domingo, 23 de marzo de 2025

LO QUE LA DESCLASIFICACIÓN DE LOS ARCHIVOS SOBRE EL ASESINATO DE JFK HA REVELADO



Si algo queda claro tras la desclasificación estos días de los archivos secretos sobre el asesinato de JFK, es que la participación de Israel en el asunto es incuestionable.

Muchos pensarán que esta a priori insólita implicación (“insólita” sólo para los menos duchos en el asunto) no es más que otra muestra adicional de la “obsesión antisemita de algunos”.

Pero para esos incrédulos, un sencillo análisis de la entrada de wikipedia, no precisamente la referida al asesinato en sí, sino la que aborda el programa nuclear israelí, no podría ser más elocuente.

Se cita en dicha entrada, nada más y nada menos que 41 veces al presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy. 41 VECES. ¡Y de qué manera!

Sin ánimo de ser exhaustivos:

Estados Unidos estaba preocupado por la posible proliferación nuclear israelí. En 1958, la inteligencia estadounidense había sobrevolado Israel con su avión espía U-2, que detectó una inusual obra en construcción cerca de Dimona, una pequeña ciudad en el desierto del Néguev. La instalación contaba con una larga valla perimetral, actividad de construcción y varias carreteras.

En 1960, la administración saliente de Eisenhower solicitó al gobierno israelí una explicación sobre la misteriosa construcción cerca de Dimona. La respuesta de Israel fue que el sitio era una futura “fábrica textil” –posteriormente cambiaron la versión y la describieron como una “instalación de investigación metalúrgica”–, sin permitir inspecciones, lo que llevó a un enfrentamiento diplomático.

Después de que John F. Kennedy asumiera el cargo en 1961, éste presionó continuamente a Israel para que abriese la planta a la inspección estadounidense. Según se informa, cada reunión y comunicación de alto nivel entre ambos gobiernos contenía una demanda de inspección de Dimona.


Para aumentar la presión, Kennedy incluso le negó al primer ministro David Ben-Gurion una reunión en la Casa Blanca, haciéndolo en 1961 en el Hotel Waldorf Astoria de Nueva York.

La reunión en sí misma giró en torno a este tema, pero Ben-Gurion se mantuvo evasivo al respecto durante los dos siguientes años, ante las persistentes exigencias de la administración Kennedy para una inspección.

El periódico israelí Haaretz desveló en 2019 que, durante la primavera y el verano de 1963, los líderes de Estados Unidos e Israel -el presidente John F. Kennedy y los primeros ministros David Ben-Gurion y Levi Eshkol- se vieron envueltos en una tensa batalla de voluntades por el programa nuclear israelí.

Las tensiones fueron invisibles al público de ambos países, y sólo unos pocos altos cargos estadounidenses e israelíes eran conocedores de la gravedad de la situación.

Levi Eshkol, el sucesor de Ben-Gurion como primer ministro de Israel, así como sus asociados, consideraban que Kennedy le estaba presentando a Israel un auténtico ultimátum. El excomandante de la Fuerza Aérea de Israel, el mayor general Dan Tolkowsky, incluso albergaba el temor de que Kennedy zanjara el contencioso enviando tropas aerotransportadas estadounidenses a Dimona, sede del complejo nuclear israelí.

En marzo de 1963, el presidente Kennedy y el director de la CIA, John A. McCone, debatieron en profundidad el programa nuclear israelí, presentándose una estimación sobre las consecuencias negativas previstas de tal nuclearización.

Kennedy le encargó un informe sobre cómo establecer algún tipo de salvaguarda internacional o bilateral para protegerse de esa contingencia, y dicho informe implicaba la inspección del complejo, que debía realizarse con prontitud y lo más exhaustivamente posible.

En abril de 1963, el embajador norteamericano se reunió con el primer ministro Ben-Gurión y le presentó la solicitud estadounidense para “visitas semestrales a Dimona, con pleno acceso a todas las piezas e instrumentos de las instalaciones por parte de científicos estadounidenses cualificados”.

Ben-Gurión respondió, aparentemente sorprendido, diciendo que el asunto tendría que posponerse “hasta después de la Pascua judía”.

Para incidir aún más en la cuestión, la administración Kennedy convocó, dos días después, al embajador israelí al Departamento de Estado, presentándole un plan de gestión diplomática en relación a las inspecciones.

Este mensaje a Ben-Gurión fue el primer paso de lo que se convertiría, literalmente, en “la confrontación más dura entre Estados Unidos e Israel”.

Ben-Gurion respondió a Kennedy más de tres semanas después, con una carta de siete páginas centrada en la seguridad israelí y la estabilidad regional.

Afirmaba el primer ministro Ben-Gurion que “Israel se enfrentaba a una amenaza sin precedentes”, invocó específicamente la posibilidad de “otro Holocausto”, e insistió en que la seguridad de Israel debía estar protegida por garantías de seguridad externas y conjuntas, tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética.

Kennedy estaba decidido a no permitir que Ben-Gurion cambiara el guión del asunto y pusiera la pelota argumental en el tejado que le apeteciera, por lo que amenazó a Israel con un aislamiento total a menos que permitiera la entrada de inspectores a Dimona.

En mayo de 1963 respondió al primer ministro israelí asegurándole que, si bien estaban siguiendo de cerca los acontecimientos en el mundo árabe, desestimaban la propuesta de Ben-Gurion de declaración conjunta ruso-americana, tanto por inviabilidad como por desacierto político.

Y respecto a “la seguridad de Israel”, a Kennedy le preocupaba mucho menos un ataque árabe que el desarrollo israelí de sistemas ofensivos avanzados que no podrían ser controlados.

Kennedy no cedió en Dimona, y los desacuerdos se convirtieron en una confrontación que se intensificó cuando el Departamento de Estado transmitió la última carta de Kennedy a la embajada de Tel Aviv, el 15 de junio, para que el embajador norteamericano se la entregara de inmediato a Ben-Gurion.

En la carta, Kennedy detallaba su insistencia en las visitas bianuales a Dimona, con un conjunto de condiciones técnicas detalladas. La carta era como un ultimátum: si el gobierno estadounidense no podía obtener información fiable sobre el estado del proyecto, el compromiso y apoyo de Washington a Israel podría verse seriamente comprometido.

La carta nunca fue entregada a su destinatario. El telegrama con la carta llegó a Tel Aviv el sábado 15 de junio, y un día después Ben-Gurion anunció su renuncia.

Ben-Gurion nunca explicó, ni verbalmente ni por escrito, qué lo llevó a dimitir, más allá de aducir “razones personales”, y negó que estuviera relacionado con ninguna cuestión política. Sin embargo, el papel que jugó la presión de Kennedy sobre Dimona sigue hoy abierto a discusión.

A finales de junio, menos de diez días después de que Levi Eshkol sucediera a Ben-Gurion como primer ministro, el embajador norteamericano le entregó la primera carta del presidente Kennedy, prácticamente una copia de la anterior no entregada a Ben-Gurion.

Para Eshkol y sus asesores fue evidente de inmediato que las exigencias de Kennedy eran como un ultimátum y, por tanto, constituían una crisis en ciernes.

En julio, Eshkol, en su primera respuesta, solicitó “más tiempo para estudiar el tema y realizar consultas”. El primer ministro señaló que, si bien esperaba que la amistad entre Estados Unidos e Israel se fortaleciera bajo su mandato, “Israel haría lo que tuviera que hacer por su seguridad nacional, y para salvaguardar sus derechos soberanos”.

El embajador norteamericano, aparentemente tratando de suavizar la crudeza de la carta de Kennedy, aseguró a Eshkol que la misma “era factual”, motivada por los críticos a las incondicionales relaciones entre Estados Unidos e Israel, que podrían complicar la relación diplomática si Dimona no era inspeccionada.

La respuesta de Eshkol llegó en agosto, tras mes y medio de consultas que generaron al menos ocho borradores diferentes.

Comenzaba reiterando las garantías previas de Ben-Gurion de que “el propósito de Dimona era pacífico”, y escribió que, dada la relación especial entre ambos países, había decidido permitir visitas regulares de representantes estadounidenses al emplazamiento.

Sobre el tema específico del calendario, Eshkol sugirió como primera visita “finales de 1963”, siendo impreciso sobre la frecuencia propuesta, y desestimando la exigencia de Kennedy de visitas bianuales, aunque evitando cuestionar frontalmente la solicitud.

En resumen, el primer ministro israelí jugó a las desavenencias con Kennedy. Para poner fin a la confrontación, aceptó las “visitas regulares” de científicos estadounidenses, pero no aceptó la idea de la “visita inmediata” que Kennedy deseaba, y evitó comprometerse explícitamente a la realización de inspecciones bianuales.

La respuesta de Kennedy, aún siendo consciente de la burla israelí, nunca mencionó estas divergencias, y asumió un acuerdo básico sobre “visitas regulares”.

Tres meses después, Kennedy fue asesinado en Dallas, supuestamente por Lee Harvey Oswald, que siempre negó haberlo hecho, y de quien diversos analistas consideran que fue incriminado con pruebas falsas.

Reuben Efron, un judío ortodoxo y oficial de la CIA, vinculado también a la inteligencia israelí, seguía y controlaba a Lee Harvey Oswald antes del asesinato.

Oswald, a su vez, fue asesinado dos días más tarde por el judío Jack Ruby (Jacob Leon Rubenstein) en el sótano del Departamento de Policía de Dallas, mientras era custodiado y trasladado.

Cuando el rabino Silverman visitó a Ruby en prisión, éste le dijo respecto a su motivación para asesinar a Oswald:

«Lo hice por el pueblo judío».

La orden de traslado de Lee Harvey Oswald desde el Departamento de Policía de Dallas a la cárcel del Condado, que ofreció la oportunidad para su oportuno asesinato, provino específicamente del Jefe de Policía de Dallas, Jesse E. Curry, que pertenecía a la masonería.

Jack Ruby, que regentaba clubes nocturnos de baile y striptease en Dallas, tenía relación personal con los agentes de policía de Dallas. Ruby llegó esa misma mañana al Departamento de Policía, tan sólo 20 minutos antes de asesinar a Oswald. El acceso de Jack Ruby a los sótanos del complejo policial, donde le disparó, se produjo porque “no estaba tan bien protegido como en circunstancias normales”.

Abraham Zapruder fue el judío ucraniano que filmó el asesinato de Kennedy, sin inmutarse, como si supiera lo que se avecinaba. Zapruder también era masón, de máxima graduación, Inspector General (grado 33) del Rito Escocés.

Las oficinas de su empresa textil estaban en el cuarto piso del edificio Dal-Tex.

Esa cuarta planta del edificio Dal-Tex fue una de las posiciones de los francotiradores desde donde se realizaron dos de los seis disparos que se hicieron. Al menos 4 tiradores y 50 conspiradores participaron en el asesinato.

Zapruder vendió la grabación del asesinato por $150.000 a la revista Life, lo que serían un millón y medio de dólares actuales. También era miembro del Consejo Ciudadano de Dallas, que fue quien específicamente invitó al presidente Kennedy a visitar la ciudad.

Julius Schepps, el presidente de la Comunidad Judía de Dallas, y destacado empresario y líder cívico de la ciudad, era el director de ese Consejo Ciudadano de Dallas.

Dicho Consejo fue el que había invitado al presidente Kennedy a un almuerzo en Dallas, y era exactamente al que se dirigía cuando fue asesinado.

En 1965, dos años después del asesinato, Julius Schepps recibió el ‘Premio Humanitario’ de la logia judía B'nai B'rith …

La primera de las visitas a Dimona requeridas por Kennedy tuvo lugar a mediados de enero de 1964, dos meses después del asesinato.

Los israelíes informaron a los científicos visitantes estadounidenses que el reactor había alcanzado un estado crítico apenas unas semanas antes, pero era falso.

Israel había emprendido una campaña de engaño integral, política y técnicamente compleja, que requirió no sólo la ocultación de la planta de separación subterránea, sino también el camuflaje de otros componentes para proporcionar una imagen creíble, aunque falsa, del reactor y su uso.

Israel reconoció años después que el reactor había entrado en funcionamiento a mediados de 1963, como había supuesto la administración Kennedy.

Gracias a que Israel conocía el programa de visitas de los inspectores, pudo ocultar el verdadero propósito del reactor. Los inspectores tuvieron que reportar que sus inspecciones fueron inútiles, debido a las restricciones israelíes sobre qué partes de la instalación podían investigar, alegando “cuestiones de seguridad”.

El ex-agente del Mossad Rafi Eitan contó de esta manera cómo engañaron a los inspectores:

«En Dimona se construyó un centro de control falso sobre el real, con paneles de control falsos y medidores informatizados que daban la impresión creíble de medir la potencia de un reactor involucrado en un programa de irrigación para convertir el Néguev en una exuberante pradera.

La zona que contenía el agua pesada, traída de contrabando desde Francia y Noruega, fue prohibida a los inspectores por “razones de seguridad”. El gran volumen de agua pesada habría sido prueba de que el reactor se estaba preparando para un propósito muy diferente».


Tras la muerte de Kennedy, su insistencia respecto a las visitas bianuales a Dimona fue olvidada, y nunca se implementó. El gobierno estadounidense mantuvo cierto interés, pero nunca como lo hizo Kennedy.

Dos años después, el suministro de combustible para los reactores nucleares israelís en Dimona, alrededor de 1965, fue proporcionado por NUMEC, la primera empresa especializada de este tipo.

NUMEC estaba fundada y dirigida por Zalman Shapiro, judío y sionista de renombre –presidente de la Organización Sionista de América en Pittsbirgh–, que tenía intereses comerciales y contactos con altos funcionarios del gobierno de Israel, incluyendo un contrato para construir generadores de energía nuclear.

En una investigación del FBI que duró décadas, conocida como ‘Asunto Apolo’, Shapiro fue el principal sospechoso de desviar casi 300 kg. de uranio a Israel, suficiente para fabricar varias armas nucleares.

Llegaron a visitar su empresa, en 1968, cuatro agentes de inteligencia israelíes entre los que se encontraba Rafi Eitan, el químico jefe del Ministerio de Defensa israelí.

Tras el asesinato de Kennedy se realizaron seis inspecciones estadounidenses al complejo nuclear de Dimona, una al año entre 1964 y 1969, pero nunca bajo las condiciones estrictas que Kennedy exigió en sus cartas.

A su sucesor, Lyndon B. Johnson, le preocupó mucho menos que los israelíes no cumplieran estas condiciones. De hecho, mientras Kennedy había buscado restringir las ambiciones israelíes, Lyndon B. Johnson no sólo no lo hizo, sino que implementó durante su mandato las políticas firmemente pro-Israel, que se convirtieron en la base misma de lo que posteriormente ha sido una alianza incuestionable.

JFK no sólo desafió a Israel en materia de armas nucleares, sino que también se enfrentó al todopoderoso AIPAC, el ‘Comité de Asuntos Públicos Americano-Israelí’, que hoy controla la política norteamericana por completo mediante multimillonarias ‘donaciones’/“sobornos” a todos los Congresistas y Senadores estadounidenses.

Durante la presidencia de Kennedy, AIPAC aún no había cambiado de nombre, y se le conocía como el ‘Consejo Sionista de América’ (AZC).

Representaba ya entonces, como organización paraguas exenta de pagar impuestos, nada más y nada menos que a 9 organizaciones sionistas de todo el país.

Kennedy exigió a este ‘Consejo Sionista de América’, un año antes de ser asesinado, que se registrara como “agente extranjero” bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA), ya que estaba financiado por la Agencia Judía para Israel, medida que habría desmantelado por completo la influencia de Israel en Estados Unidos.

Para los líderes sionistas judíos en Estados Unidos, ambos asuntos no sólo constituían un “desacuerdo político”, sino una auténtica amenaza existencial.

Por un lado cortaban su principal vía de manipulación financiera y política en Estados Unidos (AIPAC), a la vez que se les impedía el acceso a unas armas nucleares imprescindibles para su proyecto supremacista.

Visto en retrospectiva, es indiscutible que el “cambio de actitud” respecto a Israel de las administraciones posteriores a JFK vino precedido por el asesinato del presidente Kennedy.

Dicho de otro modo, es innegable que el asesinato de Kennedy no sólo salvó el programa nuclear israelí, sino además la vasta influencia y dominio de Israel en la vida y política norteamericana, mantenida hasta nuestros días.

(https://t.me/tirachinass/)

6 comentarios:

  1. Buscador
    Es curioso cuando sale un político comprometido con la sociedad que quiere representar, honrado e ir contra el poder, siempre se lo cargan de una manera o de otra, unos mueren y otros se dejan sobornar, que a mi entender es morir de otra manera, un hombre sin principios es una basura, pero en el pasado según iba leyendo sobre él en mis años de conspiranoico de verdad, no como ahora, es que se metió en varios "fregaos", lucha contra las guerras sucias de la CIA y su modo de recaudar "fondos" para esas luchas, quería cortar de golpe la guerra de Vietnam que ya no tenía razón de ser ni de seguir, cortar el contrabando en los puertos manejado por la Mafia... la verdad es que lo quería cambar todo y con todas las fuerzas de poder que ha montado el Imperio yanki, en fin, imagino que o se unieron todos o si no fue esto, cosa que no dudo ni mucho menos y además es un excelente aporte y dato, hubieran sido otro donde se metió, tiene toda la pinta que se compró unas botas de agua para meterse en todos los charcos, ser así siempre tienen consecuencias, siempre, y de meterse en charcos se un rato largo. La teoría de Oliver Stone plasmada en su gran obra cinematográfica, JFK, Caso abierto del 91, me parece aparte de interesante y bien echa, a tener en cuenta también, un tipo valiente ese tal Oliver... por cierto, estuvo en la guerra de Vietnam y contó varias perlas y sin censura, curioso que siga vivo.

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  2. Había un vídeo de una Rothschild que lo estaba filmando todo tranquilamente y cuando fueron los disparos, ni se inmutó. Raro, rarro.

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  3. ¿Algún libro de la real historia del fútbol y deportes modernos? Los significados ocultos que esconden reinterpretado secretamente desde el politeísmo y los sacrificios rituales a las deidades en los campos de cultivo. Ej: kancha vs cancha.

    Y lo mismo para los lenguajes arquitectónicos reinterpretados desde el pasado. Ejemplo el neoclásico griego.

    Ejemplo: que significado tiene el arco portal como umbral de acceso a algun sistema templario del pasado. Intima relación con los pórticos del fútbol como meta de acceso: arquitectura: arco de triunfo romano. La pelota representa al mundo...planeta ingresando a un portal como símbolo de triunfo.

    Lenguaje orden clásico donde se diseñó en base a la mitología.

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  4. La importancia de descifrar el lenguaje arquitectónico es que creo que el plan está codificado en las fachadas.

    Sobre el arco de triunfo, por ejemplo. Fijate en el significado de Trump: Triunfo.

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  5. Parece que era bastante contracorriente.
    Cosas curiosas.

    "Hitler emergerá del odio que lo rodea ahora como una de las figuras más significativas que jamás haya vivido"

    "Tenía en él la materia de la que están hechas las leyendas"
    JFK

    "Hitler will emerge from the hatred that surrounds him now as one of the most significant figures who ever lived".

    "He had in him the stuff of which legends are made"

    https://www.bbc.com/news/world-us-canada-39371715

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