jueves, 13 de agosto de 2026

POR QUÉ LA ÉLITE POLÍTICA EUROPEA ES CADA VEZ PEOR



Mientras la política pierde atractivo para las personas más capacitadas y las élites son seleccionadas por su conformidad más que por su competencia, el continente queda en manos de dirigentes cada vez menos preparados para afrontar los desafíos de nuestro tiempo, indica el escritor Nikolái Gastello.

La primera vez que vi a Boris Johnson, él estaba suspendido en el aire con un casco de seguridad, mientras banderas británicas ondeaban sobre él y sus zapatos lustrados quedaban torpemente recogidos bajo su cuerpo. Parecía Mr. Bean después de haber sido expulsado de un avión.

No podía creer que aquel fuera el nuevo primer ministro del Reino Unido, así que busqué otras fotografías, suponiendo que podría tratarse de Photoshop. Pero no era así, y allí estaba, sentado en el mismo despacho que en su día ocuparon Winston Churchill y Margaret Thatcher.


Boris Johnson. ¿A dónde fue la erótica del poder?
Esa imagen se ha quedado conmigo porque captaba algo más profundo y me hizo preguntarme qué les ha ocurrido a las élites políticas británicas y, de forma más amplia, a las de Europa occidental.

El Reino Unido ha cambiado de primer ministro repetidamente en los últimos años, y cada uno parece más lamentable que el anterior. En comparación con las grandes figuras del pasado, muchos de los líderes actuales parecen poco sólidos y extrañamente poco preparados para la seriedad de los cargos que ocupan.

En otras partes de Europa occidental, el panorama no es mejor. Emmanuel Macron, por ejemplo, tiene el aspecto adecuado con un elegante traje, pero la apariencia solo llega hasta cierto punto. Las fotografías de su juventud, las poses teatrales y la imagen presidencial cuidadosamente construida hablan de una política cada vez más dominada por la puesta en escena, mientras que incluso escenas de su matrimonio, como las ya famosas imágenes de Brigitte Macron aparentemente golpeándolo en un avión gubernamental, habrían sido casi inimaginables en las épocas de François Mitterrand o Valéry Giscard d'Estaing.

En los Estados más pequeños de Europa occidental, el deterioro suele ser aún más evidente, ya que los líderes políticos se asemejan cada vez más a adolescentes con ambiciones de pervertidos sexuales, ansiosos por exhibir sus credenciales ideológicas y sus causas de moda. Su lenguaje es grandilocuente, su juicio con frecuencia es deficiente y su sentido de la responsabilidad es mínimo.

Por ello, el desprecio del ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, hacia ellos resulta comprensible, dado que es un diplomático de carrera formado en una cultura política diferente, en la que se suponía que el arte de gobernar implicaba disciplina y sentido de las consecuencias. Frente a la actual clase política de Europa occidental, a veces suena como un hombre que lucha por no decir lo que realmente piensa.

El problema es que estos líderes pueden ser pasajeros, pero las consecuencias de sus decisiones no lo son y, aunque los gobiernos cambien, los submarinos, los misiles de crucero, los ejércitos, los tanques y los aviones permanecen, al igual que los compromisos estratégicos, los regímenes de sanciones, las relaciones rotas y los riesgos acumulados creados por políticos que pueden haber desaparecido de la escena en pocos años.

Entonces, ¿por qué ha disminuido de forma tan pronunciada la calidad del liderazgo político en Europa occidental? Una razón importante es económica, ya que durante las últimas tres décadas el mundo empresarial se ha vuelto mucho más atractivo para los jóvenes ambiciosos y capaces que el servicio público. Un vicepresidente responsable de relaciones gubernamentales en una gran empresa puede ganar 1,5 millones de euros al año, a menudo con bonificaciones, opciones sobre acciones y un generoso paquete de indemnización, y la política no puede competir con eso.

Un amigo inglés me contó una vez que un antiguo compañero de escuela suyo podría llegar algún día a ser primer ministro, y no era una fantasía. Aquel hombre había estudiado en un colegio de élite, había participado en política desde muy joven y avanzaba por las etapas esperadas de una carrera política seria.

Entonces intervino el mundo empresarial, ya que le ofrecieron un puesto tan lucrativo que la incierta perspectiva de convertirse en primer ministro dejó de parecerle especialmente atractiva, y así, su carrera política se desvaneció, no porque careciera de capacidad, sino porque el sector privado valoraba esa capacidad mucho más.

Henry Kissinger habló con dureza sobre el declive del liderazgo político occidental cuando insistió en que los políticos modernos carecían de competencia y de una comprensión real de las tareas que tenían por delante, y tenía razón en gran medida.

Sin embargo, Kissinger no abordó plenamente otra parte del problema, que es el papel de Estados Unidos en la selección y formación de gran parte de la clase política europea.

Un número considerable de dirigentes europeos ha estudiado en Estados Unidos, ha participado en programas financiados por ese país o ha recibido apoyo de fundaciones vinculadas a él al comienzo de sus carreras, y estas instituciones no solo identifican a jóvenes con talento, sino que también contribuyen a moldear su visión del mundo.

No se trata necesariamente de un reclutamiento directo por parte de los servicios de inteligencia, porque ese es un proceso más difícil y menos fiable. El método es más sutil: se introduce a los jóvenes políticos en determinadas redes y se les anima a adoptar una interpretación concreta de los asuntos internacionales.

El resultado es un filtro de lealtad, y las personas con pensamiento independiente rara vez prosperan en esos sistemas. Quienes avanzan suelen ser los más adaptables y los más dispuestos a repetir el lenguaje aprobado. En otras palabras, el proceso no selecciona necesariamente a los candidatos más fuertes, sino a los más fáciles de moldear.

Hay errores ocasionales, especialmente en Polonia, donde las instituciones estadounidenses a veces subestiman la capacidad de los políticos polacos para imitar el lenguaje que se espera de ellos mientras conservan unos instintos profundamente nacionalistas. Washington desconfía de una auténtica independencia polaca, pero su reserva de candidatos es limitada, por lo que se hacen concesiones.

El sistema interno estadounidense funciona de manera diferente, ya que los jóvenes políticos suelen incorporarse a las redes de sus partidos con una buena formación y una vida personal cuidadosamente organizada y, si necesitan dinero, los intereses empresariales vinculados al partido los ayudan.

Tradicionalmente, los republicanos han dependido de redes industriales y corporativas, mientras que los demócratas han contado con el apoyo de las finanzas, las artes, el derecho y los medios de comunicación. Un político prometedor puede pasar varios años en el mundo empresarial, ganar lo suficiente para alcanzar la seguridad financiera y luego regresar a la vida pública con una casa y con inversiones, pero en Europa el mecanismo es casi al revés.

Se ejerce constantemente presión pública para reducir los salarios y privilegios de los políticos, ya que el argumento es siempre que deberían costar menos y parecer más corrientes. Mientras tanto, las empresas ofrecen recompensas cada vez más extraordinarias a cualquiera que tenga inteligencia y contactos, de modo que el resultado previsible es una selección inversa.

Las personas más capaces se marchan, mientras que las ambiciosas se trasladan al mundo empresarial, la consultoría, las finanzas o el 'lobby', y quienes permanecen suelen ser ideólogos, arribistas, excéntricos o mediocres sin ningún destino más atractivo al que ir.

Este proceso resulta ahora difícil de detener y el prestigio de los cargos políticos ha caído demasiado, mientras que las recompensas disponibles en el mundo corporativo se han vuelto demasiado grandes y demasiado evidentes.

Por ello, gran parte de Europa queda en manos de líderes que a menudo carecen de competencia y de perspectiva histórica y que, aunque ocupan cargos poderosos, muchos parecen incapaces de comprender la magnitud de las responsabilidades que han heredado.

El peligro no es simplemente que parezcan ridículos, sino que gobiernan Estados dotados de un enorme poder económico y militar y, cuando personas débiles heredan una maquinaria poderosa, las consecuencias pueden ser de todo menos triviales.

Nikolái Gastello
(Fuente: https://actualidad.rt.com/; visto en https://es.sott.net/)

LA FUNCIÓN DE LOS MEDIOS


EL NEGOCIO DE LA "ACOGIDA"


miércoles, 12 de agosto de 2026

NO, LA INVASIÓN DE CEUTA NO HA SIDO UNA CRISIS MIGRATORIA




Los gobiernos de todos los países del mundo no están ahí para servir al pueblo y administrar el Estado, sino todo lo contrario. Son, mayoritariamente, gobiernos genocidas que durante la falsa pandemia implementaron una campaña de acoso para que la gente se dejase inocular un veneno tóxico que acabó con la vida de muchos y causó (y sigue causando) daños irreparables en otros. Estos gobiernos libran interminables guerras contra su propio pueblo, contaminan los cielos y suelos de sus propios países e incendian sus bosques. Y todo para tener contento al poder global del dinero, que es quien verdaderamente les puso al frente del país para llevar a cabo lo que se les ha encomendado.

Las masas aceptan sumisamente la autoridad que el gobierno ejerce sobre ellas. Y lo aceptan, por la sencilla razón de que las leyes les obligan a ello. Todas esas ridículas leyes, que se han ido confeccionando gradualmente a lo largo de los años, han hecho que la gente piense que es normal el abuso totalitario del gobierno sobre los ciudadanos. Por consiguiente, el “populacho” ha normalizado el concepto de totalitarismo como algo que se da por sentado.

¿Cuándo vamos a dejar de ser tan ingenuos? No existe ningún país en el mundo libre y democrático. No lo hay. Todos están dirigidos por entidades privadas -en manos de poderosos oligarcas financieros- que controlan por completo a los políticos peleles que ellos mismos colocan en los gobiernos. La supuesta rivalidad entre derecha e izquierda es pura quimera para engañar a los pobres ignorantes altamente ideologizados. Las dos actúan para satisfacer a la clase dominante. Por consiguiente, el pueblo no tiene representación alguna y nunca la ha tenido. Esta es la realidad que nadie quiere ver y que el poder quiere ocultar.

Cada generación ha sido adoctrinada en el culto al Estado y en la existencia y pertenecía a una “patria”. La aceptación incondicional, por parte de las masas aborregadas, de banderas, himnos y constituciones, son el testimonio viviente de una mentalidad basada en la dependencia de los gobernantes. Cualquiera que crea que una doctrina gubernamental que define “derechos” es justa y necesaria, está colaborando, sin saberlo, a su propia esclavitud. El principio y el fin de la libertad de cada uno de nosotros no recaen sobre ningún gobierno. Los gobiernos no tienen ningún derecho legítimo a gobernar sobre nadie. Conviene recordar que los gobiernos están formados por políticos títeres del poder global del dinero. Y son, como ya he dicho infinidad de veces, lo peorcito de la humanidad.

Dicho esto, hablemos ahora de Ceuta.

Lo primero que deberíamos preguntarnos es si nos están diciendo toda la verdad. Pues claro que no nos están contando toda la verdad. La verdad sólo la saben quienes han organizado este “sarao”, así como el verdadero objetivo del mismo.

Todo lo que estamos escuchando a políticos, analistas, tertulianos y periodistas no es más que pura distracción. Porque decir, como asegura el Gobierno, que la invasión de Ceuta es un problema relacionado con la inmigración ilegal y las mafias que trafican con personas, es de lo más pueril, por decirlo de una manera suave.

Luego están los medios extranjeros que o bien son analfabetos o quieren confundir a la opinión pública tergiversando la historia, diciendo que Ceuta es una colonia española arrebatada a Marruecos. Nada más lejos de la realidad.

Ceuta es española desde 1457, cuando la Corona de Castilla y Portugal estaban unidas. Luego, cuando volvieron a separarse 60 años más tarde, Ceuta decidió quedarse en España por voluntad propia. El reino alauita de Marruecos se creó en 1631. Entre 1912 y 1956, el país estuvo bajo protectorados de Francia y España. Y es a partir de 1956, cuando Marruecos alcanzó su independencia y formalizó la monarquía actual. Por lo tanto, Ceuta es tan española como lo es Sevilla, Madrid o Burgos y nunca, repito, nunca fue una colonia arrebatada a Marruecos, ya que nunca la poseyó.

Aclarado esto, lo que ha ocurrido en Ceuta es simple y llanamente una invasión de Marruecos a un territorio español. Obviamente, esto se ha llevado a cabo con la connivencia del Gobierno de España, ya que los servicios de inteligencia españoles sabían de antemano lo que iba a pasar. Lo que hay que preguntarse es por qué el Gobierno no hizo nada al respecto. Porque, ¿te imaginas que 70.000 cubanos entraran en Miami y el Gobierno de EEUU no hiciera nada? No, ¿verdad? Pues eso.

Lo que está sucediendo en torno a Ceuta nada tiene que ver con la inmigración ilegal (los inmigrantes son simplemente carne de cañón utilizados como cobayas humanas), sino con el control del Estrecho de Gibraltar y las vías de acceso al Mar Mediterráneo.

Los propios españoles no somos conscientes de la relevancia geopolítica que tiene el Estrecho de Gibraltar y de que España posea aguas territoriales de una y otra orilla. De hecho, en España nadie habla de ello. Sin embargo, esta farsa de que lo ocurrido en Ceuta es una venganza de Trump y Netanyahu por no dejar utilizar las bases para la guerra de Irán al primero (mentira) y por criticar el genocidio de Gaza al segundo (nuestro Presidente lo hizo para ganar votos), no es más que una cortina de humo para distraer al “populacho” que anda, como siempre, perdido en causas que no entiende.

Todos sabemos lo que está pasando con el Estrecho de Ormuz. Y, claro está, EEUU e Israel han tomado nota y buscan asegurarse que el Estrecho de Gibraltar no dependa de un único país, España, y que esta vía marítima tenga dos pasillos: uno español y otro marroquí. De ahí la apuesta de EEUU e Israel por Marruecos.

Ceuta, por su ubicación geográfica, permite que España controle uno de los pasos marítimos más importantes del mundo. Sin embargo, si España cediera Ceuta a Marruecos se formaría un segundo corredor que, obviamente, estaría gestionado directamente por Marruecos; o lo que es lo mismo, bajo el control de EEUU e Israel, actualmente socios inquebrantables de Marruecos.


Es más que evidente que nuestro actual corrupto Gobierno está en el ajo, y ya tendrá pactado lo que sea. De ahí que estén todos de vacaciones como si nada hubiera ocurrido. Además, no sería la primera vez: ya se hizo con el Sahara, vendiéndoselo a Marruecos durante el Gobierno de Arias Navarro. Por lo tanto, no es de extrañar que lo vuelvan a hacer con Ceuta y Melilla.

Nuestra corrupta clase política lleva años (porque alguien así lo ha querido) balcanizando España con el Estado de las Autonomías. Así que lo de vender a Marruecos Ceuta y Melilla (sin descartar las Islas Canarias) no es nada descabellado.

La pregunta es: ¿qué estamos haciendo los españoles al respecto? Lamentablemente, absolutamente nada (de vacaciones, como si con nosotros no fuera la cosa). Obviamente, con un pueblo tan estúpido, dócil e insolidario (nadie se acuerda de que a los ceutíes les están jodiendo la vida) no es de extrañar que los gobiernos hagan con nuestro país lo que le dé la gana.

Lo que no es de recibo es que después de 12 días todavía haya pululando por Ceuta entre 8.000 y 11.000 personas (según datos oficiales de la Ciudad Autónoma), que irrumpieron en nuestro país dando una patada en la puerta, sin que nadie les diga que tienen que volver por donde han venido.

Respecto a los menores no acompañados, llamados coloquialmente “menas”, es de juzgado de guardia. Estos son los primeros que deberían ser devueltos a Marruecos con sus padres. Y si sus padres no se quieren hacer cargo de ellos, que lo haga el Gobierno de Marruecos. Porque, ¿a santo de qué tenemos que hacerlo nosotros?

Los menores no tienen todavía criterio suficiente para saber lo que quieren, por eso no votan y requieren el permiso de sus padres para todo. Entonces, ¿quién le ha dado permiso al Gobierno de España para apoderarse de los niños de otro país simplemente por haber cruzado la frontera? Todo eso de los derechos humanos y de que son menores y hay que protegerlos es la excusa perfecta para quedarse con ellos.

La verdad es que es bastante extraño que un país se deshaga de su potencial humano de futuro y se lo deje arrebatar por otro. ¿No será que forma parte de una agenda?

En España hay actualmente 1.375 centros de protección de menores en total, que suman unas 20.000 plazas de acogida. Oficialmente, no existen centros exclusivos de “menas”, sino que los menores extranjeros no acompañados son integrados dentro de la red general de protección a la infancia gestionada por las comunidades autónomas. Por lo tanto, la acogida de menores extranjeros no es temporal, sino definitiva.

Y mientras todo esto está ocurriendo, nuestro Presidente del Gobierno disfrutando de unas largas vacaciones en La Mareta (que no las tienen la mitad de los españoles), al igual que la oposición. Esto demuestra que todos, absolutamente todos son cómplices. Pero, claro está, con un pueblo tan estúpido, ignorante y sumiso –como ya se vio durante la falsa pandemia- no tienen de qué preocuparse, ya que saben que no va a mover un solo dedo por defender Ceuta, Melilla e incluso las Islas Canarias.


A esto le llaman Sánchez y Marlaska "normalidad restablecida".
Igual hasta hay que estar agradecidos. 

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

¿TE VAS DANDO CUENTA?


LA INSTALACIÓN MASIVA DE PLACAS SOLARES ELEVA HASTA EN 5º LA TEMPERATURA DEL AIRE



La hipocresía de los políticos vinculados a la Agenda 2030 vuelve a hacer acto de presencia en temporada de incendios. Mientras advierten día tras día sobre el cambio climático, la subida de las temperaturas globales y el riesgo de incendios forestales cada vez más intensos, los mismos responsables impulsan y aprueban proyectos masivos de instalación de placas solares en todo el territorio. Estos proyectos, presentados como la solución verde definitiva, generan un efecto térmico local documentado por la ciencia que eleva la temperatura del aire en el entorno inmediato de las instalaciones.

Estudios de campo rigurosos confirman que las grandes plantas fotovoltaicas y las cubiertas masivas de paneles en tejados pueden aumentar la temperatura del aire hasta 4-5 °C en condiciones extremas. El trabajo pionero de Barron-Gafford y colaboradores (2016) en el desierto de Arizona midió de forma continua durante más de un año un calentamiento nocturno regular de 3-4 °C (con picos superiores a 4 °C) respecto a las zonas naturales adyacentes. Investigaciones más recientes, como la de dos años en una planta de 100 MW en Mongolia Interior (2026), registraron un incremento medio de 0,8 °C en el aire y subidas de la temperatura superficial del suelo de hasta 4,1 °C. En entornos urbanos, mediciones directas sobre tejados con paneles han llegado a detectar diferencias horarias de más de 4 °C e incluso picos de 5,2 °C durante olas de calor.

El mecanismo es claro: los paneles solares tienen un albedo bajo (absorben más radiación solar que muchos suelos naturales, especialmente arenas o vegetación clara) y convierten sólo entre el 15 % y el 20 % de la energía en electricidad. El resto se disipa como calor sensible que calienta el aire circundante. Además, alteran el balance energético de la superficie, reducen la evapotranspiración en algunos casos y crean microclimas más cálidos justo encima o entre las filas de paneles. Este fenómeno, conocido como “efecto isla de calor fotovoltaica” (PVHI), es más intenso de noche en zonas áridas y de día en tejados urbanos.

Sin embargo, el efecto es estrictamente local. Se disipa a tens o cientos de metros del borde de la instalación y no se propaga a escala regional ni global. Algunos estudios con satélites incluso detectan un ligero enfriamiento de la temperatura superficial del suelo en el interior de ciertos parques por el sombreado y la conversión a electricidad. Además, la electricidad limpia generada desplaza combustibles fósiles y reduce las emisiones de CO₂, el principal impulsor del calentamiento global. Los análisis cuantifican que el pequeño forzamiento positivo por el cambio de albedo se compensa normalmente en menos de un año con las emisiones evitadas.

En temporada de incendios, vincular de forma simplista las placas solares con el aumento del riesgo de fuego ignora la complejidad del problema: la gestión forestal, la acumulación de combustible, las condiciones meteorológicas extremas y el calentamiento global impulsado por los gases de efecto invernadero. Los políticos que promueven la Agenda 2030 y las renovables masivas deberían reconocer abiertamente este efecto térmico local en los estudios de impacto ambiental, en lugar de presentarlo como una solución sin matices. Solo así se evitaría la contradicción entre el discurso alarmista sobre las temperaturas y la promoción acrítica de instalaciones que, a escala microclimática, las elevan.

Unai Cano
(Fuente: https://gaceta.es/)

martes, 11 de agosto de 2026

LA TECNOCRACIA NOS ESTÁ COLANDO LA IDENTIDAD DIGITAL A TRAVÉS DE LOS NIÑOS



Llevo más de quince años analizando la tecnocracia como un sistema de gobierno basado en una administración planificada, en el que las credenciales sustituyen al ciudadano y el panel de control sustituye al voto. Los tecnócratas tienen sus exigencias y no dejan de insistir en ellas hasta salirse con la suya.

En todos estos años, ¿cuántas veces hemos oído hablar de la identificación digital? ¡Casi cada año!

La realidad es que los tecnócratas necesitan la identidad digital para poder trabajar. Sin ella, la tecnocracia está condenada al fracaso. No se puede gestionar lo que no se puede contabilizar. No se puede controlar, autorizar ni excluir a una población a la que no se pueda identificar individualmente. El dinero programable, la puntuación social, la gobernanza algorítmica… todo ello depende de que cada ser humano cuente con una identidad única, verificada y legible por máquina.

Por eso los últimos doce meses merecen toda tu atención. En estos momentos se está colocando el eje de la identificación digital a ambos lados del Atlántico; y la mano que lo hace, lleva un brazalete de seguridad para niños. La fingida preocupación del tecnócrata por los niños es tan evidentemente falsa que roza el maltrato infantil.

Primero, la verificación de la edad de los menores; después, el documento de identidad para todos

Gran Bretaña fue la primera en ponerlo en práctica, así que hay que estar atentos a esta tendencia.

En julio de 2025 entraron en vigor las normas de verificación de edad de la Ley de Seguridad en Internet. Para proteger a los menores, de repente se exigió a los adultos que subieran documentos de identidad oficiales o se sometieran a escáneres faciales para acceder a contenidos autorizados en Reddit, X y Discord. El público comprendió de inmediato en qué consiste realmente una “verificación de edad”: se trata de una comprobación de identidad acompañada de un cuento para dormir.

La respuesta fue notable. Las inscripciones en redes privadas virtuales (VPN) se dispararon más de un mil por ciento a las pocas horas de la entrada en vigor de la medida. Un proveedor comparó las cifras con las que se registran durante los disturbios civiles. Millones de británicos de a pie, sin necesidad de ningún manifiesto, simplemente se negaron a mostrar sus documentos en la puerta de Internet. No se trataba de extremistas, como sostenía el Gobierno, sino de ciudadanos comunes y corrientes.

Dos meses después, el Gobierno mostró sus cartas. El primer ministro anunció la implantación de un documento de identidad digital nacional, obligatorio para poder trabajar. El pretexto pasó de los niños a los inmigrantes, pero la estructura era la misma: sin credencial, no hay participación. Ese primer ministro, Keir Starmer, resulta ser miembro de la elitista Comisión Trilateral.

Entonces, la ciudadanía ganó la primera batalla. Casi tres millones de personas firmaron una petición en contra de la medida, una de las más numerosas de la historia parlamentaria. La oposición surgió de todas partes a la vez: de la izquierda y de la derecha, de Escocia y de Irlanda del Norte, y en enero de 2026, el Gobierno dio marcha atrás y optó por un documento de identidad “voluntario”. Pero hay que leer la letra pequeña. Los controles digitales del derecho al trabajo siguen en marcha para convertirse, en la práctica, en algo inevitable. El documento de identidad es opcional, al igual que el dinero en efectivo es opcional cuando todos las cajas registradoras solo aceptan tarjetas.

Ahora veamos cómo los tecnócratas estadounidenses repiten la misma estrategia. En junio de 2026, la Cámara de Representantes aprobó la Ley KIDS, un paquete que agrupaba 14 proyectos de ley independientes sobre seguridad infantil en una única votación. Sus defensores señalan que el texto excluye cualquier obligación de verificación de edad, y eso es cierto. Pero el criterio de responsabilidad civil cumple esa función en su lugar. Las plataformas se enfrentan a consecuencias si “deberían haber sabido” que un usuario era menor de edad. Ningún asesor jurídico del mundo lee esa frase y llega a la conclusión de que la empresa debería recopilar menor cantidad de datos de identidad.

La situación en el Senado es más reveladora, aunque haya dudas sobre su aprobación. Se está negociando un paquete que canjearía la legislación sobre seguridad infantil en Internet por la prevalencia federal sobre las leyes estatales en materia de IA. Reflexionemos un momento sobre este intercambio. La industria más poderosa de la historia se ofrece a aceptar normas relacionadas con la identidad para el público a cambio de eliminar las normas de seguridad que le afectan a ella misma. Los niños son la moneda de cambio, no los beneficiarios.

Siempre hay que llamarlos por su nombre

Los escépticos como Jeremy Boreing me dicen que la tecnocracia no tiene planes unificados, ni nombres, ni siquiera una dirección. Aquí hay tres nombres (hay muchos más), y no me invento nada sobre ninguno de ellos. Los registros públicos lo dicen todo.

Empecemos por Sam Altman, porque se saltó los pretextos y creó su propia empresa, Tools for Humanity, que fabrica el Orb, un dispositivo biométrico que escanea el iris humano y emite una “prueba de humanidad”. El libro blanco fundacional del proyecto describía el objetivo como “una red financiera y de identidad mundialmente inclusiva, propiedad de la mayoría de la humanidad”. Todos los seres humanos. Ese es el alcance declarado.

Hasta ahora, el proyecto ha escaneado a millones de personas en unos 160 países. En 2025, introdujo miles de “Orbs” en ciudades estadounidenses. Para la primavera de este año, ya había establecido acuerdos de verificación con Tinder, Zoom y DocuSign. Las citas, el trabajo y los contratos: ese es el vínculo que une la vida cotidiana, y ahora se está vinculando a un escáner ocular.

Los gobiernos de otros países vieron el peligro que representaba el Orb. Brasil prohibió el proyecto de raíz. Indonesia, Filipinas y Tailandia lo suspendieron, alegando violaciones del consentimiento y el reclutamiento de comunidades pobres a las que se pagaba por sus ojos. Aun así, sigue expandiéndose. Y fíjate bien en el modelo de negocio: el hombre cuya inteligencia artificial inunda Internet con bots muy convincentes ahora vende el único antídoto, la prueba de que no eres un bot. Él creó la enfermedad, es dueño de la cura, y la cura es un registro biométrico mundial.

Marc Andreessen te muestra cómo funciona la financiación. Su empresa, Andreessen Horowitz (a16z), fue uno de los primeros y más constantes patrocinadores del proyecto de identidad de Altman, participando en las rondas de financiación que permitieron crear la red Orb. Al mismo tiempo, Andreessen y sus socios ayudaron a financiar “Leading the Future”, uno de los súper PAC más grandes de la historia de la política tecnológica. Su objetivo es elegir a políticos que se adelanten a la regulación estatal sobre la IA y la desmantelen, esa misma antelación que ahora se está negociando a cambio de proyectos de ley sobre la seguridad infantil en el Senado.

Sigue el rastro de ambas manos a la vez. Una mano financia la infraestructura que identifica a cada persona. La otra financia la campaña para eliminar la supervisión de las máquinas. Desregular los algoritmos, registrar a las personas. No hace falta deducirlo entre líneas. Está escrito en los anuncios de financiación y en los documentos presentados ante la FEC.

Peter Thiel representa el lado gubernamental de la tenaza. La empresa que cofundó, Palantir, vio cómo sus contratos federales casi se duplicaban hasta alcanzar aproximadamente mil millones de dólares en 2025, abarcando el ICE, el IRS y el Pentágono. Una orden ejecutiva de marzo de 2025 ordenó a las agencias que eliminaran los “silos de información”, lo que en jerga burocrática significa fusionar los archivos de datos. Las informaciones publicadas a lo largo de 2025 y 2026 situaron a Palantir en el centro de los esfuerzos por vincular los registros fiscales, los datos de la Seguridad Social, las reclamaciones sanitarias y la situación migratoria entre las distintas agencias.

Incluso un diputado republicano, Warren Davidson, dijo en voz alta lo que nadie se atrevía a mencionar. Al combinar esos datos, advirtió, “básicamente se crea una identificación digital". Fíjate en la forma que adopta. Sin tarjeta en la cartera, sin ceremonia de inscripción. Un expediente recopilado en el servidor, que es el único tipo de identidad digital para el que nadie te pide nunca tu consentimiento. En Gran Bretaña también conocen este patrón. Palantir se adjudicó el contrato para consolidar los datos de los pacientes del NHS, por valor de casi 500 millones de libras, a pesar de las enérgicas objeciones de los defensores de la privacidad.

Tres hombres, tres vectores, y esto es solo la punta del iceberg. Altman crea el sistema de acreditación. Andreessen lo financia al tiempo que recorta los fondos destinados a la supervisión. Thiel integra los registros estatales en el sistema. ¿Se reúnen en una sala llena de humo? No hace falta. Los intereses que coinciden se coordinan entre sí, y esa autocoordinación es precisamente lo que hace que la tecnocracia sea duradera. No requiere ninguna conspiración, solo convergencia.

Siempre son los niños

Fíjate en qué es lo primero que no mencionan ninguno de estos proyectos. El control nunca se presenta como tal. La identificación digital nunca se plantea como una exigencia. Se presenta como un favor. Proteger a los niños. Detener a los bots. Atrapar a los estafadores. Proteger la frontera.

Cada argumento es realmente convincente, y precisamente por eso se ha elegido cada uno de ellos. Los niños son el argumento más eficaz de todos, porque ningún político sobrevive a una votación en contra de la “seguridad infantil”. Así, la verificación de la edad se convierte en la pieza clave, la pieza clave se convierte en la norma, y la norma arrastra consigo a todo el sistema. Gran Bretaña presentó un calendario de 14 meses, desde los controles de edad hasta la propuesta de un documento nacional de identidad.

La resistencia está dando sus frutos, así que hay que ponerse manos a la obra mientras quede tiempo

Esta es la parte que los alarmistas apocalípticos omiten, y es importante. La ciudadanía sigue saliendo ganadora.

El Reino Unido derogó las tarjetas de identidad de Blair en 2011. La BritCard, de carácter obligatorio, quedó totalmente invalidada en cuatro meses a raíz de las firmas reunidas en una petición y de una revuelta multipartidista, en la que tanto Farage como Corbyn se opusieron al mismo tiempo. Brasil expulsó al Orb del país y le impuso una multa por volver. Incluso en Washington, al proyecto de ley que finalmente aprobó la Cámara de Representantes se le eliminó primero la disposición que más restringía la libertad de expresión, y casi un centenar de organizaciones de defensa de los derechos se opusieron a él por un lado, mientras que las organizaciones de defensa de las libertades civiles lo rechazaron por el otro.

Cada una de esas victorias se debe a que la gente ordinaria alzó la voz: firmando, llamando, negándose a colaborar, activando una VPN como acto de resistencia silenciosa. Los artífices de estos sistemas son pacientes, pero no son invencibles, y dan marcha atrás cada vez que la ciudadanía se da cuenta antes de que el cemento se endurezca.

Si la identificación voluntaria en el Reino Unido sigue siendo verdaderamente voluntaria hasta 2029, si los controles de edad en Estados Unidos se limitan a los sitios web con contenido explícito y si World ID nunca se convierte en un requisito de facto para trabajar o acceder a las plataformas, entonces la interpretación de “eje central” pierde fuerza, y estaré encantado de decirlo por escrito.

Pero ten cuidado con los detalles, porque ahí es donde se decide todo. La cláusula sobre el “derecho al trabajo” que, de forma discreta, exige una credencial “opcional”. La norma de responsabilidad civil que convierte la recopilación de datos de identidad en el seguro legal más barato. La colaboración con las plataformas que transforma un escáner de iris de una novedad a un requisito imprescindible. El clavo no se clava a martillazos. Se va introduciendo poco a poco, milímetro a milímetro, con sutileza. ¡No caigas en la trampa!

Los tecnócratas a los que llevo quince años siguiendo tienen nombres, rondas de financiación, contratos federales y una voz en el pleno. Todas las victorias logradas hasta ahora se han conseguido porque la gente alzó la voz antes de que el cemento se endureciera. Alza la voz ahora, mientras aún es tiempo.

Patrick Wood
(Fuente: https://www.technocracy.news/; visto en https://t.me/counterpropaganda20/)