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El día de la marmota borroka: la victoria del PSG en la Champions hace mes y medio, un anticipo de lo que volverá a ocurrir esta noche |
No hay clickbait en el titular, sino la fría constatación de que, ante la barbarie programada para esta madrugada, un país que presumía en otro tiempo de orden y civismo ha tirado la toalla y aceptado con bovina resignación ser vandalizado por hordas de salvajes incontrolados. ¿La excusa? El partido que celebrarán esta noche (franja peninsular española) las selecciones de Francia y Marruecos en cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA. Sea cual sea el resultado, ya sea para celebrar la victoria o para desahogar la frustración de la derrota, se cuenta con que miles de magrebíes se echarán a las calles a destrozar el mobiliario urbano, quemar vehículos, asaltar comercios y provocar el caos. Es lo que ha ocurrido en anteriores ocasiones, y nadie cuenta con que la "tradición urbana" vaya a dar un respiro a nuestros vecinos. Ya con la victoria marroquí contra Canadá en octavos de final hubo disturbios en el barrio parisino de Saint Denis, además de en La Haya, Róterdam, Leiden, Utrecht y Tilburgo. Pero esta vez la reacción de los bárbaros será contra el país que les acoge, lo que garantiza un extra de rabia y resentimiento.
Ante este panorama, causan escándalo las declaraciones del jefe operativo de la Policía de Ámsterdam, Sander van der Hulle, quien ha declarado al diario «De Telegraaf» que las fuerzas policiales neerlandesas han preferido mantener un perfil bajo ante los altercados y no actuar resolutivamente por no añadir leña al fuego, aconsejando a sus homólogos franceses no intervenir ante delitos menores para evitar una escalada de violencia y disturbios. «Si se impone el orden, se desatará la guerra», afirma sin sonrojo el acomodadizo en cuestión, ejemplo máximo de unos Países Bajos que lo son sobre todo en lo referente a dignidad.
La paz social, tal como la entienden los pusilánimes, es posible simplemente con rendirse, algo en lo que Francia tiene una bochornosa tradición, con su colaboracionismo en Vichy como ejemplo máximo. Francia arderá porque no tiene quién la defienda. Barra libre para los saqueadores, violadores y demás incontrolados. Las leyes son para los nacionales, no para los inmigrantes, que aplicársela es racismo. Así que mejor no hacer nada, como aconseja Sander van de Cule. Por una noche de purga, como en la saga cinematográfica aquélla, tampoco pasa gran cosa. Europa ha aceptado su cruel destino, y lo que no consiguió el pintor austriaco aquel que preguntaba febril al general Dietrich von Choltitz "¿Arde París?" lo van a materializar la horda irracional de los que tienen por patria el odio.
La Europa en la que uno de sus máximos genios, Goethe, proclamó aquello de "prefiero la injusticia al desorden", ha abierto las puertas de par en par a ambos. El apaciguamiento de quienes nunca se dan por satisfechos es mala política, como demostrarán las previsibles imágenes de violencia en las calles de París, Montpellier, Lyon, Marsella y demás enclaves donde la integración del inmigrante es una utopía, pero la desintegración del orden social es una realidad. No aplicar la ley en determinadas circunstancias crea una inseguridad mayor que la que se pretende prevenir, consagrando un doble rasero a favor del violento. Las exigencias de impunidad, sharia, zonas no-go vienen a rebufo. Y algún Bataclán también.
Que triste ver estas imagenes de unos brutos celebrando el triunfo del PSG en la Champions. Realmente esto es increíblepic.twitter.com/3zI3IQv8IX
— Max Henriquez Daza (@HenriquezMax) May 31, 2026
(posesodegerasa)


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