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jueves, 27 de enero de 2022
INSTINTO DE REBAÑO: POR QUÉ TANTAS PERSONAS ACEPTARON LAS ABSURDAS MEDIDAS "CONTRA EL COVID"
La filósofa Hannah Arendt argumentó que las atrocidades del Holocausto no fueron causadas por psicópatas sino por gente común sometida a una presión extraordinaria para someterse. Desde entonces, hemos aprendido que la presión no tiene por qué ser extraordinaria en absoluto. De hecho, puede que no se experimente como presión, sino como alivio.
Los seres humanos somos animales de manada. Sobrevivimos sólo en grupos altamente coordinados. Individualmente, estamos diseñados para captar señales sociales y coordinar y alinear nuestro comportamiento con los que nos rodean. Investigaciones recientes han demostrado que la desaprobación social provoca los circuitos de peligro del cerebro. La conformidad calma.
En mi clase, a veces hago la siguiente demostración: pido a dos estudiantes voluntarios que salgan. Les digo a los estudiantes restantes en la clase que su tarea es evitar todo contacto e interacción con los voluntarios. Les prometo puntos en la próxima prueba si tienen éxito.
Luego instruyo a los dos que esperan afuera que su tarea es hacer todo lo posible para involucrar a los miembros de la clase en cualquier tipo de interacción. Luego los acompaño de vuelta al interior. Después de pasar varios dolorosos minutos sin lograr obtener ninguna respuesta de sus compañeros, declaro terminada la demostración.
Les pregunto a los dos voluntarios cómo se sintieron. Terrible, dicen. Avergonzado, rechazado. Luego les pido a los estudiantes restantes que adivinen el propósito de la demostración. Por lo general, suponen que fue diseñado para mostrar las dificultades de ser un extraño, un rechazo social. Pero el punto es en realidad lo contrario: mostrar cuán fácil y automático es conformarse.
“Ninguno de ustedes se negó a seguir mis instrucciones,” digo. “Acabas de pasar 10 minutos tratando miserablemente a dos compañeros de estudios inocentes y ninguno de ustedes se puso de pie y dijo: ‘No voy a conseguir puntos de este modo. No trataré mal a mis compañeros sin razón’”.
A menudo ni siquiera somos conscientes de que nos estamos conformando. Es nuestra base de operaciones, nuestro modo predeterminado.
Para mantenernos en los cálidos confines de la conformidad, confiamos en dos tipos de señales sociales independientes pero relacionadas. Primero, buscamos en los demás información sobre lo que está pasando (pistas informativas). En segundo lugar, buscamos a otros para ver qué hacer al respecto (pistas normativas).
Comenzamos a buscar estas señales temprano. A medida que la noción del yo cristaliza en el segundo año de vida, el niño comienza el esfuerzo por alinear socialmente al yo. Un bebé que se cae mira hacia arriba a los padres para decidir si llorar o no. Si mamá reacciona con miedo, las lágrimas seguirán. Si la madre se ríe y tranquiliza, no hay lágrimas.
Esta atención temprana a las señales informativas se denomina «referencia social». Poco después, el niño también comienza a alinear su comportamiento con el del grupo al ajustarse a las expectativas de compartir, esperar o no golpear (captando las señales normativas).
Un estudio clásico de los años 30 realizado por el psicólogo social Muzafer Sherif ilustró la dinámica de la influencia informativa. Aprovechando el efecto autocinético, el hecho de que un punto de luz en una habitación oscura parece moverse, Sherif colocó a los sujetos en una habitación oscura y les dijo que observaran un pequeño punto de luz e informaran qué tan lejos se movía.
Las personas que observaron el punto solo hicieron su propio juicio, generalmente entre 2 y 6 pulgadas. Cuando se les pidió que repitieran la tarea en grupos y consultaran entre ellos, se comprometieron. Las personas que hicieron juicios individuales entre 2 y 6 pulgadas como grupo se comprometieron con alrededor de 4 pulgadas.
Cuando Sherif preguntó directamente a los sujetos si estaban influenciados por los juicios de otros, la mayoría lo negó. Más tarde, cuando los sujetos fueron evaluados uno a la vez, la mayoría ahora se ajustaba al juicio grupal que habían hecho recientemente. Las señales informativas se internalizan como aceptación privada.
Así que usamos a otros para averiguar qué está pasando. Esto puede ser algo muy bueno. La consulta, el compromiso, la educación y el intercambio de información son las palancas de la civilización. Los datos acumulativos de muchos pueden resolver problemas más grandes, al igual que el esfuerzo físico acumulativo puede mover obstáculos más pesados.
Sin embargo, las señales informativas también pueden engañarnos. Dos ejemplos bastante aleatorios lo ilustrarán: la transmisión de radio de la Guerra de los Mundos de Orson Welles de 1938 sobre una invasión alienígena generó pánico porque muchas personas que se perdieron el comienzo de la transmisión se miraron entre sí para averiguar qué estaba pasando, desinformándose unos a otros.
Una estampida reciente en un puente en Camboya que resultó en más de 350 muertes se atribuyó al hecho de que muchas de las personas presentes en el campo no sabían que es normal que un puente colgante se balancee ligeramente. A lo largo de la historia, la mala información obtenida de personas mal informadas, engañadas o malévolas ha sido responsable de muchas calamidades militares, financieras y personales.
Las influencias normativas funcionan porque dependemos de la aceptación social para sobrevivir y prosperar. En un estudio clásico de los años 50, el psicólogo Solomon Asch les dijo a los estudiantes participantes que debían tomar una prueba de la vista. Se pidió a los participantes en pequeños grupos que compararan la longitud de las líneas. Sin embargo, todos los participantes, excepto uno, eran cómplices que en algún momento comenzaron a dar respuestas incorrectas.
En general, aproximadamente 3/4 de los sujetos ingenuos cumplieron, ajustando su juicio público para ajustarse al grupo a pesar de que en sus notas individuales indicaron la respuesta correcta de manera consistente. Usamos señales normativas, en otras palabras, para ayudarnos a ganar la aceptación pública.
El trabajo de Asch mostró que las personas son reacias a romper con las normas del grupo, incluso si el grupo es pequeño, ad hoc y está formado por completos extraños. Pero las señales normativas tienden a ser aún más potentes cuando provienen de personas cuya amistad, amor y estima valoramos. Mirando hacia adentro, estos grupos estrechamente vinculados ejercen una influencia más poderosa.
Por lo tanto, si quiere saber si su hijo fuma marihuana, pregúntese si sus amigos lo hacen. Si ellos lo hacen, él también lo hace, independientemente de los valores que le hayas enseñado. Mirando hacia afuera, los grupos cerrados de amigos a menudo tomarán una decisión que es mala para abordar la situación externa porque buscan mantener la cohesión interna.
Así que la conformidad es parte de nuestro hardware, facilitando nuestra supervivencia y brindándonos comodidad. Por otro lado, como reconoció Hannah Arendt, la tendencia ha sido responsable de mucha miseria humana. Se podría argumentar, particularmente si uno está inmerso en el ethos estadounidense del «individualismo rudo», que la respuesta a la conformidad grupal que salió mal se encuentra en los actos de inconformidad individual. Pero eso es incorrecto.
Para los humanos, tanto el problema como la solución se basan en el grupo. El grupo es la fuente tanto de la conformidad como de la rebelión. El sistema dual de señales informativas y normativas explica cómo se propaga la conformidad social cuando los dos tipos de señales convergen (las señales informativas transmiten los mensajes y las señales normativas aseguran el cumplimiento). Pero ese sistema dual también explica el cambio social a lo largo del tiempo a medida que las señales divergen.
Las señales normativas mantienen la opinión de la mayoría en el poder a través de la aceptación pública, mientras que las señales contradictorias e informativas, que afectan la aceptación privada, pueden propagarse sigilosamente en la clandestinidad cultural hasta que adquieran el impulso suficiente para levantarse y derribar el viejo orden.
De hecho, la inconformidad efectiva es en sí misma un fenómeno grupal. La investigación psicológica desde Asch hasta Milgram ha demostrado una y otra vez que, irónicamente, la presencia de aliados es el mejor predictor del comportamiento inconformista. Nuestro coraje individual es una manifestación de convicciones y afiliaciones grupales. El individuo valiente visible no es más que la punta de un iceberg social.
Cuando vas en contra del grupo, no lo haces solo, sino en nombre y con el respaldo de otro grupo. En otras palabras, no podemos evitar la conformidad. Lo que podemos hacer es elevar nuestra propia conciencia y volvernos más conscientes de las señales de conformidad. Entonces podemos tratar de encontrar buena información y los aliados correctos que nos ayuden a protegernos de nosotros mismos.
Noam Shpancer
(Fuente: https://www.psychologytoday.com/; traducción: https://trikoobanews.com/; visto en https://buscandolaverdad.es/)
LAS RAÍCES HISTÓRICAS DEL FASCISMO SANITARIO: EL "GHETTO" DE VARSOVIA
En 1939 el III Reich estrenó una de las películas de propaganda de mayor presupuesto. Se trataba de “Robert Koch, Bekämpfer des Todes”, dirigida por Hans Steinhoff. De esa manera Koch se incorporaba a la iconografía nazi como un soldado de la ciencia, un precedente del mismo Führer.
El modelo nazi era un médico entregado a la lucha contra las enfermedades contagiosas que, en aquella época, se decía que procedian del este, de Polonia, como hoy se dice que proceden de África. Alemania necesitaba un “cordón sanitario” que protegiera a su población de la enfermedad y la muerte, causadas por la suciedad en la que vivían las poblaciones eslavas y orientales.
Ya antes de 1933 los médicos alemanes fueron los más entusiastas partidarios de Hitler. En 1939 más de la mitad de ellos estaban afiliados al partido nazi, e incluso a las SS. Durante años habían sido educados en unas facultades imbuidas de racismo y eugenesia. Muchos de ellos participaban en la discriminación de la población. A ellos les correspondía decidir quiénes eran arios y quiénes entraban en la categoría de subhumanos.
Quien controlaba las organizaciones sanitarias era el Ministerio del Interior. El Departamento IV de Sanidad y Protección de la Población estaba dirigido por un Secretario de Estado, el doctor Arthur Gütt, y luego, desde 1935 hasta 1945, el doctor Leonardo Conti. Desde esa Oficina de Sanidad los nazis dirigían la Academia de Medicina o la Cruz Roja alemana.
En 1933 el Colegio de Médicos fue confiado a los miembros de la Liga Nacional Socialista de Médicos Alemanes y Gebhard Wagner se convirtió en su presidente. Dos años después se convirtió en la Cámara Médica del Reich. Todos los médicos alemanes debían estar registrados en la Cámara para poder ejercer. Cambiaron las ordenanzas que regulaban el ejercicio de la medicina. El antiguo código deontológico fue derogado y crearon sus propios tribunales para garantizar que cada médico realizara su tarea de acuerdo con los principios nazis.
El “cordón sanitario” y los guetos que el III Reich impuso en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial lo justificaron con una supuesta epidemia de tifus. El eugenismo alemán consideraba que los eslavos, por ejemplo, eran los portadores naturales de la enfermedad, por lo que debían ser enviados a los campos de concentración para ser desinfectados. En 1941 se publicó una obra colectiva titulada “Guerra de Epidemias. La misión sanitaria alemana en el Este”, donde el III Reich afirmaba que en Polonia había estallado un “brote epidémico” que era necesario tratar.
El este de Europa estaba poblado por pueblos atrasados y sucios, portadores de enfermedades, mientras Alemania era una tierra limpia, gobernada por médicos y vacunas. El progreso de la higiene y la ciencia había convertido a Alemania en la patria de la salud, siempre amenazada por el contagio de sus vecinos.
Gracias a los nazis, los alemanes disfrutaban de una dieta sana, natural, sin alcohol, carne, grasas ni azúcares. Fue el sueño de Hitler entonces y el del ministro Garzón ahora. Los alemanes debían comer verduras, pan integral y abandonar el tabaco. El III Reich fue el paraíso de las leyes contra el tabaco. En 1939 un médico alemán, Franz Müller, publicó el primer estudio sobre el papel del tabaco en el cáncer de pulmón.
Las primeras medidas antitabaco se adoptaron en Alemania en 1938. La campaña se desarrolló en los primeros años de la guerra con la fundación de un Instituto de Investigación del Riesgo del Tabaco en la Universidad de Jena, dirigido por un médico de las SS, Kurt Astel. En las oficinas del partido nazi no se podía fumar. En 1938 se prohibió el tabaco en la Luftwaffe, luego en Correos, en los asilos y en las escuelas. Las prohibiciones fueron acompañadas por la creación en 1939 de una oficina contra los peligros del alcohol y el tabaco. El tabaquismo era una degeneración racial, un veneno genético que corrompía el genoma germánico.
Los nazis limpiaron primero su casa y luego pasaron a limpiar la de sus apestosos vecinos, encerrando a las poblaciones en guetos y trasladándolas a campos de concentración para desinfectarlas.
En 1917 el tifus fue considerado en Alemania como una enfermedad eslava y bolchevique y, veinte años después, como judía. Fue un caso evidente de obsesión paranoica. El tifus estaba en el centro de la política sanitaria alemana en Polonia. Se trataba de evitar que una posible epidemia polaca llegara al Reich y contaminara a los soldados del ejército.
Tan pronto como Polonia fue invadida, los alemanes crearon toda una red de instituciones preventivas contra el tifus, aunque todavía no se había producido ninguna epidemia grave. Como los judíos eran los portadores naturales del tifus, a partir de noviembre de 1939 empezaron a secuestrar a la población que consideraban como judía.
Incluso antes de la construcción de los muros del apartheid que en Varsovia separaron a unos barrios de otros, el perímetro del futuro gueto podía adivinarse por los carteles que mostraban en grandes letras “Seuchensperrgebiet” (zona prohibida de epidemias). Los alemanes hacinaron a un tercio de la población de Varsovia, casi medio millón de personas, en el 5 por ciento de su superficie, unas 160 hectáreas.
Naturalmente, no había ninguna epidemia, pero el hacinamiento de miles de personas en un entorno cerrado provocó el resultado buscado, el tifus, la epidemia que se pretendía prevenir. Unas 100.000 personas contrajeron el tifus en el gueto de Varsovia, con una tasa de mortalidad cercana al 40 por cien. Como ha ocurrido tantas veces en la historia de la medicina, es el remedio el que causa la enfermedad.
A su vez, la epidemia favorecía las políticas discriminatorias nazis, la separación racial y la histeria de salud pública. El apartheid sanitario ayudó a exterminar a una parte importante de la población polaca. Otra sirvió como conejillo de indias de experimentos médicos y estimuló la producción de las empresas farmacéuticas alemanas, que empezaron a investigar en la producción de vacunas contra la fiebre tifoidea.
Con el pretexto de la lucha contra el tifus, el gobierno nazi introdujo los pasaportes sanitarios y la distancia social. Antes de subirse a un tren era necesaria una autorización médica especial y en los transportes públicos se establecieron asientos de uso exclusivo, ya que la transmisión de pulgas infecciosas se ve facilitada por el uso común de las instalaciones colectivas.
En la ideología nazi, el enemigo tiene tanto connotaciones de clase como médicas. Las mismas palabras que se utilizan en biología, se utilizan también en el ejército. El enemigo es un apestado.
Juan Manuel Olarieta
(Visto en https://mpr21.info/)
ERIC CLAPTON: "LAS PERSONAS QUE SE VACUNAN ESTÁN BAJO HIPNOSIS COLECTIVA"
El famoso guitarrista Eric Clapton afirmó en una reciente entrevista que las personas que reciben la vacuna contra el Covid-19 están bajo la influencia de una “hipnosis masiva” y son víctimas de la “publicidad subliminal” por parte de los gobiernos, los medios de comunicación y los laboratorios farmacéuticos.
El ganador de 17 premios Grammy hizo esta observación durante una entrevista publicada la semana pasada en el canal ‘The Real Music Observer‘.
“Cualquiera que sea la teoría de la hipnosis colectiva, no tuve noticia de ella. Luego comencé a darme cuenta de que realmente había algo, y un tipo, Mattias Desmet (profesor de psicología clínica en la Universidad de Gante), habló sobre eso”, confiesa. «Esta teoría de la hipnosis colectiva es brillante».
Y para continuar: “Pude comprobarlo. Una vez que empecé a buscar encontré la confirmación por todas partes. Y recordé haber visto pequeñas cosas en YouTube que eran como anuncios subliminales. Ha pasado mucho tiempo, pero ahí estuvo ese lema que dice, ‘no tendrás nada y serás feliz’», haciendo referencia a la famosa cita que apareció en un video publicado por el Foro Económico Mundial sobre las «ocho predicciones para el mundo en 2030».
Desde su segunda dosis de la vacuna AstraZeneca, Eric Clapton había informado el pasado mes de junio que padecía efectos secundarios, en particular neuropatía periférica, una enfermedad que afecta a los nervios y se caracteriza por fuertes dolores en las manos.
En su entrevista para ‘The Real Music Observer’, criticó a los medios por transmitir lo que consideró «propaganda completamente unilateral sobre el cumplimiento de órdenes y la obediencia. Hipnosis masiva, un concepto que cobró fuerza en 2021»
El concepto de hipnosis masiva se ha popularizado ampliamente en 2021, en particular después de una entrevista con el epidemiólogo y biólogo molecular Robert Malone en el podcast «The Joe Rogan Experience».
Es así como, según el pionero del ARNm, “una población tan inteligente y educada como la población alemana pudo volverse tan loca durante las décadas de 1920 y 1930 ”, refiriéndose al desarrollo de la ideología nazi en la sociedad germánica de la época.
Unas declaraciones que rápidamente provocaron la indignación de los medios franceses
«Los delirios antivacunas de Eric Clapton», titula CNEWS, relegando en su artículo el concepto de hipnosis masiva al rango de «teoría infundada y conspirativa». El mismo planteamiento se repite en el Huffington Post, que juzga que la teoría se desarrolló «en el contexto de la propaganda antivacunas», afirmando además que se trata de una «teoría infundada» mencionada por el Dr. Malone, inventor de la tecnología de ARNm utilizada por las vacunas de Pfizer y Moderna que los medios presentan como un “escéptico de las vacunas”.
Además de "Stand and Deliver", título lanzado en 2020 con Van Morrison que hace una analogía entre el encierro y la esclavitud, Eric Clapton también lanzó un himno contra las restricciones sanitarias "This Has Gotta Stop" (esto tiene que parar), el pasado agosto.
“Esto tiene que parar, ya es suficiente, no puedo soportar más esta mierda. Esto ha ido bastante lejos así, si quieres apoderarte de mi alma, tendrás que forzar esta puerta”, resumió el guitarrista en el estribillo de la canción.
(Fuente: https://www.francesoir.fr/; visto en https://buscandolaverdad.es/)
miércoles, 26 de enero de 2022
ZEMLYA (RELATO)
Zemure, -un habitante del planeta Zemlya-, un día se dio cuenta de que casi todo lo que le habían enseñado eran mentiras para mantenerle ciego, obediente y servil a una maquinaria que lejos de entregarle bienestar, le mantenía esclavo a él y a toda la especie humana.
Zemlya era gobernada férreamente por una oculta élite nigromante que bajo diferentes disfraces -y a través de las eras-, se las habían arreglado para hacer creer a sus súbditos que estos eran “libres y soberanos”, mientras tras bambalinas operaban un eficiente y casi imperceptible sistema de control mental basado en el orden desde el caos y el miedo.
El sistema fue evolucionando desde distintas plataformas monárquicas, democráticas, teocráticas o abiertamente dictatoriales. Todas y cada una de ellas siempre estuvieron bajo el yugo de esta élite que para no ser descubierta montaban un sistema político dual de agentes rojos y azules que ante los medios eran enemigos irreconciliables, pero tras bambalinas, resultaban ser todos empleados de esta élite. De esta forma los engañados habitantes de este planeta cada cierto tiempo asistían a las urnas a “elegir” presidentes cuando en realidad no importaba quién saliera. Todos en secreto trabajaban para los controladores del dinero y del poder con el que finalmente gobernaban a nombre de sus amos, y por supuesto completamente en contra de quiénes creyeron haberles “elegido”.
Llegado el momento la élite apostó por hacer un cambio radical en el modelo de control y decidió que solo 500 millones de habitantes de los casi 8.000 millones de Zemlya debían quedar vivos, para de esa forma implementar una sociedad acotada, controlada y altamente tecnológica. Entonces, tal y como el dueño de una granja decide sacrificar cabezas de ganado porque ya no es sostenible su negocio, decidieron eliminar el exceso de habitantes. Como no podían abiertamente decirle a la gente que habían decidido asesinarles en masa, partieron por aplicar en los alimentos, en el agua y en el aire pequeñas dosis de venenos cuyo accionar acumulativo en el tiempo se traducían en innumerables casos de problemas respiratorios, alergias, cáncer y una gran cantidad de enfermedades que no solo les “ayudaban” a reducir población, también a generar gigantescas ganancias vendiendo “remedios” que en gran mayoría no sanaban nada y que solo servían para paliar síntomas. De paso, esos mismos medicamentos incluían más venenos en cantidades no perceptibles, para así asegurar los objetivos de acabar con la mayor cantidad de humanos.
Zemure y muchos otros despiertos y claros respecto de la forma totalitaria de gobierno, notaron la jugada de los venenos y comenzaron a informar. No tardaron mucho en darse cuenta lo difícil que era hacer ver esta situación a quién no la quiere ver, y con ello les tocó chocar contra el muro del miedo y la ignorancia una y otra vez, sumado a constantes insultos y etiquetas de “locos e irresponsables”, cuando todo era tan simple de averiguar como tomar los envases de los alimentos, anotar los compuestos químicos e investigar qué eran y qué producían en el cuerpo para darse cuenta que no eran alimentos, sino químicos con venenos camuflados.
Al tiempo de estar esta élite aplicando de forma encubierta esas medidas de adicionar venenos para despoblar por goteo, vieron que eran insuficientes y entonces comenzaron una campaña de abortos a nivel global, primero bajo el eslogan de la “planificación familiar”, para posteriormente cambiarla por el “derecho a eliminar humanos antes de nacer”. Todo esto sin que en realidad les importaran los derechos de nadie ni la planificación de nada. Simplemente el objetivo de los amos oscuros era agregar una herramienta más para bajar los altos índices de nacimientos que les estaban echando por tierra las estadísticas de reducción poblacional.
También y como una forma de “mejorar” las cifras de “exterminio”, se dedicaron a potenciar las crisis, las guerras, las migraciones y el desempleo que se tradujeron en caos, suicidios, hambre y muerte. El resultado para ellos fue tener un respiro en su frenético y desquiciado intento por acabar con la mayor cantidad posible de humanos.
Mientras esta élite psicopática sostenía una encarnizada lucha por asesinar gente en masa sin que la misma se diera cuenta, se les ocurrió un día la idea de hacer creer a la población que un “virus” atacaba el sistema inmunológico y que se contagiaba a través de las relaciones sexuales. Esto abrió un miedo gigantesco al sexo y por ende “ayudó” a que la gente lo pensara dos veces antes de tener relaciones íntimas, y, por supuesto, de tener hijos. La industria de los preservativos despegó como una de las más lucrativas, y, por supuesto nuevamente, los índices de reducción poblacional mejoraron, no solo por el miedo instalado a tener relaciones, sino que también se inventaron un falso “test” que detectaba a la supuesta enfermedad en la gente a veces sin siquiera tener síntomas y las llamaron “cero-positivas”. Estas personas engañadas, -tanto las supuestamente enfermas y las sanas-, entraban en pánico y eran tratadas con fármacos que en lugar de “sanarles” les destruían lenta e inexorablemente el sistema inmune hasta hacerles morir. De esta forma mataron a millones por décadas, mientras la élite a través de sus gobiernos títeres y gigantescos medios de comunicación culpaban al “virus” que se habían sacado literalmente de la manga.
A pesar de todas las estrategias que usaron por mucho tiempo para reducir población, se dieron cuenta que no eran suficientes y decidieron jugar una última y arriesgada carta de genocidio encubierto a gran escala consistente en volver a crear un virus imaginario, pero esta vez uno que se transmite por el aire -o por todos los medios posibles- con síntomas comunes a las enfermedades más típicas, para así instalar una brutal “psicosis colectiva” a nivel mundial que no solo les permitiría aumentar la despoblación, sino también resetear todo el sistema económico, social y político del mundo bajo un esquema totalitario hábilmente disfrazado de “gobierno del pueblo”. Una estructura piramidal donde un único partido gobernante en manos de la élite en las sombras y “en nombre del pueblo, pero sin él”, llevaría a cabo la manera más eficiente para armar un mundo de engañados “pobres y felices”, mientras ellos accedían sin resistencia alguna a capitalizar toda la riqueza del Mundo. Un control como nunca antes habían podido ejercer sobre sus súbditos. Un sistema que actuaría como regente absoluto de todas las actividades de las personas, en simple, una sociedad distópica donde la gente sería puesta en trabajos pobremente remunerados a través de una “Renta Básica Universal”. Fue así entonces que Zemure y el grupo de disidentes se dieron cuenta de que todo iba hacia un Estado Planetario de corte Totalitario tal, que Zemlya sería convertida literalmente en un “planeta prisión”.
La élite preocupada por este grupo de disidentes cada vez más numeroso, continuaron igual con su plan tras el nuevo virus, imaginario, pero esta vez de corte netamente totalitario. Pusieron entonces manos a la obra y le dijeron a la gente a través de sus gigantescos medios de “control mental”, que en una región oriental de Zemlya apareció un virus nuevo que según estimaciones mataría a millones de personas. Rápidamente desde un organismo internacional privado de salud que estaba en manos de la propia élite, decretaron “Pandemia” para todo el planeta. Una vez operativa la primera parte del engaño armaron toda una faramalla “científica” para justificar como “real” el virus imaginario, y al mismo tiempo tomaron una herramienta de investigación genética para hacerla pasar como un test de detección viral, no sin antes dar cuenta de su inventor, que de haberle dejado vivo, habría sido una verdadera piedra en el zapato para sus planes de genocidio global.
Con el virus imaginario corriendo y los test falsos detectando “contagiados” a diestra y siniestra, sumada la “psicosis colectiva” a través de una inmisericorde propaganda de miedo 24 horas al día sin pausa, comenzaron a elaborar todo tipo de estadísticas falsas para hacer creer a la humanidad que ésta se encontraba en serio peligro, cuando la realidad era que estaban tomando prácticamente las mismas enfermedades de base de siempre, a las que les borraron sus nombres y les pusieron a todas el del virus totalitario. También echaron mano al protocolo de tratamiento emanado de la entidad privada de salud internacional que recomendaba tomar a los enfermos -e incluso a las personas sanas pero “positivas”- para sedarlas y meterlas en ventiladores mecánicos que les destruían los pulmones y les mataban. Toda vez eliminadas estas personas les decían a sus parientes y a la prensa que el “virus” se había cobrado nuevas víctimas.
Con todo el escenario de miedo operando, comenzaron con la etapa de encontrar una “vacuna” para este virus imaginario-totalitario, cuyo objetivo real era modificar la genética de lo que serían los futuros controlados y de paso para reducir drásticamente la población, sobretodo la de los más viejos. Es así entonces que los diferentes laboratorios -que también estaban en manos de esta élite financiera- simularon estar compitiendo entre ellos para así desarrollar las diferentes vacunas que según marca y técnica, algunas serían para acabar con los de mayor edad, otras para esterilizar genéticamente y otras por supuesto que no causarían ningún efecto con el fin de no levantar sospechas.
Al mismo tiempo de la falsa carrera por las vacunas, empezaron a imponer cuarentenas que no buscaban evitar contagios, enfermos ni muertos, ya que ellos mismos sabían que no había ningún virus. Los encierros masivos de humanos tenían como objetivo llevar a la quiebra a la mayor cantidad de pequeñas y medianas empresas, como también a independientes que, ante la imposibilidad de trabajar, tuvieron que recurrir a préstamos con Bancos para poder sobrevivir y evitar así una quiebra que ya estaba planeada para adueñarse de sus negocios a precio de regalo. Con estas empresas cautivas en manos de la élite, ya sea a través de Bancos, Multinacionales o de los propios Estados títeres, tuvieron en sus manos el 100% de la fuerza laboral del mundo. Vacunarse por lo tanto se volvió el principal requisito para trabajar en el sistema, lo mismo para viajar, recibir ayudas de gobierno, ir al supermercado, acceder a educación, a salud, pensiones, etc.
Durante los planes de puesta en marcha de esta agresiva campaña de despoblación se dieron cuenta de que el creciente grupo de disidentes identificarían rápidamente a las vacunas como las responsables de las muertes masivas, así es que se dieron a la tarea de ellos mismos entregar las pistas de que las vacunas serían las “asesinas”. De esta forma podrían identificar a los más “despiertos” o “inteligentes” que por ningún motivo se pondrían vacuna alguna. Es así entonces que la élite empezó a hacer torpes campañas donde los famosos y los políticos rojos y azules simulaban vacunarse para dejar “clara evidencia” de que algo malo había en las vacunas. El objetivo de esta estrategia entonces era muy simple, hacer visibles a los que cuestionaban las políticas de salud con su campaña “anti-vacunas”. Los disidentes entonces quedaron plenamente identificados y a tiro del cañón de la élite, que ahora ya sabía exactamente a quiénes debía eliminar de la faz de Zemlya y hasta por razones lógicas, ya que eliminar a los obedientes y dejar vivos a los disidentes solo les traería dolores de cabeza.
Inciaron entonces el plan de exterminio de los disidentes que no aceptarían vacuna alguna, y que consintió en poner en ciertas dosis de los que necesitaban vivos y controlados una especie de antídoto contra un veneno indetectable que inocularían en la población a través del aire, del agua y de los alimentos toda vez que una gran parte del plan de vacunación global estuviera listo. De esta forma prácticamente todos los que no tuvieran el antídoto (los no vacunados), caerían víctimas de un veneno de última generación que por supuesto sería mostrado como una nueva cepa más agresiva del “virus”, y para asegurar la operación y no dejar ni una sola posibilidad de ser descubiertos, prohibieron terminantemente las autopsias.
Toda vez ejecutado el plan de “psicología inversa” que buscaba que los disidentes creyeran que las asesinas en masa serían las vacunas y con casi el 70% de la humanidad vacunada, procedieron a inocular al mismo tiempo y en todo el planeta el veneno indetectable. El planeta entonces pudo presenciar con espanto que la mayor cantidad de muertos (casi todos) estaban entre los no vacunados. La élite satisfecha entonces “demostró” que las vacunas “salvavan vidas” mientras al mismo tiempo hacían realidad el objetivo de reducir drásticamente la población, y acabando de paso con prácticamente todos los que no se vacunaron como Zemure. Finalmente la élite se quedó solo con aquellos que fueron inmunizados para escapar del veneno que ellos mismos pusieron en el ambiente. Brutal y macabra maniobra, salvaron a millones del “virus” que ellos mismos inocularon a la humanidad. No por nada la palabra “virus” está en latín y significa “veneno”.
Con este nuevo escenario, el planeta contaría con muy pocas personas capaces de reproducirse de manera natural y con ello abrieron un emergente y gigantesco negocio de bebés por encargo. Nuevos humanos ya no nacían desde el vientre de una madre, sino en ámbitos controlados por los laboratorios de la élite. Nuevos habitantes genéticamente modificados lo suficientemente inteligentes para obedecer, pero jamás como para rebelarse contra el sistema de control.
Zemlya entonces comenzó una nueva era de esclavitud humana. Un planeta prisión 100% controlado de no más de 500 millones de habitantes en gran mayoría ignorantes, felices y sumisos ante los dictámenes de una pequeña élite que fue capaz de acabar con miles de millones de personas gracias a que estas mismas jamás fueron capaces de unirse para luchar contra ellos.
EPÍLOGO
Si este relato ficticio te ha parecido familiar, es porque aquel dicho que dice que “la realidad supera la ficción” no son palabras al azar, sino producto de que efectivamente los sucesos en este plano y que provienen del mundo económico, político, científico y religioso rara vez son casuales, sino planificados hasta el más mínimo detalle para conducir a la masa donde ellos quieran.
Si bien es cierto no es un relato feliz, nosotros estamos a tiempo para que no nos pase lo mismo. Somos miles de millones contra no más de 2000 psicópatas en las puntas de las pirámides del sistema financiero internacional, industrias, religiones, gobiernos, multinacionales y grupos económicos que aprovechando el miedo, la ignorancia y hasta la indiferencia de una gran cantidad de gente han podido montar un eficiente sistema de control mental bajo los postulados del “divide y vencerás”. Si todos nos movemos desde la consciencia y no desde la violencia para desmontar sus trucos, no quedará nadie haciendo el trabajo sucio, pero para ello necesitamos dejar de seguir “salvadores”, “gurúes” y “caudillos” y emprender la tarea de gobernarnos primero a nosotros mismos para luego unirnos entre personas conscientes. Recién ahí “hombro con hombro” podremos desarmar el juego en el que nos tiene a todos metidos. Aún no hemos perdido la batalla, todo depende de nosotros. Dejemos de una vez por todas de paralizarnos con miedo, y comenzemos a movernos con amor.
Jorge Zamora
(Fuente: https://jozaco.cl/)
Llegado el momento la élite apostó por hacer un cambio radical en el modelo de control y decidió que solo 500 millones de habitantes de los casi 8.000 millones de Zemlya debían quedar vivos, para de esa forma implementar una sociedad acotada, controlada y altamente tecnológica. Entonces, tal y como el dueño de una granja decide sacrificar cabezas de ganado porque ya no es sostenible su negocio, decidieron eliminar el exceso de habitantes. Como no podían abiertamente decirle a la gente que habían decidido asesinarles en masa, partieron por aplicar en los alimentos, en el agua y en el aire pequeñas dosis de venenos cuyo accionar acumulativo en el tiempo se traducían en innumerables casos de problemas respiratorios, alergias, cáncer y una gran cantidad de enfermedades que no solo les “ayudaban” a reducir población, también a generar gigantescas ganancias vendiendo “remedios” que en gran mayoría no sanaban nada y que solo servían para paliar síntomas. De paso, esos mismos medicamentos incluían más venenos en cantidades no perceptibles, para así asegurar los objetivos de acabar con la mayor cantidad de humanos.
Zemure y muchos otros despiertos y claros respecto de la forma totalitaria de gobierno, notaron la jugada de los venenos y comenzaron a informar. No tardaron mucho en darse cuenta lo difícil que era hacer ver esta situación a quién no la quiere ver, y con ello les tocó chocar contra el muro del miedo y la ignorancia una y otra vez, sumado a constantes insultos y etiquetas de “locos e irresponsables”, cuando todo era tan simple de averiguar como tomar los envases de los alimentos, anotar los compuestos químicos e investigar qué eran y qué producían en el cuerpo para darse cuenta que no eran alimentos, sino químicos con venenos camuflados.
Al tiempo de estar esta élite aplicando de forma encubierta esas medidas de adicionar venenos para despoblar por goteo, vieron que eran insuficientes y entonces comenzaron una campaña de abortos a nivel global, primero bajo el eslogan de la “planificación familiar”, para posteriormente cambiarla por el “derecho a eliminar humanos antes de nacer”. Todo esto sin que en realidad les importaran los derechos de nadie ni la planificación de nada. Simplemente el objetivo de los amos oscuros era agregar una herramienta más para bajar los altos índices de nacimientos que les estaban echando por tierra las estadísticas de reducción poblacional.
También y como una forma de “mejorar” las cifras de “exterminio”, se dedicaron a potenciar las crisis, las guerras, las migraciones y el desempleo que se tradujeron en caos, suicidios, hambre y muerte. El resultado para ellos fue tener un respiro en su frenético y desquiciado intento por acabar con la mayor cantidad posible de humanos.
Mientras esta élite psicopática sostenía una encarnizada lucha por asesinar gente en masa sin que la misma se diera cuenta, se les ocurrió un día la idea de hacer creer a la población que un “virus” atacaba el sistema inmunológico y que se contagiaba a través de las relaciones sexuales. Esto abrió un miedo gigantesco al sexo y por ende “ayudó” a que la gente lo pensara dos veces antes de tener relaciones íntimas, y, por supuesto, de tener hijos. La industria de los preservativos despegó como una de las más lucrativas, y, por supuesto nuevamente, los índices de reducción poblacional mejoraron, no solo por el miedo instalado a tener relaciones, sino que también se inventaron un falso “test” que detectaba a la supuesta enfermedad en la gente a veces sin siquiera tener síntomas y las llamaron “cero-positivas”. Estas personas engañadas, -tanto las supuestamente enfermas y las sanas-, entraban en pánico y eran tratadas con fármacos que en lugar de “sanarles” les destruían lenta e inexorablemente el sistema inmune hasta hacerles morir. De esta forma mataron a millones por décadas, mientras la élite a través de sus gobiernos títeres y gigantescos medios de comunicación culpaban al “virus” que se habían sacado literalmente de la manga.
A pesar de todas las estrategias que usaron por mucho tiempo para reducir población, se dieron cuenta que no eran suficientes y decidieron jugar una última y arriesgada carta de genocidio encubierto a gran escala consistente en volver a crear un virus imaginario, pero esta vez uno que se transmite por el aire -o por todos los medios posibles- con síntomas comunes a las enfermedades más típicas, para así instalar una brutal “psicosis colectiva” a nivel mundial que no solo les permitiría aumentar la despoblación, sino también resetear todo el sistema económico, social y político del mundo bajo un esquema totalitario hábilmente disfrazado de “gobierno del pueblo”. Una estructura piramidal donde un único partido gobernante en manos de la élite en las sombras y “en nombre del pueblo, pero sin él”, llevaría a cabo la manera más eficiente para armar un mundo de engañados “pobres y felices”, mientras ellos accedían sin resistencia alguna a capitalizar toda la riqueza del Mundo. Un control como nunca antes habían podido ejercer sobre sus súbditos. Un sistema que actuaría como regente absoluto de todas las actividades de las personas, en simple, una sociedad distópica donde la gente sería puesta en trabajos pobremente remunerados a través de una “Renta Básica Universal”. Fue así entonces que Zemure y el grupo de disidentes se dieron cuenta de que todo iba hacia un Estado Planetario de corte Totalitario tal, que Zemlya sería convertida literalmente en un “planeta prisión”.
La élite preocupada por este grupo de disidentes cada vez más numeroso, continuaron igual con su plan tras el nuevo virus, imaginario, pero esta vez de corte netamente totalitario. Pusieron entonces manos a la obra y le dijeron a la gente a través de sus gigantescos medios de “control mental”, que en una región oriental de Zemlya apareció un virus nuevo que según estimaciones mataría a millones de personas. Rápidamente desde un organismo internacional privado de salud que estaba en manos de la propia élite, decretaron “Pandemia” para todo el planeta. Una vez operativa la primera parte del engaño armaron toda una faramalla “científica” para justificar como “real” el virus imaginario, y al mismo tiempo tomaron una herramienta de investigación genética para hacerla pasar como un test de detección viral, no sin antes dar cuenta de su inventor, que de haberle dejado vivo, habría sido una verdadera piedra en el zapato para sus planes de genocidio global.
Con el virus imaginario corriendo y los test falsos detectando “contagiados” a diestra y siniestra, sumada la “psicosis colectiva” a través de una inmisericorde propaganda de miedo 24 horas al día sin pausa, comenzaron a elaborar todo tipo de estadísticas falsas para hacer creer a la humanidad que ésta se encontraba en serio peligro, cuando la realidad era que estaban tomando prácticamente las mismas enfermedades de base de siempre, a las que les borraron sus nombres y les pusieron a todas el del virus totalitario. También echaron mano al protocolo de tratamiento emanado de la entidad privada de salud internacional que recomendaba tomar a los enfermos -e incluso a las personas sanas pero “positivas”- para sedarlas y meterlas en ventiladores mecánicos que les destruían los pulmones y les mataban. Toda vez eliminadas estas personas les decían a sus parientes y a la prensa que el “virus” se había cobrado nuevas víctimas.
Con todo el escenario de miedo operando, comenzaron con la etapa de encontrar una “vacuna” para este virus imaginario-totalitario, cuyo objetivo real era modificar la genética de lo que serían los futuros controlados y de paso para reducir drásticamente la población, sobretodo la de los más viejos. Es así entonces que los diferentes laboratorios -que también estaban en manos de esta élite financiera- simularon estar compitiendo entre ellos para así desarrollar las diferentes vacunas que según marca y técnica, algunas serían para acabar con los de mayor edad, otras para esterilizar genéticamente y otras por supuesto que no causarían ningún efecto con el fin de no levantar sospechas.
Al mismo tiempo de la falsa carrera por las vacunas, empezaron a imponer cuarentenas que no buscaban evitar contagios, enfermos ni muertos, ya que ellos mismos sabían que no había ningún virus. Los encierros masivos de humanos tenían como objetivo llevar a la quiebra a la mayor cantidad de pequeñas y medianas empresas, como también a independientes que, ante la imposibilidad de trabajar, tuvieron que recurrir a préstamos con Bancos para poder sobrevivir y evitar así una quiebra que ya estaba planeada para adueñarse de sus negocios a precio de regalo. Con estas empresas cautivas en manos de la élite, ya sea a través de Bancos, Multinacionales o de los propios Estados títeres, tuvieron en sus manos el 100% de la fuerza laboral del mundo. Vacunarse por lo tanto se volvió el principal requisito para trabajar en el sistema, lo mismo para viajar, recibir ayudas de gobierno, ir al supermercado, acceder a educación, a salud, pensiones, etc.
Durante los planes de puesta en marcha de esta agresiva campaña de despoblación se dieron cuenta de que el creciente grupo de disidentes identificarían rápidamente a las vacunas como las responsables de las muertes masivas, así es que se dieron a la tarea de ellos mismos entregar las pistas de que las vacunas serían las “asesinas”. De esta forma podrían identificar a los más “despiertos” o “inteligentes” que por ningún motivo se pondrían vacuna alguna. Es así entonces que la élite empezó a hacer torpes campañas donde los famosos y los políticos rojos y azules simulaban vacunarse para dejar “clara evidencia” de que algo malo había en las vacunas. El objetivo de esta estrategia entonces era muy simple, hacer visibles a los que cuestionaban las políticas de salud con su campaña “anti-vacunas”. Los disidentes entonces quedaron plenamente identificados y a tiro del cañón de la élite, que ahora ya sabía exactamente a quiénes debía eliminar de la faz de Zemlya y hasta por razones lógicas, ya que eliminar a los obedientes y dejar vivos a los disidentes solo les traería dolores de cabeza.
Inciaron entonces el plan de exterminio de los disidentes que no aceptarían vacuna alguna, y que consintió en poner en ciertas dosis de los que necesitaban vivos y controlados una especie de antídoto contra un veneno indetectable que inocularían en la población a través del aire, del agua y de los alimentos toda vez que una gran parte del plan de vacunación global estuviera listo. De esta forma prácticamente todos los que no tuvieran el antídoto (los no vacunados), caerían víctimas de un veneno de última generación que por supuesto sería mostrado como una nueva cepa más agresiva del “virus”, y para asegurar la operación y no dejar ni una sola posibilidad de ser descubiertos, prohibieron terminantemente las autopsias.
Toda vez ejecutado el plan de “psicología inversa” que buscaba que los disidentes creyeran que las asesinas en masa serían las vacunas y con casi el 70% de la humanidad vacunada, procedieron a inocular al mismo tiempo y en todo el planeta el veneno indetectable. El planeta entonces pudo presenciar con espanto que la mayor cantidad de muertos (casi todos) estaban entre los no vacunados. La élite satisfecha entonces “demostró” que las vacunas “salvavan vidas” mientras al mismo tiempo hacían realidad el objetivo de reducir drásticamente la población, y acabando de paso con prácticamente todos los que no se vacunaron como Zemure. Finalmente la élite se quedó solo con aquellos que fueron inmunizados para escapar del veneno que ellos mismos pusieron en el ambiente. Brutal y macabra maniobra, salvaron a millones del “virus” que ellos mismos inocularon a la humanidad. No por nada la palabra “virus” está en latín y significa “veneno”.
Con este nuevo escenario, el planeta contaría con muy pocas personas capaces de reproducirse de manera natural y con ello abrieron un emergente y gigantesco negocio de bebés por encargo. Nuevos humanos ya no nacían desde el vientre de una madre, sino en ámbitos controlados por los laboratorios de la élite. Nuevos habitantes genéticamente modificados lo suficientemente inteligentes para obedecer, pero jamás como para rebelarse contra el sistema de control.
Zemlya entonces comenzó una nueva era de esclavitud humana. Un planeta prisión 100% controlado de no más de 500 millones de habitantes en gran mayoría ignorantes, felices y sumisos ante los dictámenes de una pequeña élite que fue capaz de acabar con miles de millones de personas gracias a que estas mismas jamás fueron capaces de unirse para luchar contra ellos.
EPÍLOGO
Si este relato ficticio te ha parecido familiar, es porque aquel dicho que dice que “la realidad supera la ficción” no son palabras al azar, sino producto de que efectivamente los sucesos en este plano y que provienen del mundo económico, político, científico y religioso rara vez son casuales, sino planificados hasta el más mínimo detalle para conducir a la masa donde ellos quieran.
Si bien es cierto no es un relato feliz, nosotros estamos a tiempo para que no nos pase lo mismo. Somos miles de millones contra no más de 2000 psicópatas en las puntas de las pirámides del sistema financiero internacional, industrias, religiones, gobiernos, multinacionales y grupos económicos que aprovechando el miedo, la ignorancia y hasta la indiferencia de una gran cantidad de gente han podido montar un eficiente sistema de control mental bajo los postulados del “divide y vencerás”. Si todos nos movemos desde la consciencia y no desde la violencia para desmontar sus trucos, no quedará nadie haciendo el trabajo sucio, pero para ello necesitamos dejar de seguir “salvadores”, “gurúes” y “caudillos” y emprender la tarea de gobernarnos primero a nosotros mismos para luego unirnos entre personas conscientes. Recién ahí “hombro con hombro” podremos desarmar el juego en el que nos tiene a todos metidos. Aún no hemos perdido la batalla, todo depende de nosotros. Dejemos de una vez por todas de paralizarnos con miedo, y comenzemos a movernos con amor.
Jorge Zamora
(Fuente: https://jozaco.cl/)
UN ANTECEDENTE DE UNA SUPUESTA EPIDEMIA VIRAL QUE, EN REALIDAD, FUE CREADA POR UNA FARMACÉUTICA
La SMON (Subacute Myelo-Optico-Neuropathy) fue una enfermedad neurológica grave surgida en Japón en los años 60 que acabó por convertirse en una epidemia con algunos puntos en común con la llamada "pandemia por Sars-Cov-2" que nos dicen que padece el mundo.
Al identificarse el SMON la comunidad científica intentó a toda costa justificarla con la transmisión de un hipotético virus. Hicieron lo imposible para lograrlo, pero no pudieron. Culparon a diferentes virus como agentes causales, pero por suerte un grupo de científicos honestos no compró el cuento del contagio viral y descubrió que la rara enfermedad era causada por la toxicidad del CLIOQUINOL, compuesto activo de un medicamento del laboratorio Giba Geiggy.
La corte de científicos al servicio de los grandes laboratorios intentaron desacreditar la hipótesis de la neuro toxicidad del CLIOQUINOL. Ignoraron denuncias de médicos, silenciaron a otros con dinero, pero finalmente la epidemia desapareció con la prohibición del medicamento en los 70.
No pudieron imponer la teoría viral, ganaron la honestidad intelectual y la verdad.
Esta historia es real. Nadie habla hoy de la epidemia del SMON, durante la cual, y gracias a la desinformación e intencionalidad de la mafia enquistada en la corporación científica, se generó un pánico infundado que generó muchos suicidios en la sociedad japonesa.
La historia se repite.
(Fuente: https://www.virusmyth.org/)
EL SINIESTRO PLAN DE CONTROL CEREBRAL DE LA POBLACIÓN MEDIANTE NANOTECNOLOGÍA
Las falsas vacunas Covid están cargadas con nanotubos de carbono, mallas de nanocables que se autoensamblan, se acoplan a la neurología humana y empiezan a monitorizar o a manipular la actividad cerebral. Suena a ciencia-ficción, pero es algo que la tecnología permite.
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