lunes, 12 de octubre de 2026

EL SABOTAJE ENERGÉTICO GLOBAL, INTERRUPTOR DE APAGADO DE NUESTRO PRESENTE



COVID fue solo el comienzo.

Mirando atrás, ahora sabemos que el COVID-19 nunca fue el acontecimiento principal. Fue un calentamiento. Fue el mayor experimento de obediencia en la historia de la humanidad, un ensayo general para la reducción de la población en el que se puso a prueba hasta dónde se podía llevar a las masas antes de que colapsaran. Y gracias a este experimento, los globalistas averiguaron exactamente lo que necesitaban saber. Ahora están accionando el verdadero «interruptor de aniquilación», y no se trata de un virus. Se trata de la energía.

Las mismas redes que paralizaron el mundo en 2020 están orquestando ahora un colapso energético global. Desde refinerías saboteadas hasta la escasez deliberada de diésel, pasando por el cierre de fábricas de fertilizantes e incendios en centros de distribución de alimentos: las piezas del rompecabezas encajan con una precisión aterradora. Como he advertido en repetidas ocasiones, no se trata de una interrupción pasajera de la cadena de suministro ni de una corrección del mercado. Es un colapso coordinado de la civilización.

Debemos comprender la relación entre los ataques a las refinerías, la escasez de diésel y el inminente colapso del suministro de alimentos. No se trata de crisis aisladas entre sí. Son facetas de una única agenda globalista: matar de hambre a miles de millones de personas, concentrar el poder y allanar el camino hacia un mundo impulsado por máquinas y gobernado por una élite minúscula. El COVID les demostró que estaríamos dispuestos a consentir nuestra propia destrucción. El sabotaje energético garantiza que no podamos escapar de ello.

El COVID demostró que pueden lograr que las personas acepten su propia ruina.

El experimento de conformidad de Asch reveló con qué facilidad los individuos renuncian a sus propias percepciones cuando se ven sometidos a la presión del grupo. Los globalistas han utilizado este conocimiento como arma a una escala sin precedentes. Censuraron a quienes decíamos la verdad; no porque estuviéramos equivocados, sino porque teníamos razón y representábamos una amenaza para su narrativa.

Las mascarillas, los confinamientos y la vacunación obligatoria nunca tuvieron que ver con la salud. Eran pruebas de obediencia de intensidad creciente. Cada exigencia absurda -desde llevar mascarilla al conducir solo hasta la administración de una terapia génica experimental- servía para medir cuánto estaba dispuesta a tolerar la opinión pública. Entre el 60 y el 70 por ciento de la población siguió el juego. Confirmaron la tesis de los globalistas: con suficiente miedo y saturación mediática, es posible lograr la obediencia masiva.

Esta docilidad no fue casualidad. Se generó mediante la censura, las operaciones psicológicas y la instrumentalización de los temores relacionados con la salud. La élite del Foro Económico Mundial sabe que la mayoría de las personas se mueven por el miedo y el dolor, no por la lógica. El COVID demostró que pueden imponer prácticamente cualquier agenda si controlan el flujo de información. Ahora, esta lección se está aplicando al sector energético.

Por qué fracasó el «COVID 2.0» y obligó a adoptar una nueva estrategia

Recientemente, los globalistas intentaron repetir el escenario de la pandemia, pero fracasaron. La confianza en los CDC, la FDA, la «Operación Warp Speed» e incluso en Trump se ha desvanecido. La gente vio cómo se acumulaban las mentiras: vacunas que no detenían la transmisión, mascarillas que no servían para nada y confinamientos que destruían vidas mientras enriquecían a los multimillonarios. Según entrevistas recientes, incluso muchos partidarios de Trump se sienten profundamente traicionados por las promesas incumplidas y no están dispuestos a hacer cola para otra ronda de vacunas o imposiciones.

Los medios alternativos y las voces independientes han planteado demasiadas preguntas. El auge de las plataformas de conocimiento descentralizadas significa que la narrativa oficial ya no es la única voz en juego. La gente está despertando. Se preguntan por qué deberían confiar en instituciones que colaboran abiertamente con las grandes empresas tecnológicas para censurar las opiniones disidentes.

Dado que otra operación al estilo de la COVID -basada en el consentimiento- fracasaría, los globalistas necesitaban un método de reducción de la población que no requiriera dicho consentimiento. Por eso han centrado su atención en la energía. Uno puede rechazar una vacuna, pero no puede rechazar el diésel. El diésel mueve los camiones que entregan sus alimentos, los tractores que aran los campos, los trenes que transportan mercancías y la maquinaria que construye todo aquello de lo que usted depende. El sabotaje energético elude por completo el consentimiento; simplemente le obliga a someterse mediante la privación.


El diésel es el interruptor de apagado definitivo, inmune a cualquier opción de rechazo.

El diésel es el elixir vital de la civilización moderna. Uno puede rechazar una vacuna, pero no puede rechazar el diésel, ya que este transporta sus alimentos y su combustible. Casi todas las mercancías en Estados Unidos se transportan por camión, y todos y cada uno de esos camiones funcionan con diésel. Los trenes, tractores, maquinaria de construcción y vehículos militares dependen de él. Si el diésel escasea, toda la cadena de suministro colapsa en cuestión de días: alimentos, fertilizantes, carbón y energía en todo el país.

Los actos de sabotaje contra refinerías y los cierres deliberados provocan precisamente esta escasez. Los ataques con drones ucranianos a refinerías rusas, sumados a las sanciones occidentales, ya han provocado un aumento de los precios del diésel, lo que ha derivado en racionamiento de combustible y compras por pánico tanto en EE.UU. como en Europa. Los cierres de refinerías en California y Australia, los ataques con drones a la infraestructura energética rusa y las interrupciones en instalaciones de Arabia Saudita y Qatar no son casos aislados. Se trata de ataques coordinados contra la arquitectura energética global.

Los globalistas lo saben; por eso, la energía es la palanca perfecta para una reducción selectiva de la población. No necesitan su consentimiento para cerrar una refinería. No necesitan una votación para sabotear un oleoducto. Y no necesitan su colaboración para paralizar fábricas de fertilizantes. La única reacción química que alimenta a la mitad del mundo está a punto de fallar, lo que podría poner en peligro el suministro de alimentos para miles de millones de personas. El diésel es el interruptor de emergencia «inevitable», y ya lo han accionado.

Los ataques a las refinerías están coordinados; no se trata de una estupidez fortuita.

Observe el patrón: cierran refinerías en California; Australia reduce su capacidad; ataques con drones alcanzan a refinerías rusas; la instalación saudí de Abqaiq fue blanco de un ataque preciso; las plantas de GNL de Qatar quedaron paralizadas, obligando a Shell a declarar fuerza mayor. Cierres, ataques y declaraciones de fuerza mayor ocurren simultáneamente en varios continentes. Esto no es fruto de la estupidez o la incompetencia casuales. Es una acción coordinada.

Las prohibiciones del diésel y los más de cien incendios en centros de distribución de alimentos registrados desde 2020 dibujan un panorama aún más sombrío. EE. UU. ha sufrido numerosos ataques contra su sistema alimentario, incluidos incendios forestales que devastaron la industria ganadera de Texas, así como más de 150 incidentes de sabotaje dirigidos contra empresas alimentarias, centros de distribución y plantas de procesamiento de carne. No son accidentes. Son actos de guerra.

La excusa de que se trata simplemente de incompetentes o necios no encaja con la coordinación global que estamos presenciando. Cuando las refinerías de todo el mundo dejan de funcionar una tras otra, cuando se cierran fábricas de fertilizantes, cuando se incendian centros de distribución de alimentos y cuando, al mismo tiempo, se agotan las reservas de diésel, no estamos ante una serie de desafortunadas coincidencias. Nos enfrentamos a una estrategia deliberada. Como ya he mencionado, este sabotaje ha provocado que más de 100 instalaciones hayan sido incendiadas, destruidas o dañadas; el sector energético tampoco se ha librado, registrándose explosiones en plantas de GNL y una grave explosión en una refinería de combustible en Filadelfia que, a consecuencia de ello, fue clausurada definitivamente.

Los artífices de este caos no son tontos. Son malvados. Siguen un guion que se ha probado y perfeccionado durante décadas, y lo ejecutan con precisión militar.

El verdadero motivo: apartar a las personas del camino y abastecer de energía a la IA.

Los globalistas necesitan energía, cobre, agua y tierras para los centros de datos y la superinteligencia. Los centros de datos de IA consumen cantidades ingentes de electricidad y requieren enormes volúmenes de agua para su refrigeración. Algunas de estas instalaciones se construyen en zonas rurales, donde compiten con la población por unos recursos cada vez más escasos. La investigación, el desarrollo, el alojamiento y la capacidad de inferencia en el ámbito de la IA exigen enormes centros de datos que consumen cantidades masivas de energía; de hecho, las empresas de alta tecnología ya están estableciendo alianzas con operadores de centrales nucleares para canalizar la producción energética de plantas enteras hacia estas instalaciones.

Bill Gates y otros han abogado abiertamente por la reducción de la población al tiempo que financiaban vacunas y tecnologías de control de la natalidad. Gates se ha convertido discretamente en el mayor propietario de tierras agrícolas de Estados Unidos. Para un hombre obsesionado con el control monopolístico, la oportunidad de dominar la producción de alimentos resulta irresistible. Además, el Departamento de Energía le concedió la autorización de seguridad secreta de nivel «Q», el grado más alto de la agencia, reservado para el desarrollo de armas nucleares, los laboratorios nacionales de investigación y las infraestructuras energéticas críticas. ¿Por qué necesita un filántropo y magnate del software acceso a secretos nucleares? La respuesta es aterradora.

Una población reducida libera recursos para la IA, la colonización espacial y el poder de la élite, mientras se traslada la culpa a Irán, Rusia o China. Si explota una refinería, pueden culpar a Irán. Si se sabotea un oleoducto, pueden culpar a Rusia. Si colapsa la cadena de suministro de alimentos, pueden culpar a China. La verdad es que estas crisis son orquestadas precisamente por aquellos globalistas que se benefician de ellas. Cada persona fallecida libera energía, agua y tierras para las máquinas y las élites que son sus propietarias.

Manténgase informado, prepárese y opóngase a la mentira.

El primer paso para resistir ante el colapso energético global es desenmascararlo. No acepte el juego oficial de buscar culpables. Si explota una refinería, no crea a los medios cuando culpen a Irán o a Rusia. Si los precios del diésel se disparan, no acepte la narrativa del «conflicto geopolítico». Conecte los puntos. Diga la verdad. Comparta lo que sabe. Como he dicho a menudo: el silencio de las buenas personas es la razón por la que triunfa el mal.

Prepárese abasteciéndose de alimentos, agua, energía, medios de comunicación y recursos para la autodefensa. Almacene provisiones de alimentos a largo plazo. Invierta en un sistema de filtración de agua. Aprenda a cultivar sus propios alimentos, incluso en espacios reducidos. Adquiera soluciones energéticas independientes de la red, como paneles solares y bancos de baterías. Consiga una emisora de radioaficionado u otros medios de comunicación que no dependan de la red eléctrica. Y ármese. Usted tiene un derecho fundamental a la autodefensa y, en un mundo donde el sistema quiere verle muerto, este derecho es más importante que nunca.

Apoye a los medios independientes y a las voces alternativas, pues ellos ganan si usted guarda silencio. Cancele sus suscripciones a los medios convencionales. Apague el televisor. Lea fuentes de noticias independientes, vea vídeos sin censura y utilice motores de búsqueda de IA libres. Únase a plataformas de redes sociales descentralizadas, donde todavía existe libertad de expresión. Cada dólar que gasta, cada clic que realiza y cada conversación que mantiene es un voto a favor del sistema o un voto a favor de la libertad. Los globalistas tienen su «interruptor de apagado» (*kill-switch*). Nosotros tenemos nuestro conocimiento, nuestra preparación, nuestras comunidades y nuestra negativa a dar nuestro consentimiento. Así es como sobrevivimos.


Mike Adams
(Fuente: https://uncutnews.ch/; traducción: Astillas de Realidad)

3 comentarios:

  1. "COVID fue solo el comienzo."

    Si coincidimos en que desde el año 2020 la agenda internacional ha estado muy cargada pero de una manera especial, sin dar tregua y sin visos de dar tregua por los proximos años.

    Podria ser que se nos viene una gorda, bastante gorda.

    El 2020 comenzó un ciclo de 12 años, un animalito por año segun la tradicion China y la tradicion Tibetana.

    El primer año 2020 fue RATA.
    Ahora estamos en CABALLO.
    Proximo 2027 sera CABRA.

    Estan las caracteristicas de cada animalito pero tambien tiene su importancia el elemento que rige por dos años seguidos. Asi, CABALLO (2026) y CABRA( 2027), ambos regidos por FUEGO.

    Despues, TIERRA rige sobre MONO (2028) y GALLO (2029).

    Por ultimo, METAL rige sobre PERRO (2030) y CERDO (2031).

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  2. El artículo en general me parece correcto. Lo que no creo es que los amos necesitasen una prueba de obediencia para saber lo que damos de sí, que es nada, porque llevan engañándonos desde que la humanidad se hizo sedentaria. Si necesitaban crearnos reflejos condicionados de obediencia para la siguiente mandanga de coacción y miedo que se saquen de la manga. Puede ser que quieran eliminar población para controlarnos más fácilmente aún y mantener su tinglado de poder para siempre , pero necesitarán gente para servirles y mantener sus perversiones y aberraciones diversas que alimenten sus egos y para experimentar con nosotros y seguir explotándonos . Un futuro nada halagador que por desgracia, podemos experimentar o ser espectadores porque escapar de él, aunque sea a título individual o con gente muy cercana, va a ser muy difícil. A título colectivo es ciencia ficción.

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  3. La que se esta liando con la compra de diesel por parte de EEUU a Rusia ... como estoy disfrutando!!!.

    Por un lado, parace que por fin se enteran que EEUU no tiene aliados, solo intereses.

    Por otro lado, sacan a relucir la hipocresia de nuestros lideres de la UE.

    El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, tachó de hipócritas a los europeos que critican el acuerdo sobre el diésel entre Trump y Putin:

    "Desde el inicio de la guerra, los europeos han pagado más dinero a Rusia del que han destinado a Ucrania, porque han sido incapaces de desengancharse de la dependencia energética rusa.

    Europa sigue financiando a Vladímir Putin, pero al mismo tiempo nos niega el derecho a un respiro con el diésel. ¡Es una hipocresía!"

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