martes, 24 de marzo de 2026

ESTE ES EL ROSTRO DE UN ÁNGEL



Cuando la locura del Covid se desató sobre el mundo, hubo quien hizo lo que era justo. Es el caso de la enfermera italiana Emanuela Petrillo. Sus superiores la exigieron que envenenase a personas asustadas con una terapia experimental sin garantías presentada como si fuera una vacuna. Ella fingió hacerlo, pero inoculó una inocua solución salina en vez del veneno diseñado por las élites. 8.000 personas se salvaron de la lista de más de 1.200 efectos secundarios dañinos de la poción satánica, incluídos 500 niños. Las sospechas llegaron porque los pequeños con ella no lloraban, los mayores no sufrían desmayos, el pinchazo no resultaba dramático.

Fue delatada por compañeros envidiosos y condenada a ocho años y seis meses de cárcel. El Tribunal de Apelación redujo a la mitad su condena de 8 a 4 años, enviándola a su casa con sus hijos y confiándola a servicios sociales en libertad condicional.

Los Torquemada que pululan por ahí dicen que faltó a su deber. A lo que no faltó fue a su conciencia. Supo estar a la altura cuando el mundo se hundía en una paranoia suicida. Bendita sea

(posesodegerasa)

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