ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
sábado, 28 de febrero de 2026
REVELAN LESIONES CARDIACAS EN CIENTOS DE NIÑOS TRAS RECIBIR LA INYECCIÓN COVID
Datos gubernamentales israelíes, no divulgados y obtenidos a través de la Ley de Libertad de Información (FOIA), indican un aumento en lesiones cardíacas severas en cientos de jóvenes de 12 a 16 años, incluyendo casos registrados como infartos, en las seis semanas siguientes a la autorización de vacunas de ARNm.
Durante años, se comunicó al público que las lesiones cardíacas en niños inducidas por las inyecciones de ARNm contra el COVID-19 eran inusuales. Esta afirmación constituyó la base de las campañas de vacunación para adolescentes en todo el mundo. ¿Pero qué hubiera ocurrido si los datos de seguridad subyacentes nunca se hubieran procesado o divulgado por completo?
¿Qué pasaría si cientos de informes de eventos adversos presentados por médicos de primera línea simplemente no se analizaran durante el período en que los responsables políticos declaraban que las inyecciones eran seguras para los adolescentes?
Según el Contralor del Estado de Israel, aproximadamente 279.300 informes de eventos adversos presentados durante la campaña de vacunación por Clalit Health Services, el proveedor de salud más grande de Israel, nunca fueron procesados por el Ministerio de Salud.
Estos informes no se examinaron públicamente a mediados de 2021, cuando la elegibilidad para la inyección se extendió a los adolescentes. No se incorporaron a las evaluaciones de riesgo-beneficio en tiempo real. No se revelaron a los padres que decidían si vacunar a sus hijos.
Solo años después, tras repetidas solicitudes de la Ley de Libertad de Información (FOIA), se publicó el conjunto de datos sin procesar, que contenía 294.877 informes de eventos adversos.
Los resultados han sido revisados por pares (expertos) y publicados en el International Journal of Cardiovascular Research & Innovation, en un estudio titulado Señales de seguridad cardiovascular en adolescentes israelíes después de la vacunación contra el COVID-19: Evidencia de un conjunto de datos FOIA sin procesar.
Los resultados muestran un aumento concentrado de lesiones cardiovasculares entre adolescentes que ocurrió inmediatamente después de que se extendiera la autorización de la inyección a las edades de 12 a 16 años.
Mediante criterios estrictos de desduplicación para evitar el recuento excesivo, se identificaron 277 casos únicos de lesiones cardiovasculares en personas menores de 18 años en 2021. De ellos, el 98% se produjo en adolescentes de 12 a 16 años. Casi todos estos casos se registraron en un período de seis semanas comprendido entre el 28 de junio y el 8 de agosto de 2021.
Un ocultamiento deliberado
El 21 de junio de 2021, el Ministerio de Salud de Israel extendió la elegibilidad de la inyección de ARNm a los adolescentes menores de 16 años. En cuestión de días, los informes de lesiones cardiovasculares comenzaron a acumularse. La agrupación es inconfundible.
Los tipos de eventos registrados no eran triviales. Dentro de la categoría de seguimiento específica de COVID, 646 informes se codificaron como Lesión Cardiovascular Aguda. En particular, el término hebreo original utilizado en el sistema de informes se traduce literalmente como Infarto Agudo de Miocardio. Ese es el nombre científico de un ataque al corazón. Los informes adicionales incluyeron miocarditis, pericarditis, accidentes cerebrovasculares y eventos tromboembólicos.
Para contextualizar la escala, se aplicaron supuestos de población conservadores. Clalit cubre aproximadamente el 51,6% de la población de Israel. Según los datos del panel nacional de vacunación, alrededor del 63,5% de los adolescentes de 12 a 15 años recibieron al menos una dosis durante el período de estudio. Esto arroja una población adolescente vacunada estimada de aproximadamente 254.347 personas dentro de la cobertura del conjunto de datos.
Incluso bajo supuestos muy conservadores, asumiendo que todos los adolescentes vacunados recibieron sus dosis dentro del mismo período de seis semanas y que la captura de informes fue completa, la agrupación observada corresponde a un riesgo mínimo estimado de aproximadamente 1 evento cardiovascular por cada 939 adolescentes vacunados.
Esa cifra contrasta fuertemente con las tasas de fondo conocidas de infarto agudo de miocardio en adolescentes, que se miden en dígitos únicos por millón de personas-año en los datos de EE. UU. Incluso sin anualizar la tasa, la diferencia es sustancial.
Igualmente importante es cómo estos hallazgos se desvían de la narrativa que dominó la literatura inicial. En 2021, los estudios publicados caracterizaron en gran medida la miocarditis asociada a la inyección como una complicación inusual, que afectaba principalmente a los varones adolescentes, generalmente después de la segunda dosis, y que ocurría dentro de un período posterior a la vacunación de varios días.
El conjunto de datos FOIA cuenta una historia diferente. En el análisis, los eventos cardiovasculares se distribuyeron casi por igual entre niñas (145 casos) y niños (132 casos). Los eventos ocurrieron después de la primera dosis, dentro de los 21 días de la segunda dosis y más de 21 días después de la segunda dosis. El patrón de riesgo aparece más amplio, más heterogéneo y menos confinado de lo que se representó inicialmente.
El Clalit Health Services declara que los datos no existen. Sin embargo, los informes existían claramente. Fueron presentados por profesionales de la salud, ingresados en el sistema nacional de informes y archivados, pero no procesados durante el período crítico en que se estaba determinando la política de vacunación para adolescentes.
En conclusión, los datos FOIA recientemente divulgados de Israel, ahora publicados en forma revisada por pares, documentan un importante aumento de lesiones cardiovasculares en adolescentes que fueron deliberadamente ocultados.
(Visto en https://cienciaysaludnatural.com/)
Y, frente a la innecesaria sobrevacunación infantil, hay que recordar una vez más un dato revelador:
EL MINISTERIO DE LA VERDAD PROHÍBE CUESTIONAR EL CAMBIO CLIMÁTICO
La ministra Sara Aagesen anuncia un “plan contra la desinformación climática"
El Gobierno ya no disimula. Ha decidido que pensar por cuenta propia es un problema de orden público y que disentir de la narrativa climática oficial constituye una amenaza que debe ser gestionada, no refutada, no debatida. Neutralizada. La verdad no se argumenta, se impone. Porque "verdad" es lo que el gobierno dice que es verdad. No es una cuestión de argumentación, sino de censura. Si usted ve estelas persistentes en el cielo, cálleselo por su bien. Si usted se pregunta por qué el calor viene fuera de temporada, no lo verbalice. Si alguien le habla de siembra de nubes, calentadores ionosféricos o geoingeniería, denúncielo sin tardanza a las autoridades.
Eso de someter a crítica las hipótesis científicas son delirios de filósofos ignorantes. El método científico es una salida de pata de banco de Galileo cuando chocheaba. Los que tenían razón al final fueron los que le impusieron el silencio y quemaron en la hoguera a su amigo Giordano Bruno. Y ahora que los tiempos la reclaman, la nueva Inquisición vuelve por sus fueros. Negando evidencias, silenciando a premios Nobel, y lo que haga falta.
La nueva ciencia ya no tiene por qué investigar ni justificar sus conclusiones. Estas se establecen "a priori" y se imponen por decreto. Y el que quiera jugar a disidente, que se atenga a las consecuencias.
viernes, 27 de febrero de 2026
BURKA
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Recuerda: el burka, el hiyab, el niquab y demás cárceles de tela son símbolos de identidad cultural y de empoderamiento de la mujer, y prohibirlos vulneraría la li- bertad de culto y el derecho del Islam a humillar a la mujer y someterla. Lo dice Yolanda Díaz, que es lo más feminista que ha parido madre desde los tiempos de Aurora Rodríguez Carballeira. Como diría aquella, "mitad tonta, mitad napia" |
La ensaladilla mental del Partido Socialista, de Podemos, de Los Comunes, de Izquierda Hundida y Sumar, ha llegado a tal extremo que ya dudo sobre si lo que dicen es fruto de la maldad, de la ignorancia, de la esquizofrenia, de las ganas de hacer chistes o del cálculo electoral.
Las cerriles palabras perpetradas por Yolanda Díaz en defensa del burka como esencia de libertad religiosa para la mujer (¡¡¡¡) sólo tienen parangón en las vergonzosas alabanzas del socialista Patxi López enorgulleciéndose del burka, y en las floridas expresiones de Ada Colau en el Parlamento catalán comparando el burka con los capirotes nazarenos y con el hábito de las monjas. A estos tres indigentes intelectuales les deseo que se les seque la yerbabuena, pues el cerebro ya se les secó. Y es que, tras lo que sabemos fehacientemente que ocurre con la mujer en Irán, Afganistán, Arabia Saudí o Pakistán, el debate en España no debería ser “burka sí-burka no”, sino qué demonios hacen todos estos integristas mahometanos en España, cómo han entrado aquí, qué coño vienen buscando, y cómo van a marcharse si no se adaptan a nuestras costumbres. Porque –digo yo– si hablar catalán va a ser requisito imprescindible y general de permanencia, con mucha más razón lo debería ser no disfrazar a tu mujer de fantasma y permitirle que salga a la calle con aspecto de persona.
Por si fuera poco, me duele ver en las redes sociales a docenas de chistes anticatólicos asimilando el burka mahometano (bueno) a los capirotes de Semana Santa y a los hábitos de las monjas (malos). Y más me duele comprobar que los autores de semejantes viñetas son gente normal, de a pie, hombres y mujeres que dicen ser antifascistas-laicos, ateos-pata-negra y luchadores feministas. Eso sí: antifascistas-laicos excepto para ensalzar al islam; ateos-pata-negra en lo referido al cristianismo; y luchadores feministas sólo si el violador es católico y de derechas, no la mano derecha de Marlaska, el Jefe de la Policía sanchista.
Únicamente espero que os salgáis con la vuestra, señores “antifascistas”: que vuestro barrio sea una copia de cualquier barrio de Argel, de Kabul, de Teherán o de La Meca; que a los machistas maridos de las afganas del burka los tengáis de vecinos de escalera; que vuestras hijas jueguen en el parque con un ser indefinido metido en un saco negro; y que dentro de tres décadas, ya embutidas también en un burka, vuestras hijas y vuestras nietas maldigan vuestra memoria, vuestra cobardía y vuestras viñetas.
Mientras tanto, a ver si logro explicar con el Libro Gordo de Petete la diferencia entre un nazareno de Semana Santa, el hábito de una monja católica y el burka de una mujer afgana:
1-Un nazareno tapa su cuerpo durante un par de horas para salir en procesión. Luego, tras el susodicho espectáculo auditivo y visual, se despoja del capirote y no pasa nada.
2-Una monja católica lleva hábito; pero, si se quita el hábito para dejar de ser monja, al día siguiente está en la calle con minifalda, bailando en la discoteca, bebiendo alcohol y fumando; y al día siguiente del siguiente está casada y con dos hijos; y al siguiente del siguiente del siguiente está divorciada; y al siguiente del siguiente del siguiente del siguiente se junta con otra pareja. Y no pasa nada.
3-Una mujer mahometana lleva burka; pero, si se quita el burka, al día siguiente está muerta.
¿Habéis captado la idea, imbéciles?
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
No falla: estamos ante una cuestión que funciona como perfecto detector de imbéciles. Ada Cola-Cau es el ejemplo paradigmático, al situarse en la equidistancia entre la compasiva enseñanza de Jesús, que obliga a amar al propio enemigo, y el totalitarismo islamo-fascista, que exige su aniquilación.
Alguien debería explicarle que entre el derecho canónico católico, que no establece ningún castigo para quien abandona la fe, y el musulmán, que castiga lo mismo con el asesinato del apóstata, asesinato que todo creyente tiene no solo el derecho, sino el deber de ejecutar, no es lo mismo.
Una religión que exige a sus integrantes convertirse en asesinos es una bomba de relojería y una aberración moral de la que todo sujeto inteligente debería abominar.
Tal vez el problema es que la ex-alcaldesa perroflauta no entra en la categoría mencionada.
Ada, otra vez te has "colau".
(posesodegerasa)
UN AVISO QUE NO FUE ESCUCHADO
Muammar Gaddafi en la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2009: "Ellos mismos crearán el virus y te venderán el antídoto. Después, fingirán que tardan en encontrar la solución, cuando ya la tienen creada desde el principio".
Dos años más tarde, la élite mundialista lo asesinó.
EL TABLERO DE LOS DUEÑOS: LAS CARAS DEL PODER
El mundo no funciona como nos han enseñado. Existe una pirámide de mando donde los nombres que todos conocen, como Soros, Rockefeller, Morgan y Rothschild, son los que de verdad mueven los hilos. Mientras la mayoría de las personas se pierde defendiendo a figuras oscuras y peligrosas, estos clanes operan desde un nivel superior donde deciden el destino de las naciones y de tu propia vida.
La realidad es que el sistema está diseñado para que no estés listo para entender su funcionamiento. Se burlan de todos nosotros dejando pistas sobre sus planes y sus pactos secretos, mientras usan a los líderes que ves en las noticias como simples marionetas. Quienes manejan el dinero y el poder real no sirven a la gente, sino a agendas muy antiguas que buscan el control total de la humanidad, manteniéndote distraído para que nunca veas quiénes son los verdaderos culpables.
¿Ves líderes poderosos o los rostros de quienes han decidido el destino del mundo desde hace siglos?
jueves, 26 de febrero de 2026
EPSTEIN Y EL ARTE ANTIGUO DEL KOMPROMAT
Hay escándalos que no derriban el sistema. Lo dejan al descubierto.
El archivo Epstein no es solo una lista de nombres incómodos ni una colección de fotografías y vídeos repugnantes. Es la sospecha -cada vez más extendida- de que el poder contemporáneo no se sostiene solo con dinero o votos, sino con algo mucho más eficaz: la vulnerabilidad compartida.
Desde que su nombre empezó a filtrarse en tribunales y reportajes, han surgido firmes teorías sobre quién lo protegía, quién lo utilizaba o qué redes de influencia se cruzaban en su entorno, señalando posibles vínculos con los servicios de inteligencia israelíes o intereses geopolíticos. Lo relevante no es cerrar aquí el debate, sino entender por qué esa hipótesis resulta no ya plausible, sino altamente probable: porque el caso encaja demasiado bien con un patrón histórico conocido.
Las élites rara vez funcionan como clubes abiertos. Funcionan como círculos donde el ascenso implica cruzar una frontera moral. No hace falta recurrir a rituales oscuros para entenderlo. Basta observar cómo, a lo largo de la historia, los grupos de poder han utilizado secretos, favores y debilidades personales para garantizar lealtad. Epstein parecía moverse precisamente en ese espacio intermedio: no era un ideólogo ni un líder político, sino un intermediario ambiguo entre dinero, influencia política y círculos de seguridad internacional. Alguien que conectaba ambición y acceso. Su verdadera influencia no estaba en lo que decía, sino en lo que sabía, y en lo que podía demostrar de quienes orbitaban a su alrededor.
El ex-primer ministro israelí Naftali Bennett afirmó con “100 % de certeza” que Epstein no tenía conexión con el Mossad y calificó esas acusaciones como falsas. Crea el lector lo que le parezca más probable. En política, las negaciones rara vez cierran un debate; suelen abrir otro.
El periodismo investiga, interpreta, sospecha y conecta puntos. No dicta sentencias: eso corresponde a fiscales y jueces. Pero cuando las estructuras judiciales dependen del mismo ecosistema político que aparece bajo sospecha, surge una tensión inevitable entre verdad pública y verdad procesal. No es una teoría; es una constante histórica.
Mucho antes de que existieran cámaras ocultas o expedientes judiciales digitalizados, las élites ya sabían cómo asegurarse de que sus miembros no abandonaran el círculo. No bastaba con compartir intereses; había que compartir riesgos. El poder no se construía sobre la confianza, sino sobre la irreversibilidad. En las cortes europeas del siglo XVIII, el ascenso social venía acompañado de favores que nunca podían mencionarse fuera de palacio.
En las logias políticas del XIX -algunas abiertas, otras opacas- el acceso implicaba ritos y juramentos que eran menos espirituales que estratégicos: sexos al aire, cruces pisoteadas y palabras dichas en voz alta ante el resto de los sectarios que garantizaban silencio futuro.
No hace falta recurrir al mito para entenderlo. Los historiadores han documentado cómo las redes aristocráticas, financieras o revolucionarias utilizaban cartas comprometedoras, deudas privadas o escándalos cuidadosamente administrados para asegurar disciplina interna. No era una conspiración única; era una tecnología social.
Por eso el escándalo Epstein incomoda tanto. Porque plantea una pregunta que nadie que no quiera arriesgarse a perder su cargo quiere formular en voz alta: ¿cuántas carreras políticas y económicas dependen de secretos que nadie puede permitirse revelar? No se trata necesariamente de una conspiración única, sino de algo aún más inquietante: un sistema donde la pertenencia exige renunciar a la inocencia pública. Cuando todos están comprometidos, nadie puede salirse del guion sin arrastrar a los demás.
Porque la historia del poder no es la historia de quienes mandan. Es la historia de quienes ya no pueden permitirse dejar de obedecer.
Ese mecanismo no nació con Epstein. Las viejas sociedades de poder ya funcionaban así: juramentos, favores cruzados, silencios compartidos. La diferencia es que hoy las pruebas no se guardan en templos secretos, sino en servidores, archivos y expedientes judiciales. Quizá por eso el caso sigue abierto en la imaginación colectiva. No porque todos crean las mismas teorías, sino porque muchos intuyen que la verdad completa nunca se contará del todo.
Epstein no fue el origen. Fue el espejo. Y lo que refleja no es solamente un nombre y una bandera, sino una vieja regla del poder: quien quiere pertenecer, primero tiene que dejar de poder marcharse.
(Visto en https://acratasnet.wordpress.com/)
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