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sábado, 13 de junio de 2026
¿POR QUÉ QUEDAN INFRAESTRUCTURAS EN PIE EN ISRAEL? ALGO NO CUADRA
Cien días de oleadas de misiles hipersónicos contra Israel. Más de cien ataques declarados. Y el país, del tamaño ridículo de Israel, sigue en pie. Tel Aviv casi intacta. Aeropuertos operativos. Bases aéreas lanzando bombardeos sobre Líbano y Gaza. Suministro eléctrico funcionando. Si aceptamos los datos que circulan como ciertos –y nosotros los damos por buenos–, nos enfrentamos a una anomalía estratégica que ninguna defensa antimisiles puede explicar. Los sistemas de interceptación se saturan, se agotan, fallan. Cien días de saturación continua deberían haber dejado un reguero de infraestructuras críticas destruidas. No ha ocurrido.
La conclusión es ineludible: o los misiles no impactan donde se dice, o no están destinados a destruir Israel. Nos inclinamos por lo segundo. Nuestra hipótesis, basada en la persistencia de los hechos, es que esos proyectiles se dirigen contra infraestructuras energéticas en el Gran Oriente Medio. Se ataca a países que deberían ser neutrales o aliados de Irán, socavando sus redes eléctricas, sus oleoductos, sus refinerías. El efecto colateral es el colapso económico y logístico del mundo occidental, que depende de esa energía. Israel, lejos de ser víctima, sería el socio entusiasta de esa destrucción. Lleva décadas queriendo derribar a Estados Unidos y a Europa, y ahora tiene el pretexto perfecto.
No es una teoría conspirativa. Es una lectura fría de lo observable: después de cien días de castigo teóricamente devastador, el agredido sigue siendo el agresor más activo de la región. Los pueblos libaneses son volados con cableado previo, lo que demuestra ausencia total de resistencia. ¿Qué pasó con sus habitantes? No se nos informa. Se nos habla de evacuaciones, pero no se nos facilitan las imágenes, fiando lo que se nos cuenta a la credulidad del público. El silencio informativo es parte del mecanismo.
Por tanto, desde El Sextante afirmamos lo siguiente: la guerra no es lo que parece. Los misiles iraníes no buscan tumbar a Israel. Buscan reconfigurar el tablero energético mundial, con la complicidad tácita de un Estado israelí que necesita mantener el conflicto eterno para justificar su propia existencia belicista. La pregunta que nadie hace ya tiene respuesta: Israel sigue en pie porque nunca ha estado en el punto de mira. El verdadero blanco está al este, en los pozos de petróleo y los gasoductos. Y mientras el público mira los fogonazos en Tel Aviv, las grandes potencias occidentales sangran lentamente por el flanco energético. Eso es lo que está ocurriendo. No nos gusta, pero es lo que vemos.
Desde El Sextante mantenemos la mirada fría. Si nuestra hipótesis es correcta –misiles iraníes contra infraestructura energética del Gran Oriente Medio, no contra Israel–, entonces lo que hemos visto en estos cien días no es el clímax, sino el calentamiento. Lo que nos espera es una progresión lógica que podemos anticipar en tres fases.
Primera fase, ya en curso: el colapso silencioso de la capacidad energética occidental. Europa y Estados Unidos dependen de los flujos de petróleo y gas del Golfo, del mar Rojo, del Mediterráneo oriental. Cada refinería dañada, cada oleoducto cortado, cada planta de licuefacción fuera de servicio eleva los precios y erosiona la industria. No veremos ciudades ardiendo. Veremos facturas imposibles, fábricas cerrando, protestas sociales. Occidente no caerá por un misil nuclear, sino por una factura de la luz que nadie puede pagar. Eso ya está empezando.
Segunda fase: Israel abandonará la máscara. Hasta ahora, el relato oficial lo presenta como víctima que se defiende. Pero si la presión energética sobre Occidente se intensifica, Israel dejará de necesitar coartadas. Comenzará a bombardear abiertamente objetivos energéticos en países árabes que aún dudan, acusándolos de almacenar armas para Irán. Los aliados occidentales, ya debilitados, no podrán intervenir. Veremos ataques israelíes contra Yemen, Omán, incluso contra instalaciones en el Cáucaso. Cada ataque será presentado como una respuesta preventiva. En realidad será una ejecución planificada.
Tercera fase: el gran realineamiento. Cuando Occidente esté lo suficientemente desgastado –sin capacidad de proyectar poder naval ni aéreo–, Israel e Irán sellarán un pacto público bajo otro nombre. Los misiles dejarán de volar de repente. Se anunciará un alto el fuego. Y los dos países, que nunca fueron enemigos reales, se repartirán las zonas de influencia: Irán dominará el Golfo y el sur de Asia; Israel dominará el Mediterráneo y África. Estados Unidos, reducido a una potencia regional, aceptará cualquier acuerdo que le garantice migajas de energía. Europa se fragmentará.
¿Qué nos espera, pues? Una guerra que no termina hasta que Occidente deje de ser el centro del mundo. No habrá un día D, ni una rendición firmada. Habrá un invierno perpetuo, una decadencia administrada. Nosotros, desde El Sextante, solo podemos advertirlo. No para alarmar, sino para que nadie diga después que no lo vimos llegar.
La conclusión final de El Sextante, con esta nueva visión, es la siguiente: la guerra de los cien días no es una guerra entre Irán e Israel. Es una guerra de Israel contra Europa, librada con misiles iraníes como coartada. Irán puede ser un socio inconsciente o un títere útil. Da igual. El resultado previsto es una Europa descoyuntada, sin energía, sin industria, sin capacidad de reacción. Y Estados Unidos, agarrado a Israel como un ahogado a su lastre, hundiéndose con él. La probabilidad de que este escenario sea mayoritariamente cierto la fijamos en el 55%. Suficiente para actuar en consecuencia, aunque no para cantar victoria.
Aún existe la posibilidad de que Israel sea simplemente un actor racional que busca su seguridad inmediata, sin un plan milenario de destrucción de occidente como civilización competitiva. Pero hechos como la saña con la que Israel ha actuado en Líbano y Gaza, el desprecio explícito por el derecho internacional europeo, y la alegría con la que ha recibido el debilitamiento alemán y francés tras la crisis energética de 2022 no parecen accidentales.
En cuanto a Estados Unidos, nuestra probabilidad de que termine destruido y reducido a fuerza regional –no por ataque directo de Israel, sino por inacción forzada y desgaste– es del 70%. Israel no necesita destruir a EE.UU. con misiles. Le basta con arrastrarlo a guerras interminables que devoren su tesoro, su industria y su cohesión social. EE.UU. no puede retirarse porque su clase política está cautiva del lobby israelí. Así, caminan juntos hacia el precipicio, pero solo uno de ellos sabe que el precipicio estaba en el mapa desde el principio.
EL SEXTANTE
(Fuente: https://acratasnet.wordpress.com/)
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Comentario más que atinado de un lector en la página original:
ResponderEliminar"No represento a nadie. Solo doy mi impresión.
El artículo me ha parecido provocador, pero hay una premisa que me parece acertada, aunque ellos la usan para otra conclusión: Irán no quiere hacerle un daño irreparable a Israel. ¿Por qué? Voy a dar mis razones, desde fuera de cualquier militancia.
Primera razón: Irán sabe que si destruye Israel, desata una respuesta existencial de Estados Unidos. No me refiero a bombardeos quirúrgicos, sino a una guerra total que terminaría con la República Islámica. Irán quiere sobrevivir como régimen. Por tanto, su objetivo máximo no puede ser la aniquilación de Israel, sino la disuasión y el desgaste.
Segunda razón: Irán utiliza a Israel como enemigo legitimador. Sin la amenaza israelí, el régimen de los ayatolás perdería su principal argumento para reprimir disidencia interna, movilizar a las masas y justificar su enorme gasto militar. Un Israel destruido dejaría a Irán sin coartada. Necesitan que Israel exista, pero debilitado, humillado, no desaparecido.
Tercera razón: Hay intereses geoestratégicos compartidos que la propaganda oculta. Irán e Israel han cooperado en el pasado contra enemigos comunes (Saddam Hussein, el fundamentalismo suní). Hoy compiten, pero no hasta la muerte. Ambos temen más a la inestabilidad general que a la derrota del otro. Un Oriente Medio sin Israel sería un caos de poder vacío que Irán no podría gestionar solo.
Cuarta razón: Irán está más preocupado por su economía, sus protestas internas y su influencia en Irak, Siria y Líbano que por borrar a Israel del mapa. Los misiles son un instrumento de negociación, no de aniquilación. Atacan justo lo suficiente para mostrar capacidad, pero sin cruzar la línea roja que provocaría una respuesta que no podrían soportar.
Quinta razón: El factor chií-suní. Irán no puede permitirse un desgaste total con Israel mientras Arabia Saudí y Emiratos normalizan relaciones con él. Destruir Israel fortalecería a sus rivales suníes, que se presentarían como los verdaderos defensores de Palestina. Irán no quiere dar ese regalo.
Así que, leyendo el artículo de El Sextante, creo que se equivocan al pensar que Irán persigue activamente el colapso de Israel. Lo que persigue es un Israel herido, no un Israel cadáver. Por eso los cien días de misiles no han acabado con Tel Aviv: porque nunca fue la intención. Lo confirman los hechos. Otra cosa es que Israel, aprovechando esa contención iraní, esté ejecutando su propio plan –ahí sí puedo darle la razón al artículo en parte. Pero la motivación iraní es defensiva, no suicida. Y eso es lo que ningún titular dice".
SANTIAGO HERRERA
El juego del escenario corresponde al guion.
ResponderEliminarSupongo que estamos en el nudo de la Agenda
Lo que sí parece es que la economía más perjudicada es la europea y la crisis económica puede afectar a occidente en su conjunto pero USA es ahora exportador de hidrocarburos y no depende del Golfo. Lo de Irán puede deberse a que Israel tiene 90 o más cabezas nucleares y podría usarlas en caso de su propia supervivencia. Otra pregunta que hay que hacerse es quien ayudó a instaurar el régimen de los ayatolás, durante la guerra fría y qué relaciones de dependencia creó con los autores de dicha ayuda
ResponderEliminarEfectivamente, Europa está jugando en todo este circo el papel de payaso tonto que recibe las bofetadas de un lado y de otro, que es lo que se les ha ordenado a sus dirigentes que asuman ya que, personalmente, siempre saldrán de la crisis bien situados mientras los ciudadanos ven hundirse sus vidas.
EliminarLa única salida a este túnel sería la exigencia a la UE de pactar con Rusia, poner fin a la guerra de Ucrania y buscar el entendimiento con los BRICS que, para bien o para mal, son el único proyecto económico que puede traer prosperidad a sus integrantes.
Lo de Irán es una obvia partida de ajedrez en que el país persa actúa como peón de China mientras que enfrente no está claro si Israel es el peón de EE.UU. o viceversa. Lo que está claro es que ni Rusia ni China permitirían un bombardeo atómico a Irán sin hacer nada al respecto.
Respecto a la última cuestión que planteas, estoy justamente ahora traduciendo un artículo de Kit Knightly que la aborda directamente, y que en principio publicaré el próximo miércoles, si no surge ningún tema de actualidad inesperado del que quepa un análisis original (hay un número elevadísimo de noticias de actualidad ahora mismo que ni estoy tratando porque saturarían mi tiempo, en particular el cerco judicial al partido en el gobierno, pero entiendo que no me cabe añadir nada sustancial que no aparezca en muchas otras fuentes accesibles al público inquieto).
Soy Minguel
ResponderEliminarNo hay que ser un genio para saber esto desde el principio
Irán le está haciendo el trabajo sucio a Israel y tiene muy claro hasta donde tiene que llegar