domingo, 22 de marzo de 2026

¿ESTÁ JUSTIFICADA LA SUBIDA DE PRECIOS EN ESPAÑA POR LA GUERRA DE IRÁN?



A ver si soy capaz de explicar -a mi modesto entender- lo que está pasando.

Resulta que el cierre del estrecho de Ormuz, por parte de Irán, trae de cabeza al resto del mudo. Los medios de comunicación aseguran que la falta de petróleo, que sale del Golfo Pérsico, ha hecho subir el precio del barril y con ello el resto de productos básicos como combustible, energía y alimentación.

Veamos. El estrecho de Ormuz se cerró oficialmente el 2 de marzo de 2026. Sin embargo, según los últimos datos de la Agencia Internacional de la Energía, actualizados a febrero de 2026, España tiene reservas para resistir 105 días sin recibir ningún nuevo aprovisionamiento. Si esto es así, entonces, ¿cómo se come esto? Lo digo, porque el petróleo que estamos consumiendo ahora ya se compró a precio de mercado anterior a esta crisis. Por lo tanto, de momento no tendría por qué subir el combustible, y mucho menos la energía y la alimentación.


Por otro lado, los países del Golfo Pérsico no son los únicos productores de petróleo, ya que, en la actualidad, son más de 100 los países productores, que bien podrían hacerse cargo de parte de la actual demanda.

Luego tenemos la implementación, desde hace años, de la “energía verde”, de la que España es su mayor impulsora. Resulta que España se ha volcado en instalar en su territorio todas esas energías alternativas renovables, como son las placas fotovoltaicas o los aerogeneradores. Tal es así, que nuestro Presidente del Gobierno saca pecho diciendo que somos el país de la UE con más renovables. Incluso llegó a decir que podríamos ser energéticamente autosuficientes, sólo a base de renovables. Nuestro Gobierno también está impulsando el cambio del parque automovilístico, sustituyendo los vehículos de combustión por los eléctricos. Y digo yo, si, como dice nuestro Gobierno, cada día dependemos menos del petróleo, ¿a santo de qué tiene que afectarnos esta nueva crisis si nosotros hemos “hecho los deberes” y tenemos, supuestamente, algo que lo sustituye?

Obviamente, alguien está mintiendo o no dice toda la verdad. Y la verdad es que, por muchas renovables que tengamos, seguimos dependiendo del petróleo, ya que, hoy por hoy, no hay nada que lo sustituya. Eso por no hablar de todos los derivados del petróleo, que son fundamentales en la mayoría de las industrias.

Pero el verdadero protagonista del que nadie habla, que tiene que ver con el desaguisado que estamos viviendo, es el sistema financiero. El sistema financiero mundial está a punto de implosionar. Acontecimientos como la crisis del 2008, el Covid-19 o las guerras de Ucrania e Irán sirven, entre otras cosas, para hacer los ajustes necesarios y evitar que el sistema colapse.

Es un hecho irrefutable que el sistema financiero cada día es más insostenible: la deuda ya es impagable, y los chanchullos de los derivados financieros -fuera de control desde hace tiempo- amenazan a la banca y, por ende, al sistema financiero mundial. Dicho esto, al poder global del dinero sólo le quedan dos opciones: una, aceptar el colapso y perder hasta la camisa, y dos, hacer los reajustes necesarios para prolongar la agonía del sistema. Obviamente, han elegido la segunda opción. Y como ni la crisis financiera del 2008 ni el Covd-19 produjeron el resultado esperado (no consiguieron arrebatar la riqueza de tantos como ellos deseaban) acudieron a la estrategia de siempre: la guerra.

La guerra, aparte de justificar la inflación (como estamos viendo), también favorece la escasez y los cambios radicales, lo que permite comenzar un nuevo ciclo de ajustes económicos y geopolíticos que beneficien a los de siempre. En palabras llanas, para que lo entienda todo el mundo: volver a robar la riqueza del “populacho” para, por enésima vez, salvar el culo de nuestros dueños.

Probablemente, elegir atacar a Irán se deba a que Irán -a pesar de las sanciones que sufre desde hace décadas- ha desarrollado un sistema paralelo de financiación fuera del sistema SWIFT y del dólar -cosa que no gusta nada al poder global del dinero- que, por cierto, también le costaron la vida a Sadam Husein y a Muamar el Gadafi.

Para que nos hagamos una idea de cómo están las cosas, decir que la inflación media mundial acumulada, desde 2019 a 2025, fue del 27%. Obviamente, este dato siempre se calcula a la baja y es irreal. El verdadero coste de la vida lo podemos ver cada uno de nosotros en la pérdida de poder adquisitivo.

Conviene recordar que la inflación es un robo encubierto. Pondré un ejemplo para que se entienda. Hoy tienes 1.000 € y puedes comprar 1.000 barras de pan. Pasado un tiempo sigues teniendo 1.000 €, pero sólo puedes comprar 500 barras de pan. El dinero es el mismo, pero el poder adquisitivo se ha reducido a la mitad, lo que significa que te han robado la mitad del valor de tu dinero.

Lo que estamos viendo no es nuevo. Acontece cíclicamente para readaptar el sistema financiero que, como está basado en chanchullos contables, necesita reajustarse periódicamente. Y cuando se desmadra, como ocurre actualmente, no hay manera de frenarlo si no es mediante una guerra. Y en eso estamos.

Los dueños del mundo son un puñado de maníacos psicópatas que no tienen principios ni valores, sino dinero y poder. Para ellos todo es un puro negocio. Por lo tanto, la guerra de Irán no se está librando para salvar al pueblo iraní de un régimen teocrático sanguinario, que lo es. Se está librando, entre otras cosas, para reajustar el sistema financiero y evitar por enésima vez que colapse. Obviamente, si para ello tienen que declarar la Tercera Guerra Mundial lo harán, y, por desgracia, no nos encontramos tan lejos.


Respecto a la pregunta de si esta guerra justifica la escalada de precios en España, la respuesta tajante es NO. De momento no hay ninguna razón para subir los precios. Si hacemos memoria, en la crisis del 2008 el barril de Brent alcanzó los 147 dólares, sin embargo, pagamos el litro de gasolina a 1,33 € y el del gasóleo a 1,20 € (a fecha de hoy, el barril de Brent está a 106 $ y estamos pagando el litro de gasolina a 1,84 € y el gasóleo a 2,04 € y subiendo).

Ya está bien de tragar estupideces. Nunca en la historia de la humanidad hemos tenido medios, tecnología y capacidad para producir tanto como queramos. Así que cuando te hablan de subir los precios, porque hay escasez, no les creas, no es cierto. Si tenemos escasez, es porque se quiere que tengamos escasez.


Por cierto. No hace falta ser muy listo que digamos para saber quién está sacando tajada de todo esto, ¿verdad? Obviamente, los “tíos listos” y toda la caterva de especuladores que siempre se enriquecen con el sufrimiento ajeno.

Lo que acabas de leer es una opinión subjetiva que no tiene por qué coincidir con la tuya. Sin embargo, es la explicación más realista que se me ocurre ante tanto disparate y tanta sucia propaganda de intimidación y distracción.


(https://pepeluengo2.blogspot.com/)

2 comentarios:

  1. La demostración por parte de Irán de su capacidad para lanzar misiles balísticos contra la base de Diego García, situada a aproximadamente 4.000 kilómetros de su territorio, ha disipado cualquier duda sobre la verdadera magnitud de su arsenal.
    Durante años, Teherán mantuvo la autolimitación declarada de un alcance máximo de 2.000 kilómetros, una ficción estratégica que ahora queda desmentida por los hechos.
    Esta nueva realidad sitúa a gran parte del continente europeo dentro del radio de acción de sus proyectiles, transformando profundamente el panorama de seguridad en la región.
    Para dar una idea de la magnitud del peligro al que se encuentran los "aliados" europeos de EE.UU. e Israel, estas son las distancias aproximadas de las principales ciudades Europeas respecto al centro de Irán:
    Madrid: 4.800 km
    Londres: 4.500 km
    París: 4.200 km
    Berlín: 3.900 km
    Roma: 3.500 km
    Atenas: 2.400 km
    Ciudades como Atenas, Sofía o Bucarest quedan cubiertas sin dificultad, pero lo más significativo es que centros neurálgicos de la OTAN como Roma, Berlín, París y Londres también se encuentran ahora dentro del radio de amenaza.
    Las implicaciones estratégicas de este desarrollo son profundas y múltiples. En primer término, la noción de que las guerras en el Golfo Pérsico o las tensiones con Israel podían mantenerse confinadas a esa región ha quedado obsoleta. Un eventual conflicto que involucre a Irán ya no tendría consecuencias exclusivamente en forma de crisis energéticas o flujos migratorios para Europa, sino que podría traducirse en ataques directos sobre su territorio. Esto obliga a los países europeos y a la OTAN a revisar urgentemente sus despliegues de defensa antimisiles.
    Asimismo, esta capacidad otorga a Irán una herramienta de disuasión sin precedentes en sus relaciones con Europa. Cualquier intervención europea podría ser respondida con la amenaza de ataques contra objetivos en suelo europeo.
    Para países como Francia, Reino Unido o Alemania, esta nueva variable introduce un riesgo estratégico de primer orden que deberá ser integrado en sus cálculos de defensa y política exterior.
    Europa ha dejado de ser un espectador relativamente protegido de las tensiones en Oriente Medio para convertirse en un espacio directamente expuesto a las consecuencias balísticas de aquellas, lo que exigirá una adaptación urgente de sus estructuras defensivas y su estrategia de disuasión.

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  2. Esta guerra está funcionando como un mecanismo idéntico al de la pandemia: una crisis externa que permite a los bancos centrales y a los gobiernos hacer exactamente lo que no podían justificar en tiempos de normalidad.
    En 2020, la COVID-19 sirvió como coartada perfecta para inyectar cantidades ingentes de liquidez, expandir el déficit fiscal sin límites y permitir que los grandes fondos compraran activos a precios de liquidación mientras la opinión pública miraba hacia otro lado.
    Ahora, la guerra con Irán está cumpliendo esa misma función: el bloque del estrecho de Ormuz y el precio del petróleo disparado se convierten en la excusa perfecta para que la Reserva Federal, el Banco Central Europeo y el Banco Popular de China inyecten cientos de miles de millones de dólares de liquidez, para que los gobiernos aumenten el gasto militar sin que los mercados castiguen la deuda y para que los inversores con liquidez reposicionen sus carteras hacia los activos que dominarán el nuevo orden energético y financiero que está naciendo.
    La diferencia crucial respecto a la pandemia es que entonces la crisis tenía un final previsible (la llegada de las vacunas), mientras que ahora el conflicto puede prolongarse y el sistema del petrodólar que sostenía la hegemonía del dólar desde 1974 se está agrietando de forma irreversible.
    Lo que estamos viendo es un reinicio silencioso del sistema financiero global, un ganar tiempo para que la deuda acumulada durante años no colapse de golpe y para que los grandes actores tengan espacio para recolocarse antes de que el resto del mercado comprenda que el mundo que viene ya no se parecerá al que se dejó atrás.
    Aunque los medios nos venden que la guerra afecta a todos por igual, en realidad es otra vez una máquina de transferencia de riqueza hacia arriba porque los que tienen liquidez podrán comprar activos cuando están por los suelos, mientras que los que viven al día solo pueden pagar más caro el combustible y los alimentos.
    El cierre del estrecho de Ormuz y el precio del petróleo por encima de los cien dólares encarecen la gasolina y la cesta de la compra para una familia normal, pero para un fondo de inversión con miles de millones en efectivo es la oportunidad perfecta de comprar empresas energéticas que se han desplomado por la volatilidad, de adquirir deuda corporativa cuando las empresas medianas se ahogan por la falta de liquidez o de posicionarse en el oro y los activos duros que se dispararán cuando el sistema del petrodólar termine de desmoronarse.
    La clase media queda atrapada en medio porque tiene lo suficiente para perder pero no lo suficiente para aprovechar.
    Mientras tanto, los que ya tenían grandes patrimonios no solo conservan lo suyo sino que multiplican su riqueza comprando en la liquidación forzada de quienes no pudieron aguantar el temporal.
    El resultado final, será exactamente el mismo que en la crisis anterior: los ricos saldrán más ricos porque han podido comprar barato en el momento del pánico, y la clase media saldrá más pobre porque ha pagado caro el día a día mientras veía cómo sus ahorros se evaporaban y sus oportunidades pasaban de largo.

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