miércoles, 26 de agosto de 2026

SÁNCHEZ HA ORDENADO NO VER, NO OÍR Y NO ACTUAR




Hay noticias que no necesitan ser escandalosas para resultar inquietantes. Basta con colocarlas unas junto a otras. Primero fue la avalancha sobre Ceuta. Después, las informaciones según las cuales el CNI había advertido de movimientos extraños al otro lado de la frontera, advertencias que Marlaska negó haber recibido. Más tarde surgieron indicios sobre la posible presencia de miembros de los servicios marroquíes entre quienes aprovecharon el caos para entrar en España. Y ahora un grupo de hackers asegura haber obtenido decenas de miles de identidades vinculadas al aparato de seguridad e inteligencia de Marruecos.


Por separado, todo admite explicación. Junto, empieza a parecer otra cosa.

Marlaska insiste en que nadie le avisó, que Marruecos continúa siendo un socio fiable y que aquí no ocurre nada que deba alterar esa exquisita confianza que nuestro Gobierno mantiene con Rabat. Es una confianza admirable, casi religiosa, porque sobrevive a Pegasus, a las crisis fronterizas, a las presiones diplomáticas y hasta a las sospechas de infiltración. Hay matrimonios que soportan bastante menos.


¿Hacen falta más pruebas de la dejación de fun-
ciones del ministerio del interior? Un grupo de
hackers hace el trabajo que deberían sacar ade-
lante los servicios secretos españoles. Esos cu-
ya presencia en Marruecos fue desmantelada 
por Zapatero tras el 11-M sin explicación al-
guna, como cabía esperar.
Naturalmente, la información de unos hackers no convierte automáticamente una sospecha en certeza, ni permite afirmar alegremente que Marruecos organizó cuanto ocurrió en Ceuta. Pero sí obliga a recordar algo elemental: para eso existen los servicios de inteligencia, para advertir antes de que el desastre venga acompañado de certificado, sello oficial y fotografía del culpable.

Y ahí empieza el verdadero problema. Porque si el CNI avisó, como se ha publicado, habrá que explicar por qué Interior no actuó con mayor previsión. Y si Marlaska sostiene que aquel aviso nunca llegó hasta él, convendría saber dónde terminó. En un cajón, en una mesa, en algún despacho particularmente despistado o en ese extraño territorio administrativo en el que desaparecen siempre las responsabilidades políticas.

¿Marruecos no es un enemigo? Lo que no es, es una ONG fronteriza dedicada a proteger nuestros intereses. Es un Estado que defiende los suyos, utiliza sus instrumentos de presión y posee unos servicios de inteligencia cuya actividad España conoce sobradamente. Tratar con Rabat exige diplomacia, firmeza y prudencia. Lo que no exige es ingenuidad.

Por eso quizá haya llegado el momento de que Marlaska deje de explicarnos lo fiable que es Marruecos y empiece a explicar algo bastante más sencillo: qué sabía Interior, cuándo lo sabía y qué hizo exactamente con aquello que sabía.

Porque cuando las advertencias empiezan a aparecer por todas partes menos en el despacho del ministro, uno acaba preguntándose si el problema es que nadie le avisó o que nadie quiso escuchar.

Todo lo sucedido plantea una duda bastante incómoda: ¿Marlaska realmente no sabía nada de lo que podía ocurrir en Ceuta o sabía lo suficiente y decidió no hacer nada? No estoy afirmando una cosa ni la otra; precisamente por eso debería dar explicaciones claras y documentadas.

Las mismas explicaciones que todavía merece el desmantelamiento en 2022 del OCON-Sur, el Órgano de Coordinación contra el Narcotráfico de la Guardia Civil: una unidad creada en 2018, integrada por unos 150 agentes y convertida durante años en uno de los principales instrumentos contra las grandes redes que introducían droga desde Marruecos por el Campo de Gibraltar.

Interior sostuvo que era temporal y que sus efectivos serían redistribuidos. Cuatro años después, viendo cómo ha evolucionado el narcotráfico en el sur, resulta legítimo preguntar qué interés tenía el ministro para desmantelar la unidad.


Demasiadas decisiones importantes alrededor de Marruecos terminan acompañadas por la misma pregunta: ¿por qué? Y demasiadas veces Marlaska está en medio.

Domingo Martín

¿Para quién gobierna realmente este sujeto? Las infraestructuras que
en España se caen a trozos por falta de mantenimiento, los medios
del aparato represivo y hasta el armamento que Marruecos puede
acabar usando contra nosotros son sufragados generosamente con
nuestros impuestos por decisión personal del presidente menos
 legitimado de la historia de España. Y el despilfarro continúa:
(Hacer click sobre la imagen para ampliar)

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