jueves, 11 de junio de 2026

UNA LECTURA JUNGIANA DEL ODIO PROYECTADO HACIA LOS NO INOCULADOS



Y no escribo "no vacunados" porque el enjuague que se inyectó a millones de crédulos no entra en la definición de "vacuna", sino en la de "terapia génica experimental", categoría a la que habría que añadir "sin garantías", visto como se han lavado las manos gobiernos, farmacéuticas y otros peones del gran engaño alegando que aquello era voluntario, que quien se la puso fue porque quiso y, finalmente, evidenciando que la obligación de las autoridades de velar porque productos dañinos para la salud no lleguen al consumidor se aplica de forma intermitente, ... si se aplica. En la interpretación más leve, una dejación de funciones criminal.

Pero no es de eso de lo que va esta entrada, sino de intentar analizar por qué fue tan fácil que una opinión pública que pocas veces se ha mostrado tan analfabeta aceptase tan fácilmente que la culpa de que un tratamiento no funcionase ... era de los que no recurrieron a él.


El odio dirigido a los no inoculados nunca tuvo que ver realmente con ellos.

Jung lo habría sabido al instante, pues dedicó su carrera a estudiar qué sucede cuando los seres humanos no pueden afrontar sus propios miedos. La respuesta siempre es la misma: buscan a alguien en quien depositarlos.

Jung lo llamó proyección: la transferencia inconsciente de un contenido psicológico interno -un miedo, una debilidad, una duda no reconocida- a una figura externa que lo carga en nombre del grupo.

Es uno de los mecanismos más antiguos y fiables de la psicología humana.

Y en 2021, se manifestó a escala civilizatoria.

Pensemos en lo que la pandemia produjo en la mayoría que acató las medidas: un miedo genuino a la muerte, una profunda incertidumbre sobre si las intervenciones que habían aceptado eran realmente seguras, un duelo reprimido por el tiempo perdido, la pérdida de conexión, la pérdida de autonomía, una ansiedad no examinada sobre si habían reflexionado lo suficiente antes de acatar las medidas.

Nada de eso podía afrontarse directamente. Afrontarlo implicaría enfrentarse a la posibilidad de que la certeza fuera falsa, de que el cumplimiento tuviera consecuencias, de que la autoridad fuera imperfecta.

Así que se proyectó.

Los no inoculados se convirtieron en un contenedor de todo aquello que los "vacunados" no podían contener.

Eran egoístas, portadores de la proyección del resentimiento que sentían pero no podían expresar hacia las instituciones que habían restringido sus vidas.

Eran peligrosos, portadores de la proyección del miedo que los "vacunados" aún sentían a pesar de su cumplimiento.

Eran irracionales, portadores de la proyección de la duda que había sido reprimida en lugar de examinada.

La intensidad de la hostilidad no era proporcional al riesgo epidemiológico real que representaban los no vacunados.

Era proporcional a la magnitud de la sombra que proyectaban.

El diagnóstico de Jung sobre esta dinámica fue preciso: cuanto más violentamente insiste una persona o grupo en la maldad del otro, más seguro es que se encuentran con sus propios contenidos rechazados en el espejo.

La solución no es más discusión. No se puede razonar con una proyección. Solo se puede retirar.

Lo que significa que lo más radical que cualquiera de nosotros puede hacer, ahora y en lo que venga después, es mirar honestamente lo que estamos proyectando y por qué.

El enemigo del que más seguros estamos suele ser el más cercano.

Kenny Carmody
(Fuente: https://www.thesap.org.uk/)

3 comentarios:

  1. Buscador
    En estos días que tenemos al Papa por la zona viene bien la frase, "válgame Dios", que fácil es el ser humano de dominar y convencer de cualquier ocurrencia que se le ocurra o invente otro humano... y tenemos infinidad de invenciones y mentiras en la cual unos y otros en algún momento hemos dado como "autentico", incluso antes del año cero, si hubo alguna vez un año cero... Y lo que nos queda ¿por ver? o creer.

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  2. Lo de Jung es cierto pero ni siquiera hace falta recurrir a él. Los que nos dominan ya saben por experiencia, como tratarnos y engañarnos. Es sin ir más lejos, lo de los herejes, cuya existencia en una comunidad, sólo podía traer calamidades para todos y por lo tanto, había que rechazarlos, delatarlos y castigarlos…por miedo. El problema es que para vivir en un sistema y sobrevivir en él hay que tragar con las condiciones que impone el poder que lo controla y para ello hay que renunciar al propio criterio y autonomía y así, poder confiar en su supuesta protección. Por eso cuando surge un “peligro “, sólo se puede culpar a desgraciados que están en tu mismo nivel, aunque tengan razón, porque la culpa no puede ser tuya ni de los de arriba. Los de arriba, quedan doblemente contentos ya que te llevan donde quieren y además , los que podrían poner en peligro su relato y en última instancia su estatus, quedan neutralizados.

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  3. Madre mía...mira que arrancarme una risa es casi mision imposible...
    Lo del chiste de Colombo,no se que como se llaman estos clips...
    Genial.
    Respecto al Papa a mi me tiene flipado...tanta energía,ni un Atleta!
    Lo digo en serio.
    Es que no ha parado ni para merendar.
    Ahí está la clave.
    Tiene fuerza mental y vitalidad como todos los seres humanos cuando creen en algo.
    Un ser humano como otros tantos en este planeta.
    No hay mas...
    Que vitalidad con 70 tacos!
    Lo otro,no opino.
    Respeto pero yo estoy en otras preguntas.
    Ciao.

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