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martes, 17 de febrero de 2026
LA PROTEÍNA PICO TÓXICA DE LA INYECCIÓN COVID PUEDE PERSISTIR EN EL CUERPO MÁS DE 3,5 AÑOS
Un estudio clínico muy detallado demuestra que partes del material genético de las inyecciones de ARNm (como las de Pfizer o Moderna) pueden permanecer en el cuerpo durante años, mucho más tiempo de lo que los organismos oficiales habían dicho.
Los autores estudiaron a un hombre que recibió tres dosis de la inyeccón de Pfizer y luego empezó a sufrir muchos problemas de salud que antes no tenía:
- Fatiga, dolores musculares y articulares.
- Problemas cardíacos (miocarditis).
- Dificultades neurológicas (pérdida de concentración, hormigueos, mareos).
- Problemas en la piel, vista y oído, entre otros.
Durante más de 3 años y medio, este hombre fue evaluado con pruebas avanzadas: análisis de sangre, biopsias, estudios inmunológicos, genéticos y moleculares.
Los investigadores se encontraron con una realidad que contradecía radicalmente lo que se nos había dicho sobre estas inoculaciones:
- El ARN y fragmentos de ADN del preparado de Pfizer seguían presentes en el cuerpo después de 3 años y medio. Esto incluye pedazos de la secuencia del “spike” y del ADN del plásmido usado en la fabricación.
Oficialmente se nos dijo que estos materiales desaparecían en pocos días o semanas.
- La proteína “spike” (proteina pico) producida por la inyección fue encontrada en células del sistema inmunitario y en tejidos del cuerpo (como piel y nervios), sin que el hombre hubiera tenido COVID, ya que no tenía anticuerpos contra el virus natural, solo contra el spike.
No había rastros del virus original, lo cual significa que los restos encontrados provenían exclusivamente de la inyección, no de una infección.
- Encontraron alteraciones genéticas y moleculares en las células del hombre (cambios en genes relacionados con inflamación, estrés oxidativo y funciones celulares básicas). Los autores sugieren que podría deberse a la persistencia del material de la inyección.
Los autores concluyen que:
El material genético y la proteína que fabrica la inyección permanece en el cuerpo por años, lo cual contradice lo que aseguraban los organismos de salud (que se degradaba rápido). Esta persistencia podría causar inflamación crónica, disfunción inmunitaria y daños en diferentes órganos.
Se necesitan más estudios a largo plazo e independientes, porque este sería el informe más prolongado jamás documentado de permanencia de estos compuestos.
En términos sencillos:
El estudio sugiere que el cuerpo puede seguir expresando o reteniendo parte del contenido de la inyección mucho más tiempo de lo que se pensaba, y que esto podría explicar por qué algunas personas sufren efectos adversos crónicos (“síndrome postvacunal” o mal llamado “Covid prolongado” en vacunados).
Las autoridades sanitarias de todo el mundo (OMS, FDA, EMA, TGA, etc.) construyeron sus recomendaciones sobre la idea de que el ARN no permanecía y no llegaba ni al cerebro, al corazón ni al sistema reproductor. Sin embargo, estudios como este y otros recientes (algunos también citados por Hulscher y McCullough) indican que sí puede circular y acumularse, además de llevar fragmentos de ADN con secuencias que jamás deberían estar allí (como partes del virus SV40).
Este tipo de hallazgos exige transparencia, revisión independiente y estudios de seguimiento a largo plazo, algo que nunca se hizo antes en la historia de la vacunología moderna.
(Fuente: https://cienciaysaludnatural.com/)
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