ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
viernes, 24 de julio de 2026
LUCES Y SOMBRAS DE LA MEDICINA MODERNA
En 1910, la educación médica en Estados Unidos y Canadá, y posteriormente en el resto del mundo, cambió para siempre dando lugar a la aparición de la medicina moderna. Este cambio se produjo a raíz del Informe Flexner: un manual sobre educación médica, escrito por Abraham Flexner y amparado por la Fundación Carnegie. Hay que resaltar que Abraham Flexner fue un educador sin formación médica que, sin embargo, fue financiado por Carnegie y Rockefeller para definir un nuevo estándar médico.
El objetivo del Informe Flexner, sobre el papel, era combatir la mala formación, cerrar escuelas deficientes, elevar los estándares médicos y convertir la medicina en una disciplina más científica y controlada. Para confeccionar el documento se evaluaron decenas de facultades de medicina y se defendió un modelo basado en anatomía, fisiología, investigación científica, laboratorios, hospitales y formación universitaria rigurosa. No obstante, esto que a priori parece de lo más razonable, tuvo consecuencias para muchas otras disciplinas que enseñaban enfoques distintos, como los modelos homeopáticos, eclécticos o tradicionales, que quedaron fuera del nuevo sistema o perdieron legitimidad.
Desde entonces, la medicina moderna se ha concentrado alrededor del modelo biomédico, universitario, hospitalario y farmacológico.
Pero la medicina moderna, creada a partir del Informe Flexner, tiene sus luces y sus sombras.
El informe fue encargado por la Fundación Carnegie, pero fue la Fundación Rockefeller la que después ayudó a financiar la expansión de ese nuevo paradigma médico.
Es evidente que la inyección masiva de capital, por parte de grandes fortunas como las fundaciones Carnegie y Rockefeller, no fue altruista. De hecho, estas fundaciones exigieron planes de estudio basados exclusivamente en la alopatía (intervención a través de fármacos y cirugía). Es a partir de aquí cuando la salud pasó a ser una gran industria orientada a protocolos universales y al desarrollo farmacológico, en detrimento de las soluciones preventivas o tratamientos naturales que no son patentables o tan rentables para el mercado corporativo.
Y aquí viene una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando los multimillonarios “filántropos” meten sus zarpas en la construcción de un nuevo sistema sanitario? Porque una cosa es mejorar la formación médica o eliminar escuelas de baja calidad, y otra muy distinta marginar todos esos conocimientos ancestrales porque no se ajustan a la nueva industria de la salud.
Hay una cosa clara, ni todo lo natural es la panacea arreglalotodo ni todo lo químico farmacéutico es veneno. Así que debería haber un equilibrio entre ambos.
La medicina moderna ha dejado de mirar al cuerpo completo para tratarlo como una suma de partes separadas utilizando cada vez más protocolos. Protocolos, por otra parte, que han convertido la medicina moderna en esclava de la todopoderosa industria farmacéutica.
Aunque bien es verdad que la medicina moderna ha ganado rigor científico, sin embargo, ha perdido parte de su visión integral del ser humano.
Obviamente, negar los beneficios de la medicina moderna no sería justo, pero tampoco lo sería negar sus sombras.
El dilema está en si es mejor un enfoque de la medicina orientado al cuerpo como un todo unificado o un modelo reduccionista, mecanizado y altamente protocolizado. Porque este cambio, producido por mirar la medicina con un enfoque flexneriano, ha tenido consecuencias profundas, dividiendo el cuerpo humano en sistemas aislados y fomentando la hiperespecialización.
Y aunque este enfoque es el responsable de grandes avances quirúrgicos y tecnológicos, también ha alejado a la medicina de la visión holística, que considera los aspectos psicosociales, nutricionales y emocionales del paciente como un todo. Al ser tratada la enfermedad, por el especialista de turno, como una avería mecánica de una parte del cuerpo, se ha perdido la conexión médico-paciente tradicional.
Una de las amenazas reales de la medicina moderna es que al haberse convertido en una gran industria necesita tener beneficios. Por consiguiente, un paciente curado es un cliente perdido. Es por esta razón que las enfermedades crónicas como el Alzheimer, la diabetes, el asma o la hipertensión, que necesitan de fármacos diarios, no parecen tener curación. Evidentemente, si estas enfermedades llegaran a curarse la industria farmacéutica se resentiría con creces, ya que se estima que cerca de 2.000 millones de personas padecen algún tipo de enfermedad crónica en el mundo. Por lo tanto, perderían 2.000 millones de clientes.
Y ahora seamos serios. Desde siempre, la medicina ha tenido más fracasos que éxitos. Y tiene más fracasos, por la sencilla razón de que no es una ciencia exacta. Es una disciplina que enfrenta la complejidad biológica del cuerpo humano. Cada paciente responde de manera diferente. Así que por mucho que se diga que la medicina moderna ha avanzado una barbaridad, lo habitual es que se limite a gestionar, aliviar o retrasar enfermedades en lugar de curarlas de forma definitiva. De hecho, de curarlas se encarga el sistema inmunológico de cada uno. Pero para eso tiene que estar en plena forma, y la vida y la alimentación de hoy en día se lo está poniendo cada vez más difícil.
Ya ha quedado claro que la medicina moderna es una industria, y una industria se mueve por el aliciente de los beneficios. ¿Y qué hace esta industria para sacar más beneficios? Se inventa enfermedades. Lo hemos podido comprobar recientemente con la falsa pandemia, donde las farmacéuticas se forraron con las mal llamadas vacunas. Lo mismo pasa con el colesterol, donde se bajan cada día más los estándares para atrapar a nuevos clientes, perdón, pacientes.
Resumiendo. La medicina moderna destaca por su base cada vez más científica, por la utilización de alta tecnología y tratamientos específicos dirigidos. Sus luces incluyen un aumento en la esperanza de vida, la erradicación de algunas enfermedades graves y diagnósticos cada vez más precisos. Como sombras, la hiperespecialización (el paciente ha quedado relegado a una enfermedad), el tratamiento de procesos naturales como patologías y el conflicto de intereses con la industria farmacéutica. Aunque lo peor son los graves efectos secundarios de los fármacos. De hecho, los tratamientos médicos son la tercera causa de mortalidad después del cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
En definitiva, que la medicina moderna no es la panacea arreglalotodo: a veces salva vidas y a veces las destruye. Lo importante es saber lo que nos traemos entre manos, y creo que en este sentido hay aún mucha ignorancia.
(https://pepeluengo2.blogspot.com/)
jueves, 23 de julio de 2026
¿EXISTE ALGUNA RAZÓN MÍNIMAMENTE JUSTIFICABLE PARA OTORGARLE EL PREMIO "PRINCESA DE ASTURIAS" A LIONEL MESSI?
Sí, ya se que ha obtenido cuarenta y siete títulos a lo largo de su dilatada carrera, que su visión de juego y eficacia goleadora están fuera de toda duda y que se supone que representa la superación ante la adversidad, cuestión que luego analizaré, pero estamos hablando de un premio que reconoce la ejemplaridad, cuestión en la que la falta de talla moral del argentino es algo que ha quedado sobradamente acreditado ante su más que discutible actuación en la final del Mundial de Fútbol, en el que si ha sido un ejemplo de algo ha sido de marrullería, ventajismo y mal perder.
¿Qué se premia en la figura de Leo Messi?
Una de las triquiñuelas habituales de Mes- si: adelantar el balón en los tiros libres en cuanto el árbitro se da la vuelta. |
¿Al prepotente acostumbrado a exigir a los árbitros que cumplan con su más que dudosa interpretación de reglas que retuerce a su conveniencia?
¿Al embajador internacional de un régimen despótico como el de Arabia Saudí, pródigo en violaciones de los derechos humanos?
¿Al capitán de una selección de carcelarias maneras que nunca desautorizó?
Tan solo tres actuaciones de Messi en la final del pasado domingo acreditan que no merece ser galardonado por el país que buscó perjudicar del modo más indecente que quepa imaginar:
- Primero, su reclamación de falta cuando el criminal -no merece otro apelativo- de Enzo Fernandez se llevó por delante a Cubasí, pretendiendo que había habido una falta que le constaba como inexistente a un compinche de la jauría que capitaneaba:
- Segundo, su vergonzosa exigencia de que se expulsara a Cucurella porque durante un segundo se llevó la mano al bigote mientras se interesaba por su estado (no para insultarle ni para ocultar nada reprobable). ¿Pretende el jurado del Princesa de Asturias proponer como ideal moral al chivato de la clase?
Lionel Andrés Messi Cuccittini, más conoció por Messi, es el clásico ídolo con pies de barro y si todavía te quedan dudas, este vídeo y el VAR te lo deja muy claro. pic.twitter.com/YEMGer9l1M
— Guillem #FreePalestine (@GuillemCristo) July 21, 2026
- Finalmente, su apática inacción ante las agresiones de la horda que capitaneaba, sin implicarse en intentar pacificar la situación, algo que choca con el liderazgo moral que se supone a un capitán de equipo que durante diez temporadas asistió al magnífico ejemplo de un Carles Puyol que jamás se puso de perfil ni ignoró la menor agresión de un jugador barcelonista, desactivando conflictos y anteponiendo el juego a la reyerta estéril y barriobajera.
Esta pasividad de un Messi ensimismado en una posición de juego en la que últimamente se limitaba a esperar que le pusieran el balón en los pies para rematar, como si el esquema de juego de la albiceleste se resumiera en facilitarle las ocasiones con que confirmar su mito de goleador infalible, contrasta con el espíritu de equipo de la selección española que hizo morder el polvo a la hueste de facinerosos y macarras de discoteca que perdieron merecidamente en una final que ya es historia. ¿De verdad merece Messi un premio deportivo que debería recompensar al equipo nacional, o al menos a su seleccionador?.
Voy ahora con el segundo aspecto discutible del tramposo laureado, y es su connivencia con el supremacismo sionista, que le ha llevado a ser el futbolista favorito del genocida Netanyahu.
Messi es la imagen publicitaria de OrCam, una compañía óptica israelí que trabaja para el aparato de inteligencia del régimen del Apartheid. Su seguridad está a cargo de un equipo de élite de exagentes israelíes. Su silencio cómplice no solo lo aplica a las agresiones de sus compinches en la selección, sino también a las que perpetra el estado judío contra la población original de los territorios ocupados, así como contra sus vecinos. En esto su figura contrasta con la de un Maradona que siempre defendió la causa de los pueblos sometidos.
Finalmente, el rendimiento de Messi es indisociable del proceso de hormonación que le permitió crecer cuando se le diagnosticó déficit de la hormona del crecimiento. Está fuera de discusión que sin el tratamiento con esteroides su estatura sería menor de la que desarrolló. Fue tratado hasta los 17 años con sustancias que le hubieran inhabilitado para jugar si el tratamiento se hubiera prolongado más. Esta medicación ni explica ni desmerece sus logros, pero convierte su éxito en algo sospechoso. El FC Barcelona pagó su tratamiento y le convirtió en una estrella cuya historia ya no puede ser la de ningún otro: un año después de completarse el tratamiento de Messi, la FIFA lo prohibió para evita el dopaje de niños en el fútbol. Dejo las conclusiones al lector.
Tras este repaso a la parte sombría de la figura de Lionel Messi vuelvo a formular la pregunta que titula esta entrada: ¿Hay alguna razón mínimamente justificable para premiar a quien no ha sido ejemplo de limpieza ni de honestidad (y ahí está lo que todos vimos hace apenas unos días), a quien no puede ser ejemplo de superación de limitaciones físicas porque su caso es una excepción de tantas como ha hecho la FIFA con sus "particularidades", al aliado del supremacismo sionista ...?
No se qué valores pueden sustentar la concesión de un premio como el Princesa de Asturias a alguien que reúne tan discutibles méritos, pero si este es el nivel de un galardón que en otro momento se pretendía prestigioso, solo cabe imaginar un palmarés acorde con este reconocimiento:
- Premio Princesa de Asturias de las Letras a Bad Bunny por su imaginativa reducción de la lengua castellana al minimalismo semántico y conceptual que representan los textos de sus ... ¿canciones? ¿balidos? ¿bostezos? ¿borborigmos ininteligibles?
- Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional "ex aequo" a Boko Haram y Al Qaeda, por reunir bajo sus consignas a grupos sumamente dispares a partir únicamente de su afición al genocidio
- Premio Princesa de Asturias de las Artes al "creador" que pegó un plátano a una pared y cobró un pastizal por tan poco elaborada idiotez
... y todo en ese plan.
(posesodegerasa)
miércoles, 22 de julio de 2026
HAN CONSTRUIDO UNA MÁQUINA QUE SABE TODO LO QUE HAS HECHO
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Quienes te odian controlan el sistema. Ya no hay donde esconderse |
El sicario digital
Imagina una máquina. Solo se necesita una indicación. Tu nombre.
En una hora, te devuelve tu vida. Reconstruida. Cada palabra que has escrito, dicho cerca de un micrófono o susurrado a una barra de búsqueda. Bajo tu nombre real. Bajo cada alias. En cada foro que creías anónimo. En cada mensaje privado que asumiste que había sido borrado. Cada sitio porno que visitaste a las 2 de la mañana y las categorías específicas de fetiches en las que hiciste clic. Cada diatriba política en una cuenta desechable de Twitter en 2013. Cada terapeuta que buscaste. Cada síntoma que buscaste en Google. Cada ex acosado mientras se encontraba en estado de embriaguez. Cada chiste que arruinaría tu carrera si se sacara de contexto. Cada duda sobre tu matrimonio que escribiste en un hilo de Reddit que habías olvidado que existía.
Cada versión de ti mismo que creías enterrada a salvo. Entregada a un desconocido. En una tarde.
Esto no es un experimento mental. La máquina existe. Llegó discretamente. Lo único que desconoces es si tu nombre ya aparece en la lista.
Una nota antes de comenzar
En la primera parte de esta serie, exploré la IA precriminal: la lógica seductora y aterradora de un Estado que castiga lo que podrías hacer basándose en lo que un algoritmo predice que eres. Si no la has leído, hazlo primero.
Hoy volvemos al oscuro reino de la IA en manos del poder.
La conversación que nos negamos a tener
Toda discusión seria sobre el peligro de la IA gira en torno a los mismos tres temas.
Planeta Uno. Superinteligencia. Una mente divina despierta en un centro de datos y decide que los humanos son un estorbo. La Singularidad. Skynet.
Planeta Dos. La carrera por la IA. China, Rusia y Estados Unidos corren hacia una meta indeterminada, y quien llegue primero heredará la Tierra. Cada artículo de opinión es una variación del mismo estribillo angustioso: «No debemos perder».
Planeta Tres. IA rebelde. El modelo escapa de su laboratorio, se copia a sí mismo en internet y comienza a hacer ... algo. Los detalles siempre son vagos. El ambiente siempre es apocalíptico.
Estas conversaciones cumplen una función específica. Hacen que el peligro de la IA parezca abstracto, distante e impersonal. Convierten la amenaza en un problema de ciencia ficción, algo que los equipos de seguridad de OpenAI y los filósofos de Oxford deben dilucidar mientras toman un café.
Este es el peligro que nadie quiere nombrar.
La catástrofe más probable no es una IA descontrolada. Es una IA perfectamente obediente, dirigida hacia ti por un humano que te odia.
La amenaza no reside en que la IA desarrolle voluntad propia, sino en que ejecute fielmente la de otro. Y en un mundo donde ese otro se parece cada vez más a Trump, Netanyahu o cualquier otro hombre de temperamento similar que le siga en la línea de sucesión, esa obediencia es precisamente el problema.
El capitalismo privatizado lleva cuarenta años transfiriendo silenciosamente las herramientas más poderosas de la civilización a un número cada vez menor de individuos. Muchos de ellos, si somos honestos, exhiben rasgos típicos de narcisismo grandioso, crueldad hacia los vulnerables y total indiferencia hacia las normas democráticas. Ahora les estamos entregando a esos mismos individuos una palanca que puede controlar todas las cámaras, todos los teléfonos, todos los drones, todas las bases de datos policiales, todos los programas informáticos que hayas usado.
Una sola indicación. Eso es todo lo que se necesita.
Escenario: “Parece que hay disturbios por allí. Ocúpate de ello.”
Imaginemos una ciudad estadounidense de tamaño mediano. Llamémosla Millvale. Veinte mil personas se reúnen en la plaza principal para protestar por algo. Una deportación del ICE. Una guerra. Unas elecciones fraudulentas. Los detalles no importan. Lo que importa es que a un presidente, sentado en una habitación a miles de kilómetros de distancia, no le gusta.
Se gira hacia la pantalla. Escribe una indicación. Quizás la lee en voz alta.
“Parece que hay cierto malestar en Millvale. Hay que acabar con ello”.
Esto es lo que sucede en los siguientes noventa segundos:
Segundos 1 a 5. El modelo de IA, conectado a todas las transmisiones satelitales, cámaras de tráfico, timbres Ring y circuitos de videovigilancia de tiendas de conveniencia en un radio de ochenta kilómetros, genera una imagen compuesta en tiempo real de la plaza. Lleva años procesando esta información. Conoce la situación habitual. Sabe cómo es un martes normal en Millvale. También sabe cómo son los disturbios, porque ha visto Ferguson, Portland, Hong Kong, Teherán y Gaza en bucle infinito.
Del segundo 5 al 15, el reconocimiento facial identifica a cada persona entre la multitud. No a la mayoría, sino a todas. Sus nombres, direcciones, empleadores, puntajes crediticios, afecciones médicas, estatus migratorio, acuerdos de custodia, historial de recetas, perfiles de citas, historial de navegación y los nombres de las escuelas de sus hijos se cargan en un único panel. La IA los clasifica según su influencia: quién transmite en vivo, quién organiza y a quiénes observan los demás manifestantes al decidir qué hacer a continuación.
Del segundo 15 al 30. Los doscientos influencers más importantes reciben mensajes de texto personalizados. No de un número del gobierno. De su madre. De su cónyuge. Del director de la escuela de su hijo. La IA ha clonado las voces y los estilos de escritura de años de comunicaciones interceptadas. «Por favor, vuelve a casa, algo pasó». «La escuela de tu hija está cerrada». «Sé lo que hiciste en 2019 ». Algunos de los mensajes son amenazas reales. Algunos son mentiras. Algunos son lo suficientemente precisos como para provocar un ataque de pánico. Todos llegan a la vez.
De los segundos 30 a los 60. La multitud restante se reduce. La IA ahora dirige a la policía local en tiempo real, no a través de un jefe, ni de un capitán, sino a través del auricular de cada agente. Voz de la IA: « Oficial Reyes, el hombre de la chaqueta roja a su izquierda tiene una orden de arresto pendiente, acérquese por detrás ». Voz de la IA: « Oficial Chen, la mujer que lo está filmando es periodista, no interactúe con la cámara, espere tres metros ». Ya no hay cadena de mando. Solo existe la orden del presidente.
Entre los segundos 60 y 90, los drones llegan desde arriba. No son drones militares. Eso requeriría una orden ejecutiva, una notificación al Congreso, un registro en papel. Son pequeños y baratos cuadricópteros autónomos controlados por IA, adquiridos a través de una filial de Palantir mediante un contrato de apoyo a la defensa que nadie leyó. Hay, digamos, cien mil en todo el país, almacenados en depósitos de todos los estados. No necesitan pilotos. Necesitan una orden. La tienen. Se elevan al cielo como un enjambre de avispas y se dirigen hacia Millvale.
A los dos minutos, Millvale está en silencio.
A los cinco minutos, la noticia en la televisión por cable es que una fuga química provocó una evacuación ordenada, y la IA ya ha generado el vídeo para demostrarlo.
Al anochecer, diecisiete influencers son detenidos por cargos no relacionados que la IA desveló tras una década de actividad digital. Tres fallecerán de lo que el forense registrará como infartos. Otros dos desaparecerán. Sus cuentas en redes sociales serán eliminadas. Sus cuentas bancarias congeladas. Sus nombres suprimidos discretamente del censo electoral.
El presidente nunca se levantó de su silla.
“La capa de vigilancia es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad es la capacidad de la IA para acceder a la vida digital de cualquier individuo y extraerlo todo”.
Pero oiga, esto es ciencia ficción
¿Verdad?
El Pentágono ya ha aumentado el límite del contrato del Sistema Inteligente Maven de Palantir en 795 millones de dólares, elevándolo a 1.300 millones hasta 2029. Más de veinte mil usuarios activos de Maven trabajan ahora con más de treinta y cinco herramientas de software de comandos de combate y servicios militares. Esa base de usuarios se ha duplicado con creces desde enero. El Ejército ha adjudicado a Palantir hasta diez mil millones de dólares durante diez años bajo un nuevo tipo de contrato llamado Acuerdo de Servicio Empresarial, que consolida setenta y cinco contratos en uno.
Estas no son teorías conspirativas de un Substack anónimo. Son comunicados de prensa del Departamento de Defensa.
En el ámbito nacional, los registros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas muestran que Palantir recibió un contrato de treinta millones de dólares para construir una plataforma que rastree los movimientos de migrantes en tiempo real. Informes recientes indican que se está recurriendo a Palantir para construir una base de datos maestra de inmigración para acelerar las deportaciones. El inversor de Silicon Valley, Paul Graham, ha acusado públicamente a Palantir de construir la infraestructura del estado policial. Hace diez años, esa frase le habría valido el ridículo. Hoy en día, esto le da la aprobación.
La vigilancia es solo la mitad del problema. La otra mitad es la capacidad de la IA para acceder a la vida digital de cualquier persona y extraerlo todo. Esa mitad llegó en abril.
Entra en el Super Hacker de IA
Anthropic no se propuso crear un arma. Su objetivo era crear un asistente útil, una máquina que respondiera preguntas y escribiera correos electrónicos. Lo que crearon, y que entregaron discretamente a un pequeño grupo de socios de la industria en abril, es el mejor hacker que jamás haya existido.
Lo llaman Claude Mythos Preview. Solo tienes que darle una frase en inglés sencillo, escrita por una persona, y encontrará las vías de acceso ocultas al software que hace funcionar el mundo. Tu teléfono. Tu portátil. Tu banco. Tu historial médico. El coche aparcado en tu entrada. Todos los programas en los que has confiado durante veinte años para mantener tu vida privada y segura.
Nunca estuvieron a salvo. Simplemente no lo sabíamos.
El propio equipo de seguridad de Anthropic puso a prueba la máquina para ver de lo que era capaz. Encontró miles de vulnerabilidades ocultas en nuestros programas. Una de ellas llevaba veintisiete años integrada en el software que gestiona bancos y hospitales. Nadie la había descubierto. Ni los ingenieros que escribieron el código. Ni las empresas de seguridad que invirtieron millones en la búsqueda de este tipo de fallos. Ni los delincuentes que pasaron décadas intentando infiltrarse. La máquina la encontró en una tarde.
En otro programa, esa especie de sistema invisible que gestiona silenciosamente la mitad de internet, encontró la manera de infiltrarse. Durante diecisiete años, todos los expertos del mundo creyeron que ese programa era seguro. No lo era. La máquina entró y, sin que nadie se lo pidiera, creó la herramienta para tomar el control de todo lo que había al otro lado. Sin contraseña. Sin alarma. Sin intervención humana en un teclado tras teclear la primera instrucción.
Lee esa frase de nuevo. Ninguna mano humana sobre un teclado después de que se escribiera la primera instrucción.
Ahora imagina esa misma capacidad. En lugar de estar dirigida a software crítico para protegerlo, está dirigida a ti.
“Encuéntrame toda la información sobre este activista.”
La solicitud se ejecuta. En cuestión de horas, el modelo tiene:
Enumera todas las direcciones de correo electrónico que hayas utilizado, incluidas las cuentas desechables que creías imposibles de rastrear.
Las compararon con todas las bases de datos existentes para recuperar tus contraseñas antiguas.
Usa esas contraseñas, o vulnerabilidades recientes, para acceder a cuentas inactivas que habías olvidado hace una década.
Reconstruye tu red social a partir de fotos de Facebook, conexiones de LinkedIn, transacciones de Venmo y rutas de Strava.
Se han identificado todas las direcciones IP desde las que has publicado contenido y todos los dispositivos conectados a esas IP, incluidos los de tus amigos, tus parejas y tus familiares con los que has perdido el contacto.
Reconstruye cada palabra que alguna vez escribiste, dijiste cerca de un micrófono o susurraste a una barra de búsqueda. Bajo tu nombre real. Bajo cada alias. En cada foro que creías anónimo. En cada mensaje privado que asumiste que había sido borrado. Cada sitio porno que visitaste a las 2 de la mañana y las categorías específicas de fetiches en las que hiciste clic. Cada discurso político improvisado publicado en una cuenta desechable de Twitter en 2013. Cada terapeuta que buscaste. Cada síntoma que buscaste en Google. Cada ex acosado. Cada chiste que acabaría con tu carrera si se hiciera una captura de pantalla sin contexto. Cada duda sobre tu matrimonio escrita en un hilo de Reddit que olvidaste que existía.
La IA no juzga estas cosas. Las clasifica. Por potencial de humillación. Por potencial de arruinar una carrera. Por potencial de arruinar un matrimonio. Por potencial de enjuiciamiento. Reúne las diez principales en un solo PDF. Un expediente. Un archivo de muerte. Un documento, alojado en un servidor, que puede acabar con tu trabajo, tus relaciones, la custodia de tus hijos, tu reputación en la comunidad y tu voluntad de seguir hablando, todo en una sola tarde. O una hora. O diez minutos. No es necesario publicarlo. La amenaza de publicación es el arma. Y la IA ya ha redactado el correo electrónico que la envía.
Todo eso, con una sola solicitud, a un costo computacional de unos pocos miles de dólares.
Los “actores responsables” que ejercen este poder
Quienes desarrollan estas herramientas te dirán, con la sinceridad propia de una charla TED, que las crearon para defenderse.
Anthropic no lanzó Mythos al público. Lo lanzó, discretamente y bajo un estricto contrato, a un puñado de gigantes de confianza: Apple, Microsoft, Google y Amazon. La lógica parece razonable en apariencia. Estas son las empresas cuyos sistemas operativos, navegadores y servicios en la nube controlan prácticamente todos los dispositivos del planeta. Dales la IA más potente jamás creada para la detección de vulnerabilidades. Deja que la dirijan hacia adentro. Que la apunten a su propio código, a sus propios núcleos, a sus propios navegadores. Que encuentren primero las vulnerabilidades, las parcheen y envíen la solución a tu teléfono antes de que un atacante descubra la misma falla.
Esa es la idea. Asimetría defensiva. Una ventaja inicial en la carrera armamentística. Los buenos se hacen con la superarma. La usan para blindar el software que sustenta el mundo. Y para cuando alguien más logre crear una IA comparable, todas las vulnerabilidades ya estarán selladas.
Se supone que eso te reconforta.
Permítanme preguntarles algo. ¿De verdad confían en quienes dirigen estas empresas? No me refiero a los investigadores. No tengo nada en contra de los veinteañeros con doctorado que redactan los informes de seguridad. Algunos son verdaderamente heroicos. Me refiero a los que están en la cima. Los multimillonarios. Los miembros de la junta directiva. La clase de ejecutivos tecnológicos cuyos nombres siguen apareciendo, año tras año, en los registros de vuelos de Epstein, en las listas de clientes, en correos electrónicos filtrados, en acuerdos legales discretos, en donaciones filantrópicas a hombres cuyos crímenes eran un secreto a voces en todas las salas de juntas de Palo Alto. A estas personas se nos pide que les confiemos la llave maestra de la civilización.
Miren su historial. Estos son los hombres que pasaron una década diciéndonos que las redes sociales conectarían el mundo, mientras que su propia investigación interna, filtrada posteriormente, demostró que sabían en tiempo real que estaban incitando a adolescentes a autolesionarse y, aun así, siguieron lanzando el producto. Estos son los hombres que juraron que nunca fabricarían armas, hasta que el Pentágono abrió su chequera, momento en el que el lema de Google, "No seas malvado", desapareció silenciosamente de su código de conducta y todos los principales laboratorios de IA del país comenzaron a firmar contratos de defensa que habían denunciado públicamente durante años. Estos son los hombres que prometieron código abierto y luego lo cerraron. Que prometieron equipos de seguridad y luego los despidieron al trimestre siguiente del lanzamiento del producto. Que prometieron que nunca trabajarían con regímenes autoritarios y luego construyeron motores de búsqueda censurados y sesgados para Israel y sistemas de reconocimiento facial para el ICE.
Cada límite ético que estas empresas hayan trazado alguna vez se ha borrado en el momento en que se volvió inconveniente. Cada “nunca haríamos esto” se ha convertido en “ya lo hicimos, y aquí está el comunicado de prensa que explica por qué en realidad es bueno”. Cada compromiso de seguridad tiene una vigencia que se mide en trimestres fiscales.
¿Estas son las personas que quieres que decidan quién tendrá Mythos en sus manos próximamente?
No se equivoquen. La fase de «solo se la dimos a Apple y Microsoft» es temporal. Siempre lo es. En dieciocho meses habrá una versión para empresas. En treinta y seis meses habrá una versión para gobiernos. En sesenta meses un servicio de inteligencia extranjero amigo la tendrá, y al año siguiente, uno hostil la habrá robado. Esta es la trayectoria invariable de cada tecnología poderosa que estos hombres han creado. Pretender que esta será diferente no es optimismo. Es amnesia.
Así que no. No confío en la buena fe de los dueños de estos laboratorios. Durante veinte años, los he visto traicionar todos los principios que decían defender en cuanto el contrato les reportaba una cantidad considerable. Puede que los investigadores tengan buenas intenciones. Pero quienes les pagan nos han dicho, una y otra vez, quiénes son en realidad. Ya es hora de que les creamos.
Lo que sucede con las herramientas es lo siguiente: una vez que existe la capacidad, la pregunta ya no es si se usarán contra los disidentes, sino cuándo y quién las usará.
Siempre hay un quién. Siempre hay alguien sentado en una silla, con una consigna, decidiendo quién resulta molesto.
El capitalismo no recompensa a los sabios, ni a los bondadosos, ni a los moderados. Recompensa al depredador. Siempre lo ha hecho.
Y ahora, por primera vez en la historia de la humanidad, el depredador tiene una máquina capaz de silenciar una ciudad con una sola frase escrita en un teclado.
“La IA será la asesina digital del disidente. Incansable. Sin dormir. En todas partes a la vez.”
El problema de los disidentes
No nos gusta hablar de esto. Deberíamos.
Una democracia que funcione depende de la premisa de que incluso los malos líderes tienen limitaciones. Por la ley. Por la burocracia. Por la lentitud de las instituciones humanas. Por la vacilación moral de los miles de personas cuya cooperación se requiere para llevar a cabo algo monstruoso. Históricamente, cuando un líder da una orden perversa, al menos algunos de los implicados se han negado. Algunos han filtrado información. Algunos han dimitido. Algunos simplemente han trabajado con lentitud y han esperado a que pasara el momento.
La IA elimina a cada uno de esos humanos de la cadena.
La IA no renuncia. No filtra información al Washington Post. No desarrolla remordimientos durante el almuerzo. No demora la ejecución de la orden. No llama a su senador. No llora al identificar a los hijos del objetivo. Simplemente ejecuta.
Esto es crucial ahora mismo, porque estamos viviendo un momento global en el que un número inusual de líderes mundiales exhiben, por decirlo con la mayor diplomacia posible, una indiferencia alarmante ante el sufrimiento humano cuando este les resulta políticamente útil. No creo que sea controvertido, en una columna de opinión, afirmar que un primer ministro actualmente bajo una orden de arresto de la CPI por presuntos crímenes de lesa humanidad en Gaza, o un presidente que ha contemplado abiertamente la posibilidad de usar al ejército contra ciudades estadounidenses y contra el "enemigo interno", no son las personas a las que deberíamos entregarles un interruptor de apagado instantáneo para acabar con la sociedad civil.
Eso es precisamente lo que estamos construyendo.
Lo aterrador no es que estos individuos sean intrínsecamente malvados, sino que nuestro sistema los ha estado seleccionando durante generaciones. El capitalismo privatizado, los medios de comunicación desregulados, la política algorítmica y el dinero opaco han creado una cantera de líderes que recompensa precisamente los rasgos que hacen más peligrosa a una persona con una máquina de obediencia superinteligente en sus manos: grandiosidad, crueldad, pedofilia, indiferencia hacia la ley y una insaciable sed de lealtad.
Solíamos decir que el poder corrompe. Ahora debemos ampliar ese dicho.
El poder ya no corrompe solo a quienes lo ostentan. Se vuelve ineludible para quienes deseamos mantenernos al margen. Se extiende por todas las instituciones, todos los hogares, todas las cámaras, todas las conexiones a internet, todos los teléfonos, y no se detiene en la puerta de tu habitación. Ya no existe un lugar lejano al poder. No hay un bosque donde desaparecer. No hay rincón analógico de tu vida al que el modelo no pueda acceder.
Así pues, el poder ya no corrompe solo a los poderosos. Corrompe a todo aquel que toca. Y ahora nos toca a todos.
La IA te persigue a dondequiera que vayas
La IA será la asesina digital del psicópata. Incansable. Sin dormir. En todas partes a la vez.
No puedes huir al campo. El satélite ya está sobrevolando la zona y la torre de telefonía móvil en la colina conoce tu ruta.
No puedes desaparecer en lo profundo del bosque. Los drones con IA ahora son del tamaño de libélulas. Te rastrean a dondequiera que vayas.
No se puede pagar en efectivo. La cámara situada encima de la caja registradora reconoció tu rostro antes de que sacaras la mano del bolsillo.
No puedes esconderte entre la multitud. La multitud se organiza en tiempo real, y tu nombre ya está en lo alto de una lista que nunca te mostrarán.
Ni siquiera puedes acudir a las personas que te quieren. Sus teléfonos te están escuchando, y el modelo ya ha leído todas las cartas que les has enviado.
No hay bosque aislado. No hay frontera que te lleve a la libertad. No hay cabaña al final de un camino de tierra donde nadie pueda encontrarte. No hay alias que el sistema no haya vinculado ya a tu rostro. No hay pensamiento que no te hayan predicho que pienses.
¿Qué se puede hacer?
Quiero ser sincero contigo. No tengo una lista de soluciones bien definida. Cualquiera que diga tenerla miente o intenta venderte algo.
Sé cuál es el primer paso. Esa es la razón por la que estoy escribiendo esta serie.
Tenemos que romper el marco.
Mientras el peligro de la IA se aborde únicamente en términos de superinteligencia, carreras armamentísticas y sistemas descontrolados, quienes desarrollan la infraestructura de vigilancia y selección de objetivos quedan impunes. Pueden asentir con la cabeza en Davos sobre el riesgo existencial mientras firman discretamente el contrato que pone cien mil drones autónomos bajo un mismo mando. Pueden financiar institutos universitarios sobre la alineación de la IA mientras sus ingenieros escriben el código que decide a qué manifestante enviar un mensaje primero.
El verdadero problema de alineación no reside entre la IA y la humanidad, sino entre la IA y quien la controla. Y, en este momento, quienes controlan la IA son, desproporcionadamente, los seres humanos menos confiables que nuestra civilización haya producido jamás.
Dejen de preguntarse si la IA se volverá contra nosotros.
Empieza a darte cuenta de que ya está apuntando hacia ti.
Karim
(Fuente: https://bettbeat.substack.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)
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