domingo, 26 de abril de 2026

TURISMO REAL PARA LOS RICOS, TURISMO VIRTUAL PARA LOS POBRES


Lo ha dicho Andrew Ross Sorkin en el Foro Económico Mundial: "Los ricos podrán viajar, pero los pobres necesitarán usar algún dispositivo de realidad virtual para viajar al mismo lugar, pero desde la comodidad de su sofá".

INCONCEBIBLE



Inconcebible. Inaudito. Insoportable. Impresentable. Me faltan calificativos para adjetivar las intenciones del Partido Popular y de Vox en el sentido de priorizar a los españoles sobre los extranjeros a la hora de adjudicar ayudas sociales o viviendas públicas. Horroroso, lector. Horroroso. Me faltan palabras para expresar mi indignación y mi asco sobre ese deseo tan fascista de primar a los que viven en España (desde hace al menos dos lustros) sobre los que acaban de llegar. ¿En qué cabeza cabe semejante cosa? ¿Cómo se le puede ocurrir a estos franquistas que haber nacido en España, o tener un largo arraigo en territorio español, o haber adquirido la nacionalidad española hace años, pueda otorgar ventajas sobre cualquier beduino recién llegado de Argelia, o sobre cualquier mongol de Mongolia, o sobre cualquier chino recién llegado de Pekín? Hay que ser retrógrado, miserable e insolidario, para pretender que, en España, el DNI español pudiera otorgar ventaja alguna sobre un pasaporte zulú a la hora de asignar una guardería, una casa, un colegio, una pensión no contributiva o una prótesis de cadera. Hay que ser fascista. Muy fascista. Y por eso creo, honestamente, que PP y Vox están pidiendo a gritos su ilegalización. Por canallas, por absurdos y por poco chiripitifláuticos.


Sin duda alguna, lector, estamos progresando progresivamente cuando vemos esas colas de extranjeros ilegales para obtener los papeles. Unas colas colosales, es verdad. Unas colas kilométricas, cierto es. Unas colas gigantescas, mastodónticas, hiperbólicas. Pero unas colas que nos enriquecen como país y como seres humanos. Sí, sí, lector. Pensarás en estos momentos que, esas mismas colas que ahora vemos en televisión delante de los consulados y de las comisarías para obtener los permisos, serán las mismas colas que, dentro de medio año, aparecerán también en las urgencias de los hospitales y de todos los servicios públicos. Mentira. Mentira podrida. Bulos de la fachosfera. El Gobierno progresista del progresismo que progresa ha tomado cartas en el asunto para evitar tales males: ha quintuplicado el número de médicos, sextuplicado el de maestras, septuplicado el de enfermeras y octuplicado el de concejales de urbanismo. Fascista. Que eres un fascista.

Pero en España hacen falta más regularizaciones, amigo lector. Muchas más. A los ilegales libres y sin delitos, por supuesto que sí. Va de suyo. Y si no pueden conseguir un certificado de penales que demuestre su bondad, no hay problema: hacemos la vista gorda, porque un mal día lo puede tener cualquiera. Pero ¿qué decir de los ilegales que están ahora en la cárcel pendientes de juicio por haber sido detenidos asaltando un Banco, estafando a una ancianita o violando a una mujer? Esos extranjeros encarcelados, con antecedentes policiales pero no penales, son personas, personos y persones que merecen también nuestro respeto y el beneficio de la duda. Es verdad que los pillaron infraganti arrancando el cobre de la catenaria. Pero tienen el beneficio de la duda. Porque una mala semana la tiene cualquiera. Y un mal mes. Y un mal año. Y un mal siglo. Y ponerse tiquismiquis por un quítame allá esas pajas (con perdón de los onanistas) es tener muy mala baba. Como Franco.

Al fascismo, amigo lector, se le combate con hechos: con pitadas al himno nacional en todos los campos de fútbol, con regularizaciones masivas de inmigrantes ilegales, con papeles para todes, con certificados de penales bien limpitos a doscientos euros cuarto y mitad, o con argentinos biznietos de republicanos a los que otorgamos la nacionalidad española sin que sepan, por ejemplo, que la ciudad de Albacete linda con Las Canarias y se ubica en Guadalajara entre Gerona y Teruel. Al fascismo, amigo lector, se le combate con hechos: con etarras liberados en las calles del País Brusco sin haber cumplido sus condenas, con tornillos que violan a las tuercas y gallinas violadas por los gallos, con viviendas okupadas por pakistaníes sin que el propietario español las pueda desokupar, con inquiokupas rumanos que no pagan y te destrozan la casa tras dos años de calvario judicial.

Luchar contra el fascismo, amigo lector, no es construir vivienda pública nueva para el que la necesita, sino maldecir y demonizar al tipo que compró o heredó dos o tres casas, freírlo a impuestos, limitar el precio del alquiler y llamarle especulador. O sea: trasladar al propietario, y no al Estado, la responsabilidad de ejecutar el derecho constitucional a una vivienda digna para todos los españoles y, especialmente, para todos los magrebíes que acaban de llegar en patera o en avión procedentes de Marruecos. Vuelvo a pedir, desde estas líneas, la ilegalización de Vox y del Partido Popular. Por franquistas, por fascistas, por racistas, por machistas, por xenófobos y por poco guais. Ah. Y por no decir en el Congreso de los Diputados lo mismo que dijo el miércoles Pedro Sánchez con el desahogo, la valentía y el patriotismo que lo caracterizan: que Cataluña y España son países diferentes.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:
Juan Manuel Jimenez Muñoz.
Tipo malísimo.

sábado, 25 de abril de 2026

IRÁN REVELA LOS OBJETIVOS ESPECÍFICOS QUE DESTRUIRÁ EN EL GOLFO SI EE.UU. ATACA SU INFRAESTRUCTURA PETROLERA



En un movimiento de una agresividad sin precedentes, Teherán ha filtrado a través de sus canales de defensa una lista detallada de los activos estratégicos que sus misiles balísticos y drones kamikaze tienen en la mira. El mensaje es para los aliados de Washington: si vuestro territorio sirve de plataforma para el ataque de Trump, estas infraestructuras dejarán de existir.

ARABIA SAUDITA (El corazón del crudo):

Abqaiq: La planta de procesamiento de petróleo más grande del mundo. Un ataque aquí paralizaría casi la mitad de la capacidad saudí.


Safaniyeh y Khurais: Los campos de producción que mantienen el flujo global de la economía mundial.

EMIRATOS ÁRABES UNIDOS:

Isla Das e Isla Zirku: El centro neurálgico de sus refinerías y la exportación de gas y petróleo en alta mar.

QATAR (El golpe al gas global):

Ras-Laffan y Ras Gas: Teherán apunta al mayor productor de Gas Natural Licuado (GNL) del planeta. Si esto arde, Europa se queda literalmente sin calefacción ni electricidad.

KUWAIT:

Burgan: El segundo campo petrolero más grande del mundo.

Esta filtración es la respuesta directa al plan del Pentágono de atacar las refinerías iraníes. Al señalar estos objetivos, Irán está aplicando una lógica de "disuasión por castigo". No buscan ganar una guerra militar contra los tres portaviones de EstadosUnidos, sino hacer que el costo de la victoria sea una crisis económica mundial que dure décadas.

Las primas de seguro para los buques en el Golfo se han vuelto prohibitivas. Las bolsas en Riad, Abu Dabi y Kuwait han reaccionado con caídas abruptas, mientras que los gobiernos regionales están en llamadas de emergencia con la Casa Blanca para exigir garantías de que los ataques de Trump no provoquen esta represalia apocalíptica.

La "tregua de papel" de Islamabad nunca estuvo tan cerca de romperse. Con las coordenadas ya cargadas en los silos de misiles iraníes, cualquier chispa en el Estrecho de Ormuz podría convertir al Golfo Pérsico en un infierno de fuego y petróleo, y sumir al mundo en la mayor recesión que haya conocido la historia.

(Fuente: Geopolítica pura)

HISTORIADOR ISRAELÍ DEMUELE LA PRETENSIÓN JUDÍA DE QUE ES SU DERECHO OCUPAR TIERRA SANTA



En 2009, el historiador israelí Shlomo Sand publicó un libro que provocó terremotos en los cimientos del relato nacional judío: "La invención del pueblo judío". Su tesis era tan simple como demoledora: los judíos no comparten un origen étnico común, el exilio del año 70 d.C. fue un mito y la mayoría de las comunidades judías actuales descienden de conversos, no de antiguos hebreos desterrados. El libro se convirtió en un éxito de ventas en Israel. Contra todo pronóstico, los israelíes querían saber la verdad.

Ahora, Sand ha publicado el segundo volumen de su trilogía: "La invención de la Tierra de Israel". Y lo que revela es igual de incómodo para la narrativa oficial: si el pueblo judío fue inventado, su tierra también lo fue.

La tierra que nunca fue "suya"

Para el imaginario colectivo occidental, alimentado durante décadas por una lectura literal de la Biblia y por la maquinaria propagandística sionista, la "Tierra de Israel" es una entidad geográfica clara, prometida por Dios y ocupada por los judíos desde tiempos inmemoriales. Pero Sand demuestra que esta imagen no resiste el más mínimo escrutinio histórico.


A la izquierda, el rostro moreno, quemado por el inclemente sol del entorno
 en que crecieron él y sus antepasados, de un judío semita. El de la derecha
 es un sionista jázaro/asquenazi originario de Europa "converso" a la religión
judaica y representante de la mayoría de la población de Israel,
 que para nada puede calificarse de "semita".

La expresión "Tierra de Israel" apenas aparece en el Antiguo Testamento. El texto bíblico habla preferentemente de la "Tierra de Canaán". Y cuando menciona "Israel", se refiere exclusivamente al norte del territorio, a la región de Samaria. Jerusalén, Hebrón y Belén, los lugares más sagrados del judaísmo, no formaban parte del "Israel" bíblico. El famoso reino unificado de David y Salomón, ese imperio que supuestamente se extendía desde el Nilo hasta el Éufrates, es una invención posterior, una fantasía nacionalista sin el menor respaldo arqueológico.

Pero hay algo más profundo, algo que Sand señala con precisión quirúrgica: incluso si ese reino hubiera existido y Dios hubiera prometido esa tierra a los judíos, ¿qué relevancia podría tener eso dos mil años después? Ninguna otra nación en la tierra reclama territorios basándose en promesas divinas de la Edad de Bronce. Solo Israel lo hace. Y lo hace con la aquiescencia de un Occidente que jamás aceptaría un argumento similar de cualquier otro pueblo.

El mandato divino del exterminio

Sand no esquiva el espinoso asunto de lo que la Biblia realmente dice sobre cómo debía ocuparse esa tierra. El relato bíblico, en la medida en que puede tomarse como fuente histórica, presenta a los antiguos hebreos como colonizadores que recibieron la orden explícita de exterminar a la población nativa:

"Destrúyelos por completo: a los hititas, amorreos, cananeos, ferezeos, heveos y jebuseos, como el Señor tu Dios te ha mandado" (Deuteronomio 20).


El judaísmo no es una religión, sino una etnia. Y la etnia
semita es la formada por la gran mayoría de los árabes,
palestinos, etíopes, marroquíes, tunecinos, y demás ha
bitantes  del Levante mediterráneo, desde la Península
 Arábiga hasta todo el norte del África
Y el método era explícito: "Pasen a cuchillo a todos los hombres ... En cuanto a las mujeres, los niños, el ganado y todo lo demás ... podrán tomarlo como botín".

Uno lee estos pasajes y no puede evitar un escalofrío. Porque el lenguaje es el mismo que utilizan hoy los colonos extremistas y los rabinos que justifican la matanza de niños en Gaza. La única diferencia es que entonces se llamaba "mandato divino" y ahora se llama "legítima defensa". Pero la esencia es la misma: una teología de la conquista que justifica el exterminio del otro por el mero hecho de existir en la tierra "prometida".

Imagínense si los amorreos, exterminados según el relato bíblico, regresaran hoy a reclamar sus tierras. La sola idea resulta absurda. Pero eso es exactamente lo que hace el sionismo: reclamar una tierra basándose en una narrativa de conquista y exterminio ocurrida hace tres mil años.

Fronteras variables, ambiciones expansivas

Uno de los puntos más lúcidos del análisis de Sand es su demostración de que nunca ha existido un consenso sobre qué territorio constituye exactamente la "Tierra de Israel". Existe el Estado de Israel, reconocido internacionalmente dentro de las fronteras de la Línea Verde de 1967. Pero la "Tierra de Israel" es otra cosa.

Para los sionistas más moderados, incluye Cisjordania. Para los extremistas, se extiende hasta Jordania. Y para los más ambiciosos, los que toman literalmente la promesa divina a Abraham, la tierra prometida abarca "desde el río de Egipto hasta el Éufrates", lo que incluiría partes de Turquía, Siria e Irak.

Esta ambigüedad no es accidental. Es funcional. Permite que el discurso oficial oscile entre posiciones aparentemente moderadas cuando se dirige a la comunidad internacional y posiciones maximalistas cuando se dirige a la base nacionalista. Pero todos saben hacia dónde apunta la flecha. Todos saben que, cuando se habla de "Tierra de Israel", se habla de un territorio mucho mayor que el actual Estado de Israel. Y todos saben que la conquista de ese territorio, si se presenta la oportunidad, no encontrará objeciones teológicas entre quienes creen que Dios se lo prometió a ellos.


Ser contrario al judaísmo no significa ser antisemita. Por el contrario, ser
 enemigo del sionismo jázaro es ser pro-semita, por cuánto los asquenazíes
 procuran la suplantación del semitismo genuino, empezando por el apro-
piarse para sí de su religión originaria, el judaísmo, y persiguiendo las re-
 ligiones derivadas del mismo, el Cristianismo y el Islam, los cuales odian
El sionismo: un invento cristiano antes que judío

Otro de los aspectos fascinantes que Sand desvela es el origen cristiano del sionismo. En el judaísmo tradicional no existía ningún mandato de "regresar" a la Tierra de Israel. La frase ritual "el año que viene en Jerusalén", recitada durante el Séder de Pésaj, nunca fue entendida como un llamado a la acción política, sino como una expresión de anhelo espiritual, similar a la esperanza cristiana de la Jerusalén celestial.

En el siglo XIX, quienes más ardientemente deseaban el retorno de los judíos a Palestina eran cristianos evangélicos, no judíos.

Lord Shaftesbury, un aristócrata británico que dedicó su vida a mejorar las condiciones de los enfermos mentales y los niños trabajadores, fue también el mayor propagandista de la colonización judía de Palestina. Sand lo describe acertadamente como "un Theodor Herzl anglicano anterior a Herzl". Fue Shaftesbury quien acuñó la famosa frase: "Un país sin nación para una nación sin país". Y lo hizo décadas antes de que Herzl publicara su Estado judío.

Por supuesto, Shaftesbury esperaba que los judíos, una vez reunidos en Tierra Santa, se convirtieran al cristianismo. Su proyecto era, en última instancia, un proyecto de conversión. Pero la frase quedó. Y sería utilizada innumerables veces por el movimiento sionista, siempre omitiendo su origen y sus motivaciones reales.

Lord Palmerston, por su parte, apoyó la idea por razones geopolíticas: pensaba que una colonia de judíos británicos en Palestina aumentaría la influencia del Imperio en una región estratégica. A Palmerston no le importaban ni los judíos ni los cristianos. Le importaba el poder.

Así que el sionismo, ese movimiento que se presenta como la expresión más auténtica del nacionalismo judío, nació en realidad de la confluencia de dos corrientes: el milenarismo cristiano y el imperialismo británico. Los judíos tardarían décadas en sumarse masivamente a él, y muchos nunca lo hicieron.

El Holocausto como catalizador

Sand recuerda algo que a menudo se olvida: durante siglos, cuando los judíos eran perseguidos, huían a nuevos países de inmigración como Argentina o Estados Unidos, no a la Tierra Prometida. El sionismo era un movimiento minoritario hasta bien entrado el siglo XX. La mayoría de los judíos preferían integrarse en las sociedades donde vivían, construir sus vidas allí, educar a sus hijos allí, ser enterrados allí.

Lo que hizo posible la creación del Estado de Israel no fue la promesa divina de regresar a una tierra perdida. Fue el Holocausto. Fue el horror del exterminio nazi. Y fue, también, la negativa de las potencias occidentales a abrir sus puertas a los supervivientes. Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países prefirieron que los judíos europeos se fueran a Palestina antes que acogerlos en sus propios territorios. El Estado de Israel nació de una confluencia de catástrofes: la catástrofe europea y la catástrofe palestina, porque la creación de un Estado judío significó la expulsión de cientos de miles de palestinos.

La normalización de lo excepcional

Quizás la contribución más importante de Shlomo Sand sea su esfuerzo por "normalizar" la historia judía. Durante décadas, el discurso dominante ha presentado a los judíos como un pueblo excepcional, con una historia única, un destino único, un sufrimiento único. Esta narrativa del excepcionalismo ha servido para justificar todo tipo de políticas, desde la negación de los derechos de los palestinos hasta la intervención militar en países vecinos.


Soldado israelí destruye un crucifijo en el sur del Líbano
Pero Sand demuestra que la historia judía no es más excepcional que la de cualquier otro pueblo. Los judíos no comparten un origen étnico común porque no existe tal cosa como un origen étnico común en ningún pueblo. Todas las naciones son construcciones políticas, invenciones, ficciones necesarias para la cohesión social. La diferencia es que algunas naciones reconocen su carácter construido y otras prefieren creer en su propio mito.

El nacionalismo judío no es diferente del nacionalismo francés, polaco o turco. Todos ellos han inventado su propia "novela nacional", su propio relato de orígenes, sus propias gestas heroicas. La particularidad del nacionalismo judío es que ha logrado imponer su relato con una eficacia asombrosa, convirtiendo un mito teológico-político en una verdad incuestionable para la mayoría de la opinión pública occidental.

La audacia de decir la verdad

Decir estas cosas requiere audacia. En un clima intelectual donde cualquier crítica a Israel es automáticamente tachada de antisemitismo, donde analizar los mitos fundacionales del sionismo equivale a una herejía, Shlomo Sand ha tenido el valor de hacer lo que los historiadores deberían hacer: contar la verdad, por incómoda que sea.

Y lo más sorprendente es que los israelíes lo han escuchado. "La invención del pueblo judío" fue un éxito de ventas en Israel. Los lectores israelíes, al menos una parte de ellos, están dispuestos a enfrentarse a su propia historia, a cuestionar los mitos que les han enseñado desde la infancia, a preguntarse si realmente son lo que les han dicho que son.

Eso es más de lo que puede decirse de muchos otros países. En Francia, cuestionar la "novela nacional" sigue siendo un tabú. En Estados Unidos, el excepcionalismo americano es casi una religión de estado. Pero en Israel, gracias a historiadores como Sand, hay un debate real, una confrontación honesta con el pasado.


Los verdaderos antisemitas son los jázaros asquenazis, cultivado-
res de la ideología de odio, satánica, fascistoide del Sionismo
El precio del mito

Mientras tanto, en Gaza, los niños siguen muriendo. En Cisjordania, los colonos siguen quemando olivos y expulsando familias de sus tierras. En Líbano, los bombardeos israelíes siguen matando civiles. Y todo ello se justifica con el mismo argumento: la "Tierra de Israel", la "promesa divina", el "derecho histórico".

Sand nos recuerda que esos derechos históricos son una invención. Que la tierra no fue prometida a nadie. Que los antiguos hebreos no tienen más derecho sobre Palestina que los romanos sobre Italia o los godos sobre España. Que la única base legítima para un Estado es la voluntad de sus ciudadanos, no los mitos de sus antepasados.

Mientras el mundo contempla cómo se desarrolla la guerra actual, con sus miles de muertos y sus millones de desplazados, convendría recordar las palabras de Sand. Porque detrás de cada bomba que cae sobre Gaza, detrás de cada misil que impacta en Beirut, detrás de cada niño palestino desenterrado de los escombros, hay una ideología que se alimenta de mitos. Y mientras esos mitos no sean desmontados, mientras la "Tierra de Israel" siga siendo un concepto teológico-político con capacidad de movilizar ejércitos, la paz será imposible.

(Fuente: Revista Pacto)

¿A QUÉ TIPO DE INMIGRANTES QUIERE REGULARIZAR EL GOBIERNO?


EL PERIODISTA AUSTRALIANO ROWAN DEAN DENUNCIA EL PLAN DE ESCLAVITUD DIGITAL



La Identidad Digital es el fin de la democracia y un paso irreversible a un futuro distópico ya que otorga poderes absolutos de vigilancia y control.

Las monedas digitales controladas por los gobiernos nos llevará a un sistema de crédito social estilo chino, ya que da a gobierno y corporaciones la capacidad de controlar y restringir cada aspecto de sus hábitos y vidas.

Si no creen que los futuros gobiernos usarán estos poderes de manera implacable y despiadada, entonces debes haber estado profundamente dormido durante el Covid.

(https://t.me/No_plandemia/)

viernes, 24 de abril de 2026

UN PREMIO NOBEL Y CIENTOS DE ACADÉMICOS ISRAELÍES DENUNCIAN EL TERRORISMO DE ESTADO QUE SE EJERCE CONTRA CISJORDANIA



¿Qué hace falta para que el mundo llame a las cosas por su nombre? ¿Cuántas casas demolidas? ¿Cuántas escuelas clausuradas? ¿Cuántos palestinos muertos sin que nadie rinda cuentas? ¿Cuántas aldeas vaciadas hasta el silencio?

El 30 de marzo de 2026, más de 600 académicos israelíes -profesores universitarios, investigadores, intelectuales de las instituciones más prestigiosas de Israel, entre ellos un Premio Nobel- firmaron una petición que sacude los cimientos del discurso oficial israelí. No la firmaron desde Ginebra ni desde Washington. La firmaron desde adentro. Desde la Universidad Hebrea de Jerusalén. Desde el corazón mismo del Estado cuya conducta denuncian.

Lo que dijeron no es menor. Es devastador.

"Nuestro gobierno no solo no ha protegido a las comunidades palestinas, sino que ha amparado a los responsables de la violencia".

Esa frase, pronunciada por académicos israelíes en suelo israelí, en plena guerra contra Irán, con el gobierno de Benjamin Netanyahu en estado de cruzada, no es una declaración de principios abstracta. Es un acto de coraje político que merece ser leído en toda su dimensión. Y en toda su consecuencia jurídica.

Porque lo que esos profesores describieron -sin usar el término, pero dibujándolo con precisión quirúrgica- es terrorismo de Estado.

La carta: lo que dijeron y lo que arriesgaron

El documento fue impulsado desde la Universidad Hebrea de Jerusalén. Uno de sus organizadores, el Dr. Yiftah Elazar, docente de ciencia política con doctorado de Princeton, declaró a Haaretz que el deterioro de la situación ha llegado a un punto de urgencia inmediata. Sus palabras exactas: "Esto ha sido durante mucho tiempo una fuente de repugnancia moral e indignación para nosotros, pero ahora se ha convertido en una cuestión de urgencia inmediata."

La carta describe un patrón sostenido de ataques de colonos israelíes extremistas coordinados con el objetivo de erradicar la presencia palestina de zonas rurales de Cisjordania. Denuncia que las fuerzas policiales y militares israelíes han evitado intervenir y, en algunos casos, han colaborado directamente con los atacantes. Señala que no existen detenciones significativas. Que la impunidad persiste pese a la evidencia. Que decenas de palestinos han sido asesinados en este contexto por colonos israelíes armados.

Vincula todo esto con la política del gobierno Netanyahu: la expansión de asentamientos, la anexión de facto de Cisjordania, y las reformas judiciales que, al debilitar al poder judicial israelí, han reducido aún más la capacidad del Estado para investigar y sancionar estos crímenes.

Y concluye con una demanda de intervención internacional directa: proteger a las comunidades palestinas, reforzar la documentación de los abusos y aplicar sanciones contra individuos y entidades involucradas en violaciones sistemáticas de derechos humanos.

¿Qué significa firmar este documento en Israel hoy? Significa arriesgar la carrera. Significa enfrentar el escarnio público de un gobierno que ha demostrado su disposición a criminalizar la disidencia. Significa ser señalado por ministros como Itamar Ben-Gvir -quien celebró con champán la aprobación de una ley que amplía la pena de muerte aplicable exclusivamente a prisioneros palestinos- y Bezalel Smotrich, quien en el funeral de un colono israelí muerto llamó abiertamente al "colapso" de la Autoridad Palestina y al control israelí total de Cisjordania. Significa pronunciarse en el mismo Israel que ha aprobado leyes para silenciar a las organizaciones que defienden derechos palestinos, que ha clasificado como "amenaza de seguridad nacional" a las ONG humanitarias internacionales y que demolió la sede de UNRWA en Jerusalén Este el 20 de enero de 2026 con bulldozers y fuerza policial frente a las cámaras del mundo.


Esos 600 académicos israelíes sabían todo eso. Y firmaron de todas formas.

Simultáneamente, más de 2.000 artistas y figuras culturales israelíes hicieron lo mismo en una petición paralela exigiendo acción decisiva contra la violencia de colonos israelíes. Y más de 3.000 miembros de la diáspora judía mundial —incluyendo al ex ministro de Exteriores británico Malcolm Rifkind, junto a líderes religiosos, diplomáticos y académicos de Europa, América del Norte, África y Australia— enviaron una carta abierta al presidente israelí Isaac Herzog describiendo los ataques de colonos israelíes extremistas como una "abominación".

En Israel mismo, el ex primer ministro Ehud Olmert presentó públicamente su intención de recurrir a la Corte Penal Internacional en un intento de, en sus propias palabras, "salvar a palestinos e israelíes" de lo que describe como violencia de colonos israelíes respaldada por el Estado. Incluso el prominente analista político Amit Segal -una voz central en la conversación pública israelí y cercano al movimiento colono- dijo en cámara: "No hay duda de que esto es terrorismo".

Esas palabras, en ese país, en ese momento, son un terremoto.


Lo que está ocurriendo en Cisjordania: los hechos

Para entender por qué 600 académicos israelíes rompieron el silencio, hay que mirar lo que está ocurriendo sobre el terreno. Desde que comenzó la guerra contra Irán en marzo de 2026, la violencia de colonos israelíes en Cisjordania ha escalado de manera sistemática. Human Rights Watch documentó que en solo 11 días, colonos israelíes armados -tres de ellos en uniforme militar- dispararon y mataron a cinco palestinos. La ONU reportó que entre el 1 de marzo y el 27 de ese mes, más de 150 ataques de colonos israelíes resultaron en víctimas o daños materiales en aproximadamente 90 comunidades: más de seis ataques diarios.

El dato más revelador lo entregó la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA) el 27 de marzo de 2026: en menos de tres meses, la violencia de colonos israelíes y las restricciones de acceso desplazaron a casi 1.700 palestinos, superando ya el total registrado durante todo 2025. Desde 2023, 38 comunidades palestinas han sido completamente vaciadas de su población. No se trata de incidentes aislados. El informe de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU (OHCHR) correspondiente al período hasta octubre de 2025 documentó 1.732 incidentes de violencia de colonos israelíes con víctimas o daños materiales, un aumento respecto a los 1.400 del período anterior. En 2025, al menos 240 palestinos fueron asesinados, ya sea por colonos israelíes o por el ejército.

Los ataques perpetrados por colonos israelíes incluyen disparos con munición real contra civiles desarmados, quema de viviendas y vehículos, destrucción de cosechas de olivo, robo de ganado -en un caso documentado por OCHA, colonos israelíes robaron 150 ovejas tras golpear y atar a un pastor palestino-, profanación de tierras agrícolas, y grafitis en hebreo que dicen "muerte a los árabes".

En una aldea de la región de Nablus, un sobreviviente palestino relató ante PBS News cómo veinte colonos israelíes atacaron a su familia entera: "Ataron a todos, excepto a una bebé de cuatro meses que dormía. A todos los golpearon, incluidos los niños."

El ejército israelí confirmó, en sus propias estadísticas internas, un aumento del 27% en los llamados "crímenes nacionalistas" en Cisjordania en 2025 respecto a 2024, con los incidentes graves aumentando más del 50%.

Y sin embargo: desde 2022, no se ha registrado ni una sola condena penal de un colono israelí por el asesinato de un civil palestino en Cisjordania. De 1.500 asesinatos documentados entre 2017 y septiembre de 2025, las autoridades israelíes abrieron 112 investigaciones. Una sola condena. Una.

¿Cómo se llama eso, si no es impunidad estructural de Estado?

Lo que destruye Israel: escuelas, hospitales, el derecho de existir

La violencia física de los colonos israelíes es solo una dimensión del patrón. La otra es la destrucción metódica de la infraestructura que hace posible la vida civil palestina, ejecutada directamente por el Estado israelí.

El 20 de enero de 2026, bulldozers israelíes demolieron la sede de UNRWA en el barrio Sheikh Jarrah de Jerusalén Este, mientras fuerzas de seguridad israelíes izaban una bandera israelí sobre las ruinas. El Secretario General de la ONU, António Guterres, condenó la operación como una "entrada ilegal" a propiedad de Naciones Unidas. Días antes, el 12 de enero, fuerzas israelíes habían irrumpido en el Centro de Salud de Jerusalén operado por UNRWA y ordenado su cierre por 30 días, exigiendo además la retirada de los emblemas de la ONU.

El 27 y 28 de enero, Israel cortó el agua y la electricidad a múltiples instalaciones de UNRWA en Jerusalén Este, afectando directamente escuelas, centros de salud y puntos de servicio para refugiados palestinos en campamentos de la ciudad. La legislación que autorizó estos cortes fue aprobada por la Knesset en diciembre de 2025.

En mayo de 2025, el Ministerio de Educación israelí, acompañado de efectivos policiales, cerró seis escuelas de UNRWA en Cisjordania, colgando órdenes de cierre en sus puertas y obligando a evacuar a estudiantes y docentes, privando de educación a más de 800 estudiantes. En octubre del mismo año, las fuerzas israelíes irrumpieron en la Escuela Secundaria de Kisan, al este de Belén, alegando que la emisión escolar había abordado la causa de los prisioneros palestinos.


En marzo de 2026, Israel notificó a 37 organizaciones no gubernamentales internacionales que serían expulsadas de Gaza y Cisjordania por negarse a entregar al gobierno israelí listas completas de su personal, en lo que Human Rights Watch calificó como una politización de los requisitos humanitarios que amenaza con cortar la asistencia vital a la población civil palestina.

¿Qué se destruye cuando se demuela una escuela? ¿Qué se borra cuando se corta el agua a un hospital? ¿Qué se cancela cuando se expulsa a una familia de su hogar con una orden firmada por el Estado? Se destruye el futuro. Se borra la memoria. Se cancela la posibilidad misma de un pueblo de permanecer en su tierra. Y cuando esa destrucción es sistemática, planificada, legislada y ejecutada con impunidad, deja de ser daño colateral. Se convierte en política.

El marco jurídico: los crímenes que tienen nombre

Aquí es donde la petición de los 600 académicos israelíes adquiere su mayor peso político. Porque lo que describen no es solo moralmente insoportable. Es jurídicamente tipificable, en múltiples marcos normativos simultáneos.

La Corte Internacional de Justicia ya habló, con toda la autoridad del tribunal más importante del mundo, en julio de 2024. Su opinión consultiva es precisa y demoledora.

La CIJ estableció que los asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Este, así como el régimen asociado a ellos, han sido establecidos y mantenidos en violación del derecho internacional. Que las políticas de Israel -desalojos forzados, demoliciones masivas de viviendas, restricciones de residencia y movimiento, confiscaciones de tierra para reasignarlas a asentamientos israelíes- violan la prohibición de transferencia forzosa de la población protegida bajo el artículo 49 del IV Convenio de Ginebra. Que las leyes israelíes implementan una separación entre palestinos y colonos israelíes en los territorios ocupados que viola el artículo 3 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, que prohíbe la segregación racial y el apartheid. Que Israel debe retirar a todos los colonos israelíes de los territorios ocupados, desmantelar las secciones del muro construido en Cisjordania, pagar reparaciones integrales y permitir el retorno de todos los palestinos desplazados desde 1967.

Y estableció algo aún más grave: que todos los demás Estados del mundo están legalmente obligados a no reconocer la ocupación israelí como legal y a no prestar ayuda ni asistencia para mantenerla.

El repertorio de violaciones tipificables es el siguiente:

Crímenes de guerra, bajo el derecho internacional humanitario: el asesinato deliberado de civiles, la destrucción de bienes protegidos -escuelas, hospitales, instalaciones de la ONU-, la transferencia forzosa de población civil, el uso excesivo de la fuerza, y la privación intencional de agua, electricidad y servicios básicos a la población bajo ocupación.

Crímenes contra la humanidad, bajo el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional: la persecución de una población civil por motivos étnicos o raciales, la deportación o el traslado forzoso de población, los actos de exterminio y los actos inhumanos de carácter similar cometidos como parte de un ataque generalizado y sistemático contra la población civil.

Apartheid, bajo la Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen de Apartheid y el Estatuto de Roma: el mantenimiento de un régimen institucionalizado de opresión y dominación sistemática de un grupo racial sobre otro. La CIJ ya estableció la separación discriminatoria entre palestinos y colonos israelíes; la Relatora Especial de la ONU y múltiples organizaciones de derechos humanos han concluido que el sistema en su conjunto constituye apartheid.

Transferencia forzosa de población, explícitamente prohibida por el artículo 49 del IV Convenio de Ginebra, codificada como crimen de guerra en Nuremberg y aplicada directamente por la CIJ a las prácticas israelíes en Cisjordania. La propia Oficina de Derechos Humanos de la ONU concluyó en marzo de 2026 que el patrón de desplazamientos "parece indicar una política israelí concertada de transferencia forzosa masiva en todo el territorio ocupado, dirigida al desplazamiento permanente", generando preocupaciones de limpieza étnica. Desde 2023, 38 comunidades palestinas han sido completamente evacuadas.

Genocidio: la Comisión de Investigación de la ONU emitió en septiembre de 2025 un informe que concluye que Israel cometió genocidio en Gaza. La Corte Internacional de Justicia tiene abierto el caso presentado por Sudáfrica bajo la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. Los expertos independientes de derechos humanos de la ONU señalaron en septiembre de 2025 que "la naturaleza colectiva y de amplio alcance del genocidio en curso se ha vuelto innegable."

Las consecuencias en un mundo que aplicara su propio derecho

¿Qué pasaría si el derecho internacional fuera aplicado con la misma energía con que fue redactado?

Netanyahu enfrentaría la ejecución de las órdenes de arresto que la Corte Penal Internacional emitió en noviembre de 2024 por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Esas órdenes siguen vigentes -la CPI rechazó en julio de 2025 el pedido israelí de retirarlas- y obligan a los 124 Estados parte del Estatuto de Roma a detenerlo si pisa su territorio. Lo mismo aplica para el ex ministro de Defensa Yoav Gallant.

Los ministros Smotrich y Ben-Gvir enfrentarían, además de los mecanismos de la CPI, sanciones individuales bajo los regímenes de derechos humanos de la Unión Europea y el Reino Unido, y eventualmente podrían ser procesados por incitación al genocidio, transferencia forzosa y crímenes de apartheid. Sus declaraciones públicas -Smotrich pidiendo la "demolición" de comunidades palestinas, Ben-Gvir celebrando la pena de muerte para prisioneros palestinos- forman ya parte del registro probatorio internacional.

Israel como Estado enfrentaría, en un mundo que aplicara sus propias normas: suspensión inmediata de todas las transferencias de armas, establecida como obligación por la Convención de Ginebra y reafirmada por la CIJ; embargo sobre el comercio con los asentamientos israelíes ilegales; suspensión de acuerdos de asociación preferencial con la Unión Europea; reparaciones integrales a la población palestina, incluyendo restitución de tierras y propiedades desde 1967, compensación económica y retorno de los desplazados; y cooperación obligatoria con las investigaciones de la CPI y los mecanismos de la ONU.

Y los Estados que continúen prestando apoyo a la ocupación israelí -vendiéndole armas, bloqueando resoluciones en el Consejo de Seguridad, manteniendo comercio preferencial con asentamientos israelíes- estarían, según la propia CIJ, en riesgo de convertirse en cómplices de actos internacionalmente ilícitos.

Lo que los académicos israelíes pusieron en palabras

Hay algo en esta carta que va más allá del catálogo de violaciones. Es el reconocimiento, desde adentro de Israel, de que la violencia de colonos israelíes no es un problema de "manzanas podridas". Es política de Estado.

Los expertos en derecho internacional son precisos en este punto. La académica Mais Qandeel, de la Universidad de Örebro, argumenta que sancionar a colonos israelíes individuales mientras el Estado continúa operando es un error de atribución jurídica: la responsabilidad es estatal, no individual. El Instituto Lieber de West Point recuerda que el artículo 43 del Reglamento de La Haya obliga a Israel, como potencia ocupante, no solo a abstenerse de la violencia sino a proteger activamente a la población ocupada y a no tolerar tal violencia por parte de ningún tercero.

Los expertos independientes de derechos humanos de la ONU lo expresaron con una claridad que pocas veces se escucha en el lenguaje diplomático: "La violencia masiva y los brutales ataques de colonos israelíes armados no pueden ser descartados como acciones de unos pocos funcionarios descarriados. Están siendo auxiliados y avalados por el Estado en todos sus niveles. Cada rama del Estado israelí -el Ejecutivo, el Parlamento y los Tribunales- ha fallado en restringir o remediar este abuso de poder."

¿Qué significa eso en términos prácticos? Significa que cuando un colono israelí dispara contra un agricultor palestino en Cisjordania, el Estado de Israel tiene responsabilidad jurídica directa. Cuando ese colono no es procesado, la responsabilidad se profundiza. Cuando un ministro del gobierno celebra esa impunidad, la responsabilidad alcanza el nivel de complicidad activa. Y cuando el aparato legislativo construye el marco normativo que hace posible todo lo anterior -la ley que autorizó cortar el agua a UNRWA, la que amplió la pena de muerte para prisioneros palestinos, la que expulsa a las ONG humanitarias- estamos ante la definición operativa de terrorismo de Estado.

El mundo observa. La humanidad toma nota.

Hay un momento en la historia de todos los grandes crímenes del siglo XX en que el registro documental existía, los testigos habían hablado, los juristas habían tipificado los hechos, y sin embargo el mundo no actuó. Ese momento -el momento en que la impunidad se convirtió en norma- es el que las generaciones siguientes no han podido perdonarse. Estamos, ahora mismo, en ese momento.


Seiscientos académicos israelíes, un Premio Nobel entre ellos, lo saben. Y por eso firmaron. Porque conocen el peso de esa firma. Porque saben que el silencio tiene un costo que la historia siempre cobra.

La pregunta que nos devuelven a todos -a los gobiernos, a las instituciones internacionales, a la prensa, a los ciudadanos del mundo que observamos- es simple y demoledora: si ni siquiera los intelectuales del propio Estado agresor pueden seguir callando, ¿qué estamos esperando los demás?

Claudia Aranda
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