domingo, 15 de febrero de 2026

LA CEREMONIA DE LA CONFUSIÓN DEL CASO EPSTEIN



Una vez más, volvemos a instalarnos en una ceremonia de la confusión, hasta el punto en que la vorágine permanente parece haberse convertido en el estado natural en que se desarrolla la política internacional. Esta semana se han vuelto a liberar archivos de Epstein con todo lo que ello implica, y paradójicamente, tengo la percepción de que nunca estuvimos más lejos de entender la verdad que en esta semana frenética. El jueves pasado me acostaba con la idea de que la acción diplomática de los pretorianos de la pax trumpiana iba a alcanzar un acuerdo con Irán, con la intermediación de Turquía y Egipto, y sin embargo, en los medios israelíes daban el ataque por descontado. De repente … ¡los papeles de Epstein! Siempre tan oportunos. Estas liberaciones masivas resultan como un gran bazar de noticias inquietantes, con aroma a Chanel Nº 5 y casquería de mercado de abastos, con protagonistas para todos los gustos que cuelgan de ganchos mientras se desangran lentamente. Investigadores y curiosos, dejándose las pestañas, buscan personajes entre los ficheros, intentando vanamente contextualizar conversaciones incompletas, contratos, relaciones, delitos, pecados veniales y mortales. Y sexo, mucho sexo. Porque como decía Frank Underwood en House of Cards, “todo tiene que ver con el sexo, salvo el sexo, que tiene que ver con el poder”. En todo este circo de la infamia, el uso y abuso de menores para las redes de extorsión llamadas eufemísticamente honey traps (trampas de miel) paradójicamente parece ser lo único imposible de probar. Porque las víctimas de toda esta tela de araña, tejida durante años por los servicios de inteligencia del imperio anglosionista con el innoble propósito de asegurar fidelidades, parecen pasar a un segundo plano, convertidas en los insólitos cadalsos para el linchamiento de los prebostes sobrantes a los que se ha decidido ofrecer en sacrificio mediático.

Bill Gates: sexo, mentiras y pandemias

Cierto es que entre la nutrida lista de personajes seleccionados para su escarnio, se encuentran algunos de los individuos más pútridos de la escena internacional, para regocijo de muchos, entre ellos quien escribe. Porque no me duele en prenda reconocer que ver la estrella de Bill Gates desvanecerse me resulta ciertamente satisfactorio. El bueno de Bill, otrora guardián de las esencias del filantropismo mágico, sumo sacerdote del globalismo sobre cuyas espaldas descansaba la esperanza de la humanidad de sortear los múltiples apocalipsis que él mismo profetizaba, ha resultado ser la pieza de caza más jugosa en estos días. En pocas horas, el hombre que construyó el imperio del bien incontrovertible desde un garaje, ha visto como su aureola de santurrón beatífico explotaba en mil pedazos, mientras la imagen pública de otros miembros de la nobleza tecnocrática, a toda luces igual de abyectos, acaso peores, permanece incólume, lo que parece sugerir que todo este escándalo no es más que una explosión controlada, una pieza más de la arquitectura del engaño. Sin ir más lejos, poco se habla de Peter Thiel, aunque en el buscador del Departamento de Justicia se registren más de 2000 entradas con su nombre.

Sin embargo, incluso en la cuestión de Bill Gates, a quien parece que se quiere destronar a toda costa, la voluntad de ocultación es también manifiesta. Mucho jugo están sacando en los medios de comunicación sobre sus presuntas relaciones extramatrimoniales con chicas rusas (¡vayan ustedes a saber de qué edad), en cuya torridez habría contraído una ETS. Este asunto, pese a resultar más propio de tabloides de la prensa rosa que de la alta geopolítica, revela cierta cuestión que describen al personaje del personaje. Al parecer, según cuenta el propio Epstein en este email, Gates, presa del pánico ante la posibilidad de que Melinda tuviera noticia de sus veleidades adúlteras, habría pedido a Epstein antibióticos para administrárselos a Melinda “a escondidas” en la comida. La historia resulta ciertamente siniestra y hasta cierto punto inverosímil, pero lo cierto es que Melinda sí que ha concedido una cierta verosimilitud a la noticia, confirmando que la relación que su exmarido mantenía con Epstein habría sido la razón de su divorcio, considerando además que su exmarido debía ofrecer explicaciones públicas sobre la relación con el siniestro pedófilo. ¿Quién hubiese pensado la afición de Gates por medicar a la gente contra su voluntad era algo tan cotidiano? Bill no da dudado un segundo y ha acudido raudo a la llamada de la posteridad para decir que de prostitutas rusas nada de nada, que Epstein se escribía mails a sí mismo y que esa época de su vida fue un error, aunque su relación con Epstein se redujese, según nos cuenta, a meras cenas.


"Meras cenas" ... y sobremesas obscenas. Bill, si eres un guarrete,
asúmelo. Los degenerados expuestos sois una muchedumbre.

De lo que seguramente no habrán oído hablar tanto en los medios de alienación de masas es de los mails en los que Epstein y Gates eran puntualmente informados por Larry Cohen (antiguo directivo de Microsoft y por aquél entonces gestor del fondo de Gates BG3C) y presuntamente Melania Walker (también asesora del mismo fondo de Gates), en el que se compartían recomendaciones sobre el uso de neurotecnologías como armas en inteligencia nacional, sobre especificaciones técnicas para simulación de pandemias o sobre cómo mejorar el acceso a los datos personales de salud. Pese a resultar ciertamente siniestro, con toda seguridad tampoco habrán leído nada en los rediles de pastoreo mediático en relación a este correo electrónico de agosto de 2011 de Epstein a Mary Erdoes (por entonces CEO de Asset & Wealth Management en JPMorgan), donde proponía una estructura de fondos asesorados por donantes (DAF, por sus siglas en inglés) vinculada a Gates, en el que se expresa explícitamente y sin el mínimo pudor la necesidad de “estar preparados con un brazo offshore, especialmente para las vacunas”.


“Now if we do a really great job on NEW VACCINES, health care, reproductive health services we can get [the population] down 10 maybe 15%.“, las palabras que los embusteros a sueldo de Maldito Bulo y Newtral niegan que Gates hubiera dicho. Reducir la población mediante vacunas. Justo antes de la Plandemia. Más claro, agua.

¿Una estructura offshore para financiar el emporio vacunal de Bill? ¿Por qué buscaría crear una estructura fiscal indetectable semejante prócer del buenismo? Parece que las prostitutas rusas y sus habilidades amatorias no eran los únicos intereses del viejo Bill. En este otro correo, titulado “GATES”, Epstein proponía a Jes Staley (CEO de Barclays), y a Boris Nikolic, (inmunólogo asesor de Gates y miembro destacado del World Economic Forum), una presentación para septiembre de 2011 que incluyese una estructura DAF junto a una “propuesta basada en silos que le dará a Bill más dinero para vacunas” dirigida a Bill Gates que, aderezada con estrategias de relaciones públicas (prefiero llamarlo propaganda), internet (más propaganda) y un fondo multibillonario con comités asesores, de inversión y subvenciones, serviría para “maximizar la flexibilidad de acceso a fondos y la implicación de actores internacionales”, con la expectativa de generar miles de millones en los primeros años mediante esta arquitectura financiera. Comprenderán que los asuntos de alcoba de Bill y sus complicaciones maritales, a la luz de los datos que aporto, me importen el equivalente a un comino y, sin embargo, en relación a Bill, es lo único que parece resultar de interés a los medios.

Arrimar el ascua a la sardina

Nunca olvidemos que los medios tienen la enorme responsabilidad de que el personal no se entere ni de por dónde le sopla el viento. Entre amnésicos climáticos y memorias de pez, los medios hacen su particular agosto en este nuevo hipermercado del ruido que se abre ante ellos, con las estanterías repletas de productos frescos en los que basar narrativas a cuales más delirantes. Pese a los documentados esfuerzos que Epstein, sus patrocinadores y sus patrocinados, habrían llevado a cabo para desestabilizar a Rusia por todos los medios, diarios como The Telegraph promueven sin rubor que Epstein podía ser un espía ruso. No se froten los ojos que han leído bien. Al margen de que resulte probado, más allá de cualquier duda razonable, que Epstein era un activo del Mossad, se ve que a los compañeros de The Telegraph se les traspapeló este email en el que Boris Nikolic (exasesor de Bill Gates y de Epstein, a quien hemos mencionado antes) le escribe a Epstein sobre Ilya Ponomarev, un exdiputado ruso de la oposición, describiéndolo como un posible “reemplazo de Putin” y pidiendo ideas para ayudarlo, ya que organizaba “el levantamiento contra Putin”.

No es el único email que permitiría refutar de plano el delirio otanista de The Telegraph. Vean si no este otro email, fechado en marzo de 2014 (poco después de la caída del presidente Viktor Yanukovich en Ucrania), en el que Epstein escribió a Ariane de Rothschild (directiva del grupo bancario Edmond de Rothschild) lo siguiente: “la agitación en Ucrania debería proporcionar muchas oportunidades, muchas”. Curiosa manera de llamar al golpe de estado. Y es que Epstein no era un simple amigo de la familia Rothschild, ese ilustre apellido que es el perejil de todas las salsas y de los cambios de régimen ocurridos en los últimos 250 años, sino su empleado con el que la jefa de la rama francesa de los Rothschild intercambiaba centenares de correos de manera cotidiana. Epstein ofrecía consejos sobre asuntos estratégicos del negocio, planificación patrimonial, riesgos, seguridad personal o incluso mediación en disputas familiares. En 2015, su compañía Southern Trust Company firmó contratos con entidades del grupo Edmond de Rothschild por un total de alrededor de 25 millones de dólares, una suma inusualmente alta para el tipo de trabajo declarado. Nada mal para un espía ruso.


Epstein y consorte, con el gran blanqueador de pedófilos
Sea como fuere, muchos medios aquí en España se han afanado en replicar la narrativa. Total, si la gente llegó a creerse que Putin financiaba las aventuras secesionistas de Puigdemont y que estaba dispuesto a ofrecer 10.000 soldados rusos al Gobierno de la Generalitat, puede creer casi cualquier cosa. Porque el asunto Epstein es así. Hay documentos para todos los gustos. Así se entiende que Irene Montero señale a Epstein como el artífice del auge de la turbo-extrema-derecha trumpista de Steve Bannon y Elon Musk, mientras en VOX afirmen en su cuenta de X sin despeinarse que Epstein era progre. Porque si Epstein era todo, en realidad no era nada, y si no era nada, podemos echarnos a dormir.

El alivio de Varsavsky

Pero sin duda, en estos días de confusión en los que se puede leer casi de todo, el premio especial al desparpajo se lo ha ganado Martin Varsavsky, el sionista más dicharachero del prime time español a quien, ante varios millones de telespectadores, le traicionaba el subconsciente al dejar patente su alivio al introducir su nombre en el buscador del Departamento de Justicia y no encontrar nada más que su email, mientras que, según nos contaba, “su amigo japonés” Joichi Ito, una presunta víctima de la caza de brujas mediática, había tenido que dimitir por recibir fondos de Epstein. ¿Qué clase de persona sentiría alivio al mirar los archivos de Epstein? ¿Y quién era ese amigo japonés? La respuesta a la primera pregunta se antoja obvia, considerando que su legitimidad como opinador suele reposar sobre su condición de amigo de la nobleza tecnocrática. ¿Han buscado ustedes su propio nombre en el buscador? Yo no, y si lo hiciese, con toda seguridad no sentiría alivio por no encontrarme: simplemente sé que no estoy. Varsavsky, sin embargo, tenía motivos para sentirse aliviado, ya que, meses antes, su nombre había aparecido en el famoso libro negro de Epstein entre todos los rutilantes contactos del pedófilo convicto, cuestión que quizás sirva para explicar su alivio.

Para los neófitos en estas lides conspiratorias, es conveniente aclarar quién es Martín Varsavsky y analizar su sorprendente deriva: de apoyar a los “indignados” del 15M llevando internet a las plazas con sus foneras, Varsavsky ha pasado a ser el azote del wokismo patrio. Nunca sobra recordar que aquello del 15M fue un golpe de estado blando, al estilo de sus revoluciones hermanas, las de colores y las primaveras árabes, tan del gusto de USAID, el National Endowment for Democracy o el entramado de fundaciones de George Soros, de esos en los que Epstein decía ver muchas, muchas oportunidades. Quizás Varsavsky haya visto la luz y decidido abandonar esas nocivas influencias sorosianas del pasado. En cualquier caso, quizás sea achacable a la ansiedad, pero el bueno de Martín no debió buscar con la pericia suficiente ya que su nombre o sus empresas aparecen varias veces en los más de tres millones de documentos recién liberados. Sin ir más lejos Jazztel, la empresa a la que le debe su fama de intrépido empresario en España, formaba parte de la cartera de inversiones personal del propio Epstein. Peccata minuta, pensarán ustedes. Pero es que la cosa no queda aquí. Allá por noviembre de 2013, Martín Varsavsky aparecía como inversor en este documento de acuerdo de derechos de inversionistas de la empresa Physical Graph Corporation (precursora de SmartThings). Si bien desconocemos la relación de Epstein con este acuerdo, y por qué se encuentra entre los documentos liberados, al parecer una de las empresas firmantes de ese acuerdo era Greylock Partners, de la cual era fundador Reid Hofmann, un asiduo de los correos con Epstein y eventual visitante de la siniestra isla de autos en Little St. James.

Este documento podría no tener ninguna relevancia de no ser por que Hoffman era el presidente del comité de inversión en Neoteny Labs desde su lanzamiento en 2009/2010. Neoteny era un vehículo de inversión personal de Joi Ito financiado parcialmente por Epstein dedicado fundamentalmente a la inversión en el ámbito de la biotecnología. El tal Joi Ito, el amigo personal de Martin Varsavksy, era a su vez el director del Media Lab del Massachussets Institute of Technology desde 2011. El misterioso japonés, a quien Varsavsky describía como un geek, había cultivado durante años una lucrativa relación con Epstein (desde 2013, tras su condena de 2008), aceptando donaciones de Epstein (525.000 dólares a Media Lab y 1,2 millones para Neoteny). Según cuenta este artículo publicado en The New Yorker, Ito habría ocultado convenientemente esta relación (contrariamente a lo que sostenía Varsavsky en la tele), ya que dichas donaciones se marcaban como anónimas para evitar escrutinio público. Al parecer, Epstein actuaba como intermediario, dirigiendo al menos 7,5 millones adicionales hacia la cartera de inversión de Ito, entre los que se incluyen 2 millones de Bill Gates. El artículo, basado en una serie de emails filtrados por una antigua empleada, de nombre Signe Swenson, narra como Epstein solía aparecer por el laboratorio rodeado de muchachas jóvenes, y que el personal del laboratorio solía referirse a él como “Voldemort” o “el innombrable”.


El nombre del fondo de inversiones del amigo japonés de Varsavsky no deja de resultar inquietante. La neotenia (del griego “neo-”, joven, y “teinein”, extender) es un fenómeno biológico estudiado en la biología del desarrollo, que consiste en la retención de características infantiles en organismos adultos, debido a un retraso en el desarrollo corporal en comparación con el reproductivo, lo que permite que especies evolucionen conservando rasgos “infantiles”. Si bien el concepto resulta apasionante, algunos autores en biología evolutiva y psicología especulan con una posible conexión controvertida, por la que la neotenia en humanos podría llevar a exaltar ciertos patrones de atracción sexual en clave pederasta, donde cualidades de juventud y fertilidad pueden acabar extendiéndose incluso a niños. No me dirán ustedes que no resulta muy inquietante que un pedófilo convicto al que llaman “Voldemort” controle un fondo de inversión cuyo nombre es “Neoteny”. Pues bien: resulta que este fondo de inversión, regado con dinero de Epstein y Gates, había adquirido un paquete de unas 40.000 acciones de una empresa de Varsavsky llamada Overture Life, una empresa de biotecnología fundada alrededor de 2018-2019, con sede en Palo Alto (EEUU) y operaciones de I+D en Madrid, especializada en la automatización de procesos de reproducción asistida, fertilización in vitro y congelación de óvulos. Se conoce que con las prisas y la ansiedad, Varsavsky no se habría percatado de este otro vínculo con el depredador sexual.

Mesianismo biotecnológico y eugenesia liberal

Podrán inferir ustedes que los vínculos que describo entre Varsavsky y Epstein y Gates, no pasan de ser meramente tangenciales, y que al fin y al cabo, no resultan relevantes desde el punto de vista penal. Y no les falta razón: nada de lo descrito en los párrafos anteriores resulta delictivo. Sin embargo, lo que denotan esas conexiones es que existe un ecosistema, un marco epistémico, una unidad de propósito, una percepción del sentido filosófico de sus inversiones que todos estos tecnócratas comparten y que, francamente, resulta muy desasosegante. Muchos de ustedes habrán leído sobre el interés de Varsavsky por enviar embriones humanos a Marte, una ambición que encuentra sustento fáctico en el proyecto de otro asiduo a la compañía de Epstein, un tal Elon Musk, de establecer colonias en Marte. Esta sinergia de propósitos no es única de los dos tecnomillonarios. La obsesión mesiánica de la élite de Silicon Valley por la trascendencia, la inmortalidad o la eugenesia, goza de enorme predicamento y no se reduce a una mera excentricidad de un par de iluminados con mucho dinero. Sin ir más lejos, Peter Thiel, el gran ausente en las crónicas de la prensa sobre el asunto Epstein, viene apoyando de manera abierta a Orchid Health, la startup de su antigua socia, Noor Siddiqui, dedicada a la selección de embriones por riesgo de enfermedades múltiples o rasgos como la inteligencia, una suerte de “eugenesia liberal” para que los ricos puedan criar los “mejores” hijos posibles. Esta tendencia es tan cierta como que tiene incluso su propio nombre eufemístico: pronatalismo de Silicon Valley.

Epstein, en realidad, era uno más. Quizás sus métodos fuese más agrestes, sus maneras más chabacanas, pero compartía las mismas aspiraciones transhumanistas que sus majestades tecnocráticas. Su obsesión por la longevidad y la edición genética es otra de las cuestiones que subyacen de todos esos emails sobre los que nadie habla. En los emails recién liberados, se revela que Epstein financió pruebas genéticas en sí mismo, pagó por secuenciar su propio genoma. También discutió con el Dr. Joseph Thakuria, asociado a Harvard, sobre la edición genética usando la controvertida técnica CRISPR en sus células madre para introducir mutaciones que “aumenten la longevidad”. En sus propuestas se incluían “estudios personalizados de longevidad” o incluso la creación de nuevas células madre, dentro del llamado “Venus Project” del que consta una factura de 160.000 dólares, o incluso explorar usar la medicina regenerativa para reparar tejidos y órganos envejecidos. Más siniestra si cabe resulta la intención manifiesta de mejorar la, raza tal y como se cuenta en este artículo publicado por The Guardian: Epstein ansiaba crear una super-raza humana con su propio ADN. Tras su condena en 2008, empezó a amasar la idea de inseminar a mujeres en su rancho Zorro Ranch en Nuevo México, una propiedad de dimensiones colosales donde, según señalan algunas fuentes, se habrían perpetrado abusos contra mujeres jóvenes, incluidas menores, con el objetivo de inseminar simultáneamente hasta a 20 de ellas para generar descendencia con sus genes, una suerte de raza superior a su imagen y semejanza, al más puro estilo David Koresh en su granja de Waco.

Inundar la zona, cegar a la plebe

En definitiva, la información excesiva que estamos viviendo en estos días se antoja la mejor manera, llegado el caso, de conseguir ocultar la verdad del gran público. Si bien un haz de luz puede servir para paliar la penumbra, la luz masiva no hace sino cegar. En este modelo de guerra de última generación, el objetivo es colonizar la mente, inundarnos con toneladas de información que nuestros torturados cerebros sean incapaces de procesar, de modo que el destino que las élites tecnocráticas tienen preparado para nosotros, y su arquitectura de control, resulte imperceptible pese a sus dimensiones ciclópeas. Por esto, algunos investigadores, entre los que humildemente creo encontrarme, tratamos de separar, si se antoja vanamente, la paja del trigo.

Quizás acercarse a la realidad que viene no sirva para cambiar nada, aunque siempre nos quedará el consuelo de no morir idiotas.

Carlos Sánchez
(Visto en https://brownstoneesp.substack.com/)

MÁS CLARO, AGUA


Bill Gates admite abiertamente que su "vacuna" experimentals alterará tu ADN y te modificará genéticamente para siempre ...

LA DESTRUCCIÓN DE LA FAMILIA EN OCCIDENTE



La familia biológica compuesta por padre, madre e hijos es la única estructura natural capaz de sostener la base de esta sociedad y preservar la especie. La unión de un hombre y una mujer, desde el amor y con sus funciones biológicas bien definidas, dará lugar a hijos sanos que podrán crecer equilibrados física y emocionalmente.

Pero este modelo de familia (el único posible) parece estar en peligro de extinción hoy en día. Al menos en occidente. Donde las parejas hetero sexuales sustituyen hijos biológicos por perros o gatos y los jóvenes ya no saben distinguir entre sexo masculino y femenino.

El feminismo ha enfrentado a las mujeres con su propia feminidad haciendo que renieguen de sus funciones biológicas, que vean a los hijos como una carga, a los hombres como rivales y a un "patriarcado opresor" imaginario como el causante de todos sus males.

La cultura woke ha reseteado los cerebros de los más jóvenes planteando la esperpéntica idea de que el sexo biológico es un constructo social y cada persona puede decidir si es hombre o mujer (a parte de un sinfín de géneros inventados) en función de como se sienta en cada momento.

En los últimos 25 años occidente ha sido objeto de una operación de ingeniería social sin precedentes y un lavado de cerebro masivo a través de los medios de comunicación oficiales con el objetivo de socavar y destruir a la familia natural, sustituyéndola por modelos más útiles de cara al sistema y, sobre todo, más fáciles de manipular.

Detrás de este siniestro plan están los políticos títeres de siempre, al servicio de esos grupos de poder y corporaciones supranacionales que diseñan las agendas sociales en función de sus propios intereses y en contra de la salud y el bienestar de los ciudadanos.

En nuestras manos está revertir esta situación, recuperando nuestros valores y defendiendo aquello que nos hace grandes. La familia es el gérmen de la vida misma, es la célula primigenia, es la base que todo ser humano necesita para realizarse en este plano y, le pese a quien le pese, jamás podrá ser sustituida por ninguna moda o constructo ideológico artificial.

Mártin Sánchez.

sábado, 14 de febrero de 2026

ESPAÑA, UN PAÍS MANIATADO POR UNA CONSTITUCIÓN MEDIOCRE



Ni los lastres del pasado ni los escollos que dificultan nuestro futuro constituyen una maldición bíblica, sino que son consecuencia de la acción de unos y de la inacción de otros. Aunque siempre sea difícil establecer relaciones causa-efecto, sin duda uno de los factores más relevantes que explican la delicada situación en la que nos encontramos es el conjunto de grandes carencias del sistema constitucional del 78. España no siempre fue así: se ha vuelto así. Por lo tanto, la situación es reversible.

La primera vez que critiqué las debilidades de nuestro texto constitucional -en un artículo publicado hace más de una década- la idea parecía casi blasfema. Por eso, cuando al día siguiente recibí la llamada de José Pedro Pérez-Llorca, uno de los «padres» de la Constitución, pensé que iba a recibir una reprimenda. Sin embargo, ocurrió lo contrario: me felicitó por mi aparente osadía, me confesó que jamás había entendido la mitificación de un texto cuya redacción había sido «una improvisación permanente» y me advirtió con sentido del humor sobre el peligro de decir la verdad en nuestro país.

Pues bien, la verdad es que ninguno de los dos principales pilotos de la Transición poseía rango de estadista ni gran profundidad de pensamiento a pesar de contar con una indudable intuición política. No tenían la hechura de fundadores de un nuevo sistema político, y, por tanto, abordaron el futuro orden constitucional zigzagueando con tacticismo cortoplacista sin tener una idea muy clara del modelo de Estado al que aspiraban. La Constitución sería de este modo negociada a puerta cerrada por los representantes y correveidiles de los distintos partidos en discusiones miopes (que veían bien de cerca y mal de lejos) realizadas frecuentemente en entornos informales. Cuatro de los siete «padres» de la Constitución, por cierto, contaban con sólo 38 años.

La apariencia de consenso (aunque no fuera tal) les bastaba. La voluntad de salir del paso en asuntos delicados la solucionaban acudiendo a una dilatoria ambigüedad que posponía la resolución de nudos gordianos. Finalmente, el exceso de representatividad otorgado a los partidos políticos en detrimento del ciudadano, y el desproporcionado poder regalado a la parcialmente subversiva oposición socialista (creada ex novo para la Transición), contribuyeron a la elaboración de un texto estatista, debilitador de la nación, dirigista y empobrecedor.

Desaciertos constitucionales

Podría pensarse que el juicio crítico realizado desde la comodidad que otorga el paso del tiempo puede resultar injusto, pero los pecados originales de la Constitución ya fueron señalados por brillantes pensadores coetáneos como Julián Marías o Gonzalo Fernández de la Mora.

El primer gran error constitucional fue la creación del Estado de las Autonomías y el ambiguo concepto de nacionalidades, una verdadera bomba de relojería cuyo tic tac se oye cada vez con mayor nitidez. Hay que ser torpe -o malvado- para romper una nación milenaria, pero eso fue precisamente lo que facilitó la Constitución de 1978. Creó 17 reinos de taifas sin que hubiera necesidad ni demanda popular que lo exigiera, cada uno con su héroe inventado, su himno inventado y su bandera inventada (con alguna excepción), sistema que dio alas al independentismo y cimentó la dictadura regulatoria y el mastodóntico tamaño de la Administración que hoy sufrimos. Por otro lado, al no acotar las transferencias competenciales a las Autonomías, puso en marcha una fuerza centrífuga que transformó a las antiguas regiones en entidades demasiado parecidas a naciones independientes.

Por otro lado, el Estado de las Autonomías se convirtió en una agencia de colocación que facilitaba a los partidos políticos multiplicar su poder y plantilla. Como escribió Julián Marías en aquellos años, «no está claro si los partidos se han hecho para el país o el país para los partidos».

Otro gran desacierto de la Constitución consistió en elegir un sistema parlamentarista en vez de un sistema presidencialista. Con ello promovió la concentración de poder al fusionar el poder ejecutivo con el legislativo y otorgar a ambos un control exagerado sobre el poder judicial. Así, el texto constitucional consagró que en España no pudiera haber separación de poderes real. Este sistema, además, impidió el establecimiento de una limitación de mandatos, facilitando la perpetuación en el poder de cualquier líder medianamente carismático que no tuviera oposición digna de tal nombre.


Art. 14 de la Constitución: no puede haber trato diferente en función
 del sexo; Ley Violencia de Género: habrá mayores penas según el se-
xo del infractor. Tribunal Constitucional: No hay contradicción en 
ello, a tomar viento el principio de no contradicción, 2+2=5.
Asimismo, la Constitución creó un Tribunal Constitucional politizado, hoy convertido en una institución desprestigiada y disfuncional que bordea la prevaricación con frecuencia. Del mismo modo, permitió que el Consejo General del Poder Judicial dejara muy constitucionalmente de depender en 1985 -por iniciativa del PSOE- de los propios jueces. A pesar de sus promesas electorales, el PP se negaría en redondo a cambiar el sistema cuando alcanzaba el poder con mayoría absoluta y se veía beneficiario del sistema. El modelo bicameral también quedó sin sustancia, de modo que el Senado se convertiría en una cámara superflua.

La Constitución también pareció conformarse con la consolidación nominal de la monarquía. Esta decisión dejó la jefatura del Estado monárquica -una importante institución que podía convertirse en utilísima salvaguarda del bien común de la nación precisamente por ser ajena a la colonización partidista y no depender del voluble voto popular- en gran medida carente de potestad. En mi opinión, la elección de una jefatura del Estado simbólica frente a una jefatura dotada de una potestad limitada, pero operativa, fue una equivocación.

En otro orden de cosas, cabe reseñar como error de la Constitución del 78 su indudable aroma socialista, que le llevó a canonizar el intervencionismo estatal, a no defender como sacrosanto el derecho de propiedad y a poner en marcha un insostenible Estado de Bienestar. Bajo su bonita máscara solidaria y filantrópica, éste ha creado un sistema de control poblacional semi totalitario que ha ido reduciendo la libertad personal, aumentando los impuestos y debilitando la capacidad de creación de riqueza del individuo. Al ser financieramente insostenible, el sistema va camino de quebrar al país en medio de un conflicto social e intergeneracional de imprevisibles consecuencias. En el mismo sentido, la falta de limitación de déficits públicos -no resuelta por la enmienda constitucional del 2011- ha permitido la creación de un brutal endeudamiento que hipoteca nuestro futuro.


Soga para el ciudadano; para los de mi 
cuerda, impunidad. Lo llaman "justicia"
Finalmente, otra gran debilidad constitucional fue admitir la impunidad del poder ejecutivo-legislativo cuando vulnerara la propia Constitución, haciendo que la clase política pronto le perdiera el respeto. Así, el gobierno de turno podía saltarse la Constitución a la torera: si se salía con la suya -cosa que era fácil si controlaba el Tribunal Constitucional-, perfecto; pero si le pillaban y recibía una sentencia condenatoria, pelillos a la mar. La inconstitucionalidad de una ley no tiene consecuencia alguna para el culpable, al contrario de lo que le ocurre al ciudadano que quebranta la más mínima norma.

¿Qué hacer?

En su discurso de hace más de un siglo, sir William Osler citaba a Carlyle: «Nuestra principal tarea no es ver lo que se vislumbra tenuemente a lo lejos, sino hacer lo que está claramente a mano».

Muchas veces resulta complicado ver lo que tenemos en nuestra mano hacer, pero sugiero comenzar por dar dos pequeños pasos siguiendo el ejemplo presentado por el disidente checo Václav Havel en El Poder de los sin Poder (1978), breve ensayo crítico con la tiranía comunista que por entonces subyugaba Checoslovaquia. Debido a sus actividades, Havel sería encarcelado durante un lustro, aunque tras la caída del Muro, pocos años después, se convertiría en presidente de su país. Nadie era entonces capaz de preverlo.

En su ensayo, Havel creaba la figura de un imaginario tendero sumiso frente a las autoridades comunistas. Éstas le regalaban un cartel con un eslogan para que lo colgara en su escaparate, propuesta a la que al principio accedía. Pues bien, un buen día el tendero se rebelaba y dejaba de exponer el eslogan, y no sólo eso: también dejaba de ir a votar en elecciones que no eran tales y comenzaba a decir en las asambleas lo que pensaba de verdad. «Con esta rebelión -escribe Havel-, el tendero sale de la vida en la mentira; rechaza el ritual y viola las reglas del juego; reencuentra su identidad y su dignidad reprimidas; realiza su libertad. Su rebelión será un intento de vida en la verdad». Al hacerlo, el tendero no sólo ha dado un paso individual, sino que ha hecho algo mucho más importante: «Ha abatido el mundo de la apariencia, la columna que sostenía el sistema; ha demostrado que la vida en la mentira es precisamente vida en la mentira. Ha dicho que el emperador está desnudo».

Simpatizo enormemente con esta expresión, pues el primer artículo que publiqué en mi vida (Expansión, 2011) tenía ese mismo título. Pues bien, el primer pequeño paso que podemos dar es seguir el ejemplo del tendero rebelde y renunciar a repetir el eslogan de que el régimen constitucional de 1978 «ha sido el período de mayor paz y prosperidad de nuestra historia», porque no es verdad. La realidad es otra: ha sido un período de relativa depauperación y crecimiento muy mediocre, de decadencia social, de enorme aumento en la presión fiscal, de enormes tensiones políticas y territoriales y de un aumento de la delincuencia y de la violencia. Por otro lado, aludir a 1978 como si fuera el Big Bang o un amanecer tras una larga noche en un país de tan larga y brillante historia como España resulta grotesco y desprestigia a quien lo hace. Debemos defender la verdad, pues sin verdad no puede haber libertad.

El segundo pequeño paso que podemos dar es exigir al próximo gobierno, cuando expulse por fin al psicópata (cuya última desfachatez es afirmar que «va a dar con la verdad», él precisamente, del trágico accidente ferroviario de hace unos días), que aborde una profunda reforma constitucional. No se trata de reformar por reformar, sino de mejorar. El éxito no está asegurado, pero quienes creen que acabando con Sánchez se acaban los problemas se equivocan. El problema es sistémico, y el psicópata es sólo un reflejo extremo, patológico y quién sabe si incluso presuntamente delictivo de ello, pero no su causa última. Como recordaba Montesquieu, tras el advenimiento del Imperio la República romana nunca sería restaurada porque «los golpes se daban contra los tiranos, no contra la tiranía».

Desde hace unos años, hemos perdido la más mínima decencia en el gobierno de la nación, que ha dinamitado el Estado de Derecho y arrasado con toda noción de bien y de verdad, pero llevamos décadas perdiendo el concepto de bien común, el ethos compartido que nos une como nación, enormes grados de libertad personal y el respeto por nosotros mismos, y, con ello, estamos perdiendo la esperanza. Sin embargo, debemos luchar por mantenerla. Como decía Havel, podemos salir de la vida en la mentira; reencontrar nuestra identidad y dignidad reprimidas; realizar nuestra libertad; abatir el mundo de la apariencia; vivir en la verdad. Esta España es posible.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
(https://www.fpcs.es/)

EL EXPERIMENTO DIGITAL QUE SE SALIÓ DE CONTROL



Lo que ocurrió en la India con la identificación digital no fue un fallo técnico aislado.

Fue una advertencia estructural.

Más de mil millones de personas fueron integradas, sin opción alternativa, a un sistema biométrico único que vinculó alimentación, pensiones y atención médica a una sola identidad digital.

Cuando ese sistema falló, las consecuencias no fueron virtuales.

Fueron humanas:

Identidades duplicadas.
Registros bloqueados.
Personas reales excluidas de servicios básicos por errores, fraudes o simples inconsistencias del sistema.
Ancianos sin pensión.
Familias sin acceso a alimentos.
Pacientes rechazados por “no existir” en la base de datos correcta.

La promesa era eficiencia.

El resultado fue fragilidad absoluta.

CUANDO TODO DEPENDE DE UN CÓDIGO

En una sociedad totalmente digitalizada, el acceso a la vida cotidiana depende de que el sistema diga “sí”.

Un botón, un error, una cancelación administrativa, y de repente: no compras, no cobras, no accedes, no existes.

No hace falta maldad explícita.

Basta con centralización extrema y dependencia total.

La tecnología no es neutral cuando se convierte en filtro para la supervivencia.

La pregunta no es si la digitalización avanza.

Eso ya ocurrió.

La pregunta real es:

¿qué pasa cuando el sistema se equivoca y tú estás del lado equivocado del error?

(https://t.me/Despertadordelamatrix/)

LA IRRESPONSABILIDAD DE LA REGULARIZACIÓN, RETRATADA POR UNA EURODIPUTADA GRIEGA


viernes, 13 de febrero de 2026

DE EPSTEIN A GAZA: LA EXPOSICIÓN DE LA DEPRAVADA ÉLITE OCCIDENTAL



Los archivos de Epstein parecen menos un escándalo que documentación, testimonios integrados en declaraciones juradas, acuerdos extrajudiciales. La experiencia humana reducida a material de caso: catalogada, contrastada y desprovista de urgencia moral.

El abuso de menores no se desarrolló como una ruptura de un orden moral. Se desarrolló como un proceso controlado. Las niñas fueron reclutadas por su vulnerabilidad y pobreza. Fueron transportadas, pagadas y silenciadas.

Los abogados evaluaron la exposición. Las instituciones gestionaron el riesgo. Se mantuvo la reputación. El daño no se negó, se normalizó.

Una sobreviviente, Virginia Giuffre, describe cómo la usaron y luego la pasaron a otros hombres.

Otra, Maria Farmer, explica que comprendió muy rápidamente que no importaba, que solo existía para satisfacer los apetitos de personas que jamás afrontarían consecuencias.

Estas no son metáforas. Son descripciones procedimentales de cómo el poder se enfrenta a los débiles.

Sin embargo, tales revelaciones, por grotescas que sean, no deberían sorprendernos. ¿Por qué una élite con larga experiencia en matar en el extranjero de repente observaría un límite moral en casa?

Una revelación moral

Durante décadas, la evidencia no se ocultó. Se televisó.

En Irak, las sanciones y la guerra contribuyeron a la muerte de cientos de miles de niños, un saldo reconocido y luego justificado como el precio de la política. Las ciudades fueron arrasadas, la vida civil extinguida, la devastación justificada como estrategia, seguridad e interés nacional.

En Abu Ghraib, los detenidos fueron desnudados, abusados sexualmente, fotografiados, ridiculizados y humillados. Sus cuerpos fueron convertidos en instrumentos de dominación; su sufrimiento fue documentado, brevemente escandalizado y luego silenciosamente asimilado.

La violencia se presentó como excepcional, confinada a desiertos remotos y ciudades ocupadas, a cuerpos morenos y prisioneros anónimos. No se interpretó como una revelación moral, sino como un lamentable exceso operativo ejercido en el extranjero.

La verdad que durante mucho tiempo se ha pasado por alto en las sociedades occidentales es ésta: una élite dispuesta a matar de hambre a poblaciones, arrasar ciudades y brutalizar sexualmente a detenidos en el extranjero no tiene reparos en brutalizar a quienes considera inferiores en su país.

La frontera entre la brutalidad extranjera y la moralidad doméstica siempre fue imaginaria, una ficción reconfortante sostenida por la distancia, el racismo y la narrativa.

Lo que se maneja mediante declaraciones, censura y expresiones calibradas de preocupación en el exterior, se maneja mediante acuerdos y no divulgación de confidencialidad en el país.

La devastación de Gaza por parte de esta misma élite no es una anomalía moral. Pertenece a la misma arquitectura. A la misma jerarquía del valor humano. A la misma suposición de que algunas vidas son plenamente humanas, mientras que otras son prescindibles.

Niños abusados en una isla privada del Caribe.

Niños enterrados bajo los escombros en Gaza.

Niños colocados a bordo de aviones alquilados para satisfacer los apetitos de los ricos y poderosos, que vuelan discretamente y en silencio para ser utilizados y abusados sin consecuencias.

Niños asesinados por aviones enviados abiertamente y repetidamente para servir a los intereses estratégicos de los poderosos, bombardeados desde el cielo a su discreción, sus muertes ignoradas, minimizadas o narradas como una necesidad.

Derecho a todo y a toda impunidad

Los perpetradores están animados por el mismo sentimiento inquebrantable de derecho y de impunidad, por la creencia de que poseen el derecho a dictar el destino de otros, a brutalizarlos si así lo desean, ya sea en Florida o en Gaza.

Esta misma clase domina ahora el capital global. Los oligarcas tecnológicos, los financieros y los especuladores de guerra que extraen riqueza en casa y se lucran con la destrucción en el extranjero se mueven dentro del mismo ecosistema de élite que Epstein creó.

Las caras pueden diferir; la lógica es la misma. Explotación por aquí. Aniquilación por allá. Lucro por doquier.

Entre las figuras que se movieron cómodamente en el mundo privado de Epstein se encontraba el ex primer ministro israelí Ehud Barak, quien se reunió con Epstein en repetidas ocasiones entre 2013 y 2017 y se alojó en su residencia de Nueva York en múltiples ocasiones.

Según la correspondencia reportada, Epstein aconsejó a Barak que "considerara Palantir", una compañía que entonces emergía como un actor poderoso en análisis de datos, vigilancia y software de inteligencia.

Esa sugerencia es reveladora. Sitúa el mundo de Epstein no solo como un lugar de excesos personales, sino como una encrucijada donde convergían la indulgencia de la élite, la lógica de la inteligencia y la tecnología bélica de vanguardia.

Consideremos Palantir Technologies, la empresa de software de inteligencia cuyas herramientas fueron diseñadas para estados de vigilancia y campos de batalla modernos. Desde octubre de 2023, Palantir ha profundizado una estrecha y abiertamente ideológica colaboración con el gobierno y el ejército israelíes, presentando su tecnología como indispensable para la guerra contemporánea impulsada por IA.

En enero de 2024, la compañía anunció un acuerdo estratégico con el Ministerio de Defensa de Israel para apoyar operaciones de guerra activas, y altos ejecutivos viajaron a Israel para formalizar la asociación.

Las plataformas de Palantir (Gotham, Foundry y su Plataforma de Inteligencia Artificial) fusionan inteligencia, logística y objetivos en lo que la doctrina militar ahora llama la "cadena de muerte digital".

El juicio humano se reduce. La vacilación moral se automatiza. La violencia se convierte en un flujo de trabajo. La distancia ya no es un amortiguador; es una característica.


El máximo responsable del genocidio de Gaza aparece citado nada me-
nos que 6.300 veces en los archivos de Epsteín. El diablo los cría ...

Esta alineación no es meramente técnica, sino ideológica. El director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, ha enmarcado públicamente el apoyo a Israel como una obligación civilizatoria. La guerra no solo se apoya; se respalda filosóficamente.

El mismo lenguaje de necesidad y exención moral que una vez protegió el abuso privado ahora santifica la destrucción pública, sólo que esta vez está codificado en software.

Lo que Epstein ha gestionado socialmente (acceso, aislamiento, implicación mutua), empresas como Palantir ahora lo hacen operativo tecnológicamente.

El desprecio por la vida humana ya no es meramente personal: es institucional, contractual y programable.


El obstáculo a erradicar para la construcción de la
Riviera en Gaza, futuro paraíso vacacional
La violencia racionalizada

Cuando la violencia está tan profundamente arraigada -en el software, las políticas y las ganancias-, ya no necesita disfrazarse. Puede enunciarse abiertamente, incluso con orgullo, como un principio. Lo que antes debía racionalizarse, ahora se declara.

"La ley del más fuerte", como lo expresó con total claridad Stephen Miller, asesor de seguridad nacional del presidente estadounidense Donald Trump. Esa es la ética: en Gaza, en Venezuela o a puerta cerrada en Florida.

Esta élite no solo es poderosa; se crió en un sentido de excepcionalidad: derecho, privilegio e inmunidad. Habita un mundo cerrado de prestigio y aislamiento donde las reglas son para otros y las consecuencias, negociables.

Es precisamente por esta razón que muchos dentro de esta clase gravitaron hacia Epstein y fueron fácilmente atrapados por él.

Su verdadera ofrenda no era solo placer, sino la confirmación de que el orden moral ordinario no se aplicaba. Sus reuniones no eran simples fiestas; eran audiciones. Su avión privado y sus propiedades aisladas funcionaban como rituales de pertenencia.

Ser bienvenido en su órbita era recibir una insignia, la admisión a un círculo interno donde no se aplicaban consecuencias.


Epstein no se limitó a explotar la decadencia de la élite; la convirtió en un arma. Convirtió el derecho en influencia, el exceso en vulnerabilidad y el privilegio en una trampa.

La irresistible atracción de la exclusividad explica en gran medida el éxito de Epstein. Lo que atrajo a los poderosos a su órbita no fue solo el vicio, ni siquiera la normalización de la transgresión, sino la seducción del prestigio y el acceso, la promesa de pertenecer a un reino inescrutable.

Epstein comprendió que, para los verdaderamente poderosos, el estatus es más embriagador que el placer. Al posicionarse como guardián, transformó la indulgencia en iniciación y el exceso en cualificación.

Los poderosos no solo cayeron en la red de Epstein, sino que se convirtieron en rehenes. Lo que creían un espacio prohibido funcionó como un aparato de inteligencia, convirtiendo el exceso en evidencia y la transgresión en vulnerabilidad permanente.


"Eyes wide shut", la denuncia de Kubrick a los rituales
de los poderosos que le acabó costando la vida
Un resultado lógico

Irónicamente y obscenamente, esta misma élite se presenta como el estándar global de la ilustración y la moralidad: la cúspide de la civilización, el árbitro del mundo.

Juzga a otras naciones, presentándolas como atrasadas, irracionales, violentas o salvajes; luego utiliza esos pronunciamientos como armas para justificar la dominación y la subyugación.

Gaza no fue una desviación de los valores de la élite que supervisó su aniquilación. Fue su culminación.

Fue el momento en que una clase acostumbrada desde hacía mucho tiempo a ejercer el poder sin restricciones puso en práctica ese poder ante la vista de un mundo que observaba horrorizado.

Los archivos de Epstein exponen la cara privada de esta orden.

Gaza expone su situación pública.


Juntos, disipan las últimos ilusiones y revelan la fealdad de una élite que consume a los vulnerables en silencio en su país y los destruye abiertamente en el extranjero.

No se trató de una falla de valores.

Era su resultado lógico.

Soumaya Ghannoushi
(Fuente: https://www.middleeasteye.net/; visto en https://www.verdadypaciencia.com/)

ESPAÑA AGRAVA SU NIVEL DE CORRUPCIÓN



Transparencia Internacional nos sitúa en una posición peor que Arabia Saudí, Ruanda o Botsuana.

Ocupamos el puesto 49 de 182 del ranking global con 55 puntos, frente a los 62 que registraba el país hace seis años. Así, nuestro nivel de corrupción es mayor que el de países como Granada, Ruanda, Botsuana, Arabia Saudí o Israel, aunque menor que el de Italia (53 puntos).

En la mayoría de los Estados miembros de la UE se aprecia un descenso general de la puntuación, reflejando "un preocupante estado de estancamiento" en la aplicación efectiva de los estándares anticorrupción y una creciente erosión de los mecanismos de rendición de cuentas.

(https://t.me/TSANoticias/)

OTRO JIRÓN DE LA TRAMA CORRUPTA DEL GOBIERNO SALE A LA LUZ



Esta vez te han pillao con el carrito del helao, empolloncete

La Unidad Central Operativa registraba el pasado martes, diez de febrero de 2026, un despacho secreto vinculado a Félix Bolaños, ministro de Justicia del Gobierno de España. La oficina, ubicada en el barrio de Salamanca de Madrid y registrada a nombre de una empresa fantasma, ocultaba una habitación secreta con caja fuerte empotrada donde los agentes encontraron trescientos doce mil euros en efectivo sin justificar y documentación clasificada del CNI, del Ministerio de Justicia y de sumarios bajo secreto.

El registro fue autorizado por el juez tras declaraciones de Víctor de Aldama y escuchas telefónicas donde Bolaños mencionaba "el otro despacho" y "recoger papeles del sitio". Los agentes encontraron también un móvil con aplicaciones encriptadas, agendas con anotaciones crípticas que mencionan a José Luis Ábalos, contratos de ADIF relacionados con el caso Koldo, documentación del caso Begoña Gómez, y facturas falsas de empresas de asesoría por cientos de miles de euros.

Bolaños se enfrenta a cargos por malversación, cohecho, tráfico de influencias, revelación de secretos, prevaricación, obstrucción a la justicia y blanqueo de capitales. Penas que podrían superar los veinte años de prisión. La oposición exige su dimisión inmediata. Y la UCO investiga si hay más despachos ocultos, esta vez en Barcelona.

El mayor escándalo político del año acaba de explotar.

jueves, 12 de febrero de 2026

PROHIBICIONES "POR TU BIEN"



Hay un truco viejo que se repite con ropa nueva: primero se muestra un problema y se presenta enorme “por tu bien” -aunque existan muchos otros realmente grandes y acuciantes-, luego se crea una norma “protectora” y, cuando te quieres dar cuenta, lo que han protegido no es tu libertad, sino su control sobre ti o sobre las futuras generaciones.

Lo inquietante no es solo la ley en sí, sino el relato que la envuelve: te dicen que te cuidan, mientras te van colocando barrotes alrededor.

Se empieza cambiando el nombre a las cosas. Vigilar pasa a llamarse seguridad, censurar se rebautiza como lucha contra el odio, restringir opinión se vende como combate a la polarización y la desinformación.

La historia nos dice que no es algo nuevo: cuando se quiere recortar libertades o difuminar otros grandes problemas, lo primero que se hace es construir un buen relato moral, conmovedor, incluso “ético”, para que resulte casi indecente oponerse. ¿Quién va a estar en contra de proteger a los niños, de frenar el odio o de cuidar la convivencia? Nadie. Y ahí está la trampa: el problema no son las palabras, sino hacia dónde apuntan las medidas; si limitan el poder o lo concentran, si te protegen de los abusos o protegen al sistema de tus preguntas incómodas.

En otros tiempos se quemaban libros “peligrosos” para salvar almas, para evitar herejías, para mantener “la sana doctrina”. En teoría, todo por el bien del pueblo. En la práctica, se trataba de decidir qué podías leer, qué ideas estaban permitidas y cuáles debían desaparecer entre llamas, no porque algunas fueran falsas, sino porque eran incómodas para el poder.

Hoy ya no se queman libros en plazas, pero se pueden quemar silenciosamente cuentas, contenidos, opiniones disidentes en un gran fuego digital que no huele a humo, pero huele a miedo. Ayer era la hoguera, hoy es el algoritmo. El mecanismo es el mismo: “esto no lo ves porque es malo para ti”.

El nuevo escenario es más sofisticado. Se disecciona el espacio digital y se levantan jaulas legales que se presentan como diques contra el odio, la desinformación o la manipulación.

Se habla de responsabilidades penales para ejecutivos de plataformas, de delitos de “manipulación algorítmica”, de huellas de odio y polarización que todo lo miden, todo lo etiquetan.

Sobre el papel suena impecable: ¿a quién le gusta el odio? ¿Quién defiende la manipulación? Pero el detalle incómodo es que nadie logra definir de forma objetiva qué es odio y qué es simple discrepancia, qué es manipulación y qué es mera selección de contenidos.

En ese vacío, la definición ya no es técnica, sino política: decide el que manda.

Desde ese momento ocurre algo casi invisible pero devastador: el miedo. Si la frontera entre lo permitido y lo castigable depende de interpretaciones cambiantes, el ciudadano y las plataformas empiezan a autocensurarse.

Para evitar problemas, se borra más de la cuenta, se silencia lo polémico, se retira lo que pueda molestar. No porque sea ilegal en esencia, sino porque es más seguro callar. El poder no necesita ya perseguir cada palabra: le basta con que la gente aprenda a hablar bajito.

La jugada maestra es usar causas legítimas como caballo de Troya. La protección de los menores, por ejemplo. Nadie con un mínimo de conciencia niega que el entorno digital puede ser brutal para un adolescente y que hay que tomar medidas.

Pero el diablo está en el método: verificación masiva de identidades, bases de datos gigantes de documentos personales, sistemas de vigilancia que se quedan para siempre aunque el pretexto cambie o incluso desaparezca.

Lo que empieza como “solo para que los niños no entren” puede terminar siendo “ya que tenemos tus datos, los usaremos para todo lo demás”. Ayer se justificaba la censura para salvar tu alma; hoy se justifica para salvar tu perfil. El discurso es distinto, la estructura es idéntica.

También es muy revelador a quién se vigila con más intensidad. No se persigue a las plataformas que más daño hacen según parámetros objetivos, sino a las que menos se dejan controlar.

Se señala con el dedo a aquellos entornos digitales que no obedecen dócilmente los criterios oficiales de moderación de contenidos, mientras se tolera mejor a quienes se adaptan al guion. El mensaje es claro: no se castiga el riesgo, se castiga la desobediencia. Antes se demonizaba al libro que cuestionaba el dogma; ahora se mira con lupa a la red, al medio o a la herramienta que no se pliega al discurso dominante.


A todo esto se suma un ingrediente indispensable: la normalización. Ninguna sociedad acepta de un día para otro perder libertades; hay que hacerlo “en cómodos plazos”. Primero se limita a los menores, luego a los discursos catalogados como odio, después a lo que llamen desinformación, más tarde a la disidencia “peligrosa”.

Cada paso se presenta como pequeño, moderado, razonable. Hasta que un día descubres que para decir algo incómodo tienes que pensártelo tres veces, usar eufemismos, esconderte detrás de metáforas o callar directamente. Cuando eso ocurre, la hoguera ya no está en la plaza: está instalada dentro de tu cabeza.

El gran problema es que, mientras ocurre todo esto, nos tienen entretenidos con peleas menores. Discusiones eternas sobre siglas, bandos, etiquetas … mientras se cocina una arquitectura de control que va más allá de cualquier gobierno concreto.

Se nos alimenta con crispación diaria para que miremos a los rivales de siempre y no al hilo común que une muchas medidas: la concentración de poder y la infantilización del ciudadano; ¿en qué momento decidimos que la responsabilidad primera de educar y acompañar a los menores debía desplazarse de la familia al Estado? ¿Y por qué esa prisa por convertir lo que era tutela parental en supervisión administrativa?

Los problemas más importantes en España, según las recientes encuestas (2024-2025), se centran en la crisis de vivienda, los problemas económicos, el paro, la inestabilidad política por la corrupción, la inflación, la calidad del empleo, la preocupación por la inmigración y la sanidad. Parece que las prioridades de los políticos están muy lejos de las necesidades de los ciudadanos.

Si el pueblo se acostumbra a delegar su criterio en los filtros oficiales, en los verificadores de turno o en los algoritmos “responsables”, se vuelve manejable. No hace falta prohibirle leer: basta con decidir qué merece la pena que vea.

Sin embargo, la historia también enseña que nunca se tiene el control total. Siempre queda una rendija, un margen, un espacio donde la libertad se cuela como el humo de los viejos libros que quisieron borrar.

En el mundo digital existen herramientas descentralizadas, cifrado, redes alternativas que no dependen de un único cuello de botella legal ni de un único guardián de la puerta.

Y existe, sobre todo, algo que ninguna ley puede regular del todo: la conciencia crítica de cada persona, la capacidad de hacerse preguntas, de desconfiar de los relatos demasiado perfectos, de sospechar cuando te dicen que para estar seguro tienes que hablar menos, ver menos, pensar menos.

Quizá la verdadera batalla no está solo en las leyes que se aprueban, sino en qué o quiénes queremos ser; los que delegan su criterio a cambio de protección, o los que se toman la molestia de informarse, de contrastar, de mirar detrás del titular amable.

En tiempos de hogueras se necesitaba valor para esconder un libro. En tiempos de algoritmos, se necesita valor para defender una opinión incómoda sin disfrazarla de eslogan. Porque la censura del futuro, igual que la del pasado, nunca vendrá diciendo: “vengo a quitarte la libertad”, sino susurrando: “tranquilo, es por tu bien”. Y lo verdaderamente peligroso no será lo que hagan, sino que terminemos creyéndolo.

Maria del Mar Martínez Herrera

LA PERVERSA NATURALEZA DEL SISTEMA


NADA ES CASUAL



En 2016 el bioeticista, Matthew Liao propuso en el World Science Festival inducir una alergia en humanos a la carne por medio de "garrapatas como armas de bioingeniería".

Desde entonces el no han parado de aumentar los casos de alergia a las carnes rojas causadas por garrapatas.

Oficialmente, las causas de la expansión de las garrapatas que están produciendo estás alergias es el cambio climático.

(https://t.me/No_plandemia/)

miércoles, 11 de febrero de 2026

FRÍO, LLUVIA, NIEVE ... ¿CAMBIO CLIMÁTICO?



Los propagandistas climáticos andan nerviosos. En efecto, las condiciones meteorológicas preferidas para la propaganda climática son el calor y la sequía, y desde finales de diciembre hemos tenido frío y mucha lluvia. De hecho, en la España peninsular, enero ha sido el más lluvioso de los últimos 25 años, y muchos pantanos han acabado el mes al 100% de capacidad.

De este hecho debemos extraer tres lecciones. La primera es la falta de fiabilidad de las predicciones meteorológicas más allá de un horizonte temporal de unos pocos días. Un secreto bien guardado es que la ciencia aún está en pañales en su comprensión del clima, un sistema no lineal, complejo y caótico. Por tanto, los meteorólogos no tienen forma de saber con un mínimo de certeza qué pasará esta próxima primavera, ni el año que viene, ni mucho menos el 2100. Se mueven en un entorno de enorme incertidumbre y se apoyan para sus previsiones estacionales en factores sólo parcialmente explicativos, como el ENSO (El Niño-Oscilación del Sur, un fenómeno natural que integra la dinámica del océano y la atmósfera y cuyas manifestaciones alteran el clima global, nota del "blogger").

Nadie es profeta en (la previsión del tiempo de)
su tierra. Y menos que nadie la Agencia Espa-
ñola de Meteduras de Pata.
Otra vez la AEMET

De ahí las aproximaciones probabilísticas obtenidas por la AEMET tras "laboriosos cálculos" -sin eufemismos, a ojo de buen cubero (o al dictado de los catastrofistas habituales, nota del "blogger")- al pronosticar que había un 60% de probabilidades de tener un invierno más cálido de lo normal. Por ello, ha recibido muchas críticas, amortiguadas por la feroz defensa que de la Agencia realizan sistemáticamente los fact-checkers y la prensa de izquierdas (casi toda), pues la AEMET es la principal «autoridad» para promover la agenda climática y, por tanto, hay que protegerla.

En realidad, el gigantesco error de la AEMET estriba en no haber sido capaz de prever el enorme volumen de precipitaciones registradas en enero. De hecho, las críticas a su previsión de temperaturas distraen la atención sobre este punto y, además, son ingenuas, dado que la AEMET tiene el monopolio en el cálculo de temperaturas en España. También son prematuras. En efecto, la temperatura media del invierno meteorológico en la España peninsular es de 6,6ºC, luego para tener un invierno «más cálido de lo normal» bastaría con obtener unas pocas décimas superiores a esa temperatura. Si damos por bueno que las temperaturas de enero han sido sorprendentemente normales (como parece haber afirmado la AEMET), para que falle su pronóstico sería necesario que febrero acabara siendo «más frío de lo normal» (por debajo del percentil 40), algo estadísticamente más improbable que el escenario opuesto. De ahí que la Agencia confíe su remontada reputacional a las temperaturas de febrero (que ellos mismos calcularán).

La segunda lección que debemos recordar es que la gran amenaza climática que debería preocuparnos es el frío extremo propio de las Eras Glaciales y no las temperaturas más templadas causadas por el ligero calentamiento que afortunadamente estamos viviendo desde que terminó la Pequeña Edad de Hielo, a mediados del siglo XIX. Calor es sinónimo de vida, y frío, sinónimo de muerte. Por eso los pájaros migran hacia zonas más cálidas en invierno y los ciudadanos del centro y norte de Europa vienen de vacaciones a España, y no al revés.

La última lección que podemos extraer es que debemos estar en guardia frente al inmisericorde bombardeo de la propaganda climática, de estilo soviético. En efecto, si este comienzo de invierno hubiera sido cálido y seco en vez de helador y lluvioso, la propaganda climática lo habría achacado inmediatamente al cambio climático. Pues bien, tan ridículo y acientífico es extrapolar un mes frío, lluvioso y nevoso ligándolo a un supuesto enfriamiento global como lo es ligar cada ola de calor, cada sequía o cada estación especialmente cálida al calentamiento global. Por favor, recuérdenlo la próxima vez que los activistas climáticos -empezando por la AEMET- conviertan meros fenómenos meteorológicos locales, pasajeros e irrelevantes, en pruebas irrefutables del cambio climático planetario.

Profetas de calamidades

Para los profetas de calamidades climáticas las malas noticias se acumulan, pues Bill Gates afirma ahora que «aunque el cambio climático tendrá graves consecuencias (…), las personas podrán vivir y prosperar en la mayoría de los lugares de la Tierra en un futuro previsible». Tras escribir hace pocos años un libro alarmantemente titulado Cómo evitar un desastre climático, su cambio de tono (o giro oportunista) ha coincidido con el desgaste de las proyecciones apocalípticas -desacreditadas una y otra vez por los datos observados- y, sobre todo, con el cambio político acontecido en EEUU, país que ha decidido abandonar, y, por tanto, dejar de financiar, todo tipo de organizaciones ecologistas, incluyendo el IPCC de la ONU.

Debemos ser conscientes de que la eficaz propaganda climática achaca al cambio climático todo tipo de fenómenos, aunque sean de naturaleza opuesta. Por eso precisamente el «calentamiento global» pasó a denominarse «cambio climático», concepto menos restrictivo que admite todo. Éste es el motivo por el que quienes viven del cuento climático intenten explicar que el calentamiento global es culpable del calor, pero también del frío; de la lluvia torrencial, pero también de la sequía; de la calma total, pero también de los vientos tempestuosos. No obstante, aunque la física atmosférica sea en ocasiones contraintuitiva, confío en que el sentido común les indique que suele ser difícil que un mismo factor cause resultados completamente opuestos. Si no es así, tengan cuidado la próxima vez que pongan hielo en su bebida, no vaya a ser que se caliente, o que tomen un antipirético, no vaya a ser que, en vez de bajarles la fiebre, se la dispare.

Al contrario de lo que afirma la propaganda, hasta ahora el calentamiento global no ha provocado ningún aumento en la inestabilidad climática o en la frecuencia o intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos, como reconoce el propio IPCC. Pero imaginemos por un momento que lo hiciera, como afirman sus propagandistas: ¿deberíamos concluir entonces que el enfriamiento global traería una gran estabilidad climática? No parece ser el caso. De hecho, la Pequeña Edad de Hielo (s. XIII-s. XIX) fue un período de «gran inestabilidad climática» que produjo severas carestías en la cosecha de cereales y, por lo tanto, hambrunas. Por el contrario, el aumento de CO2 y unas temperaturas más templadas favorecen el crecimiento de las plantas. Así, el rendimiento de los cultivos de cereales (medido en toneladas por hectárea cultivada) no ha hecho más que crecer en las últimas décadas y es hoy el doble de lo que era hace 60 años, lo que supone una magnífica noticia para alimentar a una creciente población mundial. Bendito CO2.

Caída global de temperaturas

El frío, la lluvia y la nieve no ha sido un fenómeno limitado a España, sino que se ha tratado de un fenómeno global en el hemisferio norte. De forma anecdótica, cabe mencionar que en la noche de Reyes cayeron 30 cm de nieve en las playas de la costa atlántica francesa, que en EEUU el temporal de frío y nieve de finales de enero compitió con el récord del invierno anterior, y que, en la península de Kamchatka, en el extremo oriental ruso, se produjo una nevada sin precedentes.


¿Por qué el "filántropo" de todas las salsas no se ocupa de
enfriarse él los coj####s y nos deja en paz al resto?
Pero por encima de lo anecdótico que supone vivir un mes frío, lluvioso y nevoso, el hecho es que las temperaturas del planeta están cayendo desde hace dos años, lo que significa que el inusual pico observado en 2023-2025 -de naturaleza claramente exógena y coyuntural, por extremo y repentino- está remitiendo en un típico ejemplo de reversión o regresión a la media. No olviden que en 2023 el 42% de la superficie del planeta experimentó temperaturas dos desviaciones estándar por encima de la media. En este sentido, resulta elocuente el contraste entre el sinnúmero de noticias publicitando el brusco calentamiento de aquellos años y el sepulcral silencio que ha acompañado el enfriamiento subsiguiente, igualmente brusco, pero que no encaja en el relato oficial.

Como escribí en su día, ningún científico serio achacó al supuesto cambio climático antrópico el súbito aumento de las temperaturas del 2023-2025 (al contrario de lo que hizo la AEMET). Algunos lo ligaron a un fenómeno El Niño fuerte; otros a una bajísima cobertura global de nubes completamente inexplicada, pues la ciencia aún patina con la convección húmeda y desconoce, por tanto, los factores que controlan la nubosidad del planeta (¿cómo no van a fallar los modelos climáticos?). Finalmente, otros científicos señalaron a la masiva erupción del volcán submarino Hunga-Tonga, que constituyó uno de los fenómenos geológicos de mayor magnitud del último siglo al liberar a la atmósfera, de golpe, 150 Mt de vapor de agua, el más importante gas de efecto invernadero.


Por lo tanto, es posible que el reciente y brusco enfriamiento terrestre haya estado asociado a La Niña, fenómeno que, como tantos otros, resulta imposible de predecir en duración e intensidad salvo con cómodos rangos probabilísticos que no suelen separarse mucho de la equiprobabilidad (para proteger la reputación al pronosticador). Pero también es posible que el principal factor explicativo del reciente enfriamiento haya sido la paulatina desaparición del temporal efecto invernadero causado por la erupción del Hunga-Tonga. Quién sabe.

Como pueden ver en el siguiente gráfico, desde 1979 -un año particularmente frío, pero el primero en el que hubo satélites en el espacio para medir la temperatura- se estima que la temperatura media del planeta ha aumentado a un imperceptible ritmo de 0,15ºC por década (sí, 15 centésimas de grado por década). Convendrán conmigo en que hay que afinar mucho para detectar este aumento centesimal de la temperatura de todo un planeta:


Asimismo, podrán observar que la temperatura del planeta apenas aumentó en el período 1980-1995 y se mantuvo muy constante de 1998 al 2015, aproximadamente, a pesar del aumento constante de la concentración atmosférica de CO2. Este último episodio se denominó «la pausa», aunque posteriormente la propaganda climática negaría que dicho término hubiera existido. ¡Qué memoria más corta! La revista Nature había publicado en 2013 un artículo titulado La reciente pausa del calentamiento global y el propio IPCC citaba «la pausa» 53 veces en su Quinto Informe (2013) y dedicaba un capítulo especial titulado Modelos climáticos y la pausa en el calentamiento global en los últimos 15 años.

Gráficos largos

El gráfico anterior de datos por satélite es un gráfico muy corto, pues la evolución de clima suele medirse en siglos o milenios. Por eso me gusta introducir el gráfico largo que incluyó el IPCC en su Primer Informe, que muestra la reconstrucción de temperaturas del planeta de los últimos 10.000 y 1.000 años. En él podrán observar que las temperaturas de finales del s. XX eran inferiores o similares a las de épocas en las que Pedro Picapiedra conducía su troncomóvil, es decir, en las que no existía industrialización alguna ni CO2 de origen antrópico:


Buenas noticias

Por otro lado, algunos de mis amigos canadienses preocupados por la propaganda climática se habrán visto tranquilizados con la reciente publicación de la serie de temperaturas veraniegas de su país desde el año 1900, la cual muestra una suave ciclicidad sin tendencia clara que equipara las temperaturas de principios del s. XXI con las vividas hace 100 años, cuando supuestamente el nivel de CO2 era «normal» (según la nomenclatura de la propaganda climática):


También les relajará saber que el llanto ceñudo de la pobre Greta al denunciar en la ONU una supuesta extinción masiva de especies como consecuencia del cambio climático era fruto de la histeria más que de la ciencia. En efecto, un estudio reciente publicado por la Royal Society concluye que el ritmo de extinción de especies -irrelevante en cualquier caso desde el punto de vista relativo- ha disminuido en los últimos 100 años. Sí, han leído bien: hay menos extinciones de especies, lo que significa que a la biosfera (sistema que engloba a todos los seres vivos del planeta) le sienta de maravilla una temperatura un poco más templada y un poco más de CO2, fuente de vida y alimento por antonomasia de las plantas.

Respecto a la subida del nivel de los océanos también tenemos datos tranquilizadores. Un estudio publicado en el Journal of Marine Science and Engineering ha comparado los aumentos pronosticados para 2020 por el IPCC para multitud de localidades costeras de todo el planeta con las mediciones reales obtenidas en dichas localidades. Su conclusión es rotunda: «Aproximadamente el 95 % de las ubicaciones no muestra una aceleración estadísticamente significativa de la tasa de aumento del nivel del mar. Nuestra investigación sugiere que en el 5 % restante de las ubicaciones los fenómenos locales no climáticos son la causa plausible del aumento acelerado del nivel del mar». Y termina: «En promedio, la tasa de aumento proyectada por el IPCC tiene un sesgo al alza de aproximadamente 2 mm por año en comparación con la tasa observada». Dado que el último informe del IPCC proyecta un aumento de 4mm / año hasta el 2100 en su escenario más plausible, esto significa que sus fallidos modelos multiplican por dos la subida real del nivel de los océanos. No tengan prisa por vender el apartamento de la playa. ¿Consenso o censura?

La propaganda climática asegura que existe un consenso casi absoluto entre la comunidad científica respecto al origen antrópico del calentamiento global y a las consecuencias apocalípticas que se le atribuye. Esto es rotundamente falso: lo que sí ha habido es un tratamiento mediático asimétrico de ambas posturas del debate y una agresiva censura de tinte comunista u orwelliano materializada en el silenciamiento activo de la multitud de científicos escépticos y escandalizados con el secuestro político de la ciencia.

Éste es el caso de un editor del American Journal of Economics and Sociology, que permitió la publicación de un artículo que pronto se convertiría en el segundo más leído de la publicación en sus 83 años de historia. El artículo criticaba el alarmismo del IPCC, nunca corroborado por la evidencia empírica, es decir, osaba blasfemar contra el dogma imperante con una laudable claridad. Pues bien, el editor fue despedido. Lean por favor con atención las conclusiones de este artículo:

«El IPCC afirma que los fenómenos meteorológicos extremos son ahora peores que en el pasado, pero las observaciones no respaldan esta afirmación. Algunos fenómenos meteorológicos extremos, como la superficie terrestre afectada por sequías extremas, están disminuyendo, en lugar de aumentar (Lomborg, 2020). A nivel mundial, la incidencia de huracanes no muestra una tendencia significativa (IPCC, 2013, p. 216; Lomborg, 2020). Las observaciones tampoco muestran ningún aumento de los daños ni ningún peligro para la humanidad en la actualidad debido al clima extremo o al calentamiento global (Crok y May, 2023, pp. 140-161; Scafetta, 2024). Por lo tanto, dado que el clima actual es posiblemente mejor que el clima preindustrial y que no hemos observado ningún aumento de la mortalidad por fenómenos meteorológicos extremos, concluimos que podemos planificar la adaptación a cualquier cambio futuro. Hasta que se identifique un peligro, no hay necesidad de eliminar el uso de combustibles fósiles».

Amén.

Fernando del Pino Calvo-Sotelo
(https://www.fpcs.es/)