Estamos ante una concesión bajo presión de Podemos, o sea, lo habitual en las decisiones de un gobierno que es chantajeado por todos los socios o, mejor dicho, es un gobierno con muchas garrapatas que chupan sangre. Pero la sangre es la de todos nosotros.
La regularización masiva no nace de un plan de Estado serio sobre demografía, empleo o cohesión social, sino del trueque parlamentario clásico: tú me sostienes y yo te concedo. Así se gobierna cuando el timón no lo lleva el piloto, sino el pasajero que amenaza con abrir la puerta en plena travesía.
Y ese es el grave problema de fondo.
Cuando el Estado actúa así, no protege a nadie. Ni a los recién llegados ni a quienes ya estaban sosteniendo el sistema público que está al límite. Y a tus hijos que pagarán la indecente deuda pública.
Porque cuando una minoría parlamentaria dicta políticas estructurales a cambio de votos, la democracia se transforma en subasta. Hoy es inmigración. Ayer fue y será la justicia, educación o fronteras, depende de quien pida. Gobernar deja de ser diseñar país y pasa a ser apagar incendios de coalición.
Y luego llega la hipocresía: se acusa de alarmismo a quien advierte de tensiones sociales mientras se deja que esas tensiones crezcan sin recursos, sin planificación y sin control eficaz. El conflicto no lo crea quien lo señala; lo crea quien lo gestiona mal.
Además, el mensaje exterior es devastador: entrar irregularmente no tiene consecuencias reales si se aguanta el tiempo suficiente. Las mafias entienden el lenguaje mejor que nadie. Cada regularización sin refuerzo fronterizo es un anuncio publicitario gratuito.
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¿No les dará siquiera un poco de vergüenza a las hermanas Sisters éstas alentar el tráfico de perso- nas como combustible del tráfico de votos? |
La política migratoria de un país no puede decidirse en una negociación de madrugada para salvar una votación. Es demasiado importante para tratarla como un parche.
Porque cuando el gobierno gobierna chantajeado, el precio no lo pagan los partidos. Lo pagan los barrios saturados, las aulas desbordadas, los centros de salud colapsados y una convivencia cada vez más frágil.
Esto no es solidaridad. Es irresponsabilidad maquillada de virtud.
Y la historia demuestra algo incómodo: cuando el Estado renuncia a planificar y se limita a ceder, no gana la integración. Gana el caos. Y el caos siempre termina alimentando precisamente a los extremos que luego dicen combatir.
No se está construyendo cohesión social. Se está jugando a la política con dinamita demográfica. Jugando a una regularización primero, nacionalización después y voto seguidamente.
Tenemos que reemplazar con los inmigrantes a la generación de fachas. Esta es la idea más nazi que he oído.
Fue un mensaje político explícito que salió de boca de Irene Montero, junto a Ione Belarra, en un mitin de Podemos.
La idea, envuelta en tono épico, venía a decir que la regularización y futura nacionalización servirían para “barrer” a una generación ideológica considerada indeseable y sustituirla por nuevos votantes. Genocidio de unos votantes y su reemplazo.
Desde sociología política eso tiene un nombre poco romántico: ingeniería demográfica con fines electorales.
Esta es la gasolina que alimenta las posiciones ultras y radicales. Este gobierno está alimentando, a la vez, a ultraizquierda y a la ultraderecha. Y no le importa que la gasolina sean los inmigrantes, los golpistas nacionalistas o las sanguijuelas periféricas. Les da exactamente lo mismo. Además, tú cuota de servicios sociales se la suda.
David Criado
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ResponderEliminarMuchas personas creyeron a estos que decían que venían a cambiar las cosas, una nueva política, un proyecto el cual se haría política del pueblo para el pueblo, donde no se permitiría que hubieran puertas giratorias, donde el político sería claro en sus cuentas y transparente, decían que venían de abajo para luchar contra los de arriba, donde en tv un tal Pablo Iglesias proclamaba las verdades del barquero... yo fui uno de los "creyentes", estuve en en el 15M dos semanas en una tienda junto con otros tres creyentes de los nuevos profetas, no me avergüenzo de ello, me la metieron bien, nunca vi a estos allí por cierto, pero si vi muchas personas con una ilusión porque en el fondo solo nos decían lo que necesitábamos escuchar, hace mucho que ya comente que estuve allí, y caí en la esperanza de algo mejor. Tengo fotos con mi pancarta de "no hay pan pata tanto chorizo", se hizo un lema porque no solo la portaba yo, éramos muchos. No creo que fuera el único que ahora siente asco y muy ridículo por estar casi sin ducharme y comiendo en bares tantos días que luego resultó ser algo que sirvió para que la "cúpula" se forrara y manejara nuestras ilusiones para beneficio propio, el chalet de Galapagar fue la gota que colmo el vaso de mi ignorancia, dicen que reconocerlo ya es un logro, pero es algo que aún ahora al recordarlo me sube los colores y no solo de vergüenza... ¿de rabia? No, de asco y de que incluso a los que nos creemos diferentes, también caemos en las mentiras de un sistema. Ahora en la distancia todo aquel proyecto fue una creación de Zapatero y Rubalcaba, se aprovechó la indignación del pueblo para "crear" una alternativa por la izquierda ya que por la derecha estaba subiendo como la espuma un partido catalán llamado "Ciudadanos", la izquierda no tenían entonces socios por su "lado"... el resto es historia. Si estas dos mierdas de verdad estuvieran de Presidente de España, se cagan, viven del follón, de la dialéctica del barro, su proyecto es vivir del cuento, como todos, pero otros quieren gobernar, los extremos no, como aquí en Catalunya, la independencia no quiere gobernar, el negocio está en la disputa permanente y el cabreo para que sus adeptos no se vayan a otras opciones, la independencia se ha hecho un negocio para ellos, lo mismo que los mierdas estos de Podemos, hacen de la política de la confrontación, su negocio. En mi caso personal la inmadurez muchas veces viene de la inocencia que da la edad, por suerte uno crece, y no solo en lo físico.