Una vez más, volvemos a instalarnos en una ceremonia de la confusión, hasta el punto en que la vorágine permanente parece haberse convertido en el estado natural en que se desarrolla la política internacional. Esta semana se han vuelto a liberar archivos de Epstein con todo lo que ello implica, y paradójicamente, tengo la percepción de que nunca estuvimos más lejos de entender la verdad que en esta semana frenética. El jueves pasado me acostaba con la idea de que la acción diplomática de los pretorianos de la pax trumpiana iba a alcanzar un acuerdo con Irán, con la intermediación de Turquía y Egipto, y sin embargo, en los medios israelíes daban el ataque por descontado. De repente … ¡los papeles de Epstein! Siempre tan oportunos. Estas liberaciones masivas resultan como un gran bazar de noticias inquietantes, con aroma a Chanel Nº 5 y casquería de mercado de abastos, con protagonistas para todos los gustos que cuelgan de ganchos mientras se desangran lentamente. Investigadores y curiosos, dejándose las pestañas, buscan personajes entre los ficheros, intentando vanamente contextualizar conversaciones incompletas, contratos, relaciones, delitos, pecados veniales y mortales. Y sexo, mucho sexo. Porque como decía Frank Underwood en House of Cards, “todo tiene que ver con el sexo, salvo el sexo, que tiene que ver con el poder”. En todo este circo de la infamia, el uso y abuso de menores para las redes de extorsión llamadas eufemísticamente honey traps (trampas de miel) paradójicamente parece ser lo único imposible de probar. Porque las víctimas de toda esta tela de araña, tejida durante años por los servicios de inteligencia del imperio anglosionista con el innoble propósito de asegurar fidelidades, parecen pasar a un segundo plano, convertidas en los insólitos cadalsos para el linchamiento de los prebostes sobrantes a los que se ha decidido ofrecer en sacrificio mediático.
Bill Gates: sexo, mentiras y pandemias
Cierto es que entre la nutrida lista de personajes seleccionados para su escarnio, se encuentran algunos de los individuos más pútridos de la escena internacional, para regocijo de muchos, entre ellos quien escribe. Porque no me duele en prenda reconocer que ver la estrella de Bill Gates desvanecerse me resulta ciertamente satisfactorio. El bueno de Bill, otrora guardián de las esencias del filantropismo mágico, sumo sacerdote del globalismo sobre cuyas espaldas descansaba la esperanza de la humanidad de sortear los múltiples apocalipsis que él mismo profetizaba, ha resultado ser la pieza de caza más jugosa en estos días. En pocas horas, el hombre que construyó el imperio del bien incontrovertible desde un garaje, ha visto como su aureola de santurrón beatífico explotaba en mil pedazos, mientras la imagen pública de otros miembros de la nobleza tecnocrática, a toda luces igual de abyectos, acaso peores, permanece incólume, lo que parece sugerir que todo este escándalo no es más que una explosión controlada, una pieza más de la arquitectura del engaño. Sin ir más lejos, poco se habla de Peter Thiel, aunque en el buscador del Departamento de Justicia se registren más de 2000 entradas con su nombre.
Sin embargo, incluso en la cuestión de Bill Gates, a quien parece que se quiere destronar a toda costa, la voluntad de ocultación es también manifiesta. Mucho jugo están sacando en los medios de comunicación sobre sus presuntas relaciones extramatrimoniales con chicas rusas (¡vayan ustedes a saber de qué edad), en cuya torridez habría contraído una ETS. Este asunto, pese a resultar más propio de tabloides de la prensa rosa que de la alta geopolítica, revela cierta cuestión que describen al personaje del personaje. Al parecer, según cuenta el propio Epstein en este email, Gates, presa del pánico ante la posibilidad de que Melinda tuviera noticia de sus veleidades adúlteras, habría pedido a Epstein antibióticos para administrárselos a Melinda “a escondidas” en la comida. La historia resulta ciertamente siniestra y hasta cierto punto inverosímil, pero lo cierto es que Melinda sí que ha concedido una cierta verosimilitud a la noticia, confirmando que la relación que su exmarido mantenía con Epstein habría sido la razón de su divorcio, considerando además que su exmarido debía ofrecer explicaciones públicas sobre la relación con el siniestro pedófilo. ¿Quién hubiese pensado la afición de Gates por medicar a la gente contra su voluntad era algo tan cotidiano? Bill no da dudado un segundo y ha acudido raudo a la llamada de la posteridad para decir que de prostitutas rusas nada de nada, que Epstein se escribía mails a sí mismo y que esa época de su vida fue un error, aunque su relación con Epstein se redujese, según nos cuenta, a meras cenas.
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"Meras cenas" ... y sobremesas obscenas. Bill, si eres un guarrete, asúmelo. Los degenerados expuestos sois una muchedumbre. |
De lo que seguramente no habrán oído hablar tanto en los medios de alienación de masas es de los mails en los que Epstein y Gates eran puntualmente informados por Larry Cohen (antiguo directivo de Microsoft y por aquél entonces gestor del fondo de Gates BG3C) y presuntamente Melania Walker (también asesora del mismo fondo de Gates), en el que se compartían recomendaciones sobre el uso de neurotecnologías como armas en inteligencia nacional, sobre especificaciones técnicas para simulación de pandemias o sobre cómo mejorar el acceso a los datos personales de salud. Pese a resultar ciertamente siniestro, con toda seguridad tampoco habrán leído nada en los rediles de pastoreo mediático en relación a este correo electrónico de agosto de 2011 de Epstein a Mary Erdoes (por entonces CEO de Asset & Wealth Management en JPMorgan), donde proponía una estructura de fondos asesorados por donantes (DAF, por sus siglas en inglés) vinculada a Gates, en el que se expresa explícitamente y sin el mínimo pudor la necesidad de “estar preparados con un brazo offshore, especialmente para las vacunas”.
“Now if we do a really great job on NEW VACCINES, health care, reproductive health services we can get [the population] down 10 maybe 15%.“, las palabras que los embusteros a sueldo de Maldito Bulo y Newtral niegan que Gates hubiera dicho. Reducir la población mediante vacunas. Justo antes de la Plandemia. Más claro, agua.
¿Una estructura offshore para financiar el emporio vacunal de Bill? ¿Por qué buscaría crear una estructura fiscal indetectable semejante prócer del buenismo? Parece que las prostitutas rusas y sus habilidades amatorias no eran los únicos intereses del viejo Bill. En este otro correo, titulado “GATES”, Epstein proponía a Jes Staley (CEO de Barclays), y a Boris Nikolic, (inmunólogo asesor de Gates y miembro destacado del World Economic Forum), una presentación para septiembre de 2011 que incluyese una estructura DAF junto a una “propuesta basada en silos que le dará a Bill más dinero para vacunas” dirigida a Bill Gates que, aderezada con estrategias de relaciones públicas (prefiero llamarlo propaganda), internet (más propaganda) y un fondo multibillonario con comités asesores, de inversión y subvenciones, serviría para “maximizar la flexibilidad de acceso a fondos y la implicación de actores internacionales”, con la expectativa de generar miles de millones en los primeros años mediante esta arquitectura financiera. Comprenderán que los asuntos de alcoba de Bill y sus complicaciones maritales, a la luz de los datos que aporto, me importen el equivalente a un comino y, sin embargo, en relación a Bill, es lo único que parece resultar de interés a los medios.
Arrimar el ascua a la sardina
Nunca olvidemos que los medios tienen la enorme responsabilidad de que el personal no se entere ni de por dónde le sopla el viento. Entre amnésicos climáticos y memorias de pez, los medios hacen su particular agosto en este nuevo hipermercado del ruido que se abre ante ellos, con las estanterías repletas de productos frescos en los que basar narrativas a cuales más delirantes. Pese a los documentados esfuerzos que Epstein, sus patrocinadores y sus patrocinados, habrían llevado a cabo para desestabilizar a Rusia por todos los medios, diarios como The Telegraph promueven sin rubor que Epstein podía ser un espía ruso. No se froten los ojos que han leído bien. Al margen de que resulte probado, más allá de cualquier duda razonable, que Epstein era un activo del Mossad, se ve que a los compañeros de The Telegraph se les traspapeló este email en el que Boris Nikolic (exasesor de Bill Gates y de Epstein, a quien hemos mencionado antes) le escribe a Epstein sobre Ilya Ponomarev, un exdiputado ruso de la oposición, describiéndolo como un posible “reemplazo de Putin” y pidiendo ideas para ayudarlo, ya que organizaba “el levantamiento contra Putin”.
No es el único email que permitiría refutar de plano el delirio otanista de The Telegraph. Vean si no este otro email, fechado en marzo de 2014 (poco después de la caída del presidente Viktor Yanukovich en Ucrania), en el que Epstein escribió a Ariane de Rothschild (directiva del grupo bancario Edmond de Rothschild) lo siguiente: “la agitación en Ucrania debería proporcionar muchas oportunidades, muchas”. Curiosa manera de llamar al golpe de estado. Y es que Epstein no era un simple amigo de la familia Rothschild, ese ilustre apellido que es el perejil de todas las salsas y de los cambios de régimen ocurridos en los últimos 250 años, sino su empleado con el que la jefa de la rama francesa de los Rothschild intercambiaba centenares de correos de manera cotidiana. Epstein ofrecía consejos sobre asuntos estratégicos del negocio, planificación patrimonial, riesgos, seguridad personal o incluso mediación en disputas familiares. En 2015, su compañía Southern Trust Company firmó contratos con entidades del grupo Edmond de Rothschild por un total de alrededor de 25 millones de dólares, una suma inusualmente alta para el tipo de trabajo declarado. Nada mal para un espía ruso.
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Epstein y consorte, con el gran blanqueador de pedófilos |
El alivio de Varsavsky
Pero sin duda, en estos días de confusión en los que se puede leer casi de todo, el premio especial al desparpajo se lo ha ganado Martin Varsavsky, el sionista más dicharachero del prime time español a quien, ante varios millones de telespectadores, le traicionaba el subconsciente al dejar patente su alivio al introducir su nombre en el buscador del Departamento de Justicia y no encontrar nada más que su email, mientras que, según nos contaba, “su amigo japonés” Joichi Ito, una presunta víctima de la caza de brujas mediática, había tenido que dimitir por recibir fondos de Epstein. ¿Qué clase de persona sentiría alivio al mirar los archivos de Epstein? ¿Y quién era ese amigo japonés? La respuesta a la primera pregunta se antoja obvia, considerando que su legitimidad como opinador suele reposar sobre su condición de amigo de la nobleza tecnocrática. ¿Han buscado ustedes su propio nombre en el buscador? Yo no, y si lo hiciese, con toda seguridad no sentiría alivio por no encontrarme: simplemente sé que no estoy. Varsavsky, sin embargo, tenía motivos para sentirse aliviado, ya que, meses antes, su nombre había aparecido en el famoso libro negro de Epstein entre todos los rutilantes contactos del pedófilo convicto, cuestión que quizás sirva para explicar su alivio.
Para los neófitos en estas lides conspiratorias, es conveniente aclarar quién es Martín Varsavsky y analizar su sorprendente deriva: de apoyar a los “indignados” del 15M llevando internet a las plazas con sus foneras, Varsavsky ha pasado a ser el azote del wokismo patrio. Nunca sobra recordar que aquello del 15M fue un golpe de estado blando, al estilo de sus revoluciones hermanas, las de colores y las primaveras árabes, tan del gusto de USAID, el National Endowment for Democracy o el entramado de fundaciones de George Soros, de esos en los que Epstein decía ver muchas, muchas oportunidades. Quizás Varsavsky haya visto la luz y decidido abandonar esas nocivas influencias sorosianas del pasado. En cualquier caso, quizás sea achacable a la ansiedad, pero el bueno de Martín no debió buscar con la pericia suficiente ya que su nombre o sus empresas aparecen varias veces en los más de tres millones de documentos recién liberados. Sin ir más lejos Jazztel, la empresa a la que le debe su fama de intrépido empresario en España, formaba parte de la cartera de inversiones personal del propio Epstein. Peccata minuta, pensarán ustedes. Pero es que la cosa no queda aquí. Allá por noviembre de 2013, Martín Varsavsky aparecía como inversor en este documento de acuerdo de derechos de inversionistas de la empresa Physical Graph Corporation (precursora de SmartThings). Si bien desconocemos la relación de Epstein con este acuerdo, y por qué se encuentra entre los documentos liberados, al parecer una de las empresas firmantes de ese acuerdo era Greylock Partners, de la cual era fundador Reid Hofmann, un asiduo de los correos con Epstein y eventual visitante de la siniestra isla de autos en Little St. James.
Este documento podría no tener ninguna relevancia de no ser por que Hoffman era el presidente del comité de inversión en Neoteny Labs desde su lanzamiento en 2009/2010. Neoteny era un vehículo de inversión personal de Joi Ito financiado parcialmente por Epstein dedicado fundamentalmente a la inversión en el ámbito de la biotecnología. El tal Joi Ito, el amigo personal de Martin Varsavksy, era a su vez el director del Media Lab del Massachussets Institute of Technology desde 2011. El misterioso japonés, a quien Varsavsky describía como un geek, había cultivado durante años una lucrativa relación con Epstein (desde 2013, tras su condena de 2008), aceptando donaciones de Epstein (525.000 dólares a Media Lab y 1,2 millones para Neoteny). Según cuenta este artículo publicado en The New Yorker, Ito habría ocultado convenientemente esta relación (contrariamente a lo que sostenía Varsavsky en la tele), ya que dichas donaciones se marcaban como anónimas para evitar escrutinio público. Al parecer, Epstein actuaba como intermediario, dirigiendo al menos 7,5 millones adicionales hacia la cartera de inversión de Ito, entre los que se incluyen 2 millones de Bill Gates. El artículo, basado en una serie de emails filtrados por una antigua empleada, de nombre Signe Swenson, narra como Epstein solía aparecer por el laboratorio rodeado de muchachas jóvenes, y que el personal del laboratorio solía referirse a él como “Voldemort” o “el innombrable”.
El nombre del fondo de inversiones del amigo japonés de Varsavsky no deja de resultar inquietante. La neotenia (del griego “neo-”, joven, y “teinein”, extender) es un fenómeno biológico estudiado en la biología del desarrollo, que consiste en la retención de características infantiles en organismos adultos, debido a un retraso en el desarrollo corporal en comparación con el reproductivo, lo que permite que especies evolucionen conservando rasgos “infantiles”. Si bien el concepto resulta apasionante, algunos autores en biología evolutiva y psicología especulan con una posible conexión controvertida, por la que la neotenia en humanos podría llevar a exaltar ciertos patrones de atracción sexual en clave pederasta, donde cualidades de juventud y fertilidad pueden acabar extendiéndose incluso a niños. No me dirán ustedes que no resulta muy inquietante que un pedófilo convicto al que llaman “Voldemort” controle un fondo de inversión cuyo nombre es “Neoteny”. Pues bien: resulta que este fondo de inversión, regado con dinero de Epstein y Gates, había adquirido un paquete de unas 40.000 acciones de una empresa de Varsavsky llamada Overture Life, una empresa de biotecnología fundada alrededor de 2018-2019, con sede en Palo Alto (EEUU) y operaciones de I+D en Madrid, especializada en la automatización de procesos de reproducción asistida, fertilización in vitro y congelación de óvulos. Se conoce que con las prisas y la ansiedad, Varsavsky no se habría percatado de este otro vínculo con el depredador sexual.
Mesianismo biotecnológico y eugenesia liberal
Podrán inferir ustedes que los vínculos que describo entre Varsavsky y Epstein y Gates, no pasan de ser meramente tangenciales, y que al fin y al cabo, no resultan relevantes desde el punto de vista penal. Y no les falta razón: nada de lo descrito en los párrafos anteriores resulta delictivo. Sin embargo, lo que denotan esas conexiones es que existe un ecosistema, un marco epistémico, una unidad de propósito, una percepción del sentido filosófico de sus inversiones que todos estos tecnócratas comparten y que, francamente, resulta muy desasosegante. Muchos de ustedes habrán leído sobre el interés de Varsavsky por enviar embriones humanos a Marte, una ambición que encuentra sustento fáctico en el proyecto de otro asiduo a la compañía de Epstein, un tal Elon Musk, de establecer colonias en Marte. Esta sinergia de propósitos no es única de los dos tecnomillonarios. La obsesión mesiánica de la élite de Silicon Valley por la trascendencia, la inmortalidad o la eugenesia, goza de enorme predicamento y no se reduce a una mera excentricidad de un par de iluminados con mucho dinero. Sin ir más lejos, Peter Thiel, el gran ausente en las crónicas de la prensa sobre el asunto Epstein, viene apoyando de manera abierta a Orchid Health, la startup de su antigua socia, Noor Siddiqui, dedicada a la selección de embriones por riesgo de enfermedades múltiples o rasgos como la inteligencia, una suerte de “eugenesia liberal” para que los ricos puedan criar los “mejores” hijos posibles. Esta tendencia es tan cierta como que tiene incluso su propio nombre eufemístico: pronatalismo de Silicon Valley.
Epstein, en realidad, era uno más. Quizás sus métodos fuese más agrestes, sus maneras más chabacanas, pero compartía las mismas aspiraciones transhumanistas que sus majestades tecnocráticas. Su obsesión por la longevidad y la edición genética es otra de las cuestiones que subyacen de todos esos emails sobre los que nadie habla. En los emails recién liberados, se revela que Epstein financió pruebas genéticas en sí mismo, pagó por secuenciar su propio genoma. También discutió con el Dr. Joseph Thakuria, asociado a Harvard, sobre la edición genética usando la controvertida técnica CRISPR en sus células madre para introducir mutaciones que “aumenten la longevidad”. En sus propuestas se incluían “estudios personalizados de longevidad” o incluso la creación de nuevas células madre, dentro del llamado “Venus Project” del que consta una factura de 160.000 dólares, o incluso explorar usar la medicina regenerativa para reparar tejidos y órganos envejecidos. Más siniestra si cabe resulta la intención manifiesta de mejorar la, raza tal y como se cuenta en este artículo publicado por The Guardian: Epstein ansiaba crear una super-raza humana con su propio ADN. Tras su condena en 2008, empezó a amasar la idea de inseminar a mujeres en su rancho Zorro Ranch en Nuevo México, una propiedad de dimensiones colosales donde, según señalan algunas fuentes, se habrían perpetrado abusos contra mujeres jóvenes, incluidas menores, con el objetivo de inseminar simultáneamente hasta a 20 de ellas para generar descendencia con sus genes, una suerte de raza superior a su imagen y semejanza, al más puro estilo David Koresh en su granja de Waco.
Inundar la zona, cegar a la plebe
En definitiva, la información excesiva que estamos viviendo en estos días se antoja la mejor manera, llegado el caso, de conseguir ocultar la verdad del gran público. Si bien un haz de luz puede servir para paliar la penumbra, la luz masiva no hace sino cegar. En este modelo de guerra de última generación, el objetivo es colonizar la mente, inundarnos con toneladas de información que nuestros torturados cerebros sean incapaces de procesar, de modo que el destino que las élites tecnocráticas tienen preparado para nosotros, y su arquitectura de control, resulte imperceptible pese a sus dimensiones ciclópeas. Por esto, algunos investigadores, entre los que humildemente creo encontrarme, tratamos de separar, si se antoja vanamente, la paja del trigo.
Quizás acercarse a la realidad que viene no sirva para cambiar nada, aunque siempre nos quedará el consuelo de no morir idiotas.
Carlos Sánchez
(Visto en https://brownstoneesp.substack.com/)
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