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domingo, 18 de mayo de 2025
ESPAÑA ESTÁ EN GUERRA
Sí, España está en guerra, pero no contra Rusia, ni contra Estados Unidos, no. El enemigo es infinitamente más peligroso, más letal y más cercano: España está en guerra contra la propia Mafia que la desgobierna. Simple y llanamente.
Sí, esto es una guerra. Literalmente. Aunque no verás aviones soltando bombas si te asomas a la ventana, ni regimientos de infantería disparando cañonazos, ni soldados de asalto patrullando las calles, ni carros de combate rugiendo por las noches. No hay explosiones, ni gritos desesperados, ni sangre en las aceras. Pero estamos en guerra. Una guerra tan silenciosa como cruel y devastadora. Una guerra como nunca antes habíamos visto en España.
No, esto no es un experimento social. Esto no va de ensayos, ni, menos aún, de incompetencia política. Ellos no son incompetentes. Son criminales. Esto es un plan muy bien pensado. Y sus ejecutores, una oligarquía de psicópatas degenerados carentes de toda empatía y compasión, van muy en serio, y van a por todas. A los hechos me remito.
Esta guerra contra el pueblo español ha experimentado varias fases a lo largo del tiempo. Pero si hablamos de su comienzo, fue el 7 de junio de 1968, con el primer atentado de la banda terrorista ETA, detrás de la cual estaba la inteligencia supranacional estadounidense, que pretendía desestabilizar a nuestra nación, sembrar el terror y minar la moral del gobierno del general Franco (España, por aquel entonces, estaba a punto de convertirse en la octava potencia mundial).
La segunda fase tuvo lugar con el asesinato del almirante Luis Carrero Blanco (el 20 de diciembre de 1973), quien tenía el encargo del general Franco de convertir a España en una superpotencia nuclear (por encima de todo, se pretendía que nuestro país tuviera soberanía y autonomía energéticas, aprovechando las grandes cantidades de uranio que hay en el subsuelo de la provincia de Salamanca). Otro atentado detrás del cual estaba la CIA estadounidense, aunque de cara a la galería se dijera que fue ETA (la banda terrorista no tenía ni los conocimientos técnicos, ni la infraestructura ni el acceso a ese tipo de explosivos como para cometer un atentado tan sofisticado y tan bien perpetrado).
La tercera fase, y más importante de todas, se inició, justamente, con la muerte del jefe del estado, el general Francisco Franco, el 20 de noviembre de 1975, cuando la masonería (que ya estaba infiltrada en su último equipo de gobierno) asumió el poder y redactó la Constitución de 1978 (todos y cada uno de los firmantes eran masones). Por cierto, Franco odiaba a los masones (porque sabía perfectamente qué clase de calaña eran, tal como se demuestra en algunos de sus discursos que pueden verse en el NODO), y, a su vez, la masonería odiaba a muerte a Franco. A todo esto, Franco conocía los planes de la masonería de implementar un Nuevo Orden Mundial y era totalmente contrario a dichos planes. De hecho, los planes que Franco tenía para España estaban en las antípodas del Nuevo Orden Mundial.
La cuarta fase, y el inicio de la destrucción masiva de España, se produjo el 28 de octubre de 1982, con la llegada de Felipe González (masón, por supuesto, y agente encubierto que trabajaba para la CIA) al Gobierno de España. En ese punto, se inició el desmantelamiento del tejido industrial productivo de nuestra nación, se desarrollaron los trámites para su ingreso en la Comunidad Económica Europea (lo que supuso firmar nuestra sentencia de muerte) y se llenaron las calles de heroína, lo que disparó los índices de criminalidad hasta cotas nunca antes vistas. Pero todo estaba planificado y fue ejecutado convenientemente conforme a dichos planes.
España experimentó un período de considerable paz y cierta prosperidad entre 1990 y el año 2000, hasta que llegó el euro, el cual empobreció a los españoles en más de un 60% en un período relativamente corto de tiempo. Porque ese era el plan, precisamente: arruinarnos.
Paralelamente, tuvieron lugar los atentados de falsa bandera del 11-S, posteriormente los de Londres, luego los de París, los de la maratón de Boston, los del 11-M, los de las Ramblas de Barcelona … Todos y cada uno de ellos de falsa bandera, y orquestados convenientemente para inocular el terror en la mente de la población e ir avanzando progresivamente en un mayor control social y en un imparable recorte de derechos y de libertades.
Y el tiro de gracia llegó en marzo de 2020, como todos recordaréis. Pues bajo la bandera multicolor de la igualdad, la ecosostenibilidad y el progreso, la llamada “Agenda 2030”, se está perpetrando el mayor genocidio y el mayor acto de destrucción contra la población de todos los tiempos.
Sin embargo, después de cinco años de esta gran matanza, y de este delirio destructivo y suicida, y ante la mayor invasión hostil de toda nuestra historia, todavía una gran parte de la población española sigue dormida ante estos crímenes obscenos. Aunque lo peor es la indolencia y la pasividad de quienes sí son conscientes de la barbarie. Sí, eso es, a mi juicio, lo peor de todo.
En fin, poco queda de España en estos momentos …
sábado, 17 de mayo de 2025
PRIMERA INTERVENCIÓN CRÍTICA DE TRES MÉDICOS SOBRE LA GESTIÓN DEL COVID EN EL PARLAMENTO VASCO
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Una comparecencia histórica silenciada: tres médicos ante el Parlamento Vasco
En el mes de mayo, algo inaudito ha ocurrido en la política sanitaria vasca. Por primera vez desde el inicio de la era covid, tres médicos independientes, críticos con la gestión institucional del covid-19, han comparecido oficialmente ante la Comisión de Salud del Parlamento Vasco. La solicitud fue tramitada por la plataforma ciudadana Bizitza, que desde 2021 ha abogado por la defensa de los derechos sanitarios, la transparencia de datos públicos y la recuperación de la medicina crítica. El objetivo es claro: abrir, aunque fuese por una hora, una rendija para el debate científico que había sido clausurado durante 5 años.
Los doctores Juanjo Martínez Rodríguez (doctor en medicina cirujano general y del aparato digestivo, especialista en terapia con ozono) miembro activo de Médicos por la Verdad e Iparra, Ángel Bidaurrazaga Vandierdonck (doctor en medicina y catedrático jubilado de medicina y cirugía miembro activo de Iparra) y Silvano Batzan (doctor en medicina y médico de familia), miembro de Médicos por la Verdad e Iparra, subieron a la tribuna para exponer con serenidad, rigor y sentido ético lo que tantos profesionales no puderon decir en su día sin ser señalados o censurados.
Durante algo menos de una hora, estos tres doctores intentaron -no sin dificultad- exponer con claridad y evidencia científica los errores estructurales cometidos durante la gestión de la pandemia, y advertir sobre el mantenimiento de políticas sanitarias sin base sólida, como la continuidad de las campañas de vacunación génica y la ocultación deliberada de efectos adversos.
La intervención fue intensa, medida, respetuosa. Pero el tiempo fue escaso: el ponente que cuya ponencia abracó más tiempo fue la del Dr. Juanjo Martínez que dispuso de unos diez minutos, y el turno de respuesta apenas llegó a otros diez minutos más para los tres juntos. Pese a ello, dejaron plasmadas denuncias de fondo que ni los medios recogieron ni los partidos quisieron debatir seriamente:
- El uso político de la medicina y la destrucción del consentimiento informado.
- La vacunación infantil con productos génicos sin necesidad clínica.
- La manipulación estadística de fallecidos por COVID y el uso fraudulento de la PCR.
- La censura institucional de médicos que optaron por el criterio clínico.
- La negativa de las instituciones vascas a entregar datos epidemiológicos diferenciados entre vacunados y no vacunados.
El Dr. Juanjo Martínez fue directo al corazón del asunto:
“Mis hijas están vacunadas con el calendario infantil, pero tras lo vivido no permitiré que a mi nieto se le administre una sustancia génica experimental. No porque lo diga yo, sino porque no hay garantías reales, ni estudios a largo plazo, ni necesidad médica.”
El Dr. Bidaurrazaga, por su parte, lamentó no poder explicar a fondo su postura:
“Yo nunca me he vacunado de nada. Y estas no son vacunas. Son terapias génicas experimentales. No lo digo como opinión: lo digo como médico.”
La ponencia fue criticada por representantes del PSE-EE y EAJ-PNV. El representante del Partido Socialista Vasco llegó incluso a lamentar públicamente que personas como ellos hubiesen sido invitadas a hablar,
“No permitiré que negacionistas vengan al Parlamento a lanzar mensajes peligrosos”, sentenció con indignación el portavoz socialista.
El muro de la política
Lo más revelador de la jornada no fue solo lo que se dijo, sino cómo fue recibido. Los tres doctores fueron etiquetados de “negacionistas”, “colaboradores de Vox (no son miembros ni afiliados)” y “peligrosos” por medios como eldiario.es Los representantes del Parlamento Vasco ofrecieron una radiografía política precisa de la época:
· PSE-EE (Partido Socialista de Euskadi): calificó la comparecencia de “error”, tachó a los médicos de “negacionistas” y denunció que se les hubiera dado voz. Alegaron que sus palabras eran “peligrosas”, calificando la sesión de error grave, y tachando sus palabras -en un alarde de originalidad, nota del "blogger"- de "conspiranoicas".
EAJ-PNV: repitió la narrativa OMS, acusó a la plataforma Bizitza de haber “amenazado” durante la pandemia, y justificó la vacunación masiva en base a informes que -según ellos- “salvaron 14 millones de vidas”.
PP: utilizó el espacio para criticar la gestión del Gobierno Vasco, especialmente en residencias, pero no abordó las cuestiones científicas de fondo.
VOX: expresó comprensión ante la denuncia de censura, aunque planteó dudas sobre la postura crítica hacia las vacunas en general.
EH Bildu: agradeció la presentación sin formular preguntas ni posicionamientos claros.
“En la Comisión de Sanidad casi no hay médicos. La mayoría son abogados. No nos respondieron con ciencia, sino con ideología”, anotó después el Dr. Bidaurrazaga en su crónica de la sesión.
Un Parlamento sin médicos … y sin voluntad de escuchar
Las intervenciones de los tres doctores fueron interrumpidas y reducidas por la estricta limitación de tiempos impuesta por la presidencia de la Comisión. Según señala el Dr. Bidaurrazaga en su crónica posterior, la mayoría de los miembros de la Comisión de Sanidad eran abogados, no sanitarios, lo que generó un diálogo profundamente desequilibrado.
A pesar de ello, los tres médicos plantearon con claridad:
- La necesidad de paralizar las campañas de vacunación genética anti-covid.
- La falta de transparencia de datos epidemiológicos para comparar vacunados y no vacunados.
- La censura científica e institucional ejercida durante la pandemia.
- Y el uso perverso del concepto de “consenso científico” como coartada para imponer decisiones políticas sin base clínica ni ética.
Las respuestas políticas fueron en su mayoría evasivas o despectivas. El PP desvió el tema hacia el impacto económico en hostelería; VOX empatizó con la denuncia de censura pero dudó de la posición frente a las vacunas en general. Solo EH Bildu escuchó sin intervenir más allá del agradecimiento formal. El PNV, por su parte, repitió consignas de la OMS y acusó a la plataforma Bizitza de lanzar amenazas y ser “mentirosos y antitabales”.
Hoy nos centramos en la ponencia del Dr. Juanjo Martínez.
¿Y quién es Juanjo Martínez?
Martínez no es un recién llegado ni un agitador. Es un médico formado, con experiencia quirúrgica y trayectoria académica, que en los últimos años se ha convertido en un referente del pensamiento médico crítico, lleva décadas ejerciendo con rigor clínico y compromiso humanitario. Ha participado en más de veinte congresos médicos, ha organizado cursos y ha colaborado con ONGs como Ibermed en misiones quirúrgicas en Guatemala y Bolivia, donde todos los años realiza gratuitamente más de 100 cirugías digestivas a pacientes sin recursos.
Durante la era covid, se convirtió en una de las voces más firmes y documentadas contra la narrativa. Denunció la falta de evidencia en el uso de pruebas PCR como herramienta diagnóstica, cuestionó el confinamiento indiscriminado, se opuso a la vacunación masiva sin consentimiento informado y defendió el uso de tratamientos precoces ignorados por las autoridades.
Fue, además, perseguido por su propio Colegio de Médicos, que quiso inhabilitarlo por un año por expresar en público lo que tantos médicos se callaron por miedo. Su defensa, impecable, le llevó hasta el Tribunal Supremo, que finalmente anuló la sanción y reconoció su derecho a disentir como parte de la ética profesional.
La medicina no es obediencia, es conciencia
La comparecencia de estos tres doctores no cambió la política vasca. Sus exigencias han sido ignoradas, y los datos que pedían -sobre efectos adversos, sobre eficacia comparada, sobre evolución de la morbilidad- siguen ocultos bajo llave institucional. Pero su testimonio tiene ecos de una descarga de dignidad médica en un espacio políticamente anestesiado.
Su sola presencia -la de tres médicos hablando de ciencia real ante una Comisión plagada de abogados que repiten dogmas- ha sido un acto de resistencia ética. Y un manifiesto para todos:
la medicina no es una cadena de mando. Es una responsabilidad moral.
Y todavía existen quienes están dispuestos a ejercerla, aunque les cueste todo.
Prolegómenos de la causa: persecución colegial
Todo comenzó con publicaciones, entrevistas y conferencias en las que el Dr. Martínez manifestaba sus dudas sobre las medidas covid, la seguridad y eficacia de las vacunas génicas, el uso excesivo de la PCR, y la falta de consentimiento real en los procesos de vacunación masiva. El Colegio de Médicos le abrió un expediente disciplinario, acusándolo de atentar contra la “dignidad de la profesión” y difundir mensajes “peligrosos”.
El proceso, según él mismo explicó, estuvo plagado de irregularidades: se le negó acceso a pruebas, no se convocaron testigos, y los instructores del caso mostraban un sesgo evidente. Se trataba más de un juicio ideológico que de una evaluación profesional.
Medios, política y represión del debate. La medicina bajo vigilancia ideológica
Uno de los fenómenos más oscuros que dejó al descubierto la crisis del COVID-19 fue la conversión del debate científico en un terreno de guerra política y mediática. Lo que debería haber sido un espacio para el diálogo, el contraste de evidencias y el aprendizaje colectivo, se transformó en una maquinaria de censura, estigmatización y castigo.
Para el Dr. Juanjo Martínez y nosotros sus compañeros, este fue uno de los aspectos más dolorosos del proceso: ver cómo el ejercicio responsable del pensamiento médico crítico era tachado de “peligroso” o “antisocial”.
Medios de comunicación: de informadores a guardianes del relato
Durante la pandemia, los grandes medios abandonaron su función esencial de controlar el poder y amplificar voces diversas, y adoptaron un papel de repetidores obedientes del discurso institucional. El eslogan fue claro: “confía en la ciencia”, pero solo en aquella ciencia que coincidía con el relato aprobado por los gobiernos y las agencias sanitarias globales.
Los médicos que se atrevieron a cuestionar la eficacia de las medidas, la seguridad de las vacunas, o la veracidad de los datos, fueron etiquetados como “negacionistas”, “conspiranoicos” o “antivacunas”, incluso cuando su currículum, experiencia y publicaciones los situaban muy por encima de quienes los criticaban.
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El doctor Juanjo Martínez, en compañía de la abogada Cris- tina Armas, la doctora Natalia Prego, autora del artículo, y el doctor Miguel García Báez |
“Nos han convertido en caricaturas de lo que no somos para evitar responder a lo que planteamos con argumentos”, ha manifestado después el Dr. Bidaurrazaga.
Política y ciencia: una fusión tóxica
La politización de la ciencia ha sido otro de los grandes fracasos éticos de esta era. Bajo el pretexto de “proteger la salud pública”, se instauró un modelo de autoridad sanitaria vertical y coercitiva, en la que disentir se convirtió en delito moral.
El “consenso científico” dejó de ser un proceso dinámico, abierto y autorregulado para convertirse en una verdad oficial dictada desde arriba, por agencias como la OMS, el CDC o los comités de expertos gubernamentales, muchos de ellos fuertemente condicionados por la industria farmacéutica.
El resultado: se impusieron campañas masivas de vacunación con productos experimentales, se censuraron protocolos terapéuticos alternativos, y se negó el acceso a información epidemiológica crítica para poder evaluar el impacto real de las medidas. Todo aquel que se atrevió a dudar fue perseguido o ridiculizado.
Colegios profesionales: de garantes de la ética a comisarios ideológicos
Uno de los aspectos más inquietantes de la represión del debate fue el papel de los Colegios Oficiales de Médicos. En lugar de defender la libertad clínica y el criterio individual, muchos actuaron como instrumentos disciplinarios del relato dominante.
Los casos del Dr. Juanjo Martínez y otros médicos miembros del médicos por la Verdad, como yo misma, expedientados por “difundir mensajes contrarios al consenso” son paradigmáticos. Se abrió la puerta a un tipo de vigilancia corporativa donde no se evalúan los argumentos, sino la conformidad política.
Y lo más preocupante: esta persecución fue aplaudida por algunos medios y parte del estamento político, como si el pensamiento único fuese sinónimo de seguridad sanitaria. Como si silenciar a los disidentes fortaleciera la salud pública, cuando en realidad debilita a la ciencia y corrompe a la medicina.
Silencio, miedo y autocensura
Muchos médicos no hablaron, no porque no pensaran como Médicos pro la Verdad, Juanjo Martínez, Ángel Ruiz o yo misma, sino porque tenían miedo. Miedo a perder su plaza, su reputación, sus pacientes. Miedo a que los acusaran de “anticiencia” en un mundo donde la ciencia fue reducida a obediencia ciega.
El precio del silencio ha sido altísimo: una generación de profesionales sanitarios traumatizados, una sociedad polarizada y un sistema sanitario cada vez más vertical, menos humano y menos democrático.
La verdadera ciencia se construye en el conflicto, no en el aplauso
El mayor legado de médicos como Juanjo Martínez es la manifestación de que la disidencia científica no es una amenaza, sino una necesidad ( tal como ha afirmado el actual director del Insitutto Nacional de Salu (NiH) el Dr. Jay Bhatttacharya. “Sin contradicción no hay contraste, sin contraste no hay evidencia, y sin evidencia no hay ciencia”.
Defensa jurídica, médica y ética
En su trayectoria durante la era covid Juanjo jamás se replegó. Respondió siempre con una defensa basada en cinco pilares:
1. Libertad de expresión médica, amparada por la Constitución.
2. Inexistencia de consenso científico real.
3. Primacía del juicio clínico sobre la obediencia administrativa.
4. Falta de pruebas en las acusaciones del Colegio de Médicos.
5. Derecho a disentir sin ser perseguido.
Finalmente, el Tribunal Supremo determinó que su sanción era improcedente, sentando un precedente para otros profesionales perseguidos por pensar diferente durante la pandemia.
Este artículo es una llamada a rescatar el debate, a despolitizar la medicina y a recordar que la salud pública no se defiende desde el dogma ni la propaganda, sino desde la libertad y la verdad.
Natalia Prego Cancelo
(https://nataliaprego.substack.com/)
FUNCIONARIO DE LOS CDC ADMITIÓ QUE LA VACUNA TRIPLE VÍRICA PRODUCE AUTISMO
En una conversación telefónica grabada en secreto, el Dr. William Thompson, de los CDC (Centro de Control de Enfermedades de los EE.UU.), admitió abiertamente que los CDC habían mentido y encubierto la asociación de la vacuna triple vírica con el autismo.
"Estoy completamente avergonzado de lo que hice. Los superiores querían hacer ciertas cosas y yo las seguí".
"No puedo creer que hicimos lo que hicimos. Pero lo hicimos".
viernes, 16 de mayo de 2025
LA ACEPTACIÓN DE NUEVAS IDEAS CADA VEZ MÁS DISTÓPICAS A TRAVÉS DE LA "VENTANA DE OVERTON"
Estamos asistiendo en riguroso directo a unos cambios radicales en la sociedad, los cuales eran impensables hace tan solo unas décadas. La aceptación de la nueva “cultura woke”, la consagración de la “religión climática”, el consentimiento de la inmigración masiva descontrolada, la tolerancia a una vigilancia constante las 24 horas del día o las incuestionables restricciones climáticas y sanitarias, entre otras cosas, han sido introducidas en nuestra sociedad sin que nos hayamos dado cuenta.
Actualmente, la misión de los políticos ya no es la de gestionar el país -el país lo gestionan las multinacionales-, sino la de imponer nuevas ideas a la sociedad, para conducirla hacia donde el “Estado Profundo” quiere.
Para llevar a cabo la tarea de elaborar nuevas ideas, a mediados del siglo XX se pusieron en marcha los "think tanks" (traducido al español como “laboratorios de ideas”), donde un supuesto grupo de expertos son los encargados de dar forma a todo lo relacionado con este nuevo ideario.
Uno de los “pensadores” más famoso del los últimos tiempos fue Joseph Paul Overton (1960-2003): un politólogo estadounidense que desempeñó el cargo de vicepresidente sénior en el "think tank" Mackinac.
Para explicar cómo ideas políticas que parecen tabú pueden volverse aceptables y viceversa, Overton creó un modelo -actualmente muy famoso- que puede ayudar a entender la vorágine de los cambios que se están produciendo.
A principios de la década de 1990, Overton configuró un eje que va de “mayor libertad” a “menor libertad”, pudiendo un concepto, una idea, … etc., pasar de ser impensable a radical, luego aceptable, razonable y, finalmente, popular y ser aceptado por la opinión pública. Como el eje puede moverse en los dos sentidos, también puede suceder que un concepto aceptado hoy en día pueda pasar de ser popular, a razonable, aceptable, radical y, finalmente, impensable. Esta idea finalmente se conoció como la “ventana de Overton”.
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| La “ventana de Overton”, según Joseph Overton. La palabra política, en el centro, se refiere a las leyes, reglamentos o medidas que se llegan a aplicar, en ese punto. |
La "ventana de Overton" es una teoría que describe el espectro de ideas políticas socialmente aceptables o inaceptables en un momento dado. Explica cómo se puede cambiar la opinión pública; es decir, el posicionamiento de la sociedad sobre un tema, de manera que una idea considerada radical logre con el tiempo pasar a ser aceptable como, por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, o viceversa, o sea, inaceptable, como sería hoy en día la tenencia de esclavos.
Hay ejemplos de todo tipo. Uno de los más ilustrativos fue la restricción de los derechos fundamentales durante la falsa pandemia, ya que años atrás hubiera sido impensable. También años atrás hubiera sido inconcebible que determinados líderes políticos llegasen al poder, y llegaron. Otros ejemplos, como el derecho a voto de la mujer o la prohibición de fumar en los locales públicos -ideas descabelladas en su momento- hoy han sido asumidos por la sociedad.
La “ventana de Overton” lleva siendo movida sutilmente por quienes ejercen el poder sin que la mayoría de nosotros nos demos cuenta. Como hemos podido comprobar, la velocidad se ha acelerado durante los últimos años en sintonía con las nuevas tecnologías. Algunas veces la mueven los políticos y otras, las más, los lobbies, grupos de presión y estamentos superiores con determinados intereses. Lo que es incuestionable, es que difícilmente la mueve la sociedad civil, salvo raramente cuando, por ejemplo, se producen revoluciones populares bien organizadas.
Mover la “ventana de Overton” es más fácil cuando hay una crisis o una situación de “shock” entre la población. Una situación de este tipo puede hacer que algunos líderes carismáticos, algunos científicos y algunos personajes populares influyan en la población de una manera determinante. Pero los más influyentes son, sin lugar a dudas, los medios de comunicación y las redes sociales. Esto lo pudimos comprobar durante la falsa pandemia.
Dicho esto, analicemos mediante la “ventana de Overton” tres controvertidas ideas distópicas, que nuestros políticos tratan de que sean aceptadas por la opinión pública, como son la vigilancia total, las ciudades inteligentes o la inmigración masiva descontrolada.
Vigilancia total.
“Ventana de Overton” aplicada: Impensable: “El gobierno no debería espiarnos, eso es propio de dictaduras.” Radical: “¿Y si solo se espía a los criminales mediante cámaras?” Aceptable: “Se necesitan cámaras en espacios públicos para protegernos del crimen y del terrorismo.” Razonable: “La vigilancia ayuda a mantener la seguridad. Si no haces nada malo, no tienes nada que temer.” Popular: “por nuestra seguridad, es fundamental apoyar la instalación de cámaras en todos los espacios públicos y el monitoreo de redes sociales.” Política: Se aprueban leyes que legalizan la vigilancia total con justificación de seguridad nacional o sanitaria.
Ejemplo real: China con más de 170 millones de cámaras y su sistema de crédito social, o las medidas adoptadas posteriormente a los atentados del 11-S en EEUU y el resto del mundo.
Ciudades inteligentes.
“Ventana de Overton” aplicada: Impensable: “No queremos que todo esté conectado, eso es invasivo”. Radical: “Podríamos tener sensores para cosas puntuales como el tráfico.” Aceptable: “Los semáforos inteligentes mejorarían la movilidad.” Razonable: “Una ciudad inteligente mejora la eficiencia, el medio ambiente y la calidad de vida.” Popular: “Las ciudades inteligentes son el futuro. Quiero vivir en una.” Política: Inversiones públicas y privadas masivas en infraestructura digital y urbanismo algorítmico.
Ejemplo real: en China ya hay más de 500 ciudades inteligentes y en Europa y EEUU empiezan a ser una realidad.
Inmigración masiva descontrolada
“Ventana de Overton” aplicada (según narrativa pro-apertura): Impensable: “No podemos dejar entrar a cualquiera, sería un caos.” Radical: “Pero hay gente sufriendo, deberíamos ayudar al menos a unos pocos.” Aceptable: “Aceptamos refugiados, es una obligación moral.” Razonable: “La inmigración trae diversidad, fuerza laboral y revitaliza la economía.” Popular: “Es positivo recibir a migrantes, los necesitamos.” Política: Se flexibilizan las leyes migratorias, se implementan políticas de puertas abiertas o se autoriza la regularización masiva.
Ejemplo real: Europa y EEUU se han convertido en los principales focos de concentración de inmigración masiva descontrolada.
Evidentemente, el proceso también puede ser inverso y la “ventana de Overton” puede ir hacia lo restrictivo, como vimos durante la falsa pandemia.
Resumiendo. La “ventana de Overton” es la justificación técnica de cómo ideas que antes parecían impensables pueden llegar a ser políticamente correctas y viceversa.
Para terminar tres preguntas:
Primera. ¿De verdad necesitamos cosas como la “ventana de Overton” para justificar lo injustificable?
Segunda. ¿Puede cualquier cosa pasar de ser considerada radical a aceptable y viceversa siguiendo la teoría de la “ventana de Overton”?
Y la pregunta que no me resigno a hacer: ¿Dónde está el límite a tanta estupidez?
Sin lugar a dudas, ya no cabe un tonto más en este mundo.
(https://pepeluengo2.blogspot.com/)
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