viernes, 27 de febrero de 2026

BURKA



Recuerda: el burka, el hiyab, el niquab y demás cárceles de tela son símbolos de
 identidad cultural y de empoderamiento de la mujer, y prohibirlos vulneraría la li-
bertad de culto y el derecho del Islam a humillar a la mujer y someterla. Lo dice 
Yolanda Díaz, que es lo más feminista que ha parido madre desde los tiempos
 de Aurora Rodríguez Carballeira. Como diría aquella, "mitad tonta, mitad napia"

La ensaladilla mental del Partido Socialista, de Podemos, de Los Comunes, de Izquierda Hundida y Sumar, ha llegado a tal extremo que ya dudo sobre si lo que dicen es fruto de la maldad, de la ignorancia, de la esquizofrenia, de las ganas de hacer chistes o del cálculo electoral.

Las cerriles palabras perpetradas por Yolanda Díaz en defensa del burka como esencia de libertad religiosa para la mujer (¡¡¡¡) sólo tienen parangón en las vergonzosas alabanzas del socialista Patxi López enorgulleciéndose del burka, y en las floridas expresiones de Ada Colau en el Parlamento catalán comparando el burka con los capirotes nazarenos y con el hábito de las monjas. A estos tres indigentes intelectuales les deseo que se les seque la yerbabuena, pues el cerebro ya se les secó. Y es que, tras lo que sabemos fehacientemente que ocurre con la mujer en Irán, Afganistán, Arabia Saudí o Pakistán, el debate en España no debería ser “burka sí-burka no”, sino qué demonios hacen todos estos integristas mahometanos en España, cómo han entrado aquí, qué coño vienen buscando, y cómo van a marcharse si no se adaptan a nuestras costumbres. Porque –digo yo– si hablar catalán va a ser requisito imprescindible y general de permanencia, con mucha más razón lo debería ser no disfrazar a tu mujer de fantasma y permitirle que salga a la calle con aspecto de persona.

Por si fuera poco, me duele ver en las redes sociales a docenas de chistes anticatólicos asimilando el burka mahometano (bueno) a los capirotes de Semana Santa y a los hábitos de las monjas (malos). Y más me duele comprobar que los autores de semejantes viñetas son gente normal, de a pie, hombres y mujeres que dicen ser antifascistas-laicos, ateos-pata-negra y luchadores feministas. Eso sí: antifascistas-laicos excepto para ensalzar al islam; ateos-pata-negra en lo referido al cristianismo; y luchadores feministas sólo si el violador es católico y de derechas, no la mano derecha de Marlaska, el Jefe de la Policía sanchista.

Únicamente espero que os salgáis con la vuestra, señores “antifascistas”: que vuestro barrio sea una copia de cualquier barrio de Argel, de Kabul, de Teherán o de La Meca; que a los machistas maridos de las afganas del burka los tengáis de vecinos de escalera; que vuestras hijas jueguen en el parque con un ser indefinido metido en un saco negro; y que dentro de tres décadas, ya embutidas también en un burka, vuestras hijas y vuestras nietas maldigan vuestra memoria, vuestra cobardía y vuestras viñetas.

Mientras tanto, a ver si logro explicar con el Libro Gordo de Petete la diferencia entre un nazareno de Semana Santa, el hábito de una monja católica y el burka de una mujer afgana:

1-Un nazareno tapa su cuerpo durante un par de horas para salir en procesión. Luego, tras el susodicho espectáculo auditivo y visual, se despoja del capirote y no pasa nada.

2-Una monja católica lleva hábito; pero, si se quita el hábito para dejar de ser monja, al día siguiente está en la calle con minifalda, bailando en la discoteca, bebiendo alcohol y fumando; y al día siguiente del siguiente está casada y con dos hijos; y al siguiente del siguiente del siguiente está divorciada; y al siguiente del siguiente del siguiente del siguiente se junta con otra pareja. Y no pasa nada.

3-Una mujer mahometana lleva burka; pero, si se quita el burka, al día siguiente está muerta.

¿Habéis captado la idea, imbéciles?

Juan Manuel Jimenez Muñoz.




No falla: estamos ante una cuestión que funciona como perfecto detector de imbéciles. Ada Cola-Cau es el ejemplo paradigmático, al situarse en la equidistancia entre la compasiva enseñanza de Jesús, que obliga a amar al propio enemigo, y el totalitarismo islamo-fascista, que exige su aniquilación.

Alguien debería explicarle que entre el derecho canónico católico, que no establece ningún castigo para quien abandona la fe, y el musulmán, que castiga lo mismo con el asesinato del apóstata, asesinato que todo creyente tiene no solo el derecho, sino el deber de ejecutar, no es lo mismo.

Una religión que exige a sus integrantes convertirse en asesinos es una bomba de relojería y una aberración moral de la que todo sujeto inteligente debería abominar.

Tal vez el problema es que la ex-alcaldesa perroflauta no entra en la categoría mencionada.

Ada, otra vez te has "colau".

(posesodegerasa)

UN AVISO QUE NO FUE ESCUCHADO



Muammar Gaddafi en la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2009: "Ellos mismos crearán el virus y te venderán el antídoto. Después, fingirán que tardan en encontrar la solución, cuando ya la tienen creada desde el principio".

Dos años más tarde, la élite mundialista lo asesinó.

EL TABLERO DE LOS DUEÑOS: LAS CARAS DEL PODER



El mundo no funciona como nos han enseñado. Existe una pirámide de mando donde los nombres que todos conocen, como Soros, Rockefeller, Morgan y Rothschild, son los que de verdad mueven los hilos. Mientras la mayoría de las personas se pierde defendiendo a figuras oscuras y peligrosas, estos clanes operan desde un nivel superior donde deciden el destino de las naciones y de tu propia vida.

La realidad es que el sistema está diseñado para que no estés listo para entender su funcionamiento. Se burlan de todos nosotros dejando pistas sobre sus planes y sus pactos secretos, mientras usan a los líderes que ves en las noticias como simples marionetas. Quienes manejan el dinero y el poder real no sirven a la gente, sino a agendas muy antiguas que buscan el control total de la humanidad, manteniéndote distraído para que nunca veas quiénes son los verdaderos culpables.

​¿Ves líderes poderosos o los rostros de quienes han decidido el destino del mundo desde hace siglos?

jueves, 26 de febrero de 2026

EPSTEIN Y EL ARTE ANTIGUO DEL KOMPROMAT



Hay escándalos que no derriban el sistema. Lo dejan al descubierto.

El archivo Epstein no es solo una lista de nombres incómodos ni una colección de fotografías y vídeos repugnantes. Es la sospecha -cada vez más extendida- de que el poder contemporáneo no se sostiene solo con dinero o votos, sino con algo mucho más eficaz: la vulnerabilidad compartida.

Desde que su nombre empezó a filtrarse en tribunales y reportajes, han surgido firmes teorías sobre quién lo protegía, quién lo utilizaba o qué redes de influencia se cruzaban en su entorno, señalando posibles vínculos con los servicios de inteligencia israelíes o intereses geopolíticos. Lo relevante no es cerrar aquí el debate, sino entender por qué esa hipótesis resulta no ya plausible, sino altamente probable: porque el caso encaja demasiado bien con un patrón histórico conocido.

Las élites rara vez funcionan como clubes abiertos. Funcionan como círculos donde el ascenso implica cruzar una frontera moral. No hace falta recurrir a rituales oscuros para entenderlo. Basta observar cómo, a lo largo de la historia, los grupos de poder han utilizado secretos, favores y debilidades personales para garantizar lealtad. Epstein parecía moverse precisamente en ese espacio intermedio: no era un ideólogo ni un líder político, sino un intermediario ambiguo entre dinero, influencia política y círculos de seguridad internacional. Alguien que conectaba ambición y acceso. Su verdadera influencia no estaba en lo que decía, sino en lo que sabía, y en lo que podía demostrar de quienes orbitaban a su alrededor.

El ex-primer ministro israelí Naftali Bennett afirmó con “100 % de certeza” que Epstein no tenía conexión con el Mossad y calificó esas acusaciones como falsas. Crea el lector lo que le parezca más probable. En política, las negaciones rara vez cierran un debate; suelen abrir otro.

El periodismo investiga, interpreta, sospecha y conecta puntos. No dicta sentencias: eso corresponde a fiscales y jueces. Pero cuando las estructuras judiciales dependen del mismo ecosistema político que aparece bajo sospecha, surge una tensión inevitable entre verdad pública y verdad procesal. No es una teoría; es una constante histórica.

Mucho antes de que existieran cámaras ocultas o expedientes judiciales digitalizados, las élites ya sabían cómo asegurarse de que sus miembros no abandonaran el círculo. No bastaba con compartir intereses; había que compartir riesgos. El poder no se construía sobre la confianza, sino sobre la irreversibilidad. En las cortes europeas del siglo XVIII, el ascenso social venía acompañado de favores que nunca podían mencionarse fuera de palacio.

En las logias políticas del XIX -algunas abiertas, otras opacas- el acceso implicaba ritos y juramentos que eran menos espirituales que estratégicos: sexos al aire, cruces pisoteadas y palabras dichas en voz alta ante el resto de los sectarios que garantizaban silencio futuro.

No hace falta recurrir al mito para entenderlo. Los historiadores han documentado cómo las redes aristocráticas, financieras o revolucionarias utilizaban cartas comprometedoras, deudas privadas o escándalos cuidadosamente administrados para asegurar disciplina interna. No era una conspiración única; era una tecnología social.

Por eso el escándalo Epstein incomoda tanto. Porque plantea una pregunta que nadie que no quiera arriesgarse a perder su cargo quiere formular en voz alta: ¿cuántas carreras políticas y económicas dependen de secretos que nadie puede permitirse revelar? No se trata necesariamente de una conspiración única, sino de algo aún más inquietante: un sistema donde la pertenencia exige renunciar a la inocencia pública. Cuando todos están comprometidos, nadie puede salirse del guion sin arrastrar a los demás.


En 2015 el criminal eugenista de la élite mundialista Bill Gates estaba
planeando la pandemia con el judío Jeffrey Epstein. Le escribía: "Pre-
parando la pandemia... Discutamos los próximos pasos, por ejemplo,
cómo involucrar oficialmente a la OMS y los CDC... Espero que po-
damos lograrlo". ¿Aún sigues creyendo que todo lo que se hizo
fue por tu salud?
La pregunta no es cuántos sistemas similares han existido antes, sino cuántos siguen funcionando hoy sin nombre propio. Cada vez que vemos a un dirigente poderoso actuar de forma aparentemente absurda -sea Trump, Merz o Macron- surge la misma duda incómoda: ¿deciden realmente por voluntad propia o ejecutan el guion de quienes los encumbraron?

Porque la historia del poder no es la historia de quienes mandan. Es la historia de quienes ya no pueden permitirse dejar de obedecer.

Ese mecanismo no nació con Epstein. Las viejas sociedades de poder ya funcionaban así: juramentos, favores cruzados, silencios compartidos. La diferencia es que hoy las pruebas no se guardan en templos secretos, sino en servidores, archivos y expedientes judiciales. Quizá por eso el caso sigue abierto en la imaginación colectiva. No porque todos crean las mismas teorías, sino porque muchos intuyen que la verdad completa nunca se contará del todo.

Epstein no fue el origen. Fue el espejo. Y lo que refleja no es solamente un nombre y una bandera, sino una vieja regla del poder: quien quiere pertenecer, primero tiene que dejar de poder marcharse.

(Visto en https://acratasnet.wordpress.com/)

MIRANDO EN RETROSPECTIVA


Mel Gibson, acusado de habérsele ido la olla por acusar a Hollywood de ser un nido de pedófilos. Sinéad O'Connor, cancelada por denunciar a Juan Pablo II como encubridor de pederastas. Ricky Gervais señalando las complicidades del mundo del espectáculo con la trama Epstein ya hace seis años. Todos ellos advirtieron al mundo de algo que el mundo no estaba preparado para asumir, y que ahora nadie puede negar, porque la verdad que ha salido a la luz va más allá de lo imaginable. No se trata de que las llamadas "teorías de la conspiración" vayan confirmándose con el tiempo. Lo escalofriante es que la realidad va más lejos aún de lo anunciado. Y que ser valiente sigue saliendo muy caro a quien se atreve a señalar a los depredadores sexuales camuflados en la cúspide del poder.

LA SOCIEDAD DISTÓPICA QUE QUIEREN PARA NUESTRO FUTURO INMEDIATO


¿Cómo seria una sociedad con Identificación Digital y monedas digitales de bancos centrales CBDC (Euro Digital) programada para 2029?

miércoles, 25 de febrero de 2026

LAS INSPIRADORAS DEL FEMINISMO SUPREMACISTA


... o "feminazismo" a secas, puesto que nada tiene que ver con las justas reivindicaciones de las entrañables sufragistas de hace un siglo, o así. Tal vez el término no sea el más adecuado histórico-ideológicamente, pero tiene el mérito de ponerlas histéricas, lo que desvela su esencia. Y de lo que trata este artículo es justamente de indagar en las desquiciadas personalidades de la caterva de resentidas, odiadoras profesionales y enfermas mentales que inspiraron el cáncer en que se ha convertido el feminismo en nuestros días. Ahí va el "dramatis personae":


Betty "la fea"

La judía Betty Friedan fue la fundadora del feminismo moderno: mujeres desaseadas y de escaso intelecto que instan a mujeres atractivas a que destruyan sus matrimonios por resentimiento hacia los hombres que desean y no pueden tener, y por intensa envidia a las mujeres guapas que les hubiera gustado ser. Frieda fue una solterona judía que estaba celosa de las mujeres felizmente casadas. Convenció a millones de mujeres de que pasar tiempo con la familia era opresivo y que ser explotada lejos de la familia trabajando para el sistema era libertad. Convenció a millones de mujeres para que fueran tan miserables y amargadas como ella … y hay que reconocer que logró su objetivo con creces.


Dejada no, lo siguiente. Y un tanto marimacho.

Andrea Dworkin fue una judía estadounidense obesa y poco agraciada. Se convirtió en activista radical y escritora. Su padre era un socialista y nieto de un judío ruso que huyó de Rusia cuando tenía 15 años para no hacer el servicio militar y su madre era hija de emigrantes judíos de Hungría. De niña la castigaron en la escuela por negarse a cantar "Noche de paz" (como judía, se opuso a que la obligaran a cantar canciones religiosas cristianas en la escuela). Dijo que se habría convertido en rabino si las mujeres tuvieran esa opción y que le hubiera gustado ser una académica talmúdica. Publicó "Scapegoat: The Jews, Israel and Women's Liberation", en el que comparaba la opresión de las mujeres con la persecución de los judíos, discutía la política sexual de la identidad judía y el antisemitismo, y pedía el establecimiento de una patria de mujeres como una respuesta a la opresión.


Valerie "Pelanas", lanzando su mirada de superioridad
intelectual a los que sufren "envidia de la vagina"

Valerie Solanas fue una enferma mental que quiso notoriedad disparándole a Andy Warhol, al que por poco no manda al otro mundo. Escribió el Manifiesto SCUM, un delirio plagado de ocurrencias disparatadas que argumenta que el hombre pasa su vida intentando convertirse en mujer y, por lo tanto, superar su inferioridad, una inversión del concepto freudiano de "envidia del pene". Estaba tan chiflada que cierto feminismo que busca guardar las apariencias empieza a renegar de ella.

 
Robin, sin Batman

Robin Morgan es una feminista judía estadounidense. Fue miembro del movimiento feminista radical estadounidense y líder del movimiento feminista internacional. En la década de los sesenta fundó el movimiento radical feminista W.I.T.C.H. (en inglés, bruja) (en español: Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno), inaugurando la actual reivindicación de las brujas como integrantes de una contracultura alternativa.


"Una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta".
Aunque fui agente de la CIA y me casé son un millonario

Gloria Steinem es una feminista judía estadounidense. Se la considera la feminista más famosa del mundo. Como buena judía que es, trabajó para la Agencia Central de Inteligencia de los EE.UU. (CIA). Perteneció al partido Socialistas Democráticos de América. En 1969 publicó After Black Power, Women's Liberation (Después del poder negro, la liberación de las mujeres). Llegó a afirmar que "en EEUU el matrimonio fue el modelo legal del esclavismo". Tuvo una relación sentimental de cuatro años con el editor multimillonario judío Mortimer Zuckerman. En 2021 los Reyes de España, siempre tan necesitados de la validación "progre", le concedieron el Premio Princesa de Asturias de Comunicación.


Linda ... ¿en que estarían pensando sus padres
para ponerle un nombre tan paradójico?

Linda Gordon es una feminista judía estadounidense. Ha llegado a afirmar que "el núcleo familiar debe ser destruido y la gente debe encontrar formar mejores de vivir juntos. La destrucción de la familia es ahora un proceso objetivamente revolucionario".


La lista sigue, pero con lo expuesto basta para hacernos una idea de por dónde va la inspiración de esa ideología de odio que hoy llaman feminismo. Con estos mimbres está claro que el cesto resultante solo podría contener odio, revanchismo y violencia. Al feminismo solo le queda defender la definicion, pues en la práctica es un movimiento supremacista, hembrista, misándrico, androfóbico y ginocentrista, racista antiblanco o anticaucásico y brutalmente discriminatorio, que nunca defiende la igualdad en la práctica. La izquierda lo ha convertido en un chiringuito para muchas donde colocarse y recibir subvenciones, por lo que, finalmente, resulta ser una excusa para pastorear a las mujeres y promover la sustitución étnica actual.


(Hacer click sobre la imagen para ampliar y espeluznarse)

¿Resultado? la tóxica ideología de género, la exigencia de privilegios y la cantinela lgtbi. El remate ha sido la viogen, que hace que desde 2004 acercarse a una mujer en España sea una lotería donde un hombre tiene menos derechos a defenderse de acusaciones falsas y caprichosas que una farola, donde hasta se le quita la presunción de inocencia, y para más recochineo hay un Tribunal Prostitucional -o algo parecido- que dice que eso de que si eres hombre eres culpable por principio no es discriminatorio. Con un par ...



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