jueves, 10 de septiembre de 2026

EN VEZ DE RESOLVER LA CRISIS DE CEUTA, MARLASKA SE HA DEDICADO A ELABORAR UN FICHERO DE PERIODISTAS SEÑALANDO SU ORIENTACIÓN IDEOLÓGICA



¿Qué diablos tiene que ocurrir para que este sinvergüenza sea cesado?

En el Ministerio del Interior, donde cabría esperar que el personal estuviera ocupado persiguiendo delincuentes, protegiendo fronteras o explicando alguno de los misterios que se acumulan bajo la alfombra de Fernando Grande-Marlaska, hubo quien encontró tiempo, sueldo público y entusiasmo administrativo para confeccionar un álbum Panini de la prensa española: 54 páginas, 281 periodistas y tertulianos, fotografías, medios de comunicación y su correspondiente etiqueta ideológica, porque a esta banda ya no le basta con saber qué dice cada cual, también necesita clasificarlo, envolverlo y guardarlo en el cajón de los afectos o en el archivador de los sospechosos.

Allí aparecen categorías tan científicas como «afín al PSOE», «de derechas», «anti-sanchista», «combativa» o «crítico con la amnistía», de modo que solamente faltaban unas estrellitas junto a cada fotografía para indicar el nivel de peligrosidad, la posibilidad de recibir una llamada de Moncloa y el número de veces que el sujeto había pronunciado la palabra dimisión sin persignarse previamente ante el retrato de Pedro Sánchez.

Pero Marlaska, hombre de respuestas serenas cuando se trata de explicar lo inexplicable, asegura que aquello no era una lista negra, ni un fichero ideológico, ni un catálogo de periodistas incómodos, sino un sencillo «documento de trabajo» sin «finalidad espuria». Naturalmente, porque en el Gobierno de Sánchez las cosas jamás son lo que parecen: la amnistía no fue una amnistía hasta que necesitó los votos de Puigdemont, el muro no divide sino que protege, la inseguridad es una sensación subjetiva y un dosier oficial con nombres, fotografías e ideologías no es un fichero, sino una especie de pasatiempo ministerial para las tardes en las que ya se han repartido todas las medallas.

La Oficina de Comunicación de Interior dice ahora que su finalidad era meramente consultiva y pide disculpas a quienes pudieran haberse sentido ofendidos, que es esa forma tan delicadamente miserable de pedir perdón sin admitir culpa alguna; no lamentan haber clasificado a periodistas por sus ideas, sino que alguno haya tenido la extravagancia de molestarse al descubrir que un ministerio del Gobierno de España lo había colocado en una casilla ideológica.

La pregunta, sin embargo, no es si los periodistas se sienten ofendidos, sino quién ordenó elaborar el dosier, quién dedicó horas y recursos públicos a confeccionarlo, quién decidió que la ideología de 281 profesionales debía figurar junto a sus fotografías, quién lo consultó y para qué demonios necesitaba Interior saber si un periodista era dócil, crítico, conservador, socialista, moderado o alérgico al sanchismo. Porque los documentos de trabajo se elaboran para trabajar con ellos, y eso es precisamente lo que Marlaska debería explicar en lugar de esconderse detrás de una expresión burocrática que pretende convertir una obscenidad democrática en material de oficina.

Con este Gobierno siempre ocurre lo mismo: cuando saben, no recuerdan; cuando recuerdan, no participaron; cuando participaron, era legal; y cuando aparece el membrete oficial, todo se reduce a un documento interno sin importancia que casualmente nadie quería que conociéramos.

A esos 54 folios solamente les faltan dos páginas para quedar completos: la número 55, con el nombre de quien ordenó y utilizó semejante fichero, y la número 56, con la carta de dimisión de Fernando Grande-Marlaska. Aunque, tratándose del Gobierno de Sánchez, es mucho más probable que al responsable le concedan una medalla y que a los periodistas fichados les pidan perdón por haber leído lo que nunca debieron descubrir.

Vaya banda.

Domingo Martín

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