ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
viernes, 9 de octubre de 2026
NOS HEMOS ACOSTUMBRADO A LO INACEPTABLE
Quizá el mayor fracaso de nuestra época no sea todo lo que está ocurriendo.
Quizá sea nuestra capacidad para acostumbrarnos a ello.
Hemos atravesado pandemias, guerras, violencia, crisis económicas, desplazamientos, hambre, corrupción, deterioro institucional, censura, manipulación, polarización y una pérdida progresiva de confianza en prácticamente todo.
Nunca habíamos tenido tanta información. Sabemos lo que ocurre casi mientras está ocurriendo.
Y, sin embargo, saberlo todo no está sirviendo para cambiar casi nada.
Ahí está la gran paradoja. Nunca estuvimos tan informados y quizá nunca fuimos tan fáciles de paralizar.
Porque hemos convertido hasta el horror en contenido. Vemos una tragedia mientras desayunamos. Un escándalo político mientras esperamos el autobús. Una guerra entre dos vídeos de TikTok. Un niño destrozado por acoso escolar antes de mirar qué serie ponen esta noche …
Nos indignamos. Compartimos. Ponemos un corazón. Insultamos al bando contrario. Y seguimos deslizando el dedo…
Mañana habrá otro escándalo. Tenemos una capacidad extraordinaria para sobrevivir. El ser humano ha sobrevivido a guerras, pestes, dictaduras, hambre, persecuciones y catástrofes.
Pero esa capacidad tiene una cara mucho menos heroica:
también somos extraordinariamente eficaces normalizando aquello que jamás deberíamos aceptar.
Primero algo nos escandaliza. Después nos preocupa. Luego simplemente nos molesta. Más tarde hacemos un meme. Finalmente forma parte del paisaje. Y entonces ocurre algo todavía más inquietante: quien continúa diciendo que aquello no es normal empieza a parecer el radical …
Nos acostumbramos a que nuestros hijos pasen media vida delante de una pantalla.
A que la educación rebaje exigencias mientras presume de modernidad.
A que trabajar no garantice una vivienda.
A que nuestros mayores envejezcan solos.
A que la política se haya convertido en una pelea de hooligans donde lo importante ya no es lo que ocurre, sino quién lo hace.
A instituciones más preocupadas por conservarse a sí mismas que por cumplir la función para la que existen.
A que una mentira repetida desde el lugar adecuado termine adquiriendo aspecto de verdad.
Y seguimos funcionando. Ese es precisamente el problema. Seguimos funcionando.
Nos levantamos, trabajamos, pagamos, consumimos, discutimos, votamos o no votamos, vemos Netflix y ponemos el despertador.
Por eso un sistema deteriorado puede durar muchísimo tiempo. No necesita que la población esté satisfecha. Ni siquiera necesita que crea en él. Le basta con que esté suficientemente cansada, dividida, entretenida y convencida de que nada puede hacerse.
Nos han enseñado además una magnífica forma de canalizar nuestra frustración: pelearnos entre nosotros.
Izquierda contra derecha. Hombres contra mujeres. Jóvenes contra mayores. Funcionarios contra autónomos. Pobres contra pobres …
No necesitamos otro salvador. Ya hemos probado demasiados. Ni otro partido prometiendo arreglar lo que el anterior prometió arreglar después de que otro prometiera exactamente lo mismo.
Necesitamos algo bastante más incómodo:
Personas capaces de pensar por sí mismas.
Personas que no necesiten pertenecer a un bando para saber que algo está mal.
Que puedan criticar una injusticia aunque la cometan “los suyos”.
Que sean capaces de cambiar de opinión.
Que no confundan obediencia con civismo.
Ni comodidad con libertad.
Ni adaptación con progreso.
Porque el futuro no empezará cuando aparezca alguien dispuesto a salvarnos. Empezará cuando dejemos de esperar que alguien lo haga.
Todavía podemos cambiar muchas cosas. Pero primero tendremos que recuperar algo que estamos perdiendo peligrosamente rápido:
La capacidad de mirar lo inaceptable y negarnos a llamarlo “normal”.
(https://t.me/bycpoornamidam/)
POSIBLE RESOLUCIÓN DE UN ENIGMA HISTÓRICO
El 31 de agosto de 1888 comenzó la serie de asesinatos rituales atribuidos a Jack el Destripador. Es muy probable que no hayan sido los únicos: la policía ocultó deliberadamente que los principales sospechosos eran judíos, por miedo a desatar reacciones violentas contra una comunidad que ya gozaba de escasa reputación entre la población inglesa. En cambio, difundieron la falsa narrativa de que las víctimas eran prostitutas … cuando en realidad eran devotas católicas.
Las fechas de los crímenes tampoco fueron casuales: cada uno coincide con una festividad cristiana, principalmente mariana, y fueron perpetrados en la madrugada de esas mismas fechas:
31 de agosto, asesinato de Mary Ann Nichols
María Mediadora de Todas las Gracias
8 de septiembre, asesinato de Annie Chapman
Natividad de la Virgen María
30 de septiembre, asesinato de Elizabeth Stride y de Catherine Eddowes
Fiesta de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre
9 de noviembre, asesinato de Mary Jane Kelly
Inmaculada Concepción
jueves, 8 de octubre de 2026
DEMOCRACIA Y TIRANÍA PLUTOCRÁTICA
Quien desee vivir sin una venda en los ojos debe empezar aceptando algo elemental: en nuestras sacrosantas democracias quienes deciden de forma efectiva son minorías que escapan al 'control ciudadano' (algo que en puridad no existe, pues la 'ciudadanía' no es otra cosa sino una comparsa a la que se halaga en sus bajos instintos, para hacerle creer que tiene mando), élites que nos imponen su propia concepción del mundo a través de ideologías que les benefician. Durante el siglo XIX y una parte del siglo XX, hasta la eclosión de los totalitarismos, esa ideología fue el liberalismo; luego, con la necesidad de asimilar o amansar la fiera comunista, esa ideología sería el progresismo, que no es sino liberalismo con derechos de bragueta y dengues de justicia social.
Detrás de esta degeneración de la democracia se halla, claro está, la rebelión de la Economía contra la Política. Durante siglos, la Economía estuvo limitada por normas religiosas o morales y supeditada al poder político, que era depositario de esas normas y encargado de velar por su vigencia. Pero, al desvincularse el poder político de esa labor, la Economía se desembridó por completo, hasta subvertir los cimientos de la política mundial; y esa subversión no ha hecho sino agigantarse con el desarrollo de la técnica, hasta llegar a esta fase de capitalismo tardío, en que no sólo los bienes de consumo, sino hasta las interacciones humanas y la propia intimidad se han convertido en activos financieros. De este modo, el estado de subversión originado por el lucro no sólo ha transformado las formas políticas imperantes, sino también la conciencia social, imponiendo una supremacía del dinero sobre cualquier anhelo humano, una prevalencia de las ansias materiales sobre los anhelos espirituales. Así se ha producido una mercantilización completa de la sociedad: el afán de lucro constituye el común denominador de todas las relaciones sociales; e, inevitablemente, la corrupción se ha extendido por doquier.
Los medios de adoctrinamiento de masas, la publicidad comercial, las formas artísticas cada vez más halagadoras de los bajos instintos y, muy especialmente, la 'experiencia' digital regida por algoritmos impulsan un plan disolvente de embrutecimiento colectivo, orientado a mantener al 'usuario' inmerso en un ciclo continuo de consumo y gratificación inmediata; orientado, en realidad, a convertirlo en un animalillo gobernado por impulsos meramente sensitivos, mediante la destrucción de su equilibrio moral y psíquico. A ese hombre embrutecido que ya sólo puede aspirar a la búsqueda de felicidad en un sentido puramente materialista es fácil someterlo a una servidumbre espiritual completa y convertirlo en masa cretinizada.
Entretanto, el régimen de partidos -introducido por el liberalismo burgués e impulsado por el dominio de la Economía sobre la Política- representa un simulacro democrático, mientras sigue las consignas del Dinero. Oswald Spengler lo escribió premonitoriamente hace más de un siglo: «Así como la monarquía inglesa en el siglo XIX, así los Parlamentos serán poco a poco un espectáculo solemne y vano. Como allí el cetro y la corona, así aquí los derechos populares serán expuestos a la masa con gran ceremonia y reverenciados con tanto o más cuidado cuanto menos signifiquen». Y mientras se representa ese espectáculo solemne y vacío (bueno, en el caso español barriobajero y vacío), el verdadero poder se ha desplazado de los (risum teneatis) 'órganos de representación ciudadana' hacia corporaciones transnacionales cuyo valor de mercado supera el PIB de muchas naciones. Los parlamentos ofrecen una soberanía de pega a la 'ciudadanía', con manguerazo de derechos de bragueta y halagos al resentimiento de sus elementos más viles, mientras la alta finanza internacional toma las decisiones. Así la democracia se ha convertido en el arma política de las fuerzas del Dinero, que condicionan la legislación a sus propios intereses a través de un régimen de partidos lacayos y sobornados, mientras las masas, cretinizadas por la depravación intelectual y los cultos falsos, están sometidas a un verdadero hipnotismo ideológico; y guían su conducta según consignas partidistas que, por supuesto, no buscan reflejar la realidad, sino producir 'relatos' mediante la impresión y el impacto emocional en lugar del razonamiento.
La libertad política está ligada íntimamente a la independencia económica; y en las democracias contemporáneas tal independencia no existe. Lo que nosotros llamamos cándidamente 'democracia' no es más que una tiranía plutocrática que ha desarrollado eficacísimos métodos de hipnosis ideológica colectiva.
Juan Manuel de Prada
HACE MÁS DE OCHO AÑOS DE UNAS DECLARACIONES QUE RETRATAN A UN EMBUSTERO PERTINAZ
Pero, oye, no seas malpensado, que seguro que si gana las próximas elecciones esta vez sí que cumple.
miércoles, 7 de octubre de 2026
UNA HIPÓTESIS MÁS QUE PLAUSIBLE (2ª PARTE)
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Una escasez administrada es preferible a una escasez proclamada |
En nuestro mundo paralelo, la gran conspiración de las élites no existiría para provocar el colapso, sino precisamente para administrarlo y evitar que ocurra de golpe.
Hay una diferencia enorme entre decir «la gasolina ha subido por la guerra» y decir:
«Hemos alcanzado el máximo de producción. A partir de ahora no podemos garantizar que exista petróleo suficiente para mantener simultáneamente el crecimiento económico, el transporte, la agricultura, la industria y el nivel de vida occidental».
La segunda declaración cambia inmediatamente el comportamiento de todo el mundo.
Empresas acumularían combustible; países importadores intentarían aumentar reservas; particulares llenarían depósitos y bidones; navieras, aerolíneas y agricultores asegurarían suministros. Una pequeña insuficiencia física podría convertirse instantáneamente en una gran insuficiencia comercial.
Después vendrían los mercados. Si el petróleo barato constituye una restricción permanente al crecimiento futuro, cambia la valoración de prácticamente todo: aerolíneas, automóviles, turismo, logística, vivienda periférica, industria pesada, deuda empresarial y, finalmente, deuda soberana. El problema dejaría de ser energético para convertirse también en financiero.
Todo este supuesto «teatro» transforma un único problema intolerable en veinte problemas tolerables.
El clima nunca fue el problema
En nuestro mundo paralelo, un día comprendemos que llevábamos décadas mirando en la dirección equivocada.
No se trataba del CO₂. No se trataba de salvar el clima. Ni siquiera se trataba primordialmente de contaminación.
Se trataba del petróleo.
Si los gobiernos hubieran dicho la verdad -«el petróleo barato sobre el que hemos construido nuestra civilización está llegando a su límite y debemos reducir radicalmente nuestra dependencia»- habrían provocado exactamente aquello que intentaban evitar: acaparamiento, especulación, nacionalismo energético, hundimiento de expectativas económicas y una carrera mundial por asegurarse los últimos barriles baratos.
Hacía falta otra razón.
El cambio climático proporcionó una extraordinariamente eficaz: no consumimos menos petróleo porque no haya suficiente para sostener indefinidamente el crecimiento, sino porque virtuosa y voluntariamente estamos «descarbonizando».
Entonces dejan de importar ciertas contradicciones.
¿Fabricar cientos de millones de baterías exige minas, enormes cantidades de materiales, energía, agua, industrias químicas y nuevas infraestructuras? No importa. Porque en nuestro mundo paralelo el objetivo secreto nunca fue evitar todo impacto ambiental.
El objetivo era conseguir que el automóvil pudiera funcionar sin petróleo.
Una vez electrificado, puede alimentarse mañana con nuclear, hidráulica, carbón, gas, solar o eólica. La batería no sería fundamentalmente un dispositivo ecológico.
Sería un dispositivo de sustitución del petróleo.
Y así encajaría también 2020.
Cuando la demanda mundial amenazaba con continuar creciendo mientras el petróleo ya no podía acompañarla, apareció la única medida capaz de reducir el consumo inmediatamente en una magnitud gigantesca: paralizar la movilidad mundial.
Aeropuertos vacíos. Autopistas vacías. fábricas detenidas. Turismo paralizado. Millones trabajando desde casa.
En nuestro universo paralelo, aquello no solucionó nada.
Pero consiguió algo extraordinariamente valioso:
tiempo.
Tiempo para electrificar. Tiempo para construir renovables y nuclear. Tiempo para reorganizar suministros. Tiempo para acostumbrar a la población a consumir menos. Tiempo para que el descenso pudiera administrarse en lugar de anunciarse.
Porque ése sería el secreto verdaderamente terrible de nuestro relato: no estarían intentando salvar el planeta de una catástrofe futura.
Estarían intentando evitar que la civilización descubriera simultáneamente que la energía que hizo posible su prosperidad ya no puede seguir creciendo al mismo ritmo.
Y no porque necesariamente fuese a producirse Mad Max.
Sino porque decírselo a ocho mil millones de personas podría ser precisamente la manera más rápida de provocarlo.
Félix Udivarri
(https://acratasnet.wordpress.com/)
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