ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
sábado, 10 de octubre de 2026
UNA HIPÓTESIS MÁS QUE PLAUSIBLE (3ª PARTE)
En mi distopía sucede, con lógica cartesiana, exactamente lo que vemos en la realidad.
Y lo peor viene ahora: lo que predice.
PREVISIÓN 1.- LA DEUDA NO SE PAGARÁ: SE CONVERTIRÁ EN PERPÉTUA
La gigantesca deuda acumulada por los Estados parte de una premisa: mañana la economía será mayor que hoy y, por tanto, resultará más fácil pagar lo que hoy debemos. Si el crecimiento estructural desaparece, esa premisa se rompe.
Pero los Estados tampoco pueden reconocer que no pagarán: provocarían una crisis financiera inmediata.
La solución será mucho más sencilla: la deuda no vencerá realmente nunca. Al llegar el vencimiento se refinanciará con nueva deuda, una y otra vez, procurando mantener tipos de interés suficientemente bajos para que su servicio resulte soportable. Incluso puede transformarse directamente en deuda perpetua, eliminando la necesidad de refinanciar continuamente el principal.
El acreedor aceptará cobrar poco porque la alternativa sería mucho peor: reconocer que una parte considerable de su supuesto patrimonio es incobrable.
No habrá, por tanto, una gran quiebra formal.
Habrá algo más discreto: una deuda eterna que nadie espera ya cobrar, pero por la que se seguirán pagando intereses muy bajos indefinidamente.
PREVISIÓN 2.- LA INFLACIÓN REDUCIRÁ SILENCIOSAMENTE LA DEUDA
La deuda perpetua sólo funciona si su coste se mantiene por debajo de la inflación.
Si una deuda paga un interés del 1 % mientras los precios aumentan un 2,5 %, el acreedor cobra nominalmente, pero pierde poder adquisitivo cada año. Con una inflación del 3, 4 o 5 % el proceso se acelera enormemente.
Ésa será una de las formas de reducir la gigantesca deuda acumulada sin declarar jamás una suspensión de pagos.
El Estado seguirá pagando puntualmente los intereses y podrá afirmar que respeta íntegramente sus obligaciones. Pero devolverá esos intereses -y mantendrá el principal- en una moneda que cada año vale menos.
Por eso la inflación se intentará controlar, pero no necesariamente eliminar. Una inflación moderada y persistente puede convertirse en parte de la solución.
No se cancela la deuda jurídicamente.
Se la erosiona económicamente año tras año hasta convertirla en una cifra enorme cuyo peso real es cada vez menor.
PREDICCIÓN 3.- EL DINERO DEJARÁ DE SER COMPLETAMENTE NEUTRAL
Cuando determinados recursos sean realmente escasos y estratégicos, tener dinero ya no garantizará poder comprarlos.
Una empresa podrá disponer de millones y, sin embargo, no tener acceso libre a petróleo, gas, electricidad, uranio, determinados semiconductores o materias primas si el Estado considera que deben destinarse prioritariamente a otra actividad.
Aparecerá así, por encima del mercado, una segunda economía de asignación: precio + autorización + prioridad estratégica.
El mercado seguirá funcionando y los bienes continuarán teniendo precio, pero el Estado decidirá progresivamente quién puede comprar qué y para qué cuando se trate de recursos críticos.
Esto introduce una transformación extraordinaria: dos millones de euros seguirán siendo contablemente dos millones de euros, pero dejarán de proporcionar necesariamente el mismo poder económico.
El dinero seguirá comprando mercancías; dejará de garantizar el acceso a los recursos estratégicos.
PREVISIÓN 4.- APARECERÁ UN «RACIONAMIENTO DE RICOS»
No volverán necesariamente las cartillas de racionamiento. Hay un procedimiento mucho más sencillo: permitir formalmente el consumo, pero encarecer progresivamente el consumo considerado excesivo.
La energía mínima de una vivienda podrá mantenerse protegida, mientras los consumos elevados soportarán tarifas crecientes. Lo mismo ocurrirá con combustibles, automóviles, vuelos, climatización o segundas residencias.
El principio será siempre parecido: lo necesario seguirá siendo accesible; lo abundante se convertirá progresivamente en lujo.
Así, el Estado podrá sostener que nadie tiene prohibido viajar, conducir un gran automóvil o consumir mucha energía. Y formalmente será cierto.
La limitación se realizará mediante precios, impuestos, tarifas escalonadas, permisos y regulaciones.
Será un racionamiento extraordinariamente eficaz porque conservará la apariencia de libertad:
«Puede usted consumir cuanto quiera. Simplemente tendrá que pagarlo.»
Y cada año serán menos quienes puedan hacerlo.
PREVISIÓN 5.- EL ESTADO SE COLOCARÁ POR ENCIMA DEL MERCADO
El mercado funciona extraordinariamente bien para repartir abundancia. Pero cuando faltan recursos esenciales, el precio deja de ser un mecanismo políticamente aceptable para decidir quién los recibe.
El Estado intervendrá cada vez más: decidirá qué industrias tienen prioridad energética, qué productos pueden exportarse, qué infraestructuras deben mantenerse y qué consumos pueden limitarse.
Pero la transformación más importante será política.
Las elecciones continuarán. Habrá parlamentos, partidos y gobiernos. Sin embargo, cada vez más decisiones fundamentales -energía, deuda, defensa, infraestructuras, producción estratégica- serán presentadas como necesidades técnicas sobre las que no existe alternativa posible.
La democracia no tendrá que desaparecer.
Podrá suceder algo mucho más sutil: seguiremos votando quién administra el sistema, mientras disminuye progresivamente nuestra capacidad para decidir cómo funciona el sistema.
Cuanto mayor sea la escasez, mayor será el poder de quien tenga que administrarla.
PREVISIÓN 6.- NACERÁ EL «ESTADO INGENIERO»
Cuando la energía sobra, una economía puede permitirse enormes ineficiencias. Cuando deja de sobrar, la economía vuelve a convertirse en un problema físico.
Ya no bastará con preguntar cuánto dinero cuesta producir algo. Habrá que preguntar cuánta electricidad, petróleo, gas, acero, fertilizantes, cobre o transporte necesita.
El Estado comenzará inevitablemente a hacer balances:
¿Cuántos TWh tenemos? ¿Cuántos barriles? ¿Qué industrias son imprescindibles? ¿Cuáles podemos detener sin romper las cadenas productivas?
El ministro de Economía empezará a parecerse menos a un financiero y más a un ingeniero de producción administrando una gigantesca fábrica nacional.
Incluso el PIB perderá parte de su significado: dos actividades que generan mil millones de euros dejarán de considerarse equivalentes si una consume enormes cantidades de energía importada y la otra apenas ninguna.
La economía volverá a recordar algo que había olvidado: el dinero puede crearse; la energía y las materias primas, no.
PREVISIÓN 7.- LLEGARÁ LA NACIONALIZACIÓN INDIRECTA
No será necesario nacionalizar formalmente petroleras, eléctricas, siderúrgicas, fábricas de fertilizantes o grandes industrias.
Bastará con declararlas empresas estratégicas.
Seguirán teniendo accionistas privados, cotizando en Bolsa y repartiendo beneficios. Pero, cuando sus productos sean esenciales, el Estado decidirá progresivamente qué pueden exportar, cuánto deben almacenar, dónde pueden invertir, quién puede adquirirlas y, en una emergencia, a quién deben suministrar primero.
La propiedad continuará siendo privada, pero una parte creciente de las decisiones fundamentales dejará de pertenecer al propietario.
Será una forma extraordinariamente eficaz de intervención porque permitirá conservar simultáneamente las ventajas del capital privado y el control público de los recursos esenciales.
No habrá que expropiar las empresas.
Serán privadas cuando haya que financiarlas y obtener beneficios; serán infraestructura nacional cuando el Estado necesite controlar lo que producen.
PREVISIÓN 8.- EL PEAK OIL PRODUCIRÁ UN «PEAK GLOBALIZATION»
La globalización extrema sólo resulta posible cuando transportar mercancías miles de kilómetros es extraordinariamente barato.
Si la energía deja de ser abundante, aumentan los costes del transporte, los seguros y la seguridad de las rutas marítimas. Entonces comienza a perder sentido fabricar un producto a 12.000 kilómetros simplemente porque allí la mano de obra cuesta menos.
La producción empezará a regresar hacia los grandes mercados consumidores, aunque producir localmente resulte más caro.
No será únicamente relocalización. Cambiará el criterio que durante décadas decidió dónde se instalaba una fábrica: el coste energético comenzará a competir con el coste laboral como organizador de la geografía industrial.
Las cadenas de suministro se harán más cortas, redundantes y regionales. Se aceptará pagar más a cambio de garantizar el suministro.
La globalización no desaparecerá.
Pero habrá alcanzado su máximo.
Después del Peak Oil llegará también el Peak Globalization.
PREVISIÓN 9.- LOS PAÍSES ENERGÉTICAMENTE POBRES PERDERÁN SOBERANÍA
La riqueza dejará de medirse únicamente en dinero, tecnología o capacidad industrial. Un país puede ser inmensamente rico y, sin embargo, depender del exterior para obtener la energía que mantiene funcionando toda esa riqueza.
En un mundo de energía abundante eso es comercio. En un mundo de energía escasa se convierte en dependencia estratégica.
Países industrializados pero muy dependientes de las importaciones tendrán que garantizar sus suministros mediante alianzas, concesiones políticas y acuerdos de largo plazo.
Mientras tanto, países económicamente más pobres pero poseedores de petróleo, gas, uranio o materias primas estratégicas aumentarán extraordinariamente su importancia.
La paradoja será formidable: tener dinero no garantizará tener energía.
El mundo dejará de dividirse simplemente entre países ricos y pobres.
Aparecerá una división mucho más importante: los países que poseen recursos esenciales y los países que necesitan que alguien se los venda.
Y quien depende del permiso de otro para mantener funcionando su economía posee necesariamente menos soberanía.
PREVISIÓN 10.- CAMBIARÁ EL CONTRATO SOCIAL
Durante generaciones, el contrato implícito de las sociedades occidentales fue sencillo: trabaja, aumenta la productividad y vivirás mejor que tus padres.
Ese contrato sólo puede mantenerse mientras la economía dispone de energía suficiente para continuar creciendo.
Cuando el crecimiento se detenga, el Estado ya no podrá prometer prosperidad general. Tendrá que ofrecer otra cosa: seguridad frente al deterioro.
El nuevo contrato será aproximadamente éste: acepta las restricciones y el Estado garantizará que no caigas por debajo de un mínimo.
Vivienda básica, alimentación, sanidad, energía mínima y determinadas ayudas sustituirán progresivamente a la antigua expectativa de ascenso económico.
El poder político ya no legitimará su actuación prometiendo: «Mañana vivirás mejor.»
La nueva promesa será mucho más inquietante: «Sin nosotros, mañana vivirías mucho peor.»
El Estado dejará progresivamente de administrar expectativas de prosperidad.
Administrará el miedo al descenso.
PREVISIÓN 11.- EL CRECIMIENTO DEJARÁ DE RESOLVER LOS CONFLICTOS SOCIALES
Durante dos siglos hemos resuelto buena parte de nuestros conflictos repartiendo el crecimiento futuro.
El trabajador podía ganar más, el empresario obtener beneficios, el pensionista mejorar su pensión, el Estado recaudar más y el acreedor cobrar su deuda porque la economía del año siguiente sería mayor.
Cuando la tarta crece, todos pueden recibir algo más sin quitárselo necesariamente a los demás.
Si el crecimiento estructural desaparece, esa extraordinaria válvula de escape también desaparece.
Entonces cada aumento tendrá una contrapartida: lo que recibe uno tendrá que salir, directa o indirectamente, de otro.
El conflicto político fundamental dejará de ser: «¿Cómo conseguimos crecer más?» y pasará a ser: «¿Quién acepta vivir con menos?»
Ésa será la verdadera dimensión del Peak Oil.
No una simple crisis petrolera, sino la crisis de un sistema económico, financiero y político construido durante dos siglos sobre una expectativa fundamental: que mañana habría más que hoy.
PREVISIÓN 12.- LA RACIONALIZACIÓN DEL MÍNIMO
Cuando ya no sea posible garantizar a todos el nivel de consumo anterior, el Estado tendrá que garantizar al menos un mínimo suficiente para evitar el colapso social.
Ese mínimo abarcará alimentación, vivienda, energía, sanidad, transporte y comunicaciones básicas. No serán necesarias las antiguas cartillas: subvenciones, tarifas sociales, prestaciones y cantidades mínimas garantizadas podrán cumplir la misma función.
Por encima de ese suelo continuará funcionando el mercado.
Quien tenga dinero podrá consumir más, invertir, viajar, adquirir mejores viviendas o pagar energía adicional. Quien no lo tenga conservará el mínimo que el sistema considere necesario.
Aparecerán así dos economías superpuestas:
una economía administrada para repartir lo imprescindible y una economía capitalista para repartir todo lo que quede por encima.
Dicho brutalmente: comunismo en la base y capitalismo en las alturas.
No se socializará la riqueza.
Se socializará el mínimo.
PREVISIÓN 13.- EL GRAN ACELERADOR: LA GUERRA
Las doce previsiones anteriores podrían desarrollarse lentamente durante décadas. Existe, sin embargo, un acontecimiento capaz de comprimir décadas de transformación en unos pocos meses: una gran guerra.
Una guerra permitiría justificar simultáneamente racionamiento energético, intervención de empresas estratégicas, control de exportaciones, prioridad estatal sobre determinados recursos, restricciones a la movilidad, endeudamiento extraordinario y subordinación del consumo civil a las necesidades consideradas esenciales.
Incluso una utilización limitada de armas nucleares podría añadir el temor a la contaminación radiactiva y justificar evacuaciones, cierres temporales o confinamientos en determinadas zonas.
Pero su efecto fundamental sería económico y político: la escasez dejaría de presentarse como fracaso del sistema y pasaría a presentarse como sacrificio exigido por la guerra.
Ésa es la diferencia decisiva.
Sin una gran conmoción, transformar profundamente una sociedad exige décadas.
Con una guerra, aquello que ayer resultaba políticamente imposible puede convertirse mañana en una medida de emergencia.
La Previsión 13 no sería, por tanto, una previsión más.
Sería el acelerador de las otras doce.
EPÍLOGO.- LA ESCASEZ NO SE ANUNCIA: SE ADMINISTRA
La escasez energética no se sufre: se administra. Y administrarla exige un lenguaje que no la nombre.
Ese lenguaje ya existe: transición, resiliencia, sostenibilidad, economía circular, autonomía estratégica, eficiencia, descarbonización.
La Agenda 2030 proporciona buena parte de ese vocabulario.
No tendría siquiera que ser una mentira. Podría ser exactamente lo contrario: la única manera políticamente soportable de decir una verdad sin pronunciarla abiertamente.
Porque anunciar a una sociedad construida sobre dos siglos de crecimiento que la abundancia energética ha terminado produciría precisamente aquello que se pretende evitar: pánico, acaparamiento, fuga de capitales, conflicto distributivo y deslegitimación política.
Y por eso, si existiera un plan semejante, difícilmente encontraríamos un documento que dijera: «El crecimiento ha terminado. Hay que administrar el descenso.»
Reconocerlo públicamente destruiría el propio mecanismo destinado a administrarlo.
La paradoja final sería formidable: el plan sólo podría funcionar mientras nadie pudiera demostrar que existe.
Y quizá ésa sea la última consecuencia de todas: cuando una sociedad ya no puede prometer abundancia, necesita aprender a llamar de otra manera a la escasez.
Félix Udivarri
(https://acratasnet.wordpress.com/)
LAS ENFERMEDADES NO SE IMPROVISAN
Janto y Balio era la pareja de caballos de Aquiles.
¿Por qué una pareja?
En la Edad de Bronce los caballos eran pequeños, podía montarlo un niño o mujer liviana, pero no un guerero con sus pesadas armas. Se luchaba en carros de combate. Estos eran imbatibles en terreno llano e inútiles donde hubiese troncos, piedras o un pequeño muro.
Por cruza selectiva, la humanidad fue logrando caballos más grandes y Alejandro Magno, 900 años después, ya tenía a Bucéfalo, un hermoso caballo de montar.
Pero el más enorme percherón y el más pequeño pony son la misma especie, igual que un gran danés y un perro salchicha difieren en tamaño y caracter, pero son dos perros de caza de la misma región del mundo, seleccionados para diferentes presas.
Una nueva especie o subespecie requiere en promedio 10 millones de años en crearse y dos millones de años para estabilizarse.
Por ejemplo los colibríes aparecieron hace 60 millones de años, y la última subespecie hace 10 millones.
Y aquí viene la estafa. La unión criminal que se da entre la medicina, los medios de comunicación y los Estados, necesitan hacer creer a las masas que hay enfermedades nuevas.
En los 80 generaron pánico entre la población diciendo que había una nueva enfermedad llamada SIDA. Miles de homosexuales fueron despedidos de sus trabajos, o aislados de sus familias y amigos.
¿Pero cómo?, se preguntaban algunos, ¿esa enfermedad no existía en la epoca de Tutankamón?
Había que inventar una explicación. La teoría del paciente cero. Un comisario de a bordo de la línea aérea Pan Am se había acostado con una mona en Africa, y luego había llevado la enfermedad por todas las capitales.
Imaginación les sobra.
Gracias a los falsos positivos, pronto eran millones los enfermos, tratados con las nuevas drogas. La OMS determinó que el 80% de la población de Mozambique tenía la enfermedad.
Entonces ¿Mozambique desapareció? No, hoy tiene el triple de población. Sanísmos.
Simplemente cambió la Agenda, la homosexualidad dejó de ser combatida y pasó a ser promovida. Ahora los culpables eran los drogadictos que se inyectaban y los heterosexuales. Luego fue olvidada. Ya no sirve al relato.
¿Hubo epidemias en la historia? Sí. Todas ocurrieron entre el tercer u cuarto año de una terrible guerra. La peste bubónica no apareció por ninguna rata rara que llegó a Europa, existía hace millones de años, pero cayó en el tercer año del agravamiento de la guerra de los 100 años, en 1346.
Simplemente hacia el tercer año de cualquier guerra se acaban las reservas de comida, se multiplican los heridos, y la población está debil.
La epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires ocurrió el año que terminó la Guerra del Paraguay. Hay miles de ejemplos.
La gripe tiene 80 millones de años, según registros fósiles, posiblemente mucho más, pero es lo probado.
Al terminar la I Guerra Mundial apareció con fuerza. Dijeron que era una Gripe Española, se ve que tenía pasaporte la loca.
Murió un montón de gente. ¿Les decimos que fue por la debilidad que dejó la guerra? Nah, después no van a querer ir a la próxima, mejor les vendemos de idea de una "cepa" española. Porque España no participó.
Y nació un buen negocio, engañar a la gente diciendo que cada año aparecía una "cepa" nueva.
No solo ocurría algo que pasa cada 10 millones de años en uno, sino que era regular, todos los años, pum, "evolucionaba".
En 2009 inventaron que había una terrible gripe A. Fue simplemente una prueba de credulidad y obediencia.
El problema es que "gripe" suena a lo conocido.
En 2018 se contrató al Instituto Tavistock, formado por psiquiatras militares entrenados en guerra psicológica.
Le cambiaron el nombre, coronavirus, que en realidad ya se usaba hacía decadas, pero no entre la población. Se hicieron simulaciones, como el evento 201 en Octubre del 2019 en la universidad John Hopkins. Asistieron cantidad de líderes mundiales.
Y metieron terror las 24 horas. Dictadura sanitaria global, millones de vacunados con problemas cardíacos. Inventaban una nueva cepa cada semana. miles de millones de dólares cambiaron de manos, gente arruinada y gente beneficiada. Un solo un ejemplo, sin un chip Intel ningún niño accedia a la escuela, ni nadie al trabajo. Adivinen quien estaba en el Evento 201. No seas conspiranoico, ¡fue casualidad!
Ya es historia. La gente dejó de creer en cepas con nombres terroríficos.
Pero apenas termine la guerra de Ucrania van a volver a las andadas.
Tienes que saber que no hay enfermedades nuevas, la última apareció cuando las Cordillera de los Andes era una llanura y el Tiranosaurio Rex hacía retumbar el suelo. La próxima aparecerá cuando las piramides sean solo arena.
No cuando Pfizer e Intel tengan que cerrar el balance 2029 para presentar en la Bolsa, y el Partido Demócrata tenga que designar candidato.
Esta vez que no te sorprendan.
Horacio Rivara
viernes, 9 de octubre de 2026
NOS HEMOS ACOSTUMBRADO A LO INACEPTABLE
Quizá el mayor fracaso de nuestra época no sea todo lo que está ocurriendo.
Quizá sea nuestra capacidad para acostumbrarnos a ello.
Hemos atravesado pandemias, guerras, violencia, crisis económicas, desplazamientos, hambre, corrupción, deterioro institucional, censura, manipulación, polarización y una pérdida progresiva de confianza en prácticamente todo.
Nunca habíamos tenido tanta información. Sabemos lo que ocurre casi mientras está ocurriendo.
Y, sin embargo, saberlo todo no está sirviendo para cambiar casi nada.
Ahí está la gran paradoja. Nunca estuvimos tan informados y quizá nunca fuimos tan fáciles de paralizar.
Porque hemos convertido hasta el horror en contenido. Vemos una tragedia mientras desayunamos. Un escándalo político mientras esperamos el autobús. Una guerra entre dos vídeos de TikTok. Un niño destrozado por acoso escolar antes de mirar qué serie ponen esta noche …
Nos indignamos. Compartimos. Ponemos un corazón. Insultamos al bando contrario. Y seguimos deslizando el dedo…
Mañana habrá otro escándalo. Tenemos una capacidad extraordinaria para sobrevivir. El ser humano ha sobrevivido a guerras, pestes, dictaduras, hambre, persecuciones y catástrofes.
Pero esa capacidad tiene una cara mucho menos heroica:
también somos extraordinariamente eficaces normalizando aquello que jamás deberíamos aceptar.
Primero algo nos escandaliza. Después nos preocupa. Luego simplemente nos molesta. Más tarde hacemos un meme. Finalmente forma parte del paisaje. Y entonces ocurre algo todavía más inquietante: quien continúa diciendo que aquello no es normal empieza a parecer el radical …
Nos acostumbramos a que nuestros hijos pasen media vida delante de una pantalla.
A que la educación rebaje exigencias mientras presume de modernidad.
A que trabajar no garantice una vivienda.
A que nuestros mayores envejezcan solos.
A que la política se haya convertido en una pelea de hooligans donde lo importante ya no es lo que ocurre, sino quién lo hace.
A instituciones más preocupadas por conservarse a sí mismas que por cumplir la función para la que existen.
A que una mentira repetida desde el lugar adecuado termine adquiriendo aspecto de verdad.
Y seguimos funcionando. Ese es precisamente el problema. Seguimos funcionando.
Nos levantamos, trabajamos, pagamos, consumimos, discutimos, votamos o no votamos, vemos Netflix y ponemos el despertador.
Por eso un sistema deteriorado puede durar muchísimo tiempo. No necesita que la población esté satisfecha. Ni siquiera necesita que crea en él. Le basta con que esté suficientemente cansada, dividida, entretenida y convencida de que nada puede hacerse.
Nos han enseñado además una magnífica forma de canalizar nuestra frustración: pelearnos entre nosotros.
Izquierda contra derecha. Hombres contra mujeres. Jóvenes contra mayores. Funcionarios contra autónomos. Pobres contra pobres …
No necesitamos otro salvador. Ya hemos probado demasiados. Ni otro partido prometiendo arreglar lo que el anterior prometió arreglar después de que otro prometiera exactamente lo mismo.
Necesitamos algo bastante más incómodo:
Personas capaces de pensar por sí mismas.
Personas que no necesiten pertenecer a un bando para saber que algo está mal.
Que puedan criticar una injusticia aunque la cometan “los suyos”.
Que sean capaces de cambiar de opinión.
Que no confundan obediencia con civismo.
Ni comodidad con libertad.
Ni adaptación con progreso.
Porque el futuro no empezará cuando aparezca alguien dispuesto a salvarnos. Empezará cuando dejemos de esperar que alguien lo haga.
Todavía podemos cambiar muchas cosas. Pero primero tendremos que recuperar algo que estamos perdiendo peligrosamente rápido:
La capacidad de mirar lo inaceptable y negarnos a llamarlo “normal”.
(https://t.me/bycpoornamidam/)
POSIBLE RESOLUCIÓN DE UN ENIGMA HISTÓRICO
El 31 de agosto de 1888 comenzó la serie de asesinatos rituales atribuidos a Jack el Destripador. Es muy probable que no hayan sido los únicos: la policía ocultó deliberadamente que los principales sospechosos eran judíos, por miedo a desatar reacciones violentas contra una comunidad que ya gozaba de escasa reputación entre la población inglesa. En cambio, difundieron la falsa narrativa de que las víctimas eran prostitutas … cuando en realidad eran devotas católicas.
Las fechas de los crímenes tampoco fueron casuales: cada uno coincide con una festividad cristiana, principalmente mariana, y fueron perpetrados en la madrugada de esas mismas fechas:
31 de agosto, asesinato de Mary Ann Nichols
María Mediadora de Todas las Gracias
8 de septiembre, asesinato de Annie Chapman
Natividad de la Virgen María
30 de septiembre, asesinato de Elizabeth Stride y de Catherine Eddowes
Fiesta de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre
9 de noviembre, asesinato de Mary Jane Kelly
Inmaculada Concepción
jueves, 8 de octubre de 2026
DEMOCRACIA Y TIRANÍA PLUTOCRÁTICA
Quien desee vivir sin una venda en los ojos debe empezar aceptando algo elemental: en nuestras sacrosantas democracias quienes deciden de forma efectiva son minorías que escapan al 'control ciudadano' (algo que en puridad no existe, pues la 'ciudadanía' no es otra cosa sino una comparsa a la que se halaga en sus bajos instintos, para hacerle creer que tiene mando), élites que nos imponen su propia concepción del mundo a través de ideologías que les benefician. Durante el siglo XIX y una parte del siglo XX, hasta la eclosión de los totalitarismos, esa ideología fue el liberalismo; luego, con la necesidad de asimilar o amansar la fiera comunista, esa ideología sería el progresismo, que no es sino liberalismo con derechos de bragueta y dengues de justicia social.
Detrás de esta degeneración de la democracia se halla, claro está, la rebelión de la Economía contra la Política. Durante siglos, la Economía estuvo limitada por normas religiosas o morales y supeditada al poder político, que era depositario de esas normas y encargado de velar por su vigencia. Pero, al desvincularse el poder político de esa labor, la Economía se desembridó por completo, hasta subvertir los cimientos de la política mundial; y esa subversión no ha hecho sino agigantarse con el desarrollo de la técnica, hasta llegar a esta fase de capitalismo tardío, en que no sólo los bienes de consumo, sino hasta las interacciones humanas y la propia intimidad se han convertido en activos financieros. De este modo, el estado de subversión originado por el lucro no sólo ha transformado las formas políticas imperantes, sino también la conciencia social, imponiendo una supremacía del dinero sobre cualquier anhelo humano, una prevalencia de las ansias materiales sobre los anhelos espirituales. Así se ha producido una mercantilización completa de la sociedad: el afán de lucro constituye el común denominador de todas las relaciones sociales; e, inevitablemente, la corrupción se ha extendido por doquier.
Los medios de adoctrinamiento de masas, la publicidad comercial, las formas artísticas cada vez más halagadoras de los bajos instintos y, muy especialmente, la 'experiencia' digital regida por algoritmos impulsan un plan disolvente de embrutecimiento colectivo, orientado a mantener al 'usuario' inmerso en un ciclo continuo de consumo y gratificación inmediata; orientado, en realidad, a convertirlo en un animalillo gobernado por impulsos meramente sensitivos, mediante la destrucción de su equilibrio moral y psíquico. A ese hombre embrutecido que ya sólo puede aspirar a la búsqueda de felicidad en un sentido puramente materialista es fácil someterlo a una servidumbre espiritual completa y convertirlo en masa cretinizada.
Entretanto, el régimen de partidos -introducido por el liberalismo burgués e impulsado por el dominio de la Economía sobre la Política- representa un simulacro democrático, mientras sigue las consignas del Dinero. Oswald Spengler lo escribió premonitoriamente hace más de un siglo: «Así como la monarquía inglesa en el siglo XIX, así los Parlamentos serán poco a poco un espectáculo solemne y vano. Como allí el cetro y la corona, así aquí los derechos populares serán expuestos a la masa con gran ceremonia y reverenciados con tanto o más cuidado cuanto menos signifiquen». Y mientras se representa ese espectáculo solemne y vacío (bueno, en el caso español barriobajero y vacío), el verdadero poder se ha desplazado de los (risum teneatis) 'órganos de representación ciudadana' hacia corporaciones transnacionales cuyo valor de mercado supera el PIB de muchas naciones. Los parlamentos ofrecen una soberanía de pega a la 'ciudadanía', con manguerazo de derechos de bragueta y halagos al resentimiento de sus elementos más viles, mientras la alta finanza internacional toma las decisiones. Así la democracia se ha convertido en el arma política de las fuerzas del Dinero, que condicionan la legislación a sus propios intereses a través de un régimen de partidos lacayos y sobornados, mientras las masas, cretinizadas por la depravación intelectual y los cultos falsos, están sometidas a un verdadero hipnotismo ideológico; y guían su conducta según consignas partidistas que, por supuesto, no buscan reflejar la realidad, sino producir 'relatos' mediante la impresión y el impacto emocional en lugar del razonamiento.
La libertad política está ligada íntimamente a la independencia económica; y en las democracias contemporáneas tal independencia no existe. Lo que nosotros llamamos cándidamente 'democracia' no es más que una tiranía plutocrática que ha desarrollado eficacísimos métodos de hipnosis ideológica colectiva.
Juan Manuel de Prada
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