martes, 13 de octubre de 2026

LA GRAN FARSA DEL AGUJERO DE LA CAPA DE OZONO



Hoy, en "Grandes farsas que la gente se creyó": El Agujero de Ozono.

Hacia 1985 un grupo de gases llamados fluorocarbonados, que servían para refrigeración y para que los aerosoles hagan pffff, estaban por quedar libres de patentes, ya que había trascurrido el tiempo fijado por las leyes.

Solo en gas freón se dejarían de percibir 4000 millones de dólares al año.

La solución era investigar y conseguir gases más eficientes, baratos y seguros.

Pero la química es aburrida.

Además a los chicos que les gustaba jamás los invitaban a las fiestas, y los matones de la escuela los golpeaban de lunes a viernes, así que faltaban incentivos. Sin duda era más efectivo para conseguir novia aprender a bailar breakdance que ponerse a hacer cosas raras en el laboratorio.

Así que había que pagarles mucho a los pocos investigadores que llegaron a terminar la universidad, y llevaría años, ya que los gases existentes ya eran seguros y baratos.

En aquella época el músico Boy George, de Culture Club cantaba The War Song, con el estribillo: "La gente es estúpida". Creo que de ahí les vino la inspiración.



Bastó con buscar a tres científicos mal pagados y muertos de frío que trabajaban en la Antártida, y pedirles que "descubrieran" un agujero en el ozono que rodea al planeta.

¿Por que no en Minesota? Porque es facil llegar allí tomando la Ruta 61, largar un globo con instrumentos básicos y darse cuenta de la farsa.

El paso siguiente era pedirle a la revista "Nature" que publicase el estudio.

"Nature" es una revista científica seria, lo que significa que para que te publique un estudio hay que darle al editor, disimuladamente, un sobre gordito con al menos 25.000 dólares.

El "National Enquirer" te lo publica por 400, pero al lado de una nota con fotos de un extraterrestre que vive en la casa de una jubilada de Miami. No sirve.

El miedo vende, así que todos los medios de comunicación salieron en manada a advertir del terrible agujero de ozono.

No es nuevo, en 1910 los periódicos publicaron una investigación de un científico francés diciendo que la cola del Cometa Halley era venenosa, e iba a rozar la tierra. No aclaron que "cerca", en términos astronómicos, era pasar a 40 millones de kilómetros.

Se suicidaron 1500 personas. Mi bisabuela contaba que le ponían, como a todos los niños, un casco y colgando de este una máscara de muselina, para jugar afuera, un traje de astronauta de 1910. Otros usaban latas de galletitas en la cabeza, esas que tenían un vidrio para ver.


En 1985 los padres escondían a los niños del sol.

Problema: Agujero de Ozono.

Culpable: Los gases fluorocarbonados. Tu heladera y tu desodorante estaban destruyendo la atmósfera.

Solución: Protocolo de Montreal, prohibiendo estos gases, reemplándolos por gases de hidrocarburos, más caros, más inflamables, con patentes nuevecitas, pero que no "producen agujeros".

Y que insuflaron nueva vida al negocio de los fabricantes de aerosoles y gases refrigerantes, que volvía a facturar millones con la sustitución de los "peligrosos" clorofluorocarbonos.

Problema-reacción-solución lucrativa. Un esquema que hemos visto funcionar tantas veces que lo sorprendente es que la gente no haya pillado aún el truco.

Todos se tragaron la patraña.

En aquellos tiempos en el cine proyectaban "La revancha de los novatos".

Como deben reirse hoy cuando el matón del aula se queda sin carga, en el medio de la ruta, en su auto eléctrico que compró a cambio de su Ford Gran Torino para paliar los efectos de un supuesto "calentamiento global" con el que Al Gore nos machacaba de un modo que hacía honor a su apellido, calentándonos la cabeza en el único efecto térmico constatable de toda la farsa.

Te tomaron por tonto, te toman por tonto, y si no espabilas, te seguirán tomando por un tonto redomado.

Horacio Rivara

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