miércoles, 22 de abril de 2026

GIORGIA MELONI SÍ SABE COMBATIR LA "CULTURA DE LA VIOLACIÓN"



Que no es la que rige en España, donde los delitos sexuales están tipificados y perseguidos judicialmente, por mucho que se nacionalice a quienes pretenden introducir bárbaras costumbres que atentan contra la dignidad de la mujer. Ningún español de bien pretende que una mujer violada ha sufrido una deshonra de la que se libraría casándose con su agresor, o defiende que se entregue en matrimonio a niñas de 9 años. Ni que se las someta a la ablación del clítoris. Ningún español de bien cree que las mujeres son animales que tienen dueño. A estas alturas, y para todo el que no sea un redomado ignorante o un cínico nivel "político profesional", está claro de dónde provienen estas aberraciones. Y el asqueroso y oportunista truco de conceder la nacionalidad express a quien las trae a nuestra comunidad puede convertir a sus promotores en "españoles" desde un punto de vista administrativo, pero nunca en españoles de bien, que es de los que estoy hablando.

Por todo lo dicho, es imperativo seguir el ejemplo que ha dado, sin que le haya temblado el pulso, la primera ministro italiana, que, frente a las Belarra, Montero y demás cómplices de lo que teóricamente denuncian, ha señalado el camino a seguir.


Un imán pakistaní llamado Ali Kashif, radicado en Brescia, salió en el programa Fuori dal Coro de la televisión nacional italiana y defendió con toda su poco higienizada jeta que "los hombres musulmanes tienen derecho a casarse con niñas de 9 años".

Dijo textualmente que una niña de 9 años, después de su primera regla, ya puede considerarse "adulta" y que es "correcto" casarla.

Citó el ejemplo del profeta y la tradición islámica como si fuera la cosa más normal del mundo.

Al día siguiente... la primera ministra, Giorgia Meloni, intervino personalmente. Ordenó su deportación inmediata.

El questore de Brescia, Paolo Sartori, lo sacó del país y lo puso en un avión directo a Pakistán.

¡El tipo llevaba años viviendo en Italia! Y aun así, "fuera".

Sin discursos largos, sin "diálogo intercultural", sin pedir perdón a nadie.

Acción directa. Esto no es un debate teológico. Esto es una línea roja civilizatoria. En Occidente las niñas son NIÑAS, no son mercancía sexual ni esposas en potencia.

Proteger a los menores no es "islamofobia", es sentido común y defensa de la civilización.

Quien viene a predicar matrimonio infantil, abuso de menores o cualquier barbarie medieval desde el púlpito, "no tiene cabida aquí".

Meloni demostró una vez más lo que significa tener valor: priorizar la seguridad de las italianas (y de todas las niñas) por encima del miedo a que la llamen "extremista".

Porque tolerancia no significa suicidio cultural.

Integración no significa importar costumbres que chocan frontalmente con los valores de nuestra cultura.

Occidente no se disculpa por defender que una niña de 9 años vaya al colegio, juegue y sea protegida ... en vez de ser entregada como esposa a un adulto.

¡Bravo Giorgia! ¡Así se hace!

(https://italianismo.com.br/)

Y, entretanto, la Europa del nihilismo y el autodesprecio sigue importando bestias humanas como el sujeto de la foto, un "refugiado" palestino de Gaza, que llegó a Gran Bretaña alegando que huía de un «genocidio», y ha sido arrestado por intentar violar a una niña de 14 años. Su "justificación" fue: «Según la ley de la Sharia, violar a una chica no musulmana es legal. Solo sigo a Alá y la ley de la Sharia».

Viendo como sociedades antaño pacíficas son demolidas desde dentro por sujetos así, tan piadosos, tan cumplidores de la Ley que traen consigo -pero no de la del país que les acoge- vamos a ver incrementarse la violencia y el crimen a niveles estratosféricos. Ha ocurrido allí donde la inmigración "de barra libre" se ha adueñado de barrios y vidas. Hay países pioneros en la acogida indiscriminada que ahora no saben como sacarse de encima a una plaga que ha asola sus ciudades con acosos sexuales, robos, crímenes, etc. Tras décadas de fronteras abiertas y destrucción de la convivencia, ahora pagan a los incómodos visitantes para que vuelvan a sus países de origen. ¡Menudo negocio han hecho!

Quien no quiera ver la catástrofe en ciernes es porque ha elegido la ceguera a la experiencia. El Islam y la convivencia pacífica son incompatibles. Y querer repetir la experiencia de los países asolados por la invasión cumple con la definición que Einstein dio de la estupidez: “hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”.


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