viernes, 2 de enero de 2026

EL TEATRO DE SANGRE DEL MOSSAD



Una de las razones por las que la mayoría de la gente es incapaz de comprender el mundo en que vivimos es que la maldad que ejercen los poderosos sobrepasa con mucho la que su limitada imaginación está dispuesta a admitir. Pero la cruda realidad es que muchos gobiernos han diseñado y ejecutado atentados contra sus propios ciudadanos en persecución de tortuosos objetivos geoestratégicos, ante los cuales las vidas de civiles les resultan una mera mercancía de poco valor.

Y la realidad es que Israel se lleva el primer puesto en lo referente a estas falsas banderas a partir de las cuales desatan "venganzas" furibundas. Pocas dudas se pueden albergar ya respecto al ataque terrorista con coche bomba que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina en Buenos Aires el 18 de julio de 1994 o su "golem" para trabajos sucios, Hamas, en la incursión del 7 de octubre de 2023, con el que justifican la expulsión de los palestinos de Gaza y su nada disimulada pretensión de anexión del territorio.



La entrada que traigo hoy al blog recoge la denuncia de uno de esos trabajos encubiertos, efectuada por la ex-agente del MI5 Anni Machon, quien revela que el Mossad bombardeó su propia embajada israelí en Londres en una operación de bandera falsa, culpando a los palestinos.



¿Qué es lo que ves cuando las noticias muestran humo y escombros? Te han entrenado para ver una narrativa simple: terroristas, víctimas, justicia. Pero lo que no te cuentan es que, a menudo, estás presenciando una obra de teatro macabra, un guion escrito en las sombras para manipular tu percepción.

Esta no es una teoría de un anónimo en un foro. Es la confesión de Annie Machon, ex-agente de inteligencia del MI5, quien arriesgó todo para exponer la verdad que sus superiores intentaron enterrar.

Londres, 1994. Un coche bomba destroza la embajada de Israel. La narrativa oficial grita "terrorismo islámico". Pero desde las sombras del propio servicio de inteligencia británico, la verdad era mucho más oscura: fue un autoatentado. Una operación de falsa bandera orquestada por el Mossad.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué herir al propio aliado? La respuesta es tan aterradora como brillante en su maquiavelismo. El ataque no fue un acto de defensa, sino una ofensiva estratégica con dos objetivos claros:

1. Generar Simpatía: Crear una ola de apoyo político y emocional para el sionismo en un momento crucial.

2. Eliminar a la Disidencia: El verdadero objetivo no era el edificio, sino la opinión pública. Crear el clima de miedo perfecto para justificar la captura de dos enemigos estratégicos: Samar Alami y Jawad Botmeh. Ellos no eran simples activistas; eran los cerebros de la mayor red de apoyo a Palestina en el Reino Unido. Su condena a 20 años de cárcel no fue justicia por un atentado que no cometieron. Fue un sacrificio calculado para decapitar al movimiento de solidaridad palestino en Gran Bretaña.

Y Londres no fue un caso aislado. Ese mismo año, una sombra de explosión y dolor cayó sobre Buenos Aires, en el atentado a la AMIA. El mismo modus operandi. La misma firma. Un patrón global de engaño donde la sangre inocente se convierte en moneda de cambio para objetivos políticos.

No se trata de ataques aislados. Se trata de una metodología. Controlar la narrativa, eliminar la disidencia y manipular el curso de la geopolítica desde las sombras, mientras el mundo llora a las víctimas de un crimen que nunca existió tal como lo contaron.

El velo se ha levantado, pero solo para aquellos que se atreven a mirar. Detrás de cada titular hay un guion oculto.


La de Annie Machon no es la única denuncia de la autoría israelí de
varios sangrientos atentados contra su propio cuerpo diplomático.

(https://t.me/Despertadordelamatrix/)

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