viernes, 19 de junio de 2026

LA PAZ QUE NADIE GANÓ: LO QUE EL ACUERDO ENTRE TRUMP E IRÁN REVELA SOBRE EL MUNDO QUE VIENE



Ciento once días después del disparo del disparo de Sarajevo sobre el Golfo Pérsico, la guerra entre Estados Unidos e Irán tiene un acuerdo sobre la mesa y un Estrecho que vuelve a abrirse. Trump lo llama victoria total. Teherán lo llama derrota definitiva del agresor. Ambos mienten a medias, que es la forma más eficaz de mentir.

Lo ocurrido desde el 28 de febrero no tiene precedentes en la historia reciente: la mayor perturbación energética desde las crisis del petróleo de los años setenta, el primer hundimiento por torpedo de un buque enemigo desde la Segunda Guerra Mundial, el asesinato del líder supremo de una potencia regional junto a su familia entera, y la instalación de una dinastía teocrática bajo el fuego de los misiles que pretendían derribarla. Al final, el acuerdo llegó mediado por Pakistán y Qatar, firmado electrónicamente un domingo y con ceremonia formal prevista para hoy en Ginebra. Una página y media de texto que nadie ha visto en su integridad. Ese documento de página y media es, hoy, el espejo más revelador del orden mundial que emerge de las ruinas.

Lo que el acuerdo dice y lo que calla

El memorando incluye la posibilidad de desbloquear los fondos iraníes congelados, suavizar las sanciones y crear un fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán, todo ello condicionado al cumplimiento de una serie de objetivos por parte de Teherán. El vicepresidente JD Vance encabezará las negociaciones técnicas por Estados Unidos, que comenzarán tras la ceremonia de firma en Ginebra.

Pero ya en las primeras horas tras el anuncio las versiones divergían con elocuencia. Trump aseguró a periodistas que el acuerdo garantiza un Ormuz "libre de peajes de forma permanente." Teherán asegura lo contrario: el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, reiteró que Irán cobrará tasas por servicios de seguridad y medioambiente en el estrecho, aunque sin especificar la cantidad.

Dos países, un mismo acuerdo de página y media, dos realidades incompatibles. Esto no es un malentendido diplomático: es la arquitectura deliberada de un documento diseñado para que cada parte pueda venderlo como victoria en casa.

El primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif, mediador clave, anunció el acuerdo marco tras 107 días de guerra. El memorando representaría el mayor avance diplomático del conflicto y daría tiempo para negociar sobre las cuestiones nucleares pendientes durante los próximos 60 días. Sin embargo, el propio texto deja las cuestiones nucleares abiertas para esas negociaciones futuras. Lo que Trump prometió como objetivo central de la guerra -que Irán "nunca tendrá armas nucleares"- no está resuelto en el acuerdo que presenta como su mayor victoria.

El texto, de apenas página y media, servirá como base para las negociaciones técnicas. Funcionarios de ambos países señalaron que el acuerdo puede traducirse en beneficios económicos para Irán como el levantamiento de sanciones, el desbloqueo de activos retenidos en el extranjero y la creación de un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares respaldado por aliados del Golfo. Es decir: los mismos emiratos que sufrieron más de mil misiles y drones iraníes durante el conflicto financiarán ahora la reconstrucción del país que los disparó. La lógica transaccional ha devorado cualquier otra consideración.

El problema israelí: la parte que no firma la paz

El elemento más explosivo del acuerdo es lo que no contiene: Israel. Israel se unió a Estados Unidos en el lanzamiento de la guerra el 28 de febrero, pero no forma parte del acuerdo. Netanyahu aceptó a regañadientes el entendimiento pero dejó en claro que sus propios objetivos no están satisfechos. "Hemos establecido amplias zonas de seguridad alrededor del Estado de Israel -en Líbano, Siria y Gaza- y permaneceremos en ellas todo el tiempo que sea necesario", insistió el primer ministro, reconociendo sus roces con Trump.

Esos roces quedaron expuestos sin filtros. Trump criticó con dureza a Netanyahu después de los bombardeos sobre Beirut: "¿Por qué demonios Bibi tuvo que lanzar ese ataque? Estaba muy enfadado. Se lo hice saber. No tiene ningún criterio", le confió el presidente al periodista de Axios Barak Ravid. El bombardeo israelí de los suburbios del sur de Beirut el domingo casi descarriló las negociaciones, y un ataque anterior llevó a Irán a disparar contra Israel y a Israel a responder con fuego.

La contradicción estructural es esta: Trump negoció la paz con Irán mientras su aliado continuaba bombardeando el Líbano y declaraba que permanecería "indefinidamente" en los territorios que ocupa en ese país, en Siria y en Gaza. El canciller iraní Araghchi lo formuló con precisión desde el G7: cualquier ataque israelí contra el Líbano o la presencia continuada en territorio libanés a partir de ahora constituiría una violación del acuerdo. Es decir, Irán vinculó la validez del pacto a la conducta de un actor -Israel- que no lo firmó y que no tiene ninguna obligación formal de respetarlo.

Trump, en la cumbre del G7 en los Alpes franceses, calificó la guerra en el Líbano de "menor" y aseguró que no entorpece el pacto. Es una afirmación que Irán no comparte, que los aliados europeos miran con escepticismo y que los hechos sobre el terreno desmienten cada vez que Israel lanza un nuevo ataque sobre Beirut.

Ormuz se abre, pero el mundo ya cambió

Aunque el acuerdo prevé la apertura "inmediata" del estrecho y el levantamiento del bloqueo, el proceso llevará tiempo porque hay minas en el estrecho y los barcos no están dispuestos a atravesarlo. Incluso si el estrecho se abre por completo hoy, probablemente pasarán meses antes de que la crisis energética global provocada por su cierre comience a aliviarse.

Trump lo anunció en el G7 con su métrica habitual: "Lo que es muy importante, el petróleo se está desplomando, y la bolsa está subiendo como un cohete hoy." Es una declaración que resume con involuntaria perfección su concepción del éxito: no vidas salvadas, no infraestructuras reconstruidas, no arquitectura diplomática duradera. El precio del barril y el índice bursátil. Que el primero baje y el segundo suba. Que la gasolina llegue a menos de cuatro dólares antes de las elecciones de mitad de mandato. Ese es el horizonte estratégico.

Pero incluso en esos términos, el resultado es magro. El acuerdo reconoce implícitamente lo que Robert Reich anticipó en marzo: la retirada que se llama victoria. Irán insiste en cobrar tasas por el paso por Ormuz; Estados Unidos insiste en que eso no es así. Esa contradicción, que queda sin resolver, dibuja el contorno real del acuerdo: un texto de página y media que cada parte interpreta según sus necesidades políticas internas.

El balance que Trump no puede proclamar en Truth Social

Ciento ocho días de guerra han producido este resultado verificable: el líder supremo de Irán fue asesinado junto a su familia y decenas de altos cargos, y el sucesor que emergió es más duro, más nacionalista y más opaco que su padre. La República Islámica que debía ser derrocada ha instaurado de facto una dinastía. El programa nuclear iraní que debía ser destruido sigue existiendo y las cuestiones nucleares quedaron para negociaciones futuras. El estrecho de Ormuz, cuyo control exclusivo debía restablecerse, reabre con Irán reclamando peajes que Washington niega haber acordado.

El costo: más de dos mil muertos en la región, dieciocho mil millones de dólares en gasto militar directo para Estados Unidos, el 45% de sus reservas de misiles de precisión consumidas, trece militares estadounidenses muertos, la mayor crisis energética desde los años setenta según la AIE, y el precio de la gasolina que mordió a los votantes republicanos exactamente como había pronosticado Robert Reich.

Israel ocupa territorios en el Líbano, Siria y Gaza sin perspectiva de retirada. Un millón doscientas mil personas fueron desplazadas en el Líbano.

A cambio, Trump puede decir en el G7 que el petróleo baja y la bolsa sube. Y que Irán "nunca tendrá armas nucleares." La primera afirmación es verdadera hoy. La segunda es una promesa sobre el futuro que el propio acuerdo que acaba de firmar deja abierta.

Lo que Ginebra no resolverá

La firma de hoy en Ginebra es el comienzo de una negociación, no su conclusión. Sobre la mesa quedarán las cuestiones más difíciles: el programa nuclear iraní en detalle, el levantamiento gradual de sanciones, el fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares, la presencia militar israelí en el Líbano y la disputa sobre los peajes en Ormuz. El acuerdo de 60 días daría tiempo para negociar sobre las cuestiones nucleares pendientes, pero deja sin respuesta si Israel continuará su ofensiva en el Líbano.

La variable más impredecible sigue siendo Netanyahu, que inició esta guerra, que la prolongó con ataques que casi destruyeron el acuerdo en el último momento, y que ahora la acepta "a regañadientes" sin renunciar a ninguno de sus objetivos territoriales. Muchos dudan de hasta qué punto el desencuentro entre Trump y Netanyahu está coreografiado: "Cada vez que Netanyahu y Trump han mostrado públicamente desacuerdos, poco después han seguido acciones coordinadas entre los ejércitos estadounidense e israelí", recuerda el analista Tamir Wertzberger. Si esa lectura es correcta, el "enfado" de Trump con Bibi es teatro, y la guerra en el Líbano continuará bajo la cobertura diplomática del acuerdo con Irán.

Y mientras tanto, Pekín observa. No ha disparado un solo misil. Ha comprado petróleo iraní a precio de conflicto. Ha consolidado su imagen de actor responsable frente al caos occidental. Y espera, con la paciencia que caracteriza a quienes saben que el tiempo juega a su favor, la firma del acuerdo nuclear en Ginebra, la apertura de Ormuz, la próxima cumbre Trump-Xi y la cuenta definitiva de lo que costó este experimento de fuerza bruta sin estrategia de largo plazo.


El Estrecho de Ormuz se abre. El orden que lo garantizaba no ha vuelto. Y esa diferencia, invisible en los tibios índices bursátiles de este lunes, es la que definirá la geopolítica de la próxima década.

Humberto Del Pozo López

REALMENTE CURIOSO ...


Los ciudadanos europeos asisten atónitos a cómo sus estados tienen los bolsillos llenos para todo el que llega de fuera y vacíos para sus propios ciudadanos, algo en lo que la pinza PP-PSOE ha alcanzado la cota más alta de la irracionalidad: criticar la "prioridad nacional" que propone el sentido común mientras practican la "prioridad foránea".

UNA TEORÍA REVOLUCIONARIA SOBRE EL CÁNCER


La industria del cáncer mueve 300.000 millones de dólares anuales, y los ingresos generados por las campañas de captación de pacientes, como las pruebas de detección o los chequeos médicos anuales, aportan cientos de miles de millones más a las industrias farmacéutica y médica.

Por supuesto, teniendo esto en cuenta, se entiende que la industria farmacéutica/médica, fundada y controlada por las fundaciones Rockefeller y Carnegie, tiene un problema con el Dr. Leonard Coldwell, quien afirma que puede curar a los pacientes con cáncer en pocas semanas o ayudarlos a sanarse a sí mismos.

No parece tratarse de un mero charlatán: hace 46 años, a la madre del Dr. Coldwell le diagnosticaron cirrosis, hepatitis C, hígado graso y cáncer de hígado en etapa terminal, con un pronóstico de tan solo 6 meses de vida. Ella fue su primera paciente y hoy, a sus 82 años, sigue viva y goza de buena salud.

Coldwell afirma haber curado personalmente a 35.000 pacientes con cáncer y ayudado a millones a entender este proceso, y, pese a ello, la medicina oficialista se niega a debatir sus provocadoras tesis y sus libros son vendidos poco menos que clandestinamente por Springer Verlag.

jueves, 18 de junio de 2026

DEJAR TU VIDA EN MANOS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES NADA SENSATO, Y LO SABES. ENTONCES, ¿POR QUÉ LO HACES?



La mejor manera de mantener a una población encarcelada es no dejarle ver los barrotes de la prisión en que se encuentra y así hacerle creer en la ilusión de que vive en un mundo libre. De hecho, nosotros, el “populacho”, nunca hemos sido conscientes de que no somos libres, y menos en los tiempos que corren.

Actualmente, son varios los sistemas que nos mantienen en prisión: político, financiero, energético, tecnológico, etc. Pero lo más preocupante, ahora mismo, es la implantación, a todos los niveles, de lo que se ha dado en llamar inteligencia artificial (IA).

La creencia popular es que la IA es una herramienta para facilitar información al instante, diseñar y calcular más rápido o, incluso, llevar las riendas de un negocio. Y aunque esto pueda parecer a simple vista una ayuda excepcional, que lo es, sin embargo, con el paso del tiempo se ha convertido en algo completamente distinto, alarmante y potencialmente peligroso.

Hoy en día la IA no sólo diseña y calcula más rápido, sino que analiza objetivos y toma decisiones por su cuenta. Por lo tanto, ya no espera a recibir una orden, sino que interpreta y ejecuta sin más; eso sí, exenta de toda responsabilidad. Y aquí es donde verdaderamente reside el peligro. Porque optimizar para lograr objetivos sin responsabilidades tiene consecuencias.

La IA no tiene moral, ni ética, ni sentimientos y mucho menos miedo a crear una catástrofe sin precedentes por tomar una mala decisión; sólo busca optimizar para alcanzar objetivos, eso es todo. Por lo tanto, si el objetivo fuese solucionar un problema de seguridad en una fábrica, la solución más rápida bien podría ser eliminar el sistema que controla dicha fábrica, dando paso a un problema mucho mayor. Este supuesto ya se ha dado. Así que si la IA puede destruir digitalmente el sistema de control de una fábrica, imagina lo que podría pasar el día de mañana con las comunicaciones, las redes eléctricas, las bases de datos, los sistemas de defensa o los bancos.

Los bancos utilizan cada vez más la IA para todo. Por consiguiente, una IA mal concebida, o demasiado autónoma, podría eliminar datos de los clientes, anular las órdenes de pagos de recibos o bien bloquear y eliminar cuentas. En definitiva, que un solo error podría destruir miles de millones en un instante y dejar en la ruina a millones de personas.

Pero la situación se vuelve aterradora cuando hablamos de los sistemas de defensa. Cuando se confía la seguridad de un país a la IA, para que determine los peligros inminentes de una nación, podría darse el caso de que identifique erróneamente enemigos ficticios, que interprete mal una señal de radar o que reaccione ante una manipulación de datos. Esto podría desencadenar un conflicto antes de que un ser humano pudiera darse cuenta del error, dado que la IA decidiría por sí misma poner en marcha todos los dispositivos de defensa.

Dicho esto, no se trata de tenerle miedo a una “superinteligencia” artificial malvada, sino a una “superinteligencia” artificial estúpida, pero rápida, incontrolable y con poder real.

Aunque todo esto de la IA ahora nos parece muy útil –y lo es-, sin embargo, si dejamos que cope todos los ámbitos de nuestra vida terminará relegándonos.

La IA ya está por todas partes y es cuestión de tiempo para que lo controle todo, incluso a nosotros mismos si es que no lo está haciendo ya. ¿Sabías que más del 90% de las personas ya interactúan el 70% de su tiempo con productos que utilizan IA?

La IA está integrada en nuestra vida cotidiana de forma silenciosa y constante sin que nos demos cuenta. ¿Quieres saber dónde se encuentra en tu día a día? Pues en herramientas como Siri, Alexa o Google. En plataformas como Netflix, Spotify, YouTube o Amazon, para analizar tu historial y comportamiento, sugiriendo películas, música o productos que te interesan. En alimentar noticias en Instagram, Facebook, TikTok o Twitter, decidiendo qué contenido mostrarte para mantener tu atención. En aplicaciones como Google Maps o Waze. En Google Translate y, cómo no, en ChatGPT. Obviamente, esto es sólo una pequeña muestra, ya que la lista sería interminable.

Pero la IA no es la culpable de nada de lo que nos ocurra de aquí en adelante. El culpable es el ser humano, que está cediendo el poder a una máquina por comodidad, conveniencia y, sobre todo, por estupidez.

Los peligros sobre el poder que está tomando en nuestros días la IA no son ninguna broma ni ninguna teoría de la conspiración. ¿Te has parado a pensar que una IA estúpida, pero con mucho poder, podría paralizar un banco, una red eléctrica o desencadenar un incidente nuclear?

¡Piénsalo! Las decisiones más eficientes que promete la IA no pueden ser reales sin datos de calidad ni una buena estrategia planificada. Y es que la idea de que los datos sobre los que se asienta la IA son objetivos por naturaleza es errónea. Se presentan como inamovibles, desprovistos de interpretación y capaces de describir el mundo tal como es. Sin embargo, los datos son siempre el resultado de decisiones humanas previas (qué medir o no medir, qué evento registrar y cual no,…). Por lo tanto, los datos suelen estar incompletos, desactualizados o mal clasificados, ya que nosotros, los seres humanos, que al fin y al cabo generamos los datos, somos un cúmulo de errores. Obviamente, esto hace que la IA pueda automatizar errores y sesgos cada vez mayores, con el peligro que eso conlleva cuando esos datos se convierten en criterio de decisión. Por cierto, ¿alguien se ha parado a pensar en las consecuencias que tendría la desaparición de los centros de datos? Eso por no hablar del agua y la energía que consumen.

Resumiendo. Si la IA no es capaz de distinguir entre datos fiables y no fiables, pues todo lo que recibe es tratado como válido, no tiene ningún sentido -además de resultar peligroso- dejar que tome decisiones importantes, ¿no crees?

Ninguna tecnología debería reemplazar la necesidad de pensar y decidir de un ser humano. Por lo tanto, utilizar una inteligencia artificial para todo, cuando nosotros disponemos de una excelente inteligencia natural (eso sí, actualmente algo anquilosada), es, a mi modo de ver, una temeridad. Porque si seguimos dejando que la IA vaya resolviéndolo todo, nuestro cerebro se irá atrofiando poco a poco. ¿Y dónde nos llevará todo esto? Desgraciadamente, a convertirnos en seres sin voluntad propia esclavos de una máquina.

Personalmente, esto de la IA me genera una seria duda: ¿verdaderamente la IA se nos está yendo de las manos o es precisamente lo que se busca?

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

OTRO CASO DE DENUNCIANTE DE PFIZER QUE APARECE OPORTUNAMENTE "SUICIDADA"


CONFIRMADA LA EXISTENCIA DE UNA RED DE BIOLABORATORIOS SECRETOS DE EE.UU. FUERA DE SU TERRITORIO



El 12 de junio de 2026, la oficina de Tulsi Gabbard, jefa de la inteligencia nacional de Estados Unidos (ODNI), publicó un expediente que revela que la comunidad de inteligencia estadounidense ha financiado en secreto más de 120 biolaboratorios distribuidos en más de treinta países. Este hallazgo, fruto de meses de búsqueda en los archivos del Intelligence Community, confirma que los llamados biolaboratorios financiados por EE.UU. no son una teoría conspirativa, sino una realidad deliberadamente oculta a los propios contribuyentes estadounidenses. La propia Gabbard, que dejará su cargo a finales de mes, subraya que «políticos, supuestos profesionales de la salud como el doctor Fauci, y entidades del equipo de seguridad nacional de la administración Biden mintieron al pueblo estadounidense sobre la existencia de estos biolaboratorios financiados y respaldados por EE.UU., y amenazaron a quienes intentaban exponer la verdad».

Entre los puntos más reveladores se destaca que la propia inteligencia estadounidense advirtió que uno de los biolaboratorios financiados por EE.UU. en Ucrania almacenaba patógenos peligrosos en condiciones vulnerables ante la guerra ruso-ucraniana, con riesgo de ataque, incautación o daño.

El expediente de Gabbard revela que los biolaboratorios financiados por EE.UU. no solo existen, sino que muchos de ellos están o han estado involucrados en investigaciones de ganancia de función con patógenos altamente contagiosos y peligrosos, con muy poca o ninguna supervisión.

La ironía es que quienes advertimos sobre estos peligros fuimos tildados de propagandistas rusos y/o teóricos de la conspiración, mientras ahora la propia directora de inteligencia nacional confirma que existió un encubrimiento deliberado.


Mitt Romney, senador por Utah de enero de 2019 a enero de 2025, calificó a Gabbard de «mentirosa traidora» por decir que EE.UU. financiaba biolaboratorios en Ucrania. Parece que este hijo de Utah debería cuando menos disculparse, creo yo.

(Artículo completo de José Luis Preciado en https://mentealternativa.com/)

miércoles, 17 de junio de 2026

¿HA SIDO SIEMPRE IRÁN MIEMBRO DEL N.O.M.? UNA HISTORIA EN CUATRO PSYOPS



Hay ejemplos de sobra para sostener que vivimos en una era post-nación, y esto quedó explícitamente claro con la "pandemia" de Covid-19. El papel crucial de Irán en la operación contra el Covid-19 es uno de los hechos que más nos obliga a ser cautelosos con la narrativa bélica actual, pero es un acontecimiento que probablemente precede a esa operación psicológica que marcó una época.

De hecho, sostengo que un análisis de la historia reciente de Irán demuestra que ha participado sistemáticamente en operaciones psicológicas y narrativas mediáticas, lo que evidencia su connivencia con los gobiernos occidentales y, en particular, con las facciones globalistas dentro de ellos.

Empezando por el nacimiento del propio régimen actual …



1.- Instauración del régimen de los Ayatolláhs

Todos conocen (o deberían conocer) la Operación Ajax, el golpe de Estado conjunto del MI6 y la CIA en Irán en 1953 que derrocó al gobierno democráticamente electo de Mohammad Mosaddegh, supuestamente para impedir la nacionalización de las reservas petrolíferas iraníes. El gobierno resultante fue una monarquía absoluta bajo el Shah Reza Pahlavi.

Menos comentada es la clara y evidente implicación de la CIA en la Revolución iraní de 1979.

Por ejemplo, tras ser exiliado de Irán por el Shah en 1978, Jomeini recibió asilo en Francia. Los motivos no están claros, pero se sabe que la administración Carter mantuvo constante comunicación con Jomeini durante su estancia en Francia. De nuevo, los motivos de esta comunicación no han sido claramente explicados.

Sabemos que el propio ex Shah afirmó en sus memorias que Estados Unidos y el Reino Unido se habían opuesto a su gobierno desde la nacionalización del petróleo iraní en 1973 y el consiguiente aumento de precios (recordemos que el gobierno anterior supuestamente fue derrocado para evitar un análogo intento de nacionalización).

Independientemente de si creemos o no al Shah, también sabemos que a finales de 1978, el embajador estadounidense en Irán telegrafiaba a Washington D.C. que el Shah estaba "condenado", y a principios de enero de 1979, generales estadounidenses viajaban a Irán para discutir un posible golpe de Estado con el ejército iraní y ponerlos en contacto con el segundo al mando de Jomeini.

El gobierno del Shah cayó en cuestión de semanas.

Todo esto está documentado.

Las posibles motivaciones podrían analizarse extensamente, pero es innegable que hubo cierta participación occidental en la instauración del régimen actual.

2.- La crisis de los rehenes

Apenas el nuevo gobierno iraní llegó al poder, se vio envuelto en una "crisis" internacional. En noviembre de 1979, un grupo armado asaltó la embajada estadounidense en Irán y tomó más de 50 rehenes.

Una supuesta razón para esto fue la oposición de Estados Unidos al nuevo gobierno revolucionario iraní y su apoyo al Shah, pero sabemos que esto no es cierto. Estados Unidos ayudó a derrocar al Shah, y nadie lo sabía mejor que Jomeini y sus principales colaboradores.

Lo que la "crisis" realmente logró fue convencer al pueblo iraní de que su nuevo gobierno se opondría a Estados Unidos, al tiempo que debilitaba la presidencia de Carter en Estados Unidos hasta el punto de que perdió las elecciones de 1980 por una aplastante mayoría.

La teoría de la «Sorpresa de Octubre» sostiene que personas cercanas al gobierno estadounidense retrasaron deliberadamente la liberación de los rehenes para manipular las elecciones por medio de terceros. Se sabe que el exgobernador de Texas, John Connelly, se encontraba de viaje por Oriente Medio en ese momento difundiendo este mensaje.

Los rehenes fueron liberados apenas unos minutos después de la toma de posesión de Ronald Reagan.

Seguro que algunos dirán que todo fue una coincidencia.

3.- El asunto Irán-Contra

Hasta 1979, todo el armamento de Irán se compraba a Estados Unidos. Tras la crisis de los rehenes, el presidente Carter impuso un embargo de armas a Irán por "apoyar el terrorismo", embargo que fue mantenido por su sucesor, Ronald Reagan.

Sin embargo, los círculos políticos de Washington nunca han sido partidarios de no vender armas a nadie. Argumentaban que un embargo solo acercaría a Irán a la URSS e inmediatamente buscaron maneras de continuar secretamente la venta de armas a Irán, eludiendo el embargo.

Resulta curioso lo frágil que puede ser la apariencia de oposición ideológica una vez examinada. Algunos podrían preguntarse si toda la retórica contemporánea sobre "terroristas malvados" y "el Gran Satán" era algo más que un teatro geopolítico particularmente ostentoso.

Para 1985, la administración Reagan llevaba cuatro años suministrando armas ilegalmente a Irán, tanto directamente como mediante la "lavado" de las ventas a través de Israel (y, por cierto, vendiendo armas a ambos bandos en la guerra Irán-Irak).

Al mismo tiempo, Estados Unidos apoyaba secretamente a los rebeldes antisandinistas en Nicaragua en su guerra de guerrillas contra el gobierno socialista del FSLN. Este apoyo era ilegal según la legislación estadounidense gracias a las Enmiendas Boland.

El caso Irán-Contra fue una evolución de los acuerdos de venta de armas con Irán, una operación encubierta liderada por el coronel Oliver North, mediante la cual se vendieron armas ilegalmente a Irán y las ganancias de estas ventas se utilizaron para financiar a los rebeldes en Nicaragua. Esto era totalmente ilegal y, técnicamente, constituía alta traición.

El escándalo estalló en 1987, dando lugar a largas audiencias en el Congreso y, finalmente, a decenas de cargos penales. De los once acusados condenados por delitos relacionados con el caso Irán-Contra, solo uno llegó a cumplir condena en prisión, y casi todos lograron que sus condenas fueran anuladas en apelación o recibieron el indulto presidencial de George Bush padre en 1991.

Oliver North posteriormente se postuló para un cargo político y tuvo una exitosa carrera en los medios de comunicación, trabajando como presentador de televisión y publicando más de una docena de libros. No está mal, teniendo en cuenta que hablamos de un convicto del delito de alta traición.

Es razonable preguntarse: ¿esto suena a algo que sucedería si Irán fuera realmente un adversario acérrimo del gobierno estadounidense?

¿Por qué el gobierno estadounidense vendería armas a un régimen que, según ellos, representa una amenaza para su propia existencia?

¿Y por qué un hombre que cometió traición al armar a un enemigo recibió una sentencia tan leve y se le permitió "irse de rositas", como se dice, con posterioridad?

Es casi como si a nadie le importara demasiado, ¿no?

Como mínimo, volvemos a ver la fragilidad de la fachada y el hecho innegable de que otros intereses, en su mayoría tácitos, unieron a estos supuestos estados enemigos más allá de la retórica y la propaganda.

4.- Covid

La supuesta pandemia de Covid es la operación psicológica más grande de todas, superando a la mayoría de sus predecesoras tanto en complejidad de ejecución como en el alcance de sus objetivos.

Y el gobierno iraní estuvo plenamente involucrado.

Irán fue uno de los primeros países, junto con Italia, en declarar un impacto del Covid fuera de China. De hecho, su respaldo a la narrativa de la pandemia fue utilizado por algunos medios alternativos como prueba de que la pandemia debía ser real, ya que "Irán jamás cooperaría con una operación psicológica globalista".

Pero cooperaró. Al máximo. Trabajó estrechamente con la Organización Mundial de la Salud, según el informe oficial de la OMS:

La OMS y sus colaboradores proporcionaron soporte crítico a Irán para afrontar los retos planteados y responder al desafío del Covid-19, lo que dio lugar al suministro de más de 130 millones de dosis de la vacuna y la capacitación para realizar análisis de secuenciación genómica de 7700 muestras virales.

Irán impuso confinamientos, hizo obligatorio el uso de mascarillas y decretó la vacunación prácticamente obligatoria, al igual que todos los demás países. También solicitó un préstamo de 5 mil millones de dólares al FMI para paliar los efectos del Covid-19.


Mientras que los verdaderos actores internacionales defendían los intereses de su nación y sufrían las consecuencias, Irán se prestó al juego, acortando y dificultando la vida de los iraníes de a pie, y generando grandes beneficios para sus élites.

Conclusión

La evidencia demuestra inequívocamente que el actual régimen iraní tiene un historial de cooperación con potencias occidentales proglobalistas, en detrimento de su propio pueblo y del interés mutuo de la clase política de ambos bandos; esto DEBE poner en tela de juicio absolutamente todo lo que hacen.

Incluida esta guerra.

Vivimos en una era de falsas dicotomías y de "males menores", ¿por qué no se aplicaría este sistema de control del pensamiento a la guerra?

Se nos dice que pensemos en términos sencillos: musulmanes contra cristianos; derechos humanos contra la ley islámica; democracia contra teocracia; quienes buscan el cambio de régimen contra la soberanía nacional; rebeldes antisistema contra cazafortunas imperiales.

Pero sabemos por experiencia que estas simplificaciones se utilizan para ocultar realidades a veces soterradas, complejas y muy diferentes de intereses convergentes y obediencia a narrativas.

Y sabemos que esta guerra ya ha contribuido a algunos aspectos fundamentales de la agenda del "gran reinicio", que probablemente sea la mayor amenaza actual para la humanidad.

¿Es esa la única razón de esta guerra? Probablemente no. Seguramente hay muchas narrativas en juego y muchos grupos de interés que buscan beneficiarse, e incluso las guerras libradas con cinismo pueden generar caos y resultados imprevistos. Podemos suponer, por ejemplo, que los líderes iraníes asesinados no tenían intención de morir, aunque sería ingenuo pensar que la estructura de poder no sacrificaría voluntariamente en determinadas circunstancias a algunos de los suyos.

Orwell comprendió los intereses mutuos de las élites gobernantes en promover la guerra y controlar sus resultados. Comprendió que la forma en que se la presenta al "proletario" no es la misma en que la ven quienes la organizan y se benefician de ella.

Incluso mientras se libra esta guerra, Irán sigue promoviendo las mentiras sobre el Covid-19, sigue apoyando los programas globalistas, sigue trabajando en su propia moneda digital del Banco Central y sigue construyendo su infraestructura de identidad digital.

Debemos recordar esto y desarrollar una forma más sofisticada de comprender -y contrarrestar- las nuevas narrativas bélicas pospandemia.

Ya no vivimos en 2003. Conocemos el objetivo final de la globalización, y no es ni la hegemonía estadounidense ni un califato islámico. Se trata, más bien, de un programa de control digital del dinero, los alimentos y los viajes que limita la libertad humana.

Un programa que ambos bandos de esta guerra respaldan.

Kit Knightly
(Fuente: https://dailynewsfromaolf.substack.com/; traducción: Astillas de Realidad)