lunes, 2 de marzo de 2026

REINO UNIDO: STARMER ORDENA ELIMINAR TODO REGISTRO JUDICIAL DE LA ACTIVIDAD DE LAS BANDAS PAKISTANÍES DE VIOLADORES



El cartel tras del que se sitúa el vendepatrias éste supone el colmo del cinismo:
"Asegurando nuestro futuro". Su futuro lo ha asegurado China declarando al Is-
lam como una enfermedad mental y procediendo a destruir todas las mezquitas.
Reino Unido sigue el camino contrario y pronto lo pagará muy caro.

La impunidad para los crímenes sexuales parece garantizada en Gran Bretaña si el autor es musulmán. En un nuevo salto adelante de la rendición moral y legal del país ante la invasión migratoria, el primer ministro, Keir Starmer entierra el mayor escándalo sexual del Reino Unido, obligando a la Justicia a eliminar los archivos judiciales que revelan las prácticas de las bandas pakistaníes. El laborismo ha decidido que los británicos son ciudadanos de segunda en su propio país, sometidos a la vesania de violadores y traficantes de personas que rara vez son castigados por sus crímenes.

La Justicia británica eliminó el pasado mes uno de los mayores repositorios de datos judiciales sobre abusos sexuales a menores, una base que ha permitido durante años analizar la dimensión real del escándalo de las bandas de explotación infantil y detectar patrones de actuación entre delincuentes. La desaparición de este archivo supondrá, según sus responsables, la pérdida irreversible de información clave para periodistas, investigadores y organizaciones civiles.

La empresa especializada en análisis de datos Courtsdesk confirmó que, tras agotar todas las vías legales, procedió a borrar su motor de búsqueda elaborado a partir de más de 4,8 millones de registros. Esta información se había recopilado gracias a un acuerdo con el Ministerio de Justicia firmado hace cinco años. El Gobierno ordenó a finales de 2025 la supresión del archivo, lo que dejó a la compañía sin margen de maniobra.

El Servicio de Tribunales y Juzgados de Su Majestad había remitido previamente una notificación para que cesara su actividad, acusando a la empresa de compartir información judicial sin autorización. Courtsdesk rechaza esa acusación y sostiene que su trabajo se realizaba conforme a los términos establecidos con las autoridades.

El impacto de la eliminación va más allá del acceso de los medios de comunicación. Según la compañía, también se perderá para siempre la evidencia que podría servir a la investigación pública abierta en 2025 sobre el escándalo de las redes de abuso sexual.

El estudio de Courtsdesk reflejaba la magnitud del problema: 25.118 procedimientos relacionados con delitos sexuales contra menores en Inglaterra y Gales, que implicaban a unos 24.670 acusados distintos en 153 tribunales. Más de 1.100 víctimas anónimas aparecían vinculadas a dos o más presuntos agresores, mientras que nueve figuraban en causas con al menos diez acusados.


Los pedófilos británicos se frotan las manos al
dar por seguro que una vez Gran Bretaña sea
gobernada por musulmanes, legalizarán la pe-
derastia y podrán dar rienda suelta a sus per-
versiones. Starmer no da puntada sin hilo.
El análisis también mostraba retrasos extremos en la tramitación judicial. Más de 5.100 casos presentaban una diferencia superior a diez años entre la fecha del delito y la primera vista. En cerca de 1.500 procedimientos, ese intervalo superaba las dos décadas, lo que da una idea de la duración de los procesos y de las dificultades para llevar a los responsables ante la justicia.

Otro de los hallazgos señalaba la reiteración delictiva. Un total de 469 acusados comparecieron en más de un procedimiento con números de caso distintos, y 178 fueron juzgados en tribunales diferentes. Estos datos permitían identificar conductas repetidas y posibles vínculos entre escándalos en diversas localidades.

Enda Leahy, fundadora de la empresa, advirtió de que la desaparición del archivo impedirá detectar patrones geográficos, relacionar víctimas y agresores o seguir la evolución de las investigaciones con el paso del tiempo. A su juicio, la pérdida afectará no solo al trabajo informativo, sino también a la sociedad civil y a la propia investigación oficial.

Los datos incluían tribunales de todo el país y coincidían con ciudades señaladas en otros estudios sobre el escándalo, como Bradford, Oxford, Rochdale, Rotherham, Oldham y Telford. Este mapa judicial ofrecía una visión global de la extensión de los abusos.

Desde la oposición, el secretario de justicia en la sombra, Nick Timothy, criticó la decisión. Afirmó que, sin acceso a registros detallados, será mucho más difícil identificar irregularidades o respaldar a víctimas que denuncian fallos del sistema. En su opinión, el análisis de reincidencia, delitos en varias jurisdicciones y evolución de los procesos demuestra el valor de la transparencia.

Timothy subrayó que el acceso a los datos es esencial para garantizar la rendición de cuentas y evitar que la opacidad favorezca la impunidad. También instó al Gobierno laborista a rectificar antes de que el archivo desaparezca definitivamente.

Unai Cano
(Visto en https://tierrapura.org/)


LA MENTALIDAD DELIRANTE QUE DEFINE AL "PUEBLO ELEGIDO"


EL DRAMA DE IRÁN



Una precisa y triste descripción de cómo vive la actual situación la ciudadanía iraní (fuera de maniqueísmos religiosos o políticos) ...

Así lo describe un vecino iraní desde dentro ... (y resumiendo mucho): la vida bajo el régimen iraní es insufrible ... y la alternativa extranjera, incluso peor ...


Como iraní, puedo decirles que la situación ya no es solo política, sino existencial. Estamos atrapados entre dos estructuras que se desmoronan: una interna y otra externa. Por un lado, nos enfrentamos a un gobierno profundamente disfuncional, liderado por el Líder Supremo y las instituciones no electas de la República Islámica.

Décadas de mala gestión económica, represión de la disidencia y brutal control ideológico han alienado a varias generaciones. Ya nadie cree en las reformas, porque todo intento ha sido cooptado o reprimido. Pero he aquí la paradoja: también nos aterroriza el colapso de un régimen, porque hemos presenciado las consecuencias de la intervención occidental en países como Irak, Libia, Siria y Afganistán. A todos se les prometió libertad; todos acabaron sumidos en el caos, la guerra civil o la ocupación extranjera.

Así que no, no confiamos en Estados Unidos ni en Israel. No porque apoyemos a nuestro régimen, sino porque sabemos cómo las potencias imperialistas tratan a las naciones "liberadas" de Oriente Medio.

La libertad, en su lenguaje, suele significar vacío, fuego e inestabilidad permanente. Actualmente, muchos iraníes conviven con tres verdades a la vez: la República Islámica está moral y políticamente en bancarrota. Las alternativas que ofrecen los actores extranjeros no son la liberación, sino el colapso.

Un mal gobierno es sobrevivible. El caos no lo es. No guardamos silencio porque estemos de acuerdo. Somos cautelosos porque hemos aprendido -demasiado bien- lo que sucede cuando las superpotencias deciden "ayudar". En una frase: Irán es una nación secuestrada por su propio régimen, pero atormentada por el destino de sus vecinos. Estamos atrapados en una casa que odiamos, rodeados de incendios que tememos aún más.

(Fuente: https://x.com/thecyrusjanssen/)

domingo, 1 de marzo de 2026

EL SUEÑO DEL DESPIERTO ES LA PESADILLA DEL CUERDO



El hombre razonable se adapta al mundo. El hombre poco razonable intenta que el mundo se adapte a él. Esa es la razón de que todo progreso provenga siempre del hombre poco razonable.

Muchos creen que ser cuerdo es hacer lo que la mayoría hace.

El 2020 demostró que esto no es cierto, la mayoría se encerró, vivió con un trapo en la cara, se saludaban con los codos y se pinchaban lo que les daban.

Durante 45.000 años el ser humano deseó volar como las aves, sin lograrlo.

Una mañana de 1862 Otto Lilienthal de 10 años, con su hermanito Gustav, de 8, salieron a jugar. Vieron una cigueña posada y se les ocurrió tratar de agarrarla.

Se acercaron con el viento a sus espaldas, pero la cigueña los escuchó y adivinó sus intenciones. Cuando los niños corrieron hacia ella, la cigueña hizo algo raro, en vez de huir, corrió hacia los niños, y levantó vuelo.

Era evidente que la cigueña prefirió despegar contra el viento, incluso si eso la acercaba a sus posibles captores. ¿Por qué?

La respuesta a esa pregunta iba a liberar al humano del suelo.

El padre les dijo que si, que las aves prefieren despegar contra el viento, pero no sabía por qué. Preguntaron a los científicos de la Academia de Berlín, no tenían la respuesta.

Los niños contruyeron unas alas rectas de madera y corrían colina abajo, contra el viento. Sentían la resistencia, pero no volaban.

Otros niños se burlaban, y les tiraban piedras. Así son los mediocres.

Comenzaron a criar cigueñas, las dejaban volar y tomaban notas, median sus alas y los ángulos de curvatura.

Pasaron unos años con pocos progresos, y debieron marchar a la guerra franco-prusiana.

Terminada la guerra volvieron a los experimentos. Para tener un motor liviano y fuerte, Otto diseño una caldera de vapor en forma de serpentina. No servía para volar pero si para otras cosas, y se volvieron muy ricos con la patente.

Finalmente en 1891 Otto voló 40 metros. La gente viajaba de todo el mundo a observar sus vuelos, y realizó más de 2000. Incluso el Kaiser fue a observarlo.

Otto ya no era joven, tenía cierto sobrepeso, y sus alas eran de dificil control. Pero continuó.

Un día se juntaron las familias de los hermanos a almorzar, afuera estalló una tormenta.

Otto esperó estar a solas, y le confió a su hermano: - Me está faltando el valor.

- ¿A tí? Imposible

- No me refiero al valor de enfrentar la opinión de la mayoría, eso me sobra, simplemente ... tengo miedo. Falta mucho para que sean seguras.

- No sigas con los vuelos, ya hiciste tu parte, que otros contínuen.

- Cuando termine el verano, los dejaré.

Tres dias después, volando a 25 metros de altura, cayó en picado. Murió al día siguiente.

En Estados Unidos, un ingeniero ferroviario jubilado, de 60 años, Octave Chanute, mejoró el diseño, como biplano, usando el sistema de los puentes ferroviarios. Y se lanzaba desde las dunas. La gente le decía que se dedicara a cuidar los nietos, no a hacer esas locuras.

Su diseño fue mejorado por los hermanos Wright. Los vecinos creían que los Wright eran retrasados mentales, pues se la pasaban corriendo con "barriletes" atados a sogas, y luego anotaban los resultados.

Mejor no perder tiempo explicando las cosas a los "normales", sus vidas intelctuales son las de un caracol de jardín, no persiguen sueños, no arriesgan, creen que la burla los hace inteligentes.

Mejor perseguir con obsesión los propios sueños.

Horacio Rivara

UN ESPÍRITU INDOMABLE



Timothy Leary, impulsor de la terapia con psicodélicos, "apostol" del
LSD y defensor de la libertad individual frente a la alienación estatal

Creyeron que por fin lo habían anulado.

Le tomaron las huellas. Le dieron un número. Le entregaron ropa de prisión.

Y luego, sin darse cuenta, le entregaron la llave.

En 1970, Timothy Leary llegó a la prisión California Men’s Colony enfrentándose a veinte años entre rejas. Tenía casi cincuenta años, canoso, infame y etiquetado como peligroso; no por violencia, sino por ideas. Antes, un psicólogo respetado en Harvard; ahora, un símbolo de todo lo que el establishment temía de los años sesenta. Para el sistema, no era más que otro preso: procesar, evaluar, clasificar y controlar.

Así que le dieron una prueba psicológica.

Leary bajó la mirada hacia las páginas y sintió algo parecido a la diversión. Conocía cada pregunta. Conocía la lógica detrás de ellas. Sabía exactamente qué respuestas señalarían docilidad, pasividad, inofensividad. Porque años antes, antes de los arrestos, antes de los titulares, antes de los eslóganes, había ayudado a diseñar herramientas de evaluación de ese tipo, incluyendo su propio inventario interpersonal, para medir cómo reaccionan las personas ante la autoridad, la presión, el encierro.

Y ahora la estaban usando con él.

Terminó en menos de diez minutos. Sereno. Cooperativo. Un hombre al que le gustaba la jardinería. Que no representaba ninguna amenaza. Que no quería nada más que una rutina tranquila. Los evaluadores asintieron. Seguridad mínima. Asignado a cuidar los jardines de la prisión.

Creyeron que lo estaban clasificando.

Él los estaba estudiando.

Así no había empezado Timothy Leary. No nació como rebelde. Era el producto ideal del sistema: doctorado en Berkeley, investigador respetado, nombramiento en Harvard en 1959. Su futuro era ordenado y prestigioso. Artículos. Titularidad. Comités. La escalada lenta y segura del éxito académico.

Luego, en 1960, hizo un viaje a México y comió un puñado de hongos.

Lo que vino después no solo cambió su conciencia. Le rompió la certeza de lo que la mente humana era capaz de hacer. Volvió convencido de que la psicología estaba haciendo las preguntas equivocadas. Que la química, la percepción y la conciencia importaban más que la obediencia y el diagnóstico. En Harvard, impulsó el Harvard Psilocybin Project, con experimentos controlados, documentando experiencias, tratando los psicodélicos como herramientas y no como tabúes.

Para los administradores, parecía caos.

Para Leary, parecía verdad.

En 1963, Harvard lo expulsó. Las razones oficiales fueron procedimentales. La razón real era más simple: ya no podían manejarlo.

Libre de la institución, se metió de lleno en el papel que más temían. Habló. Viajó. Lo cuestionó todo. “Turn on, tune in, drop out” (“Enciende, sintoniza, desconéctate”) no era un llamado a la destrucción: era negarse a caminar dormido por reglas heredadas.

El gobierno lo notó.

Siguieron los arrestos. La vigilancia. Los tribunales. Y finalmente, en enero de 1970, le impusieron una condena total de veinte años: un ejemplo. Un mensaje. Esto es lo que pasa cuando te niegas a mantenerte en la fila.

Pero las prisiones se construyen sobre la previsibilidad.

Y Leary entendía la previsibilidad mejor que ellos.

Mientras estaba asignado a los jardines, observó rutinas. Cambios de turno. Puntos ciegos. Memorizar patrones como otros hombres memorizan barrotes. Afuera, aliados reunieron dinero. Se formaron planes. El sistema creyó que había neutralizado una amenaza. En realidad, lo había colocado justo donde necesitaba estar.

En una noche de septiembre de 1970, Timothy Leary subió a un techo de la prisión. Trepó por un poste y avanzó, mano sobre mano, por un cable por encima del alambre de púas, más allá del límite que todos creían imposible de cruzar. Y luego cayó en la oscuridad del otro lado de la cerca. Era el 13 de septiembre.

Dejó atrás su ropa de preso.

Y una nota proclamándose libre.

El mundo miró con incredulidad. Un hombre al que el gobierno había etiquetado como peligroso simplemente salió. Se convirtió en fugitivo, cruzando fronteras, cambiando de nombre, un paso por delante de las agencias. Argelia. Suiza. Afganistán. Dondequiera que iba, seguía hablando; no solo de la fuga, sino de la pregunta más profunda que había debajo de todo.

¿Quién decide cómo se te permite pensar?

Al final, lo atraparon. Siempre lo hacen. Volvió a prisión. Pero incluso entonces no dejó de evolucionar. Cuando otros esperaban que se apagase como una reliquia de los sesenta, giró hacia otra frontera: escribió sobre computadoras, redes, inteligencia artificial, el espacio, el futuro de la conciencia. Entendió algo que la mayoría de sus críticos no: las instituciones envejecen más rápido que las ideas.

Cerca del final de su vida, alguien le preguntó por qué nunca dejó de provocar a sistemas que lo castigaron con tanta dureza. Por qué seguir cuestionando cuando el costo era prisión, exilio, vigilancia.

Su respuesta fue simple.

“Piensa por ti mismo y cuestiona la autoridad.”

Esa era la verdadera amenaza que Timothy Leary representaba. No las drogas. No los eslóganes. No las fugas. Sino la negativa a dejar que la autoridad definiera los límites del pensamiento. En 1970, cuando la prisión le puso delante una prueba psicológica, creyeron que por fin tenían el control.

En cambio, demostraron lo predecible que se vuelve el poder cuando olvida quién diseñó las herramientas en las que se apoya.

(Visto en la Red)

HUMOR EN LA RED





sábado, 28 de febrero de 2026

EL ATAQUE A IRÁN RETROTRAE LAS RELACIONES INTERNACIONALES A LA LEY DE LA SELVA



Cuando el 7 de diciembre de 1941 Japón atacó por sorpresa la base naval de Pearl Harbor la opinión pública estadounidense fue unánime en condenar como traición una agresión que no respondía a una declaración previa de guerra y que buscaba justificarse como una acción preventiva, encaminada a impedir que la flota norteamericana se inmiscuyese en la expansión japonesa en el Pacífico. Incluso el general Eisenhower, luego presidente, llegó a calificar en 1953 la guerra preventiva como "un invento de Adolfo Hitler", canciller alemán que no parece que fuera tomado -al menos, explícitamente- ni por él, ni por sus sucesores, como modelo.

Hoy acabamos de asistir a cómo los EE.UU. se han colocado en la posición adoptada por la armada nipona -la posición "traicionera" e "injustificable"- al recurrir a razones análogas a las del Japón imperial hace 85 años.

El derecho internacional condena toda acción armada que no revista un carácter meramente defensivo (si se quiere, en términos de "western", solo puedes disparar si el contrincante ha desenfundado primero). Un ataque preventivo sin provocación previa es claramente ilegal. La Carta de las Naciones Unidas prohíbe en su artículo 51 el uso de la fuerza, salvo en caso de legítima defensa, y solo contempla como excepción las intervenciones humanitarias previamente autorizadas por el Consejo de Seguridad. Es obvio que ninguno de estos supuestos se cumple en el caso presente.

Israel lleva desde sus mismos orígenes como estado -paradójicamente, estado cuyo establecimiento fue posibilitado por la propia ONU- saltándose a la torera toda la legalidad internacional, en su indisimulada voluntad de establecer el "Gran Israel" de sus delirios sobre el territorio robado a sus vecinos. Que la Casa Blanca se sume a este proceder no es una buena noticia para nadie, pues sustituye la legalidad internacional por la ley del más fuerte, algo que venía practicando "de facto" desde hace décadas, pero que ahora ya ni se molesta en disimular. Dado que tampoco el Congreso de Washington ha autorizado el ataque, la iniciativa de Trump solo puede ser considerada como la de un peligroso autócrata, diríase que un Nixon redivivo que persiste en lo de que "si lo hace el presidente, es legal".

Para cerrar el círculo de la infamia de la Casa Blanca, el "raid" judeo-yanki se produce cuando había negociaciones directas entre Irán y Estados Unidos, patrocinadas por Omán y que parecía que iban por buen camino, pero que el belicismo de un Netanyahu en permanente huída hacia adelante para evitar un horizonte penal nada halagüeño ha convertido en papel mojado.

Lo que pueda suceder a partir de aquí solo podemos conjeturarlo, pero la inestabilidad generada en una zona que produce el 25% del petróleo global -y donde el conflicto entre Pakistán y Afganistán constituye un riesgo añadido- hace prever una crisis energética mundial. El seguidismo de Trump respecto al expansionismo israelí pone al mundo al borde de la recesión, la guerra generalizada y una crisis a todos los niveles de consecuencias hoy por hoy inimaginables.

Estas situaciones se sabe cómo empiezan, pero en este momento es imposible vislumbrar cómo podrían acabar.


(posesodegerasa)