jueves, 18 de junio de 2026

DEJAR TU VIDA EN MANOS DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL NO ES NADA SENSATO, Y LO SABES. ENTONCES, ¿POR QUÉ LO HACES?



La mejor manera de mantener a una población encarcelada es no dejarle ver los barrotes de la prisión en que se encuentra y así hacerle creer en la ilusión de que vive en un mundo libre. De hecho, nosotros, el “populacho”, nunca hemos sido conscientes de que no somos libres, y menos en los tiempos que corren.

Actualmente, son varios los sistemas que nos mantienen en prisión: político, financiero, energético, tecnológico, etc. Pero lo más preocupante, ahora mismo, es la implantación, a todos los niveles, de lo que se ha dado en llamar inteligencia artificial (IA).

La creencia popular es que la IA es una herramienta para facilitar información al instante, diseñar y calcular más rápido o, incluso, llevar las riendas de un negocio. Y aunque esto pueda parecer a simple vista una ayuda excepcional, que lo es, sin embargo, con el paso del tiempo se ha convertido en algo completamente distinto, alarmante y potencialmente peligroso.

Hoy en día la IA no sólo diseña y calcula más rápido, sino que analiza objetivos y toma decisiones por su cuenta. Por lo tanto, ya no espera a recibir una orden, sino que interpreta y ejecuta sin más; eso sí, exenta de toda responsabilidad. Y aquí es donde verdaderamente reside el peligro. Porque optimizar para lograr objetivos sin responsabilidades tiene consecuencias.

La IA no tiene moral, ni ética, ni sentimientos y mucho menos miedo a crear una catástrofe sin precedentes por tomar una mala decisión; sólo busca optimizar para alcanzar objetivos, eso es todo. Por lo tanto, si el objetivo fuese solucionar un problema de seguridad en una fábrica, la solución más rápida bien podría ser eliminar el sistema que controla dicha fábrica, dando paso a un problema mucho mayor. Este supuesto ya se ha dado. Así que si la IA puede destruir digitalmente el sistema de control de una fábrica, imagina lo que podría pasar el día de mañana con las comunicaciones, las redes eléctricas, las bases de datos, los sistemas de defensa o los bancos.

Los bancos utilizan cada vez más la IA para todo. Por consiguiente, una IA mal concebida, o demasiado autónoma, podría eliminar datos de los clientes, anular las órdenes de pagos de recibos o bien bloquear y eliminar cuentas. En definitiva, que un solo error podría destruir miles de millones en un instante y dejar en la ruina a millones de personas.

Pero la situación se vuelve aterradora cuando hablamos de los sistemas de defensa. Cuando se confía la seguridad de un país a la IA, para que determine los peligros inminentes de una nación, podría darse el caso de que identifique erróneamente enemigos ficticios, que interprete mal una señal de radar o que reaccione ante una manipulación de datos. Esto podría desencadenar un conflicto antes de que un ser humano pudiera darse cuenta del error, dado que la IA decidiría por sí misma poner en marcha todos los dispositivos de defensa.

Dicho esto, no se trata de tenerle miedo a una “superinteligencia” artificial malvada, sino a una “superinteligencia” artificial estúpida, pero rápida, incontrolable y con poder real.

Aunque todo esto de la IA ahora nos parece muy útil –y lo es-, sin embargo, si dejamos que cope todos los ámbitos de nuestra vida terminará relegándonos.

La IA ya está por todas partes y es cuestión de tiempo para que lo controle todo, incluso a nosotros mismos si es que no lo está haciendo ya. ¿Sabías que más del 90% de las personas ya interactúan el 70% de su tiempo con productos que utilizan IA?

La IA está integrada en nuestra vida cotidiana de forma silenciosa y constante sin que nos demos cuenta. ¿Quieres saber dónde se encuentra en tu día a día? Pues en herramientas como Siri, Alexa o Google. En plataformas como Netflix, Spotify, YouTube o Amazon, para analizar tu historial y comportamiento, sugiriendo películas, música o productos que te interesan. En alimentar noticias en Instagram, Facebook, TikTok o Twitter, decidiendo qué contenido mostrarte para mantener tu atención. En aplicaciones como Google Maps o Waze. En Google Translate y, cómo no, en ChatGPT. Obviamente, esto es sólo una pequeña muestra, ya que la lista sería interminable.

Pero la IA no es la culpable de nada de lo que nos ocurra de aquí en adelante. El culpable es el ser humano, que está cediendo el poder a una máquina por comodidad, conveniencia y, sobre todo, por estupidez.

Los peligros sobre el poder que está tomando en nuestros días la IA no son ninguna broma ni ninguna teoría de la conspiración. ¿Te has parado a pensar que una IA estúpida, pero con mucho poder, podría paralizar un banco, una red eléctrica o desencadenar un incidente nuclear?

¡Piénsalo! Las decisiones más eficientes que promete la IA no pueden ser reales sin datos de calidad ni una buena estrategia planificada. Y es que la idea de que los datos sobre los que se asienta la IA son objetivos por naturaleza es errónea. Se presentan como inamovibles, desprovistos de interpretación y capaces de describir el mundo tal como es. Sin embargo, los datos son siempre el resultado de decisiones humanas previas (qué medir o no medir, qué evento registrar y cual no,…). Por lo tanto, los datos suelen estar incompletos, desactualizados o mal clasificados, ya que nosotros, los seres humanos, que al fin y al cabo generamos los datos, somos un cúmulo de errores. Obviamente, esto hace que la IA pueda automatizar errores y sesgos cada vez mayores, con el peligro que eso conlleva cuando esos datos se convierten en criterio de decisión. Por cierto, ¿alguien se ha parado a pensar en las consecuencias que tendría la desaparición de los centros de datos? Eso por no hablar del agua y la energía que consumen.

Resumiendo. Si la IA no es capaz de distinguir entre datos fiables y no fiables, pues todo lo que recibe es tratado como válido, no tiene ningún sentido -además de resultar peligroso- dejar que tome decisiones importantes, ¿no crees?

Ninguna tecnología debería reemplazar la necesidad de pensar y decidir de un ser humano. Por lo tanto, utilizar una inteligencia artificial para todo, cuando nosotros disponemos de una excelente inteligencia natural (eso sí, actualmente algo anquilosada), es, a mi modo de ver, una temeridad. Porque si seguimos dejando que la IA vaya resolviéndolo todo, nuestro cerebro se irá atrofiando poco a poco. ¿Y dónde nos llevará todo esto? Desgraciadamente, a convertirnos en seres sin voluntad propia esclavos de una máquina.

Personalmente, esto de la IA me genera una seria duda: ¿verdaderamente la IA se nos está yendo de las manos o es precisamente lo que se busca?

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

OTRO CASO DE DENUNCIANTE DE PFIZER QUE APARECE OPORTUNAMENTE "SUICIDADA"


CONFIRMADA LA EXISTENCIA DE UNA RED DE BIOLABORATORIOS SECRETOS DE EE.UU. FUERA DE SU TERRITORIO



El 12 de junio de 2026, la oficina de Tulsi Gabbard, jefa de la inteligencia nacional de Estados Unidos (ODNI), publicó un expediente que revela que la comunidad de inteligencia estadounidense ha financiado en secreto más de 120 biolaboratorios distribuidos en más de treinta países. Este hallazgo, fruto de meses de búsqueda en los archivos del Intelligence Community, confirma que los llamados biolaboratorios financiados por EE.UU. no son una teoría conspirativa, sino una realidad deliberadamente oculta a los propios contribuyentes estadounidenses. La propia Gabbard, que dejará su cargo a finales de mes, subraya que «políticos, supuestos profesionales de la salud como el doctor Fauci, y entidades del equipo de seguridad nacional de la administración Biden mintieron al pueblo estadounidense sobre la existencia de estos biolaboratorios financiados y respaldados por EE.UU., y amenazaron a quienes intentaban exponer la verdad».

Entre los puntos más reveladores se destaca que la propia inteligencia estadounidense advirtió que uno de los biolaboratorios financiados por EE.UU. en Ucrania almacenaba patógenos peligrosos en condiciones vulnerables ante la guerra ruso-ucraniana, con riesgo de ataque, incautación o daño.

El expediente de Gabbard revela que los biolaboratorios financiados por EE.UU. no solo existen, sino que muchos de ellos están o han estado involucrados en investigaciones de ganancia de función con patógenos altamente contagiosos y peligrosos, con muy poca o ninguna supervisión.

La ironía es que quienes advertimos sobre estos peligros fuimos tildados de propagandistas rusos y/o teóricos de la conspiración, mientras ahora la propia directora de inteligencia nacional confirma que existió un encubrimiento deliberado.


Mitt Romney, senador por Utah de enero de 2019 a enero de 2025, calificó a Gabbard de «mentirosa traidora» por decir que EE.UU. financiaba biolaboratorios en Ucrania. Parece que este hijo de Utah debería cuando menos disculparse, creo yo.

(Artículo completo de José Luis Preciado en https://mentealternativa.com/)

miércoles, 17 de junio de 2026

¿HA SIDO SIEMPRE IRÁN MIEMBRO DEL N.O.M.? UNA HISTORIA EN CUATRO PSYOPS



Hay ejemplos de sobra para sostener que vivimos en una era post-nación, y esto quedó explícitamente claro con la "pandemia" de Covid-19. El papel crucial de Irán en la operación contra el Covid-19 es uno de los hechos que más nos obliga a ser cautelosos con la narrativa bélica actual, pero es un acontecimiento que probablemente precede a esa operación psicológica que marcó una época.

De hecho, sostengo que un análisis de la historia reciente de Irán demuestra que ha participado sistemáticamente en operaciones psicológicas y narrativas mediáticas, lo que evidencia su connivencia con los gobiernos occidentales y, en particular, con las facciones globalistas dentro de ellos.

Empezando por el nacimiento del propio régimen actual …



1.- Instauración del régimen de los Ayatolláhs

Todos conocen (o deberían conocer) la Operación Ajax, el golpe de Estado conjunto del MI6 y la CIA en Irán en 1953 que derrocó al gobierno democráticamente electo de Mohammad Mosaddegh, supuestamente para impedir la nacionalización de las reservas petrolíferas iraníes. El gobierno resultante fue una monarquía absoluta bajo el Shah Reza Pahlavi.

Menos comentada es la clara y evidente implicación de la CIA en la Revolución iraní de 1979.

Por ejemplo, tras ser exiliado de Irán por el Shah en 1978, Jomeini recibió asilo en Francia. Los motivos no están claros, pero se sabe que la administración Carter mantuvo constante comunicación con Jomeini durante su estancia en Francia. De nuevo, los motivos de esta comunicación no han sido claramente explicados.

Sabemos que el propio ex Shah afirmó en sus memorias que Estados Unidos y el Reino Unido se habían opuesto a su gobierno desde la nacionalización del petróleo iraní en 1973 y el consiguiente aumento de precios (recordemos que el gobierno anterior supuestamente fue derrocado para evitar un análogo intento de nacionalización).

Independientemente de si creemos o no al Shah, también sabemos que a finales de 1978, el embajador estadounidense en Irán telegrafiaba a Washington D.C. que el Shah estaba "condenado", y a principios de enero de 1979, generales estadounidenses viajaban a Irán para discutir un posible golpe de Estado con el ejército iraní y ponerlos en contacto con el segundo al mando de Jomeini.

El gobierno del Shah cayó en cuestión de semanas.

Todo esto está documentado.

Las posibles motivaciones podrían analizarse extensamente, pero es innegable que hubo cierta participación occidental en la instauración del régimen actual.

2.- La crisis de los rehenes

Apenas el nuevo gobierno iraní llegó al poder, se vio envuelto en una "crisis" internacional. En noviembre de 1979, un grupo armado asaltó la embajada estadounidense en Irán y tomó más de 50 rehenes.

Una supuesta razón para esto fue la oposición de Estados Unidos al nuevo gobierno revolucionario iraní y su apoyo al Shah, pero sabemos que esto no es cierto. Estados Unidos ayudó a derrocar al Shah, y nadie lo sabía mejor que Jomeini y sus principales colaboradores.

Lo que la "crisis" realmente logró fue convencer al pueblo iraní de que su nuevo gobierno se opondría a Estados Unidos, al tiempo que debilitaba la presidencia de Carter en Estados Unidos hasta el punto de que perdió las elecciones de 1980 por una aplastante mayoría.

La teoría de la «Sorpresa de Octubre» sostiene que personas cercanas al gobierno estadounidense retrasaron deliberadamente la liberación de los rehenes para manipular las elecciones por medio de terceros. Se sabe que el exgobernador de Texas, John Connelly, se encontraba de viaje por Oriente Medio en ese momento difundiendo este mensaje.

Los rehenes fueron liberados apenas unos minutos después de la toma de posesión de Ronald Reagan.

Seguro que algunos dirán que todo fue una coincidencia.

3.- El asunto Irán-Contra

Hasta 1979, todo el armamento de Irán se compraba a Estados Unidos. Tras la crisis de los rehenes, el presidente Carter impuso un embargo de armas a Irán por "apoyar el terrorismo", embargo que fue mantenido por su sucesor, Ronald Reagan.

Sin embargo, los círculos políticos de Washington nunca han sido partidarios de no vender armas a nadie. Argumentaban que un embargo solo acercaría a Irán a la URSS e inmediatamente buscaron maneras de continuar secretamente la venta de armas a Irán, eludiendo el embargo.

Resulta curioso lo frágil que puede ser la apariencia de oposición ideológica una vez examinada. Algunos podrían preguntarse si toda la retórica contemporánea sobre "terroristas malvados" y "el Gran Satán" era algo más que un teatro geopolítico particularmente ostentoso.

Para 1985, la administración Reagan llevaba cuatro años suministrando armas ilegalmente a Irán, tanto directamente como mediante la "lavado" de las ventas a través de Israel (y, por cierto, vendiendo armas a ambos bandos en la guerra Irán-Irak).

Al mismo tiempo, Estados Unidos apoyaba secretamente a los rebeldes antisandinistas en Nicaragua en su guerra de guerrillas contra el gobierno socialista del FSLN. Este apoyo era ilegal según la legislación estadounidense gracias a las Enmiendas Boland.

El caso Irán-Contra fue una evolución de los acuerdos de venta de armas con Irán, una operación encubierta liderada por el coronel Oliver North, mediante la cual se vendieron armas ilegalmente a Irán y las ganancias de estas ventas se utilizaron para financiar a los rebeldes en Nicaragua. Esto era totalmente ilegal y, técnicamente, constituía alta traición.

El escándalo estalló en 1987, dando lugar a largas audiencias en el Congreso y, finalmente, a decenas de cargos penales. De los once acusados condenados por delitos relacionados con el caso Irán-Contra, solo uno llegó a cumplir condena en prisión, y casi todos lograron que sus condenas fueran anuladas en apelación o recibieron el indulto presidencial de George Bush padre en 1991.

Oliver North posteriormente se postuló para un cargo político y tuvo una exitosa carrera en los medios de comunicación, trabajando como presentador de televisión y publicando más de una docena de libros. No está mal, teniendo en cuenta que hablamos de un convicto del delito de alta traición.

Es razonable preguntarse: ¿esto suena a algo que sucedería si Irán fuera realmente un adversario acérrimo del gobierno estadounidense?

¿Por qué el gobierno estadounidense vendería armas a un régimen que, según ellos, representa una amenaza para su propia existencia?

¿Y por qué un hombre que cometió traición al armar a un enemigo recibió una sentencia tan leve y se le permitió "irse de rositas", como se dice, con posterioridad?

Es casi como si a nadie le importara demasiado, ¿no?

Como mínimo, volvemos a ver la fragilidad de la fachada y el hecho innegable de que otros intereses, en su mayoría tácitos, unieron a estos supuestos estados enemigos más allá de la retórica y la propaganda.

4.- Covid

La supuesta pandemia de Covid es la operación psicológica más grande de todas, superando a la mayoría de sus predecesoras tanto en complejidad de ejecución como en el alcance de sus objetivos.

Y el gobierno iraní estuvo plenamente involucrado.

Irán fue uno de los primeros países, junto con Italia, en declarar un impacto del Covid fuera de China. De hecho, su respaldo a la narrativa de la pandemia fue utilizado por algunos medios alternativos como prueba de que la pandemia debía ser real, ya que "Irán jamás cooperaría con una operación psicológica globalista".

Pero cooperaró. Al máximo. Trabajó estrechamente con la Organización Mundial de la Salud, según el informe oficial de la OMS:

La OMS y sus colaboradores proporcionaron soporte crítico a Irán para afrontar los retos planteados y responder al desafío del Covid-19, lo que dio lugar al suministro de más de 130 millones de dosis de la vacuna y la capacitación para realizar análisis de secuenciación genómica de 7700 muestras virales.

Irán impuso confinamientos, hizo obligatorio el uso de mascarillas y decretó la vacunación prácticamente obligatoria, al igual que todos los demás países. También solicitó un préstamo de 5 mil millones de dólares al FMI para paliar los efectos del Covid-19.


Mientras que los verdaderos actores internacionales defendían los intereses de su nación y sufrían las consecuencias, Irán se prestó al juego, acortando y dificultando la vida de los iraníes de a pie, y generando grandes beneficios para sus élites.

Conclusión

La evidencia demuestra inequívocamente que el actual régimen iraní tiene un historial de cooperación con potencias occidentales proglobalistas, en detrimento de su propio pueblo y del interés mutuo de la clase política de ambos bandos; esto DEBE poner en tela de juicio absolutamente todo lo que hacen.

Incluida esta guerra.

Vivimos en una era de falsas dicotomías y de "males menores", ¿por qué no se aplicaría este sistema de control del pensamiento a la guerra?

Se nos dice que pensemos en términos sencillos: musulmanes contra cristianos; derechos humanos contra la ley islámica; democracia contra teocracia; quienes buscan el cambio de régimen contra la soberanía nacional; rebeldes antisistema contra cazafortunas imperiales.

Pero sabemos por experiencia que estas simplificaciones se utilizan para ocultar realidades a veces soterradas, complejas y muy diferentes de intereses convergentes y obediencia a narrativas.

Y sabemos que esta guerra ya ha contribuido a algunos aspectos fundamentales de la agenda del "gran reinicio", que probablemente sea la mayor amenaza actual para la humanidad.

¿Es esa la única razón de esta guerra? Probablemente no. Seguramente hay muchas narrativas en juego y muchos grupos de interés que buscan beneficiarse, e incluso las guerras libradas con cinismo pueden generar caos y resultados imprevistos. Podemos suponer, por ejemplo, que los líderes iraníes asesinados no tenían intención de morir, aunque sería ingenuo pensar que la estructura de poder no sacrificaría voluntariamente en determinadas circunstancias a algunos de los suyos.

Orwell comprendió los intereses mutuos de las élites gobernantes en promover la guerra y controlar sus resultados. Comprendió que la forma en que se la presenta al "proletario" no es la misma en que la ven quienes la organizan y se benefician de ella.

Incluso mientras se libra esta guerra, Irán sigue promoviendo las mentiras sobre el Covid-19, sigue apoyando los programas globalistas, sigue trabajando en su propia moneda digital del Banco Central y sigue construyendo su infraestructura de identidad digital.

Debemos recordar esto y desarrollar una forma más sofisticada de comprender -y contrarrestar- las nuevas narrativas bélicas pospandemia.

Ya no vivimos en 2003. Conocemos el objetivo final de la globalización, y no es ni la hegemonía estadounidense ni un califato islámico. Se trata, más bien, de un programa de control digital del dinero, los alimentos y los viajes que limita la libertad humana.

Un programa que ambos bandos de esta guerra respaldan.

Kit Knightly
(Fuente: https://dailynewsfromaolf.substack.com/; traducción: Astillas de Realidad)

¿POR QUÉ LE TEMEN TANTO A LOS DATOS?



Robert Kennedy Jr. propone algo básico para cualquier política sanitaria seria: comparar los resultados de salud de niños vacunados y no vacunados utilizando grandes bases de datos médicas.

Eso es todo: datos, evidencia y método científico.

Sin embargo, la Academia Americana de Pediatría intenta frenar esta investigación en los tribunales. Y eso debería hacernos pensar.

Porque si durante décadas se nos aseguró que el calendario de vacunación era seguro y beneficioso, entonces no debería haber miedo a estudiarlo con profundidad, transparencia e independencia.


Cuando hablamos de la salud de los niños, no alcanza con confiar ciegamente.

La confianza no puede reemplazar a la evidencia.

La verdad no debería dar miedo.

(https://t.me/No_plandemia/)

SE MULTIPLICAN LOS TESTIMONIOS QUE DEMUESTRAN QUE LOS ATAQUES DEL 7 DE OCTUBRE FUERON CONSENTIDOS



La periodista Efrat Fenigson, quien sirvió en inteligencia de las FDI, señaló el mismo
día de los hechos que las barreras subterráneas con sensores de la frontera con Gaza
 se venían activando con el mero paso de un gato. 300 terroristas no pudieron cruzar
la valla fronteriza sin ser detectados. La incursión fue permitida para dar una justifi-
cación a la masacre que el alto mando israelí llevaba meses preparando

Son numerosos los testimonios bajo juramento de soldados israelíes que coinciden en señalar que los ataques de Hamás a Israel del 7 de octubre de 2023, usados luego para justificar el genocidio de Gaza, constituyeron una FALSA BANDERA, y que se les ordenó no intervenir desde las 5:20 a.m. hasta las 9 a.m. el día del ataque:



Se da la circunstancia de que el divulgador pro-MAGA Charlie Kirk, hasta entonces entusiasta aliado de Israel, se sumó inesperadamente a la voces que denunciaban que el ataque de Hamás a Israel fue una bandera falsa. ¿Fue esta la causa de su asesinato?


Las autoridades israelíes fabricaron al "enemigo" que necesitaban y luego le facilitaron una incursión que no han dejado de invocar como excusa para arrasar los territorios palestinos:

martes, 16 de junio de 2026

EL VICTIMISMO COMO PRÁCTICA POLÍTICA



Los poderosos envían a otros a la muerte para librarse de la suya: la desvían de sí mismos. No solo les es indiferente la muerte ajena, sino que se sienten obligados a provocarla a gran escala. Recurren a esta solución radical, en particular, cuando su soberanía sobre los vivos se ve amenazada. En cuanto se sienten amenazados, su pasión por ver morir a "todos" ante sus ojos difícilmente puede ser controlada por consideraciones racionales. El deseo de ser el último de los vivos es la tendencia más profunda de todo ideal poderoso. [...] Fundamental para la paranoia es la sensación de estar "rodeado" por una "pandilla de enemigos" que nos tienen en la mira. (E. Canetti, Masa y poder, 1960)

El miedo gobierna a las masas mejor que cualquier argumento. Una población convencida de estar al borde de la destrucción se une en torno a quienes prometen "salvación" y pierde la costumbre de cuestionar la realidad de la amenaza (cualquier referencia a Rusia e Israel no es casual). Elias Canetti, en "Multitudes y poder", rastreó una necesidad similar hasta la naturaleza misma de las masas, que permanecen unidas mientras se sienten rodeadas. El victimismo político surge de este descubrimiento y se beneficia de él. Quien convence a un pueblo de que está siendo perseguido obtiene obediencia a cambio, y con la obediencia, la renuncia al juicio. La seguridad prometida vale, a ojos de quienes temen, mucho más que la libertad de pensamiento. Por esta razón, el poder que gestiona el sentimiento de amenaza lo protege como su recurso más preciado.

Entre las características más destacadas de la vida de las masas se encuentra lo que podríamos llamar un sentimiento de persecución: una susceptibilidad particular y airada, una excitabilidad hacia los enemigos designados como tales de una vez por todas. Pueden hacer lo que quieran... sus acciones siempre se interpretan como si brotaran de una malicia imperturbable, de una mentalidad negativa contra las masas, de una intención preconcebida de destruirlas abierta o sutilmente. Las masas son siempre una especie de fortaleza sitiada, pero sitiada en un doble sentido: tienen al enemigo ante las murallas y lo tienen en el sótano. El sentimiento de persecución de las masas no es otra cosa que la sensación de esta doble amenaza. (E. Canetti, Masa y poder, 1960)

Para que el dominio perdure, la amenaza debe mantenerse. Una amenaza que disminuye restablece la calma entre la multitud y, con ella, la percepción de que el líder tiene interés en mantenerla suspendida. Por lo tanto, al enemigo le conviene sobrevivir. Debilitarlo hasta el punto de la rendición sería un error de cálculo, porque un adversario vencido ya no inspira temor, y sin temor el dominio se debilita. La paz desarmaría a quienes han basado su autoridad en el cerco. La historia del siglo XX ha demostrado repetidamente esta lealtad secreta del déspota a su adversario, el interés en mantenerlo con vida. El conflicto alimenta el poder que se declara atacado.

Queda por comprender cómo un solo hombre puede hablar en nombre de una comunidad que se siente ofendida. Freud, en "Psicología de las masas", describió el vínculo que une a un grupo, formado por individuos que han colocado a la misma figura en el lugar de su ideal. A la multitud le importa mucho más el parecido con su líder que la razón de ser de sus acciones. El líder del victimismo se compadece de su pueblo, da nombre a su angustia confusa y la refleja magnificada. Él mismo debe aparentar estar asediado, porque solo una persona perseguida puede gobernar a un pueblo perseguido. Su poder se interpreta como la armadura necesaria de los débiles, y los golpes que asesta se presentan como gestos de defensa. Entonces comprendemos el espectáculo, por lo demás grotesco, del hombre muy fuerte que se proclama víctima.

"Se puede reconocer el tipo paranoico del poderoso en alguien que utiliza todos los medios para mantener el peligro alejado de su propio cuerpo. En lugar de provocar el peligro y enfrentarlo, en lugar de luchar contra él y someterse a un destino que incluso podría ser desfavorable, busca bloquear el camino hacia el peligro con astucia y cautela. Creará un espacio vacío a su alrededor que pueda abarcar con la mirada, vigilando atentamente cualquier señal de peligro inminente. Permanecerá a la defensiva en todas direcciones, porque la conciencia de tener que lidiar con muchos que podrían avanzar contra él simultáneamente mantiene vivo en él el temor a estar rodeado. El peligro está en todas partes, no solo frente a él. De hecho, es mayor a sus espaldas: puede que no se dé cuenta con la suficiente rapidez". (E. Canetti, Masa y poder, 1960)

Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territo-
rios Palestinos Ocupados conoce bien el precio de divulgar la ver-
dad: ha sido blanco de ataques, amenazas y censura, le han cerrado
 sus cuentas de correo, sus cuentas bancarias y el acceso a platafor-
mas de reservas de vuelos y hoteles, y se le ha impedido acceder
 a sus propios ingresos. La saña con que ha sido descalificada y re-
presaliada demuestra a las claras la omnipresencia y eficacia de
los tentáculos de Israel
El giro es el momento decisivo. El agresor comienza por negar su propia violencia y atribuírsela a la víctima, de modo que el acto ofensivo se presenta como una respuesta a una ofensa temida. El psicoanálisis reconoció hace tiempo el siguiente paso. Quienes han sufrido violencia, para evitar el retorno de su antigua impotencia, adoptan las costumbres del perseguidor y continúan viéndose a sí mismos como perpetradores. Sándor Ferenczi y Anna Freud denominaron a esto identificación con el agresor, y en todos los pueblos, este proceso genera la figura más insidiosa: el verdugo convencido de su propia inocencia. Posteriormente, la acusación se vuelve contra quien la profiere. Quienes documentan la masacre son declarados fanáticos y amigos del enemigo, mientras que quienes la cometen recuperan la posición de atacados, defendiéndose. La víctima simplemente reacciona; por definición, no provoca, por lo que su violencia siempre se presenta como una respuesta legítima a una injusticia que la justifica de antemano. Los muertos que produce pertenecen al enemigo, acusado de haberlos expuesto para su propio beneficio. Cuando la provocación se demora, el poder sabe cómo conseguirla, porque un adversario tranquilo lo privaría de la razón que lo mantiene en pie.

Israel ofrece la versión más exitosa de este mecanismo, debido a la singular concentración de las condiciones que lo hacen efectivo. Una nación nacida de la mayor catástrofe del siglo puede mantener esa catástrofe presente, como un peligro latente en el mismo instante en que se menciona. Idith Zertal ha reconstruido cómo la memoria del exterminio se convirtió en una preocupación estatal, desde el juicio de Eichmann en 1961 en adelante, hasta quedar integrada a una autoimagen permanentemente marcada por la condición de perseguido. En este contexto, el adversario adopta las características del nuevo exterminador, y la operación militar más desproporcionada se presenta como defensa. La abrumadora superioridad armamentística coexiste con la certeza interna de ser el más débil, el próximo en desaparecer, y una potencia que se percibe indefensa se revela como la más peligrosa, ya que percibe sus propios ataques como la reacción incontrolada de alguien paralizado. Así, la inversión se convierte en política de Estado. La población asediada y hambrienta, inferior en todos los sentidos materiales, es retratada como la agresora letal, mientras que quienes perpetran los bombardeos afirman defender su propia supervivencia. Las autoridades tachan las críticas de odio, e incluso las voces judías que denuncian el declive interno son tratadas como traidoras.

La misma lógica rige el ámbito interno. Ante el peligro extremo, la disidencia se convierte en deserción, y quienes critican al líder en el momento crítico se alían con el exterminador. La oposición es tratada como una quinta columna. El victimismo cumple entonces dos propósitos simultáneamente: justifica la violencia contra el mundo exterior y protege al gobernante de su propia gente, ya que dudar de él mientras la amenaza arrecia se asemeja a una traición al bien común. El temor que une a la multitud contra el enemigo también la inclina hacia su líder, y la obediencia se disfraza de autodefensa.

El atractivo de esta práctica, tanto a nivel nacional como internacional, reside en la inocencia que confiere. Soportar la agresión sintiéndose a la vez víctima no tiene costo para la conciencia, pues elimina la culpa y deja la razón. El líder ofrece esta absolución temprana y garantiza a sus hombres la condición de veteranos que defienden la vida, y la población acepta casi cualquier cosa con tal de evitar pensar en su propia culpa. El precio se paga en la realidad compartida. Para creer en la víctima que ataca, hay que apartar la mirada de quienes matan y de quienes mueren, de modo que el imperio de la victimización erosiona gradualmente la capacidad del público para relacionar causas y efectos, hasta que los hechos se desvanecen sin ser resueltos en los tribunales. Arendt consideraba que este era el objetivo último de la mentira política: erosionar el sentido común de la verdad hasta que lo verdadero y lo falso se vuelvan indistinguibles. Tal práctica no puede concluir, porque se nutre del enemigo y terminaría con él. Solo le queda un verdadero adversario: la norma que se aplica a todos, la injusticia sufrida que no justifica nada y el «nunca más» que solo tiene sentido cuando se aplica a todos. Reducida a un «nunca más» exclusivo para nosotros, seguirá fabricando, con la conciencia tranquila, a las víctimas cuyas acciones el poder se declarará atacado mañana.

Lavinia Marchetti
(Fuente: https://laviniamarchetti.substack.com/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)