viernes, 19 de junio de 2026

LA PAZ QUE NADIE GANÓ: LO QUE EL ACUERDO ENTRE TRUMP E IRÁN REVELA SOBRE EL MUNDO QUE VIENE



Ciento once días después del disparo del disparo de Sarajevo sobre el Golfo Pérsico, la guerra entre Estados Unidos e Irán tiene un acuerdo sobre la mesa y un Estrecho que vuelve a abrirse. Trump lo llama victoria total. Teherán lo llama derrota definitiva del agresor. Ambos mienten a medias, que es la forma más eficaz de mentir.

Lo ocurrido desde el 28 de febrero no tiene precedentes en la historia reciente: la mayor perturbación energética desde las crisis del petróleo de los años setenta, el primer hundimiento por torpedo de un buque enemigo desde la Segunda Guerra Mundial, el asesinato del líder supremo de una potencia regional junto a su familia entera, y la instalación de una dinastía teocrática bajo el fuego de los misiles que pretendían derribarla. Al final, el acuerdo llegó mediado por Pakistán y Qatar, firmado electrónicamente un domingo y con ceremonia formal prevista para hoy en Ginebra. Una página y media de texto que nadie ha visto en su integridad. Ese documento de página y media es, hoy, el espejo más revelador del orden mundial que emerge de las ruinas.

Lo que el acuerdo dice y lo que calla

El memorando incluye la posibilidad de desbloquear los fondos iraníes congelados, suavizar las sanciones y crear un fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán, todo ello condicionado al cumplimiento de una serie de objetivos por parte de Teherán. El vicepresidente JD Vance encabezará las negociaciones técnicas por Estados Unidos, que comenzarán tras la ceremonia de firma en Ginebra.

Pero ya en las primeras horas tras el anuncio las versiones divergían con elocuencia. Trump aseguró a periodistas que el acuerdo garantiza un Ormuz "libre de peajes de forma permanente." Teherán asegura lo contrario: el portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, reiteró que Irán cobrará tasas por servicios de seguridad y medioambiente en el estrecho, aunque sin especificar la cantidad.

Dos países, un mismo acuerdo de página y media, dos realidades incompatibles. Esto no es un malentendido diplomático: es la arquitectura deliberada de un documento diseñado para que cada parte pueda venderlo como victoria en casa.

El primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif, mediador clave, anunció el acuerdo marco tras 107 días de guerra. El memorando representaría el mayor avance diplomático del conflicto y daría tiempo para negociar sobre las cuestiones nucleares pendientes durante los próximos 60 días. Sin embargo, el propio texto deja las cuestiones nucleares abiertas para esas negociaciones futuras. Lo que Trump prometió como objetivo central de la guerra -que Irán "nunca tendrá armas nucleares"- no está resuelto en el acuerdo que presenta como su mayor victoria.

El texto, de apenas página y media, servirá como base para las negociaciones técnicas. Funcionarios de ambos países señalaron que el acuerdo puede traducirse en beneficios económicos para Irán como el levantamiento de sanciones, el desbloqueo de activos retenidos en el extranjero y la creación de un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares respaldado por aliados del Golfo. Es decir: los mismos emiratos que sufrieron más de mil misiles y drones iraníes durante el conflicto financiarán ahora la reconstrucción del país que los disparó. La lógica transaccional ha devorado cualquier otra consideración.

El problema israelí: la parte que no firma la paz

El elemento más explosivo del acuerdo es lo que no contiene: Israel. Israel se unió a Estados Unidos en el lanzamiento de la guerra el 28 de febrero, pero no forma parte del acuerdo. Netanyahu aceptó a regañadientes el entendimiento pero dejó en claro que sus propios objetivos no están satisfechos. "Hemos establecido amplias zonas de seguridad alrededor del Estado de Israel -en Líbano, Siria y Gaza- y permaneceremos en ellas todo el tiempo que sea necesario", insistió el primer ministro, reconociendo sus roces con Trump.

Esos roces quedaron expuestos sin filtros. Trump criticó con dureza a Netanyahu después de los bombardeos sobre Beirut: "¿Por qué demonios Bibi tuvo que lanzar ese ataque? Estaba muy enfadado. Se lo hice saber. No tiene ningún criterio", le confió el presidente al periodista de Axios Barak Ravid. El bombardeo israelí de los suburbios del sur de Beirut el domingo casi descarriló las negociaciones, y un ataque anterior llevó a Irán a disparar contra Israel y a Israel a responder con fuego.

La contradicción estructural es esta: Trump negoció la paz con Irán mientras su aliado continuaba bombardeando el Líbano y declaraba que permanecería "indefinidamente" en los territorios que ocupa en ese país, en Siria y en Gaza. El canciller iraní Araghchi lo formuló con precisión desde el G7: cualquier ataque israelí contra el Líbano o la presencia continuada en territorio libanés a partir de ahora constituiría una violación del acuerdo. Es decir, Irán vinculó la validez del pacto a la conducta de un actor -Israel- que no lo firmó y que no tiene ninguna obligación formal de respetarlo.

Trump, en la cumbre del G7 en los Alpes franceses, calificó la guerra en el Líbano de "menor" y aseguró que no entorpece el pacto. Es una afirmación que Irán no comparte, que los aliados europeos miran con escepticismo y que los hechos sobre el terreno desmienten cada vez que Israel lanza un nuevo ataque sobre Beirut.

Ormuz se abre, pero el mundo ya cambió

Aunque el acuerdo prevé la apertura "inmediata" del estrecho y el levantamiento del bloqueo, el proceso llevará tiempo porque hay minas en el estrecho y los barcos no están dispuestos a atravesarlo. Incluso si el estrecho se abre por completo hoy, probablemente pasarán meses antes de que la crisis energética global provocada por su cierre comience a aliviarse.

Trump lo anunció en el G7 con su métrica habitual: "Lo que es muy importante, el petróleo se está desplomando, y la bolsa está subiendo como un cohete hoy." Es una declaración que resume con involuntaria perfección su concepción del éxito: no vidas salvadas, no infraestructuras reconstruidas, no arquitectura diplomática duradera. El precio del barril y el índice bursátil. Que el primero baje y el segundo suba. Que la gasolina llegue a menos de cuatro dólares antes de las elecciones de mitad de mandato. Ese es el horizonte estratégico.

Pero incluso en esos términos, el resultado es magro. El acuerdo reconoce implícitamente lo que Robert Reich anticipó en marzo: la retirada que se llama victoria. Irán insiste en cobrar tasas por el paso por Ormuz; Estados Unidos insiste en que eso no es así. Esa contradicción, que queda sin resolver, dibuja el contorno real del acuerdo: un texto de página y media que cada parte interpreta según sus necesidades políticas internas.

El balance que Trump no puede proclamar en Truth Social

Ciento ocho días de guerra han producido este resultado verificable: el líder supremo de Irán fue asesinado junto a su familia y decenas de altos cargos, y el sucesor que emergió es más duro, más nacionalista y más opaco que su padre. La República Islámica que debía ser derrocada ha instaurado de facto una dinastía. El programa nuclear iraní que debía ser destruido sigue existiendo y las cuestiones nucleares quedaron para negociaciones futuras. El estrecho de Ormuz, cuyo control exclusivo debía restablecerse, reabre con Irán reclamando peajes que Washington niega haber acordado.

El costo: más de dos mil muertos en la región, dieciocho mil millones de dólares en gasto militar directo para Estados Unidos, el 45% de sus reservas de misiles de precisión consumidas, trece militares estadounidenses muertos, la mayor crisis energética desde los años setenta según la AIE, y el precio de la gasolina que mordió a los votantes republicanos exactamente como había pronosticado Robert Reich.

Israel ocupa territorios en el Líbano, Siria y Gaza sin perspectiva de retirada. Un millón doscientas mil personas fueron desplazadas en el Líbano.

A cambio, Trump puede decir en el G7 que el petróleo baja y la bolsa sube. Y que Irán "nunca tendrá armas nucleares." La primera afirmación es verdadera hoy. La segunda es una promesa sobre el futuro que el propio acuerdo que acaba de firmar deja abierta.

Lo que Ginebra no resolverá

La firma de hoy en Ginebra es el comienzo de una negociación, no su conclusión. Sobre la mesa quedarán las cuestiones más difíciles: el programa nuclear iraní en detalle, el levantamiento gradual de sanciones, el fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares, la presencia militar israelí en el Líbano y la disputa sobre los peajes en Ormuz. El acuerdo de 60 días daría tiempo para negociar sobre las cuestiones nucleares pendientes, pero deja sin respuesta si Israel continuará su ofensiva en el Líbano.

La variable más impredecible sigue siendo Netanyahu, que inició esta guerra, que la prolongó con ataques que casi destruyeron el acuerdo en el último momento, y que ahora la acepta "a regañadientes" sin renunciar a ninguno de sus objetivos territoriales. Muchos dudan de hasta qué punto el desencuentro entre Trump y Netanyahu está coreografiado: "Cada vez que Netanyahu y Trump han mostrado públicamente desacuerdos, poco después han seguido acciones coordinadas entre los ejércitos estadounidense e israelí", recuerda el analista Tamir Wertzberger. Si esa lectura es correcta, el "enfado" de Trump con Bibi es teatro, y la guerra en el Líbano continuará bajo la cobertura diplomática del acuerdo con Irán.

Y mientras tanto, Pekín observa. No ha disparado un solo misil. Ha comprado petróleo iraní a precio de conflicto. Ha consolidado su imagen de actor responsable frente al caos occidental. Y espera, con la paciencia que caracteriza a quienes saben que el tiempo juega a su favor, la firma del acuerdo nuclear en Ginebra, la apertura de Ormuz, la próxima cumbre Trump-Xi y la cuenta definitiva de lo que costó este experimento de fuerza bruta sin estrategia de largo plazo.


El Estrecho de Ormuz se abre. El orden que lo garantizaba no ha vuelto. Y esa diferencia, invisible en los tibios índices bursátiles de este lunes, es la que definirá la geopolítica de la próxima década.

Humberto Del Pozo López

1 comentario:

  1. “EL SECRETARIO DE ENERGÍA SE REUNIO CON TRUMP, LE DIJO QUE EEUU SE QUEDARÍA SIN PETRÓLEO EN TRES SEMANAS Y EL DÍA SIGUIENTE TRUMP CEDIÓ A LAS PETICIONES DE IRÁN”, afirma Larry Johnson, ex espia de la CIA y experto en Oriente Medio.
    “Le dijo claramente que en tres semanas EEUU y el mundo se irían a una depresión económica global. Trump se asustó y tomó la decisión de parar la guerra y ceder ante todo lo que pidió Irán”, dice.
    “Trump pensaba que la guerra duraría unos días y que EEUU tenía reservas de sobra de petróleo para mantener su economía. Estaba equivocado. Irán resistió y podría haber resistido mucho más tiempo. Trump no tuvo más remedio que claudicar ante los mismos a los que les había exigido una rendición incondicional”, agrega.
    “El nivel de incompetencia de la Administración Trump es inédito. Además de Trump, Marco Rubio, el vicepresidente Vance y el secretario de Guerra… todos pensaron arrogantemente que Irán suplicaría por parar la guerra y miren lo que pasó: la ganaron ellos”, dice.
    “EEUU ha estado a punto de llevar al mundo a una depresión mundial. Las reservas de petróleo de EEUU estaban a punto de acabarse. Irán planeo todo mucho más inteligentente y ganó la guerra”, afirma.
    “Y no solo eso, sino que ahora sabe que si vuelve a haber un problema, pueden volver a cerrar el estrecho de Ormuz cuando quieran y ahogar la economía mundial. No le hacen falta bombas nucleares. Esa es su bomba atómica”, señala.
    El propio Trump admitió en su conferencia de prensa en Suiza que EEUU se estaba quedando sin reservas de petróleo.

    ResponderEliminar