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miércoles, 17 de junio de 2026
¿HA SIDO SIEMPRE IRÁN MIEMBRO DEL N.O.M.? UNA HISTORIA EN CUATRO PSYOPS
Hay ejemplos de sobra para sostener que vivimos en una era post-nación, y esto quedó explícitamente claro con la "pandemia" de Covid-19. El papel crucial de Irán en la operación contra el Covid-19 es uno de los hechos que más nos obliga a ser cautelosos con la narrativa bélica actual, pero es un acontecimiento que probablemente precede a esa operación psicológica que marcó una época.
De hecho, sostengo que un análisis de la historia reciente de Irán demuestra que ha participado sistemáticamente en operaciones psicológicas y narrativas mediáticas, lo que evidencia su connivencia con los gobiernos occidentales y, en particular, con las facciones globalistas dentro de ellos.
Empezando por el nacimiento del propio régimen actual …
1.- Instauración del régimen de los Ayatolláhs
Todos conocen (o deberían conocer) la Operación Ajax, el golpe de Estado conjunto del MI6 y la CIA en Irán en 1953 que derrocó al gobierno democráticamente electo de Mohammad Mosaddegh, supuestamente para impedir la nacionalización de las reservas petrolíferas iraníes. El gobierno resultante fue una monarquía absoluta bajo el Shah Reza Pahlavi.
Menos comentada es la clara y evidente implicación de la CIA en la Revolución iraní de 1979.
Por ejemplo, tras ser exiliado de Irán por el Shah en 1978, Jomeini recibió asilo en Francia. Los motivos no están claros, pero se sabe que la administración Carter mantuvo constante comunicación con Jomeini durante su estancia en Francia. De nuevo, los motivos de esta comunicación no han sido claramente explicados.
Sabemos que el propio ex Shah afirmó en sus memorias que Estados Unidos y el Reino Unido se habían opuesto a su gobierno desde la nacionalización del petróleo iraní en 1973 y el consiguiente aumento de precios (recordemos que el gobierno anterior supuestamente fue derrocado para evitar un análogo intento de nacionalización).
Independientemente de si creemos o no al Shah, también sabemos que a finales de 1978, el embajador estadounidense en Irán telegrafiaba a Washington D.C. que el Shah estaba "condenado", y a principios de enero de 1979, generales estadounidenses viajaban a Irán para discutir un posible golpe de Estado con el ejército iraní y ponerlos en contacto con el segundo al mando de Jomeini.
El gobierno del Shah cayó en cuestión de semanas.
Todo esto está documentado.
Las posibles motivaciones podrían analizarse extensamente, pero es innegable que hubo cierta participación occidental en la instauración del régimen actual.
2.- La crisis de los rehenes
Apenas el nuevo gobierno iraní llegó al poder, se vio envuelto en una "crisis" internacional. En noviembre de 1979, un grupo armado asaltó la embajada estadounidense en Irán y tomó más de 50 rehenes.
Una supuesta razón para esto fue la oposición de Estados Unidos al nuevo gobierno revolucionario iraní y su apoyo al Shah, pero sabemos que esto no es cierto. Estados Unidos ayudó a derrocar al Shah, y nadie lo sabía mejor que Jomeini y sus principales colaboradores.
Lo que la "crisis" realmente logró fue convencer al pueblo iraní de que su nuevo gobierno se opondría a Estados Unidos, al tiempo que debilitaba la presidencia de Carter en Estados Unidos hasta el punto de que perdió las elecciones de 1980 por una aplastante mayoría.
La teoría de la «Sorpresa de Octubre» sostiene que personas cercanas al gobierno estadounidense retrasaron deliberadamente la liberación de los rehenes para manipular las elecciones por medio de terceros. Se sabe que el exgobernador de Texas, John Connelly, se encontraba de viaje por Oriente Medio en ese momento difundiendo este mensaje.
Los rehenes fueron liberados apenas unos minutos después de la toma de posesión de Ronald Reagan.
Seguro que algunos dirán que todo fue una coincidencia.
3.- El asunto Irán-Contra
Hasta 1979, todo el armamento de Irán se compraba a Estados Unidos. Tras la crisis de los rehenes, el presidente Carter impuso un embargo de armas a Irán por "apoyar el terrorismo", embargo que fue mantenido por su sucesor, Ronald Reagan.
Sin embargo, los círculos políticos de Washington nunca han sido partidarios de no vender armas a nadie. Argumentaban que un embargo solo acercaría a Irán a la URSS e inmediatamente buscaron maneras de continuar secretamente la venta de armas a Irán, eludiendo el embargo.
Resulta curioso lo frágil que puede ser la apariencia de oposición ideológica una vez examinada. Algunos podrían preguntarse si toda la retórica contemporánea sobre "terroristas malvados" y "el Gran Satán" era algo más que un teatro geopolítico particularmente ostentoso.
Para 1985, la administración Reagan llevaba cuatro años suministrando armas ilegalmente a Irán, tanto directamente como mediante la "lavado" de las ventas a través de Israel (y, por cierto, vendiendo armas a ambos bandos en la guerra Irán-Irak).
Al mismo tiempo, Estados Unidos apoyaba secretamente a los rebeldes antisandinistas en Nicaragua en su guerra de guerrillas contra el gobierno socialista del FSLN. Este apoyo era ilegal según la legislación estadounidense gracias a las Enmiendas Boland.
El caso Irán-Contra fue una evolución de los acuerdos de venta de armas con Irán, una operación encubierta liderada por el coronel Oliver North, mediante la cual se vendieron armas ilegalmente a Irán y las ganancias de estas ventas se utilizaron para financiar a los rebeldes en Nicaragua. Esto era totalmente ilegal y, técnicamente, constituía alta traición.
El escándalo estalló en 1987, dando lugar a largas audiencias en el Congreso y, finalmente, a decenas de cargos penales. De los once acusados condenados por delitos relacionados con el caso Irán-Contra, solo uno llegó a cumplir condena en prisión, y casi todos lograron que sus condenas fueran anuladas en apelación o recibieron el indulto presidencial de George Bush padre en 1991.
Oliver North posteriormente se postuló para un cargo político y tuvo una exitosa carrera en los medios de comunicación, trabajando como presentador de televisión y publicando más de una docena de libros. No está mal, teniendo en cuenta que hablamos de un convicto del delito de alta traición.
Es razonable preguntarse: ¿esto suena a algo que sucedería si Irán fuera realmente un adversario acérrimo del gobierno estadounidense?
¿Por qué el gobierno estadounidense vendería armas a un régimen que, según ellos, representa una amenaza para su propia existencia?
¿Y por qué un hombre que cometió traición al armar a un enemigo recibió una sentencia tan leve y se le permitió "irse de rositas", como se dice, con posterioridad?
Es casi como si a nadie le importara demasiado, ¿no?
Como mínimo, volvemos a ver la fragilidad de la fachada y el hecho innegable de que otros intereses, en su mayoría tácitos, unieron a estos supuestos estados enemigos más allá de la retórica y la propaganda.
4.- Covid
La supuesta pandemia de Covid es la operación psicológica más grande de todas, superando a la mayoría de sus predecesoras tanto en complejidad de ejecución como en el alcance de sus objetivos.
Y el gobierno iraní estuvo plenamente involucrado.
Irán fue uno de los primeros países, junto con Italia, en declarar un impacto del Covid fuera de China. De hecho, su respaldo a la narrativa de la pandemia fue utilizado por algunos medios alternativos como prueba de que la pandemia debía ser real, ya que "Irán jamás cooperaría con una operación psicológica globalista".
Pero cooperaró. Al máximo. Trabajó estrechamente con la Organización Mundial de la Salud, según el informe oficial de la OMS:
La OMS y sus colaboradores proporcionaron soporte crítico a Irán para afrontar los retos planteados y responder al desafío del Covid-19, lo que dio lugar al suministro de más de 130 millones de dosis de la vacuna y la capacitación para realizar análisis de secuenciación genómica de 7700 muestras virales.
Irán impuso confinamientos, hizo obligatorio el uso de mascarillas y decretó la vacunación prácticamente obligatoria, al igual que todos los demás países. También solicitó un préstamo de 5 mil millones de dólares al FMI para paliar los efectos del Covid-19.
Mientras que los verdaderos actores internacionales defendían los intereses de su nación y sufrían las consecuencias, Irán se prestó al juego, acortando y dificultando la vida de los iraníes de a pie, y generando grandes beneficios para sus élites.
Conclusión
La evidencia demuestra inequívocamente que el actual régimen iraní tiene un historial de cooperación con potencias occidentales proglobalistas, en detrimento de su propio pueblo y del interés mutuo de la clase política de ambos bandos; esto DEBE poner en tela de juicio absolutamente todo lo que hacen.
Incluida esta guerra.
Vivimos en una era de falsas dicotomías y de "males menores", ¿por qué no se aplicaría este sistema de control del pensamiento a la guerra?
Se nos dice que pensemos en términos sencillos: musulmanes contra cristianos; derechos humanos contra la ley islámica; democracia contra teocracia; quienes buscan el cambio de régimen contra la soberanía nacional; rebeldes antisistema contra cazafortunas imperiales.
Pero sabemos por experiencia que estas simplificaciones se utilizan para ocultar realidades a veces soterradas, complejas y muy diferentes de intereses convergentes y obediencia a narrativas.
Y sabemos que esta guerra ya ha contribuido a algunos aspectos fundamentales de la agenda del "gran reinicio", que probablemente sea la mayor amenaza actual para la humanidad.
¿Es esa la única razón de esta guerra? Probablemente no. Seguramente hay muchas narrativas en juego y muchos grupos de interés que buscan beneficiarse, e incluso las guerras libradas con cinismo pueden generar caos y resultados imprevistos. Podemos suponer, por ejemplo, que los líderes iraníes asesinados no tenían intención de morir, aunque sería ingenuo pensar que la estructura de poder no sacrificaría voluntariamente en determinadas circunstancias a algunos de los suyos.
Orwell comprendió los intereses mutuos de las élites gobernantes en promover la guerra y controlar sus resultados. Comprendió que la forma en que se la presenta al "proletario" no es la misma en que la ven quienes la organizan y se benefician de ella.
Incluso mientras se libra esta guerra, Irán sigue promoviendo las mentiras sobre el Covid-19, sigue apoyando los programas globalistas, sigue trabajando en su propia moneda digital del Banco Central y sigue construyendo su infraestructura de identidad digital.
Debemos recordar esto y desarrollar una forma más sofisticada de comprender -y contrarrestar- las nuevas narrativas bélicas pospandemia.
Ya no vivimos en 2003. Conocemos el objetivo final de la globalización, y no es ni la hegemonía estadounidense ni un califato islámico. Se trata, más bien, de un programa de control digital del dinero, los alimentos y los viajes que limita la libertad humana.
Un programa que ambos bandos de esta guerra respaldan.
Kit Knightly
(Fuente: https://dailynewsfromaolf.substack.com/; traducción: Astillas de Realidad)
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Aparentemente es un personaje del escenario, por lo tanto sigue el guion y son de la misma Compañía
ResponderEliminarExcelente artículo, bien argumentado y pienso que acertado
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