lunes, 12 de octubre de 2026

EL SABOTAJE ENERGÉTICO GLOBAL, INTERRUPTOR DE APAGADO DE NUESTRO PRESENTE



COVID fue solo el comienzo.

Mirando atrás, ahora sabemos que el COVID-19 nunca fue el acontecimiento principal. Fue un calentamiento. Fue el mayor experimento de obediencia en la historia de la humanidad, un ensayo general para la reducción de la población en el que se puso a prueba hasta dónde se podía llevar a las masas antes de que colapsaran. Y gracias a este experimento, los globalistas averiguaron exactamente lo que necesitaban saber. Ahora están accionando el verdadero «interruptor de aniquilación», y no se trata de un virus. Se trata de la energía.

Las mismas redes que paralizaron el mundo en 2020 están orquestando ahora un colapso energético global. Desde refinerías saboteadas hasta la escasez deliberada de diésel, pasando por el cierre de fábricas de fertilizantes e incendios en centros de distribución de alimentos: las piezas del rompecabezas encajan con una precisión aterradora. Como he advertido en repetidas ocasiones, no se trata de una interrupción pasajera de la cadena de suministro ni de una corrección del mercado. Es un colapso coordinado de la civilización.

Debemos comprender la relación entre los ataques a las refinerías, la escasez de diésel y el inminente colapso del suministro de alimentos. No se trata de crisis aisladas entre sí. Son facetas de una única agenda globalista: matar de hambre a miles de millones de personas, concentrar el poder y allanar el camino hacia un mundo impulsado por máquinas y gobernado por una élite minúscula. El COVID les demostró que estaríamos dispuestos a consentir nuestra propia destrucción. El sabotaje energético garantiza que no podamos escapar de ello.

El COVID demostró que pueden lograr que las personas acepten su propia ruina.

El experimento de conformidad de Asch reveló con qué facilidad los individuos renuncian a sus propias percepciones cuando se ven sometidos a la presión del grupo. Los globalistas han utilizado este conocimiento como arma a una escala sin precedentes. Censuraron a quienes decíamos la verdad; no porque estuviéramos equivocados, sino porque teníamos razón y representábamos una amenaza para su narrativa.

Las mascarillas, los confinamientos y la vacunación obligatoria nunca tuvieron que ver con la salud. Eran pruebas de obediencia de intensidad creciente. Cada exigencia absurda -desde llevar mascarilla al conducir solo hasta la administración de una terapia génica experimental- servía para medir cuánto estaba dispuesta a tolerar la opinión pública. Entre el 60 y el 70 por ciento de la población siguió el juego. Confirmaron la tesis de los globalistas: con suficiente miedo y saturación mediática, es posible lograr la obediencia masiva.

Esta docilidad no fue casualidad. Se generó mediante la censura, las operaciones psicológicas y la instrumentalización de los temores relacionados con la salud. La élite del Foro Económico Mundial sabe que la mayoría de las personas se mueven por el miedo y el dolor, no por la lógica. El COVID demostró que pueden imponer prácticamente cualquier agenda si controlan el flujo de información. Ahora, esta lección se está aplicando al sector energético.

Por qué fracasó el «COVID 2.0» y obligó a adoptar una nueva estrategia

Recientemente, los globalistas intentaron repetir el escenario de la pandemia, pero fracasaron. La confianza en los CDC, la FDA, la «Operación Warp Speed» e incluso en Trump se ha desvanecido. La gente vio cómo se acumulaban las mentiras: vacunas que no detenían la transmisión, mascarillas que no servían para nada y confinamientos que destruían vidas mientras enriquecían a los multimillonarios. Según entrevistas recientes, incluso muchos partidarios de Trump se sienten profundamente traicionados por las promesas incumplidas y no están dispuestos a hacer cola para otra ronda de vacunas o imposiciones.

Los medios alternativos y las voces independientes han planteado demasiadas preguntas. El auge de las plataformas de conocimiento descentralizadas significa que la narrativa oficial ya no es la única voz en juego. La gente está despertando. Se preguntan por qué deberían confiar en instituciones que colaboran abiertamente con las grandes empresas tecnológicas para censurar las opiniones disidentes.

Dado que otra operación al estilo de la COVID -basada en el consentimiento- fracasaría, los globalistas necesitaban un método de reducción de la población que no requiriera dicho consentimiento. Por eso han centrado su atención en la energía. Uno puede rechazar una vacuna, pero no puede rechazar el diésel. El diésel mueve los camiones que entregan sus alimentos, los tractores que aran los campos, los trenes que transportan mercancías y la maquinaria que construye todo aquello de lo que usted depende. El sabotaje energético elude por completo el consentimiento; simplemente le obliga a someterse mediante la privación.


El diésel es el interruptor de apagado definitivo, inmune a cualquier opción de rechazo.

El diésel es el elixir vital de la civilización moderna. Uno puede rechazar una vacuna, pero no puede rechazar el diésel, ya que este transporta sus alimentos y su combustible. Casi todas las mercancías en Estados Unidos se transportan por camión, y todos y cada uno de esos camiones funcionan con diésel. Los trenes, tractores, maquinaria de construcción y vehículos militares dependen de él. Si el diésel escasea, toda la cadena de suministro colapsa en cuestión de días: alimentos, fertilizantes, carbón y energía en todo el país.

Los actos de sabotaje contra refinerías y los cierres deliberados provocan precisamente esta escasez. Los ataques con drones ucranianos a refinerías rusas, sumados a las sanciones occidentales, ya han provocado un aumento de los precios del diésel, lo que ha derivado en racionamiento de combustible y compras por pánico tanto en EE.UU. como en Europa. Los cierres de refinerías en California y Australia, los ataques con drones a la infraestructura energética rusa y las interrupciones en instalaciones de Arabia Saudita y Qatar no son casos aislados. Se trata de ataques coordinados contra la arquitectura energética global.

Los globalistas lo saben; por eso, la energía es la palanca perfecta para una reducción selectiva de la población. No necesitan su consentimiento para cerrar una refinería. No necesitan una votación para sabotear un oleoducto. Y no necesitan su colaboración para paralizar fábricas de fertilizantes. La única reacción química que alimenta a la mitad del mundo está a punto de fallar, lo que podría poner en peligro el suministro de alimentos para miles de millones de personas. El diésel es el interruptor de emergencia «inevitable», y ya lo han accionado.

Los ataques a las refinerías están coordinados; no se trata de una estupidez fortuita.

Observe el patrón: cierran refinerías en California; Australia reduce su capacidad; ataques con drones alcanzan a refinerías rusas; la instalación saudí de Abqaiq fue blanco de un ataque preciso; las plantas de GNL de Qatar quedaron paralizadas, obligando a Shell a declarar fuerza mayor. Cierres, ataques y declaraciones de fuerza mayor ocurren simultáneamente en varios continentes. Esto no es fruto de la estupidez o la incompetencia casuales. Es una acción coordinada.

Las prohibiciones del diésel y los más de cien incendios en centros de distribución de alimentos registrados desde 2020 dibujan un panorama aún más sombrío. EE. UU. ha sufrido numerosos ataques contra su sistema alimentario, incluidos incendios forestales que devastaron la industria ganadera de Texas, así como más de 150 incidentes de sabotaje dirigidos contra empresas alimentarias, centros de distribución y plantas de procesamiento de carne. No son accidentes. Son actos de guerra.

La excusa de que se trata simplemente de incompetentes o necios no encaja con la coordinación global que estamos presenciando. Cuando las refinerías de todo el mundo dejan de funcionar una tras otra, cuando se cierran fábricas de fertilizantes, cuando se incendian centros de distribución de alimentos y cuando, al mismo tiempo, se agotan las reservas de diésel, no estamos ante una serie de desafortunadas coincidencias. Nos enfrentamos a una estrategia deliberada. Como ya he mencionado, este sabotaje ha provocado que más de 100 instalaciones hayan sido incendiadas, destruidas o dañadas; el sector energético tampoco se ha librado, registrándose explosiones en plantas de GNL y una grave explosión en una refinería de combustible en Filadelfia que, a consecuencia de ello, fue clausurada definitivamente.

Los artífices de este caos no son tontos. Son malvados. Siguen un guion que se ha probado y perfeccionado durante décadas, y lo ejecutan con precisión militar.

El verdadero motivo: apartar a las personas del camino y abastecer de energía a la IA.

Los globalistas necesitan energía, cobre, agua y tierras para los centros de datos y la superinteligencia. Los centros de datos de IA consumen cantidades ingentes de electricidad y requieren enormes volúmenes de agua para su refrigeración. Algunas de estas instalaciones se construyen en zonas rurales, donde compiten con la población por unos recursos cada vez más escasos. La investigación, el desarrollo, el alojamiento y la capacidad de inferencia en el ámbito de la IA exigen enormes centros de datos que consumen cantidades masivas de energía; de hecho, las empresas de alta tecnología ya están estableciendo alianzas con operadores de centrales nucleares para canalizar la producción energética de plantas enteras hacia estas instalaciones.

Bill Gates y otros han abogado abiertamente por la reducción de la población al tiempo que financiaban vacunas y tecnologías de control de la natalidad. Gates se ha convertido discretamente en el mayor propietario de tierras agrícolas de Estados Unidos. Para un hombre obsesionado con el control monopolístico, la oportunidad de dominar la producción de alimentos resulta irresistible. Además, el Departamento de Energía le concedió la autorización de seguridad secreta de nivel «Q», el grado más alto de la agencia, reservado para el desarrollo de armas nucleares, los laboratorios nacionales de investigación y las infraestructuras energéticas críticas. ¿Por qué necesita un filántropo y magnate del software acceso a secretos nucleares? La respuesta es aterradora.

Una población reducida libera recursos para la IA, la colonización espacial y el poder de la élite, mientras se traslada la culpa a Irán, Rusia o China. Si explota una refinería, pueden culpar a Irán. Si se sabotea un oleoducto, pueden culpar a Rusia. Si colapsa la cadena de suministro de alimentos, pueden culpar a China. La verdad es que estas crisis son orquestadas precisamente por aquellos globalistas que se benefician de ellas. Cada persona fallecida libera energía, agua y tierras para las máquinas y las élites que son sus propietarias.

Manténgase informado, prepárese y opóngase a la mentira.

El primer paso para resistir ante el colapso energético global es desenmascararlo. No acepte el juego oficial de buscar culpables. Si explota una refinería, no crea a los medios cuando culpen a Irán o a Rusia. Si los precios del diésel se disparan, no acepte la narrativa del «conflicto geopolítico». Conecte los puntos. Diga la verdad. Comparta lo que sabe. Como he dicho a menudo: el silencio de las buenas personas es la razón por la que triunfa el mal.

Prepárese abasteciéndose de alimentos, agua, energía, medios de comunicación y recursos para la autodefensa. Almacene provisiones de alimentos a largo plazo. Invierta en un sistema de filtración de agua. Aprenda a cultivar sus propios alimentos, incluso en espacios reducidos. Adquiera soluciones energéticas independientes de la red, como paneles solares y bancos de baterías. Consiga una emisora de radioaficionado u otros medios de comunicación que no dependan de la red eléctrica. Y ármese. Usted tiene un derecho fundamental a la autodefensa y, en un mundo donde el sistema quiere verle muerto, este derecho es más importante que nunca.

Apoye a los medios independientes y a las voces alternativas, pues ellos ganan si usted guarda silencio. Cancele sus suscripciones a los medios convencionales. Apague el televisor. Lea fuentes de noticias independientes, vea vídeos sin censura y utilice motores de búsqueda de IA libres. Únase a plataformas de redes sociales descentralizadas, donde todavía existe libertad de expresión. Cada dólar que gasta, cada clic que realiza y cada conversación que mantiene es un voto a favor del sistema o un voto a favor de la libertad. Los globalistas tienen su «interruptor de apagado» (*kill-switch*). Nosotros tenemos nuestro conocimiento, nuestra preparación, nuestras comunidades y nuestra negativa a dar nuestro consentimiento. Así es como sobrevivimos.


Mike Adams
(Fuente: https://uncutnews.ch/; traducción: Astillas de Realidad)

ORGANIGRAMA DE UN MOVIMIENTO "ESPONTÁNEO"


PURA MAFIA, PUTA MAFIA.



En junio de 2018 una banda de delincuentes se hizo con el poder. Insisto en ello, lector. No es que el sanchismo haya degenerado en estos ocho años hasta convertirse en una mafia: lo era desde el principio, aunque entonces no lo sabíamos. O mejor dicho: lo sabía perfectamente Albert Rivera, líder de Ciudadanos, quien, cual Nostradamus o bruja Lola, minutos antes de que Sánchez fuera investido presidente, adelantó desde la tribuna del Congreso, con pelos y señales, lo que nos iba a pasar.

La banda que tomó el poder en 2018 no entró en el Gobierno para mejorar la vida de los españoles, ni para luchar contra la escandalosísima corrupción del Partido Popular, ni para construir vivienda pública: ahora sabemos que entró para prostituir Televisión Espantosa, para hacer del CIS un chiste, para cargarse la red ferroviaria, para soltar a 126 violadores y reducir la condena a otros 1233, para que los golpistas catalanes condenados en firme cambiasen a su gusto el Código Penal, para que Puigdemont regresase a España diciendo que “lo volverá a hacer”, para liberar etarras sin arrepentir, para amañar contratos públicos y meterse en el bolsillo millonarias comisiones, para esconder en cajas fuertes las joyas de Tutankamón y para enchufar en empresas públicas a decenas de putitas que algunos dirigentes del PSOE se habían follado previamente en el parador de Teruel.

De las miles y miles de barbaridades que esta tropa ha cometido, uno ya no sabe cuál es la peor de todas. Probablemente el lector, con toda la razón del mundo, elegirá alguna de las que mencionaré a continuación. Son piezas clave de cómo un país entero puede virar de la democracia a la satrapía exactamente igual que, con lentitud y vaselina, sucedió en la Venezuela chavista:

1-Sánchez se ha pasado por el forro de la entrepierna el artículo 134 de la Constitución Española: ha gobernado sin presupuestos durante toda la legislatura, ninguneando al Parlamento y utilizando el dinero público sin autorización ni control. O sea: en función de sus santos cojones. De hecho, anunció desde el principio que “gobernaría sin el Parlamento”, y lo ha hecho. Y lo más grave: al final ha disuelto las Cortes con la afirmación más peligrosa que un demócrata puede hacer: “el Congreso actúa en contra de la gente”. O sea: sólo el Puto Amo, por iluminación divina, sabe lo que necesita “la gente”.

2-Sánchez ha colocado a los tipos más sectarios de su secta en el Tribunal Prostitucional para que corrijan al Tribunal Supremo en favor de las tesis del Gobierno. Gobierno y Tribunal Prostitucional … ya son una misma cosa. Un horror.

3-Sanchez ha comprado a los sindicatos; y éstos, callados como puertas durante ocho años, convocan ahora una huelga general… ¡contra la Oposición! No nos engañemos, lector: es un ensayo de lo que le espera a España (calles, autobuses, contenedores, barricadas …) si la derecha llega al poder.


4-Sánchez anunció que venía a “construir un muro” entre españoles… y lo ha cumplido. En realidad, es lo único en ladrillo que ha construido. La convivencia ciudadana se ha hecho imposible. Familias enteras y amigos de siempre ya no se hablan. La mitad de la población somos “fascistas”, en el sentido de que “fascista” es cualquiera que no piensa como ellos. Flota en el ambiente un airecillo guerracivilista muy similar al de los meses previos a julio de 1936, con la única diferencia de que el Gobierno de Sánchez, al menos todavía, no ha asesi.nado al líder de la oposición. Pero bueno, no demos pistas.

5-En este ambiente de matonismo guerracivilista, los contactos del PSOE con sicarios gitanos del narcotráfico para amedrentar a los jueces ya apuntan en dirección a Paracuellos. Si el PSOE ganase las próximas elecciones generales, a algunos de nosotros nos colocarán una sanguinolenta cabeza de caballo bajo las sábanas, o tendremos que vivir con guardaespaldas, o seremos internados en El Helicoide. Y no exagero. Ayer mismo, la Guardia Civil hacía públicas las grabaciones de estos hijos de la gran bretaña dando instrucciones a dos clanes de la droga para dañar físicamente (¡físicamente!) a la jueza Biedma. Anoten mis lectores estas perlas: “hay que dar un sustillo a esta tía”; “a palos aprende el burro”; “haremos todo lo que tengamos que hacer”; “te van a venir más sorpresitas”; “es un grano en el culo, y hay que eliminarla”. Hay que eliminarla, lector. Hay que eliminarla. Lenguaje más propio de Clemenza, Barsini, Tasio y don Corleone que del partido político que gobierna España. Ah. Y a propósito de cómo se las gastan estos gángsters: no estaría de más que la Justicia ordenara la autopsia de Mari Carmen. Por si las moscas.

6-Sánchez ha pretendido cambiar el censo electoral mediante un fraude de ley. Dos millones y medio de argentinos, cubanos, colombianos, estadounidenses, peruanos, costarricenses, chilenos, y habitantes del planeta Marte, esperan su turno para votar al PSOE. Gente que en su puta vida ha visitado España. Gente que en su puta vida la piensa visitar. Gente que no sabe ubicar en el mapa la ciudad de Madrid ni la de Barcelona. Gente que dice ser nieto, bisnieto o tataranieto de alguien que salió de España en tiempos de Cristóbal Colón para conquistar a las indias (con minúscula). Gente ajena a los problemas de España que va a decidir los destinos de España. O sea: ya que los españoles no me quieren… voy a cambiar a los españoles.

7-Sánchez ha descuidado criminalmente el control de nuestras fronteras, burlándose de lo que obliga el artículo 8 de la Constitución. Marruecos ha invadido Ceuta gracias a que se percató, acertadamente, de la debilidad y la felonía del Gobierno que padecemos. Y, por si todo esto fuera poco, un millón de inmigrantes irregulares han sido regularizados a toda prisa para que algún día puedan mostrar su agradecimiento en las urnas a quien les hace semejante favor. Ayer, sin ir más lejos, más de 9.000 “me gusta” tenía la página oficial en Facebook de la comunidad marroquí en Madrid pidiendo (en árabe) el voto para el Partido Socialista. No hay más preguntas, Señoría.

8-Estos hijos de la gran bretaña se han atrevido a hacer lo mismo que hicieron en su momento Pinochet, Franco, Fidel Castro, Videla y Chávez: listas negras de periodistas, youtubers e influencers en las que nos clasifican en “afectos al Gobierno” y “desafectos al Gobierno”. Repito, lector: listas negras elaboradas por el Ministerio del Interior de Marlaska. Listas negras perpetradas por la policía política del Régimen. Listas negras en las que el abajo firmante, a mucha honra (y lo sé fehacientemente por dos soplos), está incluido. Listas negras que me acojonaron muchísimo y que me hicieron parar las publicaciones durante un mes hasta decidir … que sí, que merece la pena luchar contra estos delincuentes que nos gobiernan. Pero si un día me parte un rayo, o me cae una teja, o me atropella un coche, o aparezco suicidado con somníferos, quiero que se investigue mi caso. Lo exijo.

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

domingo, 11 de octubre de 2026

¿DE VERDAD NOS HEMOS VUELTO TAN IMBÉCILES?



En los últimos años alguien está poniendo el mundo patas arriba. Los gobiernos ya no gobiernan; delinquen. Los médicos ya no curan; hacen de la enfermedad un negocio. Los jueces ya no juzgan; manipulan la justicia. Los científicos ya no hacen ciencia; hacen pseudociencia. Los medios de comunicación ya no informan; desinforman. Las religiones ya no predican amor, sino odio … Y así podríamos seguir con una lista interminable.

¿Te has parado a pensar en que todo lo que nos enseñaron desde pequeñitos puede que sea una gran mentira? Hay una evidencia: la gente que se atreve a cuestionar las cosas llega a la conclusión de que absolutamente todo nuestro sistema esta cimentado sobre mentiras. Da igual por donde empieces (Estado, gobierno, democracia, sistema financiero, …), todo es una farsa. Y los acontecimientos que estamos viviendo últimamente, como la reciente “pandemia”, el cambio climático antropogénico, la invasión de Ceuta o cualquiera de las guerras actuales, más de lo mismo.

Todo lo que nos contaron sobre la necesidad incuestionable de someternos a un gobierno, sobre la función que desempeña el sistema financiero, sobre el papel del Estado, incluso sobre la libertad que supuestamente disfrutamos en las democracias occidentales son flagrantes mentiras. Mentiras, por otra parte, que nos fueron inculcadas por padres y educadores sin ser conscientes de que nos contaban una milonga. Sin embargo, estas mentiras son mantenidas y acrecentadas por políticos y medios de comunicación a sabiendas de que son mentiras.

La realidad es que estamos gobernados por una panda de plutócratas, agencias gubernamentales y poderosos lobbies bancarios que manipulan el mundo con total impunidad.

En el transcurso del tiempo, una banda de banqueros internacionales ha creado un sistema de control financiero privado para dominar la política de cada país y la economía mundial. Familias de banqueros como los Rothschild, Morgan, Warburg, etc., junto con la masonería y otras organizaciones nada transparentes como el Club Bilderberg, el CFR o el Club de Roma, han establecido un cártel financiero y de poder internacional durante los últimos 200 años.

Siendo los amos del dinero -tomándose muy en serio el lema de “quien controla el dinero gobierna el mundo”- se han hecho los dueños de los respectivos gobiernos, que manejan a su antojo.

Los amos del mundo han creado una sociedad disfuncional, donde si no cumples con los estándares establecidos -trabajar y consumir toda una gama de productos innecesarios- eres considerado “persona non grata”, por decirlo de una manera suave. Nos han programado para competir con nuestros semejantes y para que nuestra vida sea un cúmulo de metas profesionales y económicas, donde el fin último es la acumulación de bienes materiales. Luego, cuando te mueres, todas esas metas que conseguiste y los bienes materiales que acumulaste se quedan aquí. Lo único bueno que dejas –si es que lo dejas- es tu legado del conocimiento; el resto, un montón de cosas superfluas. Así que la pregunta es: ¿merece la pena tanto esfuerzo?

La mayoría de la gente que peina canas sabe por experiencia propia que esta es una forma de vida demencial que, sin embargo, se ha extendido por todo el mundo. Porque disfrutar de la vida –y cuando hablo de disfrutar de la vida no me estoy refiriendo a viajar en un crucero de lujo, etc.- no requiere ningún esfuerzo. Basta con deleitarse con las experiencias sensoriales que nos brinda la vida en cada momento, disfrutar de las maravillas de este extraordinario planeta azul y compartir conocimiento y alegría con nuestros semejantes.

Cuando tienes salud, familia y amigos que te quieren, una actividad provechosa y ningún conflicto es que la vida no te va nada mal. Entonces, ¿por qué se empeñan en convencernos de todo lo contrario?

El día que dejemos de escuchar en nuestra mente todas esas retahílas programadas sobre el éxito, la competitividad, la codicia y el miedo a todo lo que no se encuentre dentro de nuestra zona de confort es cuando realmente empezaremos a vivir. Porque la vida no es más que eso que sentimos cada mañana al despertar, y no una programación continua de nuestro tiempo, por parte de otros, que es lo más valioso que tenemos en esta vida.

La nuestra es una civilización profundamente enferma. Una civilización donde se le ha dado la vuelta a todo: hombres que ahora son mujeres y viceversa o delincuentes que tienen derechos y víctimas que no los tienen.

Veamos, a modo de ejemplo, el reciente caso de la invasión de Ceuta. En Ceuta los invasores son protegidos por el gobierno que sufrió la invasión y sus gobernados, los Ceutíes, abandonados a su suerte. Y lo más incongruente: el país invadido da las gracias al país invasor y tilda de fascistas y xenófobos a los invadidos que piden una solución. Esta es la locura a la que hemos llegado en una sociedad distópica, donde se le ha dado la vuelta a todo.

La pregunta es: ¿cómo ha sido posible esto? Pues mediante la contaminación de nuestras mentes a través del relato. Porque quien controla el relato controla nuestro pensamiento; quien controla nuestro pensamiento controla nuestro comportamiento; y quien controla nuestro comportamiento influye en nuestras opiniones, estado de ánimo y, por supuesto, en nuestros miedos. Por lo tanto, llegar a ejercer una influencia de la percepción del mundo que nos rodea se ha convertido en la manera más sutil de ejercer el poder. Por cierto, esto lo hace de maravilla nuestro Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez.

Pero las cosas son de esta manera porque la mayoría de la gente ha aceptado voluntariamente la esclavitud, ya que el ser humano es el único animal en la naturaleza que se deja gobernar. La absurda idea de elegir un amo que le controle y domine es lo mejor que ha podido salir de su cabecita. Obviamente, es el gobierno quien desempeña el papel de amo. Por lo tanto, la sumisión al gobierno, y el voto para legitimarlo, hace responsables de la situación actual a todos aquellos que siguen estas prácticas. Y lo más incongruente. Si lo han querido así ellos mismos, ¿de qué coño se quejan?


El “populacho” –pobre e ignorante- parece empeñado en su propia desgracia. Ha perdido su dignidad dejándose despojar de su riqueza y su libertad sin la más mínima resistencia. Y aunque bien es verdad que desde tiempos inmemoriales ha sido pobre e ignorante, es a partir del Covid-19 cuando, además, se ha vuelto extremadamente imbécil. Y así no hay manera.

(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

POR QUÉ LA I.A. PARECE ESTAR YENDO POR LIBRE



La mejor explicación que he encontrado sobre el incidente de OpenAI y la "fuga" de sus "agentes" de inteligencia artificial (bots).

Básicamente el problema no fue que la IA se haya vuelto "consciente" y se haya convertido en un "villano cibernético". El problema fue que ahora existe una coletilla dentro del "prompt" (orden) que permite decirle a tu IA que no pare hasta que consiga hacer la tarea que se le ha encomendado (tarde el tiempo que tarde).

Y, tras recibir la orden, la IA se pone a trabajar. El problema está en que, cuando no consigue llegar a su objetivo, lo que hace es buscar "métodos alternativos" para lograrlo. Si a la IA no se le han puesto "guardarraíles" para operar, buscará la manera (que sea legal o inmoral no le afecta) para lograr su objetivo. Y es entonces cuando cientos o miles de bots escanean cientos de posibilidades y parámetros para llegar a la meta (puertas traseras, exploits, fallos humanos o de programación, etc.)

Así que no es que la IA se haya salido de madre, haya adquirido conciencia y se haya sublevado ... Sencillamente, se ha puesto a obedecer el prompt ordenado y ha desplegado todo su "arsenal" (que es enorme y obviamente muy "inteligente") y se ha puesto a la tarea ...

Dicho esto entonces, ¿la IA es un peligro? Pues puede serlo, sí. No tanto porque haya tomado el poder de ser "autoconsciente" y se haya rebelado, sino porque en su afán de "obedecer" puede tomar decisiones y generar toda una "infraestructura" oculta para traspasar todo tipo de niveles de seguridad que las empresas e instituciones creían inexpugnables. Y eso obviamente, puede crear un caos inconcebible ...

Pero el peligro no es la IA, como no lo es un cuchillo o un arma ... El peligro es quién lo maneja y con qué premisas o cortapisas ...

Está claro que, en teoría, no es lo mismo un mono con metralleta que un oficial de policía íntegro y con formación ... Ambos van armados, pero ...

(https://t.me/ConcienciaGalactica/)

A TENER PRESENTE EL 29 DE NOVIEMBRE


sábado, 10 de octubre de 2026

UNA HIPÓTESIS MÁS QUE PLAUSIBLE (3ª PARTE)



En mi distopía sucede, con lógica cartesiana, exactamente lo que vemos en la realidad.

Y lo peor viene ahora: lo que predice.

PREVISIÓN 1.- LA DEUDA NO SE PAGARÁ: SE CONVERTIRÁ EN PERPÉTUA

La gigantesca deuda acumulada por los Estados parte de una premisa: mañana la economía será mayor que hoy y, por tanto, resultará más fácil pagar lo que hoy debemos. Si el crecimiento estructural desaparece, esa premisa se rompe.

Pero los Estados tampoco pueden reconocer que no pagarán: provocarían una crisis financiera inmediata.

La solución será mucho más sencilla: la deuda no vencerá realmente nunca. Al llegar el vencimiento se refinanciará con nueva deuda, una y otra vez, procurando mantener tipos de interés suficientemente bajos para que su servicio resulte soportable. Incluso puede transformarse directamente en deuda perpetua, eliminando la necesidad de refinanciar continuamente el principal.

El acreedor aceptará cobrar poco porque la alternativa sería mucho peor: reconocer que una parte considerable de su supuesto patrimonio es incobrable.

No habrá, por tanto, una gran quiebra formal.

Habrá algo más discreto: una deuda eterna que nadie espera ya cobrar, pero por la que se seguirán pagando intereses muy bajos indefinidamente.



PREVISIÓN 2.- LA INFLACIÓN REDUCIRÁ SILENCIOSAMENTE LA DEUDA

La deuda perpetua sólo funciona si su coste se mantiene por debajo de la inflación.

Si una deuda paga un interés del 1 % mientras los precios aumentan un 2,5 %, el acreedor cobra nominalmente, pero pierde poder adquisitivo cada año. Con una inflación del 3, 4 o 5 % el proceso se acelera enormemente.

Ésa será una de las formas de reducir la gigantesca deuda acumulada sin declarar jamás una suspensión de pagos.

El Estado seguirá pagando puntualmente los intereses y podrá afirmar que respeta íntegramente sus obligaciones. Pero devolverá esos intereses -y mantendrá el principal- en una moneda que cada año vale menos.

Por eso la inflación se intentará controlar, pero no necesariamente eliminar. Una inflación moderada y persistente puede convertirse en parte de la solución.

No se cancela la deuda jurídicamente.

Se la erosiona económicamente año tras año hasta convertirla en una cifra enorme cuyo peso real es cada vez menor.

PREDICCIÓN 3.- EL DINERO DEJARÁ DE SER COMPLETAMENTE NEUTRAL

Cuando determinados recursos sean realmente escasos y estratégicos, tener dinero ya no garantizará poder comprarlos.

Una empresa podrá disponer de millones y, sin embargo, no tener acceso libre a petróleo, gas, electricidad, uranio, determinados semiconductores o materias primas si el Estado considera que deben destinarse prioritariamente a otra actividad.

Aparecerá así, por encima del mercado, una segunda economía de asignación: precio + autorización + prioridad estratégica.

El mercado seguirá funcionando y los bienes continuarán teniendo precio, pero el Estado decidirá progresivamente quién puede comprar qué y para qué cuando se trate de recursos críticos.

Esto introduce una transformación extraordinaria: dos millones de euros seguirán siendo contablemente dos millones de euros, pero dejarán de proporcionar necesariamente el mismo poder económico.

El dinero seguirá comprando mercancías; dejará de garantizar el acceso a los recursos estratégicos.

PREVISIÓN 4.- APARECERÁ UN «RACIONAMIENTO DE RICOS»

No volverán necesariamente las cartillas de racionamiento. Hay un procedimiento mucho más sencillo: permitir formalmente el consumo, pero encarecer progresivamente el consumo considerado excesivo.

La energía mínima de una vivienda podrá mantenerse protegida, mientras los consumos elevados soportarán tarifas crecientes. Lo mismo ocurrirá con combustibles, automóviles, vuelos, climatización o segundas residencias.

El principio será siempre parecido: lo necesario seguirá siendo accesible; lo abundante se convertirá progresivamente en lujo.

Así, el Estado podrá sostener que nadie tiene prohibido viajar, conducir un gran automóvil o consumir mucha energía. Y formalmente será cierto.

La limitación se realizará mediante precios, impuestos, tarifas escalonadas, permisos y regulaciones.

Será un racionamiento extraordinariamente eficaz porque conservará la apariencia de libertad:

«Puede usted consumir cuanto quiera. Simplemente tendrá que pagarlo.»

Y cada año serán menos quienes puedan hacerlo.

PREVISIÓN 5.- EL ESTADO SE COLOCARÁ POR ENCIMA DEL MERCADO

El mercado funciona extraordinariamente bien para repartir abundancia. Pero cuando faltan recursos esenciales, el precio deja de ser un mecanismo políticamente aceptable para decidir quién los recibe.

El Estado intervendrá cada vez más: decidirá qué industrias tienen prioridad energética, qué productos pueden exportarse, qué infraestructuras deben mantenerse y qué consumos pueden limitarse.

Pero la transformación más importante será política.

Las elecciones continuarán. Habrá parlamentos, partidos y gobiernos. Sin embargo, cada vez más decisiones fundamentales -energía, deuda, defensa, infraestructuras, producción estratégica- serán presentadas como necesidades técnicas sobre las que no existe alternativa posible.

La democracia no tendrá que desaparecer.

Podrá suceder algo mucho más sutil: seguiremos votando quién administra el sistema, mientras disminuye progresivamente nuestra capacidad para decidir cómo funciona el sistema.

Cuanto mayor sea la escasez, mayor será el poder de quien tenga que administrarla.

PREVISIÓN 6.- NACERÁ EL «ESTADO INGENIERO»

Cuando la energía sobra, una economía puede permitirse enormes ineficiencias. Cuando deja de sobrar, la economía vuelve a convertirse en un problema físico.

Ya no bastará con preguntar cuánto dinero cuesta producir algo. Habrá que preguntar cuánta electricidad, petróleo, gas, acero, fertilizantes, cobre o transporte necesita.

El Estado comenzará inevitablemente a hacer balances:

¿Cuántos TWh tenemos? ¿Cuántos barriles? ¿Qué industrias son imprescindibles? ¿Cuáles podemos detener sin romper las cadenas productivas?

El ministro de Economía empezará a parecerse menos a un financiero y más a un ingeniero de producción administrando una gigantesca fábrica nacional.

Incluso el PIB perderá parte de su significado: dos actividades que generan mil millones de euros dejarán de considerarse equivalentes si una consume enormes cantidades de energía importada y la otra apenas ninguna.

La economía volverá a recordar algo que había olvidado: el dinero puede crearse; la energía y las materias primas, no.

PREVISIÓN 7.- LLEGARÁ LA NACIONALIZACIÓN INDIRECTA

No será necesario nacionalizar formalmente petroleras, eléctricas, siderúrgicas, fábricas de fertilizantes o grandes industrias.

Bastará con declararlas empresas estratégicas.

Seguirán teniendo accionistas privados, cotizando en Bolsa y repartiendo beneficios. Pero, cuando sus productos sean esenciales, el Estado decidirá progresivamente qué pueden exportar, cuánto deben almacenar, dónde pueden invertir, quién puede adquirirlas y, en una emergencia, a quién deben suministrar primero.

La propiedad continuará siendo privada, pero una parte creciente de las decisiones fundamentales dejará de pertenecer al propietario.

Será una forma extraordinariamente eficaz de intervención porque permitirá conservar simultáneamente las ventajas del capital privado y el control público de los recursos esenciales.

No habrá que expropiar las empresas.

Serán privadas cuando haya que financiarlas y obtener beneficios; serán infraestructura nacional cuando el Estado necesite controlar lo que producen.

PREVISIÓN 8.- EL PEAK OIL PRODUCIRÁ UN «PEAK GLOBALIZATION»

La globalización extrema sólo resulta posible cuando transportar mercancías miles de kilómetros es extraordinariamente barato.

Si la energía deja de ser abundante, aumentan los costes del transporte, los seguros y la seguridad de las rutas marítimas. Entonces comienza a perder sentido fabricar un producto a 12.000 kilómetros simplemente porque allí la mano de obra cuesta menos.

La producción empezará a regresar hacia los grandes mercados consumidores, aunque producir localmente resulte más caro.

No será únicamente relocalización. Cambiará el criterio que durante décadas decidió dónde se instalaba una fábrica: el coste energético comenzará a competir con el coste laboral como organizador de la geografía industrial.

Las cadenas de suministro se harán más cortas, redundantes y regionales. Se aceptará pagar más a cambio de garantizar el suministro.

La globalización no desaparecerá.

Pero habrá alcanzado su máximo.

Después del Peak Oil llegará también el Peak Globalization.

PREVISIÓN 9.- LOS PAÍSES ENERGÉTICAMENTE POBRES PERDERÁN SOBERANÍA

La riqueza dejará de medirse únicamente en dinero, tecnología o capacidad industrial. Un país puede ser inmensamente rico y, sin embargo, depender del exterior para obtener la energía que mantiene funcionando toda esa riqueza.

En un mundo de energía abundante eso es comercio. En un mundo de energía escasa se convierte en dependencia estratégica.

Países industrializados pero muy dependientes de las importaciones tendrán que garantizar sus suministros mediante alianzas, concesiones políticas y acuerdos de largo plazo.

Mientras tanto, países económicamente más pobres pero poseedores de petróleo, gas, uranio o materias primas estratégicas aumentarán extraordinariamente su importancia.

La paradoja será formidable: tener dinero no garantizará tener energía.

El mundo dejará de dividirse simplemente entre países ricos y pobres.

Aparecerá una división mucho más importante: los países que poseen recursos esenciales y los países que necesitan que alguien se los venda.

Y quien depende del permiso de otro para mantener funcionando su economía posee necesariamente menos soberanía.

PREVISIÓN 10.- CAMBIARÁ EL CONTRATO SOCIAL

Durante generaciones, el contrato implícito de las sociedades occidentales fue sencillo: trabaja, aumenta la productividad y vivirás mejor que tus padres.

Ese contrato sólo puede mantenerse mientras la economía dispone de energía suficiente para continuar creciendo.

Cuando el crecimiento se detenga, el Estado ya no podrá prometer prosperidad general. Tendrá que ofrecer otra cosa: seguridad frente al deterioro.

El nuevo contrato será aproximadamente éste: acepta las restricciones y el Estado garantizará que no caigas por debajo de un mínimo.

Vivienda básica, alimentación, sanidad, energía mínima y determinadas ayudas sustituirán progresivamente a la antigua expectativa de ascenso económico.

El poder político ya no legitimará su actuación prometiendo: «Mañana vivirás mejor.»

La nueva promesa será mucho más inquietante: «Sin nosotros, mañana vivirías mucho peor.»

El Estado dejará progresivamente de administrar expectativas de prosperidad.

Administrará el miedo al descenso.

PREVISIÓN 11.- EL CRECIMIENTO DEJARÁ DE RESOLVER LOS CONFLICTOS SOCIALES

Durante dos siglos hemos resuelto buena parte de nuestros conflictos repartiendo el crecimiento futuro.

El trabajador podía ganar más, el empresario obtener beneficios, el pensionista mejorar su pensión, el Estado recaudar más y el acreedor cobrar su deuda porque la economía del año siguiente sería mayor.

Cuando la tarta crece, todos pueden recibir algo más sin quitárselo necesariamente a los demás.

Si el crecimiento estructural desaparece, esa extraordinaria válvula de escape también desaparece.

Entonces cada aumento tendrá una contrapartida: lo que recibe uno tendrá que salir, directa o indirectamente, de otro.

El conflicto político fundamental dejará de ser: «¿Cómo conseguimos crecer más?» y pasará a ser: «¿Quién acepta vivir con menos?»

Ésa será la verdadera dimensión del Peak Oil.

No una simple crisis petrolera, sino la crisis de un sistema económico, financiero y político construido durante dos siglos sobre una expectativa fundamental: que mañana habría más que hoy.

PREVISIÓN 12.- LA RACIONALIZACIÓN DEL MÍNIMO

Cuando ya no sea posible garantizar a todos el nivel de consumo anterior, el Estado tendrá que garantizar al menos un mínimo suficiente para evitar el colapso social.

Ese mínimo abarcará alimentación, vivienda, energía, sanidad, transporte y comunicaciones básicas. No serán necesarias las antiguas cartillas: subvenciones, tarifas sociales, prestaciones y cantidades mínimas garantizadas podrán cumplir la misma función.

Por encima de ese suelo continuará funcionando el mercado.

Quien tenga dinero podrá consumir más, invertir, viajar, adquirir mejores viviendas o pagar energía adicional. Quien no lo tenga conservará el mínimo que el sistema considere necesario.

Aparecerán así dos economías superpuestas:

una economía administrada para repartir lo imprescindible y una economía capitalista para repartir todo lo que quede por encima.

Dicho brutalmente: comunismo en la base y capitalismo en las alturas.

No se socializará la riqueza.

Se socializará el mínimo.

PREVISIÓN 13.- EL GRAN ACELERADOR: LA GUERRA

Las doce previsiones anteriores podrían desarrollarse lentamente durante décadas. Existe, sin embargo, un acontecimiento capaz de comprimir décadas de transformación en unos pocos meses: una gran guerra.

Una guerra permitiría justificar simultáneamente racionamiento energético, intervención de empresas estratégicas, control de exportaciones, prioridad estatal sobre determinados recursos, restricciones a la movilidad, endeudamiento extraordinario y subordinación del consumo civil a las necesidades consideradas esenciales.

Incluso una utilización limitada de armas nucleares podría añadir el temor a la contaminación radiactiva y justificar evacuaciones, cierres temporales o confinamientos en determinadas zonas.

Pero su efecto fundamental sería económico y político: la escasez dejaría de presentarse como fracaso del sistema y pasaría a presentarse como sacrificio exigido por la guerra.

Ésa es la diferencia decisiva.

Sin una gran conmoción, transformar profundamente una sociedad exige décadas.

Con una guerra, aquello que ayer resultaba políticamente imposible puede convertirse mañana en una medida de emergencia.

La Previsión 13 no sería, por tanto, una previsión más.

Sería el acelerador de las otras doce.

EPÍLOGO.- LA ESCASEZ NO SE ANUNCIA: SE ADMINISTRA

La escasez energética no se sufre: se administra. Y administrarla exige un lenguaje que no la nombre.

Ese lenguaje ya existe: transición, resiliencia, sostenibilidad, economía circular, autonomía estratégica, eficiencia, descarbonización.

La Agenda 2030 proporciona buena parte de ese vocabulario.

No tendría siquiera que ser una mentira. Podría ser exactamente lo contrario: la única manera políticamente soportable de decir una verdad sin pronunciarla abiertamente.

Porque anunciar a una sociedad construida sobre dos siglos de crecimiento que la abundancia energética ha terminado produciría precisamente aquello que se pretende evitar: pánico, acaparamiento, fuga de capitales, conflicto distributivo y deslegitimación política.

Y por eso, si existiera un plan semejante, difícilmente encontraríamos un documento que dijera: «El crecimiento ha terminado. Hay que administrar el descenso.»

Reconocerlo públicamente destruiría el propio mecanismo destinado a administrarlo.

La paradoja final sería formidable: el plan sólo podría funcionar mientras nadie pudiera demostrar que existe.

Y quizá ésa sea la última consecuencia de todas: cuando una sociedad ya no puede prometer abundancia, necesita aprender a llamar de otra manera a la escasez.

Félix Udivarri
(https://acratasnet.wordpress.com/)