ASTILLAS DE REALIDAD
Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
jueves, 12 de marzo de 2026
HIPERVIGILANCIA, GUERRA Y LA DEMOCRACIA QUE SE RESQUEBRAJA DESDE DENTRO DEL CUERPO
No hace falta vivir en un frente de guerra para sentir que el mundo se ha vuelto más estrecho, más urgente, más duro. En los últimos meses (o años) hemos asistido en tiempo real a una sucesión ininterrumpida de conflictos: guerras declaradas o prolongadas, bombardeos en ciudades densamente pobladas, invasiones, desplazamientos en masa forzados, niños y familias en precariedad extrema, y una retórica política cada vez más cercana a la amenaza de genocidio.
Al mismo tiempo, nuestras pantallas se han llenado de titulares dramáticos y algoritmos que premian lo más trágico, lo más violento y lo más polarizante. No es solo miedo, es hipervigilancia crónica. Y esa hipervigilancia no se queda en la cabeza, se instala en el cuerpo, y desde ahí afecta directamente a la forma en que pensamos, dialogamos y decidimos.
La hipervigilancia es un estado de alerta permanente en el que el sistema nervioso se mantiene en modo “amenaza”, incluso cuando no hay un peligro inmediato ni material frente a nosotros. No es una metáfora ni una sensación difusa; es una reconfiguración fisiológica real: aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular constante, respiración superficial, hipersensibilidad a los estímulos, dificultad para despegarse de la pantalla o del móvil.
En el contexto actual, esa hipervigilancia se alimenta por varios flujos simultáneos: noticias de guerra, discursos de emergencia, datos económicos cada vez más estridentes y la presencia de imágenes de violencia que llegan a la intimidad de nuestro día a día a través del teléfono, el ordenador o la tele.
Lo que no solemos nombrar es que vivir en este estado continuo de alerta no solo genera ansiedad o insomnio, sino que reconfigura cómo procesamos la información. El sistema nervioso no está diseñado para mantenerse en alerta constante. Funciona en ciclos: estrés, pausa, recuperación.
Pero el entorno geopolítico, mediático y económico actual rompe esos ciclos. La guerra, la amenaza bélica, la saturación informativa y la inestabilidad económica se convierten en un “estado de fondo”, un ruido de fondo que nunca se apaga. Y cuando el cuerpo se habitúa a ese sonido, el cerebro deja de funcionar desde la curiosidad y la reflexión para hacerlo desde la supervivencia.
Guerra, genocidio y nuestras democracias internas
No es exagerado decir que lo que ocurre en Ucrania, en Gaza, en Irán o en otras zonas de conflicto también está ocurriendo, en otro formato, en el interior de nuestros cuerpos.
Informes de organizaciones sanitarias y de salud mental han advertido en los últimos meses que la exposición continuada a noticias de guerra, genocidio y violencia masiva aumenta de forma significativa la ansiedad, el miedo, la sensación de impotencia y la percepción de peligro, incluso en personas que viven en países “estables”.
La guerra no solo destroza territorios, familias y ciudades; también reconfigura el paisaje mental y emocional de quienes la miramos desde lejos, pero con mucha cercanía emocional.
Esa reconfiguración tiene un coste político: cuando el cuerpo está en modo amenaza, el cerebro se vuelve más reactivo, más binario, menos capaz de sostener la complejidad. El pensamiento crítico se reduce porque la neurobiología prioriza la supervivencia, no la deliberación.
Se activan menos las regiones asociadas al razonamiento complejo, a la empatía, a la contención de impulsos y se refuerzan las que responden de forma rápida y automática. En el terreno social, eso se traduce en discursos más polarizados, en mayores tendencias a la deshumanización del otro, en la proliferación de relatos únicos y en la desconfianza hacia cualquier información que no encaje con la propia narrativa.
El miedo que se cuela en lo cotidiano
El problema no es solo macro, no solo geopolítico; es micro, cotidiano. El miedo a la guerra, a la economía armamentística, a la inestabilidad, a la pérdida de derechos y a la impotencia se cuela en las conversaciones de WhatsApp, en los comentarios de redes, en la mirada que cruzamos con la persona desconocida en el metro o en el supermercado.
La desconfianza se vuelve un hábito: pensar que el otro va a manipular, explotar, engañar, desinformar. Esa desconfianza pequeña, cotidiana, es el combustible silencioso de las grandes estructuras de conflicto.
Cuando el cuerpo se mantiene en tensión, la sensibilidad se apaga. Dejamos de sentir con precisión el límite entre lo que nos está pasando a nivel personal y lo que nos está ocurriendo como colectivo. Igual que el cuerpo adormece el dolor extremo para mantener la vida, el cerebro adormece la complejidad para mantener la estabilidad emocional.
Y entonces, en lugar de sostener la incertidumbre, el duelo y la ambivalencia, buscamos certezas rápidas, respuestas simples, chivos expiatorios. Cualquier relato que nos ofrezca claridad, incluso si es falso, resulta más atractivo que la incertidumbre real.
Y claro, no podemos sostener una democracia sana con cuerpos permanentemente en estado de amenaza. La democracia no solo depende de unas instituciones, de unas leyes o de unas elecciones; también depende de un tejido social capaz de sostener el conflicto sin caer en el odio, la rigidez o la deshumanización.
El conflicto es parte de la vida; lo que se rompe no es el conflicto, sino la capacidad de gestionarlo de forma compleja, dialogante y no violenta.
La hipervigilancia crónica favorece, en cambio, el pensamiento binario, la reacción rápida, la agresividad verbal y la desconfianza generalizada. En redes y en los discursos públicos se percibe un aumento de la agresividad, la descalificación directa del otro y la dificultad para sostener conversaciones donde coexistan más de una verdad. La capacidad de escuchar activamente, de dudar, de matizar, de cuestionar sin perder el vínculo, se erosiona cuando el cuerpo está en modo alerta constante.
Hacia una política del cuerpo y del pensamiento Si el problema también es corporal y neurológico, entonces la respuesta no puede ser solo una respuesta política, militar o mediática. También debe ser una política del cuerpo y del pensamiento. La regulación corporal -es decir, la capacidad de volver a conectar con el propio cuerpo, de respirar, de moverse, de descansar, de contener el miedo- no es un ejercicio de autoayuda banal.
Es una forma de resistencia: un modo de impedir que el pánico y la hipervigilancia se encarguen de pensar por nosotros. La neurociencia muestra que pausas reales, movimientos lentos, respiraciones conscientes, contacto con el suelo o con el propio cuerpo ayudan a restablecer los ciclos de estrés, pausa y recuperación.
No anulan la tragedia, no eliminan el dolor, pero crean espacio para que el pensamiento complejo pueda reaparecer. Un cuerpo que se sabe cansado, asustado, vulnerable, pero que se autorregula, es un cuerpo que puede sostener la rabia sin perder el juicio, el dolor sin perder la capacidad de analizar, la urgencia sin perder la profundidad.
Vivir en un contexto de guerra, genocidio e invasión no es una excusa para dejar de pensar ni para ceder a la pasividad. La anestesia, por el contrario, es el gran aliado de las estructuras de poder que alimentan la violencia: si los cuerpos se endurecen, si las sociedades se anestesian y si las personas se desconectan de sí mismas, cualquier relato puede imponerse.
La guerra necesita cuerpos tensos, sociedades saturadas de miedo y personas que, por agotamiento, dejan de preguntarse a quién beneficia qué, qué se está ocultando, qué narrativas se refuerzan y qué alternativas se invisibilizan.
Elegir cuidar el cuerpo, pausar, respirar, moverse, dormir, no consumir información sin filtro ni fin, no es egoísmo ni escapismo. Es, en un contexto como este, una forma de sostener la lucidez. Un cuerpo regulado piensa mejor, dialoga mejor y elige mejor. Y una ciudadanía que elige mejor es mucho menos fácil de manipular y más capaz de sostener una democracia compleja, radicalmente crítica y profundamente humana.
Miguel Jara
(Visto en https://www.migueljara.com/)
EL NEGOCIO DEL CARBONO
Un científico vinculado a Harvard afirma que la teoría del CO₂ como amenaza global es una construcción diseñada para justificar control económico y social.
Según esta postura, el CO₂ es el gas de la vida y más concentración significaría más crecimiento vegetal y productividad.
Señala que figuras como Bill Gates, John Kerry y Al Gore impulsan restricciones energéticas mientras promueven una agenda de reducción drástica de emisiones.
Para esta visión, el miedo climático sería la herramienta perfecta para rediseñar economía, consumo y población bajo el argumento de “salvar el planeta”.
(https://t.me/Despertadordelamatrix/)
miércoles, 11 de marzo de 2026
11-M: ¿A QUIÉN LE IMPORTA LA VERDAD?
Hoy se cumplen veintidos años de una masacre terrorista que resultó harto beneficiosa para intereses ajenos a los del españolito de a pie, a quien se le niegan la verdad, la dignidad y la memoria, y doce años desde que publiqué la entrada que sigue en la primera edición de este blog, sin que tenga que cambiar ni una coma de lo entonces redactado -solo actualizar las referencias cronológicas-, porque seguimos hundidos en la quiebra moral que siguió a aquellos acontecimientos. Aún no tenemos la respuesta a la pregunta ¿Quién lo hizo?, pero sí sabemos a quien benefició y a quien perjudicó: a un país entero sumido en la indefensión aprendida, en el olvido anestesiante y el cobarde "pasar página", y en la aceptación bovina de que ya solo nos queda hundirnos en el sumidero de la historia. Frente a esta claudicación elijo seguir siendo una voz incómoda, que molesta porque recuerda lo que casi nadie quiere recordar ya.
El 11/M de 2004, diez bombas explosionaron al mismo tiempo en cuatro trenes de trabajadores que llegaban a las estaciones de Atocha, El Pozo y Santa Eugenia, en Madrid, para iniciar su jornada. Es la mayor masacre terrorista de Europa: 193 muertos y más de 1.750 heridos.
La matanza fue el resultado de una doble combinación de intereses contrapuestos: el del gobierno del PP, cuyas maniobras para engañar a la población dieron toda clase de facilidades a la mano negra que lo ejecutó, y los de las "cloacas" secretas del Estado, que facilitaron al núcleo duro del PSOE la información privilegiada que les permitió capitalizar la indignación popular desatada.
Vayamos por partes:
Los servicios secretos (las "cloacas del Estado", en expresión de Felipe González) se habían movilizado para desbaratar la que el PP consideraba su jugada maestra para ganar de calle unas elecciones en que todas las encuestas les favorecían: el desbaratar de nuevo un atentado terrorista masivo contra una estación de tren, algo que ya había ocurrido la navidad del 2002 cuando se interceptó la llamada "caravana de la muerte" de ETA, destinada a volar la estación de Chamartín.
El plan de Aznar era presentar ante la opinión pública el doble éxito de frustrar un macro-atentado en vispera de las elecciones generales y la detención de toda la cúpula de la banda terrorista. El segundo objetivo estaba fijado para el 12-M, lo que nos hace sospechar que ésa era la fecha en que se había previsto la escenificación del previo "gran éxito" anti-terrorista de Interior. Solo que el escenario que se había diseñado para tal fin les estalla en las manos un día antes, lo que genera una reacción de pánico en la cúpula del gobierno, que a partir de ese momento se entrega de un modo autista a repetir la consigna "Ha sido ETA" sin ser capaces de analizar lo que realmente ha sucedido.
Lo que ha sucedido es, sencillamente, que el "aprendiz de brujo" Aznar, intentando jugar electoralmente la baza del terrorismo (que tanto respaldo le dio en el pasado, empezando por aquél extraño "atentado" contra él cuando era jefe de la oposición), apostó por una estrategia que se le fue de las manos, algo que ni en ese momento, ni nunca, puede reconocer. Una vez que las circunstancias le sobrepasan, ni puede admitir la verdad ni tiene una explicación alternativa que ofrecer a la ciudadanía.
Quién sí la tiene es el núcleo duro PRISA-PSOE: a primera hora de la noche del día siguiente al atentado, Margarita Robles, ex-secretaria de Estado de Interior con Felipe González, conversa ampliamente por teléfono con la juez antiterrorista francesa Laurence Le Vert, casada con un masón grado 33, quien la avisa de que al día siguiente se iban a producir detenciones de células islamistas. Robles informó inmediatamente a José Blanco, secretario de Organización del PSOE en la oposición, que se encontraba cenando con Alfredo Pérez Rubalcaba y otros destacados socialistas. La información procedía del marido masón de la juez, muy relacionado con los servicios secretos españoles.
La información recibida pone en marcha la estrategia de presentar los atentados como la venganza de una célula terrorista autónoma vinculada a Al Qaeda por el respaldo de Aznar a la invasión de Iraq. El aprovechamiento de una "versión oficial" que se les da hecha desde altísimas instancias del poder mundial lleva a algunos de los voceros del PSOE a completarla atolondradamente con lo que consideran que es coherente con la información privilegiada que poseen, como cuando Rodríguez Zapatero proclama en la radio que se han hallado restos de terroristas suicidas, algo que luego ni se molestará en desmentir, sino directamente en fingir que no ha sucedido, y que Iñaki Gabilondo, servilmente, nunca le recordará.
Y aquí es donde la fabricación de "pruebas" para apuntalar la versión oficial se desliza por unos terrenos increíblemente chapuceros pero que, aún así, cuelan, más que nada porque en la España del siglo XXI todavía es verdad lo que decía Unamuno de aquí solo utilizamos la cabeza para embestir. La principal, la mochila de Vallecas, salida de la nada, o más bien improvisada para sustituir al señuelo previo que fue explosionado por los Tedax en la calle Tellez, y que dirigió la investigación hacia unos cabezas de turco condenados a asumir ante la opinión pública el papel de autores materiales, confidentes y pequeños traficantes absolutamente "occidentalizados" a quienes se presentó como fanáticos "yihadistas".
La mochila, incapacitada para explotar, contenía metralla, cuando en los cadáveres del 11-M no se encontraron restos ni de metralla, ni de clavos ni de tornillería. Su primera fotografía apareció en la prensa norteamericana, no en la española. No provenía del pabellón de Ifema donde fue a parar todo lo hallado en el escenario de las explosiones. Ninguna investigación seria la habría tenido en cuenta, pero hablamos de una España donde la lucha por el poder político no para mientes en sutilezas.
Toda la estrategia policial dio por válida la utilización de teléfonos móviles para hacer explosionar las bombas, y tirando del hilo de las tarjetas se cargó el muerto a una delirante trama de pequeños delincuentes marroquíes que fueron "suicidados" en el piso de Leganés, única acción en toda la historia de los GEO en que éstos sufren una baja y única acción del cuerpo que no es grabada en vídeo. Otra singularidad más que añadir a la historia.
El juicio del 11-M fue una pantomima encomendada al juez menos profesional que uno pueda imaginar, un Gómez Bermúdez cuya función fue la de apuntalar la imputación contra unos hombres de paja que ya no podían defenderse, y dejar intactos a los culpables. Pocos jueces hubieran sido capaces de inhibirse ante la increíble actuación del nefando Juan Jesús Sanchez Manzano, entonces jefe de los TEDAX de la Policía Nacional (responsable de la custodia de los trenes y demás pruebas de las explosiones que evitó que la Policía Científica hiciese su trabajo, asumiéndo un mando que no le correspondía), y a quien su falso testimonio en sede judicial, incumplimiento del deber y ocultación de pruebas no solo le han salido gratis, sino que su posterior carrera solo puede entenderse como la recompensa por imposibilitar materialmente toda explicación alternativa a la "verdad oficial". Algo que comparte con el juez del caso, antes reconocido por lo que no hizo que por lo que hizo.
En una entrevista publicada en EL MUNDO Gómez Bermúdez se retrataba como responsable de una zafiedad intelectual indigna de un letrado, salvo en este país en que los fiscales hacen de abogados y los jueces de malabaristas: mintió al negar las promesas de justicia que hizo a familiares de las víctimas, afirmó no saber quién ordenó el atentado ni haberse molestado en aclararlo, declaró que daría igual que el explosivo utilizado el 11-M hubiera sido Titadyn en vez de Goma2-ECO, consideró irrelevante la destrucción de pruebas a que se procedió inmediatamente después del atentado y juzgó como solamente "inoportuna" la publicación de un libro sobre el juicio sobre quien entonces era su mujer, Elisa Beni, como si el panfleto hubiera sido escrito a sus espaldas.
En manos como las de este "peculiar" sujeto estaba y está la llamada "Justicia" en este país.
Que la versión oficial del 11-M es un hatajo de mentiras lo sabe todo aquél que se ha molestado en contrastar la información oficial con la que unos pocos investigadores independientes han logrado arañar a un monolítico discurso oficial que no funciona sin la credibilidad ideológicamente asentada del español medio, siendo acusados por quiénes califican la búsqueda de la verdad como "remover la mierda". Los promotores del "¿Quién ha sido?" hace tiempo que dejaron su pregunta en el aire, dado que el beneficio que les reportó plantearla en su momento fue recibido con creces. Los que mintieron a la opinión pública saben que la verdad les sería dañina, por lo que prefieren quedar como torpes antes que ver su maquiavélico plan de engaño al electorado expuesto. En un país en que los partidos se han convertido en gestores de sobornos y máquinas de hacer negocio, ninguno de los dos asentados tiene interés en que la verdad salga a la luz.
A la pregunta que encabeza este artículo hay que responder que la verdad solo parece interesar ya a los familiares de las víctimas y a algunos "outsiders" que hacemos nuestro el viejo lema "antes la verdad que duele que la mentira que consuela". Los primeros ya saben el escarmiento que aguarda a quien va demasiado lejos en su demanda de verdad: ahí está el caso de Fernando García, padre de una de las niñas asesinadas en el ritual satánico de Alcasser, y condenado a prisión. Los segundos sabemos los riesgos que corremos, pero, sencillamente, quien no se arriesga no está vivo.
Si hay una constante en todos los medios que han investigado con mayor o menor determinación lo que ocurrió hace hoy 22 años es haberse detenido ante la "línea roja" que hay que traspasar para llegar a la verdad. El miedo, la conveniencia o el vértigo han podido más que el teórico compromiso con la información. Porque si existe un denominador común es el de silenciar lo que ocurrió inmediatamente antes de los atentados.
Y lo que ocurrió fue el llamado "ejercicio CMX 2004" de la OTAN, un simulacro que, una vez más, sirvió de ensayo previo a un atentado real producido cuando su viabilidad ya ha sido testada. Ocurrió el 11-S, el 7-J, y, por supuesto, el 11-M. Los lectores de este blog ya saben cómo van estas cosas, así que espero que me perdonen la autocita:
"... hay que recordar la información, contrastada pero poco difundida, de que un dia antes de la materialización de los atentados la O.T.A.N. realizó en suelo español un simulacro de atentado sobre la hipótesis de un ataque de Al Quaeda que provocaría 200 muertos. El ejercicio, cuyo contenido es confidencial, se denominó “CMX 2004 de gestión de crisis” y en él participaron los 19 países aliados (y, por primera vez, los siete candidatos del Este de Europa que preparaban su adhesión a la OTAN).
Se trató, como es habitual en los ejercicios anuales CMX, de una batalla de papel en la que no hubo movilización real de tropas ni policías, pero sí un cruce oficial de órdenes y reuniones al más alto nivel para tomar supuestas decisiones de coordinación y respuesta. Este proceder facilitó la desactivación de los protocolos de seguridad habituales en los servicios de seguridad de los países anfitriones del simulacro.
De hecho, España permitía por primera vez el libre movimiento de agentes del servicio secreto de E.E.U.U. por el territorio nacional sin que su intercepción por parte de la policía o de servicios de seguridad españoles diera lugar a otra cosa que a su identificación como parte del ejercicio de la OTAN y su inmediata puesta en libertad.
En una palabra, comandos incontrolados -algunas fuentes hablan de mercenarios israelíes- que solo respondían ante una potencia extranjera pudieron moverse por Madrid con total libertad. Creo que es fácil adivinar para qué aprovecharon dicha libertad.
Además, el coordinador en la Alianza y jefe de la División de Inteligencia es el estadounidense Richard Sentner, que en 2003, había asistido a una reunión en Madrid en la que el director del Centro Nacional de Inteligencia, Jorge Dezcallar, resaltó que existía un peligro creciente de atentados de Al Qaeda en los países que estaban apoyando a EEUU en la Guerra de Irak, “mostró su preocupación porque se produjeran en España” (parece que más bien estaba marcando el objetivo).
Responsabilizar al terrorismo islamista de lo sucedido fué lo más sencillo de toda la operación: la policía tenía infiltradas a varias redes de pequeños traficantes marroquíes a los que era fácil presentar como fanatizados "yihadistas" (sobre todo después de que el "suicidio de Leganés" les dejara sin derecho a réplica).
Culpar a estos "hombres de paja" posibilitaba el cubrir a los verdaderos autores. La clave del éxito de la operación pasaba por la fabricación de un falso señuelo (la mochila de Vallecas) y la ocultación de la presencia de un explosivo militar (C3 o C4) en los vagones, desguazados a toda prisa y sin que se guardasen muestras fiables que pudieran desbaratar la versión oficial. El juicio de la Casa de Campo fué la estudiada pantomima que dio solidez ante la opinión pública a una versión oficial esencialmente improvisada para ocultar una verdad que ni el P.P. ni el P.S.O.E. podían asumir (lo que, al menos "a posteriori", ha convertido a ambos partidos en cómplices de una conjura que implica delitos tan graves como la omisión del deber de perseguir crímenes, falso testimonio y encubrimiento por ocultación y destrucción de pruebas)".
La verdad por definición, es lo que nadie va a creer nunca. Puedo difundir esta información sabiendo que nadie me va a "molestar" por ello, ... puesto que hacerlo sería como confirmarla. Y ser desacreditado no me preocupa.
Me preocupa la pasividad acrítica con que el ciudadano aceptó la versión oficial, por insostenible que fuera, de hechos que le convierten en rehén de guerras secretas, la resignación con que renuncia a una verdad a la que tiene derecho, la aceptación de que le van a mentir y aún así acepta participar de una pantomima en la que siempre va a ser burlado. Quienes decimos que dos y dos son cuatro somos "conspiranoicos de mierda" a los ojos de un rebaño que Orwell retrató con visionaria precisión hace ya casi 80 años, perpetuos menores de edad que nunca querrán pensar por sí mismos, puesto que no quieren saber que hay versiones alternativas al discurso oficial, mucho más coherentes con los hechos.
El astuto masón Rubalcaba convirtió el "mantra" de "Los españoles no merecen un gobierno que les mienta" en el leit-motiv de su campaña de aprovechamiento de un respaldo electoral que los poderes en la sombra le regalaron en su día. Tal vez los españoles no merecieran un gobierno mentiroso, pero, ganase quien ganase las elecciones de 2004, lo iban a tener.
Todas las voces críticas parecen haber asumido con fatalismo que la verdad queda para los historiadores del mañana. Pero el malestar que crea la intuición de que las vidas de nuestros conciudadanos fue la moneda de cambio para el logro de oscuros fines geoestratégicos se ha cronificado en nuestras mentes y corazones. Y dudo que desaparezca mientras quede con vida uno solo de los ciudadanos a los que el espanto golpeó aquella dantesca mañana de marzo.
(posesodegerasa)
EPSTEIN Y ZELENSKI, AMISTADES PELIGROSAS: EL DIABLO LOS CRÍA Y ELLOS SE JUNTAN
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Volodimyr Zelenski es citado en los documentos de Espstein desclasificados por el Departamento de Justicia de EE.UU. en relación a una red de trata de mujeres y niños |
El caso Epstein estremece el conjunto de Estados considerados “desarrollados”. Es importante resumir los hechos: el multimillario estadounidense Jeffrey Epstein organizó una red de informantes por cuenta del Mossad israelí y de la rama franco-suiza de los Rothschild. Para poder chantajearlos, Epstein proponía a ciertos altos personajes relaciones sexuales extraconyugales y poco a poco los implicaba en torturas y, al parecer, en asesinatos y canibalismo. Las personas que llegan a ocupar posiciones importantes en la sociedad pueden sentir cierta necesidad de comprobar que tienen poder sobre los demás. Y algunos individuos sólo son capaces de sentirse poderosos cuando cometen actos reprehensibles, entregándose a prácticas unánimemente condenadas sin sufrir las consecuencias.
No hay nada nuevo en ese tipo de chantaje. En Francia se vio el “caso Doucé”, en 1990, y Bélgica fue escenario del “caso Dutroux”, en 1995-1996, pero nunca hubo respuestas claras sobre los objetivos de aquellos casos de chantaje: sólo salieron a la luz algunos nombres de personalidades, pero los criminales que ocupaban altos puestos nunca fueron detenidos. Lo nuevo, en el “caso Epstein”, es que el Departamento de Justicia de Estados Unidos dispone de nueve millones de páginas de documentos, de los que, por ahora, sólo se ha publicado una tercera parte.
Los citados “casos” Doucé y Dutroux eran casos de chantajes montados por los servicios secretos de la OTAN. Había personas chantajeadas no sólo en Francia y en Bélgica sino en toda la Unión Europea. Las personalidades utilizadas a través del chantaje nunca fueron molestadas … quedando así disponibles para seguir siendo utilizadas.
En este momento, 25 personas relacionadas con Epstein han negociado con el fiscal federal estadounidense. Han desembolsado sumas considerables para obtener impunidad y evitar que se mencionen sus nombres. En los primeros 3 millones de documentos publicados se han censurado todas las menciones referidas a esas personas, a pesar de que sí aparecen los nombres de las víctimas de abusos sexuales.
Se ignora cuál ha sido el criterio utilizado en el Departamento de Justicia estadounidense para determinar el orden de publicación de los documentos. Los documentos publicados hasta ahora sólo implican a personalidades europeas y no hay menciones de personalidades estadounidenses. Puede ser casualidad, pero también puede ser una manera de desestabilizar a ciertos “aliados” en espera del momento en que la opinión pública, asqueada, se canse del asunto.
No obstante, se sabe que varios ex jefes de Estado y/o de gobierno, así como algunos actualmente en funciones, están implicados. Algunos entregaron informaciones o datos económicos, financieros o comerciales, otros revelaron secretos políticos, militares o diplomáticos. Todos cometieron actos penados por la ley y traicionaron a sus países. Sin que ellos lo supieran, el destinatario final de la información que proporcionaban era el Estado de Israel, o al menos una facción del gobierno israelí.
De manera recurrente, varios informantes –algunos de ellos testigos manipulados, otros enfermos mentales y a veces, mucho más raramente, auténticos testigos– denunciaron la participación de personalidades en ritos de cultos satánicos.
Hasta este momento, el único jefe de Estado conocido cuyo entorno practica misas negras características de ese tipo de culto, es el presidente no electo ucraniano Volodimir Zelenski. Hace tiempo que circulan rumores abominables sobre este personaje sin que haya sido posible confirmarlos. Pero, el 31 de enero pasado, su ex encargada de prensa, Yulia Mendel, reveló que el hombre de confianza de Zelenski, Andriy Yermak, el ex jefe de la administración presidencial, hoy en desgracia, practicaba ritos satánicos. Según Yulia Mendel, Yermak traía “brujos chabad” de Israel, Georgia y Latinoamérica y «quemaban hierbas, recogían fluidos de cadáveres para fabricar muñecas». En dos semanas, la internet Ucrania se llenó de caricaturas y bromas sobre «Yermak el Brujo», quien había augurado a Zelenski que Rusia no intervendría en Ucrania. Yermak, personaje que los ucranianos solían llamar “Alí Babá”, dirigía, por otro lado, una extensa red de corrupción, cuya existencia salió a la luz durante la Operación Midas.
Entre los documentos del caso Epstein publicados hasta ahora, sólo una tercera parte del total, hay varios pasaportes ucranianos pero el Departamento de Justicia de Estados Unidos censuró los nombres, las direcciones y las fotos de sus titulares, que mantenían relaciones con Epstein.
También hay documentos que demuestran que Epstein viajó repetidamente a Kiev y que el francés Jean-Luc Brunel cumplía encargos para él en la capital ucraniana. Jean-Luc Brunel dirigía las agencias de contratación de modelos Karin Models (en París) y E=MC2 (en Miami). Este personaje, acusado en Francia de proxenetismo, tuvo (como Epstein) la oportuna idea de “suicidarse” en la cárcel, en la conocida prisión de La Santé, en París. Por su parte, Timur Mindich también dirigía una agencia de contratación de modelos denominada Fire Point, en Kiev. Hasta ahora se ignora cuántos jóvenes ucranianos y ucranianas cayeron en las redes de estos individuos.
Esa proposición de reforma del Código Civil ucraniano apunta a proteger la reputación de las personas acusadas de corrupción hasta su condena final y reduce la edad legal para el matrimonio a … 14 años, lo cual haría imposible toda acción judicial por corrupción de menores o violación de menores de más de 14 años y menos de 18. La prensa ucraniana ya habla de «pedofilia de Estado».
Apoyándose en la Convención sobre los Derechos del Niño, numerosos ucranianos han iniciado la recogida de firmas contra este proyecto de reforma que consideran una modificación esencialmente regresiva. Quienes puedan no haber comprendido aún de qué se trata deben saber que esta reforma tendrá incluso carácter retroactivo y se aplicará a todos los casos posteriores a 2014, o sea todo el periodo posterior al golpe de Estado de la plaza Maidan. La aprobación de ese proyecto de reforma eliminaría todas las disposiciones del Código Penal ucraniano contra la pedofilia.
¿Conoce usted algún Estado en el mundo que, ahora o en el pasado, haya reducido la edad legal del matrimonio ... y con aplicación retroactiva? Por supuesto que no.
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La trata de menores es uno de los negocios sucios en que está enfangado el corrupto régimen ucraniano. Con la excusa de la guerra siempre se puede culpar a Putin |
La respuesta está quizás en los 6 millones de páginas del expediente Epstein que siguen siendo secretas. Los experimentos “médicos” facilitados por Hunter con el uso de soldados ucranianos como conejillos de Indias ya eran indignantes. Los secuestros de niños ucranianos por la pandilla de Zelenski serán vomitivos.
Haciendo uso de la palabra ante el parlamento ucraniano, la diputada Inna Sovsun declaró el 11 de febrero: «La norma que los miembros de la Comisión están tratando de hacer aprobar, sobre el matrimonio con jóvenes de 14 años, es una pura salvajada. Contradice el buen sentido y las normas europeas. ¿Cuántos problemas hay todavía en ese código? No lo sabemos. Por consiguiente, me uno a las exigencias de los abogados para excluir del examen el proyecto de Código Civil, examinarlo detalladamente de nuevo en comisión, discutirlo en el seno de la sociedad y, sólo después, someterlo al Parlamento.»
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No, no es IA. Stefanchuck es un mastuerzo de proporcio- nes mastodónticas a cuyo lado el canciller alemán, Olaf Scholz, parece un umpa-lumpa. Por mucho nombre de vikingo que luzca. |
Stefanchuk estaba en Washington el pasado febrero. El día 7 se reunió con Riley M. Barnes, el secretario de Estado adjunto a cargo de Democracia, Derechos Humanos y Derechos de los Trabajadores. Stefanchuk aseguró al funcionario estadounidense que ningún niño ha desaparecido en Ucrania pero insistió en afirmar que Rusia ha “capturado” 900 000 niños ucranianos.
Ya de regreso en Kiev, Stefanchuk se encontró prácticamente una revuelta de toda la sociedad. Sólo entonces reconoció que, en su estado actual, el proyecto de nuevo Código Civil no puede ser sometido a votación en el parlamento. Pero el problema que esa reforma trata de enterrar sigue ahí.
Hasta ahora sólo conocemos la tercera parte de los documentos del caso Epstein que el Departamento de Justicia de Estados Unidos tiene en su poder. Cuando se conozcan otros elementos tendremos que inventariar la información que iba a parar a manos de Epstein y preguntarnos cómo la utilizaban los dirigentes de Israel.
Thierry Meyssan
(Fuente: https://www.voltairenet.org/)
OTRO PROFETA DE UN APOCALIPSIS QUE NUNCA SUCEDIÓ
Los loritos sistémicos que repiten bobamente lo de "hay que creer a la ciencia" son los mismos a los que les falta criterio para elegir a qué "científicos" conceder credibilidad. Porque siempre han pululado por los medios Jeremías de Hacendado cuyas profecías resultan tan consistentes como el Blandi-blub de los ochenta. Y dado que estos falsos profetas tienen nombre y apellidos, bien está que recordemos el ridículo en que caen como moscas en la mie####.
¿Qué, cómo va el Pacocalipsis, Carlitos?
LA "PLANDEMIA" COVID INAUGURA LA ERA DEL DOGMATISMO (ANTI)CIENTÍFICO
La era covid ha sido un síntoma de algo más profundo que una emergencia sanitaria: la sustitución del hábito ancestral de cuestionar la realidad por una obediencia casi ritualista a la autoridad científica y política.
La ciencia -esa práctica definida precisamente por su capacidad de corregirse a sí misma bajo el escrutinio de la duda- ha sido tratada como dogma.
En lugar de recompensar la capacidad de razonar, debatir o disentir, el sistema académico y mediático exigía credenciales y obediencia ideológica. Para hablar, era necesario contar con el aval de las revistas más prestigiosas, pertenecer al grupo adecuado y repetir los eslóganes adecuados, dictados por los lobbies farmacéuticos y las administraciones políticas alineadas con ellos.
La legitimidad dejó de depender de la verdad o del peso de la evidencia; pasó a depender de si uno se alineaba o no con la autoridad del momento, lo que se traducía en promoción personal o ser cuestionado, represaliado o silenciado.
Este es un fenómeno peligroso porque erosiona los cimientos mismos de la medicina.
Cuando se impide que la ciencia sea refutada o contrastada, ya no es ciencia: es teología dictada desde la administración pública.
(https://t.me/DraNataliaPrego/)
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