domingo, 9 de agosto de 2026

SIN SEPARACIÓN DE PODERES NO HAY DEMOCRACIA QUE VALGA



La separación de poderes en España es un espejismo. Oficialmente, la Constitución Española establece una división de poderes, pero, en la práctica, la elección de los órganos de gobierno por parte de los partidos políticos difumina dicha separación.

En España existen tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

El Poder Ejecutivo lo compone el Gobierno. Su función principal es dirigir la política nacional e internacional, administrar los recursos públicos y hacer cumplir las leyes.

El Poder Legislativo es el órgano del Estado encargado de crear, modificar y derogar las leyes. Además, tiene la responsabilidad de aprobar los presupuestos generales del Estado y controlar al Gobierno. Este poder reside en el Congreso de los Diputados y el Senado.

El Poder Judicial lo compone un conjunto de juzgados y tribunales integrados exclusivamente por jueces y magistrados. Su estructura y organización principal incluye: el Tribunal Supremo, la Audiencia Nacional, los Tribunales Superiores de Justicia, las Audiencias Provinciales y los Juzgados.

Ahora bien, ¿hay una verdadera separación de poderes en España? ¿Existe un indiscutible mecanismo de control hacia los poderes públicos?

Y lo que es más importante: ¿tenemos garantizados nuestros derechos y libertades?

Pues me temo que no hace falta ser un experto en Derecho Constitucional para darse cuenta que ni hay separación efectiva de poderes ni garantías constitucionales de nuestros derechos y libertades, ya que los supuestos mecanismos de control, que debieran supeditar a unos y a otros poderes, son una falacia: a efectos prácticos, controladores y controlados son los mismos.

En España, el Poder Legislativo y Judicial dependen del Ejecutivo. Decía Montesquieu, que la separación de poderes debería limitar y controlar el ejercicio del gobierno. Sin embargo, en España no sólo no es así, sino que más bien es todo lo contrario. Es decir, es el Poder Ejecutivo quien influye en la composición de los otros dos poderes.

El Poder Legislativo, el que crea las leyes en el Congreso de los Diputados y el Senado, está compuesto por partidos políticos votados en unas elecciones. Por lo tanto, el Poder Legislativo es principalmente una representación del Poder Ejecutivo. Y de cara a aplicar e interpretar las leyes, el Poder Judicial es en parte también dependiente del Ejecutivo y Legislativo. Así se puede comprobar en la composición de los dos órganos judiciales principales.

Tenemos el Tribunal Supremo, que es el órgano de gobierno de los jueces. Está compuesto por el Presidente (que a su vez lo es también del Consejo General del Poder Judicial), 5 Presidentes de Sala y 74 Magistrados. ¿Y quién elige a esos magistrados? Pues el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). ¿Y quién compone el CGPJ? 12 Jueces o Magistrados (6 elegidos por el Congreso y 6 por el Senado), más 8 juristas (4 elegidos por el Congreso y 4 por el Senado).

Y con el Tribunal Constitucional pasa tres cuartos de lo mismo. También está compuesto por 12 miembros nombrados por el Rey. De ellos, 4 a propuesta del Congreso y 4 del Senado.

En resumen, la misma mayoría parlamentaria controla el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial a través de una gran influencia en la elección y composición de los miembros de los distintos órganos. Por lo tanto, nuestro actual marco constitucional impide la total autonomía del Poder Judicial, algo imprescindible para garantizar la separación de poderes y la igualdad de todas las personas ante la ley.

Y ahora veamos de dónde sale esa mayoría parlamentaria y qué autonomía real tiene a la hora de decidir.

Como sabemos, en España existe un sistema de partidos que se presentan a las elecciones en listas cerradas elaboradas, generalmente, por el dirigente de cada partido. Una vez celebradas las elecciones, los elegidos conforman el Congreso y el Senado. Ellos son los encargados de elegir al Presidente del Gobierno que, obviamente, siempre (o casi siempre) es el líder del partido más votado. Y como los partidos se deben a la disciplina de voto, los diputados y senadores siempre votan lo que ordena el presidente de su partido. Y aquí lo tenemos: en España, el Presidente del Gobierno tiene unos poderes casi ilimitados. Por consiguiente, España sigue siendo una dictadura en toda regla disfrazada de democracia.

Dicho esto, no hay duda de que en España la división de poderes existe únicamente sobre el papel. Para que haya plena separación de poderes, los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial deben recaer sobre diferentes personas o entidades. Porque, ¿cómo va haber separación de poderes si recaen sobre las mismas personas o entidades?

La distancia entre los poderes disminuyó drásticamente el día en que el PP y PSOE se pusieron de acuerdo para establecer un sistema privilegiado de puertas giratorias, donde los jueces pueden ir a la política y volver sin problema alguno a la judicatura.

Respecto al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), la Constitución Española diseñó un sistema mixto para su composición, de forma que 8 vocales fuesen elegidos por los partidos (vía Parlamento) y otros 12 lo fuesen por los propios jueces. Pero, en 1985, el PSOE modificó el sistema y quedó establecido que los partidos elegirían a los 20 vocales.

¿Entiendes ahora por qué en España no hay una verdadera separación de poderes? Obviamente, si no hay separación de poderes eso significa que sólo hay un único poder. ¿Y cómo se le llama a eso donde sólo hay un único poder? Sí, acertaste, DICTADURA. Pues eso, señores, es lo que tenemos en España, por muchas milongas que nos cuenten sobre democracia y separación de poderes los políticos y la paniaguada prensa canallesca.

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

UN CAMINO SIN VUELTA ATRÁS


CUANDO LA PROPAGANDA BUENISTA CHOCA CON LA REALIDAD



Hace unos días La Cruz Roja retiró un vídeo promocional de 2016 titulado "El juego de la vida: La historia de Sharif" después de que el protagonista, Sharif Ahmadzai, un inmigrante afgano de 26 años, fuera arrestado en Atenas y acusado del asesinato de Elisabeth-Jane Ross, una trabajadora humanitaria escocesa de 38 años.

Su familia vive en Afganistán y él entró como inmigrante en Grecia. El gobierno griego le otorgó 150.000 euros en ayudas en menos de seis años. Asesinó a su víctima tras robarle todo lo que tenía. No es el único caso de un refugiado que "agradece" con un homicidio -particularmente de mujeres- la acogida

El vídeo contaba de forma empática y dramatizada el viaje del adolescente afgano llamado Sharif desde Afganistán hasta la isla de Lesbos presentando su travesía como "digna de una película de Hollywood".


El propio Ahmadzai colaboró en la producción del vídeo cuando tenía unos 15/16 años. Era un material de propaganda humanitaria típico de la época de la crisis migratoria.

Cuando salió a la luz que el acusado del asesinato de la voluntaria británica era precisamente el protagonista de ese vídeo, la Cruz Roja lo retiró de YouTube y de sus plataformas públicas.

Que curioso que el material de propaganda que sirvió para fabricar empatía se esfuma en cuanto el protagonista se convierte en el acusado de un crimen brutal.


Tengan en cuenta que durante años se ha utilizado la maquinaria humanitaria como Cruz Roja, ACNUR y ONG bien financiadas para construir un relato emocional que desactiva el pensamiento crítico.

Se selecciona una historia trágica, se anima, se dramatiza, se repite hasta que la opinión pública interioriza que cuestionar la inmigración masiva es "inhumano". Mientras tanto, las consecuencias reales como la inseguridad, la violencia o los crímenes se minimizan o se ocultan.

Y los autores de estos delitos son inmigrantes irregulares que van a ser
repartidos por toda la Península. Cuota de violadores para que toda Es-
paña se enriquezca culturalmente con los aportes de "nuestros niños".


(https://t.me/ElAdeptoIniciado/)

sábado, 8 de agosto de 2026

FAUCI, EL HOMBRE QUE ENCERRÓ AL MUNDO, ACORRALADO



Desde que se lanzó la incoherente narrativa Covid (una enfermedad respiratoria que se combatía evitando respirar, causada por un virus que jamás se aisló y cuya caracterización se decidió votando, cuya letalidad era menor que la de la gripe estacional, que solo era tenida en cuenta por la saturación producida por los "mass media" y que podías tener sin manifestar síntoma alguno) el nombre de Anthony Fauci destacó como principal propagandista de la supuestamente novedosa pandemia. Director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades de EE.UU. las medidas más extremas contra la enfermedad -mascarillas, distancia social, confinamientos, ...- fueron decididas o apoyadas por él.

Solo que sus notas personales reflejan una realidad mucho menos dramática que exageró hasta el paroxismo, y una cadena de circunstancias de lo más singular hacen que hoy el planeta esté informado de la gigantesca manipulación que puso en marcha.



La razón principal es que se han divulgado más de 1,000 páginas del diario personal de Fauci, notas que abarcan los años de la pandemia. Son notas personales que Fauci escribió para él durante la emergencia del Covid, sin intención de publicarlas.

Y el error o detalle, fue que éste las escribió en servidores del Departamento de Salud, lo que las convierte en propiedad del gobierno, y esa fue la razón por la que fueron publicadas.

Dichas notas datan desde diciembre 2019, y las mismas contradicen todo lo que Fauci decía públicamente en ese momento.


Por ejemplo, en enero 2020 ya sabía que el mercado de Wuhan no era de donde salió el patógeno, sino del laboratorio de investigaciones biológicas de dicha ciudad, donde, financiado por el NIH principalmente a través del NIAID, la agencia que Fauci dirigía, se trabajaba en la ganancia de función del virus, es decir, en hacerlo más transmisible.

En las notas marzo 2020 escribió sobre la efectividad hidroxicloroquina e incluso considera sugerir un protocolo para la distribución de este medicamento. Sin embargo, poco después le negó toda eficacia para apostar por las improvisadas "vacunas" en marcha, en realidad, terapias génicas experimentales sin garantías y absolutamente ineficaces, como reconoce una de las notas de Fauci, correspondiente al 13 de agosto 2022: "Tuvimos que detener a los CDC para que no reconocieran que las vacunas del COVID ni detenían la transmisión ni eran efectivas en modo alguno".


En privado decía que el COVID se comportaba como un “caso grave de gripe” con una tasa de letalidad 0.2-0.3% y en público decía que la tasa de letalidad era 2-3%. Y en todo este proceso se hizo millonario. Mientras nos cerraron los parques, los gimnasios, las iglesias, incluso las playas, los Walmarts, los estancos y las licorerías quedaron abiertos. No hay que ser un genio para darse cuenta de que algo no cuadraba.


Censuraron a médicos que disentían de la narrativa de Fauci, mientras los medios mentían hablando de un consenso científico sin fisuras.

Pequeños negocios cerraron, mucha gente perdió sus trabajos, se dispararon los suicidios y las adicciones. Arrestaron gente por ir a la playa, pero a las protestas de Black Lives Matter los expertos le dieron la bendición por que protestar es un derecho.

Cuando el 27 de julio de 2020 un grupo de médicos llamado 'America's Frontline Doctors' dieron una conferencia de prensa frente a las escalinatas de la Corte Suprema hablando de los tratamientos con los que ellos estaban curando a sus pacientes no pasaron 24 hrs que tumbaron el video de las redes sociales.


Las decisiones de Fauci no fueron fruto del error. Fueron deliberadas. Fauci mintió sobre el origen del virus. Él sabía que había salido del laboratorio porque él mismo estaba financiando "gain of function" en China. Mintió sobre la letalidad del virus. Mintió sobre el uso de la mascarilla. La regla de los dos metros de distancia, literalmente, fue un invento y admitió que no habían estudios ni tenía base científica que la respaldara. Presionó para que censuraran los médicos que estaban en contra de su narrativa como por ejemplo hizo con los tres epidemiólogos autores de la Declaración de Barrington.

Pese a la exposición pública de sus maquinaciones, al ser convocado el pasado 29 de julio por una comisión del Senado para analizar su gestión se negó a contestar a ninguna pregunta, amparándose en la Quinta Enmienda de la Constitución norteamericana, por la que cualquiera puede no declarar para evitar autoincriminarse.



Su actitud ha llevado a que el pasado jueves fuera declarado en desacato al Congreso, lo que abre la puerta a un procesamiento penal.

Si éste finalmente se produjera asistiríamos a una intensa batalla legal, ya que Fauci recibió un indulto preventivo del expresidente Joe Biden por todas sus acciones desde 2014 hasta enero de 2025 justo antes del traspaso de poderes a Trump. El alcance de esa singular medida podría no blindar al ex-responsable de salud en base a varios argumentos, que van desde el hecho de que su implicación en las investigaciones de ganancia de función empezaron antes de 2014 hasta el hecho de que la firma presidencial probablemente fue automatizada por un robot y no sería, como prescribe la ley, manuscrita, pasando por el hecho de que el perdón es por crímenes contra el pueblo americano, pero siendo que afectó no solamente a USA, sino a todo el mundo, dado que el personaje era la "referencia científica" sus crímenes deberían catalogarse como crímenes contra la humanidad.

Anthony Fauci destinó millones de dólares de los contribuyentes estadounidenses a financiar peligrosas investigaciones de ganancia de función en el laboratorio de Wuhan; colaboró con la Comunidad de Inteligencia para suprimir la verdad sobre sus acciones y ocultar el origen de la fuga del virus del laboratorio; y mintió al Congreso bajo juramento en 2024. Su conducta criminal ha causado un daño a la humanidad imposible de cuantificar. Tal como declaró Robert Kennedy Jr.:

"Según la ley federal, él (Fauci) tuvo que eliminar la ivermectina y la hidroxicloroquina porque no se puede dar autorización de uso de emergencia a una vacuna si hay un medicamento aprobado para cualquier propósito que se haya demostrado que es eficaz contra la enfermedad en cuestión".

"Hay alrededor de 285 estudios que muestran que la ivermectina y la hidroxicloroquina redujeron colectivamente las estadías hospitalarias en un 80%, redujeron las muertes en un 80%. El 80% de las personas que murieron por COVID en este país hubieran sobrevivido correctamente tratadas".

"Sabes, en este país usamos remdesivir y tuvimos el monopolio durante el primer año porque convenció a Trump de que comprara el 100% de los suministros. Bueno, esa es una de las razones por las que tuvimos la mayor cantidad de muertes. Porque la muerte por remdesivir se parece a la muerte por COVID. Es insuficiencia renal. Es edema pulmonar. Todas las cosas que hace el COVID para matarte, el remdesivir también las hace. Así que nadie lo sabía".


"Estados Unidos tiene el cuatro coma dos por ciento de la población mundial y el veinte por ciento de las muertes por COVID del mundo. Tenemos el recuento de cadáveres más alto de cualquier país del mundo".

Queda por ver qué va a hacer la Justicia ahora que la narrativa que Fauci creó se ha derrumbado.


(https://t.me/DraNataliaPrego/)

COLAPSO DE CEUTA: AL GOBIERNO DE PEDRO SÁNCHEZ SE LE CAE EL RELATO DE LAS MANOS



Resuelta una de las grandes preguntas que han quitando el sueño a los españoles
durante décadas: ¿qué tiene que pasar para que despidan a un funcionario? Ahora
sabemos la respuesta: que informe con transparencia y veracidad. A nuestros go-
bernantes la verdad les repele más que el ajo a los vampiros

El Departamento de Seguridad Nacional se vio obligado a republicar de urgencia las actas borradas sobre el colapso de Ceuta tras ser descubierto su borrado masivo.

Esta restitución a la desesperada no limpia la maniobra, sino que constata la mala fe de la Moncloa al intentar destruir el rastro documental que desmonta su propaganda.

Pretenden hacer desaparecer los balances reales justo cuando la Audiencia Nacional avanza por la vía penal exigiendo dichos informes.


Manipular repositorios oficiales y devolver los archivos solo al verse señalados retrata el pánico de un Ejecutivo acorralado que busca la ocultación sistemática de pruebas.

Conclusión: Este borrado y posterior devolución forzada de archivos podría constituir un delito de obstrucción a la justicia y destrucción de pruebas en plena investigación judicial de la Audiencia Nacional.

Utilizar un organismo clave de la Presidencia del Gobierno para manipular registros públicos constata un comportamiento criminal que busca blindar la impunidad penal del sanchismo ante la capitulación de la frontera sur y quiebra la legalidad del Estado de derecho.

(Fuente: https://x.com/)

Entretanto, la TV que pagamos todos sigue manipulando los sucesos de Ceuta para justificar la vergonzosa recompensa a quienes vulneran nuestras fronteras y seguir fomentando la sustitución étnica de los españoles. Raro es que aún no hayan pretendido culpabilizarnos reeditando la imagen del ahogado Aylán en versión ceutí. El país con mayor tasa de pobreza infantil de Europa sigue asumiendo que tiene que ser la guardería de Marruecos. El asalto a nuestra frontera nos ha costado 25 millones de euros solo en dar cobijo a los que se declaran menas sin que nadie compruebe si sin menores o "menancianos". ¿Cuánto nos va a costar la invasión del próximo fin de semana?



Es de chiste: somos un país que lleva tres años sin aprobar presupuestos generales del estado y cuyos gastos los determinan las iniciativas expansionistas de Mohamed VI, alias "Priscila VIH".



Lo de devolvérselos a sus padres me imagino que ni se plantea. ¿A nadie le
resulta sospechoso este afán por adueñarse de los niños ajenos?

¿COMO ES VIVIR AL LADO DE UN CENTRO DE DATOS?



Estos centros de datos registran un promedio constante de 85 dBA (decibelios). La EPA señala que los seres humanos pueden tolerar niveles de entre 50 y 60 dBA. Una exposición a 85 dBA durante más de 8 horas al día provoca pérdida auditiva y daños en el sistema nervioso central tanto en humanos como en animales.

Los ventiladores y enfriadores emiten un ruido e infrasonido de baja frecuencia (menos de 20 Hz) que se propaga a largas distancias, penetra fácilmente las paredes y se registra por debajo de los límites de decibelios ponderados A estándar establecidos por la comunidad.

La exposición constante a niveles superiores a 85 dBA sin protección daña las células ciliadas del oído interno. El ruido ambiental constante, presente las 24 horas del día, los 7 días de la semana, provoca picos de cortisol, eleva la presión arterial, causa privación severa del sueño y aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas. La fauna silvestre y el ganado sufren estrés crónico ...

(https://t.me/guerrerosestoicos/)

viernes, 7 de agosto de 2026

¿ESTÁ LLEGANDO A SU FIN LA LIBERTAD EN EUROPA?



En 2026, 333 millones de europeos (más que toda la población de Estados Unidos) han caído en la pobreza energética, un eufemismo que no puede ocultar el crudo sufrimiento humano que describe, un término burocrático que edulcora los gritos de las familias que ven cómo sus vidas se desmoronan pieza a pieza.

Desde 2021, los costes de los servicios públicos se han disparado un 47 %, mientras que los salarios se estancan en una cruel aritmética que reduce a las familias a la penuria. Las cifras no mienten, aunque los gobiernos sí lo hagan. Detrás de cada punto porcentual hay un ser humano con un nombre, con recuerdos, con hijos que preguntan por qué no funciona la calefacción. Detrás de cada dato se esconde una tragedia que las estadísticas no pueden captar: el sonido de dientes castañeando bajo mantas finas, el olor de velas baratas que se consumen hasta desaparecer, el silencio de un hogar donde la conversación se ha detenido porque hablar requiere una energía que los cuerpos hambrientos no pueden permitirse.


Fíjate en estas cifras y ten en cuenta que representan a personas de carne y hueso. En Grecia, el 40 % de los hogares se enfrenta ahora a la elección imposible entre calentarse o comer, una estadística que se traduce en abuelas que se envuelven en periódicos, en niños que hacen los deberes a la luz de una vela, en padres que se saltan comidas para que sus hijos puedan estar calentitos una noche más. El invierno griego de 2026 trajo temperaturas que bajaron hasta los -8 °C en regiones donde el aislamiento sigue siendo un lujo, donde las familias se apiñan en habitaciones individuales con toda la ropa que poseen, donde la decisión de encender la calefacción durante una hora significa saltarse la cena durante tres días.

Alemania, que en su día fue el titán industrial de Europa, pierde ahora 15 000 puestos de trabajo en el sector manufacturero cada trimestre, y sus fábricas se apagan como estrellas moribundas. El valle del Rin, que durante generaciones bullía de actividad productiva, ahora resuena con los pasos de los trabajadores que cargan cajas con sus efectos personales, de los guardias de seguridad que cierran con llave puertas que quizá nunca vuelvan a abrirse, de las comunidades que ven cómo su razón de ser se desvanece como agua en tierra agrietada. Las facturas de energía superan ahora en un 23 % los pagos de alquiler en doce Estados miembros, un vuelco de la realidad económica que destroza a las familias antes incluso de que empiecen, que garantiza que los pobres sigan siendo pobres y que la clase media se sume a su caída.


En Portugal, las personas mayores han empezado a recoger leña en los parques públicos, arriesgándose a recibir multas y a ser detenidas para conseguir el calor que sus pensiones no pueden pagar. En Polonia, las redes de delincuencia organizada controlan ahora el mercado negro del carbón, vendiendo un producto de mala calidad a precios desorbitados a familias desesperadas que saben que quemar madera tratada libera toxinas, pero prefieren el veneno antes que pasar frío. La Comisión Europea califica estas tendencias como «ajustes del mercado energético», como si describiera la migración de las aves en lugar del colapso de la dignidad humana.

Pero el estrangulamiento económico no es más que el preludio de una destrucción aún más generalizada. Basta con entrar en cualquier supermercado de Milán después de las 19:00 para ser testigo de la nueva normalidad: estanterías vacías donde antes abundaban productos frescos, guardias de seguridad que controlan las compras de aceite de cocina como si estuvieran custodiando reservas de oro, ancianas que lloran en silencio junto a los cajones de ofertas, donde las verduras magulladas esperan a que alguien se atreva a llevárselas. La Italia que exportó la cultura culinaria al mundo ahora importa el 60 % de sus cereales de países que consideran los alimentos como una palanca geopolítica, como un arma más eficaz que cualquier misil.


Desde 2020, los precios de los cereales se han disparado un 89 % por encima de los índices oficiales de inflación, una divergencia que sugiere una manipulación más que la acción de las fuerzas del mercado, lo que indica que la «mano invisible» no es la de la economía, sino la del diseño. Los agricultores neerlandeses, cuyas familias han trabajado la misma tierra durante doce generaciones, se enfrentan a sacrificios obligatorios de ganado del 30 %; sus rebaños son destruidos, mientras que las emisiones del transporte marítimo industrial siguen estando convenientemente exentas de las normativas que destruyen sus medios de vida. La crisis del nitrógeno, según les dicen, exige sacrificios; sin embargo, el sacrificio recae siempre sobre los pequeños, nunca sobre los grandes; siempre sobre la mayoría, nunca sobre unos pocos.

Uno de cada cuatro niños europeos sufre actualmente inseguridad alimentaria, una expresión que no logra reflejar la mirada vacía de un niño de siete años que ha aprendido a no pedir más comida, que ha aprendido a ocultar el hambre tras una sonrisa, y que arrastrará hasta la edad adulta las secuelas del desarrollo derivadas de la desnutrición, que se manifestarán en forma de disminución de la función cognitiva, sistemas inmunitarios debilitados y una esperanza de vida más corta. No solo estamos empobreciendo el presente; estamos devorando el futuro, consumiendo a generaciones aún por nacer para alimentar el apetito insaciable de un sistema que exige un crecimiento perpetuo a partir de recursos finitos.

En Francia, el granero de la revolución, las panaderías cierran ahora días alternos porque los costes de la electricidad hacen imposible el funcionamiento continuo. El aroma del pan recién hecho, que antaño definía las mañanas francesas, se convierte en un lujo al alcance solo de quienes disponen de medios. En España, la cosecha de aceitunas de 2025 fracasó de forma catastrófica, no por la sequía como se informó oficialmente, sino por una combinación de la escasez de fertilizantes provocada por las políticas y el abandono de las explotaciones agrícolas que las familias ya no podían permitirse mantener. Los árboles que sobrevivieron a las invasiones romanas y a las conquistas moras mueren ahora a causa de las hojas de cálculo, de las normativas, de las frías matemáticas de una economía globalizada que valora la eficiencia por encima de la existencia.

Este patrón trasciende la incompetencia. Revela una intención. En el invierno de 2023, tres lunas de sangre aparecieron en los cielos europeos, una alineación celestial que los calendarios agrícolas han asociado con la hambruna desde la época babilónica, y que los manuscritos medievales relacionaban con períodos de profunda transformación y agitación. Cada uno de estos fenómenos coincidió con importantes anuncios políticos: restricciones de nitrógeno en la agricultura que redujeron la producción de forma deliberada; marcos normativos sobre monedas digitales que prometían comodidad a cambio de vigilancia; y la expansión de la identificación biométrica, que normalizó el escaneo de los cuerpos humanos como si fuéramos existencias en un inventario en lugar de almas.

Los observadores actuales descartan estas correlaciones como supersticiones, como intentos primitivos de explicar fenómenos que la ciencia ya comprende. Sin embargo, la sincronización desafía la probabilidad, desafía la coincidencia, desafía las explicaciones tranquilizadoras que permiten dormir por las noches. La cuarta luna de sangre de 2024 marcó el inicio de las pruebas con dinero programable en doce Estados miembros: una moneda que caduca si no se gasta según criterios algorítmicos, una riqueza que solo existe a voluntad de sistemas invisibles, unos ahorros que pueden congelarse, redirigirse o borrarse con solo pulsar una tecla burocrática.

La sabiduría ancestral advertía que, cuando la luna llora sangre cuatro veces seguidas, las manos ocultas se revelan. Y así ha sido. No como conspiradores en salas llenas de humo (esa imagen solo sirve para desacreditar), sino como algo mucho más aterrador: un consenso entre los poderosos de que las masas deben ser gestionadas, deben ser reducidas, deben ser sometidas mediante mecanismos que parecen naturales, parecen inevitables, parecen las consecuencias desafortunadas pero necesarias del progreso y la supervivencia planetaria.

Bajo la gobernanza visible, opera una arquitectura paralela con una precisión matemática que impresionaría a cualquier ingeniero. Los sistemas de identificación digital han llegado al 89 % de la población, recopilando datos biométricos a una velocidad sin precedentes: huellas dactilares, patrones del iris, geometría facial, análisis de la marcha, firmas de voz. El propio cuerpo humano se ha convertido en la contraseña, la llave, el identificador que no se puede olvidar ni robar porque es inseparable de la persona. Doce países llevan a cabo actualmente proyectos piloto de moneda digital del banco central, y en tres de ellos (Suecia, Finlandia y Países Bajos) las transacciones en efectivo que superan unos umbrales mínimos se han tipificado efectivamente como delito, lo que obliga a participar en sistemas que registran cada intercambio, cada preferencia, cada relación.

El europeo medio aparece en las cámaras de vigilancia 300 veces al día, una densidad de una lente por cada trece ciudadanos que hace que la privacidad quede obsoleta, que garantiza que los vigilados interioricen la mirada, que transforma a los ciudadanos libres en sujetos que se autocontrolan y que ya no necesitan control externo porque han construido la prisión dentro de sus propias mentes. Las arquitecturas de crédito social han pasado de la teoría a la práctica; tu huella de carbono, tu estado de vacunación, tu opinión en las redes sociales y tu expresión política determinan ahora el acceso a la vivienda, los viajes, la banca y el empleo de formas que los periódicos solo informan a posteriori, solo cuando la resistencia se ha vuelto imposible.


En China, el sistema era explícito, manifiesto y reconocido. En Europa, llega envuelto en la sostenibilidad, en la salud pública, en la seguridad, en el lenguaje del cuidado y la protección que desarma a la oposición, porque ¿quién puede oponerse a la seguridad, a la salud, al planeta? Sin embargo, el resultado es el mismo: el individuo subordinado al colectivo, el colectivo definido por algoritmos, los algoritmos controlados por entidades que no rinden cuentas ante ningún electorado, ningún grupo de interés, ningún ser humano en absoluto.

La ocupación psicológica resulta tan devastadora como la material, quizá más, porque ataca la voluntad de resistir antes de que la resistencia pueda formarse. Las recetas de medicamentos para la salud mental han aumentado un 340 % desde que la saturación de los teléfonos inteligentes alcanzó una masa crítica en 2015, y la curva de consumo coincide con la curva de adopción con coeficientes de correlación que los estadísticos no pueden ignorar. Las tasas de suicidio juvenil en los países con un alto nivel de vigilancia superan ahora a las de países que se están recuperando de una guerra activa, lo que sugiere que la destrucción de la privacidad y la autonomía mata con mayor eficacia que las bombas.

La capacidad de atención humana se ha reducido en un 67 % desde 2010, precisamente cuando las plataformas sociales alcanzaron su dominio; una destrucción cognitiva que impide la concentración, la resistencia y la esperanza, al garantizar que la población viva en una distracción perpetua, en fragmentos de participación demasiado breves para mantener un pensamiento coherente, demasiado dispersos para organizar una acción colectiva y demasiado fragmentados para recordar cómo se sentía la libertad antes de que llegaran los dispositivos para salvarnos del aburrimiento que ellos mismos fabricaron.

Cuando la supervivencia exige sortear laberintos burocráticos digitales que cambian cada semana, cuando el sustento exige el cumplimiento de protocolos que varían de forma impredecible, cuando la propia calidez pasa a depender de normas de comportamiento que nadie comprende del todo, la voluntad de libertad se atrofia como una extremidad en desuso. La memoria muscular de la libertad se desvanece. La imaginación de alternativas muere. La aceptación de la dominación se convierte no solo en algo práctico, sino también psicológico: una preferencia por la jaula conocida frente a la naturaleza salvaje desconocida.

Sin embargo, el espíritu humano persiste en espacios que escapan a toda medida, en grietas que los algoritmos no pueden sellar, en momentos que las cámaras no pueden capturar. En los pueblos rumanos donde la electricidad sigue siendo intermitente, las abuelas siguen colgando ajos para protegerse del mal de ojo y guían la siembra guiándose por las estrellas que sus antepasados bautizaron hace milenios, conservando así un conocimiento que precede en siglos al Estado-nación. Los pastores españoles se orientan por los puertos de montaña gracias a tradiciones orales que han sobrevivido a la ocupación romana, al dominio morisco, a la dictadura franquista y, ahora, a la colonización digital: un conocimiento que reside en los cuerpos más que en las bases de datos, en las relaciones más que en las redes, en los espacios entre las palabras más que en las propias palabras.

Estas prácticas representan lo que más temen los arquitectos del control: conexiones más profundas que los datos, lealtades más allá de la programación, almas que se resisten a la digitalización, comunidades que persisten a pesar de los sistemas que se les imponen, y no gracias a ellos. Cuando el pastor conoce la montaña sin GPS, cuando la abuela conoce la planta sin aplicación, cuando el niño conoce el cuento sin pantalla, el proyecto de la información total sigue incompleto, la visión de la gestión total sigue sin materializarse, el sueño del control total sigue frustrado por la obstinada persistencia de la vida orgánica.

Las lunas de sangre han pasado, pero su advertencia permanece grabada en la memoria, codificada en historias que sobreviven a pesar de los sistemas educativos diseñados para borrarlas. El control, una vez revelado, pierde su poder de persuasión. En el momento en que el prisionero reconoce la celda, los barrotes se vuelven insoportables. El alma europea, antigua y obstinada, recuerda la libertad incluso cuando se le enseña a olvidar, lleva consigo la memoria genética de la resistencia incluso cuando se la condiciona para la sumisión, conserva la capacidad de indignarse incluso cuando está adormecida por el entretenimiento y los fármacos.

La recuperación no requiere una revolución, sino una reconstrucción: la paciente reconstrucción de la escala humana frente al peso aplastante de la abstracción globalizada. Huertos comunitarios plantados desafiando las normas urbanísticas que imponen el césped en lugar de los cultivos alimentarios. Redes de trueque que operan al margen de la vigilancia fiscal, intercambiando huevos por pan, trabajo por enseñanza, cuidados por compañía. Niños a los que se les enseña a orientarse por las estrellas e identificar plantas comestibles junto con sus clases de programación, manteniendo competencias paralelas que garantizan la supervivencia cuando los sistemas fallan.

Cada acto de creación orgánica se opone al futuro mecanizado que nos han planeado. Cada conversación que se mantiene cara a cara, en lugar de a través de plataformas vigiladas, recupera territorio de manos de los ocupantes digitales. Cada comida cultivada en lugar de comprada, cada habilidad compartida en lugar de subcontratada, cada relación mantenida mediante la presencia en lugar de a través de un intermediario: todo ello constituye la insurgencia de lo real contra lo virtual, de lo biológico contra lo sintético, de lo humano contra la máquina.

Las estadísticas empeorarán antes de mejorar. El invierno de 2026-2027 promete ser el más duro en décadas, con unas previsiones meteorológicas que, sumadas al colapso económico, crearán las condiciones perfectas para una mortalidad masiva entre los más vulnerables. La escasez de alimentos se agravará a medida que el grano ucraniano siga bloqueado por el conflicto, que los experimentos de manipulación climática generen patrones meteorológicos impredecibles y que las cadenas de suministro, diseñadas para priorizar la eficiencia frente a la resiliencia, continúen su inevitable fragmentación. La vigilancia se intensificará a medida que la inteligencia artificial alcance capacidades que hagan obsoleta la discreción humana, que los algoritmos predictivos identifiquen la disidencia potencial antes de que se forme y que la prevención de delitos antes de que se cometan pase de la ficción a la política.

Sin embargo, la libertad perdura en silencio, más allá del alcance de las cámaras, en los espacios entre una transacción y otra, en los momentos de conexión auténtica que no pueden mercantilizarse ni controlarse. Solo espera el valor para reclamarla, el reconocimiento de que la seguridad comprada a cambio de libertad se convierte en su propia prisión, que la comodidad obtenida a través de sumisión se convierte en su propia tortura, que la supervivencia a costa de humanidad se convierte en su propia muerte.

Los artífices de este sistema creen haber tenido en cuenta todas las variables, haber modelado todos los resultados y haber predicho toda resistencia. No han tenido en cuenta el corazón humano, que persiste en amar a pesar de la traición, en esperar a pesar de las pruebas, en luchar a pesar de la certeza de la derrota. No han modelado el momento en que una madre, al ver a su hijo temblar, decide que la sumisión cuesta más que la resistencia. No han predicho la cascada que se produce cuando un número suficiente de personas hace este cálculo simultáneamente, cuando la ilusión del consentimiento se desvanece, cuando la maquinaria del control se topa con el objeto inamovible de la dignidad humana.

Las lunas de sangre han pasado, pero volverán. Las manos ocultas se han revelado, y en esa revelación reside nuestra oportunidad. Pues el poder que opera en la sombra depende de la aquiescencia de los ignorantes; el poder expuesto a la luz invita a la resistencia de los informados. Ya no somos ignorantes. La pregunta que queda es si actuaremos en base a nuestro conocimiento, si pagaremos el precio que exige la libertad, si reclamaremos la libertad que es nuestro derecho innato o si la cederemos para siempre a cambio del calor temporal de las cadenas.

La elección sigue siendo nuestra, mientras la elección siga siendo posible. La ventana se va estrechando con cada estación que pasa, cada nueva normativa, cada medida adicional de vigilancia. El futuro que se está construyendo a nuestro alrededor no es inevitable; lo están construyendo manos humanas que podrían ser detenidas por otras manos humanas. Pero detenerlo requiere reconocimiento, requiere valor, requiere un sacrificio que a quienes viven cómodos les resulta difícil de contemplar y a los desesperados les resulta imposible de evitar.

Al fin y al cabo, la pregunta es sencilla: ¿viviremos como hombres y mujeres, con todo el riesgo y la responsabilidad que conlleva la libertad, o existiremos como recursos gestionados, con toda la seguridad y la servidumbre que proporciona la sumisión? La respuesta determinará no solo nuestro propio destino, sino también la trayectoria de la civilización humana durante los siglos venideros. Las lunas de sangre observan y esperan. La historia contiene la respiración. Se acerca el momento de la decisión y, con él, el ajuste de cuentas que la justicia retrasada siempre exige.

Milan Adams
(Fuente: https://preppgroup.home.blog/; visto en https://es.sott.net/)