domingo, 25 de enero de 2026

DE DÓNDE VENIMOS Y HACIA DÓNDE VAMOS



El ser humano es un ser limitado: tiene un principio (nacimiento) y un final (la muerte). Lo mismo le ocurre como especie: tuvo un origen y tendrá un final. Como ser inteligente que es, para comprender todo lo que le rodea se hace preguntas y necesita respuestas, y si no las encuentra, las inventa. Es por esto que ha creado un sistema social-político-económico (obviamente imperfecto) para dar respuesta a sus preguntas, cubrir sus necesidades y desarrollar sus inquietudes.

Dado que para el ser humano todo tiene un principio y un final, lo primero es ver de dónde venimos.

El origen de todo

Hasta la fecha, la teoría del “Big Bang” es la más plausible a la hora de explicar el origen del universo. Según esta teoría, el universo se formó a partir de un estado extremadamente caliente y denso hace unos 13.800 millones de años. En ese momento, el espacio y el tiempo empezaron a expandirse.

A medida que el universo se fue enfriando comenzaron a formarse las primeras partículas elementales, luego los átomos, y millones de años después las primeras estrellas y galaxias.

Como parte de este proceso, una nube de gas y polvo dio origen al Sistema Solar, donde apareció la Tierra hace unos 4.600 millones de años. Al inicio era una masa caliente y fundida, pero con el tiempo se fue enfriando, dando paso a la formación de la corteza terrestre, los océanos y la atmósfera. Unos 800 millones de años después de su formación surgieron las primeras formas de vida. Inicialmente aparecieron organismos simples, pero según fue pasando el tiempo (millones de años) la vida evolucionó y se diversificó, dando origen a plantas, animales y, mucho más tarde, el hombre.

Aparición del hombre.

El ser humano viene de un largo proceso evolutivo que tuvo lugar en África hace unos 300.000 años. Al principio vivía como cazador-recolector, usando herramientas de piedra y desarrollando el lenguaje, el arte y formas básicas de organización social, hasta llegar a crear sociedades complejas y organizadas.

Hace tan sólo unos 10.000 años comenzó la revolución agrícola, lo que permitió el sedentarismo y el surgimiento de aldeas, ciudades y, en definitiva, las primeras civilizaciones. Es a partir de entonces cuando surgen ciudades, gobiernos, leyes, escritura, comercio y avances científicos y culturales.

Surgimiento de los imperios.

Los imperios surgieron cuando algunas sociedades expandieron su poder político, militar y económico sobre amplios territorios. Los primeros aparecieron en la Antigüedad, como los imperios mesopotámico, egipcio, persa, chino y romano. Durante la Edad Media destacaron los imperios bizantino, islámico y mongol. Más tarde, en la Edad Moderna, los imperios europeos (español, portugués, británico, francés) se expandieron por América, África y Asia gracias a la exploración y la colonización.

En los siglos XIX y XX, los imperios fueron colapsando por guerras, movimientos independentistas y cambios políticos. Hoy en día ya no existen imperios tradicionales, pero algunas potencias ejercen influencia global económica, política, cultural y, por qué no decirlo, armamentística, marcando una nueva forma de poder en el mundo contemporáneo.

Llegada de la tecnología.

Podría decirse que el actual imperio que domina el mundo es el “imperio de la tecnología”. Este no es un imperio tradicional con territorios y ejércitos, sino una forma de poder global basada en el conocimiento, la innovación y el control de la información.

Su origen se remonta a la Revolución Industrial, pero es a finales del siglo XX cuando se consolidó con la llegada de la informática, Internet y el desarrollo de las telecomunicaciones. En la actualidad, grandes empresas tecnológicas han adquirido una enorme influencia y poder sobre la economía, la política, la cultura y la vida cotidiana en cada rincón del planeta.

Hoy en día la tecnología conecta al mundo, impulsa avances científicos y mejora la calidad de vida, pero también genera desafíos como la dependencia digital, la pérdida de privacidad, la vigilancia masiva, la desigualdad tecnológica y el impacto ambiental. Obviamente, este “imperio” sigue creciendo y transformando la sociedad a escala global. Lo que no sabemos es si será para bien o para mal.

Irrupción de la inteligencia artificial (IA).

El último avance tecnológico es eso que se ha dado en llamar IA. Su poder radica en su capacidad para analizar grandes cantidades de datos, aprender de la experiencia, tomar decisiones o hacer predicciones con gran rapidez y precisión. A diferencia de otras tecnologías, la IA no sólo ejecuta instrucciones, sino que puede adaptarse y mejorar.

Hoy en día la IA influye en casi todos los ámbitos de nuestra vida: salud, economía, educación, comunicación, ciencia, seguridad, etc. También ha aumentado la productividad, acelerado nuevos descubrimientos y transformado la forma en que trabajamos y vivimos.

Sin embargo, su poder también plantea retos importantes como la ética, el control, la privacidad, el impacto en el empleo y el riesgo de un uso irresponsable por parte de los de siempre. De hecho, el verdadero desafío no es sólo desarrollar la IA, sino dónde está el límite. O dicho de otra manera: hacer un uso adecuado para que beneficie a toda la humanidad y no la esclavice al servicio de unos pocos.

Hacia dónde vamos.

En los últimos años la tecnología ha transformado profundamente la sociedad. En la actualidad, la humanidad vive en un mundo globalizado con grandes progresos, pero también se enfrenta a desafíos antes inimaginables, como el que representa la IA y, sobre todo, la inminente llegada del transhumanismo.

Transhumanismo.

El FEM es el mayor defensor del transhumanismo que, evidentemente, tiene también sus detractores. El futuro de una humanidad transhumanista no es único ni lineal, sino un abanico de escenarios posibles que dependen del desarrollo de nuevas tecnologías y de las decisiones políticas, éticas y culturales que se tomen en los próximos años.

A grandes rasgos, se pueden identificar tres horizontes principales:

Escenario optimista.

En este escenario el transhumanismo ampliaría las capacidades humanas sin perder valores fundamentales: podría mejorar cognitivamente al ser humano mediante interfaces “cerebro–máquina”, eliminar enfermedades y retrasar o eliminar el envejecimiento. En definitiva, una humanidad más longeva, creativa y con más libertad para decidir qué quiere ser.

Escenario intermedio.

Aquí el transhumanismo avanza de forma asimétrica, presentando un futuro desigual y fragmentado. Esto podría abrir una brecha biotecnológica, enfrentando a humanos “mejorados” con los “no mejorados”. En este escenario el ser humano perdería su significado, puesto que se podría rediseñar.

Escenario crítico.

Sería un futuro fuera de control. El desarrollo de la IA superaría nuestra capacidad ética y política para gestionarlo. Los implantes o sistemas neuronales conectados y las modificaciones irreversibles tendrían consecuencias biológicas y psicológicas graves. Finalmente, depender de sistemas que no comprendemos ni controlamos completamente haría una humanidad subordinada a su propia creación. En este escenario la humanidad perderá todo su sentido.


La humanidad dentro de un millón de años.

Un millón de años geológicamente hablando no es nada, pero a escala humana es una barbaridad. Imaginar a la humanidad dentro de un millón de años es pensar en escalas evolutivas cósmicas. En ese horizonte, casi todo lo que hoy consideramos humano habrá cambiado, se habrá transformado o desaparecido.

Dentro de un millón de años es muy poco probable que exista una sola humanidad. Nos habremos adaptado biológica o artificialmente a distintos mundos. Tendremos mentes digitalizadas o híbridas, e identidades distribuidas en múltiples soportes. Aquí, “vivir” no significará tener un cuerpo físico, sino persistir como patrón de información. La conciencia podría estar integrada en estructuras estelares. Habremos colonizado otras dimensiones. Podríamos manipular procesos cósmicos a gran escala, e incluso utilizar agujeros negros como computadoras o fuentes de energía. Por imaginar que no quede

Pero también existe la opción más simple y factible: la humanidad ya no existe, se extinguió. La Tierra sigue adelante sin nosotros y otras formas de inteligencia han ocupado nuestro lugar.

Lo que sí es seguro, es que si algo del ser humano sobrevive un millón de años no se parecerá ni por lo más remoto a su origen.

Mientras tanto, nosotros preocupados por los “aranceles de Donald Trump”, el “deshielo de los casquetes polares” y los “pedos de las vacas”.

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

POR RESPETO A LAS VÍCTIMAS


Los que las provocaron con su criminal negligencia son los mis-
mos que pretenden aleccionarte acerca del respeto a las víctimas

En alguna ocasión anterior hemos advertido cómo el fanatismo y cretinización de las masas alcanzan cumbres tales como creer que los gobernantes pueden contener el cambio climático y en cambio no pueden contener el precio de los alimentos básicos. Y son muchos millones de personas las que, en volandas del fanatismo y la cretinización, creen sinceramente tal delirio. Se nos olvidó añadir que también creen sinceramente algo aún más desquiciado: creen que, para que nuestros gobernantes puedan detener el cambio climático, nosotros tenemos que dejar de comer carne de ternera. Se trata, desde luego, de un pensamiento mágico que sólo pueden aceptar los cerebros hechos papilla (y conviene siempre recordar que la gente que acepta tales humillaciones de la razón vota); pero también una maligna forma de disciplinar a las masas cretinizadas en la 'resiliencia' y la asunción de culpas que no les corresponden, a la vez que acatan sin rechistar las injusticias más clamorosas. Así, el pobre diablo que no puede comer un filete de ternera porque su sueldo birrioso le obliga a conformarse con una pizza recalentada o una porquería del chino puede hacerse la ilusión de que colabora con sus gobernantes en la lucha contra el cambio climático.


Siniestros como el descarrilamiento de Adamuz nos permiten estudiar otra variante de este pensamiento mágico instilado en los cerebros hechos papilla. Han logrado que asumamos que el cambio climático es culpa nuestra, porque comemos demasiada carne de ternera o nos resistimos a desprendernos de nuestro coche con motor de combustión; pero, en cambio, hemos de aceptar que un apagón, un tren que descarrila o un túnel que se derrumba son catástrofes que no se pueden impedir ni prevenir. Y que tratar de dilucidar sus causas y atribuir responsabilidades es propio de gentes despiadadas y sin escrúpulos. Lo acaba de decir el mariachi del doctor Sánchez más comprometido por la muerte de cuarenta y cinco compatriotas: «Hablar de causas es poco respetuoso con las víctimas». Se trata de la misma estrategia que adoptaron con el apagón, cuando mearon sobre nuestras jetas tratando de ocultar la causa evidente (que siguen ocultando, nueve meses después); sólo que ahora, además, mean sobre los cadáveres de cuarenta y cinco compatriotas muertos y sobre quienes los lloran, desconsolados. Hablar de causas es una muestra de respeto hacia las víctimas; en realidad, es lo más respetuoso que se pude hacer por esas víctimas, después de rezar por sus almas.

Pero el fanatismo y la cretinización de las masas acepta con naturalidad que no deben buscarse causas a los siniestros; a la vez que acepta que las aturdan con mentecateces sobre fenómenos naturales cuyas causas permanecen ignotas o sólo podemos explicar especulativamente. Y, en todo caso, para penetrar en la causa del siniestro, hay que esperar el comunicado oficial del Gobierno, como ocurría en aquella obra de Ionesco, 'Las sillas', en la que una pareja de ancianos que no hacen sino invocar recuerdos distorsionados y formular frases repetitivas preparaban decenas de sillas para una multitud de invitados invisibles, mientras aguardaban la llegada de un orador encargado de transmitir a la humanidad un mensaje trascendental; y cuando el orador finalmente llegaba, resultaba ser un sordomudo que sólo emitía sonidos ininteligibles o garrapateaba garabatos en una pizarra. Aquí el papel del orador lo encarnan esas cacatúas y loritos sistémicos (para que luego se diga que no empleamos el lenguaje inclusivo) que pretenden hacernos creer, desde sus púlpitos mediáticos, que el siniestro es una «tragedia fortuita» o, en el mejor de los casos, una jeroglífica «concatenación» de causas cuya mera formulación se convierte en un galimatías (de ahí que sea preferible ni siquiera formularlas, no sea que los cerebros hechos papilla estallen). Todo lo demás es bulo, fango y fachosfera.

Pero las causas de este siniestro son diáfanas y sencillísimas. Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque no se invierte en su reparación y mejora, dado que nuestros gobernantes destinan el dinero procedente de las exacciones a las que estamos sometidos a atender las exigencias de la industria armamentística (recordemos que se han destinado miles de millones para la adquisición de armas que son convertidas en chatarra carbonizada tan pronto como cruzan la frontera ucraniana) o farmacéutica (recordemos que se han destinado miles de millones para la adquisición de 'vacunas' que se están pudriendo en sótanos). Nuestra red ferroviaria –una red que los españoles hemos sufragado durante generaciones– está hecha una piltrafa porque un Gobierno cipayo permite que grandes compañías extranjeras la utilicen de forma indiscriminada, sometiéndola a un trasiego insoportable de trenes que la crujen y desbaratan, a la vez que la propaganda sistémica incita a las masas cretinizadas al turismo bulímico y al frenesí viajero. Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque, como nos enseñaba Belloc, en las antiguas formas de despotismo el Estado se adueñaba de las grandes compañías; mientras que, en las nuevas formas de despotismo, son las grandes compañías las que se adueñan del Estado y le imponen sus reglas.






Y en España estamos en manos de una chusma que está entregando los bienes de dominio público y favoreciendo el desmantelamiento o deterioro de las infraestructuras para que las grandes compañías extranjeras hagan su agosto, mientras ellos desvían millonadas obedeciendo mandatos plutocráticos. Es todo sencillísimo y extraordinariamente diáfano; y hay que decirlo por respeto a las víctimas, aunque por decirlo esta chusma nos estigmatice y decrete nuestra muerte civil.




Juan Manuel de Prada

LA TEORÍA DEL GRAFENO INOCULADO ES UNA DISTRACCIÓN QUE ENCUBRE ALGO INFINITAMENTE MÁS PREOCUPANTE


Durante la pandemia, la Dra. Chinda Brandolino denunció públicamente la utilización de ciertos elementos en las inoculaciones contra el COVID-19. Según su postura, se desvió deliberadamente la atención de los ácidos nucleicos (ARN mensajero y ADN modificado) hacia el grafeno, para ocultar el verdadero objetivo: la manipulación genética a través de tecnologías experimentales que hackean el ADN humano.

sábado, 24 de enero de 2026

RUMBO A LA EXTINCIÓN



En 1975, año en que muere Franco, el número de nacimientos en España duplicaba al de fallecimientos. A partir de ahí comienza una caída en picado del número de nacimientos, al tiempo que crece moderadamente la cifra de fallecimientos. Esta inercia se mantiene hasta el año 1996, fin de la era socialista de Felipe González, momento en el que la cifra de nacimientos y la de fallecimientos se iguala.

- A partir de 1996, tras la entrada de José Mª Aznar, el número de nacimientos se disparó imparable hasta 2008, año en el que estalló la crisis económica siendo presidente del gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. A partir de ese momento, el número de nacimientos cae nuevamente en picado, al tiempo que crece inquietantemente el número de fallecimientos. Como curiosidad, el número de muertos por suicidio en aquellos años, superó con creces a los fallecimientos por accidente de tráfico. ¡El efecto ZP!

En 2014, el último año de gobierno de Zapatero, se iguala la cifra de nacimientos con la de fallecimientos. En 2015, siendo presidente del gobierno Mariano Rajoy, ya fallecen en España más personas de las que nacen; y es que la presión fiscal del ´sacamantecas´ con cartera, que tuvimos, no animaba mucho a tener hijos. Desde entonces la diferencia va en aumento hasta 2019, año anterior al comienzo de la pandemia, en el que hay 175. 429 nacimientos, frente a 219. 350 fallecimientos.

- En 2023, bajo el gobierno de Pedro Sánchez, fallecieron 1.806 personas por accidentes de tráfico, frente a 4.116 personas muertas por suicidio. Un suicidio cada dos horas y cuarto; 11 muertos por suicidio al día. La mayor cifra de suicidios en España desde que existen registros históricos. ¡Un récord más! ¡Como un cohete! Y eso sin contar con el ´trilerismo´ oficial a la hora de contabilizar el número real de suicidios, ya que aquellos que fallecen en el hospital, a resultas de haber intentado quitarse la vida, no cuentan como suicidio, sino como paro cardiaco, u otro eufemismo que cuadre con el relato oficial.

Vista esta cifra con ´perspectiva de género´, vemos que, de los 3.941 suicidios habidos en 2021, 1.011 fueron mujeres, y 2.930, hombres. ¡Muy revelador! También, puestos ya, sería curioso conocer el porcentaje de autónomos que se han quitado la vida, versus funcionarios que lo hayan hecho.

- Lo aquí expuesto, no es relato, sino datos para la reflexión. Que cada cual haga la suya, pero en voz baja, no sea que alguien les oiga y les practique una ´delación´ por apología; que es como una ´felación´, pero con mordisco y sin final feliz.

En cuanto al alarmante incremento, en los últimos años, de suicidios en España, posiblemente sea porque del mensaje subliminal de la Agenda 2030, que vaticina que para el 2030: 1º No tendremos nada nuestro; 2º Comeremos gusanos; 3º Seremos muy felices; han calado los dos primeros puntos, pero nadie se ha creído el último.

- Qué falta de fe en Su Sanchidad, el Supremo Líder, bello como el ángel caído, y Gran Hermano de su hermano.

Menos mal que para paliar la falta de nuevos españoles, han implantado una política de puertas abiertas, con cóctel de bienvenida, a esos que fuman, pero nunca llevan tabaco.


Antonio Gil-Terrón Puchades

REGULARIDADES SOSPECHOSAS


GLIFOSATO EN VACUNAS INFANTILES Y SU RELACIÓN CON EL AUTISMO Y LA DISFORIA DE GÉNERO


viernes, 23 de enero de 2026

LO QUE OCULTA EL PROYECTO DEL "GRAN ISRAEL"



Mientras Occidente se debate en distracciones sobre fronteras y conflictos regionales, una narrativa completamente diferente circula en los salones de poder de Pekín. No es una teoría. Es un informe de inteligencia. Y su conclusión es aterradora: el "Proyecto Gran Israel" no es una aspiración territorial, es el guion para el reseteo global.

Occidente te muestra el mapa, las líneas desde el Nilo hasta el Éufrates, y te lo vende como la ambición final. Es un truco de magia. La distracción para que no mires la verdadera jugada.

Según los análisis estratégicos filtrados por académicos como Jiang Xueqin, que reflejan el pensamiento de los círculos de inteligencia chinos, el verdadero proyecto no se llama Gran Israel. Se llama Pax Judaica. Y su objetivo no es la tierra, es el sistema.


El territorio del "Greater Israel" aparece en el 
uniforme de las fuerzas armadas israelíes
Este es el plan que ellos ven:

- La Sede Global: No se trata de un simple país. Se trata de establecer Jerusalén como el cuartel general de una sinarquía global: una alianza indisoluble entre el capital transnacional, las multinacionales tecnológicas que ya controlan tu realidad (Google, Meta) y las agencias de inteligencia que la vigilan. Jerusalén se convertiría en el cerebro del panóptico digital mundial.

- El Motor Profético: ¿Qué impulsa esta alianza? No es la codicia. Es una creencia. La creencia de que son los instrumentos de una profecía. Una profecía que no nace de un texto oscuro, sino del análisis de la Biblia realizado por el padre de la ciencia moderna: Isaac Newton.

- La Cuenta Regresiva de Newton: Newton calculó, basándose en sus interpretaciones bíblicas, que el mundo tal como lo conocemos finalizaría alrededor del año 2060. El detonante: la construcción del Tercer Templo en Jerusalén. Este evento, según el guion que ellos siguen, desencadenará el Armagedón, un caos global del que emergerán como los nuevos gobernantes de la Tierra.

No estás viendo política. Estás viendo escenografía. Cada crisis económica, cada guerra, cada avance en la vigilancia digital, no es un evento aislado. Es un acto en el montaje de una obra final cuyo clímax ya está escrito.


Pekín lo sabe. Rusia lo sospecha. Y las élites que orchestran el plan te necesitan ignorante, debatiendo las sombras en la pared mientras ellos preparan el escenario final.

No están conquistando un territorio. Están programando el fin del mundo.

(https://t.me/Despertadordelamatrix/)