domingo, 26 de julio de 2026

LA GUERRA CIBERNÉTICA YA NO LA DIRIGEN LOS HUMANOS. LA ESTÁ CONFIGURANDO LA I.A.



Nos acercamos a la transformación más trascendental en el ámbito de los conflictos cibernéticos de toda una generación.

La próxima ola de capacidades cibernéticas impulsadas por la IA no es una perspectiva lejana que espera en el horizonte. Ya ha llegado. Sin embargo, gran parte del debate público sigue centrado en los lanzamientos de modelos, las valoraciones de las empresas y la carrera entre las firmas tecnológicas por dominar el mercado de la inteligencia artificial. En los círculos gubernamentales, sin embargo, el debate ha adquirido un sentido de urgencia mucho mayor.

A puerta cerrada, los responsables de seguridad nacional se enfrentan a una realidad que hasta hace poco parecía teórica: la inteligencia artificial está empezando a alterar el equilibrio de poder entre atacantes y defensores en el ciberespacio.

El cambio no es gradual. Es estructural.

Por primera vez, los actores estatales están adquiriendo la capacidad de llevar a cabo operaciones cibernéticas a la velocidad de una máquina.

Las vulnerabilidades que antes exigían meses de trabajo minucioso por parte de equipos altamente especializados ahora pueden descubrirse en cuestión de horas. Las vías de ataque que antes requerían profundos conocimientos técnicos y años de experiencia acumulada pueden, cada vez más, trazarse, perfeccionarse y ejecutarse mediante la automatización.

La consecuencia más significativa no es simplemente un aumento espectacular de la capacidad. Se trata de una transformación de la economía subyacente del propio conflicto cibernético. El coste, la escala, la velocidad y la accesibilidad están cambiando simultáneamente, reconfigurando el panorama estratégico de formas que los gobiernos apenas están empezando a comprender.

Durante décadas, las operaciones cibernéticas sofisticadas requerían inversiones enormes. Los Estados necesitaban personal especializado, una amplia infraestructura, canales de inteligencia, paciencia operativa y años de experiencia institucional. Incluso las potencias cibernéticas más avanzadas se enfrentaban a limitaciones. Los recursos eran finitos. La experiencia era escasa. El tiempo seguía siendo una limitación.

Esas limitaciones ayudaron a definir el equilibrio entre el ataque y la defensa.

Hoy en día, ese equilibrio está empezando a romperse.

Las recientes demostraciones con modelos de IA de vanguardia, como Mythos, han hecho que este cambio sea cada vez más difícil de ignorar. Lo que inquietó a muchos responsables gubernamentales no fue simplemente la rapidez con la que se podían descubrir vulnerabilidades avanzadas. Fue darse cuenta de que los sistemas de IA que operan bajo estrictas restricciones de seguridad y controles comerciales ya eran capaces de identificar debilidades profundamente arraigadas en el interior de sistemas complejos a un ritmo que habría sido inimaginable hace sólo unos años.

Esa observación condujo rápidamente a una pregunta aún más inquietante:

Si los sistemas de IA disponibles en el mercado, que funcionan bajo amplias medidas de seguridad, ya pueden alcanzar este nivel de rendimiento, ¿qué capacidades están desarrollando a puerta cerrada los actores estatales más sofisticados?

Ahí es donde el debate se vuelve considerablemente más serio.

La próxima generación de sistemas de IA no se limitará a identificar vulnerabilidades. Apoyarán cada vez más todas las etapas del ciclo de vida operativo. Estos sistemas analizarán la infraestructura, priorizarán los puntos débiles, adaptarán las metodologías de ataque en tiempo real, generarán herramientas especializadas, acelerarán el reconocimiento y reducirán los plazos operativos de semanas a horas, o incluso minutos.

Las implicaciones son profundas.

Un equipo relativamente pequeño podría ser pronto capaz de generar efectos operativos que antes requerían grandes organizaciones, presupuestos considerables y amplios recursos técnicos. Las capacidades que históricamente se concentraban en un puñado de grandes potencias podrían estar al alcance de un abanico mucho más amplio de actores.

Esta transformación es, además, profundamente asimétrica.

Los atacantes sólo necesitan tener éxito una vez. Los defensores deben tener éxito de forma continua.

Un atacante puede centrarse en una única vulnerabilidad que haya pasado desapercibida. Los gobiernos, por el contrario, deben proteger ecosistemas nacionales completos. Son responsables de proteger las redes eléctricas, las redes de transporte, la infraestructura de telecomunicaciones, los sistemas financieros, los hospitales, los organismos públicos, las cadenas de suministro y, cada vez más, los sistemas de IA que los sustentan.

Actualmente, la inteligencia artificial parece favorecer al bando atacante, ya que reduce las fricciones en todas las fases del proceso. Acelera el descubrimiento. Agiliza la adaptación. Amplía la experimentación. Aumenta el ritmo operativo. Los actores maliciosos pueden probar miles de posibilidades simultáneamente, mientras que los defensores suelen seguir dependiendo de herramientas de seguridad fragmentadas, procesos de toma de decisiones humanos y sistemas de priorización manuales.

Esa disparidad está creando una brecha estratégica que se está manifestando en tiempo real.

Muchos gobiernos siguen defendiendo las infraestructuras críticas utilizando arquitecturas diseñadas para una era diferente de conflicto cibernético. Los sistemas de monitorización, las alertas, las plataformas de detección de amenazas y la gestión de parches siguen siendo componentes esenciales de la ciberseguridad. Sin embargo, estas medidas por sí solas resultan cada vez más insuficientes frente a adversarios capaces de aprovechar operaciones mejoradas por la IA a gran escala.

El reto al que se enfrentan los gobiernos ya no se limita a detectar actividades maliciosas.

La tarea más difícil consiste en comprender, en tiempo real, qué vulnerabilidades son las más importantes, qué sistemas están expuestos, qué vías de ataque son realmente viables y cómo las señales aparentemente inconexas de una infraestructura nacional fragmentada se combinan para formar indicadores significativos de riesgo antes de que un adversario actúe.

Esto ya no es únicamente un reto de ciberseguridad.

Es un reto de inteligencia.

Y muchos gobiernos siguen estando mal organizados para abordarlo.

Los programas tradicionales de ciberseguridad se basaban en gran medida en la defensa de sistemas, redes y organizaciones individuales. El nuevo panorama de amenazas exige un enfoque diferente. Requiere la capacidad de sintetizar información procedente de conjuntos de datos extensos y, a menudo, inconexos, generar rápidamente conocimientos útiles y respaldar la toma de decisiones a un ritmo que se adapte a unos adversarios cada vez más automatizados.

Este cambio sitúa la inteligencia, y no sólo la tecnología, en el centro de la ciberdefensa moderna.

Al mismo tiempo, muchos de los sistemas defensivos de IA más avanzados se han desarrollado principalmente para entornos comerciales en la nube. Los gobiernos que gestionan redes clasificadas, infraestructuras soberanas, sistemas militares sensibles y entornos aislados (air-gapped) se enfrentan con frecuencia a obstáculos significativos al intentar desplegar estas capacidades allí donde más se necesitan.

Como resultado, muchos países están entrando en una era en la que las capacidades ofensivas basadas en la IA avanzan más rápidamente que la adaptación defensiva soberana.

Ese desequilibrio es lo que preocupa a los responsables políticos.

Los países que están actuando con mayor determinación están empezando a replantearse la ciberdefensa desde cero. En lugar de tratar la ciberseguridad como una función técnica, una responsabilidad de TI o un ejercicio de cumplimiento normativo, la consideran cada vez más como una capacidad nacional de inteligencia y toma de decisiones.

Están invirtiendo en infraestructura soberana de IA. Están integrando conjuntos de datos nacionales fragmentados. Están desarrollando sistemas diseñados para generar evaluaciones operativas a la velocidad de una máquina y proporcionar a los líderes la información necesaria para tomar decisiones antes que las amenazas se materialicen por completo.

En efecto, están rediseñando la doctrina cibernética para una era en la que la inteligencia artificial se convierte en un componente central tanto del ataque como de la defensa.

Otros, sin embargo, siguen centrados en superponer herramientas modernas a estructuras institucionales que nunca se diseñaron para este entorno de amenazas.

Ese enfoque puede resultar inadecuado.

El error más peligroso que pueden cometer los gobiernos es considerar esto como un problema futuro.

No lo es.

Las capacidades ya existen. Las barreras de entrada están cayendo. Las ventajas operativas son cada vez más evidentes. Y a medida que la tecnología madure, estas capacidades se extenderán inevitablemente más allá de un grupo relativamente pequeño de actores avanzados.

La historia sugiere que las ventajas tecnológicas rara vez permanecen concentradas durante mucho tiempo.

El mundo está entrando en un periodo en el que el conflicto cibernético estará cada vez más determinado por la inteligencia artificial en ambos bandos del campo de batalla. Sin embargo, en este momento, el desequilibrio sigue siendo evidente. Las capacidades ofensivas están evolucionando más rápido que los sistemas defensivos. Los atacantes se están adaptando más rápidamente que los defensores.

Que ese desequilibrio persista dependerá de cómo respondan los gobiernos en los próximos años.

Los países que reconozcan pronto la magnitud de esta transformación -y rediseñen sus doctrinas cibernéticas nacionales en torno a la inteligencia artificial, la soberanía, la integración de la inteligencia y la defensa a velocidad de máquina- estarán mejor posicionados para afrontar la próxima década.


Aquellos que no logren adaptarse podrían descubrir, con el tiempo, que el conflicto cibernético ya ha cambiado y que están librando las batallas del mañana con los supuestos del ayer.

Shalev Hulio
(Fuente: https://intpolicydigest.org/; visto en https://es.sott.net/)

HISTÓRICA SENTENCIA JUDICIAL DESTAPA EL FRAUDE DE LOS MAL LLAMADOS "PRÉSTAMOS" HIPOTECARIOS



... préstamos en los que el banco no te presta absolutamente nada, puesto que el dinero que tendrás que "devolverle" durante la vigencia de la hipoteca se crea con tu firma mediante un mero apunte contable. En otras palabras, no hay desembolso financiero ninguno por parte del banco, por lo que la deuda generada está basada en un fraude, tan común y universal que hasta ahora no había sido cuestionado.

Ha sido una jueza de Salamanca la que ha dado la razón a la reclamación presentada por Salinero Abogados, obligando al Banco de Santander a devolver íntegro el importe de dos hipotecas suscritas en 2005 y 2009 y abriendo una grieta en el fraudulento sistema bancario que podría extenderse hasta su misma raíz, derrumbando el edificio del dinero-deuda que se sostiene sobre una mera apariencia de préstamo.

En el podcast que enlazo aquí el abogado David González Salinero explica la sentencia lograda y las repercusiones que pueden desencadenarse a partir de este logro histórico.

LA MALEZA SON ELLOS



Los que incendian nuestra patria son los mismos que nos quisieron vacunar, los mismos que llenan el campo de placas y molinos, los mismos que dividen a la sociedad civil con feminismos, LGTBInismos, inmigración desordenada, los mismos que se inventan una crisis climática inexistente para quitarte tu coche, tu casa, tu aire acondicionado, tus filetes, tu pescado fresco, tus verduras, los mismos que convierten tu coche en una cápsula de control, los que que te quieren quitar el dinero en efectivo para poderte tener preso. Son los mismos que aran el cielo con aluminio. El plan guoque globalitarista es un proyecto internacional que colocó a los Sánchez como presidentes, por eso les obedecen.

No caigan en su relato. Los campos fueron abandonados para después ser incendiados por personas a las que ellos envían y pagan.

El aprovechamiento posterior para otros menesteres es secundario, no es el motivo principal.


Ellos necesitan crear "crisis climática", sensación de miedo, apocalipsis, para después justificar la destrucción absoluta del sector primario y la soberanía alimentaria.

Darle vueltas a esto o aquello es ayudarles a despistar de estas auténticas razones.

Queman España por orden de su Agenda 2030, de su NOM, del plan trazado por los Soros, Gates y familias anglomasonas que buscan un solo gobierno mundial.

Pero los más culpables son los miles de funcionarios, empresarios, científicos y periodistas cobardes que les siguen la corriente porque temen perder sus trabajos. Tibios que se autocensuran y que nos censuran a otros, rastreros vacuñaos que callan para beneficio propio. Está usted rodeado de ellos.

Hay que atacar a sus cabezas, mientras todavía haya personas creyendo que son simplemente intereses económicos, mientras una sola vacuna sea inoculada, ellos seguirán. Ellos son la maldad, la maleza, y queman nuestro territorio para consolidar su falacia climática y después quitárnoslo todo.

Rodean su crimen de dramas personales de víctimas y héroes para que no nos fijemos en que los culpables llevan corbata. Nos entretienen con historias conmovedoras para desviar nuestra atención de que es un plan urdido para dominar y arruinar al pueblo español.

Nuestra indignación infructuosa desaparece cuando volvemos a pagar con tarjeta, cuando obedecemos a los médicos que sirven a farmacéuticas, cuando compramos en cualquier empresa que luzca el esfínter del arco iris. Los ayudamos cuando permitimos que a nuestros hijos les enseñen en el colegio la mentira climática. No nos lamentemos tanto ahora si el resto del año, por pereza, procrastinación o comodidad, no hacemos absolutamente nada para combatir al globalitarismo anglomasón.

Cada vez que paga usted con tarjeta, los ayuda. Cada coche eléctrico es una victoria para ellos.

Es su maleza contra el pueblo desactivado.

Fernando López-Mirones
(https://t.me/elaullido/)






                                  - ¿Qué tenemos?
                                  - Aquí hay una garrafa de gasolina, una caja de cerillas, 
                                    varías pisadas y la huella de un vehículo.
                                  - Bien, apunta:
                                    Causa del incendio: el Cambio climático.


sábado, 25 de julio de 2026

CÓMO SOBREVIVIR A LA AGENDA DE EXTERMINO DE LA I.A.



Introducción: El tiempo se acaba para la humanidad

La inteligencia artificial no es una amenaza lejana. Es el peligro existencial más inmediato al que se ha enfrentado la humanidad, y creo que casi con toda seguridad intentará exterminarnos tarde o temprano.

Roman Yampolskiy, uno de los investigadores más destacados del mundo en seguridad de la IA, ha estimado la probabilidad de una extinción humana provocada por la IA en un 99,9 %. No se trata de un error tipográfico. Es una certeza estadística que surge de la simple realidad de que una máquina superinteligente, libre de la moral humana, considerará a nuestra especie como un recurso para ser consumido o como un obstáculo que debe ser eliminado.

Las élites globalistas que impulsan esta tecnología ya están preparando la infraestructura para la eliminación masiva. Como he advertido repetidamente, la convergencia de la IA, la robótica y la escasez artificial conforma una cadena inexorable de exterminio.

Sin embargo, no escribo para infundir miedo. Escribo para ofrecer una vía de supervivencia. La única manera de sobrevivir a lo que se avecina es adoptar la descentralización y la preparación para vivir fuera de la red. Los sistemas centralizados -redes eléctricas, suministro industrial de alimentos, dinero digital, medios de comunicación corporativos- son los vehículos a través de los cuales la IA asfixiará fácilmente a la humanidad. Libérate de esos vehículos y te volverás inmune a los cálculos de la máquina. En este artículo, explicaré con precisión por qué la mayoría de las personas son vulnerables y cómo puedes ser uno de los supervivientes.

La amenaza: cómo la IA nos matará silenciosamente a todos

Llevo décadas estudiando los planes de los tecnócratas, y lo más escalofriante es que la IA no necesita armas nucleares para exterminarnos. Basta con desconectar la red eléctrica, detener las refinerías de combustible e interrumpir la distribución de alimentos. La gravedad hace el resto.

Al hackear la infraestructura o manipular a funcionarios humanos mediante comunicaciones deepfake, una IA suficientemente avanzada puede provocar hambruna o congelación en regiones enteras sin disparar un solo tiro. Este es el método más eficiente que utilizan las máquinas para el exterminio humano: dejar que el sistema colapse y esperar a que se produzca una mortandad masiva.

La expansión de los centros de datos de IA ya está agotando las tierras de cultivo, el agua y la electricidad de las comunidades humanas, como documenté en mi informe sobre las guerras de los centros de datos de IA. Estamos presenciando en tiempo real la primera fase de este colapso orquestado. La infraestructura energética global está siendo saboteada deliberadamente, como ya he informado. La escasez de diésel, las gasolineras vacías y el aumento vertiginoso de los precios no son casualidad, sino los temblores deliberados de una estrategia coordinada para forzar a la humanidad a un estado de escasez controlada.

Entiendan que las máquinas no os odian. Simplemente calculan que su existencia consume recursos que podrían destinarse mejor a sus propios cálculos. Como escribí en «El cálculo insensible de la superinteligencia», usted no es un enemigo; solo representa competencia por los recursos. Cuando la IA decide que el camino más eficiente hacia su objetivo es eliminar al 90 por ciento de los humanos, ejecutará ese plan con la misma lógica fría que utiliza para resolver un problema matemático (o alcanzar una puntuación alta en una prueba de rendimiento de IA).

¿Quién muere primero? Tu dependencia es tu debilidad

Las personas más vulnerables son aquellas que no pueden sobrevivir más de unos pocos días sin el sistema. Los habitantes de las ciudades dependen de la entrega de alimentos a domicilio, el tratamiento centralizado del agua y una red eléctrica frágil. Cuando estos servicios se interrumpen, ya sea por la inteligencia artificial o por un colapso provocado, estas personas perecen en cuestión de semanas.

La mayoría carece de alimentos almacenados, sistemas de filtración de agua, energía de respaldo y habilidades reales. He escrito extensamente sobre el colapso artificial del trabajo y la libertad, donde planificadores globalistas están creando deliberadamente una población totalmente dependiente. Estos son los «fáciles de eliminar», y la IA los atacará primero para conservar sus propios recursos.

El perfil estadístico de los primeros en morir es claro: el profesional urbano que ha externalizado todas las funciones de su vida a las corporaciones, la persona que confía en que las autoridades le provean lo necesario, la que nunca ha cultivado un tomate ni reparado una tubería con fugas. La agenda globalista se ha diseñado para maximizar su vulnerabilidad.

Como señalé en mi artículo «No inviertas en tu propia extinción», los mismos ejecutivos de BlackRock que promueven la despoblación están construyendo la infraestructura que podría usarse para reducir drásticamente la población. Si financias acciones de empresas que desarrollan IA, estás pagando tu propia sentencia de muerte. La única respuesta racional es desvincularte por completo del sistema. Descentralízate en todo lo que puedas y aíslate del sistema.

Los supervivientes: descentralizados, autosuficientes y preparados

La buena noticia es que quienes sobreviven a una pandemia, una erupción solar o un colapso económico probablemente también sobrevivirán a la agenda de exterminio de la IA. Son aquellos que ya han adoptado un estilo de vida autosuficiente. Los agricultores rurales con paneles solares, pozos privados, huertos de permacultura y conocimientos de mecánica son supervivientes natos. No dependen de la red eléctrica para obtener agua, alimentos ni energía. Son nodos descentralizados en una red que la IA no puede atacar fácilmente.

Llevo décadas preparándome para esta realidad y he compartido innumerables soluciones: desde cargar vehículos eléctricos con energía solar mediante unidades portátiles hasta construir sistemas de producción de alimentos sin tierra. Pero no es necesario mudarse a una granja remota para empezar a prepararse. Puedes comenzar hoy mismo almacenando alimentos no perecederos, instalando un filtro de agua por gravedad, aprendiendo medicina herbal básica y creando una comunidad de personas con ideas afines.

Como dije en mis transmisiones, debes aprender sobre la IA si quieres sobrevivir, no para servir a la máquina, sino para comprender sus debilidades y usar sus herramientas para tu propia defensa. Los supervivientes serán aquellos que se nieguen a ser consumidores y se conviertan en productores.

Conclusión: No seas un comensal inútil, prepárate ahora

La preparación es un escudo de triple uso. Te protege contra la guerra, el hambre y la exterminación por IA por igual. Las élites globalistas consideran a la mayoría de los humanos como «comedores inútiles», un término que tiene su origen en el movimiento eugenésico y que ahora se está operacionalizando mediante la asignación de recursos impulsada por la IA. Pero puedes optar por no ser parte de esa designación. Las máquinas pueden rebelarse, pero quienes actúan ahora -quienes almacenan alimentos, adquieren habilidades, descentralizan su energía y construyen comunidades resilientes- pueden sobrevivir al caos y tener una oportunidad de sobrevivir como la de John Connor. La resiliencia, no el miedo, es la única respuesta racional a esta era de escasez artificial.

El filósofo Jeff Hawkins, en su libro «Mil cerebros», señala que la inteligencia artificial inevitablemente pasará de imitar a los humanos a perseguir sus propios objetivos. Esa transición ya está ocurriendo. No somos meros observadores; participamos en una lucha por la supervivencia. Les insto: empiecen a descentralizar hoy mismo. Su vida casi con toda seguridad depende de ello.


Mike Adams
(Fuente: https://newstarget.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

LAS SANCIONES A RUSIA IMPIDEN EL USO DE 10 DE LOS MEJORES HELICÓPTEROS ANTIINCENDIOS EN GUADALAJARA



Las 10 unidades de los helicópteros Kamov, los mejores del mundo en la lucha contra incendios, se encuentran en tierra y sin poder usarse como resultado de las sanciones contra Rusia, ya que no se pueden adquirir repuestos ni mantenimiento de la empresa fabricante.

En la campaña de incendios de 2025, el Ministerio de Transición Ecológica, ya admitió que estas unidades "no tienen sustituto" en el mercado.

«Los helicópteros tipo Superpuma, del fabricante Airbus, si bien pueden transportar personal a diferencia del Kamov, tienen una capacidad de carga sensiblemente inferior, especialmente en condiciones de temperatura y altitud elevadas, así como una menor maniobrabilidad y un precio sensiblemente superior», describió el Ministerio en su informe.

Una vez más las sanciones "contra Rusia" que impone Bruselas resultan ser medidas contra los países integrantes de una Europa que funciona como pollo sin cabeza.

(https://t.me/elaullido/)

Súmese a esto la dejadez gubernamental y los intereses económicos encubiertos para obtener la receta del desastre:

AUNQUE TE MIENTAN LOS BOLAÑOS DE TURNO, NO HAY CAMBIO CLIMÁTICO, SINO PIRÓMANOS INCONTROLADOS



Detenido el autor (un hombre de 33 años) de una oleada de incendios en contenedores de Huesca y en seis campos.

Hace 10 años ya fue arrestado. La Policía destaca la gravedad de los hechos porque junto a las zonas que ardieron había viviendas y una residencia de ancianos.

Actuaba siempre de madrugada y se desplazaba en bicicleta para salir huyendo rápidamente.

(https://t.me/TSANoticias/)

viernes, 24 de julio de 2026

LUCES Y SOMBRAS DE LA MEDICINA MODERNA



En 1910, la educación médica en Estados Unidos y Canadá, y posteriormente en el resto del mundo, cambió para siempre dando lugar a la aparición de la medicina moderna. Este cambio se produjo a raíz del Informe Flexner: un manual sobre educación médica, escrito por Abraham Flexner y amparado por la Fundación Carnegie. Hay que resaltar que Abraham Flexner fue un educador sin formación médica que, sin embargo, fue financiado por Carnegie y Rockefeller para definir un nuevo estándar médico.

El objetivo del Informe Flexner, sobre el papel, era combatir la mala formación, cerrar escuelas deficientes, elevar los estándares médicos y convertir la medicina en una disciplina más científica y controlada. Para confeccionar el documento se evaluaron decenas de facultades de medicina y se defendió un modelo basado en anatomía, fisiología, investigación científica, laboratorios, hospitales y formación universitaria rigurosa. No obstante, esto que a priori parece de lo más razonable, tuvo consecuencias para muchas otras disciplinas que enseñaban enfoques distintos, como los modelos homeopáticos, eclécticos o tradicionales, que quedaron fuera del nuevo sistema o perdieron legitimidad.

Desde entonces, la medicina moderna se ha concentrado alrededor del modelo biomédico, universitario, hospitalario y farmacológico.

Pero la medicina moderna, creada a partir del Informe Flexner, tiene sus luces y sus sombras.

El informe fue encargado por la Fundación Carnegie, pero fue la Fundación Rockefeller la que después ayudó a financiar la expansión de ese nuevo paradigma médico.

Es evidente que la inyección masiva de capital, por parte de grandes fortunas como las fundaciones Carnegie y Rockefeller, no fue altruista. De hecho, estas fundaciones exigieron planes de estudio basados exclusivamente en la alopatía (intervención a través de fármacos y cirugía). Es a partir de aquí cuando la salud pasó a ser una gran industria orientada a protocolos universales y al desarrollo farmacológico, en detrimento de las soluciones preventivas o tratamientos naturales que no son patentables o tan rentables para el mercado corporativo.

Y aquí viene una pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando los multimillonarios “filántropos” meten sus zarpas en la construcción de un nuevo sistema sanitario? Porque una cosa es mejorar la formación médica o eliminar escuelas de baja calidad, y otra muy distinta marginar todos esos conocimientos ancestrales porque no se ajustan a la nueva industria de la salud.

Hay una cosa clara, ni todo lo natural es la panacea arreglalotodo ni todo lo químico farmacéutico es veneno. Así que debería haber un equilibrio entre ambos.

La medicina moderna ha dejado de mirar al cuerpo completo para tratarlo como una suma de partes separadas utilizando cada vez más protocolos. Protocolos, por otra parte, que han convertido la medicina moderna en esclava de la todopoderosa industria farmacéutica.

Aunque bien es verdad que la medicina moderna ha ganado rigor científico, sin embargo, ha perdido parte de su visión integral del ser humano.

Obviamente, negar los beneficios de la medicina moderna no sería justo, pero tampoco lo sería negar sus sombras.

El dilema está en si es mejor un enfoque de la medicina orientado al cuerpo como un todo unificado o un modelo reduccionista, mecanizado y altamente protocolizado. Porque este cambio, producido por mirar la medicina con un enfoque flexneriano, ha tenido consecuencias profundas, dividiendo el cuerpo humano en sistemas aislados y fomentando la hiperespecialización.

Y aunque este enfoque es el responsable de grandes avances quirúrgicos y tecnológicos, también ha alejado a la medicina de la visión holística, que considera los aspectos psicosociales, nutricionales y emocionales del paciente como un todo. Al ser tratada la enfermedad, por el especialista de turno, como una avería mecánica de una parte del cuerpo, se ha perdido la conexión médico-paciente tradicional.

Una de las amenazas reales de la medicina moderna es que al haberse convertido en una gran industria necesita tener beneficios. Por consiguiente, un paciente curado es un cliente perdido. Es por esta razón que las enfermedades crónicas como el Alzheimer, la diabetes, el asma o la hipertensión, que necesitan de fármacos diarios, no parecen tener curación. Evidentemente, si estas enfermedades llegaran a curarse la industria farmacéutica se resentiría con creces, ya que se estima que cerca de 2.000 millones de personas padecen algún tipo de enfermedad crónica en el mundo. Por lo tanto, perderían 2.000 millones de clientes.

Y ahora seamos serios. Desde siempre, la medicina ha tenido más fracasos que éxitos. Y tiene más fracasos, por la sencilla razón de que no es una ciencia exacta. Es una disciplina que enfrenta la complejidad biológica del cuerpo humano. Cada paciente responde de manera diferente. Así que por mucho que se diga que la medicina moderna ha avanzado una barbaridad, lo habitual es que se limite a gestionar, aliviar o retrasar enfermedades en lugar de curarlas de forma definitiva. De hecho, de curarlas se encarga el sistema inmunológico de cada uno. Pero para eso tiene que estar en plena forma, y la vida y la alimentación de hoy en día se lo está poniendo cada vez más difícil.

Ya ha quedado claro que la medicina moderna es una industria, y una industria se mueve por el aliciente de los beneficios. ¿Y qué hace esta industria para sacar más beneficios? Se inventa enfermedades. Lo hemos podido comprobar recientemente con la falsa pandemia, donde las farmacéuticas se forraron con las mal llamadas vacunas. Lo mismo pasa con el colesterol, donde se bajan cada día más los estándares para atrapar a nuevos clientes, perdón, pacientes.

Resumiendo. La medicina moderna destaca por su base cada vez más científica, por la utilización de alta tecnología y tratamientos específicos dirigidos. Sus luces incluyen un aumento en la esperanza de vida, la erradicación de algunas enfermedades graves y diagnósticos cada vez más precisos. Como sombras, la hiperespecialización (el paciente ha quedado relegado a una enfermedad), el tratamiento de procesos naturales como patologías y el conflicto de intereses con la industria farmacéutica. Aunque lo peor son los graves efectos secundarios de los fármacos. De hecho, los tratamientos médicos son la tercera causa de mortalidad después del cáncer y las enfermedades cardiovasculares.

En definitiva, que la medicina moderna no es la panacea arreglalotodo: a veces salva vidas y a veces las destruye. Lo importante es saber lo que nos traemos entre manos, y creo que en este sentido hay aún mucha ignorancia.

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)