lunes, 23 de marzo de 2026

AL FINAL, LA HUÍDA HACIA ADELANTE DE TRUMP LE EMPUJA A LO QUE HA INTENTADO EVITAR A TODA COSTA: MOVILIZAR LA INFANTERÍA



Ante la baza geográfica que está jugando Irán al cerrar al tráfico marítimo el estrecho de Ormuz, EE.UU. parece haberse decidido a intentar ocupar ese enclave geoestratégico. Para ello se está desplazando hacia la zona el 11º Grupo Expedicionario de marines (MEU), un cuerpo creado específicamente para llevar a cabo desembarcos anfibios y poder ocupar territorios con acceso al mar.

Es el segundo MEU desplegado por EE.UU en Medio Oriente, y transporta a 5.000 efectivos. El grupo naval está compuesto por los buques USS Boxer, USS Comstock y el USS Portland, que han partido desde San Diego en California y tardarán todavía cinco días en llegar.

Se ha filtrado la intención del Pentágono de tomar la isla de Kharg, que es dónde se encuentra la mayor terminal para la exportación de crudo en Irán (el 90% de su producción, de hecho). El enclave ya fue bombardeado por EE.UU., pero sin afectar a la infraestructura petrolera, solo a las bases militares de la isla.

La realidad es que esa isla, que está al Norte del Golfo Pérsico, no tiene ningún valor para abrir el estrecho de Ormuz, y aunque Trump ha amenazado con destruir la infraestructura que permite la extracción del petróleo y gas iraní, no va a cumplir una amenaza que va contra los intereses de las petroleras de EE.UU., que cuentan con que Irán será derrotado y que cuando eso suceda, el petróleo y gas iraní pasarán a manos norteamericanas. No tiene sentido destruir unas infraestructuras que después tendrían que reparar durante meses o incluso años.

De hecho, una de las iniciativas israelíes que están sacando de quicio a Trump es la destrucción deliberada de una infraestructura energética que la Casa Blanca quiere intacta, primero para no ahondar en la recesión mundial a cuenta del conflicto, y segundo, porque quiere recibirla como botín de guerra.

Cada vez que las instalaciones gasísticas o petrolíferas de Irán son atacadas Teherán devuelve el golpe en un "ojo por ojo y diente por diente" que está dejando la región ciega y desdentada. Así ha pasado recientemente con Lass Raffan, en Qatar, de dónde sale el 40% del gas que se consume en el mundo y que Irán atacó en represalia por el ataque israelí a South Pars, de dónde extrae Irán gran parte de su gas. Los daños en Lass Raffan se estima que tardarán tres años en ser reparados. El gas subió un 30% en el mercado internacional después de conocerse el ataque a estas instalaciones.

Irán ya ha anunciado que si la isla de Kharg es tomada, activará a sus aliados hutíes para que cierren el estrecho de Bab el-Mandeb, que conecta el Mar Rojo con el Océano Índico, bloqueando un 10% adicional del comercio mundial de petróleo. Ya lo hicieron en 2024 y la armada de EE.UU. no pudo evitarlo. Irán le está advirtiendo al mundo con anticipación: si atacan Kharg, la economía mundial pagará las consecuencias.

Si Bab al-Mandeb se cierra por completo, el Canal de Suez se vuelve inservible. Cada barco que viaja de Asia a Europa añade tres semanas a su ruta. La cadena de suministro global se rompe.

Cuando hace dos años los hutíes bloquearon el estrecho los barcos que debían ingresar al Mar Rojo fueron desviados rodeando África. Los costos aumentaron un 400%. Y eso que el estrecho aún estaba parcialmente abierto.

La jugada iraní es implacable: pueden estrangular los dos cuellos de botella por donde pasa el 30% del petróleo y el 10% del tráfico marítimo mundial. La secuencia de hechos que vendría a continuación es para echarse a temblar: el petróleo supera los 200 dólares. La gasolina alcanza los 12 dólares por galón. Recesión global en cuestión de días. EE.UU. "gana" la isla de Kharg, pero la economía mundial se derrumba. Irán no necesita derrotar al ejército estadounidense. Necesita hacer que el costo de la victoria sea insoportable.

Restablecer la navegación en Ormuz y evitar el cierre de Bab el-Mandeb es condición "sine qua non" para inclinar la balanza a favor de Trump. Otra cosa es que ese objetivo esté a su alcance: EE.UU. necesitaría ocupar las islas que hay en la zona más estrecha de Ormuz, particularmente la isla de Queshm, y las costas adyacentes, para intentar imponer desde ahí el desbloqueo del estrecho. Si una operación anfibia consigue asegurar el dominio de los marines sobre ese territorio -algo que costará bajas y provocará la difusión de la imagen que más teme Trump, la de cadáveres de jóvenes norteamericanos repatriados en ataúdes- instalará un sistema de interceptores para proteger el tránsito de buques petroleros de los misiles y drones que Irán lance contra ellos. El Pentágono ha desmontado este sistema en Asia, dejando desprotegidos a Taiwán y Japón frente a Corea del Norte y China, para trasladarlo a Oriente Medio, en una muestra más que concluyente de que ya no puede proteger todos los posibles frentes que ha defendido hasta ahora, y que tiene que priorizar unos escenarios frente a otros.


Aunque tomen las islas e incluso las costas adyacentes a la zona más estrecha de Ormuz, que es la que ofrecen la mayor dificultad para pasar, la realidad es que Irán no necesita ni las islas ni el control de la costa para lanzar misiles y drones desde cualquier punto de Irán para hundir a cualquier barco que quiera pasar por el estrecho o atacar a la flota naval de EE.UU. De hecho, los dos portaviones estadounidenses que estaban en la zona -el "Harry Truman" y el "Gerald Ford"- se han tenido que retirar porque han sido atacados y han sufrido daños, ocultos por la propaganda USA bajo extrañas referencias a incendios inexplicados a bordo. Parece que están siendo reparados en Malta.

EE.UU. cuenta con unos 50.000 soldados en Oriente Medio, repartidos en las distintas bases de los países del Golfo, más los alrededor de 5.000 marines que se dirigen ahora hacia la zona, insuficientes para invadir Irán pero suficientes para tomar las islas y la costa alrededor del estrecho de Ormuz. Otra cuestión es como asegurar esa posición frente a los misiles iraníes. Teherán puede además minar el estrecho para impedir el paso de barcos.

El pentágono ha solicitado 200.000 millones para esta nueva fase de la guerra, que abre un periodo de incertidumbre. Lo que hará a continuación dependerá en gran medida del éxito en lo referente a controlar el estrecho y permitir que pasen los barcos, de las bajas sufridas y de factores que puede que aún no contemplemos ...

Evidentemente las petroleras de EE.UU. quieren quedarse con el petróleo y gas iraní, pero para ello deberán derrocar al régimen de los ayatoláhs. Visto que no ha acontecido el levantamiento popular con el que un mal informado Trump contaba -tanto fiarse del Mossad ha sido uno de los mayores errores de su segundo mandato-, tendría que invadir por tierra todo el país, y no limitarse solo a la zona del estrecho, pero para eso hace falta al menos un ejército de 500.000 hombres que no parece que vayan a conseguir y desplazar de forma fácil. Con el escaso apoyo que tiene esta guerra entre los estadounidenses las voces que exigen su fin inmediato van a crecer de forma exponencial una vez que el número de bajas norteamericanas alcance una cifra crítica.

La sociedad estadounidense considera inaceptable la muerte de soldados en misiones exteriores. La de 18 marines en la batalla de Mogadiscio en 1993, algunos de cuyos cuerpos fueron arrastrados por las calles, supuso un duro golpe para el orgullo nacional. Clinton tomó buena nota de ello, limitando las "intervenciones humanitarias" en el exterior a campañas aéreas, como la de Bosnia, en que la superioridad del ejército USA era indudable, a la vez que se evitaba la exposición sobre el terreno. La irrupción de drones baratos en los conflictos del siglo XXI ha convertido ese modo de combatir en algo bastante complicado, mientras que los ataques de saturación convierten la situación en caótica. Un buen ejemplo de ello es que tres F-15 norteamericanos fueran derribados el pasado 2 de marzo por el "fuego amigo" de las defensas antiaéreas kuwaitíes. ¿De quién habrán copiado lo de disparar primero y preguntar después?.


Con su armada destruida y prácticamente sin aviación, Irán está aguantando el pulso a
EE.UU.-Israel solo con misiles y drones. Su último contragolpe, por ahora, ha sido la
 destrucción de una de las dos estaciones de tren más grandes de Israel, en Tel Aviv, lo
 que no solo ha paralizado gran parte del transporte ferroviario en todo el país, sino 
que complica el transporte de tropas si se anuncia una movilización masiva.

Irán es, además, una fortaleza geográfica casi inexpugnable, protegida por barreras naturales como la cordillera Zagros y los desiertos y áridas mesetas que constituyen el corazón del país, y donde cualquier avance en línea recta es impracticable. Afganistán, que ya doblegó a soviéticos y estadounidenses, tiene 652.000 km². Irán es 2,5 veces más grande. Su población es la orgullosa heredera de una tradición de resistencia que solo pudieron doblegar Alejandro Magno en el siglo IV a.C. y los mongoles en el siglo XIII (no por nada Netanyahu -o su recreación IA- rememoraba recientemente a Gengis Khan en una alocución entre surrealista y disparatada). Además cuenta con el apoyo satelital de una red de aguerridas milicias (Hezbolá, hutíes, grupos afines en Irak y Siria, ...) que asegurarían una campaña de desgaste brutal contra un ejército invasor. Ningún ejército moderno ha ocupado exitosamente un territorio de 1,6 millones de km² con población hostil. La recurrente comparación de lo que puede ocurrir con lo sucedido en Vietnam no es nada descabellada.


Una imagen que amenaza con repetirse en bucle en todos los noticiarios.
La única variable será que los ocupantes de los féretros serán distintos.
Y tal vez que el arrogante Trump se quite la gorra e incline la cerviz.

Llevar tropas al estrecho de Ormuz significa ponerlas a merced de los misiles y drones iraníes, que han llegado a atacar objetivos tan lejanos como la isla de Diego García, a 4.000 kilómetros, con lo que se es fácil augurar una carnicería. Y luego está el ver si una o varias cabezas de puente en territorio iraní bastará para que los petroleros puedan transitar por el estrecho: a lo largo de toda la trayectoria pueden ser atacados múltiples veces y las famosas cúpulas de hierro e interceptores han demostrado no ser tan infalibles como pretendían Israel y EE.UU.

De hecho en los últimos días ha salido información de que tanto israelíes como los EE.UU. se están quedando sin interceptores para neutralizar los ataques con misiles y drones iraníes.

No se sabe muy bien cuantos misiles le quedan a Irán, pero los más potentes aún no han sido utilizados, porque antes se ha dedicado a cegar los radares e interceptores. Si decidiera lanzarlos sería a partir de ahora, cuando la famosa cúpula de hierro de la que presumía Israel está ya muy deteriorada y los ataques con misiles más potentes tendrían mayor impacto.


La alianza táctica entre USA e Israel cojea por la disparidad de objeti-
vos: USA quiere adueñarse de los recursos de Irán, Israel quiere su to-
tal destrucción. Esa contradicción puede dinamitar su colaboración

Trump ya no puede dar marcha atrás sin pagar un precio político exhorbitante. O toma las islas y desembarca en la costa iraní, asumiendo centenares de bajas, o se retira aceptando una clara derrota al no haber conseguido derrocar al régimen iraní. Con Israel presionándole con argumentos fáciles de imaginar -recordemos para quien trabajaba el chantajista Epstein- se encuentra entre la espada y la pared. Y en cuanto empiece el desfile de soldados muertos hacia EE.UU. la presión social lo va a liquidar políticamente. Si no libera el estrecho es un cadáver político, y si tarda mucho y se empantana la cosa también. Ya no tiene salidas fáciles, y la guerra de desgaste que sostiene va a marcar las elecciones de medio mandato que previsiblemente le supondrán un rapapolvo tremendo, además de posibilitar un "impeachment" que lo desaloje de la presidencia. No tiene nada fácil el salir de ésta.

Luego está la desesperación de su "aliado" Israel, que soporta bombardeos iraníes día y noche y que le utiliza como el matón del barrio utiliza a sus secuaces, que desprecia pero que le hacen el trabajo sucio. La tentación de recurrir a su arsenal nuclear es cada día que pasa mayor, y si al final lo empleara nadie puede pronosticar qué pasaría. Desde luego, Rusia y China no se iban a quedar de brazos cruzados.


Da la impresión de que el presidente repetidor está improvisando a diario su enfoque de este conflicto, mientras que Irán tiene cartas guardadas que va poniendo sobre la mesa a medida que se desarrollan los acontecimientos. Los misiles balísticos que va desplegando -los Quad, Emad, Sejjil, Khorramshahr, Soumar, ... y toda una panoplia de "juguetitos" que deja corto el catálogo de Toys´r´us- son cada vez más sofisticados, con velocidades de Mach 15 y capacidad de rebote atmosférico. Estos misiles hipersónicos no solo son más rápidos, sino que son impredecibles, y lo más importante: son baratos en comparación con los sistemas defensivos que pretenden contrarrestarlos. Un Fattah-2 cuesta una fracción de un Patriot, y puede destruir el radar que guía al Patriot.

Descartada por ahora la vía diplomática para resolver el conflicto, porque EE.UU. ya demostró su nula fiabilidad al atacar en plenas negociaciones de paz en Omán, ya solo queda el lenguaje de las amenazas. La última proferida por Irán es la de cortar los cables submarinos que conectan a Internet media Asia, dejando mermadas las comunicaciones exteriores de las monarquías del Golfo. A su vez Trump, al tiempo que cada dos por tres anuncia una «victoria» contra Irán que se contradice con los hechos y afirma sin ruborizarse que todos los misiles iraníes han sido destruidos, exige la reapertura del estrecho de Ormuz amenazando con destruir todas las centrales eléctricas de Irán si aquella no se produce. Uno no puede evitar fantasear con que en las conferencias de prensa de la Casa Blanca haya un periodista tocapelotas en plan Vito Quiles que haga la pregunta que tanta fanfarronada exige: "Presidente, si todos los misiles de Irán ya han sido destruidos, ¿qué es lo que teme que arrojen a los barcos que intenten pasar por el estrecho de Ormuz? ¿Piedras?, ¿alfarería típica de la zona?, ¿ropa sucia?, ¿mocos?". Para un mandatario tan acostumbrado a burlarse con arrogancia de la prensa sería un correctivo merecido, no me lo nieguen.


Lo más paradójico de la situación es que Trump pretendió justificar este desaguisado afirmando que Irán iba a disponer en breve de armas atómicas, y es su campaña bélica la que puede acabar materializando una hipótesis que en el momento de ser formulada era más falsa que un billete de tres euros, no porque el país esté en condiciones de desarrollar un arsenal "made in Irán", sino porque Rusia o China pueden facilitárselo. De momento EE.UU. ya ha asesinado a los líderes iraníes que más se habían significado en su oposición al uso de armas nucleares. Como se dice irónicamente, "un plan sin fisuras".

Pero es que además Irán está utilizando armas de una capacidad destructiva que no tiene nada que envidiar a las armas atómicas convencionales. Los misiles Kheibar llevan ojivas de hasta mil quinientos kilos de explosivo en algunos modelos, y su potencia es suficiente para generar una onda expansiva masiva, que se propaga a velocidades supersónicas, superiores a los dos mil kilómetros por hora, reventando cuerpos y edificios. Sin radiación, sin contravenir los acuerdos suscritos por Irán con la OIEA porque no hablamos de un arma nuclear, y aún así igualando la devastación que aquella causaría. Misiles como el Khorramshahr-4 pueden llevar hasta ochenta y siete submuniciones, lo que no solo crea una onda masiva, sino un enjambre de explosiones que cubren un área extensa saturando la zona de destrucción. Las bombas de racimo empleadas por Israel contra la población civil de Gaza no llegan ni a caricatura de esta Hidra de múltiples cabezas. El régimen de los Ayatoláhs ha hecho los deberes, y ahora hasta su enemigo imperial está copiando sus drones para abaratar una campaña que engulle miles de millones de dólares sin que eso le reporte ventajas significativas. Y hablamos de unos Estados Unidos cuya deuda lastra su economía de un modo brutal, que le obliga a pagar unos intereses anuales de un billón de dólares.

De momento el presidente del pelo naranja va de pataleta en pataleta, echando pestes de una OTAN que le apoya solo de boquilla y que no le secunda en su aventura, y con razón, porque hacerlo sería convertir a Europa -más aún- en títere del supremacismo israelí, y suicidarse por amistad a un patán y un genocida del que éste es el tonto útil no es un plan apetecible. En todo el planeta, solo Milei, otro que tal baila, y no por tangos, ha asegurado que mandará tropas a Oriente Medio "si se lo pide su amigo Trump". El diablo del populismo los cría y ellos se juntan.

Esta guerra nunca se debió producir, partió de premisas erradas y cada día en que se mantiene se alimenta la magnitud de la crisis económica global que está provocando. Hay puertas que nunca deben abrirse. El pueblo de EE.UU. ha apostado por un demente para intentar revertir su decadencia y lo que ha hecho es acelerarla y certificarla.

(Artículo basado en múltiples fuentes, siendo las principales una entrada del blog de Javier Quintero y el excelente portal ácratas.net, fuentes ambas a las que desde aquí agradezco sus exhaustivos análisis)

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