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jueves, 7 de mayo de 2026
LA MANO DE TONY BLAIR Y EL PODER OCULTO BRITÁNICO TRAS LA GUERRA CONTRA IRÁN: LA GÉNESIS DE UN PLAN GLOBAL
El presente artículo se nutre de dos informaciones publicadas el 12 de abril de 2026 por el medio EIRNS (Executive Intelligence Review News Service, Servicio de Revisión de Noticias de la Inteligencia Ejecutiva, nota del "blogger"), que revelan la profunda implicación del exprimer ministro británico Sir Tony Blair (caballero de la Orden de la Jarretera) en el diseño y la promoción de la guerra contra Irán. Tal como consigna EIRNS, la mano de Blair no solo ha estado detrás de la desastrosa invasión de Irak junto a George W. Bush, sino que ahora, dos décadas después, se encuentra metida hasta el fondo en la guerra conjunta del presidente Donald Trump e Israel contra la República Islámica. Lejos de tratarse de un respaldo oportunista o retórico, la intervención de Blair se materializa a través de su instituto, sus asesores y un entramado de inteligencia que ha logrado influir en la planificación militar estadounidense. Este artículo se propone desentrañar las conexiones ocultas que revelan cómo una élite trasnacional, disfrazada de centro de pensamiento, ha logrado imponer una narrativa de cambio de régimen cuyo costo humano y geopolítico apenas comienza a vislumbrarse.
La primera pieza periodística de EIRNS señala un hecho central: el 6 de marzo de 2026, Blair declaró en un acto privado de Jewish News que el primer ministro Keir Starmer “debería haber respaldado a Estados Unidos desde el principio” y haber permitido que la administración Trump utilizara bases aéreas británicas para atacar a Irán. Lo que Blair no esperaba era que esas declaraciones se hicieran públicas, pero la filtración puso al descubierto la complicidad de un exmandatario que nunca ha dejado de ejercer influencia en los corredores del poder. Más contundente aún resultó la investigación del diario británico Byline Times el 24 de marzo de 2026, bajo el título “Revelado: el ‘dossier dudoso sobre Irán’ de Tony Blair ayudó a modelar el plan de guerra de Trump” (Revealed: Tony Blair’s ‘Dodgy Iran Dossier’ Helped Shape Trump War Plan). El jefe de investigaciones de esa publicación, Nafeez Ahmed, demuestra que el Instituto Tony Blair para el Cambio Global (TBI por sus siglas en inglés) está vinculado orgánicamente a Unidos Contra el Irán Nuclear (United Against Nuclear Iran, UANI), un grupo de ataque conjunto contra Irán liderado desde 2008 por oligarcas británicos, agentes del Mossad y halcones neoconservadores estadounidenses. No se trata, pues, de una mera coincidencia ideológica, sino de una verdadera cadena de mando informal que conecta la inteligencia de campo con la toma de decisiones en Washington y Tel Aviv.
Ahmed atribuye al llamado “Plan de 100 días” de enero de 2025, elaborado por UANI, haber alimentado directamente la guerra total de Estados Unidos e Israel contra Irán. Un dato escalofriante consignado por EIRNS es que el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, aún figura como asesor de UANI, lo que evidencia la promiscuidad entre los grupos de presión externos y los altos cargos del Pentágono. Pero el eslabón más revelador de esta cadena es Kasra Aarabi, director de investigación de UANI sobre el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC). Según Byline Times, Aarabi “pasó seis años como asesor personal de Blair sobre Irán en el TBI, donde creó su programa sobre Irán”, y cuando en septiembre de 2023 pasó al UANI, agradeció públicamente a Blair en su perfil de LinkedIn “su tutoría y su dedicación al pueblo de Irán”. Esta circulación de personal entre el instituto de Blair y el grupo belicista no es un simple movimiento de fichajes: es la prueba de que la guerra contra Irán se ha venido fraguando desde el interior de las propias estructuras de la socialdemocracia británica, convertida en ariete del intervencionismo militar.
Junto a Aarabi, otra exempleada del TBI, Jemima Shelley, también trasladada a UANI, ha desempeñado un papel central en la promoción de la idea de que los iraníes solo esperan una oportunidad para levantarse contra su gobierno. Ambos han difundido datos de encuestas dudosos elaborados por GAMAAN, una empresa holandesa financiada por la Fundación Nacional para la Democracia de Estados Unidos, cuya metodología de “muestreo por referencia en cadena múltiple” está deliberadamente sesgada para producir la conclusión deseada: que el cambio de régimen está a la vuelta de la esquina. Este uso político de la estadística, desmontado por Byline Times, recuerda los infames dossiers sobre armas de destrucción masiva en Irak que Blair presentó ante la Cámara de los Comunes en 2002. La historia se repite como farsa, pero también como tragedia: entonces fueron las mentiras sobre supuestos arsenales; ahora son sondeos manipulados sobre el descontento popular. En ambos casos, el objetivo es el mismo: fabricar el consentimiento para una guerra contra Irán que ya está en curso.
Pero Blair no se ha limitado a operar entre bambalinas. El 26 de marzo de 2026, publicó en The Free Press un artículo donde, con el cinismo que lo caracteriza, acusó a la “alianza impía” entre islamistas y progresistas de izquierda de ser responsable del aumento del antisemitismo en Occidente por oponerse al genocidio en Gaza. Allí, este bastardo moral, como lo califica sin ambages EIRNS, ordena las condiciones para criticar a Israel: hay que proclamar que el régimen iraní, Hamás, la Yihad Islámica Palestina y Hezbolá son amenazas terroristas, y no se puede quejar de las restricciones a los bienes que entran y salen de Gaza sin admitir que tales restricciones impiden la construcción de infraestructura terrorista. Blair incluyó una amenaza explícita: si ocurriera un 7 de octubre en el Reino Unido, él haría lo mismo que Israel, y “nada nos disuadiría de hacerlo”. Esta retórica, que equipara la crítica al Estado israelí con el antisemitismo y que justifica el castigo colectivo como legítima defensa, constituye el armazón ideológico sobre el cual se sostiene la guerra contra Irán: una guerra presentada como cruzada civilizatoria contra el terrorismo, pero que en realidad es una operación de dominación geopolítica diseñada en las oficinas de Blair y ejecutada por los misiles de Trump y Netanyahu.
A esta presión se ha sumado otro exprimer ministro británico, Boris Johnson, en un artículo publicado en el Daily Mail el 3 de abril de 2026, también recogido por EIRNS. Johnson respaldó la exigencia de Blair de que Gran Bretaña entre en la guerra contra Irán y calificó la negativa de Keir Starmer -quien declaró que “esta no es nuestra guerra”- como “una colosal falla de política de Estado” y un “juicio inmoral e imbécil”. El artículo de Johnson es un texto notable por su desvergüenza revisionista: invoca a Margaret Thatcher y al propio Blair como modelos de participación conjunta en las guerras del Golfo, y elogia tanto la guerra de 1991 como la de 2003 como “éxitos militares inmediatos, con objetivos claros que se explicaron públicamente y se alcanzaron rápidamente”. Esta reinterpretación del desastre de Irak de 2003 -que Blair ayudó a desencadenar con sus propias mentiras y que ha desestabilizado toda la región durante una generación- es una muestra del grado de intoxicación ideológica que domina a la clase política británica. Johnson, lejos de distanciarse de Blair, se alinea con él para exigir bases militares, despliegue naval en el estrecho de Ormuz y defensas aéreas para las monarquías del Golfo. Su argumento final apela al sentimentalismo del Día D: “Recuerden a los estadounidenses que murieron en Normandía, y salden la deuda”. La deuda, en este caso, sería la sangre británica que se debe derramar junto a la estadounidense en una guerra contra Irán que nadie pidió fuera de los círculos del poder transatlántico.
Lo que revela la investigación de EIRNS es la existencia de un guion común entre Blair y Johnson, una coreografía política cuidadosamente ensayada para arrastrar al Reino Unido a una guerra más amplia. Ambos ex primeros ministros, que en vida se presentaron como rivales, ahora convergen en un mismo proyecto imperial. El instituto de Blair, el UANI, el Pentágono, el Mossad y los halcones neoconservadores forman una constelación de intereses que ha convertido la guerra contra Irán en el eje de su estrategia de reordenamiento de Medio Oriente. La negativa de Starmer a ofrecer bases británicas ha sido, hasta ahora, el único obstáculo, pero la presión mediática y política se intensifica.
El silencio cómplice de los grandes medios, la fabricación de encuestas tendenciosas y la reescritura de la historia de Irak son las armas blandas que acompañan a las bombas duras. En este escenario, la voz crítica de publicaciones como EIRNS y Byline Times se erige como un dique frente a la marea belicista. Pero el dique es frágil cuando los propios arquitectos de la guerra ocupan las cátedras, los centros de pensamiento y los consejos editoriales. La lección de Irak no ha sido aprendida, sino perfeccionada. Ahora la mentira se viste con ropajes académicos, los sondeos se manipulan con sofisticación estadística y los asesores personales de un exprimer ministro se convierten en los redactores de los planes de guerra del Pentágono. La guerra contra Irán no es un estallido irracional de violencia: es el producto más depurado de una maquinaria de poder que lleva años tejiendo sus hilos, y Tony Blair, con su dossier dudoso, su instituto y sus discípulos, sigue siendo uno de sus más eficientes operarios.
(Visto en https://mentealternativa.com/)
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