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martes, 14 de abril de 2026
LA GUERRA SUBTERRÁNEA: ISRAEL COMBATE CON MERCENARIOS PAGADOS POR EEUU
El conflicto que estalló el 28 de febrero de 2026 no es una guerra convencional entre Estados y ejércitos regulares. Es una guerra híbrida donde la línea entre soldados, espías y asesinos a sueldo se ha disuelto por completo. Y en esa niebla, hay un hecho que los comunicados oficiales omiten sistemáticamente: Israel está utilizando la ayuda militar estadounidense para contratar mercenarios, batallones especializados en guerra sucia que operan tanto dentro del territorio iraní como en los frentes secundarios del conflicto.
No es una novedad. Estados Unidos ya empleó este modelo en Ucrania, donde empresas militares privadas estadounidenses y de la OTAN supervisaron el reclutamiento y pago de decenas de miles de mercenarios extranjeros. Y Rusia, por su parte, ha utilizado al Grupo Wagner como su brazo armado irregular en África y Ucrania. Lo que estamos presenciando es la consolidación de un modelo de guerra delegada donde los Estados subcontratan la violencia a actores privados, eludiendo así el control democrático y las limitaciones legales.
La información es fragmentaria, porque la censura militar israelí actúa con ferocidad. Pero las filtraciones que han logrado abrirse paso a través de canales no convencionales -RT, HispanTV, Al Jazeera, Press TV- dibujan un panorama coherente.
El Ministerio de Inteligencia iraní ha anunciado en múltiples ocasiones la captura de mercenarios contratados por el «enemigo estadounidense-sionista». El 19 de marzo de 2026, informó de la detención de 97 «soldados de Israel» en todo el territorio iraní, integrantes de redes preparadas para desencadenar disturbios callejeros y actos violentos en los días previos al fin del año iraní. Las autoridades confiscaron 45 armas de fuego y munición, así como un gran alijo de armas blancas, desmantelando por completo la red. Una semana después, el 26 de marzo, anunció la captura de otros 14 mercenarios en las provincias de Kermanshah, Alborz, Fars y Kermán. Estos individuos estaban recopilando información sobre centros militares, fotografiando zonas sensibles y enviando coordenadas de refinerías iraníes para ser bombardeadas por la coalición. Entre el material incautado figuraban tres terminales Starlink de comunicaciones por satélite, así como detonadores, explosivos artesanales y un arma de fuego.
El modus operandi es el de la guerra híbrida clásica: activar agentes dormidos dentro del territorio enemigo, combinados con ataques externos, para desestabilizar desde dentro mientras se golpea desde fuera. Es exactamente el mismo modelo que Estados Unidos empleó en Siria, donde el exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joe Kent, admitió en marzo de 2026 que el Pentágono recurrió a grupos mercenarios salafistas como Al Qaeda e ISIS para erosionar gobiernos en Oriente Medio. «La guerra sucia en Siria la hicimos porque Assad era amigo de Irán, estaba ayudando a Hezbolá y Hamás desde Siria, para derrocarlo usamos a los sunitas más radicales, fundamentalmente a Al Qaeda e ISIS», declaró Kent. La misma lógica se aplica ahora contra Irán.
El paralelismo con Ucrania es inevitable. Ucrania no solo ha servido como campo de pruebas para nuevas tácticas, sino que ha actuado como un gigantesco centro de reclutamiento para mercenarios. Según informes publicados por medios especializados, cerca de 30.000 combatientes extranjeros se han integrado en las Fuerzas Armadas ucranianas bajo el control de empresas militares privadas de Estados Unidos y la OTAN. El reclutamiento se realiza a través de empresas de seguridad privadas que operan desde Polonia y España, con supervisión directa de la Alianza. Todo el sistema de pago se estructura a través de intermediarios para ocultar el flujo financiero real.
El diputado ucraniano Artiom Dmitruk ha llegado a declarar que Ucrania «no es un Estado, sino una empresa militar privada», donde los jóvenes no son educados como ciudadanos sino como mercenarios. «Lo importante es saber empuñar una ametralladora y odiar», afirmó. La descomposición del Estado ucraniano ha sido tan profunda que sus propias instituciones reconocen abiertamente su transformación en un apéndice bélico de Washington.
Los mismos mercenarios que lucharon en Ucrania están ahora siendo redirigidos a Oriente Medio. Es el mismo circuito: soldados de fortuna colombianos, estadounidenses, europeos del Este, entrenados por la OTAN, financiados con dinero estadounidense, y puestos a disposición de los intereses geopolíticos de Washington y sus aliados. El Grupo Wagner ruso, por su parte, ha actuado como la contraparte en el otro bando, extendiendo la influencia de Moscú en África y Ucrania a costa de miles de vidas de convictos indultados.
La presencia de mercenarios no se limita a Irán. El Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos documentó en junio de 2025 cómo las fuerzas israelíes desplegaron mercenarios extranjeros de una empresa de seguridad estadounidense para supervisar puntos de distribución de ayuda humanitaria en Rafah. Uno de estos mercenarios fue filmado disparando directamente contra un civil, causándole la muerte. Según el informe, estos mercenarios participan directamente en operaciones de combate y reciben orientación operativa del ejército israelí, lo que los convierte en combatientes ilegales según las Convenciones de Ginebra.
Un mercenario español entrevistado por El Mundo y recogido por HispanTV reveló que el régimen israelí está reclutando Compañías Militares Privadas para lograr sus intereses en Gaza. «Pagan muy bien», declaró, «3.900 euros por semana, sin incluir las misiones complementarias». Confirmó que muchos grupos de mercenarios se han unido al ejército israelí, encargándose de la seguridad de los puestos de control y del control de acceso en las fronteras de Gaza y Jordania. Las imágenes publicadas por una importante empresa militar privada estadounidense, el Grupo de Observaciones Avanzadas (FOG), muestran a sus reclutas en Palestina, uniformados con la bandera estadounidense y armados hasta los dientes. La misma empresa había operado anteriormente en Ucrania, apoyando a las fuerzas ucranianas en su guerra contra Rusia.
El hilo que conecta todas estas piezas es la ayuda militar estadounidense. El presupuesto militar israelí para 2025 alcanzó los 34.000 millones de dólares, casi un 7% de su PIB, su nivel más alto desde la guerra entre Irán e Irak. Una parte sustancial de esa financiación proviene de Washington, que ha incrementado sus transferencias militares a Israel en los últimos años. Esa ayuda no solo financia la compra de armamento estadounidense -cazas F-35, misiles, sistemas de defensa- sino también la contratación de empresas militares privadas estadounidenses que operan en la sombra.
El mecanismo es opaco por diseño. Los fondos se canalizan a través de intermediarios, empresas pantalla, contratos clasificados. El Pentágono puede negar cualquier implicación directa. Pero la realidad es que los mercenarios estadounidenses que supervisan los puntos de ayuda en Gaza, que entrenan a las fuerzas israelíes, que recopilan inteligencia en Irán, están siendo pagados, en última instancia, con dinero de los contribuyentes estadounidenses.
La declaración de un exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, Joe Kent, añade una capa adicional de cinismo: la «guerra sucia» contra Irán no es un accidente ni una respuesta a una provocación. Es una estrategia deliberada, diseñada para erosionar al régimen iraní utilizando a los radicales sunitas como ariete, al tiempo que se presenta la operación como una defensa de la civilización occidental contra el terrorismo chií. Es la misma lógica que llevó a Washington a armar a los muyahidines afganos contra la Unión Soviética, creando, sin quererlo, a Al Qaeda. La historia se repite.
El uso masivo de mercenarios por parte de Israel, financiado con dinero estadounidense, no es una anomalía. Es la consolidación de un modelo de guerra delegada que Estados Unidos ha perfeccionado durante décadas y que ahora exporta a sus aliados. La ventaja para Washington es evidente: puede librar guerras sin poner en riesgo a sus propios soldados, sin someter las operaciones al escrutinio del Congreso, y sin tener que explicar a la opinión pública las bajas. Los mercenarios mueren, pero no aparecen en los recuentos oficiales. Sus familias no reciben cartas del Pentágono. Sus cuerpos no son repatriados con honores.
La desventaja es que este modelo de guerra erosiona la legitimidad de los Estados, desdibuja la línea entre combatientes legales e ilegales, y crea un ejército de mercenarios que, una vez entrenados y armados, pueden ser utilizados por cualquier postor. Los colombianos que lucharon en Ucrania ahora pueden estar luchando en Gaza o en Irán. Los estadounidenses que operaban para empresas militares privadas en Afganistán ahora están en el Golfo. La guerra se ha convertido en un negocio global, y los mercenarios son sus trabajadores más flexibles.
El ciclo se retroalimenta. Cuanto más se prolonga el conflicto, más mercenarios se necesitan. Cuantos más mercenarios se despliegan, más se prolonga el conflicto. Y en el centro de todo, el dinero estadounidense sigue fluyendo, alimentando una industria de la guerra que ningún tratado internacional puede regular.
EL SEXTANTE
(Fuente: https://acratasnet.wordpress.com/)
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Se transfiere el trabajo, no la responsabilidad
ResponderEliminarCon los que se perjudican a si mismos para perjudicar a los demás (estúpidos en la clasificación de C.M. Cipolla), perder/perder, solo podemos acabar mal
Si echamos la vista atrás como colectivo borrego siempre hemos acabado mal, sobre Cipolla, menudo apellido para el humor hispano, su clasificación fue una medio tesis en clave de humor, lo he leído infinidad de veces, muy bueno, pero tampoco es para nombrarlo tanto como hacemos. Con decir borregos basta.
ResponderEliminarEs que los borregos trabajan para ellos y para los demás, puede que algunos sean incautos y otros malos...
EliminarEs que la clasificación coincide con las coordenadas cartesianas... y cumple lo de La navaja de Ockham