Contrainformación que no encontrarás en los medios oficiales y pistas que ayuden al despertar ciudadano y espiritual
miércoles, 4 de noviembre de 2026
ROGER SCRUTON: "EL LENGUAJE INCLUSIVO ES UN ATAQUE CONTRA LA REALIDAD Y CONTRA LA FAMILIA"
Roger Scruton, el filósofo conservador inglés que dedicó su vida a defender lo que la modernidad se empeña en demoler, vio con claridad algo que muchos todavía se niegan a admitir, el llamado lenguaje inclusivo no es un gesto de cortesía ni una ampliación de derechos. Es una operación ideológica. Una forma de neolengua que busca borrar distinciones reales para imponer una ficción igualitaria.
Scruton lo dijo sin rodeos. La corrección política nos exhorta a ser “inclusivos” hasta el extremo de discriminar, no al otro, sino a nosotros mismos. Nos obliga a denigrar lo propio, la cultura heredada, las diferencias entre sexos, la jerarquía natural de la familia, para no ofender a minorías inventadas o reconstruidas a medida. El resultado no es inclusión. Es el rechazo sistemático de la herencia que nos define.
En "Cómo ser conservador" lo expresa con precisión: "El conservadurismo surge de una intuición que todas las personas maduras pueden compartir sin problemas, la percepción de que las cosas buenas son fáciles de destruir pero no son fáciles de crear. Esto es especialmente cierto de las cosas buenas que nos llegan como patrimonio común: paz, libertad, derecho, civismo, espíritu público, la seguridad de la propiedad y la vida familiar …".
Esa intuición es la que el lenguaje inclusivo viene a atacar. Al sustituir el género gramatical por una gramática forzada (“todes”, “elle”, dobles terminaciones absurdas), no se está liberando a nadie. Se está ocultando una verdad biológica y cultural. Scruton recordaba que el término “género” nació en la gramática. Los feministas radicales de los setenta lo tomaron prestado para convertir el sexo, dato biológico inmutable, en una construcción social maleable. Así, el “él” genérico se volvió sospechoso y la distinción entre hombre y mujer quedó convertida en “transgresión”. Cualquiera que insista en la realidad del cuerpo es acusado de fobia. El lenguaje deja de describir el mundo y pasa a reescribirlo según el dogma del momento.
Esta operación no es inocente. Scruton insistía en que la familia es la institución primaria mediante la cual una sociedad se reproduce y transmite el conocimiento moral a los jóvenes. No es un contrato entre adultos autónomos que se disuelve cuando ya no conviene. Es el lugar donde el niño aprende a subordinar el deseo inmediato al bien común, donde se interiorizan deberes que no se eligen, donde la diferencia entre madre y padre no es un estereotipo opresivo sino una complementariedad vital.
Cuando el lenguaje niega esa diferencia, cuando habla de “progenitores” o “cuidadores primarios” en lugar de padres y madres, está preparando el terreno para que la familia deje de ser norma y se convierta en opción entre muchas.
La corrección política, según Scruton, no busca incluir al otro en una comunidad compartida. Busca disolver la comunidad misma. Crea víctimas permanentes y convierte a cualquiera que defienda lo tradicional en el enemigo necesario.
El lenguaje inclusivo es una de sus herramientas más eficaces porque opera en el nivel más profundo, el de las palabras con las que pensamos. Si ya no podemos decir “hombre” o “mujer” sin sentir culpa, si el matrimonio tradicional se presenta como exclusión y no como el marco natural de la procreación y la educación de los hijos, entonces la transmisión de valores se interrumpe. Los niños crecen sin un modelo claro de pertenencia y de responsabilidad duradera.
Scruton no era un nostálgico ingenuo. Sabía que las sociedades cambian. Pero también sabía que lo valioso se destruye con facilidad y se reconstruye con enorme dificultad. La familia tradicional, hombre y mujer unidos en un vínculo orientado a la crianza, no es un invento reciente ni una imposición religiosa. Es el resultado de siglos de experiencia humana sobre cómo se socializa a las nuevas generaciones y se protege a los más vulnerables. Atacar su lenguaje es atacar su realidad.
Hoy, cuando se impone el lenguaje inclusivo en escuelas, oficinas y medios, se está llevando a cabo exactamente esa operación. Se enseña a los jóvenes a desconfiar de las distinciones que hacen posible la convivencia ordenada. Se les dice que la biología es opresiva y que la tradición es sospechosa. El resultado previsible es una sociedad de individuos desvinculados, incapaces de formar lazos estables y, por lo tanto, incapaces de transmitir algo más que sus propios caprichos.
Scruton proponía una resistencia sencilla y radical, seguir hablando con claridad. Usar las palabras como se deben usar. No ceder al miedo de ofender cuando lo que está en juego es la verdad. Defender la familia no como una preferencia privada, sino como el núcleo de cualquier sociedad que pretenda durar más de una generación.
El lenguaje inclusivo promete igualdad y entrega confusión. Y mientras tanto, la familia, esa institución paciente, imperfecta y necesaria, sigue siendo el último lugar donde todavía se puede aprender que no todo es elección, que hay deberes anteriores a nosotros y que la diferencia entre los sexos no es un error a corregir, sino un don a cuidar.
Julio César Cháves
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
_a%20-%201.jpg)
_a%20-%201.jpg)
Pues tiene razón este señor. Llevamos miles de años creyendo y dando valor a sandeces absurdas y contrarias a la realidad , inventadas por otros para su propio beneficio . Ahora seguimos igual y comulgando con ruedas de molino, de camión y de lo que haga falta
ResponderEliminarhttps://www.facebook.com/escritor78/
ResponderEliminar