ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
domingo, 1 de febrero de 2026
LA MUJER MÁS BESADA DEL MUNDO
La famosa frase "Annie, are you OK?"repetida 46 veces en la canción "Smooth Criminal" de Michael Jackson proviene de los entrenamientos de reanimación cardiopulmonar (RCP). La frase se utiliza para comprobar si el maniquí de entrenamiento, conocido como "Resusci Anne" o "Rescue Annie", responde. Jackson, tras realizar un curso de RCP, incorporó esta frase vital a su éxito del álbum "Bad", de 1988.
Aquí te detallo la extraña y fascinante historia de cómo la frase llegó al estribillo de un hit mundial:
En 1885 el cuerpo de una joven fue hallado flotando en el Sena. No tenía heridas. Parecía dormida. Una mujer anónima ahogada sin rastro de agonía, como si las frías aguas la hubieran dado el descanso que su alma necesitaba. Un suicidio sin nota de despedida que invitaba a pensar en qué temprana decepción la habría llevado a tomar una decisión irrevocable. Albert Camus la llamó "la Mona Lisa ahogada".
Nadie la reclamó.
En la morgue, un patólogo quedó impresionado por la placidez de su expresión, y fijó su trágica serenidad en un molde en yeso. No era algo extraño para la época. Esa máscara se difundió. Fue copiada, expuesta y colgada en estudios de artistas, en academias de escultura, en exposiciones.
Decorado para artistas, objeto para coleccionistas; una cara sin nombre, convertida en objeto; una muerte sin biografía; una belleza sin contexto.
Décadas más tarde, en 1960, Asmund Laerdal, un fabricante de juguetes noruego recibió el encargo de diseñar un maniquí anatómico que pudiera usarse para enseñar reanimación cardio-pulmonar. Un cuerpo que simulase estar vivo. O al menos, estar en parada cardio-respiratoria reversible.
Eligió la cara de la desconocida del Sena. Quizá por azar, quizá porque ya no tenía identidad que reclamar, quizá porque ningún rostro es más universal que el que ha sido olvidado.
Así nació "Resusci Anne". Y con ella, un ritual de aprendizaje que ha salvado millones de vidas.
Antes de comenzar la maniobra, había que hablarle, verificar si respondía y, si no, actuar. La frase que el protocolo médico estableció para ello fue “Annie, are you OK?” (Ana, ¿estás bien?)
Esa fue la frase. No una invención literaria, ni una línea poética. Apenas una instrucción. Una pauta. Una manera de fijar en la memoria que lo primero, antes de intervenir, es preguntar. Escuchar. Esperar respuesta.
Michael Jackson no inventó la frase. La escuchó en un curso de RCP.
Y como tantas veces ocurre con la cultura pop, la convirtió en estribillo; le dio ritmo, le puso coreografía. Y aquella frase de aula clínica terminó siendo bailada en estadios.
Hoy, la cara de la dulce ahogada ha sido besada por millones. No por amor, sino por entrenamiento. La llaman “la mujer más besada del mundo”.
Y sin haber dicho palabra, enseñó a millones a no quedarse quietos. A intervenir. A intentar salvar.
No dejó historia, pero la cambió. No tenía nombre, pero un novelesco encadenamiento de circunstancias le dió aquel por el que todos la conocemos.
Una extraña secuencia de acontecimientos convirtió la muerte de una desconocida en un himno urgente que reclama una ayuda que puede no llegar a tiempo. Pero que aporta una esperanza a la que aferrarse.
Annie no pudo ser salvada.
Cuando a Michael Jackson un paro cardiaco fatal causado por una intoxicación aguda con propofol y benzodiazepinas le arrebató la vida en 2009 tampoco hubo quien le aplicase la necesaria RCP.
Pero su canción sigue recordándonos un misterio en el que, como en toda gran historia, la vida y la muerte se entrelazan en una coreografía insuperable.
(Fuentes: https://mariocelano.com/; @parapasarelrato_com)
"EL PLANETA SALVAJE", UNA FANTASÍA ANIMADA CON MENSAJE
Edición restaurada de una de las grandes películas de culto de la historia de la animación, Premio Especial del Jurado en Cannes '73.
En el lejano planeta Ygam viven unas criaturas gigantescas llamadas “Draags” que han domesticado a los pequeños "Oms", seres humanos que están siendo exterminados. Pero un Om consigue escapar, se une a Oms salvajes y vive una aventura que cambiará los cimientos de la propia civilización ...
sábado, 31 de enero de 2026
LA REORGANIZACIÓN GEOPOLÍTICA DEL MUNDO
El mundo está cambiando muy rápidamente. El año 2026 puede verse marcado por el regreso a la división en zonas de influencia y el fin de los imperios coloniales. Pero veremos sobre todo el regreso al derecho internacional frente a las reglas que hasta ahora conocíamos. Sólo quienes sean capaces de entender esos cambios y de adaptarse rápidamente podrán seguir desarrollándose.
Estamos viendo la reorganización del mundo según la reunión que los presidentes Putin y Trump sostuvieron en Anchorage (el 15 de agosto de 2025), el alto al fuego acordado en Gaza (el 10 de octubre de 2025) y la operación Absolute Resolve en Venezuela (el 3 de enero de 2026). Ahora está claro que los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin se repartieron el mundo en Alaska. El reparto tendrá que ser avalado durante el próximo encuentro entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.
La única información disponible es el mapa publicado por el analista ruso Andrei Martyanov. En ese mapa, el mundo aparece divido en tres zonas de influencia, lo cual no contradice el principio de un mundo multipolar. El derecho internacional primitivo –me refiero al que existía antes de la guerra fría–resuelve sólo algunos problemas y concede a los Estados la posibilidad de hacer lo que quieren dentro de los límites que ellos mismos se han fijado con la firma de tratados.
En mi última crónica expliqué que, al contrario de lo que todo el mundo afirma, si bien Estados Unidos cometió un crimen al secuestrar al presidente venezolano Nicolás Maduro, a la luz de las reglas anteriores, también podría decirse que no fue así ya que nunca se había comprometido a no hacerlo. Esta realidad puede parecernos chocante, pero eso no cambia la cuestión de fondo. En lo adelante, tendremos que funcionar según esa realidad.
Hasta ahora, el mundo estaba gobernado por los G5, G6, G7, G8, etc., un sistema que hasta ayer se componía de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y la Unión Europea.
La desaparición de esa estructura marca el fin de los imperios británico y francés. Francia tendrá que descolonizar Nueva Caledonia y la Polinesia; Estados Unidos tendrá que descolonizar Samoa, Guam y las Islas Vírgenes estadounidenses; Nueva Zelanda tendrá que descolonizar Tokelau; y Reino Unido tendrá que descolonizar Anguila, las Bermudas, las Islas Vírgenes Británicas, las Islas Caimán, las Malvinas, Gibraltar, Monserrat, Santa Elena y las Islas Turcas y Caicos. Eso tendría que concretarse muy rápidamente si Francia, Reino Unido y Nueva Zelanda quieren conservar algún tipo de presencia en sus antiguas colonias.
Es probable que se produzca una descomposición del Commonwealth. Como mínimo, sus miembros abandonarán su ciudadanía compartida.
El G7 se verá reemplazado por un C4 o un C5, conformado por China, Estados Unidos, la India y Rusia –el presidente Trump espera incluir a Japón, pero es posible que este último país no sea admitido, debido a sus declaraciones belicistas. China rechaza el ascenso del militarismo imperial nipón y el negacionismo del gobierno de Sanae Takaichi, así como su aspiración a controlar los microprocesadores de Taiwán y sus investigaciones sobre las tierras raras.
Teniendo en cuenta el poderío de cada una de ellas, las 4 principales potencias mundiales podrán hacer su voluntad en todos los asuntos no definidos por el derecho internacional –como Estados Unidos en el caso de Venezuela.
Varias alianzas regionales permitirán que algunas potencias secundarias desempeñen un papel importante.
No entraré a analizar el caso de la OTAN, que va a disolverse a mediados de 2027, o antes, dependiendo de la cuestión del traspaso de Groenlandia entre Dinamarca y Estados Unidos. Las protestas de algunos de sus miembros europeos serán inútiles en la medida en que no van a declararle la guerra a Estados Unidos, como tampoco van a declararle la guerra a Rusia.
La alianza AUKUS –entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos– tampoco logrará sobrevivir a la repartición del mundo.
También está llamada a desaparecer la Unión Europea. El show de Ursula von der Leyen con la firma del acuerdo de libre comercio UE-MERCOSUR sólo precipita su caída: los pueblos de Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría acaban de darse cuenta de que esa burocracia no defiende sus intereses, sino que sacrifica sus campesinos a las necesidades de la industria alemana.
Varias estructuras se encargarán del relevo: la Fuerza Expedicionaria Inter-ejércitos (JEF o Joint Expeditionary Force), una OTAN en miniatura encabezada por el Reino Unido, en la que se cuentan Dinamarca, Finlandia, Estonia, Islandia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Suecia y Noruega. Es probable que Ucrania se una a esa fuerza, mientras que Islandia se uniría a Estados Unidos –después de la cesión de Groenlandia. Al igual que Canadá y Groenlandia, Islandia se halla en la plataforma continental norteamericana, lo cual explica el “apetito” estadounidense.
Por su parte, Bulgaria, Finlandia, Letonia, Lituania, Polonia y Suecia ya han conformado una “alianza del frente oriental”, pero no parece seguro que esa nueva organización logre mantenerse ya que carece de presupuesto y de secretariado.
Esas alianzas militares estarán “emparejadas” con coaliciones políticas, siguiendo el modelo de la Unión Europea y la OTAN. La principal est la “Iniciativa de los Tres Mares”, en la que ya se reúnen Austria, Bulgaria, Croacia, Estonia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania, Eslovaquia, Eslovenia y Chequia. Esta agrupación apunta a reeditar la medieval República de las Dos Naciones o el proyecto de la Federación Miedzymorze (Intermarium) del mariscal polaco Jozef Pilsudski (1867-1935), o sea crear una federación situada entre Alemania y Rusia. Se trata de un proyecto polaco, defendido por el presidente Karol Nawrocki, del partido Derecho y Justicia, mientras que el primer ministro polaco Donald Tusk, de la Coalición Cívica, milita por la “alianza del frente oriental”.
En el Medio Oriente, la rivalidad entre Arabia Saudita e Irán terminó gracias a la mediación china de 2023, pero se ha visto reemplazada por una rivalidad entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que ya se ha expresado en Yemen y en Sudán. Sauditas y emiratíes, que hace sólo 4 años eran los mejores amigos, hoy son rivales absolutos. Arabia Saudita trata formar una alianza con Pakistán, Turquía, Egipto y Somalia, mientras que Emiratos Árabes Unidos, que ya ha forjado alianzas militares con facciones sudanesas, libias y somalíes, se acercaría un poco más a Israel y trataría de atraer a Etiopía.
En África, la Alianza de los Estados del Sahel (AES) –Burkina Faso, Mali y Níger– es la única alianza militar regional y contaría con el apoyo de China y Rusia.
En América Latina, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) ha dejado de funcionar y se está formando, por el contrario, alrededor de Argentina y Chile, una coalición de países que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.
China, la India y Rusia mantienen la voluntad de preservar las Naciones Unidas. Sabiendo eso, el presidente estadounidense Donald Trump ha renunciado a abandonar la ONU. Es importante entender que gran parte de lo que la ONU había construido tendrá que desmantelarse para adaptarlo al derecho internacional. Porque, a pesar de lo que lo que solíamos creer, las Naciones Unidas no son el derecho internacional.
Thierry Meyssan
(Visto en https://www.voltairenet.org/)
CÓMO EL CIELO SE CONVIRTIÓ EN CAMPO DE BATALLA
Cada vez que miras al cielo y ves una nube, crees estar presenciando un acto de la naturaleza, un capricho de la atmósfera. Es una ilusión. Una de las mentiras más grandes y mejor guardadas, porque se esconde a plena vista.
Lo que te van a contar no es teoría. Es historia clasificada, hecha realidad. Es el momento cero en que el hombre dejó de ser un espectador del clima y se convirtió en su amo.
Durante la guerra de Vietnam, mientras el mundo estaba distraído con el conflicto en tierra, una operación secreta bautizada como "Popeye" estaba desatando el infierno desde los cielos. La mente maestra detrás de esta idea no era un estratega militar, sino el padre de la bomba de hidrógeno, Edward Teller. En colaboración con la Marina de EE. UU., el proyecto no buscaba bombas, sino el control absoluto de las rutas de suministro del enemigo.
¿Cómo? Sembrando las nubes de los monzones. Extendieron la temporada de lluvias, crearon inundaciones artificialmente y convirtieron la Ruta Ho Chi Minh en un río de lodo intransitable. No fue una táctica militar; fue la primera violación documentada del pacto entre la humanidad y los cielos. Fue la prueba de que el clima podía ser weaponizado.
Pero esa fue solo la primera chispa, la versión primitiva de una tecnología que hoy ha avanzado exponencialmente. Si en los años 70 podían intensificar las lluvias, ¿qué poderes de manipulación climática poseen ahora, casi 60 años después?
Piensa en las sequías devastadoras que arruinan cosechas enteras. En las inundaciones "históricas" que paralizan naciones. En los huracanes que parecen seguir patrones imposibles. Te han vendido la narrativa del "cambio climático" como una culpa colectiva, una cortina de humo perfecta para que nunca mires hacia arriba y cuestiones los aviones que siembran las nubes o las frecuencias que las modifican.
El clima ya no es un un fenómeno aleatorio. Es un arma de control geopolítico, una herramienta de guerra económica que puede someter a un país sin disparar un solo tiro. Y el primer paso para desarmar a un tirano es conocer su arsenal.
(https://t.me/Despertadordelamatrix/)
LAS CBDC, HERRAMIENTAS PARA EL SAQUEO LEGAL DE LOS CIUDADANOS
Una vez se acepte la moneda digital, podrán requisar tu dinero con cualquier excusa. Quizá una crisis, una guerra ... No importará. Tu dinero ya no será tuyo.
viernes, 30 de enero de 2026
EN DEFENSA DEL CO2 (1ª PARTE)
El anhídrido carbónico (CO2) es un gas consustancial a la atmósfera de nuestro planeta, y forma parte de ella desde hace miles de millones de años. El CO2 es también un gas esencial en la aparición y el desarrollo de la vida vegetal y, en general, de toda la vida orgánica terrestre.
1. No hay para tanto
Es cierto que ha habido un aumento de CO2 en el aire durante el transcurso del último siglo y que la actividad humana es probablemente la causante de ese incremento. Hace un siglo la concentración de CO2 en la atmósfera era de unas 300 partes por millón (ppm), es decir, un 0,030% del volumen total del aire, y ahora supera las 385 ppm, un 0,038%.
El planeta tiene unos 4.500 millones de existencia y su historia geológica se conoce más o menos bien desde hace unos 540 millones de años, desde el inicio del Cámbrico. Fue entonces cuando la evolución de la vida se aceleró en los océanos. Casi abruptamente, en lo que se llama la “explosión cámbrica”, se multiplicó el número de especies y se modificaron los tamaños y las formas corporales de los animales marinos. Según el valor central más probable calculado por el estudio Geocarb, podía haber entonces en el aire unas 7.500 ppm de CO2, una concentración veinte veces superior a la actual.
Más tarde, a mediados del Silúrico, hace unos 420 millones de años, ocurrió un fenómeno biológico fundamental: aparecieron las plantas con tallos rígidos hechos a base de una nueva sustancia orgánica, la lignina, que les daba el soporte estructural necesario para poder crecer en vertical. Crecieron los árboles, se desarrollaron los bosques y esa explosión de vida vegetal fue posible en una atmósfera bastante más caliente y húmeda que la actual, y con mucho más CO2, quizás con 4.000 ppm. El CO2 revelaba su naturaleza fundamental de combustible de la vida orgánica.
Después, la concentración de CO2 siguió disminuyendo, hasta llegar hace unos 300 millones de años a un nivel muy bajo, semejante al de ahora. La disminución se debió a que la formación de carbonatos en el mar y el enterramiento de vegetación muerta en pantanos, marismas, deltas y fondos marinos, no quedaba compensado por la emisión volcánica de CO2 al aire. Ese proceso ocurrió de forma especialmente intensa al final del período Carbonífero, cuando grandes cantidades de carbono orgánico quedaron confinadas en el subsuelo. Separado del aire, su falta de oxidación impedía su reconversión en CO2 y su reciclaje. Piensan algunos que la vida terrestre orgánica, tal como la conocemos, corrió entonces el peligro de extinguirse por la falta de esa materia prima esencial, el dióxido de carbono.
Pero al comienzo de la Era Secundaria, hace unos 250 millones de años, las cosas cambiaron. La progresiva partición de Pangea en diferentes islas y continentes originó una gran actividad volcánica y por los conos y las grietas tectónicas salieron al aire grandes cantidades de CO2. Se intensificó la fotosíntesis, proceso en el que la luz suministra la energía necesaria para que juntos, el CO2 y el agua, creen la materia vital, la materia orgánica.
Aprovechándose de una vegetación lujuriante, crecieron y proliferaron de polo a polo los dinosaurios. Un clima más uniforme entre las latitudes altas y bajas, más húmedo y más cálido, les facilitó la vida durante decenas de millones de años a aquellos grandes comilones. El Jurásico, con una concentración probable de CO2 de 2.000 ppm, fue su mejor época.
Después, hace unos 66 millones de años, por causa del choque de un asteroide o de masivas erupciones volcánicas, se trastocó de nuevo el clima terrestre. Comenzó la Era Terciaria. Al principio empezó caliente pero a lo largo de ella el aire se fue enfriando. Primero aparecieron los hielos perennes de la Antártida, hace unos 35 millones de años, luego los de Groenlandia, hace unos 15. Debido al enfriamiento y a una cubierta vegetal más pobre, los mamíferos, más austeros que los dinosaurios, nos hicimos los amos del planeta.
En los comienzos del Terciario, los niveles de CO2 eran dos o tres veces superiores a los actuales, pero fueron disminuyendo hasta llegar, hace 2 millones de años, al triste y frío Cuaternario, durante el cual la concentración ha oscilado entre unas 200 y 300 ppm, con glaciaciones siempre al acecho y períodos interglaciales más breves con temperaturas más suaves.
Durante los períodos más fríos del Cuaternario, en las glaciaciones, grandes mantos de hielo se acumulaban sobre grandes extensiones de Norteamérica y del norte de Europa y de Asia. Su color blanco reflejaba la luz solar y devolvía la radiación al espacio extraterrestre, intensificando el enfriamiento. El frío llegaba a todas partes. La concentración de CO2 en la atmósfera bajaba a unas 200 ppm, cantidad casi insuficiente para sostener la vida arbórea sobre la superficie terrestre. En los breves milenios interglaciares subía casi hasta las 300 ppm, una concentración que nosotros hemos aumentado ya a las 385 ppm.
2 No envenena
El CO2 no es un contaminante. No es un gas tóxico ni venenoso. Cualquier aula cerrada llega a las 2.000 ppm al finalizar una clase y sin embargo profesores y alumnos salen indemnes cuando toca el timbre o la campana.
En nuestros pulmones la concentración suele alcanzar las 50.000 partes por millón, un 5% del aire que expiramos. Al cabo del día, cada uno de nosotros emitimos más de 1 kilogramo de CO2 al aire, parecido a lo que emite un coche en un recorrido de entre 5 y 10 kilómetros. Una emisión natural, ya que los alimentos que ingerimos, y que nuestras células queman, son el biocombustible que utilizamos para obtener energía y en la reacción se produce, como desecho, dióxido de carbono y agua.
El CO2, por lo tanto, no es un contaminante, ni local, ni regional, ni global. A pesar de ello, en casi toda información o discurso que trata sobre la contaminación se le suele acusar de serlo. También hay los que se quejan de que el CO2 está acabando con el oxígeno. Temen asfixiarse. Algo de razón llevan, pero bastante poca. Es cierto que en la combustión de carbono se pierde oxígeno del aire. Pero en la atmósfera libre la concentración volumétrica de oxígeno es de unas 210.000 ppm (un 21 %) y poco se nota lo que pueda robar el incremento de CO2, unas 100 ppm durante el último siglo.
Desde la invención del fuego, el hombre emite artificialmente CO2. Cualquier combustión consiste en la oxigenación de los átomos del carbono contenido en la paja, la madera, el estiércol, el carbón, el gas, la gasolina, el alcohol, o cualquier cosa susceptible de ser quemada. El resultado es calor, CO2 y agua. Por eso, una combustión limpia es aquélla en la que los desechos resultantes son eso: CO2 y agua. Como en la respiración humana.
Pero como los combustibles no son puros las reacciones de combustión no son tan limpias como para producir solamente CO2 y agua. Además de carbono, los combustibles contienen otros elementos y los procesos de combustión no son perfectos, sobre todo si se realizan a bajas temperaturas, como ocurre con la quema de estiércol, carbón o madera en millones de hogares pobres. Por eso, la emisión de CO2 muchas veces va unida a impurezas tóxicas como óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, partículas carbonáceas, dioxinas, etc.
No obstante, el progreso económico e industrial ha conseguido que los procesos de combustión para la obtención de energía sean cada vez más limpios y menos contaminantes. Las tres grandes ciudades más contaminadas de la Tierra son, según algunos índices, Nueva Delhi, Pekín y Bombay. La razón es que muchos de sus habitantes, pobres, queman combustibles de todo tipo, lo que pueden y como pueden, de forma ineficiente y sucia. Por el contrario, el aire de las ciudades de los países ricos mejora. El índice aglomerado de las emisiones de los seis contaminantes principales del aire se ha reducido en Estados Unidos a menos de la mitad desde 1970.
Finalmente, otra de las maldiciones atribuidas al CO2, es el de la acidificación del mar, lo que a su vez dañaría la formación de conchas y corales. Pero el asunto es muy polémico. Formaciones coralinas y animales marinos con conchas calizas los ha habido durante todo el Fanerozoico, en épocas más cálidas y con concentraciones de CO2 superiores a las actuales. Recientes investigaciones muestran un mayor desarrollo de cocolitóforos cuando aumenta la concentración de CO2. Para la vida y la proliferación coralina, un incremento del CO2 puede no ser perjudicial sino beneficioso, en tanto en cuanto el arrecife de coral es un complejo organismo vivo en el cual una concentración alta de CO2 probablemente lo fertiliza.
3 Más verde
El CO2 es un gas incoloro, invisible, a pesar de que cuando los medios nos hablan de él acompañan los textos con fotografías de chimeneas humeantes. El aumento atmosférico de CO2 resulta beneficioso para el desarrollo de la vegetación terrestre. De pintarlo con algún color, debería ser el verde.
En la fotosíntesis, gracias a la energía aportada por la luz solar, las plantas atrapan el dióxido de carbono del aire y el agua del suelo para formar hidratos de carbono y, por lo tanto, el aumento de CO2 potencia el crecimiento y la producción neta de biomasa. Una parte de estos hidratos de carbono vegetales (sintéticamente : CH2O) son oxidados de nuevo, en la respiración de las propias plantas y en la descomposición de la madera y de las hojas muertas por la acción de hongos y bacterias. El CO2 se escapa de nuevo al aire. Pero otra parte del carbono absorbido fotosintéticamente no es descompuesto, se integra en la vegetación o en el humus del suelo, y hace que vaya aumentando la materia orgánica terrestre.
Es fácil comprobarlo. A partir de mediciones de muestras tomadas directamente del aire se deduce que la concentración de carbono en la atmósfera aumenta de media unas 3 gigatoneladas cada año, aunque con una gran variabilidad interanual. Sin embargo, el cálculo de las emisiones humanas de carbono, contenido en el carbón, gas y petróleo quemado, supera las 6 gigatoneladas anuales. Por lo tanto, ni siquiera la mitad del carbono fósil emitido es retenido en la atmósfera, ya que gran parte del nuevo CO2 es absorbido por la nueva materia orgánica continental y oceánica y se integra de nuevo en el ciclo del carbono vivo.
Existen todavía, no obstante, muchas dudas sobre la localización de los sumideros actuales y sobre cómo se reparten entre los océanos y la vegetación esas 3 gigatoneladas de carbono anuales que no se quedan en la atmósfera. En este sentido, algunos cálculos indican que en el territorio de los Estados Unidos y de Canadá, el CO2 absorbido por el suelo y la vegetación es superior incluso a las emisiones antrópicas de CO2 que se producen en esos países. Otros cálculos más conservadores indican que la masa de CO2 absorbida por el territorio estadounidense es la tercera parte de la emitida: 0,5 gigatoneladas de carbono absorbido frente a 1’5 gigatoneladas de carbono emitido. Los cálculos para Europa indican que la nueva biomasa absorbe entre el 7 % y el 12 % de las emisiones.
En un tratado internacional de control de emisiones se debería tener en cuenta las emisiones netas, es decir, lo emitido menos lo absorbido, pero en este caso, los países con menos territorio quedarían en clara desventaja. Europa perdería.
Gracias a la absorción fotosintética del CO2 fósil que emitimos a la atmósfera, los modelos climáticos calculan un aumento de más de un 20 % de la producción vegetal cuando se duplique la concentración de CO2 en el aire. De esta forma, excluyendo la deforestación, el sumidero vegetal continental puede elevarse a 5 gigatoneladas de carbono anual en el año 2050, cifra casi semejante al total de las emisiones actuales.
La ventaja de una concentración alta de CO2, como lo saben en cualquier cultivo de invernadero, no es solamente la potenciación de la fotosíntesis. Ocurre también que los estomas de las hojas, los poros por donde respiran, tienden a cerrarse cuando aumenta el CO2 del aire. De esta forma, las plantas pierden también menos agua y la fotosíntesis se hace más eficiente. La menor necesidad de agua permite y permitirá una mayor desarrollo vegetativo en las regiones con problemas de aridez. Habrá probablemente también una mayor disponibilidad de agua para otros usos, pues, al haber una menor pérdida por transpiración vegetal, aumentará el agua de los suelos y los caudales de los ríos.
En definitiva, a pesar de la creencia extendida de que vivimos en un planeta cada vez más desértico y menos verde, la verdad es lo contrario: cada vez existe más biomasa en la superficie de la Tierra. Recientes estudios satelitarios lo ratifican. Otra cosa es que, en determinadas regiones, una tala abusiva para obtener madera, o una quema de selva para obtener tierras de cultivo, produzca calvas. La agricultura tradicional de rozas hace estragos. Haití es el ejemplo más sangrante.
Antón Uriarte Cantolalla
(Visto en https://www.ingeba.org/)
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