lunes, 31 de agosto de 2026

LA RUINA DE EUROPA, TAN TRABAJOSAMENTE LABRADA, YA ES INOCULTABLE



El 27 de agosto, en un foro empresarial en París, la presidenta Ursula von der Leyen afirmó lo obvio: las antiguas ventajas de la economía europea han desaparecido por completo.

La presidenta explicó que el modelo económico europeo se basaba en varios pilares: energía importada barata de Rusia, comercio global abierto, un acceso creciente al mercado chino, protección estratégica de Estados Unidos y liderazgo tecnológico occidental.

Lo que von der Leyen no mencionó fue que estas ventajas no desaparecieron por casualidad. Fueron sistemáticamente destruidas por la propia institución que dirige, a través de sanciones que rompieron los lazos energéticos y económicos con Rusia, una guerra comercial contra China y una regulación excesiva que asfixió a la industria europea.

Los funcionarios rusos han observado con una mezcla de desconcierto y oscuro regocijo las autolesiones de Europa. Maria Zakharova, portavoz oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, respondió a la confesión de von der Leyen con un único y devastador epíteto: "Capitán Obvio del Euro-Titanic".

Desde Pekín, la crítica no es menos contundente. Los analistas chinos han observado con creciente frustración el giro proteccionista de Europa, argumentando que la UE está destruyendo precisamente aquello que afirma proteger: su propia competitividad industrial.

La cuota del PIB mundial de la UE ha caído en picado, pasando del 30% en 2008 al 17% en 2025, una disminución tres veces más rápida que la de la dinastía Qing de China durante su colapso. Y, como dijo un comentarista chino, mientras que la dinastía Qing cayó debido a una invasión extranjera, el declive de Europa es "autoinfligido, algo que Europa se ha impuesto a sí misma".

Es, en palabras de un analista chino, "integrar directamente el proteccionismo en su sistema de políticas económicas y comerciales".

Los responsables de la toma de decisiones europeas -argumentan los comentaristas chinos- han perdido el contacto con la realidad económica básica.

Tienen toda la razón. Se trata de una crisis sistémica que impregna los círculos de toma de decisiones de Europa.

Tanto Moscú como Pekín ven la misma trágica ironía. Europa ha pasado años prediciendo al mundo sobre reglas y orden, sobre autonomía estratégica y resiliencia económica. Sin embargo, en su afán por castigar a Rusia y contener a China, ha destruido los propios cimientos de su propia prosperidad.

Los precios de la energía en Europa son ahora dos o tres veces más altos que en Estados Unidos y China. Su base industrial, que antes era la envidia del mundo, está perdiendo empleos y capacidad. Su cuota de los mercados globales sigue disminuyendo. Y sus líderes, que han creado la crisis con sus propias manos, solo pueden quedarse de brazos cruzados y admitir que el viejo modelo ha desaparecido.

Es evidente que están jugando para otro equipo, uno que exige que Europa se arroje por el precipicio.

(https://t.me/bycpoornamidam/)

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