Cada día se le va más el plumero a los muñidores de todo este circo pre-plandémico. La muestra más obvia es el recurso al mastuerzo que, desde el lazareto flotante, nos ha ido lanzando mensajes intranquilizadores de acuerdo con las necesidades de una mafia farmacéutica que necesita crear una psicosis colectiva, un clásico "crisis actor" que con voz lastimera nos comunicaba su angustia e incertidumbre por el encierro en el Hondius.
Pobre hombre, primero le toca padecer el Coronabicho y ahora esto. Los hay que tienen mala suerte, pero también los que se quedan encasillados en el mismo papel y lo repiten una y otra vez ante la desmemoria de las masas.
De promover las "vacunas" Covid a intentar dar pena con su desgracia marinera. Solo que no ha sido un tuerto quien le ha mirado, sino la agencia de "casting" del Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén (JCFA), un destacado centro de estudios especializado en diplomacia y política de seguridad en Oriente Medio donde jóvenes talentosos (ejem) encuentran salidas a su vocación de histriones a cambio de no prestar servicio militar, y en el que se encontraba hace diez años, justo antes de asumir su fachada de "influencer" viajero proclive a las desgracias "imprevistas".
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Pillado a la primera. Si es que el cutre-montaje no llega ni a relleno de "Cine de barrio". Como mucho, "cine poligonero" |
El entorno del "figurante" éste resulta también de lo más sospechoso: Su marido, Alex Cestari, es abogado en Boston y trabaja para un banco de inversión, mientras que su hermana, Rachel Rosmarin, trabaja en Hagerty Consulting, empresa especializada en salud global y recuperación ante desastres. Parece que el negocio sanitario planea sobre el sobreactuado farsante.
¿No va siendo hora de renovar la plantilla de actores de crisis?
(Fuente: https://t.me/guerrerosestoicos/)
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