jueves, 9 de abril de 2026

NETANYAHU BOMBARDEA SALVAJEMENTE BEIRUT PARA HACER SALTAR LA FRÁGIL TREGUA POR LOS AIRES




En una de las jornadas más sangrientas de la historia contemporánea del Líbano, se ha confirmado la muerte de al menos 354 personas y más de 1,000 heridos tras una serie de bombardeos masivos ejecutados por la aviación israelí contra barrios residenciales de Beirut.

La ofensiva, calificada por observadores internacionales como una cadena de actos terroristas contra la población civil, surge como la respuesta directa de Benjamin Netanyahu tras quedar marginado de unos contactos entre el gobierno de Irán y la administración Trump que han conducido a una precaria tregua de dos semanas. Israel no ha tardado en dar a conocer que no reconoce el alto el fuego en lo referente al territorio del sur del Líbano, cuya anexión pretende como parte de su delirante proyecto expansionista del "Gran Israel".

Esta táctica de "tierra quemada" evidencia que el mando israelí no busca la estabilidad, sino la perpetuación de una guerra total para volver a implicar el poder y la tecnología de Estados Unidos, ante su incapacidad de sostener el conflicto en solitario. Israel había visto el cielo abierto con la pretensión de Trump de invadir el territorio de la República de Irán con tropas de infantería, algo en lo que el ejército de Israel, el gran beneficiario de la medida, ni siquiera participaría, y ahora se muestra contrariado con que no se lleve a cabo, por lo que busca afanosamente la reanudación de los combates.

La respuesta estratégica de la República Islámica de Irán no se ha hecho esperar: Teherán ha ordenado el cierre total del Estrecho de Ormuz, la arteria energética más vital del planeta, preparando el terreno para una reanudación de hostilidades de proporciones globales

El mundo observa con horror cómo la figura de Netanyahu se consolida como el mayor enemigo de la paz, utilizando el terrorismo de Estado para dinamitar cualquier salida diplomática, como ya hizo durante los primeros días de guerra asesinando a cada uno de los representantes del régimen iraní que participaron en las interrumpidas conversaciones de paz de Omán.

La entidad sionista ha decidido arrastrar al mundo al abismo antes que detener su campaña de exterminio. Queda por ver si Trump vuelve a practicar el servil seguidismo del que viene haciendo gala ante la criminal política del estado hebreo o por una vez es capaz de dar un golpe sobre la mesa -no por voluntad propia, evidentemente, sino forzado por su gabinete, cada vez mas dividido ante su torpeza- y parar los pies al autoproclamado "perro rabioso" (Moshe Dayan dixit) de la región.

(Fuente: Brújula Global Geopolítica)

EL REY AHOGADO



Existe un singular desenlace en el ajedrez en que, pese a tener una situación dominante, un jugador puede no ganar la partida al ver a su rey comprometido en una situación en la que, se desplace a donde se desplace, se vería en jaque. Al no poder realizar ningún movimiento legítimo, el rey queda inmovilizado en su escaque, por lo que decimos que se encuentra ahogado. En esa situación se considera que la partida termina en empate, o, por usar la terminología ajedrecística, "en tablas".


Ejemplo de "ahogo". Es el turno de mover del rey blanco, pero cualquier
posición a la que se mueva está amenazada por piezas negras. Por tanto,
la partida no puede continuar y hay que aceptar forzosamente el empate.

Esta situación simboliza a la perfección la situación paradójica en la que se encuentra Donald Trump en este momento en la complicada partida geoestratégica que se juega en Oriente Medio: sus fuerzas son muy superiores a las de la República de Irán, pero sus movimientos se ven limitados por una situación en la que la resistencia del enemigo están forzando unas tablas tácticas que le impiden ganar la partida.

Tiene movimientos por hacer aún, pero cualquiera que hiciera, incluídos los que le dieran ventaja en el conflicto, a la larga se traducirían en un perjuicio.

Tiene fuerzas para tomar la isla de Kharg, por donde pasa el 90% de las exportaciones de Irán, pero al hacerlo no solo destruiría la economía persa, sino que provocaría que los precios de los combustibles se disparasen a niveles nunca vistos, sumiendo al planeta entero en una recesión que, en comparación, dejaría la de 1929 como una tormenta en un vaso de agua. Por otra parte, una cosa sería tomar un islote de 23 kms cuadrados y otra mantenerlo bajo fuego continuo de artillería, misiles y drones que castigarían día y noche a la 82 División Aerotransportada hasta diezmarla.

Puede amenazar a Irán con la aniquilación, pero las únicas armas que le permitirían materializar sus bravatas son las nucleares, que destaparían una caja de Pandora de múltiples niveles, desde la contaminación radiactiva de todo el Golfo, incluídos países aliados de EE.UU., hasta lo imprevisible de la respuesta de Rusia y China al evento.

Los gastos que le ocasiona a EE.UU. el prolongar la guerra son, a medio plazo, una sangría constante. A largo plazo sencillamente son insostenibles. Cada hora que dura el conflicto le cuestan al erario estadounidense 41´7 millones de dólares. El gasto de los primeros 36 días de conflicto ha superado los 46.000 millones de dólares. Para una nación en recesión el único horizonte económico que cabe ante estas cifras es la bancarrota.

Haga lo que haga, Trump cae en una auto-trampa. De hecho, la primera en la que cayó fue la de iniciar el conflicto. Es obvio que nunca debió dejarse arrastrar por Israel, y que solo le queda una retirada lo menos deshonrosa posible. Hasta ahora, en vez de dejarse aconsejar por quienes le advertían de lo incierto de esta aventura, ha incurrido en una torpe secuencia de movimientos que le han hecho enredarse cada vez más en una situación cada vez más comprometida, desde proporcionar armas a los kurdos para abrir un frente contra Irán en el norte, proceder que le ha enemistado con Turquía sin que los felices miembros del PKK hayan hecho otra cosa que adueñarse de las armas y guardarlas para cuando les convenga a ellos su uso, hasta anunciar a bombo y platillo su intención de ordenar violaciones del derecho internacional y las leyes de la guerra, lo que le podría acarrear la persecución de la Corte Penal Internacional.


El único consejo que ahora debería escuchar es bien sencillo: "No hagas nada, no digas nada y deja el asunto en manos de los diplomáticos". Por supuesto, no lo escuchará, y a saber con qué nuevas muestras de atolondrada arrogancia saldrá. Lo que ya no puede evitar es verse expuesto como lo que es, un dócil pelele en manos del sionismo que busca en esta coyuntura la materialización del Gran Israel. Que, como toda idea totalitaria, exige sacrificios. Y el suyo -al menos en términos políticos- es el que se perfila en un horizonte nada lejano.

(posesodegerasa)

P.D.: Breaking News Global ha publicado lo que presenta como una filtración altamente creíble sobre por qué Trump desistió de su amenaza de "destruir una civilización en una sola noche" y, en cambio, ordenar el alto el fuego: el CENTCOM (United States Central Command) se habría negado a ejecutar órdenes de atacar objetivos civiles.


Arriesgo una apuesta: Trump, que ha perdido el mando, sufrirá una
oportuna "enfermedad" que le mantendrá apartado de la toma de de-
cisiones y será el vicepresidente, J.D. Vance (menos chantajeable)
quien pilotará las negociaciones de paz.
Fuentes cercanas al Comando Central confirman que la "rendición" diplomática de Donald Trump no fue un acto de voluntad, sino el resultado de un motín legal en la cúpula militar. Los comandantes del CENTCOM se negaron a ejecutar las órdenes de ataque contra infraestructura civil en Irán, calificándolas de órdenes ilegales y crímenes de guerra. Ante la imposibilidad de mover su maquinaria bélica por falta de obediencia en el mando, Trump se vio obligado a aceptar el marco de negociación de Teherán.

Este es el momento más peligroso y, a la vez, más esperanzador, para la paz. La negativa de los militares a ser cómplices de un genocidio valida las advertencias del General Paul Eaton y los artículos de Impeachment presentados por John Larson y AOC. Si el Comandante en Jefe ya no tiene el control operativo de sus tropas porque estas han elegido la Constitución por encima de su voluntad, Washington se encuentra en una situación de "vacío de poder" que solo puede resolverse con la Enmienda 25, que establece los procedimientos para sustituir al presidente en caso de fallecimiento, destitución, dimisión o INCAPACIDAD ... El final político de Trump podría estar en el horizonte inmediato.

De ser cierta esta información, el honor militar habría salvado al mundo de una catástrofe.

LOS DATOS DESMIENTEN QUE LA BALIZA V-16 REDUZCA LA MORTALIDAD EN CARRETERA



La primera operación salida con la baliza V16 se ha saldado con la cifra más alta de muertos por atropello de los últimos 10 años.

Precisamente, la reducción de los atropellos era el argumento esgrimido por Pere Navarro, director de la Dirección de Tráfico (DGT), al imponer la obligación de comprar este aparato, del que los propios guardias civiles de Tráfico ya vaticinaban que no «serviría para nada» (bueno, sí, para que se forrasen los sinvergüenzas que nos la han impuesto).

Esta Semana Santa se han registrado hasta 30 fallecidos en vías interurbanas, una cifra que nos sitúa en niveles de 2021. Además, los atropellos mortales alcanzan su peor registro de la última década, con un total de cinco peatones fallecidos, lo que supone un incremento significativo respecto al año anterior.

¿Va a dimitir alguno de los responsables de esta estafa?

Olviden la pregunta, ni hoy es el día de los chistes ni maldita la gracia que tienen los (i)rresponsables de esta tomadura de pelo.

(https://t.me/guerrerosestoicos/)

LA MEMORIA DEL COLONIZADO



Hay una dimensión del conflicto actual entre EEUU e Israel e Irán que el análisis geopolítico convencional tiende a pasar por alto porque incomoda a demasiados actores simultáneamente: la dimensión de la memoria histórica como combustible de guerra.

Para entender por qué Irán resiste, por qué el mundo árabe y musulmán no se ha alineado con Washington en esta guerra, y por qué el lenguaje de Trump sobre devolver a los iraníes a la "Edad de Piedra, que es a donde pertenecen" resuena tan diferente en Teherán, en Argel, en Bagdad o en El Cairo que en los estudios de Fox News, es necesario hacer lo que los estrategas de la Casa Blanca claramente no hicieron antes del 28 de febrero: leer la historia.

El colonialismo europeo en el mundo musulmán no es materia de debate académico para las poblaciones que lo vivieron. Es memoria viva, transmitida de generación en generación con la misma precisión con que se transmiten los versículos del Corán. Y los hechos son los hechos, por incómodos que resulten para la narrativa de Occidente como portador de civilización y valores.

Francia reunió a 400 eruditos musulmanes durante su ocupación de Chad en 1917 y los ejecutó. Cuando sus tropas entraron en la ciudad argelina de Laghouat en 1852, exterminaron a dos tercios de su población. Francia llevó a cabo 17 pruebas nucleares en Argelia entre 1960 y 1966, con un número de víctimas que los investigadores estiman entre 27.000 y 100.000, cuyos efectos sobre la salud de las poblaciones afectadas siguen siendo detectables hoy. Cuando abandonó Argelia en 1962, dejó sembradas tantas minas antipersona como habitantes tenía el país en ese momento: 11 millones de minas para 11 millones de personas. El historiador francés Jacques Gorki estimó que el número total de musulmanes muertos por Francia en Argelia desde su llegada en 1830 hasta su salida en 1962 fue de 10 millones de personas. Francia ocupó Túnez durante 75 años, Argelia durante 132, Marruecos durante 44 y Mauritania durante 60.

Durante la campaña napoleónica en Egipto, testimonios de época documentan profanaciones de mezquitas que dejaron una marca indeleble en la memoria colectiva del mundo árabe.

Estos hechos no se citan aquí para justificar ninguna violencia presente ni futura. Se citan porque son inseparables de la comprensión de por qué el mundo árabe y musulmán lee el ataque estadounidense-israelí contra Irán de una manera radicalmente distinta a como lo lee la prensa occidental. No lo leen como una operación de no proliferación nuclear ni como una respuesta a una amenaza terrorista. Lo leen como el último capítulo de una historia que comenzó siglos antes de que existiera el Estado de Israel, siglos antes de que existiera la República Islámica de Irán, y que tiene un nombre reconocible en todas las lenguas de la región: colonialismo.

Cuando Trump amenaza con devolver a los iraníes a la Edad de Piedra "que es a donde pertenecen", no está solo cometiendo una obscenidad diplomática. Está recitando, con la brutalidad sin filtros que lo caracteriza, el mismo argumento que Francia usó para justificar la masacre de Laghouat en 1852: que esa población no pertenece al presente de la civilización sino a un pasado que merece ser borrado. La retórica cambia. La estructura del argumento permanece idéntica.

Esta continuidad estructural es la que explica algo que ha desconcertado a los analistas occidentales durante toda esta guerra: el fracaso total de Washington para construir una coalición internacional de apoyo. La pregunta que nadie quiere formular directamente es la siguiente. Si EE.UU. atacó a Irán para defender el orden internacional, la no proliferación nuclear y la libertad de navegación, ¿por qué no hay ningún país africano, ningún país del Magreb, ningún país del sudeste asiático, ninguna democracia latinoamericana importante que haya expresado apoyo activo a la operación? La respuesta no está en la geopolítica del momento. Está en la memoria histórica de lo que el "orden internacional" significó concretamente para esas poblaciones durante los siglos diecinueve y veinte.

El canciller iraní Araghchi lo formuló con precisión estratégica cuando dijo que la intención de Irán no es negociar sino dar una lección tan dura que ningún país vuelva a pensar en atacar a otra nación soberana de esa manera. Esa formulación no es solo estratégica: es histórica. Irán se está presentando ante el mundo no como un régimen teocrático en pie de guerra, sino como el primer país de la región que logra hacer pagar un precio real y duradero por una agresión colonial. Y esa narrativa tiene un poder de convocatoria en el sur global que ningún análisis de geopolítica de las grandes potencias puede cuantificar adecuadamente pero que se manifiesta con claridad en el hecho de que miles de personas salen a las calles en Manila, en Bagdad, en Jakarta y en Dakar a protestar contra la guerra, mientras ninguna capital del mundo árabe o musulmán envía tropas o apoyo logístico a Washington. La OTAN se niega a participar, pero su negativa se puede explicar por razones de interés estratégico europeo. La negativa del sur global es más profunda y más duradera porque está enraizada en una experiencia histórica compartida que hace que la narrativa de EE.UU. como defensor del orden internacional no solo resulte inverosímil sino activamente ofensiva.

Hay aquí una ironía que merece subrayarse. Macron, cuyo país construyó parte de su grandeza imperial sobre las masacres de Laghouat y el Chad y los 11 millones de minas de Argelia, propone desde Seúl crear una coalición de democracias independientes de las grandes potencias. La propuesta es razonable en su contenido estratégico, pero su autor tiene una deuda histórica con el mundo musulmán que hace que su llamado a construir un orden más justo e independiente suene, en El Cairo o en Argel, como el verdugo pidiendo al heredero de sus víctimas que le ayude a redactar las normas del nuevo duelo.

Esto no equivale a decir que todos los actores sean moralmente equivalentes. No lo son. El régimen teocrático iraní reprime a su propia población, ejecuta manifestantes, recluta niños para la guerra según Amnistía Internacional, y usa el martirio como herramienta de cohesión política. La agresión del 28 de febrero fue precedida de negociaciones que producían resultados, y su interrupción fue una decisión que ningún análisis honesto puede calificar de necesaria o inevitable. Pero la igualdad moral no es el marco correcto para analizar por qué el mundo no occidental no apoya a Washington en esta guerra. El marco correcto es el de la memoria histórica, que es más poderosa y más duradera que cualquier argumento estratégico.

David French escribió que Trump "no entiende a los que sí creen" porque él mismo no cree en nada. Eso es exactamente correcto, pero es incompleto. Trump no entiende a los que tienen memoria. Y la memoria del mundo árabe y musulmán sobre lo que la civilización occidental trajo consigo durante los siglos de colonialismo no es rencor irracional ni propaganda antioccidental. Es historia documentada. Es el registro de lo que ocurrió, con nombres, fechas y cifras que los historiadores europeos han confirmado. Y esa memoria es, hoy, uno de los factores más determinantes de la correlación de fuerzas en esta guerra: el factor que explica por qué Irán no está solo aunque esté bajo el fuego de la potencia militar más grande de la historia, y por qué Washington sí lo está aunque tenga el arsenal más poderoso del planeta.

La lección de Carras no es solo táctica. Es civilizatoria. Craso cruzó el Éufrates no solo sin entender el terreno ni la táctica militar de los partos. Cruzó sin entender la historia de la región, sin entender que estaba pisando el suelo de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, sin entender que ese suelo tenía memoria y que esa memoria activaría una resistencia que ninguna ventaja militar podía compensar. Dos mil años después, en las montañas de Kohkiluyeh donde un coronel herido esperaba el rescate mientras las fuerzas iraníes lo buscaban, la trampa sigue siendo exactamente la misma. Diferente tecnología. Idéntica ignorancia. Ese es, exactamente, el verdadero craso error.

Humberto Del Pozo López

miércoles, 8 de abril de 2026

NOTICIAS DEL EMPERADOR LOCO



Hay un hecho que ocurrió el lunes 6 de abril que merece detenerse en él con la atención que requiere, porque condensa en unos pocos minutos de conferencia de prensa todo lo que este análisis ha intentado documentar semana a semana: el analfabetismo moral del hombre más poderoso del mundo.

Trump amenazó con encarcelar al periodista que publicó la noticia sobre el segundo tripulante desaparecido si ese periodista se negaba a revelar su fuente. Sus palabras exactas, pronunciadas ante las cámaras con la misma naturalidad con la que describió el rescate del piloto como una de las operaciones más audaces de la historia, fueron las siguientes: "Vamos a ir a la empresa que lo publicó y vamos a decir: 'Seguridad nacional. Entréguenlo o vayan a la cárcel'."

Detengámonos un momento en lo que esto significa. Un presidente de los Estados Unidos, el país que durante doscientos cincuenta años se presentó al mundo como el guardián de la libertad de prensa y el estado de derecho, amenazó públicamente con encarcelar a un periodista por ejercer la función más elemental del periodismo: informar al público sobre lo que su gobierno hace en su nombre y con su dinero. No lo dijo en privado ni en un arrebato que después desmintió. Lo dijo en una conferencia de prensa, con el secretario de Defensa a su lado, en el cuarto más filmado del mundo.

Pero la amenaza contra el periodista es solo la capa más visible del problema. Debajo hay algo más inquietante que una declaración imprudente. Planet Labs, la empresa que proporciona imágenes satelitales casi diarias cruciales para informar sobre regiones donde el acceso de los periodistas al terreno es imposible o inseguro, notificó a sus usuarios que cumpliría las solicitudes del gobierno estadounidense y retrasaría indefinidamente la publicación de las imágenes tomadas después del 9 de marzo de 2026, hasta el final del conflicto. Es decir: mientras Trump amenaza a los periodistas que revelan lo que sus propios funcionarios filtran, el gobierno ha extendido ya una cortina de oscuridad satelital sobre todo el teatro de operaciones. No hay imágenes independientes de lo que ocurre en el terreno. No hay forma de verificar las afirmaciones de éxito que emite el Pentágono. No hay manera de saber cuántas bajas civiles causan los bombardeos que el secretario Hegseth describe como las mayores victorias de la historia militar estadounidense.

Esto nos lleva a la pregunta que el análisis de la filtración pone inevitablemente sobre la mesa, y que los comentaristas más lúcidos en Washington no han tardado en formular: si el gobierno mintió sobre las pérdidas de aeronaves, mintió sobre el estado de las bases militares en Kuwait, mintió sobre el número de bajas propias, y ordenó a las empresas de satélites que cierren la ventana visual sobre la guerra, ¿qué más está ocultando? ¿Está ocultando el verdadero número de militares estadounidenses muertos? ¿Está ocultando el alcance real del daño causado a las instalaciones del Golfo? ¿Está ocultando el estado real del programa nuclear iraní, que según el OIEA no puede garantizarse que sea exclusivamente pacífico pero que permanece enterrado a una profundidad a la que los bombardeos no llegan?

La pregunta sobre la filtración del piloto desaparecido tiene además una dimensión táctica que Trump reveló sin querer en su propia conferencia de prensa. Explicó que la operación de rescate se condujo mediante engaños deliberados para desorientar a las fuerzas iraníes que también buscaban al aviador. "Los estábamos trayendo a todos y gran parte de ello era un engaño", dijo Trump. "Queríamos que pensaran que estaba en un lugar diferente." Si esto es cierto, la filtración no solo comprometió la seguridad del piloto, sino que obligó a modificar en tiempo real una operación de rescate ya en curso, con aeronaves sobrevolando a baja altura el accidentado terreno montañoso de la provincia iraní de Kohkiluyeh. La operación de rescate, según los medios estatales iraníes, también derribó un avión de transporte C-130 y varios helicópteros, elevando aún más el número de aeronaves perdidas en la guerra.


Todo esto plantea una pregunta que ninguna amenaza a periodistas puede silenciar: si la información sobre el piloto desaparecido no hubiera sido publicada, ¿se habría organizado el rescate con la misma urgencia? La pregunta no es retórica. Es la misma pregunta que hizo el periodista al que Trump amenazó con la cárcel, y la respuesta que el poder no quiere dar es la que hace comprensible la amenaza.

El analfabetismo moral de Trump no reside solo en la amenaza al periodista. Reside en la incapacidad de comprender, o en la decisión de ignorar, la distinción fundamental entre dos tipos de verdades: las verdades que el poder prefiere ocultar porque lo hacen quedar mal, y las verdades que el poder oculta porque su revelación cuesta vidas. Trump mezcla ambas en un mismo decreto de silencio, y en el proceso destruye la diferencia entre el secreto legítimo y la censura autoritaria. Esa distinción, construida laboriosamente durante siglos de jurisprudencia sobre el derecho a la información, queda reducida a nada en el espacio de una conferencia de prensa de Pascua.

El escenario se vuelve aún más sórdido cuando se observa el cronograma de ultimátums que Trump ha lanzado y retirado desde el 21 de marzo. El primero, de 48 horas, fue pospuesto cinco días. El segundo fue pospuesto diez días. El tercero fue pospuesto hasta el 7 de abril a las 8 de la noche hora del este. Para entonces, el conteo oficial de plazos incumplidos había llegado a cinco. Cada prórroga va acompañada de una declaración de que las negociaciones van "muy bien" o que existe una "buena probabilidad" de acuerdo. Cada vez que el plazo se acerca sin acuerdo, el lenguaje escala a nuevas obscenidades. "El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá", escribió Trump en Truth Social. El medio iraní vinculado al poder judicial Mizan respondió que la resistencia de Irán había llevado a Trump "al borde de la locura". No estaban exagerando: el cierre de ese mensaje con "Alabado sea Alá" en boca del presidente de un país que acaba de amenazar con bombardear mezquitas y hospitales, y que lleva semanas definiendo a los iraníes como gente que "pertenece a la Edad de Piedra", no es solo incoherencia. Es la evidencia de un pensamiento que ya no distingue entre la provocación y la política, entre el insulto y la estrategia, entre la rabia y el mando.


El analfabetismo moral tiene consecuencias materiales concretas. Jamie Dimon, presidente de JPMorgan Chase, advirtió en su carta anual a los accionistas que la guerra contra Irán podría desencadenar otra ronda de inflación persistente y tasas de interés más altas, lo que podría sumir a la economía estadounidense en una recesión y redefinir el orden económico mundial. Los precios del crudo Brent se mantienen por encima de los 109 dólares el barril. En Filipinas, los sindicatos de transporte llevaron adelante una huelga nacional de dos días por el alza del combustible. En Sri Lanka, los miércoles siguen siendo festivos para ahorrar energía. En más de una docena de países de Asia meridional, los hospitales racionan el combustible para sus generadores.

El campo de ruinas que describe el observador europeo que citábamos al inicio de esta sección es exactamente este: no solo el campo de ruinas físico de las instalaciones petroquímicas del Golfo, de los barrios bombardeados de Teherán, de los edificios residenciales de Haifa, sino el campo de ruinas institucional de una democracia que lleva treinta y ocho días destruyendo en tiempo real los pilares que la hacían reconocible como tal. La libertad de prensa es uno de esos pilares. La separación de poderes es otro: el Senado ha rechazado por tercera vez la exigencia de que el Congreso autorice las acciones militares, y esa negativa no ha producido ninguna consecuencia. La transparencia sobre las bajas en combate es un tercero: el gobierno miente sobre el número de aeronaves perdidas, miente sobre el estado de las bases, y cierra la ventana satelital para que nadie pueda verificar nada.

Hay una frase de Arnold Toynbee que resulta aquí reveladora: las civilizaciones no mueren asesinadas, mueren por suicidio. El suicidio no ocurre de una vez. Ocurre por capas. Primero se erosionan las normas. Luego las instituciones que hacen cumplir las normas. Luego la cultura cívica que hace que las instituciones sean respetadas. Y finalmente, cuando ya no queda nada que erosionar, se produce el colapso que todos verán como repentino pero que llevaba décadas gestándose. La amenaza de Trump al periodista del piloto desaparecido no es un incidente aislado. Es una capa más del suicidio. Una fina pero visible capa de barniz que se cae de la pared, dejando al descubierto el ladrillo crudo que hay debajo.

Lo que hay debajo es lo que Edward Luce describe con precisión al señalar que la nueva guardia de Washington es casi toda blanca, toda masculina y en su mayoría no está cualificada para dirigir los grandes departamentos que está destrozando. Cuando esa guardia dirige una guerra, los resultados son los que estamos viendo: siete aeronaves perdidas, el jefe del Ejército despedido en plena campaña, trece bases descritas como inhabitables, un cronograma de ultimátums que se ha convertido en el objeto de burla de los analistas iraníes, y un presidente que comunica la política exterior de la única superpotencia del mundo a través de mensajes en mayúsculas en una red social de su propiedad, mezclando obscenidades con citas religiosas islámicas, en Pascua, mientras sus soldados sangran en las montañas de Irán.

Todo esto ocurre mientras China gradúa un millón y medio de ingenieros al año y planifica a cincuenta años. Mientras la primera ministra italiana Meloni se convierte en la primera líder de la OTAN en visitar los estados del Golfo para hablar de seguridad energética, reconociendo implícitamente que la seguridad ya no la puede garantizar Washington. Mientras Macron propone desde Seúl una coalición de democracias independientes de las grandes potencias. Mientras Alemania y Francia construyen juntos por primera vez en la historia un paraguas nuclear europeo. Mientras el secretario general de la ONU pide para el Estrecho de Ormuz el mismo tipo de mecanismo que se usó en el mar Negro en 2022, cuando Rusia bloqueaba el grano ucraniano, como si el Estrecho de Ormuz fuera ahora el equivalente del grano de Ucrania: una emergencia humanitaria que el orden internacional ya no puede resolver por sí mismo sino a través de negociaciones bilaterales entre los actores con capacidad de destrucción mutua.


La maldición china dice que vivir tiempos interesantes es el peor de los destinos. Trump es, literalmente, la maldición hecha presidente. Y mientras él tuitea en mayúsculas sobre el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, mientras amenaza a periodistas con la cárcel y cierra la ventana satelital para que nadie vea lo que realmente ocurre, el mundo observa, toma nota, y saca sus propias conclusiones. Dos mil años después de Carras, la trampa sigue siendo la misma. El general romano también estaba convencido de que lo estaba haciendo muy bien. También creía que los que se atrevieran a cuestionarlo merecían ser silenciados. También pensaba que la fuerza era suficiente y el conocimiento superfluo. La historia registró su nombre como la definición misma del error que no puede deshacerse. Ese es, exactamente, el verdadero craso error.

Humberto del Pozo López


P.D.: En el día en que el emperador loco anunciaba que arrasaría la civilización iraní ... postpone de nuevo el Apocalipsis y declara: "Tras conversaciones con el Primer Ministro Shehbaz Sharif y el Mariscal de Campo Asim Munir de Pakistán, en las que me pidieron que detuviera el ataque de esta noche contra Irán, y siempre que la República Islámica de Irán acepte la APERTURA COMPLETA, INMEDIATA y SEGURA del Estrecho de Ormuz, accedo a suspender los bombardeos y ataques contra Irán durante dos semanas. ¡Será un alto el fuego bilateral! El motivo es que ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares y estamos muy avanzados en la negociación de un Acuerdo definitivo sobre la PAZ a largo plazo con Irán y la PAZ en Oriente Medio. Recibimos una propuesta de 10 puntos de Irán y creemos que constituye una base viable para la negociación. Estados Unidos e Irán han acordado casi todos los puntos de controversia anteriores, pero dos semanas permitirán finalizar y concretar el Acuerdo. En nombre de los Estados Unidos de América, como Presidente, y también en representación de los países de Oriente Medio, es un honor que este problema de larga data esté cerca de resolverse. ¡Gracias por su atención a este asunto! Presidente DONALD J. TRUMP".


Veremos en qué queda la cosa. Por de pronto, los 10 puntos presentados por Irán son "a priori" inasumibles para un contendiente que no esté negociando los términos de su rendición, puesto que incluyen reparaciones de guerra, retirada de los contingentes norteamericanos de Oriente Medio, levantamiento de sanciones y reconocimiento del derecho iraní a seguir enriqueciendo uranio. Esto no es "una base viable para la negociación", sino el humillante reconocimiento de que NINGUNO de los objetivos del agresor se ha cumplido.

También quedan por ver dos cuestiones de calado: las garantías que EE.UU. pueda ofrecer a un país al que atacó en plenas conversaciones de paz, proceder que debería haber dejado a la nación persa como a gato escaldado, y cuál va a ser la postura de Israel, que parece quedar desasistida en su voluntad de destrucción del adversario sin el apoyo del "primo de Zumosol" que hasta ahora le ha resuelto sus complicadas papeletas, y que no viene siendo úlitamemente el sumum de lo razonable.

PARADOJAS "MADE IN SPAIN"


DESDE 2002 EL PENTÁGONO SABÍA QUE SU ESTRATEGIA CONTRA IRÁN LE ABOCABA AL DESASTRE



Corría el verano de 2002 y los Estados Unidos de América estaban en esa fase de la soberbia imperial que los griegos llamaban hybris y que nosotros, más castizos, decimos "venirse arriba", y en el Pentágono había generales que dormían con el manual de la "guerra en red" bajo la almohada como si fuera el catecismo. La idea era moderna, reluciente, casi filosófica: con suficiente tecnología, suficientes satélites y suficientes pantallas parpadeando en salas climatizadas, cualquier guerra podía ganarse desde la comodidad de un despacho antes de que al enemigo le diera tiempo a ponerse los zapatos. Para demostrar esta tesis deslumbrante, el Pentágono organizó el ejercicio militar más caro de su historia: 250 millones de dólares, 13.500 participantes y dos años de preparación. Lo llamaron "Millennium Challenge 2002", que suena a concurso de televisión pero era, en realidad, un ensayo de guerra contra un país del Golfo Pérsico al que llamaron, con discreción que engañaba a nadie, "la Fuerza Roja". El país en cuestión era, con toda evidencia, Irán. Un régimen nacionalista, un estrecho estratégico, misiles apuntando al tráfico marítimo. Faltaba el cartel de neón, pero poco más.

Para ponerse al mando de ese Irán ficticio eligieron al teniente general retirado Paul K. Van Riper, veterano de Vietnam, dos veces condecorado con la Medalla de Plata y conocido en los círculos militares como hombre de pocas contemplaciones. Fue una elección que, a la postre, resultó ser tan brillante como imprudente, dependiendo del lado desde el que se mire. Van Riper llegó al ejercicio con la cabeza bien amueblada y una convicción clara: si le daban un ejército inferior en medios, tecnología y presupuesto, lo único razonable era no jugar al juego del contrario. Así que no lo jugó.


Mientras la flota americana -portaaviones, cruceros, fragatas, el armamento más sofisticado que había visto el mundo- entraba majestuosamente en el Golfo Pérsico con sus radares encendidos, sus sistemas Aegis a pleno rendimiento y su fe inquebrantable en los algoritmos, Van Riper se comunicaba con sus tropas mediante mensajeros en motocicleta y señales luminosas desde los minaretes de las mezquitas, aprovechando la llamada a la oración. Sin frecuencias de radio que interceptar. Sin huella digital. Sin rastro. Pura táctica de la Segunda Guerra Mundial burlando al siglo XXI.

Cuando el ultimátum americano llegó al bando rojo -ocho puntos, el último de los cuales equivalía a rendirse sin condiciones-, Van Riper tomó nota, se alisó el uniforme y ordenó atacar primero. Lo que siguió duró, según las fuentes más conservadoras, diez minutos. Según otras, veinte. Una andanada masiva de misiles crucero disparados desde barcos mercantes -nadie lo esperaba- saturó los radares Aegis, diseñados para amenazas convencionales en aguas abiertas y absolutamente desbordados por aquel caos de blancos simultáneos y trayectorias imposibles. Simultáneamente, un enjambre de lanchas rápidas cargadas de explosivos se lanzó en misiones suicidas contra el casco de los grandes buques. Dieciséis navíos de guerra americanos se fueron al fondo del Golfo Pérsico. Un portaaviones, cruceros, buques anfibios. Miles de bajas, en este caso simuladas. La mayor catástrofe naval estadounidense desde Pearl Harbor, pero esta vez en los ordenadores de Fort Lauderdale, Florida.

Entonces el Pentágono hizo lo único que podía hacer en semejante tesitura: trampa. Pararon el ejercicio. Reflotaron los barcos hundidos. Literalmente: teclearon un comando y los buques volvieron a aparecer en la pantalla, enteros y relucientes, como si nada hubiera pasado. Después impusieron nuevas normas: Van Riper no podía derribar los aviones que traían tropas de desembarco. Estaba obligado a encender su radar antiaéreo para que los americanos pudieran destruirlo cómodamente. No podía usar armas químicas. No podía, en definitiva, hacer nada que pusiera en aprietos al equipo azul. Los organizadores llegaron a dar instrucciones directamente a los subordinados de Van Riper, saltándose su cadena de mando, para asegurarse de que la Fuerza Roja perdiera con la corrección debida.

Van Riper aguantó una semana. Después dimitió, con toda la dignidad que cabe en un hombre de tres estrellas, y se fue a casa a redactar un informe de veintiún páginas que fue clasificado inmediatamente como secreto. Antes de marcharse, le dijo a quien quiso escucharle: "Los ordenadores en Saigón decían que estábamos ganando la guerra. Y allá en los arrozales de Vietnam, nosotros sabíamos perfectamente que no la estábamos ganando." El informe de Van Riper acabó filtrándose al Army Times, que lo publicó bajo el titular inequívoco: "¿Juegos de guerra amañados? Un general dice que el Millennium Challenge 02 estaba escrito de antemano." La reacción del Pentágono fue fulminante: negarlo todo y llamar a Van Riper "un tipo muy listo", que en boca de un vicealmirante americano no es exactamente un cumplido.

Y no acaba aquí la cosa, que ya sería suficiente, porque incluso con el equipo rojo maniatado, con el guion escrito y la baraja marcada, Irán sobrevivió. El régimen ficticio siguió en pie al final del ejercicio. Los americanos destruyeron su capacidad militar, sí. Pero el dictador seguía sentado en su silla.

La lección del Millennium Challenge 2002 no era que la armada americana fuera de cartón piedra. Era algo más molesto e incómodo: que la soberbia tecnológica tiene un talón de Aquiles, que el enemigo que planeas combatir rara vez es el que se presenta, y que cuando el simulacro te sale mal y en lugar de aprender haces trampa, la factura la acabas pagando en el único escenario donde no existe el botón de reinicio. Ese que se llama la guerra de verdad.

(Fuente: Historias de la Historia)