” para salvar almas, para evitar herejías, para mantener “la sana doctrina”. En teoría, todo por el bien del pueblo. En la práctica, se trataba de decidir qué podías leer, qué ideas estaban permitidas y cuáles debían desaparecer entre llamas, no porque algunas fueran falsas, sino porque eran incómodas para el poder.

Hoy ya no se queman libros en plazas, pero se pueden quemar silenciosamente cuentas, contenidos, opiniones disidentes en un gran fuego digital que no huele a humo, pero huele a miedo. Ayer era la hoguera, hoy es el algoritmo. El mecanismo es el mismo: “esto no lo ves porque es malo para ti”.

El nuevo escenario es más sofisticado. Se disecciona el espacio digital y se levantan jaulas legales que se presentan como diques contra el odio, la desinformación o la manipulación.

Se habla de responsabilidades penales para ejecutivos de plataformas, de delitos de “manipulación algorítmica”, de huellas de odio y polarización que todo lo miden, todo lo etiquetan.

Sobre el papel suena impecable: ¿a quién le gusta el odio? ¿Quién defiende la manipulación? Pero el detalle incómodo es que nadie logra definir de forma objetiva qué es odio y qué es simple discrepancia, qué es manipulación y qué es mera selección de contenidos.

En ese vacío, la definición ya no es técnica, sino política: decide el que manda.

Desde ese momento ocurre algo casi invisible pero devastador: el miedo. Si la frontera entre lo permitido y lo castigable depende de interpretaciones cambiantes, el ciudadano y las plataformas empiezan a autocensurarse.

Para evitar problemas, se borra más de la cuenta, se silencia lo polémico, se retira lo que pueda molestar. No porque sea ilegal en esencia, sino porque es más seguro callar. El poder no necesita ya perseguir cada palabra: le basta con que la gente aprenda a hablar bajito.

La jugada maestra es usar causas legítimas como caballo de Troya. La protección de los menores, por ejemplo. Nadie con un mínimo de conciencia niega que el entorno digital puede ser brutal para un adolescente y que hay que tomar medidas.

Pero el diablo está en el método: verificación masiva de identidades, bases de datos gigantes de documentos personales, sistemas de vigilancia que se quedan para siempre aunque el pretexto cambie o incluso desaparezca.

Lo que empieza como “solo para que los niños no entren” puede terminar siendo “ya que tenemos tus datos, los usaremos para todo lo demás”. Ayer se justificaba la censura para salvar tu alma; hoy se justifica para salvar tu perfil. El discurso es distinto, la estructura es idéntica.

También es muy revelador a quién se vigila con más intensidad. No se persigue a las plataformas que más daño hacen según parámetros objetivos, sino a las que menos se dejan controlar.

Se señala con el dedo a aquellos entornos digitales que no obedecen dócilmente los criterios oficiales de moderación de contenidos, mientras se tolera mejor a quienes se adaptan al guion. El mensaje es claro: no se castiga el riesgo, se castiga la desobediencia. Antes se demonizaba al libro que cuestionaba el dogma; ahora se mira con lupa a la red, al medio o a la herramienta que no se pliega al discurso dominante.


A todo esto se suma un ingrediente indispensable: la normalización. Ninguna sociedad acepta de un día para otro perder libertades; hay que hacerlo “en cómodos plazos”. Primero se limita a los menores, luego a los discursos catalogados como odio, después a lo que llamen desinformación, más tarde a la disidencia “peligrosa”.

Cada paso se presenta como pequeño, moderado, razonable. Hasta que un día descubres que para decir algo incómodo tienes que pensártelo tres veces, usar eufemismos, esconderte detrás de metáforas o callar directamente. Cuando eso ocurre, la hoguera ya no está en la plaza: está instalada dentro de tu cabeza.

El gran problema es que, mientras ocurre todo esto, nos tienen entretenidos con peleas menores. Discusiones eternas sobre siglas, bandos, etiquetas … mientras se cocina una arquitectura de control que va más allá de cualquier gobierno concreto.

Se nos alimenta con crispación diaria para que miremos a los rivales de siempre y no al hilo común que une muchas medidas: la concentración de poder y la infantilización del ciudadano; ¿en qué momento decidimos que la responsabilidad primera de educar y acompañar a los menores debía desplazarse de la familia al Estado? ¿Y por qué esa prisa por convertir lo que era tutela parental en supervisión administrativa?

Los problemas más importantes en España, según las recientes encuestas (2024-2025), se centran en la crisis de vivienda, los problemas económicos, el paro, la inestabilidad política por la corrupción, la inflación, la calidad del empleo, la preocupación por la inmigración y la sanidad. Parece que las prioridades de los políticos están muy lejos de las necesidades de los ciudadanos.

Si el pueblo se acostumbra a delegar su criterio en los filtros oficiales, en los verificadores de turno o en los algoritmos “responsables”, se vuelve manejable. No hace falta prohibirle leer: basta con decidir qué merece la pena que vea.

Sin embargo, la historia también enseña que nunca se tiene el control total. Siempre queda una rendija, un margen, un espacio donde la libertad se cuela como el humo de los viejos libros que quisieron borrar.

En el mundo digital existen herramientas descentralizadas, cifrado, redes alternativas que no dependen de un único cuello de botella legal ni de un único guardián de la puerta.

Y existe, sobre todo, algo que ninguna ley puede regular del todo: la conciencia crítica de cada persona, la capacidad de hacerse preguntas, de desconfiar de los relatos demasiado perfectos, de sospechar cuando te dicen que para estar seguro tienes que hablar menos, ver menos, pensar menos.

Quizá la verdadera batalla no está solo en las leyes que se aprueban, sino en qué o quiénes queremos ser; los que delegan su criterio a cambio de protección, o los que se toman la molestia de informarse, de contrastar, de mirar detrás del titular amable.

En tiempos de hogueras se necesitaba valor para esconder un libro. En tiempos de algoritmos, se necesita valor para defender una opinión incómoda sin disfrazarla de eslogan. Porque la censura del futuro, igual que la del pasado, nunca vendrá diciendo: “vengo a quitarte la libertad”, sino susurrando: “tranquilo, es por tu bien”. Y lo verdaderamente peligroso no será lo que hagan, sino que terminemos creyéndolo.

Maria del Mar Martínez Herrera

LA PERVERSA NATURALEZA DEL SISTEMA


NADA ES CASUAL



En 2016 el bioeticista, Matthew Liao propuso en el World Science Festival inducir una alergia en humanos a la carne por medio de "garrapatas como armas de bioingeniería".

Desde entonces el no han parado de aumentar los casos de alergia a las carnes rojas causadas por garrapatas.

Oficialmente, las causas de la expansión de las garrapatas que están produciendo estás alergias es el cambio climático.

(https://t.me/No_plandemia/)

miércoles, 11 de febrero de 2026

FRÍO, LLUVIA, NIEVE ... ¿CAMBIO CLIMÁTICO?



Los propagandistas climáticos andan nerviosos. En efecto, las condiciones meteorológicas preferidas para la propaganda climática son el calor y la sequía, y desde finales de diciembre hemos tenido frío y mucha lluvia. De hecho, en la España peninsular, enero ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años, y muchos pantanos han acabado el mes al 100% de capacidad.

De este hecho debemos extraer tres lecciones. La primera es la falta de fiabilidad de las predicciones meteorológicas más allá de un horizonte temporal de unos pocos días. Un secreto bien guardado es que la ciencia aún está en pañales en su comprensión del clima, un sistema no lineal, complejo y caótico. Por tanto, los meteorólogos no tienen forma de saber con un mínimo de certeza qué pasará esta próxima primavera, ni el año que viene, ni mucho menos el 2100. Se mueven en un entorno de enorme incertidumbre y se apoyan para sus previsiones estacionales en factores sólo parcialmente explicativos, como el ENSO (El Niño-Oscilación del Sur, un fenómeno natural que integra la dinámica del océano y la atmósfera y cuyas manifestaciones alteran el clima global, nota del "blogger").

Nadie es profeta en (la previsión del tiempo de)
su tierra. Y menos que nadie la Agencia Espa-
ñola de Meteduras de Pata.
Otra vez la AEMET

De ahí las aproximaciones probabilísticas obtenidas por la AEMET tras "laboriosos cálculos" -sin eufemismos, a ojo de buen cubero (o al dictado de los catastrofistas habituales, nota del "blogger")- al pronosticar que había un 60% de probabilidades de tener un invierno más cálido de lo normal. Por ello, ha recibido muchas críticas, amortiguadas por la feroz defensa que de la Agencia realizan sistemáticamente los fact-checkers y la prensa de izquierdas (casi toda), pues la AEMET es la principal «autoridad» para promover la agenda climática y, por tanto, hay que protegerla.

En realidad, el gigantesco error de la AEMET estriba en no haber sido capaz de prever el enorme volumen de precipitaciones registradas en enero. De hecho, las críticas a su previsión de temperaturas distraen la atención sobre este punto y, además, son ingenuas, dado que la AEMET tiene el monopolio en el cálculo de temperaturas en España. También son prematuras. En efecto, la temperatura media del invierno meteorológico en la España peninsular es de 6,6ºC, luego para tener un invierno «más cálido de lo normal» bastaría con obtener unas pocas décimas superiores a esa temperatura. Si damos por bueno que las temperaturas de enero han sido sorprendentemente normales (como parece haber afirmado la AEMET), para que falle su pronóstico sería necesario que febrero acabara siendo «más frío de lo normal» (por debajo del percentil 40), algo estadísticamente más improbable que el escenario opuesto. De ahí que la Agencia confíe su remontada reputacional a las temperaturas de febrero (que ellos mismos calcularán).

La segunda lección que debemos recordar es que la gran amenaza climática que debería preocuparnos es el frío extremo propio de las Eras Glaciales y no las temperaturas más templadas causadas por el ligero calentamiento que afortunadamente estamos viviendo desde que terminó la Pequeña Edad de Hielo, a mediados del siglo XIX. Calor es sinónimo de vida, y frío, sinónimo de muerte. Por eso los pájaros migran hacia zonas más cálidas en invierno y los ciudadanos del centro y norte de Europa vienen de vacaciones a España, y no al revés.

La última lección que podemos extraer es que debemos estar en guardia frente al inmisericorde bombardeo de la propaganda climática, de estilo soviético. En efecto, si este comienzo de invierno hubiera sido cálido y seco en vez de helador y lluvioso, la propaganda climática lo habría achacado inmediatamente al cambio climático. Pues bien, tan ridículo y acientífico es extrapolar un mes frío, lluvioso y nevoso ligándolo a un supuesto enfriamiento global como lo es ligar cada ola de calor, cada sequía o cada estación especialmente cálida al calentamiento global. Por favor, recuérdenlo la próxima vez que los activistas climáticos -empezando por la AEMET- conviertan meros fenómenos meteorológicos locales, pasajeros e irrelevantes, en pruebas irrefutables del cambio climático planetario.

Profetas de calamidades

Para los profetas de calamidades climáticas las malas noticias se acumulan, pues Bill Gates afirma ahora que «aunque el cambio climático tendrá graves consecuencias (…), las personas podrán vivir y prosperar en la mayoría de los lugares de la Tierra en un futuro previsible». Tras escribir hace pocos años un libro alarmantemente titulado Cómo evitar un desastre climático, su cambio de tono (o giro oportunista) ha coincidido con el desgaste de las proyecciones apocalípticas -desacreditadas una y otra vez por los datos observados- y, sobre todo, con el cambio político acontecido en EEUU, país que ha decidido abandonar, y, por tanto, dejar de financiar, todo tipo de organizaciones ecologistas, incluyendo el IPCC de la ONU.

Debemos ser conscientes de que la eficaz propaganda climática achaca al cambio climático todo tipo de fenómenos, aunque sean de naturaleza opuesta. Por eso precisamente el «calentamiento global» pasó a denominarse «cambio climático», concepto menos restrictivo que admite todo. Éste es el motivo por el que quienes viven del cuento climático intenten explicar que el calentamiento global es culpable del calor, pero también del frío; de la lluvia torrencial, pero también de la sequía; de la calma total, pero también de los vientos tempestuosos. No obstante, aunque la física atmosférica sea en ocasiones contraintuitiva, confío en que el sentido común les indique que suele ser difícil que un mismo factor cause resultados completamente opuestos. Si no es así, tengan cuidado la próxima vez que pongan hielo en su bebida, no vaya a ser que se caliente, o que tomen un antipirético, no vaya a ser que, en vez de bajarles la fiebre, se la dispare.

Al contrario de lo que afirma la propaganda, hasta ahora el calentamiento global no ha provocado ningún aumento en la inestabilidad climática o en la frecuencia o intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como reconoce el propio IPCC. Pero imaginemos por un momento que lo hiciera, como afirman sus propagandistas: ¿deberíamos concluir entonces que el enfriamiento global traería una gran estabilidad climática? No parece ser el caso. De hecho, la Pequeña Edad de Hielo (s. XIII-s. XIX) fue un período de «gran inestabilidad climática» que produjo severas carestías en la cosecha de cereales y, por lo tanto, hambrunas. Por el contrario, el aumento de CO2 y unas temperaturas más templadas favorecen el crecimiento de las plantas. Así, el rendimiento de los cultivos de cereales (medido en toneladas por hectárea cultivada) no ha hecho más que crecer en las últimas décadas y es hoy el doble de lo que era hace 60 años, lo que supone una magnífica noticia para alimentar a una creciente población mundial. Bendito CO2.

Caída global de temperaturas

El frío, la lluvia y la nieve no ha sido un fenómeno limitado a España, sino que se ha tratado de un fenómeno global en el hemisferio norte. De forma anecdótica, cabe mencionar que en la noche de Reyes cayeron 30 cm de nieve en las playas de la costa atlántica francesa, que en EEUU el temporal de frío y nieve de finales de enero compitió con el récord del invierno anterior, y que, en la península de Kamchatka, en el extremo oriental ruso, se produjo una nevada sin precedentes.


¿Por qué el "filántropo" de todas las salsas no se ocupa de
enfriarse él los coj####s y nos deja en paz al resto?
Pero por encima de lo anecdótico que supone vivir un mes frío, lluvioso y nevoso, el hecho es que las temperaturas del planeta están cayendo desde hace dos años, lo que significa que el inusual pico observado en 2023-2025 -de naturaleza claramente exógena y coyuntural, por extremo y repentino- está remitiendo en un típico ejemplo de reversión o regresión a la media. No olviden que en 2023 el 42% de la superficie del planeta experimentó temperaturas dos desviaciones estándar por encima de la media. En este sentido, resulta elocuente el contraste entre el sinnúmero de noticias publicitando el brusco calentamiento de aquellos años y el sepulcral silencio que ha acompañado el enfriamiento subsiguiente, igualmente brusco, pero que no encaja en el relato oficial.

Como escribí en su día, ningún científico serio achacó al supuesto cambio climático antrópico el súbito aumento de las temperaturas del 2023-2025 (al contrario de lo que hizo la AEMET). Algunos lo ligaron a un fenómeno El Niño fuerte; otros a una bajísima cobertura global de nubes completamente inexplicada, pues la ciencia aún patina con la convección húmeda y desconoce, por tanto, los factores que controlan la nubosidad del planeta (¿cómo no van a fallar los modelos climáticos?). Finalmente, otros científicos señalaron a la masiva erupción del volcán submarino Hunga-Tonga, que constituyó uno de los fenómenos geológicos de mayor magnitud del último siglo al liberar a la atmósfera, de golpe, 150 Mt de vapor de agua, el más importante gas de efecto invernadero.


Por lo tanto, es posible que el reciente y brusco enfriamiento terrestre haya estado asociado a La Niña, fenómeno que, como tantos otros, resulta imposible de predecir en duración e intensidad salvo con cómodos rangos probabilísticos que no suelen separarse mucho de la equiprobabilidad (para proteger la reputación al pronosticador). Pero también es posible que el principal factor explicativo del reciente enfriamiento haya sido la paulatina desaparición del temporal efecto invernadero causado por la erupción del Hunga-Tonga. Quién sabe.

Como pueden ver en el siguiente gráfico, desde 1979 -un año particularmente frío, pero el primero en el que hubo satélites en el espacio para medir la temperatura- se estima que la temperatura media del planeta ha aumentado a un imperceptible ritmo de 0,15ºC por década (sí, 15 centésimas de grado por década). Convendrán conmigo en que hay que afinar mucho para detectar este aumento centesimal de la temperatura de todo un planeta:


Asimismo, podrán observar que la temperatura del planeta apenas aumentó en el período 1980-1995 y se mantuvo muy constante de 1998 al 2015, aproximadamente, a pesar del aumento constante de la concentración atmosférica de CO2. Este último episodio se denominó «la pausa», aunque posteriormente la propaganda climática negaría que dicho término hubiera existido. ¡Qué memoria más corta! La revista Nature había publicado en 2013 un artículo titulado La reciente pausa del calentamiento global y el propio IPCC citaba «la pausa» 53 veces en su Quinto Informe (2013) y dedicaba un capítulo especial titulado Modelos climáticos y la pausa en el calentamiento global en los últimos 15 años.

Gráficos largos

El gráfico anterior de datos por satélite es un gráfico muy corto, pues la evolución de clima suele medirse en siglos o milenios. Por eso me gusta introducir el gráfico largo que incluyó el IPCC en su Primer Informe, que muestra la reconstrucción de temperaturas del planeta de los últimos 10.000 y 1.000 años. En él podrán observar que las temperaturas de finales del s. XX eran inferiores o similares a las de épocas en las que Pedro Picapiedra conducía su troncomóvil, es decir, en las que no existía industrialización alguna ni CO2 de origen antrópico:


Buenas noticias

Por otro lado, algunos de mis amigos canadienses preocupados por la propaganda climática se habrán visto tranquilizados con la reciente publicación de la serie de temperaturas veraniegas de su país desde el año 1900, la cual muestra una suave ciclicidad sin tendencia clara que equipara las temperaturas de principios del s. XXI con las vividas hace 100 años, cuando supuestamente el nivel de CO2 era «normal» (según la nomenclatura de la propaganda climática):


También les relajará saber que el llanto ceñudo de la pobre Greta al denunciar en la ONU una supuesta extinción masiva de especies como consecuencia del cambio climático era fruto de la histeria más que de la ciencia. En efecto, un estudio reciente publicado por la Royal Society concluye que el ritmo de extinción de especies -irrelevante en cualquier caso desde el punto de vista relativo- ha disminuido en los últimos 100 años. Sí, han leído bien: hay menos extinciones de especies, lo que significa que a la biosfera (sistema que engloba a todos los seres vivos del planeta) le sienta de maravilla una temperatura un poco más templada y un poco más de CO2, fuente de vida y alimento por antonomasia de las plantas.

Respecto a la subida del nivel de los océanos también tenemos datos tranquilizadores. Un estudio publicado en el Journal of Marine Science and Engineering ha comparado los aumentos pronosticados para 2020 por el IPCC para multitud de localidades costeras de todo el planeta con las mediciones reales obtenidas en dichas localidades. Su conclusión es rotunda: «Aproximadamente el 95 % de las ubicaciones no muestra una aceleración estadísticamente significativa de la tasa de aumento del nivel del mar. Nuestra investigación sugiere que en el 5 % restante de las ubicaciones los fenómenos locales no climáticos son la causa plausible del aumento acelerado del nivel del mar». Y termina: «En promedio, la tasa de aumento proyectada por el IPCC tiene un sesgo al alza de aproximadamente 2 mm por año en comparación con la tasa observada». Dado que el último informe del IPCC proyecta un aumento de 4mm / año hasta el 2100 en su escenario más plausible, esto significa que sus fallidos modelos multiplican por dos la subida real del nivel de los océanos. No tengan prisa por vender el apartamento de la playa. ¿Consenso o censura?

La propaganda climática asegura que existe un consenso casi absoluto entre la comunidad científica respecto al origen antrópico del calentamiento global y a las consecuencias apocalípticas que se le atribuye. Esto es rotundamente falso: lo que sí ha habido es un tratamiento mediático asimétrico de ambas posturas del debate y una agresiva censura de tinte comunista u orwelliano materializada en el silenciamiento activo de la multitud de científicos escépticos y escandalizados con el secuestro político de la ciencia.

Éste es el caso de un editor del American Journal of Economics and Sociology, que permitió la publicación de un artículo que pronto se convertiría en el segundo más leído de la publicación en sus 83 años de historia. El artículo criticaba el alarmismo del IPCC, nunca corroborado por la evidencia empírica, es decir, osaba blasfemar contra el dogma imperante con una laudable claridad. Pues bien, el editor fue despedido. Lean por favor con atención las conclusiones de este artículo:

«El IPCC afirma que los fenómenos meteorológicos extremos son ahora peores que en el pasado, pero las observaciones no respaldan esta afirmación. Algunos fenómenos meteorológicos extremos, como la superficie terrestre afectada por sequías extremas, están disminuyendo, en lugar de aumentar (Lomborg, 2020). A nivel mundial, la incidencia de huracanes no muestra una tendencia significativa (IPCC, 2013, p. 216; Lomborg, 2020). Las observaciones tampoco muestran ningún aumento de los daños ni ningún peligro para la humanidad en la actualidad debido al clima extremo o al calentamiento global (Crok y May, 2023, pp. 140-161; Scafetta, 2024). Por lo tanto, dado que el clima actual es posiblemente mejor que el clima preindustrial y que no hemos observado ningún aumento de la mortalidad por fenómenos meteorológicos extremos, concluimos que podemos planificar la adaptación a cualquier cambio futuro. Hasta que se identifique un peligro, no hay necesidad de eliminar el uso de combustibles fósiles».

Amén.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
(https://www.fpcs.es/)

REGULARIZACIÓN MASIVA Y SUSTITUCIÓN DE VOTANTES DESAFECTOS



La regularización masiva de inmigrantes para reemplazar a los votantes "fachas"
revela al dúo Montero-Belarra como las ideólogas de un Régimen sin otro pro-
yecto que perpetuarse en el poder a costa de lo que sea: ahondar en las desigual-
dades de género, soltar violadores, amordazar a la prensa, resucitar las dos
(o más) Españas, ... Nunca dos chonis se habían venido tan arriba (ni un 
ejecutivo se había mostrado tan desnortado)


Estamos ante una concesión bajo presión de Podemos, o sea, lo habitual en las decisiones de un gobierno que es chantajeado por todos los socios o, mejor dicho, es un gobierno con muchas garrapatas que chupan sangre. Pero la sangre es la de todos nosotros.

La regularización masiva no nace de un plan de Estado serio sobre demografía, empleo o cohesión social, sino del trueque parlamentario clásico: tú me sostienes y yo te concedo. Así se gobierna cuando el timón no lo lleva el piloto, sino el pasajero que amenaza con abrir la puerta en plena travesía.

Y ese es el grave problema de fondo.


Sácame de dudas, Irene: si acogemos a esta beldad moruna,
¿le compramos también su discurso? Es que nos obligas a
elegir entre la islamofobia y la homofobia, y en un caso u
otro al final caemos en el discurso de la ultraderecha. Por-
que lo que seguro no ha pasado por tu cabecita de cajera
es poner algún tipo de freno a la admisión de cabestros to-
talitarios como ella. ¿Vale todo con tal de darle en los ho-
cicos a los "fachas"? 


Regularizar sin una arquitectura coherente de servicios, vivienda y control administrativo no es humanismo: es improvisación ideológica con factura social. Se anuncia integración, pero no se refuerzan hospitales. Se habla de derechos, pero no se construyen viviendas. Se promete convivencia, pero se abandona la planificación. El resultado no es inclusión: es saturación.

Cuando el Estado actúa así, no protege a nadie. Ni a los recién llegados ni a quienes ya estaban sosteniendo el sistema público que está al límite. Y a tus hijos que pagarán la indecente deuda pública.

Porque cuando una minoría parlamentaria dicta políticas estructurales a cambio de votos, la democracia se transforma en subasta. Hoy es inmigración. Ayer fue y será la justicia, educación o fronteras, depende de quien pida. Gobernar deja de ser diseñar país y pasa a ser apagar incendios de coalición.

Y luego llega la hipocresía: se acusa de alarmismo a quien advierte de tensiones sociales mientras se deja que esas tensiones crezcan sin recursos, sin planificación y sin control eficaz. El conflicto no lo crea quien lo señala; lo crea quien lo gestiona mal.

Además, el mensaje exterior es devastador: entrar irregularmente no tiene consecuencias reales si se aguanta el tiempo suficiente. Las mafias entienden el lenguaje mejor que nadie. Cada regularización sin refuerzo fronterizo es un anuncio publicitario gratuito.


¿No les dará siquiera un poco de vergüenza a las 
hermanas Sisters éstas alentar el tráfico de perso-
nas como combustible del tráfico de votos?
Todo ello envuelto en moralina: si criticas la chapuza, eres un facha inhumano. Si pides planificación, eres sospechoso. Si hablas de incapacidad del sistema, eres facha de carnet.

La política migratoria de un país no puede decidirse en una negociación de madrugada para salvar una votación. Es demasiado importante para tratarla como un parche.

Porque cuando el gobierno gobierna chantajeado, el precio no lo pagan los partidos. Lo pagan los barrios saturados, las aulas desbordadas, los centros de salud colapsados y una convivencia cada vez más frágil.

Esto no es solidaridad. Es irresponsabilidad maquillada de virtud.

Y la historia demuestra algo incómodo: cuando el Estado renuncia a planificar y se limita a ceder, no gana la integración. Gana el caos. Y el caos siempre termina alimentando precisamente a los extremos que luego dicen combatir.

No se está construyendo cohesión social. Se está jugando a la política con dinamita demográfica. Jugando a una regularización primero, nacionalización después y voto seguidamente.

Tenemos que reemplazar con los inmigrantes a la generación de fachas. Esta es la idea más nazi que he oído.



Fue un mensaje político explícito que salió de boca de Irene Montero, junto a Ione Belarra, en un mitin de Podemos.

La idea, envuelta en tono épico, venía a decir que la regularización y futura nacionalización servirían para “barrer” a una generación ideológica considerada indeseable y sustituirla por nuevos votantes. Genocidio de unos votantes y su reemplazo.

Desde sociología política eso tiene un nombre poco romántico: ingeniería demográfica con fines electorales.

Esta es la gasolina que alimenta las posiciones ultras y radicales. Este gobierno está alimentando, a la vez, a ultraizquierda y a la ultraderecha. Y no le importa que la gasolina sean los inmigrantes, los golpistas nacionalistas o las sanguijuelas periféricas. Les da exactamente lo mismo. Además, tú cuota de servicios sociales se la suda.


¿Será el bromuro en el suministro de agua corriente? ¿Será que el
frío quita las ganas? ¿O será que miran con extremo cuidado a
quién le permiten instalarse dentro de sus fronteras? La inmigra-
ción de barra libre "a la española" deja indefensas a las mujeres
 a las que el dúo de mamarrachas que usted ya sabe dice proteger.
 

                        "Ahora que los vamos a nacionalizar, todos serán españoles. Nos encargaremos de que
                                solo te roben españoles" (Tesh Sidi, diputada de Sumar de origen saharaui)

¿Qué respeto a nuestra legislación e integridad cabe esperar
de aquellos a quienes se ha lanzado el mensaje explícito
de que español=gilipollas?

¿Tenemos ya clara la distinción entre europeos y europedos?

David Criado

PELIGROS DE LA CONTAMINACIÓN DEL ADN EN LAS INYECCIONES DE ARNm CONTRA COVID-19


Kevin McKernan explica cómo los fabricantes de la inyección contra el Covid han engañado para ocultar que dejan restos de ADN activos y como los reguladores ocultaron esta contaminación.

Este ADN residual puede entrar en las células humanas y podría contribuir a una progresión inusualmente rápida del cáncer, o el retorno repentino de cánceres que antes se consideraban estables ...

martes, 10 de febrero de 2026

"EL FIN DE LOS TIEMPOS", LA DEFINITIVA PSY OP SIONISTA



Después de miles de años, las profecías hebreas sobre el “Fin de los Tiempos” y la conquista del mundo entero por parte de los judíos aún no se han cumplido; por eso simplemente las están haciendo cumplir.

Esta semana, mientras vemos a Estados Unidos avanzando lentamente hacia una guerra con Irán (que, obviamente, está al servicio de los amos israelíes de la administración Trump), y mientras Rusia y China simultáneamente envían sus propias flotas navales al Golfo Pérsico para hacer "ejercicios de entrenamiento con fuego real" con la Armada iraní, posiblemente nos dirijamos a lo que, si los cañones comienzan a disparar, casi con certeza se convertirá en una guerra global.


Buques de guerra chinos realizan un ejercicio conjunto con naciones
 aliadas en 2024. En respuesta a la presión abierta sobre el régimen ira-
ní por parte del gobierno de Estados Unidos -y la presión encubierta
 sobre la población por parte de agentes de inteligencia israelíes y es-
tadounidenses- Rusia y China están mostrando solidaridad con su 
aliado a través de ejercicios navales conjuntos con fuego real
muy cerca de la flota estadounidense.
Esta es una perspectiva aterradora, por supuesto. Pero, a pesar de lo que dirían innumerables estadounidenses cuyas mentes han sido calcinadas lentamente por la propaganda sionista belicista, no hay ninguna buena razón estratégica, política o humanitaria para que nada de esto suceda.

Sin embargo, probablemente lo hará -ahora o en un futuro cercano- sin ninguna razón más allá de que la diabólica mafia sionista que dirige tanto a los EE.UU. como a Israel lo necesita.

Digo “necesidades” a pesar de que no hay ninguna razón convincente para ello, debido a esto: sus planes a largo plazo dependen del desarrollo de las “profecías bíblicas” que son una justificación religiosa clave para el sionismo tal como se vende a las masas ignorantes.

Porque, después de miles de años, las profecías hebreas acerca del “Fin de los Tiempos” y la elevación del pueblo judío al dominio sobre el mundo aún no han sucedido; se han dedicado simplemente a fabricarlas (o más bien, a fabricar eventos que se parezcan a ellos y suenen como ellos).


Entre los 3´5 millones de registros relacionados con Epstein, publicados
 a finales de enero, se encontraban innumerables referencias a crímenes
asociados con los judíos a lo largo de la historia, desde chantaje sexual
hasta sobornos y desestabilización de naciones para beneficio propio.
Epstein y sus secuaces usaban con frecuencia la palabra "goyim",
un término despectivo para referirse a los no judíos.
Por extraño que pueda parecer para aquellos nuevos en esta línea de pensamiento, es importante entender que, detrás de escena, la mafia judeo-masónica sionista (un antiguo culto de poderosos criminales luciferinos) es la mafia criminal más diabólicamente malévola que jamás haya existido.

Incluso un vistazo rápido a los correos electrónicos de Epstein recientemente publicados revelará delitos que van desde el tráfico sexual de menores hasta el asesinato, el chantaje político, la clonación humana ilegal y la desestabilización de naciones enteras con fines de lucro. Y, lo que es más importante, no encontrará ni un solo caso de estos crímenes que no beneficie al Estado de Israel o a sus poderosos agentes y grandes donantes. No todos los participantes en estos crímenes eran judíos, pero sí los organizadores y beneficiarios, y lo dejan muy claro.

Al mismo tiempo, al mundo occidental, el sionismo se le vende -principalmente a los cristianos- como un medio para unir las causas judía y cristiana, vinculando así a Estados Unidos y a la mayor parte de Occidente inseparablemente con los planes israelíes de conquista regional. Desde iglesias de pueblos pequeños hasta innumerables organizaciones sin fines de lucro y congresistas influyentes, la causa sionista se defiende como una causa moral que une los destinos de judíos y cristianos, utilizando la escatología bíblica como arma psicológica.


Pero lo que es importante que ustedes sepan en este momento crítico es que esta sed de los “Tiempos Finales” que tienen los sionistas –una creencia que es racionalizada por creencias talmúdicas malévolas que se remontan a miles de años atrás– no es nada ni remotamente nuevo.

De hecho, durante siglos, innumerables eruditos y estadistas han estado advirtiendo al mundo que estos judíos fanáticos extremistas eventualmente arrastrarían al mundo a guerras mundiales catastróficas (mientras se benefician del gasto de sangre y tesoros de todos los bandos), guerras que colocarían a los judíos poderosos cada vez más cerca de lograr la conquista mundial que ellos creen que es su derecho racial de nacimiento.

Sorprendentemente, un artículo muy notable sobre este mismo tema aparece en el libro emblemático " El Judío Internacional: El Problema Más Importante del Mundo" de Henry Ford, una de las mejores obras jamás escritas sobre la naturaleza de los judíos y su desenvolvimiento en la sociedad gentil. Publicado en 1922, el título de este artículo en particular es algo que fácilmente podría haber sido escrito ayer: "¿Traerá el sionismo judío el Armagedón?"


El famoso industrial estadounidense Henry Ford, fundador de Ford Motor
 Company y en su día el hombre más rico del mundo. Tras la Primera Gue-
rra Mundial, tras un encuentro casual con un acaudalado comerciante ju-
dío en un crucero que se jactaba del papel de los judíos en el fomento de
la guerra, Ford emprendió una cruzada para dar a conocer esta amenaza
 en su propio periódico, The Dearborn Independent. Posteriormente,
sus artículos sobre los judíos se recopilaron en el libro citado aquí.
Ford comienza explicando el sionismo como una manifestación política de un sueño religioso febril de larga data de los judíos piadosos de que “un día heredarán el mundo entero” (lo que proviene de su interpretación del Antiguo Testamento), pero continúa explicando que esta fantasía judía no es la amenaza real.

Más bien, la verdadera amenaza reside en los poderosos banqueros judíos, los agentes de poder y los agentes de la mafia judeo-masónica internacional que han estado tomando el control de los gobiernos mediante sus intrigas durante siglos. Son estos manipuladores criminales -algunos ateos, pero muchos abiertamente luciferinos- quienes crearon y luego manipularon el fanatismo sionista como justificación ideológica para tomar el control de los vectores de poder en todo el mundo.

No importa en absoluto si tienen creencias espirituales genuinas sobre el destino espiritual de los judíos. Lo que importa es lo que hacen para corromper el mundo, infiltrarse en sus gobiernos y luego provocar conflictos entre ellos para drenar y debilitar a todos menos a ellos mismos, para así salir victoriosos.

Esto ha sucedido en todas las guerras europeas durante los últimos dos siglos (al menos), y ha sido la principal fuerza orientadora de la política exterior estadounidense desde al menos el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

En el artículo, Ford entra en detalles sobre cómo el gobierno británico se vio comprometido durante la Primera Guerra Mundial (que en ese momento se llamó "La Gran Guerra", ya que aún no había ocurrido una segunda guerra mundial) y cómo llegó a ser que el gobierno británico concedió Palestina a los judíos a través de los intereses bancarios de los Rothschild.

Esta concesión (que probablemente surgió como resultado del espionaje judío, desde el chantaje a funcionarios británicos a través de una versión temprana de un club sexual al estilo de Epstein en Londres llamado “The Glass Club”, hasta el soborno del propio Winston Churchill por parte de ricos financieros judíos) más tarde se conoció como el Acuerdo Balfour.

Al mismo tiempo que el gobierno británico estaba siendo manipulado para cambiar de un liderazgo antisionista a uno sionista en medio de una guerra mundial, Ford también detalla cómo la Revolución bolchevique estaba devastando Rusia, y no solo era enteramente judía en carácter, sino que estaba financiada y organizada logísticamente por “judíos occidentales”.

Esos eran los banqueros y comerciantes que se habían establecido en Estados Unidos e Inglaterra generaciones atrás, y se habían enriquecido tanto que pudieron financiar el derrocamiento de naciones enteras. Eran la fuente de financiación y apoyo operativo que se brindaba a los "judíos orientales", quienes, a diferencia de los ricos "judíos occidentales", eran principalmente judíos empobrecidos y resentidos de la zona de asentamiento, donde los bolcheviques reclutaron a sus revolucionarios más despiadados y sanguinarios, deseosos de descargar su ira contenida contra toda una nación.

Armados con la ideología judía del marxismo revolucionario y con el apoyo operativo de un pequeño ejército de revolucionarios entrenados, liderados por el judío León Trotsky (un cuadro formado nada menos que en la ciudad de Nueva York), los bolcheviques desataron una masacre genocida sin precedentes en la historia de la población rusa, mayoritariamente cristiana. Se estima que 60 millones de rusos perecieron a causa de la violencia revolucionaria, el sistema penitenciario del gulag y las campañas de hambruna masivas intencionadas.

Aunque hoy en día pocas personas conocen el carácter judío de aquel genocidio ruso, aún menos se dan cuenta de que fueron los mismos matones judíos bolcheviques radicales y asesinos los que invadieron Palestina para librar allí otra guerra de ocupación.

Tras una revolución y un genocidio exitosos, bandas terroristas judías emplearon la violencia y el engaño para acosar a los nativos árabes y comenzar a reclamar Palestina para los colonizadores judíos décadas antes de que Israel existiera. Aún más extraordinario, estos mismos terroristas llevaron a cabo una campaña selectiva de bombardeos, espionaje y asesinatos contra oficiales militares británicos para presionar a Gran Bretaña a abandonar Palestina por completo, y finalmente lo hicieron.

Estas células terroristas sionistas, como la Haganá, el Irgún, Lechi y la Banda Stern, se integrarían posteriormente al gobierno de Israel al convertirse en las fuerzas armadas del país. El terrorismo, como podemos ver, fue parte integral de Israel como Estado desde antes de su nacimiento, y lo ha sido desde entonces.


Una foto de los daños sufridos por el Hotel Rey David en Jerusalén,
resultado de un atentado perpetrado por el Irgún, el escuadrón terro-
rista judío radical. El atentado, que causó la muerte de 91 personas,
se llevó a cabo en represalia por las incursiones del ejército británico
contra terroristas sionistas. El cerebro de esta operación, Menachem
Begin, se convertiría en primer ministro de Israel.
(También es digno de mención lo que sucede cada vez que los judíos obtienen el control de grandes áreas de tierra: las limpian étnicamente a través del genocidio, como lo hicieron en Rusia con millones de cristianos, y como lo están haciendo ahora con millones de palestinos árabes. Estos no son casos atípicos: son la manifestación de creencias judías fundamentales cuando se les da un poder sin control. El mundo debería tomar nota de este avance de cómo es el gobierno judío).

Un pasaje profundo del libro de Ford –escrito también hace 104 años– me pareció perfectamente relevante para lo que está sucediendo ahora mismo, mientras buques de guerra estadounidenses, rusos y chinos avanzan hacia el Golfo Pérsico en un enfrentamiento que dejará al mundo entero conteniendo la respiración:

Hay tres elementos de peligro en la situación actual: el elemento bolchevique, abrumadoramente predominante, que se está expandiendo hacia Palestina; el nacionalismo intenso, egoísta y desafiante que exhiben los sionistas -incluso antes de tener un huerto de patatas-, el gusto por la política y el poder mundiales; y la confusión racial que ahora existe en Palestina. La combinación de estos elementos es dinamita…

Este hecho será de interés para los estudiosos de la profecía. Es tan cierto como cualquier pronóstico humano puede serlo que este tipo de cosas no se permitirán que ocurran ante la faz del mundo. Es inimaginable que las naciones responsables ante la humanidad de la gestión de esa importante franja de territorio permanezcan impasibles mientras el bolchevismo se propaga bajo el falso pretexto de un movimiento religioso favorecido por la cristiandad. Se intentará detenerlo.


Ford fue profético en este punto. Intentó respaldar el muro de contención político que suponía el auge del nacionalsocialismo en Alemania, uno de cuyos principios centrales era advertir al mundo sobre la naturaleza y el poder de la amenaza judía internacional (una advertencia que, para entonces, ya llevaba décadas formulada por académicos y estadistas de toda Europa).

Sin embargo, el mundo no escuchó. Esa guerra se perdió, y los judíos pasaron a dominar todo el mundo occidental, Estados Unidos más que cualquier otro lugar.

Ford continúa en su artículo:

A Palestina se le ha llamado el centro de la tierra. Lo es. El poder que controla Palestina controla el mundo … Todo esto se presta a sueños de gloria futura, y muchos amigos cristianos del pueblo judío se han complacido en concebir una Haya universal en Jerusalén y un nuevo orden social que bendiga a las naciones desde Sión.

Lo que describe aquí es un gobierno mundial dirigido por judíos de Israel -profecía que los judíos han sostenido durante milenios- y que muchos cristianos, influenciados por el sionismo religioso, apoyan activamente o consienten pasivamente. Otra forma de expresar este gobierno mundial, con la que los teóricos de la conspiración estarán familiarizados: el Nuevo Orden Mundial.

Aquí es donde los sionistas radicales y malévolos que han comprometido a la administración Trump (y a la mayor parte de Occidente, a estas alturas) finalmente tendrán su oportunidad de controlar el mundo. Al presentar los acontecimientos actuales como "profecía", pueden manipular a las naciones poderosas para que cumplan sus órdenes, como siempre lo han hecho, y justificarlo como "la voluntad de Dios" (aunque lo más probable es que el resultado sea más violencia, desmoralización y saqueo liderados por los judíos, que cubran el mundo).

Curiosamente, y quizás incluso de manera suicida, muchos cristianos acogerán esto como “el fin de los tiempos”, lo que no es una amenaza para su sistema de creencias, sino más bien una confirmación del mismo.

Esta perversión y instrumentalización del cristianismo por parte de su antiguo enemigo es, sin duda, un plan brillante y peligroso. Independientemente de nuestras inclinaciones religiosas, debemos estar atentos para comprender lo que realmente está sucediendo: un "Fin de los Tiempos" preconcebido, que se está gestando para engañar a los cristianos y hacerles creer que su Rey regresará pronto, cuando en realidad simplemente están consintiendo su propia masacre.

¿No utilizaría el mismo Diablo el engaño de manera tan brillante?

(Fuente: https://catodezorra.substack.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)