jueves, 1 de octubre de 2026

EL ANTECEDENTE REAL DE "UP"



El 2 de julio de 1982, varios pilotos comerciales que se aproximaban a Los Ángeles comunicaron algo difícil de creer: a unos 4.880 metros de altura había un hombre sentado en una silla de jardín, flotando entre decenas de globos y sosteniendo una pistola de aire comprimido. No era una alucinación. Se llamaba Larry Walters.

Walters tenía 33 años y llevaba mucho tiempo soñando con volar. No podía convertirse en piloto militar debido a su vista, pero había concebido una alternativa aparentemente sencilla: atar grandes globos meteorológicos llenos de helio a una silla de aluminio, elevarse sobre su barrio durante un rato y descender poco a poco reventando algunos globos con una pistola de perdigones.

El aparato era tan rudimentario como suena. Utilizó una silla de jardín de aluminio, numerosos recipientes de agua como lastre, un paracaídas, una radio y 42 globos meteorológicos. El Smithsonian conserva actualmente la propia silla y documenta todavía los trece recipientes plásticos y las cuerdas fijadas a su estructura.

Walters esperaba elevarse solo modestamente. Cuando se liberaron las sujeciones ocurrió algo completamente diferente: la silla ascendió con enorme rapidez. En poco tiempo estaba a unos 16.000 pies, 4.880 metros, dentro del espacio aéreo controlado de Los Ángeles. Pilotos de aviones comerciales lo vieron desde sus cabinas y notificaron a control aéreo que había un hombre flotando sobre la ciudad sentado en una silla.

A aquella altura hacía frío y el oxígeno era menor. Walters comenzó a utilizar la pistola para reventar globos y provocar un descenso controlado, aunque terminó perdiéndola. Compensó parte del descenso liberando agua del lastre. Finalmente bajó sobre Long Beach, donde algunos de los cables del sistema quedaron enganchados en líneas eléctricas y provocaron un corte temporal.

Sobrevivió sin sufrir una gran catástrofe, aunque la Administración Federal de Aviación tuvo después algunas preguntas bastante razonables sobre por qué un hombre sin aeronave certificada había aparecido a casi cinco kilómetros de altura dentro de un corredor aéreo.

La silla no desapareció. Años después llegó al National Air and Space Museum, donde sigue siendo la prueba material de que la historia ocurrió realmente.

Larry Walters quería flotar tranquilamente sobre su casa. Calculó tan mal la sustentación que terminó a la altura a la que vuelan algunos aviones, mientras pilotos profesionales informaban por radio de que acababan de cruzarse con un hombre sentado en una silla de jardín.


(Visto en la Red)

1 comentario:

  1. Que pena que Periquín de Montclua no sienta éstas inquietudes dieciochescas, porque con sus eminentes conocimientos de física matemática igual llegaría a la lune (pronunciese lűn, abocinando los morritos hasta que justo entre un canutillo) lugar dónde parece habitar permanentemente su inteligencia.
    ¿Qué nos dices Periquín, cuándo nos alegrarás celebrando esas anheladas nupcias aéreas con tu ego?

    ResponderEliminar