Detrás de la fachada financiera de Londres se oculta una madeja letal: las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido operan como el sistema circulatorio de un terrorismo gestado durante dos siglos por el Imperio Británico, un imperio que nunca se fue, sino que se disfrazó de globalización financiera.
Un informe secreto destapa que terroristas del Estado Islámico recibieron 28.000 millones de libras de dinero público británicohttps://t.co/eHDxGhI5jt
— LA GACETA (@gaceta_es) June 10, 2026
En un artículo reciente publicado por la ensayista y fiduciaria Anna Von Reitz se desvela una trama geopolítica de una envergadura que sacude los cimientos de la narrativa oficial sobre el terrorismo y el narcotráfico contemporáneos. Von Reitz sostiene que, utilizando sus propios archivos y registros desclasificados, Gran Bretaña ha quedado al descubierto como la creadora, financiadora y operadora de la Hermandad Musulmana en Egipto, Jordania y Líbano. No se trata de una injerencia menor, sino de los tres capítulos principales identificados como las piezas motrices del movimiento, esto es, la dirección entrelazada que ejerce el control organizativo, administrativo y financiero de todas las organizaciones terroristas en Oriente Medio. La autora enfatiza la palabra “todas” y pide al lector que se detenga a reflexionar sobre su significado radical: no existe grupo yihadista importante en la región que escape a esta telaraña de origen británico, una afirmación que encuentra eco en los trabajos de Robert Dreyfuss y Mark Curtis, este último exinvestigador de Chatham House, quienes documentaron cómo la inteligencia británica adoptó a la Hermandad desde su fundación en 1928 en Ismailia (Egipto), donde la Compañía Británica del Canal de Suez ayudó a construir la mezquita que se convirtió en su base operativa.
Sin embargo, la revelación no termina en el Mediterráneo oriental. Von Reitz traza un arco que conecta estas mismas estructuras de poder con las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido que han operado a escala mundial durante los últimos doscientos años. De acuerdo con su investigación, las organizaciones que reciben los fondos de la Hermandad Musulmana están en el extremo receptor de los mismos cárteles de droga afiliados a Gran Bretaña, financiados, organizados y administrados con idéntica metodología. Por ello, no sorprende que la propia Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) esté presionando a la City de Londres y a Canadá para que emprendan una corrección estructural, como reportó Kayla Thompson en CTV News. La conexión resulta explosiva: si se busca la paz en Oriente Medio, advierte Von Reitz, es imperativo cortar el flujo de dinero hacia las organizaciones terroristas falsamente autónomas que, en realidad, son meros testaferros británicos. Ese flujo monetario se nutre de las ganancias de las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido diseminadas por todo el orbe, con un centro neurálgico en Canadá y ramificaciones que alcanzan a la propia administración Trump, cuyo secretario del Tesoro, Scott Bessent, lanzó en la reunión del G7 un mensaje titulado “No Money for Terror” que, según la analista Susan Kokinda -cuyo trabajo fue difundido por Promethean Updates el 20 de mayo de 2026-, no apuntaba realmente a Irán sino a la City de Londres como el verdadero epicentro del lavado de dinero terrorista.
La analista Susan Kokinda sostiene que el mensaje “No Money for Terror” de Bessent, aunque formalmente enmarcado en sanciones contra Irán, tiene un objetivo real muy distinto: la City de Londres. Bessent advirtió que no hay “espacio para excusas” y señaló tres vectores de financiación del terrorismo: las empresas fantasma incrustadas en Europa, las redes bancarias paralelas en Oriente Medio y los cárteles de droga en el hemisferio occidental. Kokinda interpreta que esta tríada describe exactamente el imperio financiero extraterritorial de Londres y sus operaciones narcoterroristas. Al examinar las designaciones recientes de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), Kokinda encuentra un patrón revelador: múltiples entidades sancionadas -como Mousavi, Thriving Times International, Global Fortune Shipping Limited y Science Obedient International Company Limited- tienen direcciones en Londres o en territorios de ultramar británicos como las Islas Vírgenes Británicas. Incluso cuando la prensa convencional no conecta estos puntos, la propia lista de la OFAC lo hace, apuntando directamente a la City. Además, cuando Bessent se reunió con la canciller británica Rachel Reeves en Washington, fue la única ministra de finanzas que recibió una advertencia explícita sobre la “Operación Fury Económica” contra las redes de financiación de Irán, lo que Kokinda lee como una advertencia velada pero inequívoca a Londres. La segunda pata del argumento de Kokinda se apoya en la nueva Estrategia de Contrainteligencia de la Casa Blanca, que identifica a la Hermandad Musulmana como “la raíz de todo el terrorismo yihadista moderno”, desde Al Qaeda hasta ISIS y Hamás. Kokinda pregunta: si es la raíz, ¿quién plantó la semilla? Responde con referencias históricas documentadas por Dreyfuss y Curtis. Según Curtis, basado en registros gubernamentales británicos desclasificados, la inteligencia británica adoptó a la Hermandad Musulmana desde su fundación. Las tres ramas que Trump ha designado como organizaciones terroristas extranjeras -Egipto, Jordania y Líbano- son exactamente las mismas tres que aparecen en los archivos desclasificados del Foreign Office británico como “activos operacionales” construidos, financiados y desplegados por Londres. Cuando Curtis solicitó acceso a los registros más recientes de contactos entre el Foreign Office y la Hermandad, el gobierno británico denegó la solicitud alegando “interés público”, lo que Kokinda traduce como: es su interés, no el tuyo. Esta opacidad deliberada solo refuerza la tesis de que las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido no son un fenómeno periférico o una colección de actores descentralizados, sino un sistema orgánico diseñado desde las entrañas del poder imperial.
El libro Narcotráfico, S.A. (Dope, Inc.), publicado originalmente en 1978 por los editores de Executive Intelligence Review y reeditado en 2010, desmontó la visión ingenua del narcotráfico como un fenómeno local de criminales clandestinos. La obra demostró que el blanqueo de dinero de la droga es un proceso vertical diseñado desde la City de Londres y que responde a una motivación estratégica: el sometimiento de poblaciones enteras a una esclavitud mental, tal como lo expresó el fabiano británico Aldous Huxley al describir un “campo de concentración de la mente”. Steinberg revela la simbiosis entre el sistema financiero global centrado en el Grupo Inter-Alpha (fundado por Lord Jacob Rothschild y llegado a controlar el 70% de los activos bancarios mundiales) y el negocio ilegal de estupefacientes, señalando que, como admitió Antonio Maria Costa, exdirector de la ONUDD, el dinero de la droga se convirtió tras la crisis de 2008 en el único capital líquido disponible para sostener la banca especulativa. El artículo detalla la persecución sufrida por Lyndon LaRouche y el EIR por parte de la Corona británica -incluyendo su encarcelamiento en 1989- como represalia por haber expuesto esta trama, y concluye que el inminente colapso del sistema Inter-Alpha arrastrará consigo a Narcotráfico, S.A., desenmascarando definitivamente al “Imperio Bruto”: el aparato de instituciones de la Corona, la City, sus bancos extraterritoriales, sus compañías de seguros y su propaganda, que ha operado como una continuidad de las Guerras del Opio del siglo XIX.
Von Reitz desafía entonces un prejuicio muy extendido: la idea de que Canadá es un país inocuo en la cadena global del narcotráfico y la trata de personas. Por el contrario, sostiene que Canadá se ha convertido en una proveedora de primera línea de drogas peligrosas y adictivas, gracias a una frontera norte con Estados Unidos que permanece prácticamente sin protección a lo largo de miles de kilómetros. Las reservas indígenas y las zonas de libre comercio existentes en ambos países permiten un tráfico aéreo sin regulación, además de intrincados sistemas de intercambio de equipaje que se originan en territorio canadiense. Los Grandes Lagos, señala, son un punto ciego logístico cuya seguridad resulta casi imposible de garantizar. Todo ello ha convertido a Canadá en una auténtica “vaca lechera” dentro de la red mundial de cárteles afiliados al Reino Unido. Y este fenómeno no es nuevo: los británicos, recuerda Von Reitz, han estado en el fondo del tráfico ilícito de drogas desde las Guerras del Opio. Sus armadas transportaron estupefacientes, protegieron a los contrabandistas, desarrollaron redes de suministro en tierra y crearon cábales de proveedores durante dos siglos enteros, un legado que hoy se manifiesta en la presencia de las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido en todos los continentes.
El dinero generado por las drogas ha servido para financiar operaciones encubiertas (black ops) de organizaciones terroristas en Oriente Medio y más allá. Pero aquí Von Reitz plantea una distinción filosófica tan incómoda como necesaria: ¿son realmente terroristas o más bien mercenarios vinculados a bancos y corporaciones comerciales, manipulados como fichas en un tablero financiero? La autora afirma sin ambages que el único terrorismo verdadero que existe es el de los ladrones comerciales y los intereses corporativos decididos a controlar la mano de obra y los recursos básicos del planeta. El narcotráfico y la promoción de drogas peligrosas son, en esencia, un gran negocio comercial, al igual que la lacra de la trata de personas, la extracción de órganos y el fanatismo religioso. Todo está conectado, insiste, y todo se conecta con los bancos centrales y con el Imperio Británico. Un imperio que se daba por muerto y enterrado, pero que simplemente cambió la jurisdicción de sus operaciones y continuó expandiéndose mediante fraude institucionalizado, robo de identidad, legalización del crimen y titulización (securitization) de la carne viva. Esta visión radical encuentra un paralelismo en los análisis de Thierry Meyssan, quien en su artículo “La Hermandad Musulmana como fuerza de tareas de MI6 y de la CIA” sostuvo que redes vinculadas a la Hermandad -una sociedad secreta organizada según el modelo de la masonería inglesa- habrían operado como intermediarias logísticas en operaciones encubiertas británicas y estadounidenses, un informe del Departamento de Estado de 1988, posteriormente difundido por WikiLeaks, describía a Hamas como una creación de la Hermandad Musulmana con vínculos internacionales, lo que refuerza la idea de una relación histórica compleja entre movimientos islamistas y servicios de inteligencia occidentales, como documenté en mi artículo “La estrategia de decapitación contra el CJNG como instrumento de fragmentación territorial y mecanismo de subordinación de la soberanía mexicana al orden financiero transatlántico”.
En el punto culminante de su alegato, Von Reitz señala directamente a los responsables últimos: estos crímenes, que incluyen violaciones de la confianza, quiebras de contratos y tratados, son actos y responsabilidad del monarca británico, la Corona Británica, el Lord Mayor de la City de Londres y el Papa. Pero por debajo de ellos, invisibles, enconados y en última instancia responsables, fermentan los banqueros alemanes y suizos que crearon toda la arquitectura de este fraude y que forzaron su implantación primero en Gran Bretaña y Sudáfrica, y después en todo el mundo. La autora concluye que ha llegado el momento de reconocer quiénes planificaron y cometieron estos crímenes, diferenciándolos de quienes fueron utilizados como meros escaparates o testaferros. Su país y su pueblo -afirma- no son responsables de los males promovidos por una corporación comercial territorial británica que robó su identidad, abusó de sus tratados y violó sus propios contratos de servicio. El escrito, fechado el 20 de mayo de 2026 y firmado por Anna Maria Riezinger en su calidad de fiduciaria de los Estados Unidos de América, constituye un aldabonazo en la conciencia jurídica y política de nuestro tiempo. No se trata de una teoría conspirativa menor, sino de una llamada a la acción respaldada por registros y documentos que, según la autora, están a disposición de quien quiera examinarlos. La pregunta que queda flotando, incómoda y urgente, es si el mundo aceptará mirar de frente a las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido como el verdadero eje del terrorismo global, o si preferirá seguir creyendo en la fachada de un Imperio que nunca se fue, sino que se disfrazó de globalización financiera. La respuesta, sugiere Kokinda al conectar los puntos entre Bessent, la OFAC y la nueva estrategia de contrainteligencia, podría estar escribiéndose en este mismo momento en los despachos de Washington, donde la “Operación Fury Económica” parece tener un objetivo mucho más ambicioso que Teherán: desmontar el andamiaje centenario de la City de Londres y sus redes de narcotráfico afiliadas. Si así fuera, el mundo asistiría a la primera confrontación seria contra las redes de narcotráfico afiliadas al Reino Unido desde que el Imperio Británico comenzó su larga noche de opio, mezquitas y terror financiero.
José Luis Preciado
(Visto en https://mentealternativa.com/)
_a%20-%20copia_2.-.jpg)


No hay comentarios:
Publicar un comentario