martes, 25 de agosto de 2026

LA REVANCHA



Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil.

Lo que se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un muro. Un maldito muro erigido en mala hora por el presidente Sánchez. Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas.

El objetivo que persigue esta revancha, iniciada ¡desde el poder! por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del Rey Don Juan-Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el Régimen implantado por ella; d) derrocar al Rey Don Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y luego por el otro); y d) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles son iguales.

Otra vez las malditas "dos Españas". Y seamos claros: no son adversarias, sino que son enemigas. La resolución de su conflicto no atenderá, por tanto, a unas reglas aceptadas por todos, sino al respectivo poder de las fuerzas en presencia, con el apoyo sicario de sus respectivas tropas auxiliares mediáticas.El choque se iniciará pronto. A lo más tardar, en un año. Y este conflicto civil coincidirá quizá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que, vistos los antecedentes, acabará en un nuevo 98.

Será el "Desastre" final. España estará más sola que nunca, gracias a una política exterior demencial, y no tendrá ni el consuelo de salvar su honor gracias, como siempre, al sacrificio de sus soldados, como sí se salvó en Cuba y Filipinas. ¿Y las consecuencias de este desastre? Eso, sábelo Dios. En cualquier caso, España perderá. Y entonces, todos, absolutamente todos, podremos decir refiriéndonos a España: "Entre todos la matamos y ella sola se murió". No habremos sabido preservar ni el legado que recibimos. En medio de esta penosa situación, que nos aboca al despeñadero, puede ser aleccionador, e incluso ameno, leer un libro reciente del historiador Juan-Francisco Fuentes, catedrático del ramo en la Complutense, que recoge su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia.

Se titula "Hambre de patria" (un título que no refleja la sutileza del texto) y recoge con minucioso rigor muchos aspectos de la peripecia vital, intelectual y sentimental del exilio republicano tras la guerra civil. Una peripecia que cristalizó en una verdad como un templo: la Transición (prescindir del pasado para pactar el futuro) se soñó en el exilio mucho antes de que los de dentro acertásemos ni tan siquiera a imaginarla.

Por eso, considero hoy a muchos de los líderes republicanos de entonces como si fuesen "míos" de toda la vida, mientras que desconfío y reniego de nuestros actuales dirigentes. Son legítimos, pero carecen para mí de "auctoritas", de credibilidad. Ojalá un líder, tan demócrata como patriota, saque a España de este mal trance desde la ley, con la ley y por la ley. Como cuando de Gaulle levantó a Francia de su "extraña derrota" (Marc Bloch), llevándola a figurar luego entre los vencedores de la guerra. Y como cuando Churchill llevó al Reino Unido a resistir primero para vencer después. Todos necesitamos, a veces, un milagro. Así sea.

Juan José López Burniol

1 comentario:

  1. Buscador
    Juan José López Burniol, llevaba años en el periódico La Vanguardia escribiendo artículos de opinión semanal, el miércoles pasado debía entregar este artículo que nos ocupa, la noche previa fue despedido por correo, no es este artículo en sí el motivo, ya arrastraba desencuentros debido a sus libres opiniones.
    Me hace gracia como si no eres de la cuerda del relato del momento, sea ahora la izquierda reaccionaria que vivimos o en otros tiempos la derecha, eres despedido ipso facto, esto viene bien para hacer ver a aquellos que no tenemos "partido" ni ideologías compradas al mejor postor que pensar diferente tiene un precio y que los que se llenan la puta boca con la palabra "democracia", es una mentira, no existe el libre pensamiento, no existe ver otra realidad, no existe pensar por uno mismo sin pagar un precio, viene bien también como los catetos pobres de salarios ridículos que reparten panfletos en carpas cuando hay elecciones pidiendo el voto de la "izquierda" porque ser asalariado pobre debes de ser de izquierdas para que un gobierno de izquierdas les haga la vida más fácil si salen "elegidos", no es solo cateto, es ser necesariamente idiota, no he conocido a ningún trabajador de salarios precarios que le haya ido bien con el puto ladrón de joyas o este mierda vividor en la Mareta donde este año se ha invertido para su acomodo 46 mil euros pagados de nuestros impuestos, una pregunta al cateto votante de izquierdas, ¿tus vacaciones este año ha sido igual que las del saunas? ¿te han subido el sueldo para poder llegar bien a fin de mes desde que está en el poder el Galgo de Paiporta?
    Este hombre ha sido despedido por decir lo que todos pensamos más o menos, no tenemos ninguno su cultura, sabiduría y estudios, pero si tenemos ojos y vemos y sobre todo, padecemos esta dictadura disfrazada de democracia donde tener una opinión o describir las intenciones del nuevo Cesar, te hace estar fuera de la foto, por mandato no del nuevo Cesar, por el mandato de sus lameculos y sus seguidores catetos y encima pobres, no hay nada más triste que vender tus ideas por un mendrugo de pan, de la dignidad no hablamos, el cateto asalariado no sabe lo que es eso... Aún leo eso de que Sánchez es el mejor Presidente de la democracia, cuando veo quien lo dice o lo escribe en redes, antes me daba risa, ahora pena y asco a la vez.
    Juan José López Burniol, espero y deseo que pueda encontrar otro medio donde poder seguir leyendo sus artículos.
    No sé si paso el filtro amigo Poseso, pero tenía que decirlo tal y como lo he escrito. Tacha o elimina lo que creas conveniente.

    ResponderEliminar