martes, 4 de agosto de 2026

CARTA AL PRESIDENTE DE LOS EE.UU., DONALD TRUMP



Señor presidente:

Decepciona e indigna a partes iguales constatar como atiza usted la codicia y el expansionismo de regímenes teocráticos cuya política consiste en desestabilizar naciones pacíficas y vengar imaginarios agravios del pasado que nunca tuvieron lugar. En particular, y como español, no puedo más que condenar su deslealtad con una España que fue, desde el mismo origen de su país, un aliado fiel que contribuyó con su esfuerzo, sus armas y su sangre, a la independencia de aquellas trece colonias cuya ansia de libertad era ahogada por la férrea dominación inglesa. Una España sin cuya labor no se entiende la realidad presente de los Estados Unidos.

Pretende usted disponer, con una frivolidad rayana en la insensibilidad, de territorios que parece considerar cromos que añadir a una colección. En lo que llevamos de año ha amenazado a Groenlandia, Canadá, Irán, Méjico, España y un largo etcétera. Quiere, obviamente, reconfigurar el mundo a la medida de los intereses norteamericanos, ignorando la sabia máxima de Confucio que aconseja "Antes de pretender cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa".

No voy a ser original al recordarle algo que ya ha sido expuesto por otros con descarnada claridad, pero que, visto su carácter de émulo del juez inicuo del Evangelio (Lucas 18:1-8), habrá que repetirle a ver si la insistencia puede más que lo justo del reclamo:

"Gobierna usted un país con 600.000 personas sin hogar durmiendo en la calle esta noche. Un país donde el 40% de los adultos no puede cubrir una emergencia de 400 dólares sin pedir dinero prestado. Un país donde la insulina cuesta más que la cuota de un coche y la gente la raciona para sobrevivir. Un país donde la deuda médica es la principal causa de bancarrota. Un país donde las mujeres mueren en los aparcamientos de los hospitales porque los médicos tienen demasiado miedo a las leyes sobre el aborto como para tratar un aborto espontáneo.

Encarcela a más ciudadanos que cualquier otra nación del mundo. Más que China. Más que Rusia. Más que Corea del Norte. La tierra de la libertad tiene dos millones de personas en jaulas, y una cuarta parte de ellas ni siquiera ha sido condenada por nada. Simplemente son demasiado pobres para pagar la fianza.

Su esperanza de vida está disminuyendo. Es la única nación desarrollada donde esto sucede. Su tasa de mortalidad infantil es peor que la de Cuba. Sus hijos hacen simulacros de tiroteos entre matemáticas e inglés mientras usted vende las existencias del fabricante de armas a tus amigos.


Los salarios no han variado en 15 años. Hay maestros con dos trabajos y veteranos durmiendo bajo puentes, y acaba de gastar un billón de dólares arrasando un país que no te atacó.

Y tiene a un delincuente convicto, juez de violaciones, protector de pedófilos y adicto a la pornografía, dirigiendo la campaña bélica más desastrosa desde que los talibanes le agradecieron enormemente su derrota".


No es lo que yo llamaría una casa de la que sentirse orgulloso. Pero en vez de arreglarla, pretende usted disponer de las de los demás, jugando a árbitro de vidas ajenas, reclamando territorios que no necesitan de su tutela, ignorando que las vidas arraigadas en ellos merecen algo más que ser consideradas mercancías con las que negociar.

Su inquina contra España manifiesta ese desprecio arrogante hacia las vidas de los que no se pueden permitir codearse con los de su clase, los que no han heredado privilegios ni posición, los que se ganan la vida con el sudor de su frente y solo pretenden un mínimo de estabilidad.

Habla de España como de un socio poco fiable. Supongo que es consciente de que no es lo mismo una nación que su gobierno, y que este puede ser revocado pacíficamente, lo cual es una de las ventajas de la democracia. Créame, muchos españoles no estamos nada contentos con el gobierno actual, y anhelamos su relevo, pero no a cualquier precio.


"Deslealtad" es volar su propio buque y
culpar a España. En cambio, cuando Is-
rael atacó el USS Liberty lo ocultaron.
Habla de los españoles con una superioridad que nada justifica. Su referencia a "cuando renunciamos a Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico" esconde una realidad histórica contrastada: que nos fueron arrebatadas por las armas en un acto de depredación voraz al que dio inicio una de tantas operaciones de falsa bandera con que su país justifica las guerras que emprende. Por cierto, ¿les ha merecido la pena arrebatarnos Cuba? Vistos los acontecimientos posteriores a 1898 parece que hubo un error de cálculo tan desorbitado como el genocidio que desataron en Filipinas.

Califica a países soberanos como "desleales" por no sumarse a aventuras bélicas sobre las que no fueron consultados, como si hubieran de secundarle en toda iniciativa por disparatada que sea. Deslealtad, señor presidente, fue la que tuvo el ejército de su país cuando, tras invocar el Artículo 5 de la OTAN de forma infundada (Afganistán no les atacó) se marchó del país invadido a las 2 de la mañana, dejando a sus socios empantanados lidando con el desastre y regalando al régimen talibán un cuantioso arsenal que ni en sus mejores sueños pudieron imaginar.

Hay en el vocabulario español un término que describe la actitud de quien es exigente con los demás y complaciente consigo mismo: autoindulgencia, una cualidad que en usted parece consustancial a su carácter. La diferencia entre quien ejerce un liderazgo y quien ejerce el mero caudillismo es que el primero sabe dar ejemplo, y si es crítico con los demás es porque sabe serlo consigo mismo. No parece su caso, señor presidente. Usted ha convertido a regímenes expansionistas en sus socios preferentes, lo cual le deja en muy mal lugar para dar lecciones de moral a nadie. Supongo que quien bombardea una escuela iraní y mata a 165 niñas no va a perder el sueño por la pérdida de unas decenas de vidas de marroquíes desesperados utilizados por un sátrapa medieval como arma arrojadiza contra una ciudad española. Hay conciencias muy encallecidas, y da la impresión de que uno de los requisitos para ocupar el Despacho Oval es, justamente, tener una conciencia extremadamente laxa.


De los pocos gestos amables que ha tenido usted últimamente con mi país ha habido uno particularmente significativo: su reconocimiento al lema que lucía en su gorra, durante la celebración del Mundial de Fútbol, el jugador Ferrán Torres, que con su gol en una agónica prórroga en la final contra Argentina dio la victoria a la selección española. "Make Spain great again". En realidad dicho reconocimiento no era más que una reivindicación del lema de MAGA, ese con el que hizo soñar a sus compatriotas y se ganó su voto mayoritario en 2024. Celebraba, usted, en realidad, el éxito de un gancho político de probada eficacia. Le invito a reflexionar sobre algo evidente: la expectativa de "volver a hacer grande un país" no es una apuesta por el futuro, sino una reivindicación del pasado. La nostalgia no es una base sobre la que construir un mañana, sino solo un refugio en el que instalarse en un bucle melancólico de difícil salida.

¿Qué nos hizo perder la grandeza, señor Trump? Fuimos imperio, pero estamos aún pagando la factura de las malas decisiones tomadas cuando fuimos fuertes. Estudie usted la evolución de nuestra nación, y podrá evitar errores que nosotros no supimos evitar, y entre los que quizá haya que anotar el de vincularnos a una América sumamente desagradecida. Si siguiera mi consejo, al menos no caería en la infundada demagogia de llamar "colonias" a territorios sólidamente anclados en la integridad soberana de España. Nuestras colonias las perdimos hace ya mucho, y debería saberlo porque fueron ustedes quienes nos las arrebataron.

Se que difícilmente llegarán estas palabras a su conocimiento. No las escribo para convencerle de nada, sino por el deseo de entender y, quizá, de paso, estar preparado para nuevas insidias que parecen tan inevitables como el que al día siga la noche. Me despido de usted deseándole juicio y prudencia de buen gobernante, y no el pasar a la historia como el tonto útil que fue instrumento de voraces expansionismos imperialistas ejercidos contra la paz, el bien y la decencia.

(posesodegerasa)

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