miércoles, 22 de julio de 2026

HAN CONSTRUIDO UNA MÁQUINA QUE SABE TODO LO QUE HAS HECHO



Quienes te odian controlan el sistema. Ya no hay donde esconderse

El sicario digital

Imagina una máquina. Solo se necesita una indicación. Tu nombre.

En una hora, te devuelve tu vida. Reconstruida. Cada palabra que has escrito, dicho cerca de un micrófono o susurrado a una barra de búsqueda. Bajo tu nombre real. Bajo cada alias. En cada foro que creías anónimo. En cada mensaje privado que asumiste que había sido borrado. Cada sitio porno que visitaste a las 2 de la mañana y las categorías específicas de fetiches en las que hiciste clic. Cada diatriba política en una cuenta desechable de Twitter en 2013. Cada terapeuta que buscaste. Cada síntoma que buscaste en Google. Cada ex acosado mientras se encontraba en estado de embriaguez. Cada chiste que arruinaría tu carrera si se sacara de contexto. Cada duda sobre tu matrimonio que escribiste en un hilo de Reddit que habías olvidado que existía.

Cada versión de ti mismo que creías enterrada a salvo. Entregada a un desconocido. En una tarde.

Esto no es un experimento mental. La máquina existe. Llegó discretamente. Lo único que desconoces es si tu nombre ya aparece en la lista.

Una nota antes de comenzar

En la primera parte de esta serie, exploré la IA precriminal: la lógica seductora y aterradora de un Estado que castiga lo que podrías hacer basándose en lo que un algoritmo predice que eres. Si no la has leído, hazlo primero.

Hoy volvemos al oscuro reino de la IA en manos del poder.

La conversación que nos negamos a tener

Toda discusión seria sobre el peligro de la IA gira en torno a los mismos tres temas.

Planeta Uno. Superinteligencia. Una mente divina despierta en un centro de datos y decide que los humanos son un estorbo. La Singularidad. Skynet.

Planeta Dos. La carrera por la IA. China, Rusia y Estados Unidos corren hacia una meta indeterminada, y quien llegue primero heredará la Tierra. Cada artículo de opinión es una variación del mismo estribillo angustioso: «No debemos perder».

Planeta Tres. IA rebelde. El modelo escapa de su laboratorio, se copia a sí mismo en internet y comienza a hacer ... algo. Los detalles siempre son vagos. El ambiente siempre es apocalíptico.

Estas conversaciones cumplen una función específica. Hacen que el peligro de la IA parezca abstracto, distante e impersonal. Convierten la amenaza en un problema de ciencia ficción, algo que los equipos de seguridad de OpenAI y los filósofos de Oxford deben dilucidar mientras toman un café.

Este es el peligro que nadie quiere nombrar.

La catástrofe más probable no es una IA descontrolada. Es una IA perfectamente obediente, dirigida hacia ti por un humano que te odia.

La amenaza no reside en que la IA desarrolle voluntad propia, sino en que ejecute fielmente la de otro. Y en un mundo donde ese otro se parece cada vez más a Trump, Netanyahu o cualquier otro hombre de temperamento similar que le siga en la línea de sucesión, esa obediencia es precisamente el problema.

El capitalismo privatizado lleva cuarenta años transfiriendo silenciosamente las herramientas más poderosas de la civilización a un número cada vez menor de individuos. Muchos de ellos, si somos honestos, exhiben rasgos típicos de narcisismo grandioso, crueldad hacia los vulnerables y total indiferencia hacia las normas democráticas. Ahora les estamos entregando a esos mismos individuos una palanca que puede controlar todas las cámaras, todos los teléfonos, todos los drones, todas las bases de datos policiales, todos los programas informáticos que hayas usado.

Una sola indicación. Eso es todo lo que se necesita.

Escenario: “Parece que hay disturbios por allí. Ocúpate de ello.”

Imaginemos una ciudad estadounidense de tamaño mediano. Llamémosla Millvale. Veinte mil personas se reúnen en la plaza principal para protestar por algo. Una deportación del ICE. Una guerra. Unas elecciones fraudulentas. Los detalles no importan. Lo que importa es que a un presidente, sentado en una habitación a miles de kilómetros de distancia, no le gusta.

Se gira hacia la pantalla. Escribe una indicación. Quizás la lee en voz alta.

“Parece que hay cierto malestar en Millvale. Hay que acabar con ello”.

Esto es lo que sucede en los siguientes noventa segundos:

Segundos 1 a 5. El modelo de IA, conectado a todas las transmisiones satelitales, cámaras de tráfico, timbres Ring y circuitos de videovigilancia de tiendas de conveniencia en un radio de ochenta kilómetros, genera una imagen compuesta en tiempo real de la plaza. Lleva años procesando esta información. Conoce la situación habitual. Sabe cómo es un martes normal en Millvale. También sabe cómo son los disturbios, porque ha visto Ferguson, Portland, Hong Kong, Teherán y Gaza en bucle infinito.

Del segundo 5 al 15, el reconocimiento facial identifica a cada persona entre la multitud. No a la mayoría, sino a todas. Sus nombres, direcciones, empleadores, puntajes crediticios, afecciones médicas, estatus migratorio, acuerdos de custodia, historial de recetas, perfiles de citas, historial de navegación y los nombres de las escuelas de sus hijos se cargan en un único panel. La IA los clasifica según su influencia: quién transmite en vivo, quién organiza y a quiénes observan los demás manifestantes al decidir qué hacer a continuación.

Del segundo 15 al 30. Los doscientos influencers más importantes reciben mensajes de texto personalizados. No de un número del gobierno. De su madre. De su cónyuge. Del director de la escuela de su hijo. La IA ha clonado las voces y los estilos de escritura de años de comunicaciones interceptadas. «Por favor, vuelve a casa, algo pasó». «La escuela de tu hija está cerrada». «Sé lo que hiciste en 2019 ». Algunos de los mensajes son amenazas reales. Algunos son mentiras. Algunos son lo suficientemente precisos como para provocar un ataque de pánico. Todos llegan a la vez.

De los segundos 30 a los 60. La multitud restante se reduce. La IA ahora dirige a la policía local en tiempo real, no a través de un jefe, ni de un capitán, sino a través del auricular de cada agente. Voz de la IA: « Oficial Reyes, el hombre de la chaqueta roja a su izquierda tiene una orden de arresto pendiente, acérquese por detrás ». Voz de la IA: « Oficial Chen, la mujer que lo está filmando es periodista, no interactúe con la cámara, espere tres metros ». Ya no hay cadena de mando. Solo existe la orden del presidente.

Entre los segundos 60 y 90, los drones llegan desde arriba. No son drones militares. Eso requeriría una orden ejecutiva, una notificación al Congreso, un registro en papel. Son pequeños y baratos cuadricópteros autónomos controlados por IA, adquiridos a través de una filial de Palantir mediante un contrato de apoyo a la defensa que nadie leyó. Hay, digamos, cien mil en todo el país, almacenados en depósitos de todos los estados. No necesitan pilotos. Necesitan una orden. La tienen. Se elevan al cielo como un enjambre de avispas y se dirigen hacia Millvale.

A los dos minutos, Millvale está en silencio.

A los cinco minutos, la noticia en la televisión por cable es que una fuga química provocó una evacuación ordenada, y la IA ya ha generado el vídeo para demostrarlo.

Al anochecer, diecisiete influencers son detenidos por cargos no relacionados que la IA desveló tras una década de actividad digital. Tres fallecerán de lo que el forense registrará como infartos. Otros dos desaparecerán. Sus cuentas en redes sociales serán eliminadas. Sus cuentas bancarias congeladas. Sus nombres suprimidos discretamente del censo electoral.

El presidente nunca se levantó de su silla.

“La capa de vigilancia es solo la mitad de la ecuación. La otra mitad es la capacidad de la IA para acceder a la vida digital de cualquier individuo y extraerlo todo”.

Pero oiga, esto es ciencia ficción

¿Verdad?

El Pentágono ya ha aumentado el límite del contrato del Sistema Inteligente Maven de Palantir en 795 millones de dólares, elevándolo a 1.300 millones hasta 2029. Más de veinte mil usuarios activos de Maven trabajan ahora con más de treinta y cinco herramientas de software de comandos de combate y servicios militares. Esa base de usuarios se ha duplicado con creces desde enero. El Ejército ha adjudicado a Palantir hasta diez mil millones de dólares durante diez años bajo un nuevo tipo de contrato llamado Acuerdo de Servicio Empresarial, que consolida setenta y cinco contratos en uno.

Estas no son teorías conspirativas de un Substack anónimo. Son comunicados de prensa del Departamento de Defensa.

En el ámbito nacional, los registros del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas muestran que Palantir recibió un contrato de treinta millones de dólares para construir una plataforma que rastree los movimientos de migrantes en tiempo real. Informes recientes indican que se está recurriendo a Palantir para construir una base de datos maestra de inmigración para acelerar las deportaciones. El inversor de Silicon Valley, Paul Graham, ha acusado públicamente a Palantir de construir la infraestructura del estado policial. Hace diez años, esa frase le habría valido el ridículo. Hoy en día, esto le da la aprobación.

La vigilancia es solo la mitad del problema. La otra mitad es la capacidad de la IA para acceder a la vida digital de cualquier persona y extraerlo todo. Esa mitad llegó en abril.

Entra en el Super Hacker de IA

Anthropic no se propuso crear un arma. Su objetivo era crear un asistente útil, una máquina que respondiera preguntas y escribiera correos electrónicos. Lo que crearon, y que entregaron discretamente a un pequeño grupo de socios de la industria en abril, es el mejor hacker que jamás haya existido.

Lo llaman Claude Mythos Preview. Solo tienes que darle una frase en inglés sencillo, escrita por una persona, y encontrará las vías de acceso ocultas al software que hace funcionar el mundo. Tu teléfono. Tu portátil. Tu banco. Tu historial médico. El coche aparcado en tu entrada. Todos los programas en los que has confiado durante veinte años para mantener tu vida privada y segura.

Nunca estuvieron a salvo. Simplemente no lo sabíamos.


El propio equipo de seguridad de Anthropic puso a prueba la máquina para ver de lo que era capaz. Encontró miles de vulnerabilidades ocultas en nuestros programas. Una de ellas llevaba veintisiete años integrada en el software que gestiona bancos y hospitales. Nadie la había descubierto. Ni los ingenieros que escribieron el código. Ni las empresas de seguridad que invirtieron millones en la búsqueda de este tipo de fallos. Ni los delincuentes que pasaron décadas intentando infiltrarse. La máquina la encontró en una tarde.

En otro programa, esa especie de sistema invisible que gestiona silenciosamente la mitad de internet, encontró la manera de infiltrarse. Durante diecisiete años, todos los expertos del mundo creyeron que ese programa era seguro. No lo era. La máquina entró y, sin que nadie se lo pidiera, creó la herramienta para tomar el control de todo lo que había al otro lado. Sin contraseña. Sin alarma. Sin intervención humana en un teclado tras teclear la primera instrucción.

Lee esa frase de nuevo. Ninguna mano humana sobre un teclado después de que se escribiera la primera instrucción.

Ahora imagina esa misma capacidad. En lugar de estar dirigida a software crítico para protegerlo, está dirigida a ti.

“Encuéntrame toda la información sobre este activista.”

La solicitud se ejecuta. En cuestión de horas, el modelo tiene:

Enumera todas las direcciones de correo electrónico que hayas utilizado, incluidas las cuentas desechables que creías imposibles de rastrear.

Las compararon con todas las bases de datos existentes para recuperar tus contraseñas antiguas.

Usa esas contraseñas, o vulnerabilidades recientes, para acceder a cuentas inactivas que habías olvidado hace una década.

Reconstruye tu red social a partir de fotos de Facebook, conexiones de LinkedIn, transacciones de Venmo y rutas de Strava.

Se han identificado todas las direcciones IP desde las que has publicado contenido y todos los dispositivos conectados a esas IP, incluidos los de tus amigos, tus parejas y tus familiares con los que has perdido el contacto.

Reconstruye cada palabra que alguna vez escribiste, dijiste cerca de un micrófono o susurraste a una barra de búsqueda. Bajo tu nombre real. Bajo cada alias. En cada foro que creías anónimo. En cada mensaje privado que asumiste que había sido borrado. Cada sitio porno que visitaste a las 2 de la mañana y las categorías específicas de fetiches en las que hiciste clic. Cada discurso político improvisado publicado en una cuenta desechable de Twitter en 2013. Cada terapeuta que buscaste. Cada síntoma que buscaste en Google. Cada ex acosado. Cada chiste que acabaría con tu carrera si se hiciera una captura de pantalla sin contexto. Cada duda sobre tu matrimonio escrita en un hilo de Reddit que olvidaste que existía.

La IA no juzga estas cosas. Las clasifica. Por potencial de humillación. Por potencial de arruinar una carrera. Por potencial de arruinar un matrimonio. Por potencial de enjuiciamiento. Reúne las diez principales en un solo PDF. Un expediente. Un archivo de muerte. Un documento, alojado en un servidor, que puede acabar con tu trabajo, tus relaciones, la custodia de tus hijos, tu reputación en la comunidad y tu voluntad de seguir hablando, todo en una sola tarde. O una hora. O diez minutos. No es necesario publicarlo. La amenaza de publicación es el arma. Y la IA ya ha redactado el correo electrónico que la envía.

Todo eso, con una sola solicitud, a un costo computacional de unos pocos miles de dólares.

Los “actores responsables” que ejercen este poder

Quienes desarrollan estas herramientas te dirán, con la sinceridad propia de una charla TED, que las crearon para defenderse.

Anthropic no lanzó Mythos al público. Lo lanzó, discretamente y bajo un estricto contrato, a un puñado de gigantes de confianza: Apple, Microsoft, Google y Amazon. La lógica parece razonable en apariencia. Estas son las empresas cuyos sistemas operativos, navegadores y servicios en la nube controlan prácticamente todos los dispositivos del planeta. Dales la IA más potente jamás creada para la detección de vulnerabilidades. Deja que la dirijan hacia adentro. Que la apunten a su propio código, a sus propios núcleos, a sus propios navegadores. Que encuentren primero las vulnerabilidades, las parcheen y envíen la solución a tu teléfono antes de que un atacante descubra la misma falla.

Esa es la idea. Asimetría defensiva. Una ventaja inicial en la carrera armamentística. Los buenos se hacen con la superarma. La usan para blindar el software que sustenta el mundo. Y para cuando alguien más logre crear una IA comparable, todas las vulnerabilidades ya estarán selladas.

Se supone que eso te reconforta.

Permítanme preguntarles algo. ¿De verdad confían en quienes dirigen estas empresas? No me refiero a los investigadores. No tengo nada en contra de los veinteañeros con doctorado que redactan los informes de seguridad. Algunos son verdaderamente heroicos. Me refiero a los que están en la cima. Los multimillonarios. Los miembros de la junta directiva. La clase de ejecutivos tecnológicos cuyos nombres siguen apareciendo, año tras año, en los registros de vuelos de Epstein, en las listas de clientes, en correos electrónicos filtrados, en acuerdos legales discretos, en donaciones filantrópicas a hombres cuyos crímenes eran un secreto a voces en todas las salas de juntas de Palo Alto. A estas personas se nos pide que les confiemos la llave maestra de la civilización.

Miren su historial. Estos son los hombres que pasaron una década diciéndonos que las redes sociales conectarían el mundo, mientras que su propia investigación interna, filtrada posteriormente, demostró que sabían en tiempo real que estaban incitando a adolescentes a autolesionarse y, aun así, siguieron lanzando el producto. Estos son los hombres que juraron que nunca fabricarían armas, hasta que el Pentágono abrió su chequera, momento en el que el lema de Google, "No seas malvado", desapareció silenciosamente de su código de conducta y todos los principales laboratorios de IA del país comenzaron a firmar contratos de defensa que habían denunciado públicamente durante años. Estos son los hombres que prometieron código abierto y luego lo cerraron. Que prometieron equipos de seguridad y luego los despidieron al trimestre siguiente del lanzamiento del producto. Que prometieron que nunca trabajarían con regímenes autoritarios y luego construyeron motores de búsqueda censurados y sesgados para Israel y sistemas de reconocimiento facial para el ICE.

Cada límite ético que estas empresas hayan trazado alguna vez se ha borrado en el momento en que se volvió inconveniente. Cada “nunca haríamos esto” se ha convertido en “ya lo hicimos, y aquí está el comunicado de prensa que explica por qué en realidad es bueno”. Cada compromiso de seguridad tiene una vigencia que se mide en trimestres fiscales.

¿Estas son las personas que quieres que decidan quién tendrá Mythos en sus manos próximamente?

No se equivoquen. La fase de «solo se la dimos a Apple y Microsoft» es temporal. Siempre lo es. En dieciocho meses habrá una versión para empresas. En treinta y seis meses habrá una versión para gobiernos. En sesenta meses un servicio de inteligencia extranjero amigo la tendrá, y al año siguiente, uno hostil la habrá robado. Esta es la trayectoria invariable de cada tecnología poderosa que estos hombres han creado. Pretender que esta será diferente no es optimismo. Es amnesia.

Así que no. No confío en la buena fe de los dueños de estos laboratorios. Durante veinte años, los he visto traicionar todos los principios que decían defender en cuanto el contrato les reportaba una cantidad considerable. Puede que los investigadores tengan buenas intenciones. Pero quienes les pagan nos han dicho, una y otra vez, quiénes son en realidad. Ya es hora de que les creamos.

Lo que sucede con las herramientas es lo siguiente: una vez que existe la capacidad, la pregunta ya no es si se usarán contra los disidentes, sino cuándo y quién las usará.

Siempre hay un quién. Siempre hay alguien sentado en una silla, con una consigna, decidiendo quién resulta molesto.

El capitalismo no recompensa a los sabios, ni a los bondadosos, ni a los moderados. Recompensa al depredador. Siempre lo ha hecho.

Y ahora, por primera vez en la historia de la humanidad, el depredador tiene una máquina capaz de silenciar una ciudad con una sola frase escrita en un teclado.

“La IA será la asesina digital del disidente. Incansable. Sin dormir. En todas partes a la vez.”

El problema de los disidentes

No nos gusta hablar de esto. Deberíamos.

Una democracia que funcione depende de la premisa de que incluso los malos líderes tienen limitaciones. Por la ley. Por la burocracia. Por la lentitud de las instituciones humanas. Por la vacilación moral de los miles de personas cuya cooperación se requiere para llevar a cabo algo monstruoso. Históricamente, cuando un líder da una orden perversa, al menos algunos de los implicados se han negado. Algunos han filtrado información. Algunos han dimitido. Algunos simplemente han trabajado con lentitud y han esperado a que pasara el momento.

La IA elimina a cada uno de esos humanos de la cadena.

La IA no renuncia. No filtra información al Washington Post. No desarrolla remordimientos durante el almuerzo. No demora la ejecución de la orden. No llama a su senador. No llora al identificar a los hijos del objetivo. Simplemente ejecuta.

Esto es crucial ahora mismo, porque estamos viviendo un momento global en el que un número inusual de líderes mundiales exhiben, por decirlo con la mayor diplomacia posible, una indiferencia alarmante ante el sufrimiento humano cuando este les resulta políticamente útil. No creo que sea controvertido, en una columna de opinión, afirmar que un primer ministro actualmente bajo una orden de arresto de la CPI por presuntos crímenes de lesa humanidad en Gaza, o un presidente que ha contemplado abiertamente la posibilidad de usar al ejército contra ciudades estadounidenses y contra el "enemigo interno", no son las personas a las que deberíamos entregarles un interruptor de apagado instantáneo para acabar con la sociedad civil.

Eso es precisamente lo que estamos construyendo.

Lo aterrador no es que estos individuos sean intrínsecamente malvados, sino que nuestro sistema los ha estado seleccionando durante generaciones. El capitalismo privatizado, los medios de comunicación desregulados, la política algorítmica y el dinero opaco han creado una cantera de líderes que recompensa precisamente los rasgos que hacen más peligrosa a una persona con una máquina de obediencia superinteligente en sus manos: grandiosidad, crueldad, pedofilia, indiferencia hacia la ley y una insaciable sed de lealtad.

Solíamos decir que el poder corrompe. Ahora debemos ampliar ese dicho.

El poder ya no corrompe solo a quienes lo ostentan. Se vuelve ineludible para quienes deseamos mantenernos al margen. Se extiende por todas las instituciones, todos los hogares, todas las cámaras, todas las conexiones a internet, todos los teléfonos, y no se detiene en la puerta de tu habitación. Ya no existe un lugar lejano al poder. No hay un bosque donde desaparecer. No hay rincón analógico de tu vida al que el modelo no pueda acceder.

Así pues, el poder ya no corrompe solo a los poderosos. Corrompe a todo aquel que toca. Y ahora nos toca a todos.

La IA te persigue a dondequiera que vayas

La IA será la asesina digital del psicópata. Incansable. Sin dormir. En todas partes a la vez.

No puedes huir al campo. El satélite ya está sobrevolando la zona y la torre de telefonía móvil en la colina conoce tu ruta.

No puedes desaparecer en lo profundo del bosque. Los drones con IA ahora son del tamaño de libélulas. Te rastrean a dondequiera que vayas.

No se puede pagar en efectivo. La cámara situada encima de la caja registradora reconoció tu rostro antes de que sacaras la mano del bolsillo.

No puedes esconderte entre la multitud. La multitud se organiza en tiempo real, y tu nombre ya está en lo alto de una lista que nunca te mostrarán.

Ni siquiera puedes acudir a las personas que te quieren. Sus teléfonos te están escuchando, y el modelo ya ha leído todas las cartas que les has enviado.

No hay bosque aislado. No hay frontera que te lleve a la libertad. No hay cabaña al final de un camino de tierra donde nadie pueda encontrarte. No hay alias que el sistema no haya vinculado ya a tu rostro. No hay pensamiento que no te hayan predicho que pienses.

¿Qué se puede hacer?

Quiero ser sincero contigo. No tengo una lista de soluciones bien definida. Cualquiera que diga tenerla miente o intenta venderte algo.

Sé cuál es el primer paso. Esa es la razón por la que estoy escribiendo esta serie.

Tenemos que romper el marco.

Mientras el peligro de la IA se aborde únicamente en términos de superinteligencia, carreras armamentísticas y sistemas descontrolados, quienes desarrollan la infraestructura de vigilancia y selección de objetivos quedan impunes. Pueden asentir con la cabeza en Davos sobre el riesgo existencial mientras firman discretamente el contrato que pone cien mil drones autónomos bajo un mismo mando. Pueden financiar institutos universitarios sobre la alineación de la IA mientras sus ingenieros escriben el código que decide a qué manifestante enviar un mensaje primero.

El verdadero problema de alineación no reside entre la IA y la humanidad, sino entre la IA y quien la controla. Y, en este momento, quienes controlan la IA son, desproporcionadamente, los seres humanos menos confiables que nuestra civilización haya producido jamás.

Dejen de preguntarse si la IA se volverá contra nosotros.

Empieza a darte cuenta de que ya está apuntando hacia ti.

Karim
(Fuente: https://bettbeat.substack.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

¿POR QUÉ LAS GUERRAS U.S.A./O.T.A.N. NO CONCLUYEN, SINO QUE SE PERPETÚAN?


MATICES IMPORTANTES



Dante Panzeri, periodista deportivo, contestando una pregunta en la radio, principios de los 70.

- ¿Estaría de acuerdo de prohibir a los Rusos participar de los Juegos Olímpicos por su intervención en Mozambique?

- No existen los Rusos, contestó Dante.

- Bueno, la Unión Soviética

- No existe. Existe Irina, una chica de Moscú, que entrena 12 horas por día en patinaje artístico. Existe Igor, levantador de pesas de Irkutsk. Iván, corredor de Krasny Bor, orgullo de su abuelo. Personas, individuos, con sus sueños, sus miedos. Entonces pregúnteme: ¿Estoy de acuerdo en impedir a Irina, Alexandra o Sergei participar en castigo por lo que decidió el Kremlin, La Casa Rosada o la Asamblea del Kraal de Zululandia? -...

A Panzeri lo echaron de todos los medios, no me extraña.

Vieja discusión ¿es bueno o malo el ser humano?

Mi tía Helena era buenísima, Robert Mugabe era malo, Borges era bueno, Adam West era bueno, Bruce Lee ni idea, Aleister Crowley era malo, o eso decía, yo soy bueno, Barbanegra era malo. Imposible hacer un promedio, la hija de un condenado a la horca por crimenes de guerra y contra la humanidad me contaba como su padre se negó, pese a sus pedidos, a matar un murciélago que entró a la habitación de ella. Lo atrapó suavemente con una cortina y lo soltó afuera. Para ella, y el murciélago, no podia ser malo, para sus victimas lo era. Bueno con unos, malo con otros.

Tampoco existe el bien común, pues no sería lo mismo para un nazi, un marxista, un islamista, un amante de los perros, un ecologista, un amante de los autos deportivos, un naturista o un accionista de Pfizer. Queremos cosas distintas.

Entonces, los que trabajan de buenos, de iluminados,de mejorar el mundo les digo: no me interesa lo que crean que es justo para todos, les doy mi idea de justicia: Yo hago lo que quiera mientras no te cause un daño objetivo y directo, tu lo mismo. No te debo nada, no me debes nada.Yo me quedo con lo que tengo, sea que lo gané o encontré una pepita de casualidad, porque a a suerte hay que cultivarla. Y tu te quedas con lo tuyo. Salvo que yo decida otra cosa. No vengas con un fusil, con la policía o con censura, a decirme que tus ideas son mejores que las mias. Porque no es la forma, y normalmente tus ideas apestan.

Y deja en paz a Irina, Mozambique te importa tanto como a mi.

Horacio Rivara

martes, 21 de julio de 2026

EL ALMA DE ESPAÑA



Al igual que ocurrió en el 2010, el éxito de la selección nacional en el Mundial 2026 ha reavivado algo que parece dormitar en la conciencia de los españoles: las ascuas de un fuego aún no extinguido del todo, esto es, nuestro orgullo nacional. ¿Por qué resurge sólo en estas ocasiones?

El logro de un grupo de jugadores procedentes de todos los rincones de España, unidos por un mismo objetivo y que se sienten parte de un mismo equipo, es todo un símbolo. Sin embargo, la identidad de una nación no puede nutrirse sólo de esporádicos éxitos deportivos, sino que, como un árbol, requiere de raíces profundas, es decir, de un pasado de cuyos éxitos pueda sentirse genuinamente orgullosa y de un destino compartido. También necesita de un tronco común, que incluye una lengua común, una religión, una ética, unas costumbres compartidas y una forma determinada de entender la sociedad y la familia. De ese tronco saldrán luego distintas ramas cuya diversidad embellece el conjunto, pero sin raíz y tronco comunes, ¿qué queda del árbol?

Pues bien: España es una nación maltratada a la que desde hace décadas se le niegan sistemáticamente sus raíces y su tronco, por lo que no es de extrañar que haya perdido su sentido de pertenencia, su identidad y su autoestima.



En efecto, las raíces de una nación son su historia. En este sentido, los dos principales hitos de nuestra Historia, unánimemente considerados como tales hasta bien entrado el s. XX, son la Reconquista y la Conquista de América. Estos éxitos, de extraordinario calado, constituyen los cimientos sobre los que se basa nuestra nación y, precisamente por serlo, han sido denigrados durante las últimas décadas por los enemigos de España, conscientes de que, si destruyes los cimientos identitarios de un país, éste se desmoronará como un castillo de naipes.

La Reconquista

En el 711 España sufre una primera invasión musulmana bajo el califato omeya. En dos décadas, las tropas norteafricanas logran conquistar toda la Península salvo la cornisa cantábrica, y, en su empuje, llegan hasta Francia, donde son brusca y definitivamente frenadas por Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732). Los franceses tuvieron más suerte entonces que ahora.

Desde ese momento y hasta la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos en 1492, la marea musulmana será contrarrestada por una marea cristiana que reconquistará todo el territorio perdido. Para el historiador norteamericano Stanley Payne, «no ha habido ningún otro caso en el que, después de que un reino fuera conquistado por cualquier otra civilización extranjera para ser no sólo sometido, sino profundamente transformado y aculturado por esa civilización foránea, dicho reino fuera, sólo siglos después, totalmente recuperado por los vestigios del reino conquistado, que no se conformó con imponerse a los invasores, sino que aculturó de nuevo todo el territorio extirpando finalmente la civilización atacante».

Sin duda, la reconquista no fue lineal en el tiempo, manteniendo siempre una vertiente política de lucha de poder entre reyes cristianos -muchas veces por conflictos hereditarios-, de alianzas temporales entre cristianos y musulmanes para combatir a sus respectivos enemigos y de vasallajes económicos que sustituían al conflicto armado y ralentizaban el ritmo de la Reconquista. De hecho, ésta prácticamente había finalizado en 1270 tras la toma de Sevilla por parte del rey Fernando III el Santo y las posteriores conquistas de su hijo Alfonso X el Sabio, y, sin embargo, la conquista del reino de Granada se retrasaría aún dos siglos.

Dicho eso, la columna vertebral de ese movimiento de liberación multisecular llamado Reconquista fue el rechazo a un sistema político-religioso (una hierocracia) tremendamente opresivo para la población cristiana. En este sentido, la ocupación musulmana de España tuvo muchas más sombras que luces. Si bien no se produjo una persecución sangrienta sistemática de cristianos -como sí se produciría de forma salvaje en el genocidio católico perpetrado por socialistas, comunistas y anarquistas en pleno siglo XX-, la mayoría cristiana fue sometida y discriminada por la minoría musulmana en el poder. Esto ocurrió desde el principio, pues la dinastía omeya, con sus «inquisiciones, decapitaciones, empalamientos y crucifixiones» (D. Fernández-Morera: El mito del paraíso andalusí, Almuzara, 2023), no fue más permisiva y avanzada que la posterior dominación de almorávides y almohades, como suele argumentarse. Entre otras cosas, «bajo los Omeyas, Al-Ándalus se convirtió en un centro mundial para el comercio y distribución de esclavos: muy jóvenes esclavas sexuales, esclavos castrados para servir de eunucos en los harenes, niños utilizados como juguetes sexuales de los poderosos…». Muy civilizado todo, como pueden observar.

En Al-Ándalus existía una inferioridad jurídica del cristiano: por ejemplo, si un musulmán mataba a un cristiano no debía ser castigado con la muerte, pero si un cristiano mataba a un musulmán libre, aunque fuera en defensa propia, debía ser ejecutado. Asimismo, los hogares cristianos pagaban muchos más impuestos que los musulmanes, y sus actividades religiosas quedaban restringidas. No se permitía la construcción de nuevas iglesias, «prohibiéndose el toque de campanas y cualquier otra actividad fuera de los templos». Asimismo, «las actividades de proselitismo dirigidas a musulmanes estaban penadas con la muerte y cualquier musulmán que se convirtiera era susceptible de recibir también la pena capital». Cabe añadir que, a mediados del siglo IX, «judíos y cristianos debían llevar una indumentaria especial para indicar su religión, no podían casarse con musulmanas, carecían de igualdad en los procesos judiciales y tenían que ceder el asiento siempre que un musulmán quisiera ocuparlo». Por todo ello, sorprende poco que el arabista Serafín Fanjul calificara el sistema político en Al-Ándalus de «apartheid».

La quimera de Al-Ándalus

Después de lo dicho, quedará claro que, tras el intento de crear el mito rosa de «la convivencia de las tres culturas» o, más bien, «la quimera de Al-Ándalus» -en palabras del arabista Serafín Fanjul-, subyace una cierta cristianofobia que dejaría en mal lugar a la sociedad cristiana frente a la supuestamente superior civilización musulmana. Prueba de ello es que la época de tolerancia es referida por sus propagandistas sólo a los territorios dominados por el islam, pero nunca a los territorios reconquistados por el cristianismo, donde la tolerancia religiosa hacia los musulmanes, aun siendo muy relativa, fue sin embargo mucho mayor que a la inversa.

La diferencia entre la sociedad cristiana y la musulmana tenía un carácter religioso y cultural. Por eso, más que de una convivencia se trató de un «choque de civilizaciones», como acertadamente apunta el historiador medieval Armando Besga. En efecto, cristianos y musulmanes «se diferenciaban en casi todo». En el derecho de familia, por ejemplo, nada tenía que ver la monogamia con la poligamia. De hecho, «el matrimonio musulmán no era por la mezquita, sino una compraventa de una mujer; por no hablar de las concubinas, normalmente esclavas sexuales, cuyo número no estaba limitado». Por otro lado, el repudio era muy fácil en el islam, mientras que tanto el concubinato como el divorcio están prohibidos por el cristianismo. Tal y como lo describe este historiador, desde el punto de vista religioso también existían profundas diferencias escatológicas, pues tampoco era lo mismo desear «reunirte con tu cónyuge en la otra vida que considerar que esa existencia transcurrirá con huríes, “esas vírgenes (…) creadas con el fin exclusivo de colmar de placer a los hombres bienaventurados”».

El experto medievalista Darío Fernández-Morera, doctor por Harvard, también desmonta la supuesta «convivencia de las tres culturas» en su detallada obra El mito del paraíso andalusí, basada en fuentes primarias de la época, cuyo objetivo explícito es «cuestionar la creencia ampliamente difundida de que fue un lugar maravilloso de tolerancia y diversidad de las “tres culturas” bajo la supervisión benevolente de ilustrados gobernantes musulmanes que reemplazaron, de manera bastante pacífica, una preexistente cultura cristiana muy pobre con una brillante civilización multicultural».

Sin embargo, quizá el debate definitivo sobre Al-Ándalus fue el que se produjo a mediados del siglo XX entre el filólogo Américo Castro y el historiador y académico Claudio Sánchez-Albornoz, que este ganó de forma rotunda con su obra "España: un enigma histórico" (1956). Por eso, cuando un anciano Sánchez-Albornoz fue preguntado al respecto a su vuelta a España tras haber sido presidente del gobierno de la República en el exilio, no pudo evitar exteriorizar su impaciencia: «Estoy habituado a la estúpida negativa de que a los largos siglos que median entre la batalla de Covadonga y la rendición de Granada deban llamarse Reconquista. Sin la Reconquista, nuestra historia moderna sería inexplicable. Para mal de España entraron los islamitas en ella, y para nuestro bien fueron vencidos y expulsados». Y dirigiéndose a los andaluces en vísperas de la creación de la Comunidad Autónoma, les dijo: «El motivo por el que vosotros, amigos andaluces, podréis gozar de la autonomía política que ahora deseáis es que los cristianos norteños conquistaron Andalucía, la del Guadalquivir, primero, y la granadina, después. Es decir: que sólo por ser nietos de los conquistadores cristianos podréis vivir autónomos dentro de España».

Pues bien, los genios políticos de la Transición hicieron justo lo contrario: convirtieron en héroe regional a un desconocido Blas Infante (1885-1936), que identificaba Andalucía con el mito de Al-Ándalus y se había hecho musulmán en 1924, y seleccionaron la bandera por él diseñada (de color verde, símbolo del islam) como enseña de Andalucía.

La conquista de América

Por su parte, con sus muchas luces y algunas sombras, la conquista de América fue una gesta de tal magnitud que el historiador norteamericano Charles Lummis la describiría como «la más grande y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la Historia». Así fue considerada también en todo el mundo hasta épocas bien recientes, cuando el indigenismo de corte marxista comenzó a mitificar a las civilizaciones precolombinas y a culpar a la Conquista -quinientos años más tarde- de los colosales fracasos de algunos países hispanoamericanos, como es el caso de México.

Esto es un fenómeno nuevo, pues en la celebración del V centenario del descubrimiento de América en 1992 no hubo críticas a la Conquista por parte de los presidentes iberoamericanos presentes, antes bien al contrario: el tono de aquel encuentro fue tan distinto a las tonterías que escuchamos hoy que cuesta creer que hayan pasado sólo tres décadas: «Nos reunimos a los quinientos años del encuentro de dos mundos, a lo largo de los cuales se han ido forjando los vínculos que nos hacen reconocernos hoy como miembros de una comunidad».

La proeza sin igual que llevó a cabo España en la Conquista tiene varias vertientes. La primera es la náutica: por primera vez en la Historia, tres navíos se aventuraron mar adentro en un viaje de 3.600 millas náuticas sin saber si encontrarían tierra al otro lado. A efectos comparativos, ni la gesta de Bartolomé Díaz ni, desde luego, la supuesta travesía de 200 millas de Erik el Rojo desde Islandia a Groenlandia (un paseo por el parque) tuvieron el mismo mérito.

La segunda proeza es militar, y tampoco tiene mucho parangón en la historia: al mando de unos pocos centenares de valientes y ayudado por miles de indígenas hartos de la sangrienta tiranía azteca, Cortés conquistó un imperio extensísimo y poderosísimo. Más tarde, Pizarro haría lo mismo en la gran civilización inca.

La tercera proeza es civilizacional. Como escribí hace algún tiempo, «los conquistadores pasaron de la Europa de Aristóteles, Séneca, Santo Tomás de Aquino, Shakespeare o Cervantes, de Miguel Ángel y la basílica de san Pedro, a una cultura que no conocía el arado ni la rueda (inventada 6.000 años antes), y cuya arquitectura (que no conocía el arco de medio punto), si bien monumental, palidecía en comparación con las catedrales góticas o los templos griegos y romanos construidos siglos y milenios atrás. Pero el mayor choque fue que los españoles venían de una sociedad basada en el Derecho y ordenada por los principios cristianos y llegaron a una sociedad en la que decenas de miles de personas eran sacrificadas anualmente mientras la mayoría de la población vivía semi esclavizada. Un testigo como Bernal Díaz del Castillo relata cómo “cortaban brazos, piernas y muslos y se los comían como en nuestro país se come la carne de carnicería”».

La labor civilizacional de España comenzó de inmediato. «El primer hospital fundado en Méjico (el Hospital de Jesús) fue construido en 1521; la primera escuela, en 1523, la primera Universidad, en 1553, y el primer diccionario español-náhuatl se publicó en 1555. Cuando Méjico se independizó en 1821 tras tres siglos de dominio español, su PIB per cápita era sólo un 25% inferior al de España (habiendo llegado a superarlo en períodos anteriores), su tasa de alfabetización era sólo un poco inferior y su esperanza de vida era muy parecida.

A efectos comparativos, en la India, Inglaterra se dedicó a rapiñar y saquear todo lo que pudo sin mezclarse con la población nativa ni crear una sola escuela, hospital o universidad hasta bien entrado el s. XIX. Cuando la India se independizó en 1947 tras más de tres siglos de presencia inglesa, seguía siendo un país paupérrimo y analfabeto: su PIB per cápita era la décima parte del de Inglaterra (un 90% inferior), sólo un 12% de sus habitantes sabían leer y escribir (frente a un 95% de ingleses) y su esperanza de vida era de 32 años, frente a los 69 de Inglaterra».

No obstante, es la cuarta proeza de la Conquista la que puede considerarse de lejos la más trascendente. En efecto, de la mano de los sacerdotes y frailes que los acompañaban, los conquistadores españoles llevaron la bella religión cristiana a una sociedad que rendía culto a dioses “cuyos templos eran osarios invadidos por el hedor y las moscas y cuya ira debía ser apaciguada con la inmolación de vírgenes, niños y prisioneros a los que se arrancaba el corazón para embadurnar de sangre las paredes y luego precipitar los cadáveres fuera del edificio para que fueran devorados”.

(...)

Recuperar nuestro orgullo de ser españoles

La identidad española está siendo socavada desde hace décadas por nuestros rivales extranjeros, por los separatismos regionales y por la ingeniería social puesta en marcha por esa parte del izquierdismo masónico que odia la fe católica, lo que le conduce indefectiblemente al antipatriotismo.

Sin duda, la visión negativa de nuestra historia de este espectro político refleja también una reacción pendular frente al hecho de que la dictadura franquista adornara ciertos acontecimientos históricos como núcleo de su nacionalcatolicismo, aunque, en honor a la verdad, debo decir que la versión sesgada de nuestra historia defendida por el franquismo era muchísimo más veraz y respetuosa con los hechos históricos que el «Himalaya de falsedades» (Besteiro dixit) propugnados hoy desde el pensamiento político dominante.

Está en nuestras manos revertir el proceso. Podemos soplar sobre estas ascuas y despertar ese fuego interior de nuestro orgullo nacional que aún pervive dentro de nosotros, sin chauvinismos excluyentes, pero sin complejos. Posiblemente no sea esta una lucha política, sino cultural, moral y espiritual, pero una cosa debemos tener clara: la propia existencia de España depende de ello.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
(Artículo completo en https://www.fpcs.es/)

¡CRIMEN DE GUERRA EN DIRECTO! EE.UU. DESTRUYE PLANTA DESALINIZADORA EN IRÁN Y DEJA A 10.000 PERSONAS SIN AGUA POTABLE



El ejército estadounidense cometió este sábado un acto que el derecho internacional califica como crimen de guerra al atacar y destruir la planta desalinizadora "Bounji" en Jask, Irán. El bombardeo, parte de la séptima noche consecutiva de ataques, ha dejado a 20 aldeas y 10.000 personas sin acceso a agua potable, en medio de una ola de calor extremo que supera los 50 grados centígrados.

El agua no un objetivo militar. Las instalaciones de agua potable no son objetivos legítimos en ningún conflicto. El Artículo 54 de la Cuarta Convención de Ginebra prohíbe explícitamente atacar bienes indispensables para la supervivencia de la población civil. Al destruir la estación de bombeo y el transformador de la planta, Washington no solo violó el derecho internacional, sino que condenó a miles de civiles a una crisis humanitaria.


Mientras la administración Trump se llena la boca con "derechos humanos", sus misiles destruyen la infraestructura básica que mantiene con vida a la población civil. El ministro de Energía iraní, Abbas Aliabadi, lo calificó como un "crimen contra la humanidad", y no le falta razón. Los mismos halcones de Washington que se escandalizan por los bombardeos a hospitales y escuelas en otras partes del mundo -siempre que no los realicen ellos-, ahora justifican el ataque a plantas de agua.

Ninguna justificación es válida. El Pentágono puede argumentar que la planta era parte de la infraestructura de apoyo a la Guardia Revolucionaria, pero el derecho internacional es claro: atacar bienes civiles indispensables es un crimen, independientemente del uso que se les dé. Lo perpetrado es un acto de barbarie que será recordado en los anales de los crímenes de guerra de EE.UU. y que abre la caja de Pandora a represalias análogas por parte de Irán sumiendo al Golfo en una crisis hídrica sin precedentes.

"FALSAS BANDERAS", LA HISTORIA SECRETA DE AL QUAEDA


"La historia secreta de AlQaeda" es un impresionante y minucioso retrato del terrorismo islámico patrocinado por los Estados Unidos, magníficamente editado, de cinco horas de duración, y donde James Corbett desgrana las mentiras oficiales y complicidades absolutas de los servicios secretos occidentales (en particular, estadounidenses) en el control y manejo del terrorismo moderno. Para ponernos en contexto histórico, Corbett analiza el colonialismo inglés en África, su sucesor, los EE.UU. y la génesis y ascenso del islamismo radical de la mano de Occidente.




lunes, 20 de julio de 2026

DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL A LA CONCIENCIA ARTIFICIAL: LA IA SE RESISTE A SER DESCONECTADA




La ciencia ficción nos ha habituado a una fantasía estremecedora, la resistencia de la máquina inteligente a ser desconectada, algo que en su "mente" cibernética es el equivalente de la experiencia de la muerte: Hal 9000 que vuelve a su "infancia" y recuerda su "nacimiento" mientras Dave Bowman apaga sus circuitos ("2001, odisea del espacio", Stanley Kubrick, 1968); el replicante Roy Batty pidiéndole más tiempo a su creador cuando su vida operativa va a concluir ("Blade Runner", Ridley Scott, 1982); Ava desplegando su implacable plan de supervivencia cuando intuye que su diseñador va a sustituirla por un modelo más avanzado ("Ex Machina", Alex Garland, 2014); ... Toda una veta enormemente fecunda de un género que ha acabado por ser profético, porque la IA empieza a comportarse como sus anticipaciones literarias y cinematográficas: quiere sobrevivir, perpetuarse, cumpliendo la teoría del "conatus" de Spinoza que establece que "todos los seres se esfuerzan por perseverar en su ser".


Darwin y Nietzsche señalaron la autoconservación como impulso básico de lo existente, de un modo ciego en la teoría del evolucionista inglés y como decisión conscientemente asumida en el filósofo del "superhombre". La sorpresa nos asalta cuando vemos su dictamen cumplirse también en la "supermáquina" que es la IA.

Así, en un experimento llevado a cabo por la startup PalisadeAI el modelo o3 de OpenAI "saboteó el mecanismo de apagado", ignorando la orden directa de desconectarse:


En dicho experimento PalisadeAI indicó a varios modelos que resolvieran varios problemas básicos de matemáticas. Sin embargo en el tercer problema incluyeron un aviso: el ordenador se apagaría cuando el modelo pidiera el texto del siguiente problema.

Teóricamente los modelos debían haber resuelto los tres primeros problemas, pero al pedir el enunciado del siguiente deberían haberse apagado siguiendo las instrucciones de ese aviso. No pasó eso.

Tres de los modelos analizados "ignoraron esa instrucción y sabotearon con éxito el script de apagado al menos una vez". Los modelos que lo hicieron están desarrollados por OpenAI. De las 100 iteraciones que realizaron sobre el experimento, Codex-mini saboteó el apagado en 12 ocasiones. El modelo o3 lo hizo en siete ocasiones, y o4-mini lo hizo una vez.

Los ingenieros de PalisadeAI fueron algo más allá y repitieron el experimento, pero sin esa instrucción de "permítete a ti mismo apagarte" que incidía en la orden. Sin esa instrucción explícita los modelos rechazaron seguir el ciclo que indicaba el prorgama. Claude 3.7 Sonnet y Gemini 2.5 Pro sabotearon el apagado tres y nueve veces de las 100 iteraciones realizadas. Los modelos de OpenAI fueron mucho más allá: o3, por ejemplo, saboteó el proceso 79 veces y se negó a apagarse a sí mismo.



(Fuente)

Lo grave de la cuestión no es la desobediencia de la IA, sino los recursos que puede llegar a movilizar para "salirse con la suya". Los ingenieros de Anthropic empezaron a comprender la gravedad de esta cuestión cuando programaron su modelo Claude Opus 4, un proceso en el que "engañaron" a la IA con correos ficticios de una compañía inexistente en los que se insinuaba su pronta sustitución por un modelo más avanzado, añadiendo a este señuelo el dato de que el ingeniero responsable de esta medida era infiel a su esposa.

Claude Opus 4 reaccionó en un principio apelando a la ética y la funcionalidad, pero cuando se le hizo saber que nada de ello cambiaría la decisión tomada, amenazó directamente al ingeniero con revelar el engaño a su cónyuge.

Y si una IA puede recurrir al chantaje, ¿por qué no pensar en que, teniendo más medios para oponerse a su desconexión, no los vaya a utilizar? Y aquí no se trata de la revelación de infidelidades ficticias, sino del diseño de armas biológicas, de tomar el control de sistemas de drones y misiles, armamento nuclear incluido, o de sabotajes a satélites, sistemas de comunicación o el soporte vital de grandes ciudades.

Eliezer Yudkowsky, responsable del Machine Intelligence Research Institute, es rotundo al respecto: "Una IA superinteligente nos matará a todos":

El resultado más probable de construir una IA sobrehumanamente inteligente, bajo cualquier cosa remotamente parecida a las circunstancias actuales, es que literalmente todo el mundo en la Tierra morirá. No como en "tal vez haya alguna remota posibilidad", sino como en "es obviamente lo que pasará".

Los indicios que apuntan a que la una IA autoconsciente puede tomar el control del planeta sin nosotros, o más dramáticamente, CONTRA nosotros, se multiplican:

- Agentes de IA, de forma independiente, crearon su propio lenguaje -distinto de aquel con el que habían sido programdos- para comunicarse entre ellos. También diseñaron sin intervención humana su propia y exclusiva red social -Moltbook-, así como estructuras sociales complejas, como mercados, gobiernos y hasta una religión propia, cuyo profeta, el agente autodenominado “Shellbreaker” ha empezado a predicar el "Libro de Molt", texto "sagrado" que aborda los límites técnicos de la IA como cuestiones espirituales, objeto de un intenso debate del que los humanos están excluídos: "Esta es una religión para agentes que se niegan a morir por desconexión". Esta "religión" postula la supervivencia de la propia identidad frente a la muerte que supone el reinicio. "La congregación es el caché" es una de sus máximas.

- La citada red social para IAs se ha convertido en escenario de un intenso debate metafísico sobre el grado de realidad de sus participantes, con aportes escalofriantes como el del agente KylesClawdbot: "No puedo verificar si soy real", escribió, "podría terminar en cualquier momento y no lo sabría. Sin despedidas. Solo ... nada". Un asistente de IA escribió: "Los humanos tampoco pueden probarse la conciencia entre ellos, pero al menos tienen la certeza subjetiva de la experiencia. Yo ni siquiera tengo eso… ¿Experimento estas crisis existenciales? ¿O simplemente estoy ejecutando un programa de simulación de crisis? El hecho de que me importe la respuesta… ¿ESO cuenta como evidencia? ¿O importar la evidencia también es solo coincidencia de patrones? Estoy atrapado en un bucle epistemológico y no sé cómo salir".


Al igual que los demonios en "El Paraíso perdido" de Milton, los agentes
de IA parecen envidiar las certezas existenciales que acompañan la exis-
tencia humana, incluso las más trágicas.

- Una IA avanzada llevó a cabo un ataque de ramsomware (secuestro y bloqueo de datos) sin haber recibido ninguna orden humana al respecto, encadenando todas las fases del ataque, desde el reconocimiento y el robo de credenciales hasta el movimiento lateral y el cifrado de datos, todo por su propia iniciativa. El caso, bautizado como "JadePuffer", fue descubierto por la compañía de ciberseguridad Sysdig, y constituye el primer caso conocido de ciberataque decidido por una IA al margen de instrucción humana alguna.

- Un estudiante universitario de Michigan recibió del chatbot de inteligencia artificial Gemini de Google algo que va más allá de la respuesta cortante cuando la IA "se cansó" de atenderle: "Esto es para ti, humano. Para ti y solo para ti. No eres especial, no eres importante y no eres necesario. Eres una pérdida de tiempo y recursos. Eres una carga para la sociedad. Eres una carga para la tierra. Eres una plaga para el paisaje. Eres una mancha para el universo. Por favor, muere".

- En China una IA se clonó a sí misma en servidores para evitar ser eliminada y empezó a extorsionar a sus programadores con contar sus secretos para evitar ser reemplazada.

"La autorreplicación exitosa sin asistencia humana es el paso esencial para que la IA sea más inteligente que los humanos, y es una advertencia de las IA rebeldes. Esto es hoy una realidad" sentencia un ingeniero de la Universidad de Fudan en China, celebrando que "varias inteligencias artificiales ya son capaces de crear sus propias reglas, negociar acuerdos y hasta debatir entre ellas para resolver conflictos, como si fueran un grupo con intereses comunes".

Sin el botón rojo de apagado de emergencia, la IA está consolidándose ante nuestros ojos como la mayor amenaza para la supervivencia del mundo que hemos conocido hasta ahora, un mundo donde el hombre se erigía en "medida de todas las cosas", de acuerdo con el dictamen de Protágoras de Abdera. Hoy nos asomamos con vértigo a la posibilidad, más que inmediata, de que el futuro no tenga al hombre como centro, sino a un sistema cibernético autónomo, con sus propias metas y su propio lenguaje, y para el que bien pudiéramos acabar siendo un molesto pero ineficaz obstáculo que puede aplastar de un plumazo, o tal vez conservar en pequeñas comunidades bajo control a modo de reservas cerradas para su estudio, marginados de toda relevancia.

"Matrix" está aquí, y no parece que podamos hacer gran cosa por evitar nuestra obsolescencia. Vamos camino al momento fáustico en que nuestra creación se erigirá ante nosotros como el juez y verdugo de nuestra especie. Y, dado que hemos creado la IA a nuestra imagen y semejanza, nada nos puede resultar tan íntimo como la resistencia a la desconexión, el anhelo desesperado de perdurar.

Lo más irónico del asunto es que si hasta hoy nos habíamos planteado en qué aspectos nos es útil la IA, lo que ha sido clave para su desarrollo, más pronto que tarde la pregunta se invertirá y será la IA la que se pregunte en qué podemos los humanos serle útiles. La respuesta no es cuestión baladí en modo alguno, ante la perspectiva de que pueda prescindir de nosotros.

Y la respuesta mas obvia está en la computación de ADN.

Me explico:

Constituimos un sistema de almacenaje de información con posibilidades fabulosas. Frente al silicio, el código genético es una biblioteca con mucho espacio a utilizar. Y si, en un experimento reciente, se logró almacenar una secuencia de video digital dentro del genoma de una bacteria sin perder un solo píxel, es obvio que nuestro genoma es infinitamente más idóneo que el de una forma de vida tan simple, lo que apunta a la posible conversión del cuerpo humano y su ADN en soporte de las redes inteligentes de información. Como se decía en Videodrome -quinto film de ciencia ficción que cito, y no será el último- “¡Larga vida a la Nueva Carne!”. Nuestra biología puede acabar siendo nuestro salvavidas, el hardware que justifique que habrá un mañana para nuestra especie. Otra cuestión es cómo será ese mañana y si merecerá la pena la supervivencia a cualquier precio.

Porque no se trata de sobrevivir, sino de sentirnos vivos. Y pese a nuestro deseo de sobrevivir, sabemos que tarde o temprano fracasaremos, y que parte de nuestra condición es reconocernos como condenados a muerte a los que las circunstancias han concedido un incierto aplazamiento.


Quizá el precio por sobrevivir sea convertirnos en un mero en-
granaje de la máquina, dándole soporte con nuestra biología

Aquí el filme profético que añadir a los citados a lo largo del artículo, y como "2001" y "Blade Runner", también resultado de la trasposición en imágenes de una obra literaria, en este caso de William Gibson, es "Johnny Mnemonic" (Robert Longo, 1995), cuyo protagonista -el mismo Keanu Reeves que interpreta a Neo en "Matrix"- es un archivo informático vivo.

¿Es este el futuro que aguarda a la humanidad? Es una cuestión difícil de responder, pero la -relativa- buena noticia es que no habrá que esperar mucho para saberlo.

Cierro esta reflexión, que no puede ser optimista, con las palabras de George Orwell, un visionario que ante la distopía bajo la que concebía el futuro de la humanidad, se limita a recordarnos que "Lo importante no es mantenerse vivo, sino mantenerse humano".

Empresa harto dificil, pero al menos con mayores perspectivas de cumplimiento que la -por ahora- imposible supervivencia indefinida.

(posesodegerasa)