El 25 de abril de 2026, el medio israelí Ynet publicó un artículo de opinión titulado “Cómo Israel puede ayudar a Marruecos a recuperar su norte”. El texto planteaba que las tensiones entre Donald Trump y España creaban una oportunidad para que Marruecos intensificara sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla, con Israel en posición de respaldar diplomáticamente a Rabat. También presentaba la recuperación de ambas ciudades como una inversión estratégica para Israel y una forma de castigar a un Gobierno español considerado hostil.
Cinco días después, el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes presentó el informe oficial H. Rept. 119-631, elaborado para acompañar el proyecto presupuestario H.R. 8595.
Y aquí está la parte que no puede esconderse.
En el apartado dedicado a Marruecos, el Comité ordenó mantener la asistencia estadounidense y asignar: No menos de 20 millones de dólares mediante los Programas de Inversión en Seguridad Nacional. No menos de 20 millones de dólares mediante el Programa de Financiamiento Militar Extranjero. En total, un mínimo de 40 millones de dólares para fortalecer a Marruecos política, estratégica y militarmente. Los primeros 20 millones pertenecen a una cuenta destinada a programas que promueven los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Los otros 20 millones corresponden al Financiamiento Militar Extranjero, un programa que proporciona subvenciones y préstamos a países aliados para adquirir artículos y servicios de defensa estadounidenses y aumentar la capacidad de sus fuerzas de seguridad.
Y justo después de ordenar esas partidas, sin cambiar siquiera de apartado, el Comité escribió que Ceuta y Melilla son ciudades “administradas por España” situadas en “territorio marroquí”, reconoció la reclamación de Rabat y respaldó que el secretario de Estado promoviera conversaciones entre Marruecos y España sobre el “estatus futuro” de ambas ciudades.
El documento no dice literalmente que los 40 millones deban utilizarse para apoderarse de Ceuta o Melilla. Pero tampoco puede fingirse que el dinero y la reclamación territorial aparecen en documentos separados o dentro de contextos ajenos.
El financiamiento y el respaldo político aparecen unidos en el mismo apartado dedicado a Marruecos.
Primero, Washington garantiza al menos 40 millones de dólares en asistencia estratégica y militar.
Inmediatamente después, adopta el lenguaje territorial de Rabat y coloca sobre una mesa de negociación dos ciudades cuya soberanía española nunca estuvo abierta a discusión.
Eso no es una nota accidental. Es una declaración de política exterior acompañada de dinero.
El 15 de julio de 2026, la Cámara de Representantes aprobó H.R. 8595 por 217 votos contra 209. La votación partidista no deja espacio para esconder responsabilidades: 215 republicanos votaron a favor y Thomas Massie fue el único republicano que votó en contra. Los republicanos Ryan Mackenzie y Scott Perry no votaron. Por tanto, todos los republicanos que emitieron un voto, salvo Massie, respaldaron el proyecto.
No podían alegar desconocimiento.
El informe había sido presentado oficialmente el 30 de abril. Los legisladores tuvieron más de dos meses para leerlo, objetarlo, exigir que se eliminara el lenguaje contra la soberanía española o condicionar su voto.
No lo hicieron.
Aprobaron un paquete que otorgaba un mínimo de 40 millones de dólares a Marruecos y que, simultáneamente, presentaba Ceuta y Melilla como ciudades españolas levantadas sobre supuesto territorio marroquí.
Decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos y desbordaron la ciudad española. La frontera no es un espacio sin vigilancia. Marruecos posee fuerzas policiales, militares y de inteligencia capaces de detectar concentraciones masivas y cerrar los accesos cuando así lo decide. Sin embargo, la presión humana llegó hasta Ceuta y penetró en territorio español, provocando una crisis de seguridad, una emergencia humanitaria y decenas de muertes.
Y cuando ocurrió, Donald Trump no dirigió su ofensiva contra Marruecos.
No exigió explicaciones al rey Mohamed VI.
No condenó la pérdida de control en el lado marroquí de la frontera.
No defendió con firmeza la soberanía de España, país aliado de Estados Unidos dentro de la OTAN.
Utilizó las imágenes para atacar a Pedro Sánchez y convertir la crisis de Ceuta en propaganda para su campaña antimigratoria. Mientras tanto, figuras políticas israelíes aprovecharon la emergencia para burlarse de España, acusar a su Gobierno de hipocresía y responder a las posiciones españolas sobre Gaza y Palestina.
Ninguno mostró contra Rabat la agresividad que desplegó contra Madrid.
Ese silencio no es neutral.
Washington había debilitado la posición española y había asignado al menos 40 millones de dólares para fortalecer a Marruecos.
Desde un importante medio israelí ya se había explicado públicamente cómo Israel podía ayudar a Rabat a “recuperar” Ceuta y Melilla.
Marruecos permitió que su frontera fuera desbordada.
Y después Trump y dirigentes israelíes utilizaron el resultado para atacar a España.
No tengo que concederles el beneficio de la duda. Que se defiendan ellos.
Que Washington explique quién introdujo el lenguaje que coloca dos ciudades españolas dentro de “territorio marroquí”.
Que los 215 republicanos que votaron a favor expliquen por qué respaldaron un presupuesto que asigna como mínimo 40 millones de dólares a Marruecos y, en el mismo apartado, promueve una negociación sobre Ceuta y Melilla.
Que Marruecos explique cómo decenas de miles de personas pudieron aproximarse y cruzar una frontera militarizada sin que sus fuerzas de seguridad lo impidieran.
Que Israel explique por qué uno de sus medios promovió la recuperación marroquí de Ceuta y Melilla y por qué figuras de su aparato político aprovecharon posteriormente la crisis para atacar a España.
Y que Donald Trump explique por qué su Gobierno fortaleció política y militarmente a Marruecos, permitió que desde el Congreso se cuestionara la soberanía española y, cuando Ceuta fue vulnerada, atacó a Madrid en lugar de responsabilizar a Rabat.
No voy a llamar casualidad a una cadena de actuaciones que avanzó siempre en la misma dirección, benefició a los mismos actores y golpeó al mismo Gobierno.
La presión migratoria fue el arma.
Marruecos controló el gatillo.
Washington preparó el terreno diplomático y aportó el dinero.
Israel proporcionó la justificación estratégica y la ofensiva propagandística.
Ceuta fue el objetivo. España recibió el mensaje. Y ahora son ellos quienes tienen que explicarse.
Ya ocurrió antes: 1492 la llegada de España a America.
Esta claro que está la elite por detrás... iban sin ropa casi los marroquíes y felices sin maletas... justo después de la obtención de la copa mundial del politeismo futbolero luego de la llegada de la deidad nike como trofeo
También es un ejercicio de falsación, como el Covid para el sector sanitario; nos están poniendo en evidencia lo que tenemos.
ResponderEliminarBuscador
ResponderEliminarSi haces payasadas no te enfades cuando te llamen payaso.
" Trump e Israel celebran esta operación mediática " ... No hay más preguntas señorías .
ResponderEliminarA. S
Estaría bien que aclarases qué quieres decir exactamente, en vez de suponer que tus procesos mentales son transparentes a todo lector. No lo son.
EliminarEl 25 de abril de 2026, el medio israelí Ynet publicó un artículo de opinión titulado “Cómo Israel puede ayudar a Marruecos a recuperar su norte”. El texto planteaba que las tensiones entre Donald Trump y España creaban una oportunidad para que Marruecos intensificara sus reclamaciones sobre Ceuta y Melilla, con Israel en posición de respaldar diplomáticamente a Rabat. También presentaba la recuperación de ambas ciudades como una inversión estratégica para Israel y una forma de castigar a un Gobierno español considerado hostil.
EliminarCinco días después, el Comité de Apropiaciones de la Cámara de Representantes presentó el informe oficial H. Rept. 119-631, elaborado para acompañar el proyecto presupuestario H.R. 8595.
Y aquí está la parte que no puede esconderse.
En el apartado dedicado a Marruecos, el Comité ordenó mantener la asistencia estadounidense y asignar:
No menos de 20 millones de dólares mediante los Programas de Inversión en Seguridad Nacional.
No menos de 20 millones de dólares mediante el Programa de Financiamiento Militar Extranjero.
En total, un mínimo de 40 millones de dólares para fortalecer a Marruecos política, estratégica y militarmente.
Los primeros 20 millones pertenecen a una cuenta destinada a programas que promueven los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. Los otros 20 millones corresponden al Financiamiento Militar Extranjero, un programa que proporciona subvenciones y préstamos a países aliados para adquirir artículos y servicios de defensa estadounidenses y aumentar la capacidad de sus fuerzas de seguridad.
Y justo después de ordenar esas partidas, sin cambiar siquiera de apartado, el Comité escribió que Ceuta y Melilla son ciudades “administradas por España” situadas en “territorio marroquí”, reconoció la reclamación de Rabat y respaldó que el secretario de Estado promoviera conversaciones entre Marruecos y España sobre el “estatus futuro” de ambas ciudades.
El documento no dice literalmente que los 40 millones deban utilizarse para apoderarse de Ceuta o Melilla. Pero tampoco puede fingirse que el dinero y la reclamación territorial aparecen en documentos separados o dentro de contextos ajenos.
El financiamiento y el respaldo político aparecen unidos en el mismo apartado dedicado a Marruecos.
Primero, Washington garantiza al menos 40 millones de dólares en asistencia estratégica y militar.
Inmediatamente después, adopta el lenguaje territorial de Rabat y coloca sobre una mesa de negociación dos ciudades cuya soberanía española nunca estuvo abierta a discusión.
Eso no es una nota accidental. Es una declaración de política exterior acompañada de dinero.
El 15 de julio de 2026, la Cámara de Representantes aprobó H.R. 8595 por 217 votos contra 209. La votación partidista no deja espacio para esconder responsabilidades: 215 republicanos votaron a favor y Thomas Massie fue el único republicano que votó en contra. Los republicanos Ryan Mackenzie y Scott Perry no votaron. Por tanto, todos los republicanos que emitieron un voto, salvo Massie, respaldaron el proyecto.
No podían alegar desconocimiento.
El informe había sido presentado oficialmente el 30 de abril. Los legisladores tuvieron más de dos meses para leerlo, objetarlo, exigir que se eliminara el lenguaje contra la soberanía española o condicionar su voto.
No lo hicieron.
Aprobaron un paquete que otorgaba un mínimo de 40 millones de dólares a Marruecos y que, simultáneamente, presentaba Ceuta y Melilla como ciudades españolas levantadas sobre supuesto territorio marroquí.
Después llegó la invasión de Ceuta.
Decenas de miles de personas cruzaron desde Marruecos y desbordaron la ciudad española. La frontera no es un espacio sin vigilancia. Marruecos posee fuerzas policiales, militares y de inteligencia capaces de detectar concentraciones masivas y cerrar los accesos cuando así lo decide. Sin embargo, la presión humana llegó hasta Ceuta y penetró en territorio español, provocando una crisis de seguridad, una emergencia humanitaria y decenas de muertes.
EliminarY cuando ocurrió, Donald Trump no dirigió su ofensiva contra Marruecos.
No exigió explicaciones al rey Mohamed VI.
No condenó la pérdida de control en el lado marroquí de la frontera.
No defendió con firmeza la soberanía de España, país aliado de Estados Unidos dentro de la OTAN.
Utilizó las imágenes para atacar a Pedro Sánchez y convertir la crisis de Ceuta en propaganda para su campaña antimigratoria. Mientras tanto, figuras políticas israelíes aprovecharon la emergencia para burlarse de España, acusar a su Gobierno de hipocresía y responder a las posiciones españolas sobre Gaza y Palestina.
Ninguno mostró contra Rabat la agresividad que desplegó contra Madrid.
Ese silencio no es neutral.
Washington había debilitado la posición española y había asignado al menos 40 millones de dólares para fortalecer a Marruecos.
Desde un importante medio israelí ya se había explicado públicamente cómo Israel podía ayudar a Rabat a “recuperar” Ceuta y Melilla.
Marruecos permitió que su frontera fuera desbordada.
Y después Trump y dirigentes israelíes utilizaron el resultado para atacar a España.
No tengo que concederles el beneficio de la duda. Que se defiendan ellos.
Que Washington explique quién introdujo el lenguaje que coloca dos ciudades españolas dentro de “territorio marroquí”.
Que los 215 republicanos que votaron a favor expliquen por qué respaldaron un presupuesto que asigna como mínimo 40 millones de dólares a Marruecos y, en el mismo apartado, promueve una negociación sobre Ceuta y Melilla.
Que Marruecos explique cómo decenas de miles de personas pudieron aproximarse y cruzar una frontera militarizada sin que sus fuerzas de seguridad lo impidieran.
Que Israel explique por qué uno de sus medios promovió la recuperación marroquí de Ceuta y Melilla y por qué figuras de su aparato político aprovecharon posteriormente la crisis para atacar a España.
Y que Donald Trump explique por qué su Gobierno fortaleció política y militarmente a Marruecos, permitió que desde el Congreso se cuestionara la soberanía española y, cuando Ceuta fue vulnerada, atacó a Madrid en lugar de responsabilizar a Rabat.
No voy a llamar casualidad a una cadena de actuaciones que avanzó siempre en la misma dirección, benefició a los mismos actores y golpeó al mismo Gobierno.
La presión migratoria fue el arma.
Marruecos controló el gatillo.
Washington preparó el terreno diplomático y aportó el dinero.
Israel proporcionó la justificación estratégica y la ofensiva propagandística.
Ceuta fue el objetivo. España recibió el mensaje. Y ahora son ellos quienes tienen que explicarse.
Ya ocurrió antes: 1492 la llegada de España a America.
ResponderEliminarEsta claro que está la elite por detrás... iban sin ropa casi los marroquíes y felices sin maletas... justo después de la obtención de la copa mundial del politeismo futbolero luego de la llegada de la deidad nike como trofeo
España no envió a su lumpen, en particular a delincuentes indultados "ex profeso", a invadir América.
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