Después de darnos la matraca con una emergencia climática que ha llevado a los gobiernos a imponer onerosos impuestos y tasas, a medir la "huella de carbono" y a culpabilizarte por la catástrofe medioambiental que provocas si no resuelves el goteo de la ducha, toca ahora cambiar el disco para que no sea tan patente la incoherencia entre el discurso catastrofista sobre la gestión de los recursos y el voraz consumo de los mismos que conlleva el último juguete que las élites globalistas han incorporado a su sistema orwelliano de control absoluto: una Inteligencia Artificial cuyos centros de datos consumen más energía que ciudades enteras. De seguir adelante la actual tendencia, la IA acabará consumiendo anualmente tanta electricidad como toda Irlanda (29,3 Tera vatios-hora por año). No solo se trata del altísimo consumo energético, sino de la liberación de CO2 en el proceso, ese gas necesario para la vida en la tierra pero que por esotéricas razones, solo comprensibles por expertos en alta nigromancia, ha sido declarado malo malísimo.
Se da la rocambolesca circunstancia de que la misma tecnología que genera anualmente 11.390 toneladas de CO2 será la encargada de supervisar la eficiencia energética que se exige al contribuyente de a pie, ese desdichado pagador sobre cuyas espaldas recaen las histéricas políticas climáticas, o abiertamente climatéricas, que los gobiernos deciden.
Los propagandistas habituales del apocalipsis climático, como Tony Blair, andan ya difundiendo que la cosa no era para tanto, que el Net Zero si lo he previsto, no me acuerdo, y que habrá que replantearse lo del "cambio climático", que igual se han pasado varios pueblos, villas y "cottages".
Al fin y al cabo, el relato de terror ya ha cumplido con sus fines y la nueva temporada de cumbres globales tendrá que imaginar otra amenaza planetaria, que para eso tienen su repertorio habitual de trucos, digno de un número de monos del circo, y el Zero absoluto alcanzado, que no es el del Protocolo de Kyoto, sino el cero vergüenza en unos cambios de postura que ni el más avezado contorsionista, oiga.
(posesodegerasa)
La guinda del pastel: lo ecológico ya no es salvar la fauna marina, como en los 70, sino "salvar los centros de datos", amenazados por ... el ecologismo. Y si para conseguirlo hay que dejar de llamar "teoría de la conspiración" a la geoingeniería y admitir la modificación del clima por los "chemtrails" pues se admite con total desparpajo, que la memoria de la gente no da para desmentir que "nunca hemos estado en guerra con Eurasia".
Lo dicho, no tienen vergüenza.
| Donde dije "digo" digo "Diego", y donde dije "conspiración" digo "constipación", "constricción", "constitución" o espárragos en vinagre, que para el caso da igual |
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Pues claro que si, es lo de siempre, el zorro guardando el gallinero
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