lunes, 11 de mayo de 2026

¿VAS A SEGUIR CREYÉNDOTE SU TEATRILLO CUTRE?







Y, de nuevo, cuando creen que no hay cámaras grabando, los actores de crisis contratados para escenificar el relato se relajan y ni EPI ni BLAS. Fuera mascarillas, que agobian:

Atención al macarra del teléfono móvil de la imagen precedente, que resulta ser el Director General de Salud Pública de la ministra Mónica García, uno de tantos colocados a dedo al que el puesto le queda grande y que a la hora de contestar a preguntas que no han sido previamente pactadas se cabrea como una mona a la que le quitan sus cacahuetes:


Por si fuera poco, en hebreo la palabra "hanta" significa "engaño" o "mentira":

6 comentarios:

  1. el Hondius ese, fondeado en el centro del puerto, es una ocasion especial para aproximarse con un bote y una pancarta para hacer publicidad del mejor postor.

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  2. Durante la operación DANA nos repitieron que el Gobierno no podía intervenir porque “las competencias eran autonómicas”. Poco menos que la Constitución impedía mover un dedo, y con ese argumento el presidente del gobierno hizo lo que Pilatos y dejó tirados a quienes más ayuda necesitaban.

    Ahora, con el Hondius, el gobierno central llega, cita cuatro artículos y Canarias acata, pese a las protestas del ninguneado gobierno autonómico.

    Fascinante: cuando interesa, el Estado es impotente; cuando conviene, aparece como una autoridad casi divina.

    Al final, las competencias no eran derecho administrativo. Eran relato político.

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  3. Y que podemos comentar de un hatajo de sinvergüenzas y vividores. Que no tenemos que votar a nadie, nadie es nadie

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    1. Para que los votos de los que viven de los partidos valgan más

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    2. Al parecer los españoles tenemos la costumbre de plantear las soluciones en vez de plantear el problema

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  4. La ministra Mónica García ha gestionado el caso del Hondius con una incompetencia difícil de entender. Sólo quería apuntarse un tanto sin impórtale otra cosa. Veremos si no lo pagamos caro, desde el punto de vista sanitario y de credibilidad de país.
    En medicina, un resultado “no concluyente” no significa negativo. Y cuando eso ocurre en mitad de un brote de virus Andes, con fallecidos, pasajeros expuestos y posibilidad de transmisión persona a persona, la obligación no es quitarle importancia al dato. La obligación es tratarlo como un riesgo real hasta descartarlo bien.
    Una PCR busca material genético del virus. Si hay poca cantidad, la prueba necesita amplificar muchas veces la muestra hasta que aparece señal. Ese número de ciclos se llama Ct, cycle threshold. Un Ct bajo suele indicar más carga viral. Un Ct alto o un positivo débil indica poca carga viral, pero no permite asegurar que no haya infección. Puede verse al inicio de la enfermedad, cuando el virus empieza a multiplicarse y todavía no hay síntomas. También puede aparecer en otras fases o depender de la calidad de la muestra. Por eso no se interpreta solo, y mucho menos se despacha alegremente.
    Pero, Mónica García hizo lo que le dio la gana. El pasajero no tenía síntomas y España habló de resultado “no concluyente” y de otro análisis negativo. Pero en un brote de estas características eso no basta para actuar como si no pasara nada. En epidemiología, esperar a que aparezcan síntomas puede ser llegar tarde.
    Otros países lo entendieron mejor. Estados Unidos ha tratado el caso con mucha más prudencia, usando biocontención y derivación a centros especializados. Francia confirmó después otro positivo en una pasajera repatriada que empezó a encontrarse mal durante el vuelo. Es decir, mientras otros países aplicaban rigor, España vendía control, tranquilidad y éxito ministerial.
    El problema no fue desembarcar a los pasajeros. Eso era necesario. El problema fue hacerlo transmitiendo una seguridad que los datos no permitían. Ante un resultado dudoso en un contacto de riesgo, dentro de un brote grave, la respuesta correcta era repetir pruebas, aislar, vigilar y extremar precauciones.
    Un “no concluyente” no absuelve. Obliga a ser más cuidadoso.
    Mónica García no tenía que hacer la PCR con sus manos. Pero una ministra de Sanidad sí tiene que entender qué significa una incertidumbre diagnóstica en salud pública. Y si no lo entiende, es incompetente. Y si lo entiende y aun así lo minimiza para apuntarse una medalla política, entonces el asunto es todavía peor.
    Esto es epidemiología básica. Confundir ausencia de síntomas con ausencia de infección es una imprudencia. Convertir un resultado dudoso en tranquilidad es una temeridad. Y usar la palabra “no concluyente” como si significara “negativo” es exactamente el tipo de incompetencia que no debería permitirse en una ministra de Sanidad.
    Otros países actuaron con más rigor. España, bajo la dirección política de Mónica García, prefirió envolverse en el relato del éxito.
    Y cuando en medicina se confunde “no concluyente” con “no pasa nada”, lo que no concluye nunca es la responsabilidad.
    David Criado

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