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miércoles, 3 de junio de 2026
¿COMENZARÁ LA TERCERA GUERRA MUNDIAL EN EUROPA CENTRAL? LOS VERDADEROS OBSTÁCULOS A LA PAZ EN EUROPA QUE NADIE VE
Todo indica que la chispa que podría encender la mecha del próximo teatro de operaciones principal de la guerra global, y posiblemente una Tercera Guerra Mundial de proporciones nucleares, no surgirá de los campos de batalla de Ucrania ni de las tensiones con Irán, por más letales que estas sigan siendo, sino del corazón mismo de Alemania.
En un análisis reciente, el geoestratega Dennis Small se plantea una tesis que pocos en Occidente se atreven a articular en voz alta: la chispa que podría encender la mecha de una Tercera Guerra Mundial de proporciones nucleares no surgirá de los campos de batalla de Ucrania ni de las tensiones con Irán, por más letales que estas sigan siendo, sino del corazón mismo de Alemania. Esta afirmación, que en apariencia roza la hipérbole, encuentra fundamento en declaraciones recientes de altos mandos militares germanos y en una escalada retórica que rememora los pasos previos a las grandes catástrofes del siglo XX. Para comprender la magnitud del peligro, es preciso observar con atención lo que ocurre en la cancillería de Friedrich Merz y en los estudios de televisión donde, por primera vez, figuras del establishment alemán rompen el tabú de advertir sobre una represalia rusa en territorio germano, mientras que el analista geopolítico Thierry Meyssan señala que las verdaderas dificultades para la paz residen en el reconocimiento del carácter nazi del régimen de Kiev, la ilegitimidad de la reunificación alemana y la obsesión antirrusa del Reino Unido.
Mi línea de análisis, esbozada en septiembre de 2024, apunta en la misma dirección, aunque con un foco más preciso en la infraestructura estratégica que haría posible ese frente europeo. Como expuse en el artículo titulado “¿Qué acordaron las élites occidentales durante una supuesta reunión secreta en el histórico Puerto de Trieste, en el noreste de Italia?”, la estrategia occidental no se limita a Ucrania, sino que apunta a la creación de un frente manejable desde el puerto de Trieste -epicentro de la doctrina Trimarium o Iniciativa de los Tres Mares- hasta el norte de Europa, involucrando a Polonia y a la propia Alemania como puntales de una nueva cortina de hierro contra Rusia. En aquel entonces advertí que la militarización del puerto franco de Trieste, violando tratados internacionales, y su conexión con Hamburgo y Constanza formaban parte de un plan para, si Ucrania caía, extender el conflicto a Mitteleuropa con presencia militar de la OTAN y preparativos bélicos ya en curso, incluyendo la reintroducción del servicio militar obligatorio en Croacia y su consideración en Italia. Hoy, las declaraciones del general Erich Vad y los comunicados del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso confirman que ese frente europeo no solo era real, sino que Alemania se ha convertido en su núcleo activo.
El detonante público de este debate ha sido una intervención del general de brigada retirado Erich Vad, quien fuera asesor de política militar de la excanciller Angela Merkel entre 2006 y 2013, en un programa de alta audiencia de la cadena ZDF. Vad, respetado por su sobriedad y conocimiento de la maquinaria defensiva europea, se enfrentó sin ambages al experto en seguridad de la Unión Demócrata Cristiana, Roderich Kiesewetter, conocido por sus posiciones belicistas. “¡Tu retórica nos está llevando a la guerra!”, exclamó Vad, advirtiendo que si el gobierno de Merz continúa con la movilización bélica contra Rusia, si insiste en integrar a Ucrania en la Unión Europea de manera expedita y si Alemania persiste en producir y dirigir drones contra objetivos rusos, entonces los misiles de represalia caerán sobre suelo alemán. “Llegará el día -sentenció el general- en que ellos lancen ataques de represalia contra Europa, contra Alemania. Primero de forma convencional y, si es necesario, subirán un peldaño más. Rusia es la potencia nuclear más fuerte del mundo. Si incorporamos a Ucrania a Europa, ¡traeremos la guerra con Rusia a Europa!”. Estas palabras, emitidas en la televisión pública germana, no constituyen una exageración aislada, sino el reflejo de una percepción estratégica que ya circula en los círculos de inteligencia rusos y que Meyssan complementa al recordar que la identidad de la Federación Rusa no reside en el recuerdo de Catalina la Grande sino en la lucha de los soviéticos contra el nazismo, conocida como la Gran Guerra Patria, una lucha que los actuales gobernantes de Kiev, con su rehabilitación de colaboracionistas del III Reich, han decidido profanar sistemáticamente. Alemania está reconstituyendo su ejército con ayuda financiera del Reino Unido … exactamente como ya ocurrió bajo otro canciller, Adolf Hitler, quien rearmó Alemania con el respaldo del gobernador del Banco de Inglaterra, Lord Montagu Norman. El actual canciller Friedrich Merz acaba de reinstaurar el servicio militar obligatorio, y ahora todos los varones alemanes deben notificar a las autoridades antes de viajar al extranjero.
El gobierno ruso ha culpado directamente a los países de la OTAN y a la UE del ataque del 22 de mayo contra la escuela de oficios de Starobelsk, en la República Popular de Lugansk, donde drones ucranianos asesinaron al menos a dieciocho adolescentes mientras dormían en sus dormitorios. El propio Vladímir Putin calificó el hecho como “una manifestación de neonazismo”, mientras que el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso señaló que estos ataques utilizan armas de largo alcance suministradas por naciones de la OTAN, con asistencia técnica de especialistas extranjeros y selección de objetivos basada en inteligencia occidental. El ministro Serguéi Lavrov, en una reunión del partido Rusia Unida, declaró sin ambages: “La Unión Europea es ahora prácticamente indistinguible de la OTAN y se ha convertido, en esencia, en una réplica de esa alianza… También estamos viendo casos de intervención militar directa”. Ante este panorama, la fundadora del Instituto Schiller, Helga Zepp-LaRouche, ha calificado de descabellada la mera posibilidad de que Alemania entre en una Tercera Guerra Mundial contra Rusia, y ha hecho un llamado urgente al gobierno de Merz para que abandone su política provocadora y retome una vía de cooperación económica mutuamente beneficiosa. Zepp-LaRouche planteó asimismo la necesidad de dar la mayor difusión posible a su carta abierta “A los gobiernos de las Naciones Unidas: Una propuesta para llevar la paz y el desarrollo al sudoeste asiático”, cuyo objetivo es contribuir al debate sobre una nueva arquitectura internacional de seguridad y desarrollo que se llevará a cabo en la sesión especial del Consejo de Seguridad de la ONU del 26 de mayo.
Lo que convierte a Alemania en un detonador privilegiado de una Tercera Guerra Mundial no es solo su poderío económico o su ubicación geográfica, sino la convergencia de varios factores que Meyssan desglosa con claridad: el activismo del gobierno de Merz en el envío de armamento de precisión, la posibilidad de activar el artículo 42 del tratado de la UE -equivalente al artículo 5 de la OTAN- para incorporar a Ucrania, y el resurgimiento de un discurso revanchista que los líderes rusos ya han identificado como una amenaza existencial. Dimitri Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, publicó el 7 de mayo un artículo titulado “La nueva militarización de Alemania: renacimiento del espíritu o revanchismo descarado”, donde sentaba las bases de una interpretación que hoy se repite en la Duma: el actual gobierno alemán no oculta sus planes de declarar la guerra a Rusia. El vicepresidente de la Comisión de Política de Información, Evgueni Popov, señaló que se observan inversiones masivas en armamento, expansión del ejército y esfuerzos activos de reclutamiento. Y Piotr Tolstói, vicepresidente de la Duma estatal, fue todavía más lejos: “Otra cruzada hacia el este de un Reich europeo marcaría el punto final en la historia del continente”. A esta visión se suma la advertencia de Meyssan sobre la ilegitimidad de la reunificación alemana de 1990, pues Alemania occidental nunca pidió la opinión de los alemanes del este, y sobre la naturaleza del canciller Merz, nieto de un dignatario nazi, que reprime a quienes cuestionan su política utilizando la Oficina de Protección de la Constitución, una rama del órgano federal que acogió a numerosos responsables de la policía del III Reich después de la Segunda Guerra Mundial.
Como señalé en 2024 basándome en los análisis de autores como Allen Douglas, Mark Burdman y Lorenzo Maria Pacini: las élites que impulsan esta reconfiguración bélica de Europa en el actual reparto de las cartas de la historia, no son únicamente la OTAN o los gobiernos nacionales, sino una sinarquía mucho más antigua: la masonería, las familias aristocráticas de la «nobleza negra», la Soberana Orden Militar de los Caballeros de Malta, los herederos de los «antiguos de Venecia» y clanes como los Thurn und Taxis, que han controlado durante siglos el nodo estratégico de Trieste y su puerto. A estas se suman los grandes consorcios financieros como Assicurazioni Generali (con sede en Trieste) y la banca de inversión Lazard Frères, cuyos consejos han estado presididos por miembros de las familias Giustiniani, Orsini, Rothschild, Doria y Volpi. Este entramado, que ya en 1983 fue documentado por Mark Burdman en el castillo de Duino planeando la restauración del Imperio de los Habsburgo bajo el eslogan de «Mitteleuropa» (Europa Central), busca disolver los Estados-nación soberanos en una «Europa de las Regiones» neofeudal, donde la guerra perpetua y la economía de servicios (seguros, finanzas, tecnologías de control) reemplacen a la producción y la soberanía industrial. La Iniciativa de los Tres Mares (Trimarium) no es, desde esta perspectiva, una alianza defensiva, sino el instrumento operativo de esa sinarquía para imponer una nueva cortina de hierro -desde el Adriático hasta el Báltico- y cerrar el paso a cualquier alternativa de desarrollo basada en la cooperación eurasiática o en la soberanía de los pueblos.
En este clima de creciente hostilidad, la advertencia del general Erich Vad resuena como una campana fúnebre que pocos quieren escuchar. No se trata de un pacifismo ingenuo ni de una simpatía hacia Moscú, sino del cálculo frío de un estratega que conoce la capacidad destructiva de Rusia y la fragilidad de las defensas europeas frente a un conflicto directo. La pregunta que sobrevuela los titulares de la prensa alemana y las sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU es si aún estamos a tiempo de desactivar esta trampa mortal. La respuesta dependerá de si los gobiernos occidentales, y en particular el alemán, son capaces de comprender que la única victoria posible en una guerra nuclear es no librarla. Como escribió Zepp-LaRouche, la construcción de una nueva arquitectura de seguridad global basada en el desarrollo económico compartido y la cooperación interestatal es la única alternativa racional al abismo. Pero el tiempo se agota, y la mecha ya está ardiendo en el corazón de Europa. La Tercera Guerra Mundial, si no se detiene esta locura, podría comenzar donde empezaron las dos anteriores: en suelo alemán. Solo que esta vez, como advirtió Vad, el peldaño nuclear transformaría el continente en una ceniza silenciosa, mientras que, como apunta Meyssan, las dificultades reales para la paz no están donde todos creen, sino en el reconocimiento del carácter nazi del régimen de Kiev, la independencia de Alemania oriental y el fin de la obsesión antirrusa de un Reino Unido que, desde el siglo XIX, ve a Rusia como su único rival planetario.
José Luis Preciado
(Visto en https://mentealternativa.com/)
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