lunes, 11 de mayo de 2026

QUIEN CONTROLA EL LENGUAJE CONTROLA TU REALIDAD



“Desarrollo sostenible”. “Resiliencia”. “Inclusión”. “Transformación”. “Gobernanza global”. “Emergencia climática”.

Palabras bonitas. Amables. Palabras que, pronunciadas en voz alta, parecen incuestionables. ¿Quién podría estar en contra de la sostenibilidad? ¿Quién rechazaría la inclusión o la protección del planeta?

Y precisamente ahí reside la fuerza del lenguaje político de nuestro tiempo: convertir conceptos aparentemente nobles en herramientas de obediencia.

Porque las palabras no son inocentes.

Quien controla el lenguaje controla el marco mental desde el que interpretamos la realidad. Si durante años se repite el mismo vocabulario desde gobiernos, organismos internacionales, medios de comunicación, universidades y grandes corporaciones, termina ocurriendo algo muy concreto: dejamos de cuestionar el significado real de lo que se nos está diciendo.

Y ese es uno de los fenómenos más inquietantes de nuestra época. Bajo un lenguaje aparentemente técnico y bienintencionado se están justificando políticas que afectan de forma directa a la energía, al campo, a la movilidad, a la producción, al consumo y a nuestra vida cotidiana. Se presenta como progreso lo que muchas veces implica control. Se vende como protección lo que termina siendo restricción. Se llama modernización a procesos que concentran poder y reducen soberanía.

Y si alguien se atreve a preguntar qué significan realmente esas palabras, de inmediato es señalado. No debata. No cuestione. No pregunte. Acepte el término y acepte el paquete entero.

La gran batalla de este siglo también se libra en el lenguaje. Porque antes de imponer una agenda hay que imponer las palabras que la hacen parecer inevitable. Y una vez que el vocabulario entra en nuestra cabeza … el siguiente paso es conseguir que lo defendamos nosotros mismos.

(https://t.me/cristinamartinjimenezescritora/)

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